Algo que no es normal

De pequeño pensaba que todo el mundo era como yo y solo cuando comencé a trabajar descubrí que hay un módulo defectuoso en mi cabeza que me hace fijarme en ese pequeño detalle que está fuera de lugar y una vez lo identifico, también me pone a mirar el problema desde todos los ángulos posibles para encontrar la solución. Hay gente que siempre ve lo bello del mundo. Yo veo las cosas raras, los eventos asíncronos, las sombras y las grietas que marcan los lugares débiles y al mismo tiempo, veo también la manera de reforzar el conjunto, no de repararlo sino de hacer que recupere su propósito. En el trabajo, muchos curran durante horas, sin descanso, repitiendo las mismas tareas, creando documentos, escribiendo código, montando presentaciones y hablando y hablando sin parar. Todos piensan o están convencidos de que lo mío es un rescándalo, que no doy un palo al agua.

Por eso les sorprende un montón, ahora que estamos en una oficina abierta, que casi todos los vicepresidentes se pasen por mi sitio, se sienten a mi lado y me cuenten cosillas, me expliquen problemas o movidas que van mal. Yo escucho, pregunto y cuando se van, soluciono o les doy la respuesta que necesitan. Ayer teníamos al director de una división que lleva semanas frustrado con algo que va mal. Se sienta con cuatro personas a discutir y parece que hablan tanto que gastan el argumento sin resolver nada. El hombre viene con uno de ellos y me cuenta lo que le sucede, como de pasada, ya que yo no trabajo con ellos. Mientras me hablan yo entro en la red interna de la compañía, busco la página de los informes, selecciono tres variables, espero quince segundos a que se genere el informe y les imprimo el resultado. Es lo que llevan un tiempo tratando de resolver. Hago otro informe y les enseño la raíz del problema y les explico quien debe solucionarlo, alguien que está en otro departamento y que obviamente, no hace su trabajo como debería, pese a estar allí horas y horas.

Me invitan a una reunión con ellos el lunes para lavarles la cara, aunque ya les explico que yo no lo resuelvo, mi trabajo acabó en el momento en el que les indiqué el lugar en el que se escapa el aire y como reparar el pinchazo. Iré a reírme de ellos. Al rato viene un vicepresidente y toda la planta se pone en tensión. Me invita a una reunión semanal con su equipo y cuando entro en la sala todo el mundo me dice que me he equivocado, que no debo estar allí, aunque su jefe no parece estar de acuerdo y los manda a callar. Cuando habla y busca opiniones, solo parece mirarme a mí. Los demás escuchan y adoran, quizás con miedo. Yo respondo y regateo sus jugadas, explicándole porqué están mal y forzándolo a maquinar más.

No sé que le ha dicho a mi vicepresidente pero ahora ese quiere sentarse también conmigo durante media hora en una reunión de uno-a-uno. Ese tipo de reuniones me aburren, no me aporta nada que me tanteen y no me interesa. Ubica la reunión justo cuando mi jefa está de vacaciones, así que le hago un pantallazo a mi agenda en el que se puede ver que ella está de vacaciones y le envío un correo diciéndole: Por fin me echan y lo hacen cuando no estás para que no te lleves el disgusto. La mujer salta como un leopardo y se va al despacho del vicepresidente a pelear como una leona. Después estoy en una reunión con dos colegas, el hombre entra en la sala, se acerca y me dice: yo solo quiero que hablemos …

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