Archivo de March, 2005

Otra vez en un aeropuerto

Soy consciente que me repito mucho con este tema, pero yo no tengo la culpa de viajar tanto y de verlo todo de una forma anómala. Bastante tengo con no haber perdido la fe en las compañías aéreas.

En esta ocasión he decidido combinar mis dos experiencias viajeras (ida y vuelta ;-)) en una sola anotación. Y más que en el viaje en avión me centraré en los previos. Lo del avión está muy visto y Transavia no da para mucho, con esas azafatas jóvenes y lozanas y esos aviones cuasi nuevos. Solo comentar que como viene siendo habitual en estos viajes tuvimos tres crisantemos y una flor de loto en cabina controlando el pasaje y quien no entienda esto, que se compre un diccionario para entendidos.

Dado que ahora los aeropuertos me sablean con ese impuesto revolucionario llamado tasas de aeropuerto y del que no puedo defenderme por ser de pago obligatorio, he decidido tomar medidas drásticas. Me parece un abuso que me saquen casi 40 euros por pisar dos putos aeropuertos. Yo hasta ahora era muy limpio y pasaba por los recintos aeroportuarios casi como un fantasma, pero eso se ha acabado. Este año tenemos en marcha la operación gorrino a la que os invito a uniros. Como es tan caro el mantener esos lugares me he propuesto recuperar parte de mi inversión. Según entro en el lugar me convierto en el ser más guarro que os podáis echar en cara. Papeles al suelo, escupitajos, vómitos y similares están a la orden del día. Todo para recuperar mis cuarenta eurolos, que si multiplicáis esa guita por los ocho o nueve viajes que me monto por año, estoy dejándoles un dineral. El punto más importante de la operación gorrino comienza el día antes, o más concretamente dos días antes. Es en ese momento cuando comienzo con la abstinencia cagueril. Me trinco y me mentalizo para acumular las heces en cantidades astronómicas. Después de la facturación me meto en uno de esos baños y obro, o más bien, descargo. Lanzo tales cantidades de mierda que aquello queda inservible. No me preocupo mucho por la puntería y ni que decir tiene que añado una buena dosis de papel higiénico para conseguir el aspecto que tendría el baño de cualquier pub un sábado cualquiera en la madrugada. Ya somos muchos los que estamos boicoteando los aeropuertos de todo el mundo y cubriéndolos de mierda. No quieren nuestro dinero, pues se lo tendrán que gastar en limpiadoras.

Sobre la facturación decir que Transavia ha eliminado el billete y la tarjeta de embarque. Ahora como billete tengo un papel con un único código y un día antes de viajar me conecto desde la oficina y facturo, eligiendo mi asiento. Llego al aeropuerto con un folio que tiene un código de barras y con eso entro en el avión. Es el futuro. Se acabaron esas señoronas sentadas en los mostradores de facturación de los aeropuertos mirándonos con cara de mala leche y desesperándonos con su profesionalismo y lentitud.

El aeropuerto de Málaga es un claro ejemplo de por qué en Europa se piensa que España es el tercer mundo. Cuando llegué, otros catorce vuelos habían aterrizado al mismo tiempo y sólo habían siete cintas para recoger el equipaje. Haced vuestros cálculos partiendo del supuesto que dos cintas no se usaban. En las otras cinco nos acumulábamos a casi tres vuelos por cinta, con las maletas saliendo entremezcladas y quinientas personas o más luchando por conseguir pillar su equipaje. Digo yo que con el puto dinero que nos sacan podrían reparar las dos que estaban rotas y hacer unas cuantas nuevas. Aquello fue de pena. Había un tipo alemán que cogía todas las maletas rígidas, las sacaba, las miraba y las volvía a poner porque no eran las suya. El hombre no discriminaba ni tamaño ni color. Lo cogía todo. A su lado unos ingleses repartían codazos para hacerse un hueco y una holandesa se pasaba por la pipa del coño la prohibición de fumar y nos jodía a todos con el puto humo de su cigarro.

El siguiente ejemplo de eficiencia en aeropuertos lo viví al marcharme. Una multitud luchando para pasar el control de seguridad, algo que ya comenté en el largo camino de vuelta hace cosa de un mes. Según paso el control escucho que llaman para embarcar a mi vuelo. Miro en los paneles y no aparece la puerta de embarque. Creo recordar que es la diez y hacia allí me dirijo. En ese lugar se embarca un vuelo hacia Alemania, así que me pongo a curiosear por toda la terminal sin encontrar la dichosa puerta. Vuelvo a la número diez y le pregunto a la chica, después de esperar diez minutos a que terminara de hablar con su móvil con una amiga para contarle lo dilatada que tenía la vagina gracias a su nuevo novio. La tía, de mala hostia me confirma que ese es mi vuelo y que hay un problema con el software de control del aeropuerto y no se actualizan las pantallas. ¡Genial! Entro en el avión y aquello está vacío. Salimos con retraso por culpa del problema con el software del aeropuerto y por culpa de la ineptitud de unos empleados incapaces de poner un puto folio allí para indicar el vuelo que se facturaba. El recochineo en el avión era de cuidado. Toda esa gente se marchó de España convencida del buen hacer y del nivel de desarrollo de nuestro país.

Decir que sentí vergüenza ajena por la pobre que hace los anuncios en inglés en el aeropuerto español. Está claro que entró enchufada o a base de tomar calcio para sus dientes chupando las pollas de medio escalafón, porque por sus méritos lingüísticos seguro que no fue. Cada anuncio de la tía era secundado con el cachondeo general de todos los extranjeros que pululaban por allí. En fin, para que seguir…

La semana pasada en Distorsiones

Esta ha sido una semana un tanto atípica en la que he escrito casi todo lo que se ha publicado el domingo anterior. Después de un tiempo sin acercarme a esos temas que siempre me han fascinado, esta semana los hemos tenido en varias entregas. La perra de tu hija, La culpa es de la perra de tu hija y Avistamientos invernales pasarán a los anales de esta bitácora en la sección de Desvaríos, esa categoría tan mimada por mí. Las dos primeras ahondan en mis relaciones con la china de mi vecina y la tercera es una de esas pinceladas urbanas que sólo se consiguen mediante la intensa observación de los sujetos. Estas tres anotaciones merecen una lectura detenida y es muy probable que os hagan reír o mandarme alguno de esos correos que borro tan alegremente. Se habló de Cine por aquí en Un long dimanche de fiançailles - Largo domingo de noviazgo y en  Ouija, la primera una buena película y la segunda algo que sería mejor evitar. También continué con mi paseo por las historias de Ender en un nuevo audiolibro. Ubicado dentro de la categoría de Literatura tenemos Ender’s Shadow - La sombra de Ender, una serie que parece no acabar nunca. Ya estoy leyendo los dos siguientes tomos, así que seguiremos hablando de Ender en el futuro. Finalmente, unas notas informativas y de carácter personal en Arroyo de la miel, Setas en el bosque y Terug naar Hilversum. Ya con las pilas bien cargadas, me gustaría que leyeran la idea que he lanzado en Terug naar Hilversum y me den su opinión.

Y no os olvidéis de premiar el esfuerzo de una manera material, lo cual podéis hacer regalándome alguna de las cosas que he seleccionado en:
- Wishlist en Amazon UK
- Wishlist en Amazon USA

Terug naar Hilversum

Ya estoy de vuelta en esta mi casa nórdica. Han sido cuatro días y medio en Benalmádena y alrededores. He vivido alguna experiencia que va más allá de la incomprensión. Yo creía que estaba rodado en esto de la vida y que lo había visto casi todo, pero ahora sé que aún me queda mucho por vivir. He conocido a uno de los mayores frikis de este lado de la galaxia. Creo que tengo para escribir historias los próximos dos meses. Nadie me creerá, como de costumbre, pero he vivido cosas que harían cagarse en sus bragas aluminizadas al robot de Blade Runner. Estos ojitos han sido testigos de eventos imposibles, de realidades supraterrenales y he escuchado historias que quitarían el sueño a la bella durmiente. La única expresión que se me ocurre para sintetizarlo es: “Lo he vivido“.

Al hilo de esto se me ha ocurrido que quizás haya llegado la hora de tirarme a la piscina sin agua y contar una de las historias de esta bitácora en formato audio. Sería algo así como una versión cutre pachanguera de Distorsiones, aunque me niego a usar eltérmino Podcast porque no pienso ponerle RSS y ni siquiera sé cuando lo haré o con qué periodicidad. La cuestión es: ¿debería hacerlo? y ¿que historia elegir? Por ahora me dedicaré a hacer pruebas, porque me gustaría hacer algo pachanguero, con algún tipo de efectos de sonido o música de fondo y en la medida de lo limitado de mis posibilidades, hacer distintas voces … … dejo la idea en el aire y veremos que opinan los comentaristas.

Ouija

El cine español, en lo que se refiere a películas de terror, siempre ha sido muy malo. Mira que yo lo intento y las veo todas, a pesar de las advertencias de los colegas, pero casi siempre me pego unos palos de cuidado. La ouija es uno de esos ejemplos. A partir de una idea super trillada por el cine americano y que debería ser muy fácil de desarrollar, se empeñan en estropearla a conciencia. Si se hubieran dejado llevar por la historia y no se hubieran complicado tanto, posiblemente habría resultado una película mucho mejor.

El director de este estropicio no es otro que el archifamoso en su portal Juan Pedro Ortega, a quien únicamente podemos juzgar por lo que ha hecho con esta película, que es bien poco. Lo primero que se nota es que la cinta está como muy granulada. Supongo que no había mucho presupuesto y compraron el material en una tienda de chinos o en un todo a un euro, porque no recuerdo haber visto una cinta de tan baja calidad en los últimos cinco años. El guión os lo podréis imaginar. Grupo de ignorantones y descerebrados se ponen a jugar a la ouija y conjuran a un espíritu malo malísimo que se inflará a hacerles pupa uno a uno hasta la confrontación final. El detalle super-intelectual es que el tío de una de las protagonistas es cura y ciego. ¿a que se os ha quedado el cuerpo frío de la impresión? Pues eso, a mí también. Los protagonistas son un grupo para mí absolutamente desconocidos, a los que nombraré nada más que para que quede constancia: Montse Mostaza (por Dios vaya nombre artístico, más propio del cine porno) que hace de la chica nueva que viene y cambia los equilibrios de poder, Carlos Olivella, uno de los machos cabríos de este grupo esperpéntico, Jaume García, otro de los machillos, Ricard Sales, el tercer miembro viril masculino y Núria Font que es la hembra desplazada dentro del grupo y a la que ya nadie quiere poner la pierna encima.

Hay muy poco más que decir. No hay sustos, la cinta tiene muy mala calidad, la historia apesta y no creo que ninguno de ellos esté muy orgulloso de su trabajo. Por no haber no hay ni escenas de puterío, que podrían haber al menos alegrado un poco la historia. Así que si formas parte de ese selecto club que es el de mis enemigos, que sepas que ésta DEBERÍAS verla. Los demás, ni caso.

Ender’s Shadow - La sombra de Ender

Creía que había acabado con esta saga, pero el autor sigue produciendo nuevos tomos. Como Orson Scott Card es un escritor que siempre me ha gustado, he decidido seguir adelante. Ya he llegado a Ender’s Shadow o la Sombra de Ender. Es el quinto libro de esta saga que comenzó con El juego de Ender y continuó con Speaker for the dead - La voz de los muertos, Xenocide - Ender el xenocida y Children of the Mind - Hijos de la mente. Podéis leer lo que me parecieron esos libros cuando los comenté en su día haciendo clic en los enlaces ;-).

En esta ocasión volvemos tres mil años hacia atrás en el tiempo, hasta el punto en el que comenzó todo. Ender vuelve a estar en la escuela que orbita en algún lugar sobre la tierra y esta vez averiguamos más cosas gracias a los ojos de Bean, otro niño prodigio que se encuentra en el mismo sitio. La historia por lo tanto no es nueva y sabemos como va a acabar, así que Orson Scott Card a lo que se dedica es a mostrarnos más sobre la fascinante vida de Ender y las cosas que sucedieron en el colegio, todo desde un punto de vista exterior. Es un poco retorcido pero funciona bastante bien. El audiolibro dura poco más de seis horas y se lo puede pegar uno de un tirón. Casi todos los chicos que salen en la historia son viejos conocidos con los que me reencuentro después de cuatro libros.

Bean, el protagonista de este libro, aunque mira siempre hacia Ender, comienza a perfilarse como una de las claves que explicarán lo que sucedió con el hermano de Ender una vez la guerra hubo acabado. La novela tiene misterio, tiene acción y está muy bien escrita. Como en ocasiones anteriores, os pongo un extracto de la misma:

Andrew “Ender” Wiggin was not the only child in the Battle School; he was just the best of the best. In this new book, Card tells the story of another of those precocious generals, the one they called Bean, the one who became Ender’s right hand, his strategist, and his friend. One who was with him, part of his team, in the final battle against the Buggers.
Bean’s past was a battle just to survive. He first appeared on the streets of Rotterdam, a tiny child with a mind leagues beyond anyone else’s. He knew he could not survive through strength; he used his tactical genius to gain acceptance into a children’s gang, and then to help make that gang a template for success for all the others. He civilized them, and lived to grow older.

Así que resumiendo, no es un clásico que recordaremos el resto de nuestras vidas, pero es una eficaz novela de ciencia ficción y si estáis enganchados a la serie se lee muy facilmente y se disfruta. Así que si eres un fan de Ender deberías leerla.

Avistamientos invernales

El turco y yo siempre estamos preparados para lo imprevisible y no dejamos pasar las oportunidades cuando se presentan. Este fin de semana pasado, cuando nos encontramos, aprovechamos para realizar varias actividades. Esta vez el chino no se unió a nosotros porque parece ser que tenía compromisos asiáticos. O dicho de otra forma, se juntaba con otros de su país a despellejar a las guarrillas chinas que viven en Holanda, que yo no entiendo lo que dicen, pero por los gritos que pegan, por las risas y por las caras está claro que no hablan de las laceraciones de Santa Teresa de Jesús. Más bien están tratando sobre las domingas de alguna de las amarillas o sus capacidades amatorias. Todo esto siempre tomando té chino y comiendo de esa forma tan peculiar que ya he explicado en múltiples ocasiones. Así que como el colega nos había dado el fin de semana para asuntos propios, nos fuimos de cacería. Primero me pasé la tarde haciendo fotos por Ámsterdam y después, cuando nos encontramos, nos vimos una película y nos fuimos de bares. Como siempre vamos a los mismos y ya tenemos el material super catado, decidimos darle una oportunidad al viento y dejar que nos llevase a sitios nuevos, descubrir universos inexplorados, sorprendernos ante lo desconocido y tal y tal y tal.

Al final acabamos en un antro en el que la señora de la limpieza no pasaba desde antes de la primera guerra mundial. Aquello hacía tiempo que había dejado de ser suciedad y se había incorporado al mobiliario y a la pintura de las paredes. El tono marrón impresionaba. Lo que nos atrajo del local fue que estaba lleno de tías y el que hubiera una bandera con el arco iris en la puerta no nos detuvo. Total, es de todos bien sabido que curar una bollera abre las puertas del cielo de par en par y uno debe intentarlo al menos una vez cada dos años. Así que no nos dejamos intimidar por el silencio que nos acogió al cruzar la puerta. Todas nos miraron y creo intuir que no era amor ni aprecio lo que se veía en sus caras. Tampoco es que nos importara demasiado. El turco se ve a si mismo como a un ser superior y yo estoy autoconvencido de mi intelectualidad (aunque sea de cloaca, pero intelectual al fin y al cabo). Así que ni siquiera sentí como resbalaban por mi camiseta de marca blanca sus puñaladas visuales y todo lo más, me arremangué los gallumbos de Marvin Glein para que se pudieran ver por encima del cinturón. Esto fue lo más duro, porque al tirar de ellos me trillé un huevo y por orgullo y por mantener el tipo me tuve que tragar el dolor, esa punzada seca y cortante que partiendo de salvas partes comenzó a extenderse como un virus hacia el resto de mi serrano cuerpo. Yo ni caso, amplié mi sonrisa, para permitirles a todas apreciar mi perfecta dentadura y seguí el paso del otomano.

Cuando llegamos a la barra, la tía que estaba detrás me impresionó. Obviamente a ella le iba lo de hacer de macho. O eso, o era un tío de verdad, porque nosotros parecíamos dos mariconas al lado de aquel engendro. Salvo por el pelo en el pecho que no poseía, tenía unos brazos como columnas dóricas y unos tatuajes que impresionaban hasta al Cristo que llevo colgado al cuello. Nos trató a la patada, pero nosotros como si nada. Pedimos nuestras cervesitas y aquí paz y en el cielo hostias. La tía se puso a afilar un cuchillo, pero si era algún tipo de directa, no la captamos. A nosotros nos tenía fascinados la fauna del local. Eran todo tías. Desde aquí os digo que hay que ir más a menudo a los bares de lesbianas, que por lo que parece, solo entran tías. Son un poco ariscas, pero nada que no se arregle con un poco de vaselina.

Las tías se podían separar en dos grupos. Las super-machorras, como la camarera y las adorables ninfas que pueblan nuestros sueños y a las que todos queremos hacerles unas cuantas guarrerías sexuales y por favor, no me refiero a fisting ni cosas de estas, sino a un simple mete-saca, unos faciales, un poquito de sexo anal y esos pequeños placeres de la vida. Inmediatamente activamos los filtros y pasamos a despreciar a las que se creen iguales nuestros y nos centramos en las otras. Esos dulces angelitos que esperaban que un gran hombre las rescatara.

Una de ellas, adorablemente modosita, nos miraba con curiosidad, lo cual despertó la ira de la supongo que le restregaba la pipa del coño habitualmente. Pese a la ira de su amiguita machorra, ella siguió mirándonos y sonriéndonos. El turco es muy simple y en seguida se crece, así que se fue al baño a aliviarse. Por motivos desconocidos no tenían baño de hombres, pero eso no lo detuvo. Se metió en el baño único de mujeres y aprovechó para mear sin levantar la tapa, procurando salpicar lo más posible. Ya se sabe que hay que demostrar la hombría en circunstancias extremas y en eso mi amigo es insuperable. Seguimos bebiendo y flirteando con la chica. Las otras también nos controlaban, aunque después de un rato pasamos a ser parte del mobiliario y ya perdieron unpoco de interés.

Cuando nadie parecía darse cuenta, la chica a la que mirábamos fijamente nos guiñó un ojo y descruzó las piernas. No fue un gesto casual ni normal. Después de que acabó su guiño empezó a mover lentamente los apéndices inferiores para separarlos. Por culpa de los focos, o gracias a ellos y porque nosotros estábamos sentados en unos taburetes un poco altos, de repente fuimos testigos de un avistamiento. Un coño afeitado nos sonrió y nos mandó saludos. Ni os cuento la calidad de la visión. Lo vimos todo. Ha sido de las que marcan época. Nos quedamos los dos quietos, sin saber que hacer. La chica, cuando volvió a juntar las rodillas para cerrar la almeja nos volvió a picar el ojo y nos sonrió. Yo me quedé temblando y el turco estaba peor que yo. Después de mirarnos el uno al otro durante muchísimos segundos, salimos corriendo dándonos codazos para ganar la carrera y ser el primero en llegar al baño, que la necesidad apretaba. Nunca olvidaré ese chocho, aunque la cara de la chica ya es historia.

Nos quedamos en el local hasta que se fue, aunque no volvió a repetir la jugada. Cuando salimos, juramos sobre las páginas amarillas de KPN que a partir de ahora, nosotros apoyaremos el lesbianismo y frecuentaremos sus bares, que uno nunca sabe lo que se puede encontrar en esos sitios y en la iglesia siempre dicen que dentro de cada uno de nosotros hay un misionero, así que lo pienso dejar salir a menudo.

Setas en el bosque

Setas en el bosque
Y ya que Til las nombró, aprovecho para poner una de las fotos que hice el pasado otoño. Esta fue tomada en Gooilust, una pequeña reserva natural situada al oeste de Hilversum. Como curiosidad sobre ese sitio, decir que pertenece a una ONG holandesa que se dedica a mantener y crear nuevas reservas naturales. La gente paga una suscripción al año y con el dinero que consiguen mantienen todos estos parques con senderos para que se pueda caminar. Lo más alucinante es que prácticamente todos los holandeses están subscritos a alguna de estas organizaciones y aflojan sus quince o veinte euros al año para poder disfrutar de esas zonas de recreo. En principio los que no pertenecen a la ONG no están autorizados a visitar esos parques “privados” pero no hay ningún control y en la práctica, españoles malas personas como yo lo hacemos. Algún día creo que me apuntaré a una, más que nada para que sigan manteniendo esos sitios tan hermosos. Y decir que alrededor de Hilversum hay una concentración de parques naturales, lo que vulgarmente se conoce como ‘t Gooi.

Arroyo de la miel

Me bajo a España. Desde hoy hasta el domingo estaré por Málaga (o para ser más precisos en Benalmádena Costa y Arroyo de la miel) tratando de encontrar a mi musa, que esta bitácora anda muy de capa caída últimamente. A la vuelta, pilas recargadas y un nuevo barrigón que volver a perder, lo que se está convirtiendo en un hábito. Llevo desde navidades ganando y perdiendo embarazos. Me sale un tripón de la hostia y después a base de sacrificio, hambre y miseria lo pierdo. Hoy sin ir más lejos me han invitado a tarta de frutas del bosque en la oficina y con lágrimas en los ojos y un hilo de babilla colgándome del labio he tenido que decir que no.

No me llevo el portátil pero he dejado escrito todo lo de la semana, para que no se diga. Ya os adelanto que habrá una anotación de esas que me colocan en el lado ordinario y vulgar de la balanza, pero que se le va a hacer, tiene que haber gente en ambas partes, digo yo. En caso de que en Málaga tenga acceso a la red y tenga ganas es posible que emita en directo, pero si no, tendréis que conformaros con el diferido. Como siempre, estaré con los ojos bien abiertos en los viajes, tanto de ida como de vuelta, que los aeropuertos y los aviones son fuente infinita de inspiración. En esta ocasión repito compañía y viajo con Transavia, que por cuatro duros y dos perras gordas se consigue billete al sur de España cuando ponen buenas ofertas.

Esta semana ha resultado muy dura e intensa en el trabajo. En dos días y medio de trabajo me he hecho veinteseis horas de curro. Al menos el esfuerzo ha merecido la pena y estoy convencido de que se verá premiado.

Bueno, corto aquí que siempre me enrollo como una persiana. A cuidarse mucho y no me seáis malos.

La culpa es de la perra de tu hija

En este universo y en esta realidad han cambiado muchas cosas. Para empezar, el fin de semana se lo pasaron escondiéndose de mi. Antes de aventurarse a bajar las escaleras se paran tras su puerta, cuchicheando aterrorizadas. La rueda del destino ha girado y el momento de poder está de mi lado. Las chinas me tienen miedo. Nunca esperaron un mensaje tan claro y contundente. Se creían las dueñas del patio y ahora andan desconcertadas. Seguro que se lo están preguntando: ¿hasta donde llega su locura? La cuestión está ahí, flotando sobre su puerta, pero no se atreven a hacerla. Les da miedo averiguar la respuesta. Cuando me oyen subir o bajar las escucho echar el seguro y agruparse tras la puerta. Se les ha metido el miedo en el cuerpo. Si fuera un poquito más normal sentiría remordimientos, pero como nunca he sido como los demás, disfruto como un enano subiendo y bajando las escaleras a cualquier hora, parándome en su rellano a pensar mientras golpeo suavemente el suelo, con un ritmo monótono, recordándoles que estoy allí, que sigo siendo peligroso y que ellas no saben por donde les saldré. A veces me entrevén limpiándome la raña bajo las uñas con el cuchillo de cocina más grande que tengo. Otras veces, cuando se asoman, me encuentran cortándome las garras de lospies con el machete. Digo garras porque mis uñas inferiores han crecido hasta tomar el aspecto de zarpas de animal mitológico. Puedo escalar una pared sin tener que usar calzado especial. Miran hacia arriba y estoy allí, con la lijadora sacándole punta a mis uñas. Yo las miro y sonrío, con ese rictus torcido que reservo para este tipo de momentos. En seguida corren hacia la puerta y se vuelven a encerrar. Los próximos días las obsequiaré con nuevos detalles pensados para incrementar su pánico.

La perra de su hija ya no trota por el edificio. La madre le debe haber explicado que es un deporte de alto riesgo y que todo es por su culpa. Esa niña, que cuando llegó a Holanda ya era regordeta y ahora es un pedazo de cochina que parece a punto de reventar, lista para la matanza de San Miguel, me ha cogido miedo. Esa niña, que como siga engordando terminará trabajando de lastre de petrolero, un peso muerto del que se prescinde cuando hay que ajustar el barco. Esa niña que insulta la secular tradición de mujeres asiáticas menudas y pequeñas con su monstruoso cuerpo deformado por las hamburguesas. Ese bicho que hasta ahora gritaba y reventaba puertas. Veremos si lo vuelve a hacer. Veremos si es capaz. Ha comenzado la revolución y no va a ser silenciosa ni pacífica. Bienvenidas a la zona tenebrosa.