7. Richards Bay y una cena para recordar

memorias de sudáfrica 2005

Tras una pausa eterna de la que sólo yo soy responsable, retomo el relato de este viaje que me llevó a Sudáfrica a finales del 2005. No me sorprendería que hayas caído aquí siguiendo alguna extraña marea de esas que sacuden frecuentemente la red. Como seguro que querrás leer esto desde el comienzo de invito a saltar a Memorias de Sudáfrica. Camino al fin del mundo y si quieres seguir el orden correcto después deberás leer Por fin en uMhlathuze, Mi vida en uMhlathuze, Es un mundo lleno de zulúes , Hluhluwe Imfolozi Park y Greater St. Lucia Wetland Park.

Ha pasado un tiempo desde que dejé estancado el relato del viaje a Sudáfrica y de alguna forma siento que quiero acabarlo y completar ese capítulo de mi historia. Como los siguientes cuatro días no fueron muy significativos, los voy a sintetizar en una única historia y dejaré el día del retorno para el final. Rectifico, mi locuacidad no me lo permite y de una sentada solo he podido condensar las cosas de un día así que me temo que seguiremos con el ritmo de una historia por día. Dios, mi memoria no me perdona ni esto.

Habíamos acabado el fin de semana en el que conocí a los hermanos león, leopardo, rinoceronte, hipopótamo, jirafa, búfalo, elefante, impala y a muchos más. Ver los animales tan de cerca y en su ambiente natural es algo que marca, al menos en mi caso.

El lunes, tras ese fin de semana tan apoteósico, llegué a la empresa que habíamos parcheado la mañana anterior y la gente poco menos que me adoraba. Yo ya les advertí de que el problema no estaba solucionado pero que íbamos por el buen camino. El tío que me acompañaba de nuestro socio sudafricano no se cansaba de decirles que aquello estaba solucionado en un noventa por ciento o más. Le tuve que advertir que dejara de dar porcentajes porque la informática no es una ciencia exacta y además yo conozco a nuestros equipos de desarrollo. Las zulúes ya andaban encantadas conmigo y ahora que estaban más relajadas me contaban cosillas más interesantes. Creo que ya he dicho que una de ellas iba a ir a un evento en otra provincia, a tres horas de allí, durante el fin de semana. Me contó que era un acto de orgullo minusválido en el que gentes de todo el país con algún tipo de minusvalía se reunían con el presidente y cantaban, bailaban, comían y demás. Ella camina de una forma rara, según parece por un amigo cocodrilo que se le antojó probar su carne. La chica lo lleva muy bien y suple ese problema con alegría y encanto. Está muy orgullosa de su problema porque le permitió conseguir el trabajo y ahora que gana dinero puede ayudar a otros con problemas. Personalmente creo que esa chica podría conseguir cualquier cosa en la vida si se lo propusiera. Los zulúes son muy territoriales y no tienen una clara noción del mundo, incluso los que han ido a la escuela y han recibido educación. Debe ser algo relacionado con su idioma porque no conciben la idea de grandes continentes. Saben que vengo de Europa pero lo ven como algo que puede estar veinte kilómetros más arriba. Traté de conseguir un mapa mundi pero hasta que encontré uno me conformé con enseñarles la ubicación de Holanda, España y las Canarias con un billete de diez euros. Saber que soy de África también los unía a mí de una forma extraña. Uno de los blancos me dijo que esa gente me trataba con una afinidad que daba miedo. Además se hablan entre ellos y en esta segunda semana ya me saludaba todo el mundo por allí.

Como llevaba las fotos de los safaris fotográficos en el portátil se las enseñé pero no conseguí impresionarlos porque ellos se han criado entre esos animales. También tenía las fotos de Valencia, las de mi casa y algunas de Bélgica y Holanda. Esas sí que les impresionaron. Fliparon con la nieve, con las calles holandesas y con el agua y los canales. Me preguntaban si no era peligroso andar por allí con esos canales en los que los cocodrilos te pueden atacar tan fácilmente y no creo que me creyeran cuando les dije que nosotros no tenemos cocodrilos. De Valencia se quedaron boquiabiertos con los grandes edificios. Una de las chicas me confesó que algún día quería ir a ver una isla que esa era su máxima aspiración. Habiendo nacido en una no entiendo cual puede ser la atracción pero ella lo tenía idealizada. La otra chica, la simpática me dijo que estaba ahorrando dinero para ir dentro de cinco años a Europa con su marido para ver ese gran país. Será la primera vez que viajen en avión y que salgan de su provincia.

Sobre el medio día me fui a un centro comercial a comprar un par de CDs para hacer una copia de seguridad de las fotos del fin de semana, que uno es de natural precavido y hace siempre copias de seguridad de los documentos importantes, algo que os recomiendo encarecidamente. El centro comercial está cerca de donde estamos y fuimos andando. Con más de treinta grados las calles son bastante interesantes. Todos esos zulúes con sus paraguas negros para ir a la moda y los blancos sin embargo sin paraguas o gorros disfrutando del sol de verano. Las tiendas estaban concurridas y me llamó bastante la atención que casi no habían negros y los que se veía estaban trabajando. Otra pruebilla de que el sistema no anda muy compensado. aproveché para comprar alguna cosilla de higiene en el supermercado Spar que había allí. Es increíble como las cadenas estas están de norte a sur por todo el universo. De vuelta al trabajo me pegué el maravilloso almuerzo que me preparaba cada mañana la señora del hotel y esperé hasta que llegó la señora del café por nuestro despacho. Es una mujer vieja, muy vieja, negra como un tizón y arrugada hasta el infinito y más allá. Llega con el sonido de una campana arrastrando un carrito en el que trae el café y el té. Todos los empleados de aquel lugar tienen sus propias tazas que probablemente se han traído de casa. Ella ya sabe lo que quieren y se los pone sin mediar palabra con ellos. Conmigo no habla y son las chicas zulúes las que le piden lo que quiero en zulú. Supongo que no habla inglés. Ella me prepara mi café, le pone azúcar, me lo revuelve y te lo da sin la cuchara. Más tarde vendrá a buscar las tazas y se las lleva para lavar devolviendo las que son de la gente de por allí.

Ese fue uno de los pocos días que acabamos temprano y con ese glorioso día terminamos en la piscina del sitio en el que nos quedamos tomando unas cervezas Hansa bien frías y comiendo Biltong, esa carne seca que está tan rica. Para celebrar el éxito del día anterior y la paz de aquel día reservamos mesa en un restaurante llamado la pequeña Suiza que según parece es de lo más exclusivo de la ciudad. Está cerca de la bahía en un lugar precioso. Es pequeño y parece que sirven la mejor carne de aquella zona. Cuando llegamos aquello parecía cualquier antro europeo, lleno de posters en los que mezclaban paisajes suizos con holandeses, ingleses, franceses o belgas y adornado con todo tipo de chorradas sacadas de visionar con iteración y alevosía la serie Heidi durante varias veces seguidas. Todo lo que me habían dicho fue poco. La carne no estaba buena, estaba de morirse de buena, deliciosa, sublime, imperiosa. Me quedé encochinado. En el local había una separación entre fumadores y no fumadores bastante drástica. Los que le dan al humo estaban encerrados en otro cuarto con cristales en el que se veía una nube tóxica por no tener ventanas. La gente entra allí con los chiquillos que disfrutan y gozan de ese aire tan saludable obligados por sus padres, que por supuesto saben lo que es mejor para sus vástagos. Cuando nos trajeron la cuenta y vi el precio me quedé blanco. Era uno de los sitios más caros de aquella área, uno de esos lugares a los que no se puede ir todos los días porque te revienta el presupuesto. La cena para tres personas costó TREINTA ??uros, dinero con el que en Holanda malamente pagas los entrantes en cualquier restaurante medianamente decente. Les dije que a esa cena pagaba yo, que mi empresa me devuelve el dinero y por tan poca cantidad no voy a desajustar el presupuesto de esa gente.

Desde allí nos fuimos a un pub y estuvimos bebiendo hasta que pasábamos más tiempo de camino al baño que sentados en la mesa. Esa noche me acosté y sobre las tres de la mañana fui arrebatado de los brazos de morfeo bruscamente. El shock fue brutal. Pensé que era el fin de mis días, que una banda de forajidos había entrado en mi habitación y tenía que rendir cuentas al altísimo. Salté de la cama y sin pensármelo corrí hacia el Panic Button dispuesto a pulsarlo y solicitar la ayuda del equipo de seguridad con sus fusiles y todas sus armas. Cuando ya lo iba a pulsar vi algo iluminado sobre la mesilla de noche. Era el puto teléfono móvil. Para poder oírlo cuando mi jefe y amigos me llaman le había puesto el volumen al máximo y alguién había decidido mandarme un mensaje de madrugada. Me cagué en todos los muertos de quien quiera que sea y cuando miré el mensaje se trataba de mis amigos holandeses que estaban tomando un capuchino en Sydney y me comunicaban tan importante noticia. A veces me pregunto por qué no puedo tener amigos normales y por qué no vivo en mi barrio, sin dejar nunca mi tierra como los zulúes. En lugar de eso peregrino por el mundo y mis amigos andan desperdigados por cinco continentes. Corremos siguiendo al sol y a los vientos alisios y mantenemos el contacto de mil formas distintas. Somos una generación atípica y creo que no nos damos cuenta de ello, lo vemos como algo normal. Les devolví el mensaje dándoles las gracias por haberme despertado y contándoles que ayer mismo merendaba entre hipopótamos y cocodrilos.

Y así sin más acabó este nuevo día en Sudáfrica.

Para continuar con la lectura de este relato tendrás que seguir leyendo Richards Bay – martes negro

10 opiniones en “7. Richards Bay y una cena para recordar”

  1. Que rico, ahora que estoy a dieta (sufro una gripe de estomago de esas que me cago to en cuanto como algo pesado) parece que el planeta esté en contra mía torturandome hablandome de manjares.

    Lo del movil es una putada de las grandes, sobre todo teniendo en cuenta como se la gastan en ese país, los huevos se me pondrían de corbata.

  2. Por cierto el otro día me enteré, por casualidad viendo una cosa en casa que me regalaron, de donde sale tu nick. Eres tan “freak” como “bleugito” 😀

  3. Sobre tu segundo comentario, todo el mundo debería saber a estas alturas del mundo que sulaco es el nombre de la nave espacial que transportaba a los marines en la película Aliens, la U.S.S. Sulaco. Incluso una búsqueda en google muestra imágenes de la misma. El por qué soy sulaco y no nostromo que fue mi elección inicial se debe a que el día que fui a abrir mi primera cuenta de internet con Arrakis (en aquella época no se hacía Online sino a través de distribuidores) me informaron que el nombre nostromo ya estaba cogido y tuve que saltar a mi segunda opción. Y ya que estamos aprovecho para recordar que Aliens está en el puesto 80 de las mejores películas en imdB. Esa película la puedo haber visto más de doscientas veces, la última de ellas con mi amigo Kike en Valencia el pasado noviembre.

    Sobre el primero, me alegro que nos ilustres sobre tus problemas estomacales y créeme, no volví a dormir con el móvil encendido después del susto que me llevé.

  4. Juas juas, pues no lo sabía el finde me ví los DVDs de extra de las dos prímeras películas, la Nostromo si la conocía pero que la que llevaba a los marines era la Sulaco ni idea.

  5. Yo vi Aliens por primera y segunda vez en 1986 en los Estados Unidos de América, en versión original y allí mismo decidí que sería mi película favorita durante toda mi vida y las próximas dos vidas que sucederán a esta. Después la vi en España dos veces más en español y me compré el VHS y me regalaron el VHS con el Director’s cut en inglés y luego el DVD y seguro que tendré el Blue Ray cuando salga y cualquier otro formato que se precie. Es más, si sacan la versión para PSP me compro el puto trasto para ver la película todos los días en el tren camino del trabajo, que saberse los diálogos de memoria requiere mucho ensayo.

  6. tu comentario me trae tristeza y amargura
    mi movil nunca suena de noche, claro, no tengo amigos que se acuerden de mi nunca,
    que triste

  7. mira, cállate que te llamo 3 veces por semana en llamadas INTERNACIONALES a móviles y hablo contigo hasta que me cortas. Y que sepas que ayer no me cogiste el teléfono y estabas allí, agazapado escuchando como sonaba. Y no te hagas el julai que los de muviestrar te regalan cestas de navidad solo por la cantidad y la calidad de las llamadas intranacionales que tienes.

  8. ha sonado a rapapolvo de enamorados, bleeeeuge, cógele el teléfono al niiiiiiiiño…. ay que hombres estos!

  9. Hoy no lo llamo por quejarse y en su lugar llamo a mis amigos alemanes que son más agradecidos y siempre devuelven las llamadas cuando no pueden hablar con el aclamado autor de distorsiones

Comentarios cerrados.