Algunos días casi parecen normales

Hay días que estamos convencidos del camino que tomarán las cosas y de repente entramos en aguas pantanosas y nuestras certezas desaparecen. El viernes fue uno de esos días, en principio tranquilo y sin nada excitante y que terminó como una montaña rusa. Se suponía que iba a trabajar y después volvería a casa para haraganear y perder el tiempo en cosas no productivas.

La mañana se desarrolló como estaba planeado pero al mediodía me llamó mi amigo el Rubio y se torció la cosa. Me invitó a cenar a su casa con pernoctación incluida y por supuesto acepté. El problema es que le había prometido galletas de chocolate a su hija y tuve que salir del trabajo antes para que me diera tiempo a hacerlo todo. Primero fui al centro de Utrecht a recoger mi nuevo teléfono móvil, el cual me salió rana y dejó de funcionar tras unos días. Una vez completé la misión volé a lomos de La Dolorsi y según entré a mi casa encendí el horno y comencé a apilar todo lo que me tenía que llevar. Preparé las galletas y para acelerar el proceso enfrié la primera tanda en la nevera mientras se cocinaba la segunda. Salí de casa a tomar el autobús y al llegar a la estación me acerqué a una de las máquinas para comprar billete. Elegí el destino, seleccioné pago con PINPAS e introduje mi código. C?DIGO INCORRECTO. Algo prácticamente impensable porque mi banco me ha asignado uno bien sencillo ya que se me considera un profesional en esto de olvidar los dichosos números, todo porque no me permiten elegir el que yo quiero. Vuelvo a introducir el dichoso código y la máquina me informa que he tecleado dos veces el C?DIGO INCORRECTO y que la próxima es la última oportunidad. Respiro hondo, tecleo los cuatro estúpidos dígitos y me dice que me ha bloqueado la tarjeta. Me devuelve el inútil objeto de plástico de nombre obsceno, que mi tarjeta se llama RABOcard y he de buscar una máquina que acepte monedas. La encuentro, compro el billete y corro al andén del que estaba a punto de salir mi tren. Mientras viajo aprovecho para llamar al número que aparece en la parte posterior de mi RABOcard y les cuento el drama en el que estoy inmerso. Me dicen que vaya a una oficina y que allí me la desbloquearán. Esto sucede un viernes a las siete de la tarde así que tendría que esperar al lunes para poder hacerlo.

Después vino la cena, la borrachera, la resaca y la recuperación haciendo la fotosíntesis en una de las terrazas de Woerden el sábado hacia el mediodía. Ya sabéis lo que se dice, que lo mejor contra la resaca es el alcohol, que quizás no te cure pero te devuelve el puntillo ese que hace que las cosas pinten de otro color. Me despedí de mis amigos sobre las cuatro de la tarde y al ir a comprar el billete de vuelta en la estación un anciano se acerca y me regala uno que no le habían estampado los revisores. Me subí al tren más contento que un chiquillo con un juguete nuevo y al volver a Utrecht me dediqué a pasear por el centro observando a la gente que realizaba las últimas compras del día, corriendo de tienda en tienda y esquivándose con esa elegancia que siempre me ha maravillado de los holandeses que parecen nacer equipados con campos magnéticos que les permiten evitar el contacto físico. Van rebotando de lado a lado sin tocarse ejecutando una extraña danza. Es justo lo contrario de lo que suelo ver en Gran Canaria, en donde te topas con esas tanquetas de Vecindario, gordas como bostas, que sudan copiosamente y enseñan sus tatuajes de clase muy muy baja y te sonríen con esos dientes negros para que les puedas ver el piercing que siempre llevan en una mejilla y que por falta de movilidad se acaban estampando contra uno si no te quitas de su camino.

Cuando tengo días así, cuando se encadena una sucesión de eventos extraordinarios que parecen lanzarme de un escenario al siguiente, me da por pensar que o todo el universo es una charada creada para entretenerme o el azar tiene un sentido del humor un tanto extraño. Sea como sea, mi vida no sería la misma sin esas anomalías.

2 opiniones en “Algunos días casi parecen normales”

  1. emo, viniendo del Rabobank todos sus productos tienen el Rabo como prefijo. Tengo la Rabocard, la Rabocuenta, la Rabocalculadora, la Rabo mastercard y similares.

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