4. Es un mundo lleno de zulúes

memorias de sudáfrica 2005

Has llegado hasta aquí tras teletransportarte por conexiones cibernéticas y he de advertirte que como todas las cosas en esta vida, esta historia tiene un comienzo llamado Memorias de Sudáfrica. Camino al fin del mundo y si quieres seguir el orden correcto después tendrás que leer Por fin en uMhlathuze y Mi vida en uMhlathuze.

Comencé el día tempranísimo, como suele ser habitual por estas tierras. Esta gente comienza a trabajar a las siete y acaban temprano. Lo mismo sucede con centros comerciales y demás. Es increíble. Tras uno de esos desayunos copiosos que nos prepara la dueña del lugar en el que nos hospedamos nos fuimos a visitar a otro cliente que también está teniendo problemas con nuestras aplicaciones, en este caso se trata del mismísimo ayuntamiento. Mi leyenda me precede y ya sabían de mi llegada, de mi encanto natural y de mi divina mano que todo lo cura. Me recibieron mejor que los españoles a Mr. Marshall que a este pobre le dimos una bienvenida tan folclórica y rastrera que salió por patas sin bajarse del coche.

Me di un paseo por allí, estreché manos y calmé los ánimos. En realidad no hice nada por arreglar la cosa pero el saber que estoy aquí parece que los sosiega. Más tarde teníamos una reunión en la oficina del otro cliente y corrimos para no llegar tarde aunque al final no fue necesario. En esos momentos parecía que tendríamos que trabajar el fin de semana haciendo actualizaciones del software de las centrales telefónicas, tarea tediosa y que consume tiempo. Es algo sin mucho glamour y con momentos de alta tensión cuando no podemos recuperar alguno de los nodos remotos y la gente se pone nerviosa. En el ayuntamiento nos dieron permiso para hacerlo el domingo ya que el sábado esperaban que fuera un día problemático con mucha gente borracha, dando tiros y demás por ser primero de mes y porque el populacho a esas alturas aún tiene guita en los bolsillos. En el otro sitio queríamos hacer nuestra magia el sábado, lo cual me dejaba sin posibilidad alguna de ir de safari o similar, algo que me encabronaba bastante.

A lo largo del día se vio que no nos concedían el permiso y nos ocupamos en preparar nuestro safari del día siguiente en Hluhluwe Imfolozi Park, una enorme reserva natural en la que se pueden ver los CINCO GRANDES, que para aquellos incultos como yo que no lo sepan son elefantes, rinocerontes, leones, leopardos y búfalos. La única que no se tomó muy bien la noticia fue mi madre cuando se lo conté por teléfono y más sabiendo que la cruz que llevo siempre al pecho está siendo reparada en Gran Canaria y no tendré protección adicional del Dios de todos los católicos.

Nos marchamos del trabajo temprano y nos fuimos a un bar en el muelle. La temperatura era perfecta y aquello estaba lleno de chochas al sol, todas blanquísimas y tomando cervecillas sudafricanas. Ya he probado varias marcas y me quedo con Hansa. Está muy buena. Mirando hacia la bahía, con la brisa del fondo del agua del mar besando nuestras caras y un paisaje de esos que quita el aliento pasamos la tarde. Por la noche fuimos a cenar a una pizzería en ese mismo lugar ya que después de las animaladas de los días anteriores nos apetecía algo más ligero.

Ese día nos acostamos temprano porque para ir de safari había que madrugar bastante.

Si quieres seguir con la lectura de este relato, salta a Hluhluwe Imfolozi Park