A la ?pera, el Palacio Real y más allá

El relato comenzó en Una pequeña escapada de otoño

Nuestro primer día en Oslo, o más bien medio día, arrancó saliendo del hotel con todos los bártulos, los cuales, además del glamour que tanto Waiting como yo lucimos, incluyen mi cámara, la bolsa con el objetivo que cargo y nunca uso, la cartera, mi GPS Garmin pre-programado con los restaurantes interesantes, la guía turística, la información que nos dieron en la oficina para los turistas y seguramente un montón de cosas más que ni me acuerdo. Nos quedábamos en el Comfort Hotel Børsparken el cual está muy céntrico. Nada más salir del hotel hay una pasarela que te lleva sobre una autovía y al llegar al otro lado, casi como por magia, estás en el nuevo edificio de la ?pera de Oslo, una mole blanca a base de leuros y mármol de Carrara. El edificio es precioso pero la zona que lo rodea aún está en plena construcción y el efecto es un tanto extraño, como lo de tener una autopista entre la ?pera y la ciudad. El edificio se construyó con unas rampas y terrazas que te permiten subir a su techo y gozar con unas vistas espectaculares del Fiordo y la ciudad y hasta nos planteamos hacerlo directamente, pero optamos por entrar para mirar lo de la visita guiada y la contratamos. Nos costó 80 HastaLosGüevos (cada uno), la moneda local con la que te enculan, también conocida como Corona Noruega. Al cambio, casi diez leuros y medio con descuento. Teníamos tres cuartos de hora así que salimos a la calle y subimos a la terraza para hacer las fotos, ver las vistas y eso. Regresamos al vestíbulo de la ?pera y nos apalancamos en un rincón y en ese momento suena la música de parque Jurásico y aparece un grupo de hembras, todas pasadísimas de peso pero sobre todo una de ellas, que parecía un dinosaurio de los enormes. Van aplastando el aire por el edificio y cuando buscan las copas de los árboles para comérselos enteros, nos escuchan hablar y se paran y nos preguntan en cristiano si sabíamos en donde estaba la recepción porque les habían robado la cámara. Esto último parece que solo lo escuché yo. Les indicamos la ruta (al llegar a la esquina, de frente sin distraerse comiendo árboles …) y tras asegurarnos de que no estaban a distancia de oído las comenzamos a criticar. Eran una banda de Orcas, como cualquiera de esas que te puedes cruzar cuando caminas por Vecindario, capital de Mordor, esa ciudad en la que la ordinariez y la vulgaridad son el pan nuestro de cada día. Más tarde las vimos hablando con los de seguridad, los cuales parecían más preocupados por la estabilidad del edificio cuando tantas Bostas se apalancan en una zona de la estructura.

A la hora prevista, más o menos, comenzó la visita guiada en inglés, o algo parecido porque la mujer debía andar despistada el día que le dieron las clases de idiomas y no captó los conceptos, así que ella empezaba a dar la explicación, se trababa, se le olvidaban las palabras y todos la mirábamos con carita de pena mientras ella gesticulaba y movía la boca como si estuviera paladeando la lefa del chamo que se la había llenado y fuera como un producto de Gourmet.

Nos llevó al interior del teatro, fuimos a las salas de las costureras a ver los trajes de la próxima producción del Lago de los Cisnes, vimos también de otras obras, nos dio estadísticas del edificio a destajo, vimos las salas en las que practican los bailarines y las bailarinas e incluso observamos a alguno en caliente. En una de las salas, un pequeño grupo de bailarinas ensayaba alguna danza. Uno tiende a creer que estas mujeres son pequeñitas y delgadas como patas de compás para poder volar por los aires pero no, nosotros nos tropezamos con una despatarrada en el suelo, con las piernas totalmente abiertas y unos muslos como patas de vaca. Aquella la tienen que levantar en el lago de los cisnes y tienen que poner efectos especiales e izarla con una grúa porque todo ese peso muerto le cae encima a un pobre de puntillas y lo mata aplastado. El punto culminante de la visita es entrar en la sala principal del teatro, un edificio precioso y muy coqueto que previamente habíamos visto desde detrás del escenario. Tras unos tres cuartos de hora, nos dejó en el punto de inicio y cada uno siguió su camino, que en nuestro caso no fue otra cosa que cruzar de vuelta a la ciudad y desde la estación central de tren subir paseando por la Karl Johans Gate, una calle peatonal llena con las típicas tiendas y similares. Paramos a ver la catedral de Oslo (Oslo domkirke), un edificio sin ningún encanto por fuera ni por dentro. Al parecer la versión actual se construyó a finales del siglo XVII, debe ser de alguna de esas sectas raras del Cristianismo y por lo que pude averiguar, allí se casó la Mete-Mari, una que me suena de las revistas del corazón que compraba mi madre. Tras la parada en el lugar seguimos hacia el Palacio Real, cruzando junto a un montón de edificios icónicos de la ciudad, muy bonitos y tal pero con esa arquitectura que es más seca que una compresa super-absorbente. Dimos un paseo en los jardines en los que la familia real se revolcaba en el pasado y creo que en el camino paramos en una especie de centro comercial y Waiting me invitó a un capuchino a precio de Cubata de Ron de doce años que casi nos hace llorar. Aunque parezca que no hicimos mucho, ser un intelectual es muy sacrificado y lo de la ?pera nos tomó un tiempo y casi sin darnos cuenta, ya eran las cinco de la tarde, la hora de cenar por esas tierras. Se me olvida comentar que en la ruta encontramos un cine, uno que nos había marcado en el mapa la gótica fea de la oficina de información al turista y entramos para mirar la cartelera. Terminamos comprando entradas para una película pero en otro cine de la ciudad, ya que al parecer están todos enlazados y no hay competencia entre ellos. Desde allí fuimos hasta el Kaffistova, el café en el que queríamos comer. Nos pegaron una clavada de cuidado, aunque yo reconozco que mi plato de albóndigas como las de Ikea estaba muy rico. Allí notamos que la gente solo bebe agua del grifo, que nadie pide refrescos para no pagar los cinco o seis leuros que valen.

Tras la cena regresamos al hotel y como voy mal de tiempo y casi he escrito mil palabras, el resto del relato continúa en otra anotación …

El relato continúa en Escapada nocturna en Oslo

10 opiniones en “A la ?pera, el Palacio Real y más allá”

  1. Se queda uno alucinado de los precios que das…
    He ido a leer las entradas de las Potrancas y las Bostas y me ha sorprendido que de la gente que comentaba solo queda Virtuditas y tampoco ha pasado tanto tiempo, bueno, en realidad para el mundo Ciber si que ha pasado bastante, si…
    Salud

  2. Sucede continuamente, la gente llega, se engancha, después de un tiempo se aburre y desaparece. Es el ciclo de la información en la Red. Antes presionaba de cuando en cuando para sacar a los lectores que nunca comentan de su escondite pero hoy en día ya no lo hago. Calculo que su número debe andar en algún lugar entre 50 y 100 (recurrentes). Los que paran de casualidad y siguen su camino deben ser mil y pico cada día.

  3. Yo caí en la curiosidad y pinché en las bostas, jajaja AY DIOS MIO! Qué malo eres que pusiste hasta FOTOS! Dios…
    Hicimos demasiado estos tres días, creo que he visto más Oslo que Cádiz jajajja. La sra de la ópera era lo máximo, le pagaban para que no se le entendiera nada y ella tan tranquila, con esa cara de palo. Jajaja. Y una sorpresa total que me llevé es que vi a Bailarinas de Ballet pasaditas de peso, no sabía que se podía. Sinceramente que visto en la distancia el sitio era muy bonito. Por dentro y por fuera, sólo que como bien dices rodeado de esas construcciones era complicado apreciarlo. Las vistas a la ciudad eran muy bonitas. De noche con los zapatos más cómodos se me hizo más fácil subirlo. El nombre de la moneda le viene demasiado bien jajaja. Leí que el sueldo mínimo está alrededor de las 17000 coronas, que son unos casi 2500 leuros. Osea más o menos el doble que en holanda, eso es para una persona con mi cargo y el tuyo unas 34000 coronas lo que ganaríamos, osea, se puede vivir…
    Un besho enorme.

  4. El hermano de un compañero mío vive allí y me dijo que cultiva todo lo que come (o casi todo) para no gastar dinero y que además se hace su propia cerveza.

    Debería haber comentado lo de las bostas bailarinas. Rectifico la anotación con lo siguiente: En una de las salas, un pequeño grupo de bailarinas ensayaba alguna danza. Uno tiende a creer que estas mujeres son pequeñitas y delgadas como patas de compás para poder volar por los aires pero no, nosotros nos tropezamos con una despatarrada en el suelo, con las piernas totalmente abiertas y unos muslos como patas de vaca. Aquella la tienen que levantar en el lago de los cisnes y tienen que poner efectos especiales e izarla con una grúa porque todo ese peso muerto le cae encima a un pobre de puntillas y lo mata aplastado.

  5. Es que los precios eran así, algo descomunal, pero decían las dependientas de las tiendas que ganaban mucho dinero y que ellos podían vivir sin estrecheces, pero para nuestros sueldos asquerosos son prohibitivos.

  6. Todos no deben ganar ese dineral porque vimos un montón de gente rebuscando en las papeleras de las calles e incluso en las del metro.

  7. Genín, es que yo soy muy “persistente” 😉
    Y estoy pensando que con razón mi norueguito no paraba de ofrecerse a pagarlo todo y no paraba de hacer compras….. todo le parecía baratísimo, y en aquel momento yo no entendía nada. Cuando llegaron a España, sin reserva de hotel, y viendo los precios, se metieron en un 5 estrellas-y-no-tengo-más-porque-no-me-dejan y les parecía una ganga….

  8. Sí que se debe cobrar bien, cuando al marido de una amiga que trabaja en unos astilleros de Ferrol lo mandaron a Noruega para ver (y aprender) cómo construían no sé qué cosa y allá se fue con un sueldecillo de algo más de cuatro mil doscientos eurillos, casa y comidas pagadas. Que era caro, sí, pero tanto-tanto-tanto como para que la gente beba agua del grifo en los restaurantes o tener que cultivar sus propios productos ni me lo imaginaba.

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