13. La Carmen en el cumpleaños der Dani

Cuando comencé a contar este sucedido jamás pensé que se extendería tanto en el tiempo. Si me has acompañado a lo largo del tiempo sabrás que este es el decimotercer capítulo. Si has llegado aquí a través de misteriosas búsquedas en el dios de los buscadores y aún estás dispuesto a leer el relato desde el principio, permíteme que te indique el camino. El comienzo fue en 1. Todos queremos ser como er Dani. Tras ese comienzo si aún tienes hambre y quieres saber tendrás que leer 2. Conozcamos ar Dani en donde se asientan las bases de esta relación tan fructífera. Ahora que ya os lo he presentado quiero presentaros a os 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Tras haber conocido a sus vecinos y a él mismo tendrás el dudoso honor de intimar con 5. La Carmen, hermana der Dani. La vida es muy dura y las estrategias de supervivencia son variadas y si no que se lo digan a 6. Er Dani y la metrosexualidad. Tras este episodio dejamos el lugar en el que estábamos y fuimos 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . El encontronazo entre la Gayola y sus colegas tendrá terribles consecuencias que se dilucidarán en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Después de este episodio bizarro vendrá la entrega de regalos en 10. Regalos para er Dani. El hombre se nos enrala y nos regala con unos momentos antológicos en 11. Er Dani y sus bolas y finalmente alcanzamos el último episodio escrito hasta ahora con 12. Er Dani y más de lo mismo

Algunos senderos nos llevan a lugares desconocidos y otros conducen a sitios que nuestra pérfida imaginación jamás pudo concebir. Los caminos der Dani me han empujado por terrenos empantanados en los que he descubierto lo más infame del ser humano. Nos habíamos quedado con er Dani acabando su segundo strip-tease de la noche y la normalidad de la noche volvió a reinar en aquel local de copas. Una estrella mediática del falso famoseo español hizo su aparición en el lugar y enseguida todas las hembras se orientaron cual agujas magnéticas hacia él. Es increíble lo poco que se valoran algunas mujeres y como parecen creer que por salir en la tele gritando y despellejando a gentuza se es más importante que aquellos otros seres inhumanos que tenemos varias carreras, hablamos varios idiomas y mantenemos nuestras pequeñas bitácoras en Internet visitadas por un reducido grupo de seguidores.

El famosote se puso en un rincón a beber su copa conseguida by the face y pronto entabló conversación con er Dani al que parecía conocer. Le presentó a la Gayola que volvió a destellar al saberse en el candelabro y que trató de mantener una conversación seguramente al más bajo nivel posible, algo sencillo para alguien tan chabacano y acostumbrada como está a revolcarse en el lodo. Cuando estaban hablando se produjo una gran perturbación y se oyeron grandes gritos. Algo sucedía en la puerta. Tras la confusión inicial y el desconcierto todos nos fijamos en la puerta. La estaban abriendo por completo y la luz y el ruido de la calle entró en el local al tiempo que la densa nube de humo de cigarro se escapaba por momentos. Con la puerta totalmente abierta algo la cubrió por completo. Era una cosa enorme y que por culpa del contraluz no podíamos ver claramente. Me recordó a esos programas rasposos en los que la gente hacía karaoke transformados en el pollaboba famoso de turno. Entre el humo, la luz y las sombras el efecto era el mismo. Tras pasar por aquel portón procedieron a cerrarlo y gracias a las luces del interior pude ver de quien se trataba: la mismísima Carmen, hermana der Dani había venido a la celebración del cumpleaños der Dani. Para evento tan especial se había cubierto con sus mejores ropajes. Ahora que las luces del pub incidían sobre ella quedó claro que la exquisitez y el buen gusto de los que yo hago gala no son precisamente sus puntos fuertes. Llevaba unos zapatos de tacón pero no de aguja sino más bien de pedestal de hormigón, el único material capaz de soportar las presiones a las que esa mujer lo somete. En las piernas llevaba unas medias, aunque por culpa del tamaño lo que se había puesto era unas redes de pescadores que presentaban algunos rotos y en determinados puntos habían quedado atrapados algunos pescados que debían vivir la infamia de verse paseados de esa forma por el mundo. Las medias culminaban en una minifalda hecha con lo que solo acierto a describir como trapos de cocina cosidos para formar un cilindro del tamaño de la vela mayor de cualquier barco escuela de país no tercermundista. Si visitáis a vuestras abuelas sabréis a qué tipo de paño de cocina me refiero. A esos blancos con dibujitos de colores que se han vendido por millones en nuestro país y que forman parte de nuestra cultura popular. Cientos de gitanas han recorrido los caminos de España vendiendo estos trapos desde tiempos inmemoriales e imagino que se sentirán orgullosas de saber que ahora también se pueden usar para construir faldas y otro tipo de prendas.

Seguí recorriendo esos kilómetros de carne con mi mirada y tras la maxi-falda me topé con un agujero enorme y oscuro mayormente conocido como el ombligo. Era monstruosamente grande. Parecía una de esas bocas que tan bien supo retratar Picachu en su famoso cuadro sobre unos bombardeos. Era la boca de un nombre porque sobre ella había un bigotillo oscuro y aterrador que le daba un aspecto desagradable. En ese ombligo se podía guardar el monedero de lo grande que era. Como el barrigón lo lanzaba hacia delante parecía venirse hacia nosotros amenazadoramente. Me estremecí aterrorizado y seguí mirando para ver como la misma tela de trapos de cocina que cubría los bajos había sido la elegida para tapar esos mastodónticos repositorios de leche que fluctuaban al ritmo de la gravedad agitando su contenido y seguramente transformándolo en nata, mantequilla o yogurt. Ya he hablado de esas tetas con anterioridad y no quiero detenerme a describirlas porque mi imaginación es escasa y mis pesadillas recurrentes. Los trapos de cocina no acertaban a ocultar esos pezones como sartenes de grande que parecían dianas puestas allí para que cualquier desgraciado borracho los agarre y tire de ellos.

El grueso cuello iba rodeado de la cadena usada para sujetar el ancla en algún trasatlántico y de la misma colgaba un cuadro del sagrado corazón de Jesulín. Su cara iba maquillada dantescamente, con kilos de pintura plástica usados para ocultar imperfecciones y resaltar pequeños detalles anecdóticos que ella consideraba hermosos pero que para mí eran tan aterradores como el resto del conjunto. No quiero decir más porque mi gigantesca alma está en una de esas fases caritativas en las que debemos ser buenos con el prójimo pero que cada uno cierre sus ojos y se imagine el conjunto como buenamente pueda.

Los zapatazos que la Carmen daba en su recorrido por el local resonaban incluso por el sistema de sonido. Parecía uno de esos momentos a cámara lenta que vemos tan a menudo en el cine. Tras lo que me pareció una eternidad se encontró frente a su hermano y lo agarró con esos brazos de ogro, lo alzó en volandas y le plantó un gran beso mientras simultáneamente gritaba y er Dani trataba de enseñarle sus nuevas gafas de marca. Ambos parecían hablar sin escuchar al otro, manteniendo conversaciones sordas que gracias a sus gritos podíamos seguir todos perfectamente. El famosillo trataba de poner cierta distancia entre ellos pero er Dani lo trincó antes de que pudiera escapar, lo arrastró junto a su hermana y lo obligó a saludarla. Ella lo atrapó entre sus brazos y restregó su maquillaje por su cara seguramente rompiéndole varias costillas. Lo sujetó con una mano para que no se le fuera y siguió dándole achuchones a diestro y siniestro. ?l nos miraba desde lejos con una pena infinita y nosotros no dejábamos de reírnos. Tras lo que fueron unos minutos interminables el hombre consiguió zafarse de la garra que lo aprisionaba y salió huyendo hacia los baños. La Carmen y la Gayola no parecían hacer buenas migas y er Dani se las vio y se las deseó para mantener la paz entre ellas. Ambas reclamaban su atención completamente y tendían a ningunear a la otra. Una porque es la hermana y la otra porque es la que se lo folla.

Y esto fue lo que sucedió cuando la Carmen llegó a la fiesta de cumpleaños der Dani. Este es un momento tan bueno como otro cualquiera para interrumpir la narración y cruzar nuestros dedos para que el próximo capítulo no se demore en demasía.

Una vez más te tengo que coger de la mano y ayudar para que encuentres el siguiente capítulo. Confía en mí y salta a 14. Er Dani se lo monta con sus amigos

8 opiniones en “13. La Carmen en el cumpleaños der Dani”

  1. ¿No te acuerdas que te pasé su número? Tú siempre has tirado por las carnosas tirando a sobradas con bigotón. Yo siempre he sido más de famélicas paliduchas con alma perdida.

  2. Imaginad la vision desde atras, en la postura del perrito, dandole palmaditas en las nalgas y viendo temblar todo su cuerpo como si de una inmensa gelatina se tratase… ejem…

  3. Cuidado, que Pepo puede darle al Joystick para vengarse cuando vea que un personaje se llama La Gayola.

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