Monthly Archive for April, 2005Page 2 of 6

Mi vida con mi iPod mini

Hace cerca de un año que vivimos juntos y aún no lo he presentado en sociedad. Mi reproductor de MP3s y compañero inseparable es un iPod mini, un soberbio artilugio que ha sido posible gracias a la combinación de la mejor de las tecnologías, la sencillez de una interfaz diseñada pensada para el hombre y la mano de uno o varios julandrones para que su diseño sea escandalosamente erótico a la par que hermoso. Mi iPod llegó a Europa mucho antes de que se comercializaran por estas tierras y recuerdo que en su momento fui acusado por mis amigotes de venderme a las modas y sucumbir a nuestros estoicos principios de los que hasta ahora no hemos obtenido nada bueno, pero que están ahí por alguna razón.

Aún más difícil fue el día que reconocí públicamente que me gusta iTunes, el maravilloso programa que me permite comunicarme con mi tesooooooro sin ningún problema. Ese día, el día que salí del anonimato y me golpeé el pecho con orgullo porque uso iTunes, me hicisteis sentir más sucio que las bragas de Carmen de Mairena. Pero me mantuve firme y aquí sigo un año más tarde, más contento que un condón en sábado por la noche.

Yo antes del iPod mini tenía una Samsung Yepp, un modelo de 64 Mbytes al que le añadí otros 64 Megas. En su momento era lo más, pero la incapacidad o la desidia de Samsung para hacer unos drivers decentes convertían en una pesadilla el poner canciones en el susodicho aparato. Como además funciona con pilas normales, me dejaba las uñas de los pies en dinero para baterías, que llegué al punto de comprarlas en Mercadona y venirme a Holanda cargado de las mismas porque su precio por estas tierras es prohibitivo.

Volviendo a mi iPod, decir que sabes todo de él a los cinco minutos de haberlo encendido por primera vez. Es el artilugio más sencillo en su manejo que he visto en mi deambular tecnológico. La rueda que lo controla es soberbia. Es la forma más natural de navegación en un interfaz que he tenido el gusto de usar en millones de años. Esa simplicidad es lo que marca la diferencia con la competencia, eso y los auriculares blancos que te señalan por la calle como uno de los gachís que deciden escuchar su música con estilo. Son esos auriculares mi único pero. No me gustan mucho y su calidad deja bastante que desear, son correctos, nada más. Sin embargo, si los dejáis en casa y os gastáis un poco de pasta en unos buenos de Sony, como yo hice, notaréis la diferencia, además de desmarcaros de los pseudo-serxuales esos que se las dan de chachis cuando no son más que un atajo de piojosos.

Para llevar mi iPod he optado por una funda EXO2mini que además de protegerlo, me permite llevarlo colgado al cinto y no preocuparme por si se me puede caer mientras voy en la bicicleta, que como recordaréis es mi medio de locomoción en estas tierras herejes.

Sobre la música que escucho, ya habéis podido leer algo anteriormente y supongo que de vez en cuando seguiré dejando caer algunas pildoras. Como también sabéis estoy muy puesto en lo de los audiolibros (audiobooks), sobre todo mientras voy en tren, o cuando estoy de compras por el centro de la ciudad. Otro lugar en el que este cachivache se ha vuelto imprescindible es en los aviones, en donde me permite escapar de la conversación y del agobio que me producen los pasajeros que se sientan a mi lado y tratan de entablar conversación, sin respetar esa premisa básica que es el NO HABLAR CON DESCONOCIDOS.

Hace poco, cuando recorría los pasillos de mi empresa meneando el culillo a los sones del Ave María (remix) de Bisbal, un jefillo me detuvo. El hombre me miraba como con adoración, algo por otra parte perfectamente natural. Por unos instantes me sentí como el niño Jesús en el portal ese y pensé que a lo mejor tenía suerte y era el rey del oro, que los otros dos sólo traían mierda para regalar, pero no, el hombre tocó mi iPod cuidadosamente y me confesó que él también se había comprado uno porque era la primera vez que podía tener un cacharro de última generación sin sentirse un retardado por ser incapaz de usarlo. Creo que eso lo dice todo. Si estáis pensando en invertir vuestros cuartos en un reproductor, el iPod mini debería estar el primero en vuestra lista.

La semana pasada en distorsiones

Aquellos que habitualmente visitan Distorsiones habrán descubierto que el domingo he cambiado el aspecto de la bitácora. Lo debía haber hecho hace más de un mes pero la pereza me puede. En mi modesto entender, este Nuevo aspecto ha quedado bastante curioso. Después de la temporada de amarillo, retornamos a un sobrio blanco acompañado de azul y gris. Algo más formal. Por ahora sigo manteniendo el formato estrecho que permite ver la bitácora correctamente incluso cuando se usan resoluciones de 800×600. Esta semana fue también el momento cumbre de mi vida en Hilversum, con un suceso luctuoso en mi calle, hecho que quedó reflejado en La huella del crimen. Otra noticia que nos desvió brevemente de nuestra ruta habitual fue Habemus Papam - Benedicto XVI, un Suceso extraordinario que reflejé de la manera que se anuncian los ascensos y las nuevas incorporaciones en la empresa para la que trabajo.

Por descontado, también hubo Cine, que llegó de la mano de Cursed y de Star Wars: Revelations. De la primera mejor no hablar y de la segunda, recomendaros que la descarguéis y la veáis en casa, que es una película independiente y que NUNCA se estrenará en cines. Sus autores autorizan la copia y distribución de la película, así que aprovecharos. Además es muy buena, sobre todo para los fans de la saga de las Galaxias. Una categoría que hacía bastante que no tocaba es la de Cocinillas, a la que he retornado con la receta de Chili con carne, ya me diréis que tal os queda si la perpetráis. Mi universo de Desvaríos viene bien surtido con Riesgos laboralesVictoria . En ninguno de los casos me creeréis, pero bueno. Decir al que me ha reprochado no decir muchas palabrotas y reprimir mi florido lenguaje, que en Victoria descubrirá al verdulero que llevo dentro. La foto de esta semana fue Mirando sin ojos y tendréis que verla para saber de qué va.

Mi homenaje particular a la tribu con la que convivo por estas tierras ha sido  Los de acá y también dentro de la categoría Mi mundo ha quedado encuadrada Las llamas del amor o el relato de como mi vida estuvo en las manos de un desgraciado que pudo apagarla para siempre. En una semana tan prolífica, también hubo tiempo de expresar mi otro amor en  I love Google, mi herramienta favorita y que no deja de mejorar.

Y acabamos con una despedida. La fantástica saga de Arquitectura Efímera llega a su fin con Adiós. Han sido un montón de historias inspiradas en las canciones del álbum con dicho nombre. Los que entran con frecuencia saben que este grupo de cuentos son la niña de mis ojos y los he cuidado todos y cada uno de ellos con esmero. Espero que los disfrutéis al leer.

Antes de despedirme, reprocharos el no haber recibido ninguna invitación para ampliar mi cuenta en Flickr a Pro. Que sepáis que me habéis roto el alma y el bolsillo, ya que a menos que alguno se retrate en las próximas veinticuatro horas y afloje los veinticinco dolares que cuesta el hacerme feliz por un año, tendré que rascarme el bolsillo y pasar por caja. Como siempre, acabo recordándoos los enlaces a las páginas en las que podéis encontrar los regalos que me gustaría recibir:
- Wishlist en Amazon UK
- Wishlist en Amazon USA

Adiós

Adiós

El eco de los tacones al golpear el suelo salpicaba sus oídos mientras caminaba a lo largo del pasillo, un túnel infinitamente blanco, como corresponde a los hospitales. Una única lágrima remoloneaba en su mejilla, dejándose querer, sin terminar de caer. Su agitada respiración añadía un contrapunto al sonido de los tacones. Si se cruzó con alguien, ella no lo vio. La envolvía una burbuja de irrealidad.

Atrás quedaba toda una vida, en aquel lecho neutro y aséptico que trataba de inspirar una sensación de limpieza y lo único que lograba era provocar la lástima del que lo visitaba. No quiso girar la cabeza. Allí dejaba un amigo, un amante, un esposo, una parte de su vida o quizás el todo. Sujetaba el crucifijo entre sus manos y en ese momento supo que éste final no acababa nada, que la vida sigue y aunque queramos no nos podemos bajar. Sabía que en el futuro trataría de reponerse y también sabía que no es tan fácil olvidar como pensaba. La eternidad del morir viviendo era lo que le deparaba el futuro.

Llegó a la puerta y la abrió para enfrentarse a su familia. De algún lugar sacó una sonrisa y la dibujó en su rostro cuidadosamente. Arrancó la lágrima con el puño de su camisa y se enfrentó a la realidad. No le hizo falta decir nada. Todos corrieron a abrazarla, entre sollozos. En su cabeza pensamientos sueltos revoloteaban sin sentido. ¿Qué le diría cuando lo encontrara en la eternidad? ¿Qué sonará dónde él esté? ¿Que pensará de sus sueños en común? ¿Jugará alguien a ser su dueño?

El mundo real la arrastraba de vuelta. En su cara aparecían nuevamente las lágrimas, aunque esta vez venían en torrente. Trataba de comprender lo que le decían pero no atinaba a responder adecuadamente. Alguien o algo la sujetaba con fuerza.

Cuando abrió los ojos estaba en el suelo. Parecía que le habían dado con un martillo en su cabeza. Una punzada de dolor le cortaba el aliento. Un montón de gente la miraba desde arriba, con caras de preocupación y de susto. Una enfermera agitaba el aire frente a su cara, como tratando de espantar malos espíritus. Recordó por qué estaba allí. Ya lo echaba de menos y eso que se acababa de marchar.

¿Estaría él caminando hacia la luz? ¿Habría alguna luz? Su profunda fe se estremeció con las dudas que nunca antes había tenido. Hasta ahora todo lo que acontecía entre la vida y la muerte había sido teoría, lo había visto siempre desde lejos, tras la barricada. Pero esta vez era distinta. Había sucedido junto a ella y no podía esconderse o negarlo. No es lo mismo confortar a otros que padecerlo en tu propia carne. No encontraba consuelo. Su corazón se rasgaba y por las brechas que surgían se le escapaba la certeza que tanto necesitaba. Sus sentimientos parecían negarse a comprender lo que su mente racional les decía. El presente era un lugar en el que no quería estar y el futuro ya no valía nada. Quería volver al pasado, volver con él y pasar allí los eones, hasta que juntos emprendieran el camino hacia el otro lado. Sintió una ciega rabia por su desfachatez, por dejarla atrás y marcharse de esa forma. La rabia quedó ahogada por su amor. Él nunca la habría dejado. Él se fue obligado, después de luchar incansablemente contra un cáncer que siempre quiso ganar y al que fue imposible derrotar.

Se incorporó y consiguió sentarse en una de las sillas de la sala con la ayuda de los suyos. Puso la cabeza entre sus manos y se dejó ir. Los sollozos que hasta ahora había tratado de retener escaparon aliviando su dolor y humanizando su rostro. Lo iba a echar mucho de menos.

… adiós, adiós, adiós
volveremos a vernos
adiós, adiós, adiós
te echaremos de menos …

Aquí concluyen las historias inspiradas en el disco Arquitectura Efímera. Para leer más historias de esta serie, haced clic en este enlace.

Nuevo aspecto

Ando cambiando el aspecto de la bitácora así que no os asustéis si las cosas se mueven o insisten en aparecer y desaparecer sin razón aparente. Más o menos ya está todo, así que si encontráis algo que está mal, dejad comentario o mandad un correillo. También si veis alguna cosa del nuevo aspecto que no os guste (tipos de letras, tamaños y similares). Este nuevo tema tiene muchos menos gráficos que el anterior, lo que además de acelerar el tiempo de carga ayudará a reducir el consumo de ancho de banda, que estamos muy cerca del límite.

Las llamas del amor

Estando con los colegas practicando el sano y superficial deporte de la bebida social, o lo que solemos denominar como “de copas” vivimos una situación de alto riesgo el otro día. Nos encontrábamos en el que sin lugar a dudas es mi pub favorito de la ciudad, tomando unas cervecillas y disfrutando de la vista con esas hembras maduras y abundantes en carnes que merodean por ese local. Gracias a ellas, el recinto se mantiene moderadamente vacío y es posible conseguir mesa, lo cual lo convierte en un excelente lugar si de lo que se trata es de beber y charlar, puesto que no tenemos interrupciones visuales dignas de mención y además de pagar, conseguimos asiento, que uno ya no tiene edad para hacer el totorota con el vaso en la mano de pie, como solíamos hacer en nuestra perdida adolescencia.

A veces, sobre todo en viernes o en sábados por la noche, alguna de las viejas se emborracha y nos ataca, tratando de agarrarnos para sacarnos a bailar. Súbitamente te ves con toda esa carne que se te viene encima, medio sudorosa, te trinca con esas garras habituadas a no dejar escapar la presa que sujetan y te lanza al medio del local, en donde se restriega contigo hasta que consigues escapar y cabizbajo vuelves a tu sitio, sabiendo que todo el mundo se está riendo a tu costa y que has sido humillado públicamente. Como uno es de natural inteligente, siempre me pongo en alguna silla que impida el fácil acceso y hasta ahora no he sido pillado, pero puedo confirmar que algún amigote mío ha caído ya en las redes de esas mujeronas y hubo que lavar su honor y su orgullo con mucha adulación, que uno queda muy tocado después de vivir una experiencia semejante.

Esta última vez que estuvimos hubo algún tipo de conjunción sideral y el bar estaba lleno de chochas. Todo chavalas sudando sexo por todos los poros. Casi todas eran rubias, como corresponde a la sangre del país, sobre todo aquí en Hilversum, que no tenemos turistas y se puede ver a los autóctonos en su salsa. A la llamada de las hembras siempre acuden los machos, así que teníamos unos cuantos chulos de disco paseando por allí controlando el ganado. Uno de ellos, que parecía conocerlas a todas, parecía estar bastante activo. Era el típico pollardón de instituto americano, con cazadora de jugador de béisbol, gafitas de sol y todos los extras. Espero que no dudéis ni por un instante del color rubio de su pelo. Llevaba una de esas camisetas que duran malamente una temporada, con diseño estúpido y motivos repelentes, pero que seguro que pagó una pasta por ella. El chico se sentó en una mesa junto a la nuestra a dorarle la pildora a una de las neerlandesas. Le cuchicheaba al oído y se movía como un péndulo tratando de entrarle, aunque ella era igual de diestra esquivándolo. El tipo era persistente. Seguía dale que te pego, tratando de alcanzar el fruto de su pasión. Después de un rato largo, parecía estar a punto de conseguirlo, o al menos ella ya se había rendido y no lo evitaba como anteriormente. Aquello parecía estar a punto de acabar. En las mesas, además de la vela encendida de rigor, obligatoria en todos los bares y restaurantes holandeses, había unos ramos de flores secas, un motivo floral bastante curioso que supongo fue una loca idea de alguna de las luchadoras de sumo. El chico, con tanto viene y va, acabó por poner el jarrón con las flores junto a la vela y las flores se prendieron fuego. Prestamente lo apagó y nadie salvo un servidor pareció darse cuenta. Como no parecía haber escarmentado, avisé a mis colegas de que si me veían salir corriendo me siguieran sin preguntar. Mi amigo el chino, cabezón donde los haya y con una capacidad infinita para sacar de quicio a un santo, comenzó con sus mil millones de preguntas sobre el asunto: ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Hacia donde? ¿Cómo? ¿Con quién? ¿Para qué? … Lo mandé a callar y le dije que se podía pudrir en el infierno si quería. Estábamos por la quinta o la sexta pregunta del chino cuando el chaval decidió eliminar el objeto de riesgo de su mesa y movió el jarrón a la mesa de al lado, con tan buena mano que lo puso justo al lado de la vela y retornó su atención al objeto de su deseo. Él no lo podía ver, pero la chica si fue testigo presencial, como un servidor, del tremendo incendio que provocó. Las llamas consumieron el ramo en segundos, que se convirtió en una antorcha olímpica. El fuego casi alcanzó el techo. El barman, saltó la barra y se lanzó como loco a coger el jarrón y sacarlo a la calle, mientras la gente se callaba súbitamente y algunas comenzaron a gritar. El pollaboba que lo provocó se quedó quieto, helado al ver lo que había hecho. El chino decidió no preguntar más y se preparó para la huida. La chica, alzó la mano y le arreó un tremendo bofetón al pirómano. En la calle podíamos ver a través de las cristaleras como el camarero luchaba por apagar el fuego, cosa que finalmente consiguió, cuando le llegaron refuerzos con una jarra de agua. Cuando volvieron los recibimos con un fuerte aplauso, que sofocó un poco al hombre. Si no le damos ese apoyo moral, el tío entra y se lía a piñas con el alelado que casi nos achicharra a todos.

El local había quedado apestando a quemado y con una neblina producida por el humo. Inmediatamente sentimos las máquinas de aire acondicionado arrancar para mover el aire. La hembra que había estado en el escenario principal se levantó y dejó plantado en la mesa al hombre que casi deja esta bitácora sin propietario. Yo propuse también la evacuación inmediata de todo el personal, que seguro que con el pestazo que había allí dentro, la ropa nos huele a quemado si nos quedamos. Nos marchamos a otro local, en el que lo primero que hicimos fue apagar la vela que había en nuestra mesa …

Star Wars: Revelations

Ya sabéis que únicamente hablo de las películas que veo en el cine, ya que casi no veo películas en la tele. Podría dar muchas razones, pero baste decir que para mí la experiencia de estar en una sala, con una pantalla enorme, oscuro y con un buen sistema de sonido no tiene comparación con el salón de una casa. Hoy sin embargo voy a hacer una excepción porque la película de la que quiero hablar no se va a estrenar en cines, así que la única oportunidad de verla es descargándola de Internet y viéndola en vuestra casa. Antes de que mis amigos de la Guardia Civil o mi fiel lector de la SGAE empiecen a pulsar el botón de alarma, decir que es una película de cine independiente y que sus autores autorizan la descarga. Es más, es totalmente ilegal el tratar de hacer dinero con esta película. Star Wars: Revelations, que es el título de la cinta, es cine hecho con amor y con pasión. Un grupo de fans de la guerra de las galaxias, o lo que muchos denominaríais frikis, se han juntado, han dedicado horas y horas de su tiempo libre y dinero de su bolsillo y han montado una historia que se encuadra dentro de ese universo.

La película dura unos cuarenta minutos, en los que se cuenta una historia de como Darth Vader, ayudado por una mala malísima, está eliminando a todos los Jedi. Todos los actores son totalmente desconocidos y aunque algunos seguramente podrían haberlo hecho mejor, el nivel es más que aceptable. Los efectos especiales son la bomba, buenísimos. He visto bastantes películas el año pasado que tenían unos efectos que no eran ni una décima parte de lo que se puede ver aquí. La música, inspirada en la saga de las Galaxias, recuerda en muchas ocasiones a John Williams. Pongo un pequeño extracto que explica un poco la razón de esta película:

“Revelations” is a non-profit Star Wars fan film that was shot within the Northern Virginia, Maryland and Washington DC Metro Area. “Revelations” is made possible through a combined effort of artists, fans and the local film industry. Everyone who has worked on “Revelations” is a volunteer. No one is paid to make this film. Panic Struck Productions set out to produce their first independent film with a very small budget and the result is “Revelations”

No puedo hablar de los actores o el director porque son gente anónima. Decir que Karen Hammang, que interpreta a Zhanna, la mala, es un pedazo de actriz de la hostia. Lo mismo sucede con Gina Hernandez, que interpreta el papel de Taryn Anwar. El director de este tinglado ha sido un tal Shane Felux, al que si hay un productor con dos dedos de frente le deberían estar lloviendo las ofertas de trabajo en estos momentos. Hay muchísimo talento en esta película, que espero no sea desperdiciado.

Podéis descargar la película en este enlace. Por ahora está solo en inglés, pero seguro que ya hay grupos trabajando para crear los subtítulos en español o incluso para doblarla a nuestro idioma.

Actualización: Ya podéis descargaros los subtítulos en español. Se encuentran disponible en la bitácora de Alberto. Haced clic en el enlace para ir a la anotación que contiene los enlaces.

Como fan de la Guerra de las Galaxias de toda la vida, os digo que es un deber y una obligación para todos los que hemos seguido durante más de veinte años esta saga el descargar la película, sentaros en el salón con vuestros amigotes, apagar las luces y recuperar la magia. Y recordaros que en mayo acaba todo, con el tercer capítulo.
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Victoria

Hoy al recoger el correo tras llegar a casa me he llevado el sorpresón del año. ¡Victoria! He ganado. He triunfado donde otros fracasaron. Me siento más radiante que los zapatos de charol de Judy Garland en The Wizard of Oz.

Es la primera victoria en este país, o quizás la segunda si contamos cuando conseguí que la gentuza de KPN me anularan la factura de mil quinientos euros que me endiñaron sin razón y que además de un sofoco y dos soponcios casi me produce una úlcera. Del disgusto tan grande que cogí ese día, estuve una semana escuchando únicamente música de Celine Dion, que siempre me ha hecho llorar a lágrima viva.

No tenía mucha fe en la victoria, y más cuando hasta Pepa ha sido robada por la perra de la reina de la laca, la soberana de estas tierras bajas en altitud. Tendréis que leeros la historia en su bitácora para comprenderlo. Tengo suerte que yo sólo juego a la Lotto y nunca he estado abonado, ya que prefiero el paseíllo al kiosco los sábados para sellar mi boleto. Al hilo del desaire que la reina de la laca nos ha hecho al treinta por ciento de la población del país, es decir, al treinta por ciento de católicos a los que decidió afrentar no yendo al funeral del Papa ni enviando siquiera al pollaboba retardado de su hijo mayor, decir que yo estoy devolviéndole la afrenta día a día. Lo primero que hice fue conseguirme postales con su careto de perra vieja y acabada. Una vez conseguidos, todas las mañanas antes de obrar lanzo su careto en el retrete y me cago en ella, sobre ella y en su puta madre, de la cual no pude conseguir postales pero a la que tengo en mente cuando jiño. Por supuesto que todo, con el respeto que tenemos los católicos por zorras asquerosas y zarrapastrosas como la puta vieja esa, que la veremos arder en el infierno con toda esa laca, que usarán su pelo de combustible para las calderas del averno. Así que cada mañana tengo mi momento reina de holanda, en el que gozo entregándole el fruto del día anterior en su puta cara, la mierda que se merece. El día que la palme la vieja chocha esta, lo celebraremos a lo grande los católicos del país. También decir que la iglesia neerlandesa ha comunicado a los feligreses que aunque los métodos anticonceptivos no están permitidos en nuestra fe, es perfectamente lícito y acorde con la doctrina el usar sellos con la cara de la puta vieja asquerosa esa, que se deben colocar en la punta de la polla para que en el momento del corrimiento los espermatozoides la vean y salgan escopeteados en dirección contraria, huyendo de semejante aborto.

Pero volvamos al orden del día y dejémonos de pequeños detalles anecdóticos. La cosa es que los ladrones del ayuntamiento de Hilversum me habían clavado un impuesto revolucionario de quinientos ochenta euros por vivir en la ciudad. Siempre ha sido cara la estancia en este poblacho, pero es que este año se habían pasado dos ratos y medio. Después de leer y releer el dichoso papel con mis dotes idiomáticas recién adquiridas, detecté algo raro. Lo hablé con mi asesor nacional, un compañero de trabajo que está muy puesto en las cosas de su tierra y me lo confirmó. Me estaban cobrando por vivir con una multitud en mi casa. Así que al día siguiente, aún con el pijama puesto, me planto en las oficinas municipales para presentar mi queja ante el abuso y la violación de mis derechos inconstitucionales que había tenido lugar. En mi contrato figura en letra clara que sólo yo y nada más que yo estoy autorizado a vivir en este cuchitril de treinta y cinco metros cuadrados, así que es imposible que me quieran cobrar por más personas, aunque entiendo que con la puta de la china metiendo medio continente asiático en su piso, el ayuntamiento pueda estar confundido. Les expliqué, que si querían buscar millones de personas, que fueran al piso de abajo y que fliparan con esa casa, que el camarote de la película de los hermanos Marx estaba desierto al lado de la cantidad de gente que entra en esa vivienda.

Así que hoy me han confirmado que tengo toda la razón del mundo, ya que no puedo tener más razón que un santo al ser uno de ellos. En la misma misiva me confirman que de alguna forma y manera que aún he de averiguar procederán a devolverme el dinero ya que sólo debo pagar la modesta e insignificante cantidad de cuatrocientos cincuenta euros. Así que aquí me tenéis, de celebreishon con esta pírrica victoria frente al monolítico y abusador ente burocrático.

I love Google

La gente de Google no deja de sorprendernos con chorradillas útiles. Yo creo que ya no podría vivir sin Gmail, que en un año se ha convertido en mi cuenta de correo principal, cuenta que sincronizo con mi Thunderbird, en donde guardo copia de todos los correos. No he vuelto a hablar del Google Desktop Search, pero he de decir que la versión definitiva es EXCELENTE y le da de bofetones a las otras alternativas. Por descontado, tengo todo mi equipo en casa indexado hasta el infinito y más allá y es que sigo sin creerme lo rápido que encuentro las cosas ahora, después de toda una vida de búsquedas miserables con las patéticas herramientas que venían con el sistema operativo.

Lo último de esta gente es el Google Search History. Es lo más. Ahora tengo un historial de todo lo que busco en Google tanto en casa como en el trabajo, vinculado a mi cuenta de correo en Gmail. Ya no tengo que mandarme correos para recordarme las cosas, me voy al historial y no sólo veo las búsquedas que he hecho, sino los enlaces en los que me decidí a hacer clic.

En definitiva, si aún no lo estáis usando, dejad de tocaros los mondongos y activarlo. Y si alguien, por alguna misteriosa razón no tiene cuenta en Gmail, que lo diga, que todos tenemos cincuenta invitaciones y estamos más que dispuestos a regalarlas.

Los de acá

Siguiendo con el relato de mi misera vida, monótona donde las haya, hoy mientras paseaba por los infinitos pasillos de nuestra oficina hablando con el inalámbrico, me cruzó por la cabeza un pensamiento tonto, o más tonto de lo que suele ser habitual por estas orillas. La cosa es que cuando pienso en mis amigos (o las personas a las que otorgo ese dudoso atributo) se pueden dividir en dos grupos. Los amigos de allá, los de España, tienden a ser sedentarios y no mueven mucho el culo. Son gente que alquila un apartamento y se va de vacaciones a la playa o se queda en casa contando las monedas que se han ahorrado al no coger vacaciones. Quizás sea por las circunstancias del país, en donde un título universitario no vale nada y los oficios económicamente rentables son en los que nadie quiere trabajar. La cosa es que cuando miro al otro grupo, al de los amigos de aquí, del centro de Europa, es justo al contrario. Están (estamos) continuamente de gira. Es rara la semana en la que todos coincidimos en suelo holandés. Cruzamos continentes, saltamos océanos, escalamos cimas, buscamos tesoros bajo el mar con el único fin de descubrir el mundo. Esta semana, sin ir más lejos, tengo a una amiga en Sicilia y otro de mis amigos, al que vosotros habéis aprendido a apreciar porque hablo mucho de él, está en Irlanda. La semana pasada otro estaba en Dinamarca (¿o era Suecia?). Nos mandamos correos continuamente y tratamos de cuadrar agendas para vernos pero es casi misión imposible. Creo que dejé de sorprenderme por esto hace mucho. Recibo los correos con las fotos del último viaje, envío los míos y nunca hasta ahora me había planteado que esto no es muy normal, al menos de donde yo vengo. Gracias a todos estos desplazamientos cuento con una ingente cantidad de anécdotas que debidamente alteradas acaban en esta página. A veces nos montamos conferencias telefónicas y hablamos tres o cuatro, porque es la única forma de estar todos juntos, aunque sea solamente de palabra y siempre estamos al quite para comenzar una cadena de correos en las que hay que teclear rápido para que otro no te pise la respuesta. Hablamos dos o tres idiomas distintos, los mezclamos informalmente y hemos acabado por crear nuestra propia jerga, un cóctel de palabras y expresiones con las que definimos estados anímicos, marcamos territorios, juzgamos y condenamos y en definitiva, nos sentimos vivos. En nuestra tribu de apátridas entran y salen personajes de una forma continua. Los abrazamos como hermanos y unos meses más tarde han desaparecido completamente de nuestro universo. Sufrimos, amamos, disfrutamos, reímos y lloramos todos juntos. Al principio pensaba que era una familia virtual, pero no, son parte de mi familia, son mi familia real. Toda esa gente son los que hacen que me sienta vivo. Todos ellos conocen esta página y varios la pasan por google o por yahoo para leerla en inglés, aunque siempre prefieren llamarme y que les cuente las cosas en nuestra propia jerga, ese idioma al que yo llamo distorsio.

Hoy va por ellos, les dedico esta anotación a mi familia de acá, en la que están representados cuatro continentes y gracias a la cual he conseguido pasar estos cinco divertidísimos años. Sin ellos no habría sido posible y gracias a ellos sigo aquí.