Monthly Archive for August, 2004Page 2 of 3

Fahrenheit 9/11

Muy pocas veces un documental llega a los cines del circuito comercial. No porque sean malos, porque no tengan un buen guión o porque el presupuesto fuera mínimo. Simplemente porque la gente no paga una entrada en el cine para ver un documental. Es así de triste y así de sencillo.

Esta regla funciona casi siempre. El único que parece romperla es Michael Moore. Su anterior documental (o película), Bowling for Columbine, se extendió como la pólvora por todo el mundo llegando a los circuitos comerciales. Se trataba de una excelente y sesgada visión de la sociedad americana y su afinidad por las armas de fuego.

Ahora, un par de años más tarde, vuelve con Fahrenheit 911Fahrenheit 9/11, su particular testimonio sobre la elección del hombre al que se puede encontrar en Google buscando Miserable Failure y sobre la guerra contra el terrorismo (Iraquí, mayormente).

La película se divide en dos partes claramente diferenciadas. En la primera se analiza la ¿victoria? Del presidente de los estados unidos en las elecciones del 2000. también se analizan sus vínculos con los saudíes y con la familia Bin Laden. Resulta estremecedor. Las relaciones entre el clan Bush y esta gente ponen los pelos de punta. Por no mencionar que los saudíes podrían tumbar la economía americana si sacaran de golpe todo su dinero del país. Esta primera hora de película es absolutamente brillante. Michael Moore nos zarandea y nos lleva a un terreno que maneja a la perfección. Cuando acaba con Bush, no es más que un patético retardado que sólo piensa en hacer dinero y a quien no le importa una mierda el pueblo americano. La escena de Bush en el colegio en Miami leyendo cuentos cuando sabía que se habían producido los dos choques de aviones contra el WTC es antológica, realzada aún más con la voz en off de Michael Moore.

En la segunda hora se centra en la guerra contra Irak, la famosa “Coalición Internacional” y los turbios intereses de esta guerra. Esta parte nos pilla más de lejos a los europeos y no es tan absorbente como la primera. Obviamente se trata de exponer un punto de vista diferente al de las televisiones oficialistas a los votantes norteamericanos y eso a nosotros nos la trae floja. Ofrece los típicos recursos de los programas basura con testimonios dramáticos de madres que han perdido hijos, militares que volvieron hechos una mierda para encontrar que el tío Sam pasa de ellos y los abusos de los soldados americanos en Irak para dar la libertad a esa gente.

De esta segunda parte, lo más terrorífico es ver como mintieron los políticos antes y después de la guerra y escuchar la respuesta de Donald Rumsfeld en una entrevista cuando le preguntan que donde están las armas de destrucción masiva y químicas iraquíes, las que provocaron la guerra. Su respuesta fue: “Deben estar en los alrededores de Bagdad o Tikrit o en el Norte, Sur, Este u Oeste”. Espero que cuando dice Oeste no se refiera a los Países Bajos, porque con semejante respuesta esas armas pueden estar hasta en los Estados Unidos.

Así que creo que merece la pena verla, es altamente educativa y ofrece un punto de vista muy diferente del que se puede ver viendo las noticias en la tele (sobre todo en la americana). Si queréis más información en español, haced clic aquí
gallifantegallifantegallifantegallifante

Instantes capturados

En lugar de leer algún desvarío, hoy os propongo que os relajéis y disfrutéis de las fotos.
Os sugiero las del viaje al sur de Estados Unidos:

- Plantation Country
- Cajun Country - Henderson
- Cajun Country - Houma
- Nueva Orleans

Y si no tenéis suficiente, probad con mi álbum favorito. Las fotos de tulipanes que he tomado durante estos años en el
Keukenhof, la octava maravilla del mundo.

Nadie mejor que tú

Nadie mejor que tú ...
- “Nadie mejor que tú sabrá cual es la verdad
Sus palabras fueron un mazazo que lo pilló desprevenido. Unos instantes atrás todas las señales pintaban bastos, todo parecía ir sobre ruedas. La chica que le gustaba estaba con él, estaban hablando, manteniendo una conversación interesante y las perspectivas eran muy halagüeñas. Todo iba bien hasta que cayó la bomba.

A partir de ahí todo se desmoronó. Ella se echó a llorar. Entre sollozos le comenzó a contar su historia. La gente de las mesas vecinas los miraba con esa apasionada curiosidad que provocan los problemas de los otros.

Primero lo noqueó con el típico “Eres mi amigo”. Ahí se esfumaron sus esperanzas de tener algo con ella, lo que fuera. Otra amiga para el montón. Cuando nació lo tuvo que mirar un bizco, porque sólo parecía ser capaz de coleccionar amigas. Por más que había tratado de ser insustancial y vulgar, o intelectual apocado, o sibarita superficial, los resultados siempre eran los mismos: todas querían un amigo. En su interior una vocecita le susurraba: “Acaba ya de una vez”. Visto el comienzo, lo mejor era cortar por lo sano.

Ella mientras tanto continuaba su sordo monólogo. Hablaba de reconocer que es lo que eres, de repetirse, de decidir cambiar, de reinventar la felicidad. Propaganda asquerosa que no le interesaba. El sólo quería mojar, revolcarse con ella hasta que le pidiera clemencia, engañar su corazón con palabras que no sentía, buscar la ruptura tras una corta relación, todo lo que sus amigos hacían una y otra vez y él parecía incapaz de hacer.

Entre pitos y flautas mantuvo el tipo. Ella hablaba de recuperar su identidad, que ese era su sitio y entonces lo comprendió todo. Le preguntó directamente: “¿estás tratando de decirme que eres lesbiana?”

Su pregunta carecía de todo tacto pero a esas alturas no le importaba. Ella comenzó de nuevo a hacer pucheros mientras asentía con la cabeza.

- “¿Desde cuando?
- “Desde siempre”.

El panorama se presentaba menos desolador. Al menos esta vez no acabarían hablando de ese otro chico con el que ella se quería enrollar y que por jugarretas del destino era amigo suyo. Esta vez era una tortillera. Sólo había un camino a seguir. El más directo y cruel.

- “¿Estás segura? Quiero decir, ¿lo has probado con tíos?
-“”.
-“¿y con tías?
-”No”.
- “Y entonces como puedes saberlo” - dijo él.
- “Lo sé” - fue su escueta respuesta.

Se quedaron allí mirándose. Ella puso la mano sobre la suya. Él se la imaginaba en la cama, con otra, retozando con sus cabezas en el sexo de la otra mientras él miraba la escena junto a la cama, las veía como se iban calentando hasta que ya no podían más y le pedían que las curara. Y entonces lo hacía. Las curaba. Ella mientras tanto pensaba en lo aliviada que estaba ahora que lo había dicho, en lo bien que se estaba portando él, en lo buen amigo que era, en como no podría decir algo como esto a ninguna de sus amigas porque todas la despreciarían, la repudiarían. Ella por fin tenía alguien con quien podía hablar y él un nuevo universo de fantasías sexuales que poblarían sus noches.

Nadie mejor que tú podrá …
… decidir cambiar
Nadie mejor que tú para encontrar …
… otra realidad

Confessions of a Teenage Drama Queen

Tengo que reconocer que tengo cierta debilidad por estas estúpidas películas para adolescentes. Es raro que me pierda alguna. Sobre todo las que están hechas para niñas gritonas y envalentonadas por su instinto gregario. A esas voy siempre. Me resultan fascinantes estas películas porque parecen ser catálogos de venta para adolescentes, en los que ellas se reflejan y al salir del cine corren a las tiendas a comprar lo que han visto.

Confesiones de una típica adolescenteConfessions of a Teenage Drama Queen pertenece a éste tipo de películas. Se ponen unos cuantos números de baile, muchos colorines por todas partes y adolescentes rebosantes de hormonas y que cubran la pantalla de banda a banda. Para compensar la pobreza del guión se añaden unos cuantos tópicos, varios toques de humor, alguna profesora fea y amargada y unos cuantos chulillos de los que todas las niñas se enamoran y que cada vez que salen en pantalla (lo que no sucede a menudo) tienen un plano de su trasero llevando unos pantalones vaqueros.

Lo que las chicas no ven es el mensaje subliminal, lo que hace que yo siempre vaya. Estas películas son todo carnaza para el cerebro masculino. Todos sabemos que el cerebro de los hombres está dedicado en un 90% a los pensamientos sobre sexo. El de las mujeres no debe dedicar más de un 1%, por eso sólo ven la ropa, el maquillaje que se tienen que comprar, los colores de uñas e incluso se fijan en los diálogos. Nosotros, más simples y optimizados, sólo vemos tetas. Tetas por doquier. Grandes, bamboleantes, bien firmes, pequeñas, remolonas y de todo tipo, pero siempre tetas. Por eso en estas películas se ponen chicas guapas y tetudas.

Confessions of a Teenage Drama Queen no tiene chicas feas, sólo hay hembras en celo guapísimas, con unos tetones del quince. La protagonista, Linday Lohan, a la que recientemente he visto en Mean Girls debe tomar sólo leche condensada, porque se le están poniendo los pechos como sandías.

Otra cosa que me gusta de estas películas es el agua. Siempre hay escenas de agua. Están dirigidas a los sofisticados cerebros masculinos. De repente y sin motivo aparente, llueven chuzos de punta o se cae alguien a un estanque que aparece de la nada, o se dispara el sistema de riego del jardín y el resultado es el esperado: chicas con camisetas mojadas. Realmente genial.

El guión, si es que lo hay, es siempre el mismo. Chica que tiene que triunfar en su instituto para conseguir al hombre del que se ha enamorado se enfrenta a chica mala pero más buena que el pan con nocilla y que le hará la vida imposible. Ambas tienen su camarilla que las protege y las adula en todo momento. Final feliz, por descontado. Si es posible, reconversión de la mala en chica guapa y modesta.

O sea, una película perfecta para el verano que conseguirá sobrecargar vuestros cerebros por ser una carnicería de hipermercado en la que hay carne expuesta por todos lados. No esperéis sofisticadas escenas con diálogos sesudos ni nada parecido. Sólo colores chillones, tías medio en pelotas y mucha música de adolescente. Absolutamente recomendable.
gallifantegallifantegallifante

Capítulo quinto: Nueva Orleans 1

Aquí llega la continuación del diario de mis vacaciones en Louisiana. Para los que no hayan leído los episodios anteriores, estos son los enlaces:
Capítulo primero: El comienzo
Capítulo segundo: Plantation Country
Capítulo tercero: Cajun Country 1 – Henderson
Capítulo cuarto: Cajun Country 2 – Houma

La primera mañana en Nueva Orleans comenzó cuando mi amigo me despertó para decirme que no había agua caliente. Él se iba al congreso de Freaks que nos servía de excusa para las vacaciones y yo tenía planeado un día de turismo salvaje. Con las chacras aterrorizadas, me pegué una ducha. Sólo tardé 45 minutos, lavando pequeñas partes del cuerpo cada vez para no sufrir una parada cardíaca. Culminado el suplicio, me preparé para mi salida. Hablé con la dueña del Bed & Breakfast (el Old World Inn) y le conté lo del agua caliente. Se disculpó trescientas veces y lo achacó a una obra en el edificio de al lado. Me dijo como llegar a mi destino y salí para descubrir Nueva Orleans. Por la mañana tenía pensado pasear por el Lower Garden District, la zona donde nos quedábamos. En concreto quería ver el Cementerio Lafayette Número 1. Me cogí mi guía Lonely Planet y me eché a andar. Aconsejado por la mujer me inscribí en un tour que te muestra andando el cementerio y el Lower Garden. En el punto de salida había una librería/cafetería en donde me comí la magdalena más grande que he visto en mi vida. Era como cinco veces más grande que una de las que yo hago. Tengo una foto, por si alguien no lo cree, aunque no la he puesto en el álbum. Tras llenarme el estómago, el esófago y hasta los pulmones con semejante monstruo, nos echamos a andar.
El guía es profesor de historia en la universidad y en sus ratos libres julandrón. Se sabía toda la historia de todas las casas de la zona, incluidos los precios de compra-venta y siempre que podía metía la pata dentro de las casas y nos contaba con todo lujo de detalles como las habían decorado sus dueños.

Hay muchísima historia de los Estados Unidos en esta zona. En las mansiones de este barrio vivieron gente muy importante para los americanos. Yo soy un inculto y la mayoría no me sonaban, pero las casas las pude admirar y fotografiar. De esta caminata, el punto culminante es la visita a la casa de La casa de Anne RiceAnne Rice, la super escritora. En esa casa y en otra que nos enseñó se ambientaron sus dos sagas más conocidas: la de las brujas de Mayfair y la de Lestat el Vampiro. En la actualidad está vendiendo todo su patrimonio y se ha marchado a vivir a Florida porque Nueva Orleans le trae muchos recuerdos de su marido, el cual falleció hace un par de años. De cualquier forma, ver las casas de los libros que he leído fue una experiencia mágica. Si miráis el álbum de fotos veréis un poco lo que quiero decir. Los caserones no tienen pérdida. Uno que me gustó mucho es la mansión Villa del Coronel Shortdel Coronel Short, rodeada por una valla con forma de plantas de maíz, con sus mazorcas y todo. En la actualidad es propiedad de una pareja homosexual que la compró por diez millones de dólares. Los puritanos y super-cristianos que iban en el tour no dejaron de persignarse durante media hora tras oír esto. El mariquita del guía estaba super-mega-orgulloso del gay power. El Coronel Short parece ser que fue el último presidente de los Estados Confederados. Supongo que os acordaréis de esas películas en las que los americanos se matan unos a otros por un quítame-tú-un-par-de-esclavos. Por lo que nos contó el guía había mucho más en esa guerra, pero como soy europeo y no me cabe en la cabeza ni la historia de mi tierra, no presté mucha atención.

Tras mucha visita a mansiones llegamos al Tumba en el cementerio Lafayette No 1cementerio Lafayette Número 1, que la guía Lonely Planet dice que no es seguro visitar en solitario. Lo más curioso del cementerio son las tumbas de estilo español, incluso con los nichos de apartamentos que tenemos en nuestros cementerios. La explicación es sencilla. En esta tierra el verano es tórrido y húmedo y el suelo es arenoso y medio cenagal. Cuando enterraban en el suelo era anti-higiénico y además los ataudes tendían a salir a la superficie. Los españoles, al llegar a Luisiana a gobernar, no les moló nada la cosa, además que cada dos por tres había alguna epidemia. Así que el gabinete de investigación y desarrollo de la corona española montó este cementerio, el primero de su tipo en los Estados Unidos. Fue todo un éxito. Un efecto secundario inesperado pero muy útil fue el siguiente: debido al calor que hay en las tumbas, si metéis un cuerpo en una de ellas, exactamente en un año se habrá convertido en cenizas y poco más. En verano dentro de las tumbas se sobrepasan los cincuenta y sesenta grados y se convierten en hornos crematorios. Por este motivo, las familias compraban una tumbita de nada y enterraban allí a toda la basca. Mirad en el álbum la foto de la lápida que he puesto con una jartada de nombres. En este cementerio transcurre también el comienzo de “Entrevista con el Vampiro”, así que tenía mucha curiosidad por verlo.

Cuando acabé la visita fui a comer a un restaurante llamado Joey K’s, situado en 3001 Magazine Street. Nos lo recomendó el guía y la verdad que además de barato, la comida era excelente. Me pegué un Seafood Gumbo, que viene a ser algo parecido a un arroz caldoso de marisco que estaba para correrse del gusto.

Por la tarde cambié el tercio y me hice el paseo por el French Quarter, el barrio Francés de Nueva Orleans, la zona que le ha dado fama. En este caso me limité a seguir las indicaciones de mi guía, que está muy bien y muy documentada. Merece la pena entrar en la Iglesia de San Luis. Llaman la atención las banderas españolas dentro de la Iglesia y en la fachada del Cabildo. No os lo creeréis, pero esta gente guarda muy buen recuerdo de la época en la que España fue la propietaria de estos lares.

Otra cosa curiosa es que el French Quarter no tiene casas de estilo francés. Hubo un incendio que lo arrasó todo, porque los franceses construían en madera y los españoles ordenaron el construir con ladrillos. Las casas por lo tanto son de arquitectura española, con muchos balcones de hierro. Es muy similar a las casas de muchos pueblos andaluces. Es justo lo opuesto del lujo y majestuosidad que vi en el distrito de Lower Garden, pero también precioso. Aunque las casas parecen pequeñas, tienen bastante fondo, con patios interiores en donde la gente hacía su vida sin que nadie los viera.

En este primer día me dediqué a pasear sin entrar en ningún lado. En muchas de las fotos que he puesto en el álbum he explicado un poco la historia de las casas, así que me ahorraré el repetirlo aquí. Por si no miráis las fotos, en medio del barrio francés se encuentra el edificio de la Edificio de la Corte SupremaCorte Suprema del Estado, en donde rodaron la película J.F.K., que seguro que todos habéis visto.

Por la noche estuvimos por la calle Bourbon Calle de Borbón(o Borbón para nosotros). Hay mucha marcha y está llena de bares con música en vivo. Aunque se la asocia con el Jazz, sólo quedan dos locales en los que se toque Jazz y la mayoría ahora están dedicados a Rythm & Blues, Rock y similares. Las bandas son excelentes y merece la pena entrar a esos locales.

En el próximo capítulo, mi segundo día en Nueva Orleans.

avistamientos nórdicos

Hoy os voy a descubrir algunos de los lugares secretos a los que acudo con frecuencia con mi amigo el turco. Se trata de dos. Uno de ellos es Leidseplein, una plaza muy coqueta en el centro de Amsterdam, cerca de la explanada de los museos. Es un lugar con vida las veinticuatro horas. Siempre hay gente en las terrazas y en la calle, los gandules de turno que han venido a Holanda con lo mínimo y tienen que redondear el presupuesto, tratan de ganarse el favor de la plebe con las más exóticas habilidades, entre las que se encuentran la generación de burbujas, lanzamiento de antorchas y breakdance.

Rodeando la plaza y ocupándola se encuentran un nutrido grupo de cafés que suelen estar atestados. En verano estos cafés se reproducen hasta el infinito en la plaza y la ocupan con cientos de mesas. Es un lugar perfecto para tomarte una cerveza de trigo fría, con su limoncito. Con cierta frecuencia solemos ir a matar la tarde.

Hay algo que hace a este lugar muy especial. Son las inglesas borrachas. Las hay a puñados. Lucen semidesnudos sus cuerpos cargados de grasa sin ningún pudor y van dando tumbos hasta caer redondas al suelo. Nunca he visto mujeres con menos amor propio. Una cosa es emborracharte por la noche con los colegas, pero eso de estar borracha como una cuca a las tres de la tarde me parece patético. Si además vas sola y pierdes la dignidad de la forma en la que la pierden estas mujeres, peor.

Una escena típica es verlas tratando de mantener el equilibrio en medio de la plaza, mientras una banda de hienas de la gran Bretaña se acerca sigilosamente, le comienzan a hablar hasta que la atolondran y cuando la tienen abobada e incapaz de reaccionar la magrean hasta el infinito y más allá. Es realmente genial ver la sonrisa boba de agradecimiento que se pinta en las caras de estas alcohólicas que por un instante se creen princesas, mientras los mirones que contemplamos la escena nos reímos y la vemos como lo que son, patéticos rastrojos humanos que no valen ni como carne de cañón.

La propia naturaleza de las susodichas y su estado etílico permite el visionado gratuito de carne y la carne, como saben todos aquellos que ven Discovery Channel o los documentales de la 2, atrae a las fieras. Más de uno está allí con su cámara recopilando imágenes para alimentar los diversos webs de contenido pornográfico existentes.

Entre las cosas que hemos visto por allí estan las que se dedican a hablar con las papeleras, sin darse cuenta de lo que hacen, las que tratan de pintarse los labios con menos pulso que el Papa y acaban con la cara hecha un cristo, las que tratan de mear en algún rincón y son echadas a patadas por los camareros de los cafés y las que se deciden a cruzar la plaza atravesando las terrazas y consiguen tirar el contenido de varias mesas. Para evitar a estas últimas es conveniente el colocarse cerca de una pared o valla.

El otro lugar digno de reseñar es la cafetería Three Sisters, situada en Rembrandplein. Además de ser un lugar muy de moda, lo más interesante es sentarse en la primera fila de mesas en el exterior. El escenario se encuentra enfrente. Tenéis que elegir un día de verano, a ser posible de mucho calor. Pediros vuestra cerveza, id con unos cuantos colegas y sentaros a disfrutar de los avistamientos. Justo enfrente se encuentra una parada de tranvía muy concurrida. Lo mejor de la parada son los bancos amplios que tiene. Las hembras llegan, se sienten y gracias a la escasez de tela de la que hacen gala en el verano y al poco estilo que poseen, dan unos espectáculos increíbles de mostramientos de coños. Frente a ellas, un feroz jurado otorga puntuaciones y trata de encontrar a la mujer perfecta, todo desde el punto de vista de la carne, que la belleza interior no sirve de nada en estos casos.

La vida en verano por estas tierras es así de dura …

Interior de una nave espacial abandonada

Interior de una nave espacial
Era el momento más importante de su vida. Estaba frente a un objeto no construido por humanos, algo que lo cambiaba todo. La transmisión ya había salido para la tierra, pero aún pasarían unas horas hasta que llegase su respuesta. No se habían podido esperar. Habían decidido entrar.

Se lo jugaron a suertes y la suya estaba de cara ese día. La de Pedro también. Estaban allí, frente al objeto, mirándolo detenidamente, tratando de averiguar como se entraba a esa cosa. Los compañeros que quedaron en la nave lo veían todo por las cámaras de sus trajes y no dejaban de hacer comentarios, sugerencias, tener ideas locas.

Ella tuvo un pensamiento divertido. En el vacío no hay sonido, no se escucha nada. Es muy fácil decirlo pero casi imposible imaginarlo, sobre todo para unos seres que siempre han vivido rodeados de ruidos. Sin embargo allí estaba ella, rodeada de vacío y con una algarabía tremenda en su cabeza, que la estaba volviendo loca.

- “¿Queréis estaros callados? No puedo pensar con tanta gente hablando

Le hicieron caso. Sabían que ella es la mejor, la más capacitada del equipo, la número uno. Siempre había sido así. Lo que para otros eran tareas complicadas, para ella era el pan nuestro de cada día. Su cerebro era capaz de encontrar soluciones incluso para lo imposible. Ahora se enfrentaba a uno de esos retos imposibles.

Miraban el objeto, una extraña nave con forma de platillo, perfectamente emplazada, lista para emprender el vuelo. No habían luces ni ningún tipo de gas saliendo de ella. Sólo el crudo metal. En aquel desierto metálico privado del óxido y el orín que se dejan ver en la lejana tierra, el metal seguía igual que el día que la nave alienígena aterrizó. Ni siquiera podían saber si había sido unos días atrás o unos milenios.

La luz de su traje se reflejaba en el casco, al igual que la de Pedro. Pensó en una discoteca y en las bolas de espejitos que suelen tener en sus pistas. El efecto era el mismo.

- “Vamos a mirar por debajo, Pedro. Quizás haya alguna escotilla“.

La parte inferior de la nave parecía tan misteriosamente sellada como el resto. Desde abajo era aún más imponente. Debía tener el tamaño de un campo de fútbol.

De repente algo cambió. El metal comenzó a derretirse cerca de donde estaban y surgió una plataforma. Habían luces. Con la excitación se quedó abobada mirando la rampa. Las voces de sus compañeros la trajeron de vuelta. Miró a Pedro, que se había aproximado a ella. Ahora estaban bastante juntos. Parecía que la proximidad les daba algún tipo de protección.

- “Bueno, vamos a entrar“.

Se encaminó hacia la rampa con paso decidido. Prefirió no pensar en nada, porque el miedo se alimenta de nuestros pensamientos y la mejor forma de combatirlo es no dándole de comer. Cuando subían ambos miraban hacia el agujero que los esperaba. No se veían luces viniendo desde dentro. Nada más entrar la puerta desapareció y los dejó encerrados. El enlace con los compañeros también se había perdido. Estaban aislados. Al menos se habían encendido algunas luces, o algo parecido, porque la iluminación llegaba directamente de las paredes, pero no se veían lámparas o algo parecido. Estaban en una pequeña cámara vacía. Por la altura de los techos, quienquiera que hubiese construido este trasto no debía ser muy alto. Con los trajes casi tocaban el techo. Avanzaron hasta el final del cuarto, en donde parecía haber un pasillo.

Sus sensores no detectaban la presencia de aire. Puso una marca en la pared. Eran un Hansel y una Gretel modernos. Todo estaba asépticamente limpio. No se veía ningún tipo de deterioro. Siguieron avanzando por el pasillo. No habían intersecciones, no habían puertas ni ningún tipo de salas. Sólo el pasillo. Avanzaban casi en silencio. Ahora solo oía el sonido de su propia respiración dentro del traje. Aún tenían aire para un par de horas, así que no debían preocuparse excesivamente por buscar la salida. Continuaron caminando.

Aquello era inmenso. En su imaginación nunca pensó que una nave de ese tamaño sólo tuviera un único y eterno pasillo. Siempre creyó que un trasto extraterrestre estaría lleno de laboratorios, salas en las que habitarían cientos de seres alienígenas. Debía ser todo el cine de ciencia ficción que había visto. El pasillo parecía estar a punto de acabar. Se veía algo diferente un poco más adelante. La luz se atenuaba en aquel sitio.

Cuando llegaron se encontraron con otra sala. Esta era más amplia. Al acercarse a la pared esta se volvió transparente y pudo ver su nave. Estaban en algo parecido a una sala de control. Lo extraño es que no había ningún equipo. Sintió algo parecido al golpe de sonido que sucede a un cañonazo. Miró a Pedro cuyos ojos se habían dilatado. Él también lo había sentido. Se repitió.

De repente una voz sonó en su cabeza, o en sus auriculares:

Hoy me ha dado por pensar …
que estás más lejos que ayer …
y sigo esperando …

Yo, Robot - I, Robot

Este verano está resultando nefasto. Tras el susto del pasado domingo, temía volver al cine, pero es mi sino el tropezar repetidamente. Me dejé convencer por mi amigo el chino para ir a ver el nuevo superéxito taquillero yanki. Yo, robot y polla bobaI, Robot (Yo, Robot en cristiano) es una de esas películas de ver y olvidar. ¿Cuántas veces miré la hora durante los 110 minutos que dura? Pues no lo sé, pero tranquilamente unas treinta veces. En algunos momentos me aburría tanto que pensé en coger mi ipod mini y ponerme a escuchar música.

Voy a tratar de ser un poco objetivo, cosa difícil para alguien que se ha leído toda la obra de ciencia ficción de Isaac Asimov. No creo que merezca la pena comparar la películas con los cuentos cortos y las novelas de este hombre, porque los sinvergüenzas que la rodaron ya lo anuncian al principio al decir que está “inspirada por”. Básicamente respetaron el enunciado de las tres leyes, algún que otro nombre de personaje, la palabra positrónico y sanseacabó. Lo demás es una nueva película de acción de Will Smith, con sus bromas estúpidas, sus gilipolleces habituales, y con la novedad de que sale dos veces en calzoncillos (intuyo que el director pierde más aceite que el Titanic) y que ahora trabaja para la teletienda. Hay empotrados en la peli varios anuncios de teletienda. Will Smith vende zapatillas deportivas, equipos de música, coches, motos y lo que se le ponga a tiro. Todo ello con sus correspondientes segundos de elogio hacia el producto. ¡Vergonzoso!

El guión es de juzgado de guardia. Dudo que tenga más de cinco páginas y en caso de que así sea, será porque usaron un tipo de letra grande. Lo resumiré en dos líneas: Panoli mongólico y retardado que odia los robots ve más conspiraciones que George Bush y es capaz el solito de salvar el universo universal, enamorar a la calentorra de turno y destruir muchos coches. ¿os suena familiar? Espero que sí, porque de estas el Will Smith tiene varias.

Como película de acción no vale nada. Es totalmente previsible. Se ven venir las cosas con veinte minutos de antelación cuando menos. En los momentos culminantes te rascas la barriga, te miras las uñas, haces ejercicios musculares con tu cuello y esperas que la tortura acabe pronto.

Del director, Alex Proyas, mejor no hablar. Me ha decepcionado profundamente. No me puedo creer que el mismo tío que hizo Dark City y El Cuervo haya parido semejante mierda. Espero que arda en el infierno muchos años por esto.

Resumiendo. Iros a la playa y pasadlo bien, que esto no merece la pena. Si queréis más información en español, haced clic aquí
gallifantegallifante

La mano en el fuego

La mano en el fuego
Cuando le dijo que se iba a casa a descansar porque estaba un poco cansada su corazón perdió el ritmo. Había esperado que todo fuera distinto, que no hubiera otra vez. Pensaba que si dejaba el tiempo correr todo pasaría, que no tendría que afrontarlo. No fue así. Ahora, sólo en el despacho, con los ojos llenos de lágrimas, pudo ver el abismo insoportable que se abría a sus pies y sintió una pena infinita por lo que acababa de perder. Se limpió los ojos y se puso la chaqueta de forma mecánica.

Sin fuerzas, arrastrando los pies por el suelo, salió del edificio y fue a buscar su bicicleta. Mientras caminaba, trataba de convencerse de que todo era un loco desvarío, un capricho tolerable, pero mientras se escuchaba a sí mismo se daba cuenta de que no podía seguir ese juego, de que si lo hacía renunciaría al cielo, y sin cielo no hay amor.

De camino a la casa trataba de poner su cabeza en orden, buscar sentencias con las que condenarla, no quería improvisar y mucho menos arrepentirse de algo de lo que dijera. Cruzaba las calles desiertas a esa hora, mientras una fresca brisa le daba en la cara. No se daba cuenta de nada de lo que sucedía a su alrededor. Sólo había un destino y un cerebro atormentado que pensaba que el mundo era ese día un lugar muerto. Cuando llegó cerca a su casa, aparcó la bicicleta con la de ella y las ató juntas con su cadena, como hacía siempre, un acto reflejo.

Entró en el portal y pensó en dar la vuelta. Su otro yo, la vocecilla que le gritaba desde hace semanas lo obvio, lo que él se negaba a creer, le susurraba que no habría otra vez, que era hoy o nunca, que fuera un hombre e hiciera lo que tenía que hacer. Volvió a dudar al llegar a la puerta. Los ojos se le estaban volviendo a llenar de lágrimas. Se quedó allí quieto, sin tener conciencia del tiempo, con la llave en la mano.

En un momento dado algo despertó dentro de él. Abrió la puerta sigilosamente y entró. No se molestó en cerrarla. Cruzó por el salón. Ni siquiera notó que había música puesta, que su disco favorito, el disco de Fangoria, sonaba en esos momentos. Él sólo tenía ojos para la puerta del fondo. Ya antes de llegar los pudo oir. Eran ruidos guturales, susurros marginales que le quemaban los oídos.

Abrió la puerta de golpe. Ellos se volvieron con la sorpresa pintada en el rostro. Por una fracción de segundo sintió una pena infinita, por él, por ella, por ambos, por lo que pudo ser y no sería, por el camino dejado atrás y la autopista que nunca se construiría en el futuro. Se dió cuenta de que se estaba quemando por ella. El instante pasó y la ira lo ocupó todo. Los miró a ambos, lentamente, con una expresión de odio infinito en su rostro. Su ira le dilató las venas del cuello, le provocó un temblor en la mano, en la que seguían las llaves.

Ellos lo miraban sin saber como reaccionar. Ella fue la primera que comenzó a moverse. Trataba de coger la sábana y taparse. El otro seguía allí, intentando adivinar sus movimientos para poder esquivarlo. Cuando por fin salió un sonido de su garganta, fue una negación cargada de dolor. Un “No” largo y sentido que barrió su cuerpo de una punta a la otra. Ya no era suya y él no quería que fuera de nadie más. Levantó la mano para atacarlos, pero justo en ese instante vio que de hacerlo sería segurles el juego.

Con gran dignidad, los miró a ambos y le dijo a ella: “No quiero volver a verte“. Se dio la vuelta y cuando avanzaba hacia la puerta la oyó como le gritaba que no era lo que parecía. Cerró la puerta al salir.

Salió a la calle. El cielo tenía un azul intenso. Decidió que prefería caminar de vuelta al trabajo. Tenía que despejarse.

… no lo hago solo por ti
y no me voy a arrepentir …