Monthly Archive for May, 2005

Leyendas del Oriente II

Mi amigo el chino continúa siendo una fuente inagotable de conocimiento insubstancial y vulgar. Parece increíble que alguien tan poco dotado de imaginación se saque unas teorías tan exóticas de la manga y sea capaz de convencerte, no sin antes habernos batido a insultos defendiendo nuestras posiciones. Recordaréis cuando hace unos meses hablamos de las leyendas del oriente y las ideas que tiene el chino sobre el pelo, la mezcla de razas y la comida. Tras unos meses de estudio de campo, he recopilado tres nuevas leyendas que apunto en este mi diario para nuestro particular disfrute:

Sobre la comida y la fisionomía
El chino lo tiene clarísimo. Las gentes de cada raza tienen el aspecto de lo que comen. Los japoneses parecen lenguados de tanto comer pescado, con esas caras aplastadas y ese color amarillo enfermizo. Los musulmanes tienen el pelo rizado como las ovejas, por culpa de su negativa a consumir carne de cerdo, lo cual los limita mucho y los deja en manos de corderos, cabras y ovejas. El chino te dice esto tan serio y te señala a cualquier turco que se nos cruza por la calle y te dice que parecen corderos. Sobre los coreanos no le cabe la menor duda de que parecen perros, debido en gran medida a la costumbre que tienen en esas latitudes de comerse al mejor amigo del hombre. Yo nunca les he visto ese parecido, aunque sí que diré que a mí lo que me parecen son cabezudos, que son como papagüevos con esas testas de tamaño XXL. A los alemanes los ve como asalchichados debido al consumo masivo de salchichas y sobre los americanos, dice que son como vacas por culpa de su afición perniciosa a los animales del mismo nombre, de los que se comen hasta las uñas de los pies, aunque eso sí, debidamente empaquetadas como hamburguesas.
Traté de averiguar a qué tipo de animales nos parecemos los españoles, aunque no tuve éxito. Tengo muy claro que no quiere perder las amistades y que sabe que yo, con mi sencillez y honestidad, como me diga que me parezco a algún tipo de bicho que no me guste, lo dejo sin dientes del moquetazo que le arreo. Es lo bueno que tiene el talante de nuestra raza, que todo lo arreglamos expeditivamente para que nos dé tiempo a irnos de copas. También le pregunté sobre el tipo de animal o vegetal al que se asemejan los chinos, pero ahí fue aún más críptico. Parece ser que el comunismo ha borrado este tipo de rasgos de su raza y en la actualidad no se parecen a ningún tipo de animal. Creo que se ofendió bastante cuando le dije que yo les veo pinta de ratas cabezudas, pero como yo era el que pagaba las cervezas, se tuvo que joder y tragarse la rabia.

Sobre los informáticos y su legado genético
El chino sostiene que los informáticos solo tienen hijas. Se basa en estudios que se han hecho en su país y en su propia observación del departamento de desarrollo de productos de nuestra empresa. En esa planta sólo tenemos programadores, arquitectos de software y similar miasma despreciable y cuando haces una ronda y les preguntas, pues resulta que el hijoputa tiene algo de razón, porque todos los ingenieros del software decentes tienen hijas y aquellos que son harto conocidos en la empresa por no dar un puto palo al agua y ser más malos que las canciones de Georgie Dann, esos tienen hijos varones. El chino dice que es culpa de la exposición prolongada a las pantallas de ordenador combinada con las ondas y campos electromagnéticos producidos por los ordenadores. Por esta misma razón el colega ha alejado el ordenador de su sagrado cuerpo y ha puesto una especie de mampara protectora que le ayudará a tener hijos en un futuro, aunque ha llegado a rumiar algo sobre no acercarse a un ordenador durante un año cuando decida ser padre. No sé como lo hará ni si podrá sobrevivir estando tan lejos de la tecnología durante un periodo tan prolongado, pero espero poder verlo.
Ahora ha extendido esta teoría a los auriculares Bluetooth para los teléfonos móviles y dice que esas ondas tan cercanas al cerebro te reorganizan el material genético y sólo tienes corridas productoras de hijas. Como sus elaboradas ideas sean ciertas, en veinte años en este mundo no nace un macho ni de coña.

La perfecta higiene bucal
La última y más horripilante de sus teorías tiene que ver con la Coca-Cola. Según él, en su composición tiene algo maravilloso que hace que sea perfecta para limpiarte la boca, no siendo necesario el lavarse los dientes cuando se utiliza. Así que siempre que comemos juntos, se pide una de esas bebidas al acabar la comida y se pone a hacer gárgaras con la misma, tragándose los buches una vez han cumplido su función limpiadora. No hay nada en este mundo que me de más asco que esos momentos, absolutamente nada. Se me pone el vello de punta cuando lo veo que agarra el vaso de refresco, se echa un buche al gaznate y se pone a agitarlo en el mismo. Me pongo enfermo del asco. Le he explicado en repetidas ocasiones que es asqueroso y una falta de educación inconmensurable, pero parece no importarle. Él va a lo suyo y sigue limpiándose los dientes con dicho refresco. Lo mejor es que tiene la boca que da pena, penita, pena, pero eso no parece detenerlo. A ese lo agarra mi dentista y lo deja sin dientes, porque se le están poniendo negros de tanto despreciar el dentífrico y los cepillos de dientes.
Cuando se acaba el refresco, agarra los cubos de hielo y se los echa para dentro y se dedica a chuparlos, escupiéndolos de cuando en cuando en el vaso para coger resuello y devolviéndolos a la boca para terminarlos. Tras años de entrenamiento he alcanzado tal grado de abstracción que puedo permanecer sentado a la mesa mientras practica este hobby sin enterarme, concentrado como estoy en contar las líneas del estucado de las paredes. Espero que algún día se de cuenta de lo estúpida que es esa idea …

Tulipan Emo



Tulipan Leen van der Mark, originally uploaded by sulaco_rm.

Seguimos con las dedicatorias libres de tulipanes. En esta ocasión le toca a Emo, que descubrió este rincón interestelar no hace mucho a través de bleuge. Emo proviene de la misma factoría en la que se han formado mentes tan preclaras como la de bleuge o un servidor. Si visitáis su bitácora descubriréis que está más interesado en asuntos tecnológicos y sobre todo referentes al movimiento de datos a través de redes de alta velocidad que en la sucia e insubstancial realidad del ser humano como un servidor. Yo era como él hasta el día que me bañé en las aguas del Ijselmeer y me purifiqué. No hay nada como un lago putrefacto para limpiar el cuerpo y el espíritu de uno de pensamientos erróneos.

Para esta ocasión he elegido un tulipán que hasta ahora era conocido como Leen van der Mark en tonos rojos y con los bordes de las hojas amarillos. Tiene un porte moderno, con las hojas acabadas en pico. Este tulipán lo conoceremos en esta bitácora como tulipán Emo

Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

Deconstruyendo el cuento de la princesa III

En los capítulos anteriores descubrimos como llegó al mundo esa perra y sucia que es Samanta y como convirtió al sapo en un príncipe de cuento. Aunque no es imprescindible para el lector ocasional el leer dichos capítulos, si es aconsejable y posiblemente ayudará a entender mejor el concepto que estamos tratando en esta historia, que no es otro que el desequilibrio entre el bien y el mal.

Estábamos con Samanta meneando la pelvis cadenciosamente ante las expectativas fornicadoras y con una mancha de flujo vaginal formándose en el suelo junto a ella. El príncipe la mira horrorizado sin saber que decir. Ella fue la que dio el primer paso:

- ¡Hazme tuya! ¡Tómame toa, toa, toa! – le pidió casi a gritos. Su cadera oscilaba rítmicamente, ayudando a esparcer su quinta esencia.
- Pero tú estás loca, ¡tía! Deja de mirarme así que me das miedo
- Tómame, tómame, hazme el amor – le decía mientras seguía meneando la pelvis y dejándolo todo perdido.
- Apártate guarra y mírate, si pareces un caracol con ese rastro de babas que estás dejando en el suelo. Pero tú te das cuenta de lo que has hecho, hijaputa. Me has jodido mi vida. Mírame en lo que me has convertido….. – el tono del príncipe no era precisamente de felicidad absoluta.
- En un príncipe, en eso te he convertido, en el príncipe de mis sueños. El hombre que siempre he querido tener y al que amaré toda mi vida. El que será el padre de todos mis hijos y que compartirá conmigo los sagrados y duros deberes que conlleva el ser la heredera del reino.
- Pero tú que dices, subnormal, tú te has fijado bien. Mira mi reflejo en el agua. Me has convertido en un pasmarote. Tú príncipe, tú príncipe. Y una polla en vinagre tu príncipe. Hay que ver que poca imaginación tienes, ¿no me podías haber soñado con ropa de Sara o de Mazzimo Tutti? Me has vestido de Acrata Ruín de la Pasma. Mira que mierda de colores y que poco conjuntado voy. Pero tía, como se te ocurre ponerme estos leotardos azules y esta minifalda roja. Si tengo los huevos super-trincados. Me voy a desmayar como no consiga sacar el paquetillo de ahí y dejar que se me dilate …
- Eso, eso, dilatación. Sácatela que me la como aquí mismo …. – le dijo ella mientras trató de levantarle la falda para facilitarle la tarea.
- Estás enferma. Que me dejes en paz, gilipollas. Vete a tomar por culo. Devuélveme a mi estado anterior. ¿Quien te ha pedido nada? ¿Te dije yo acaso que quería ser un príncipe de cuento? – el príncipe de cuento comenzó a retroceder, aunque lo tenía muy difícil puesto que a su espalda estaba el lago y su capacidad de maniobra era muy limitada.
- No, pero … – comenzó a decir ella.
- Ni peros ni hostias. Yo estaba ahí, junto a mi charca, tan feliz, disfrutando de mi vida y vienes tú y me la jodes. Y ahora a ver que hago yo, sin estudios, sin cultura popular, vestido con unos leotardos y minifalda y sin un puto duro en los bolsillos, que digo, si ni siquiera tengo bolsillos.
- Mi amor, yo me encargaré de ti. Serás mi hombre. Verás que todo será perfecto …
- Aparta, bicho. Mira tu reflejo en el agua. Si eres más fea que las gárgolas de la catedral. Y a ver si te suenas esos mocos verdes que te asoman por esa napia, que das asco. – la cara de repulsión del príncipe era un poema.
- Yo solo quiero hacerte feliz, quiero que formes parte de mi vida y que juntos veamos pasar los años y podríamos empezar follando aquí y ahora para conocernos a fondo … – le dijo la princesa, que ya estaba a punto de hervir de las calenturas que tenía.
- Pero tía, si yo soy mariquita. No me costó trabajo ni nada echar a todas las putas ranas del charco para que los otros sapos no tengan alternativa y ahora vienes tú y me jodes el chiringuito. Me he pasado las dos últimas semanas repartiendo latigazos con mi lengua a todas esas guarras y ahora que por fin estaba en posición, en el mejor lugar de la charca, sin competencia, vienes tú y me jodes bien jodido. Mal rayo te parta hija de la gran …
- No me digas esas cosas que soy muy sensible …. – le dijo la princesa al borde las lágrimas mientras sus espasmos de cintura comenzaban a perder intensidad, una vez comenzaba a asimilar la idea de que no iba a poder follarse el yogurín con leotardos.
- Te digo. Te digo eso y más. Zopenca, arretranco, mala pécora. Déjame en paz de una vez que ya te has cargado mi vida. – el cabreo del príncipe era monumental.
Sabes lo que te digo, sabes lo que te digo, que me voy a follar con ese guardaespaldas tuyo, que ese tiene una pinta de maricón que no puede con ella y así descargo los nervios que tengo dentro – le dijo el príncipe.
- Pero no me puedes hacer eso a mí. Yo soy tu princesa. Tú eres mi príncipe. Yo te he elegido a ti. – le dijo llorando de rabia
- Anda y que te den, guarra, más que guarra, bicho.

Y dicho esto, agarró del brazo al guardaespaldas, que no había dicho ni esta boca es mía y se marcharon juntos a buscar algún lugar en donde desfogarse, dejando a la malvada Samanta caliente y sin macho. Ella se quedó allí, sola, sin protección y llorando, viendo como el final feliz en el que come perdices se le escapaba de las manos.

Fin

La semana pasada en Distorsiones

Después de tanto tiempo, esta ha sido la semana en la que he visto la tercera parte de la Guerra de las Galaxias. También ha sido la semana en la que superé la barrera de las trescientas películas diferentes desde que entré a trabajar en la multinacional de la que recibo el salario. Así que podemos decir que fueron siete días de Cine. Junto con Star Wars Episodio III: La venganza de los Sith - Star Wars Episode III: Revenge of the Sith, película que recomiendo encarecidamente a todo el mundo y que volveré a ver esta semana por segunda vez, también repasé las dos que la precedieron, Star Wars Episodio I: La Amenaza Fantasma y Star Wars Episodio II: El Ataque de los Clones. Siguiendo con el tema de la ciencia ficción y las aventuras espaciales, me leí el libro Shadow of the Hegemon – La sombra del Hegemon que aparece en la categoría de Literatura.

Al igual que la  semana anterior, hubo varias fotos de tulipanes rebautizados. En esta ocasión los nombres de los tulipanes han sido: Tulipan Bleuge, Tulipan Kike,Tulipan Erre,Tulipan Rodolfo,Tulipan Carolina y Tulipan -A-.Como la semana anterior, han sido archivados en Otros mundos y por supuesto en Fotos. Hubo algo de tiempo para los Desvaríos. Ando mezclando personajes e historias de mi autobiografía en una locura sin fin. La infame Samanta se ha visto abocada al estrellato al protagonizar el cuento Deconstruyendo el cuento de la princesa I y Deconstruyendo el cuento de la princesa II . Aún falta una parte para completar dicho cuento, pero os aconsejo que no os lo perdáis.

Y como esto es una bitácora y eventualmente he de contar algo de mi vida, tenéis 41.69 dentro de la categoría Mi mundo. Tendréis que leerlo para saber de qué va. Sólo os diré que son hechos reales.

Y eso fue todo por Distorsiones durante la semana pasada. Como siempre, acabo recordándoos los enlaces a las páginas en las que podéis encontrar los regalos que me gustaría recibir:
- Wishlist en Amazon UK
- Wishlist en Amazon USA

Shadow of the Hegemon – La sombra del Hegemon

Con paciencia continúo explorando el mundo creado por Orson Scott Card alrededor de Ender. Acabada la primera saga, ahora nos centramos en los que quedaron atrás, su hermano y los que eran sus soldados en el primer libro. La sombra del HegemonLa sombra del Hegemon es el segundo tomo de esta nueva serie. En él, Bean deberá luchar contra Aquiles, un antiguo enemigo que creía muerto. Aquiles busca el poder a cualquier precio y al mismo tiempo quiere venganza. El audiolibro son cerca de trece horas y aviso que resulta bastante adictivo.

En este libro se produce un giro de la trama y se adentra más en los tejemanejes políticos que suceden en la tierra una vez acaba la guerra contra los alienígenas y los humanos se centran en luchar entre ellos. Las naciones asiáticas son presentadas como potencias incipientes ávidas de poder a cualquier precio y dispuestas a cualquier cosa por conseguirlo. El libro vuelve a estar protagonizado por Bean, el mejor de los soldados de Ender y el más extraño de todos. A su alrededor, muchos personajes conocidos para los que hayan seguido esta saga desde el comienzo y particularmente interesante es el retorno del hermano de Ender, Peter, que cobra un gran protagonismo y que en cierta forma parece redimirse de su papel en la primera saga.

Como en ocasiones anteriores, os pongo un extracto en inglés sobre el tema del libro, extraído delweb del autor:

The Formic War is over, won by Ender Wiggin and his team of precociously brilliant child-warriors. The enemy is destroyed, the human race is saved. Ender himself refuses to return to the planet, but his crew has gone home to their families, scattered across the globe. The Battle School is no more.
But with the external threat gone, the Earth has become a battlefield once more. Nations wish to reassert their sovereignty. The children of the Battle School are more than heroes; they are potential weapons that can bring power to the countries that control them.

En este libro se detiene el languidecer de esta saga y vuelve a coger nuevos bríos. Cualquiera que haya seguido a Orson Scott Card se lo debería leer. Lo mismo puedo decir de los seguidores de la literatura de Ciencia Ficción. No es una obra maestra, pero esá muy bien escrito y dejará un buen recuerdo.
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Tulipan -A-



Tulipan White Emperor, originally uploaded by sulaco_rm.

Los que comentan en esta bitácora son un grupo muy reducido en número a los que de vez en cuando se une alguna voz que pronto desaparece. Entre los habituales, el más misterioso de todos es -A-, al que también conocemos como Tipo-A. Sabemos que vive en Utrecht, que solía conectarse a Internet parasitando el Wifi de sus vecinos y que quiere emigrar a otro país. A veces pasa temporadas sin decir nada y tras estos lapsus, vuelve a reaparecer por un tiempo. No sabemos si tiene bitácora propia, o incluso una dirección de correo estable.

-A- se merece tener su tulipán dedicado y por ello he escogido uno totalmente blanco conocido como White Emperor. Tiene una línea muy clásica y lo más distintivo de su aspecto es su gran tamaño. A partir de hoy, este tulipán será conocido como tulipán -A-

Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

41.69

Son los kilómetros que hemos hecho hoy con la bicicleta. El turco, en un acto milagroso y sin parangón en todos los años que llevo en estas tierras semi-sumergidas, decidió que ya era hora de estrenar la bicicleta que compró hace cerca de dos años y que nunca había usado. Al igual que la Poderosa, es una bicicleta de Montaña. Como él siempre ha sido más pijo que yo, se gastó más pasta y la compró más ligera, con unos frenos hidráulicos que son una chulada y en general, más hermosa. Ya en carretera descubrimos que también se le puede añadir el calificativo de más lenta, algo que lo ha molestado bastante. Quien me iba a decir a mí, que mi bicicleta es más capaz que la suya. Sólo por eso el día ha merecido la pena.

Como el turco nunca había estado por los alrededores de Hilversum, pese a haber vivido en la ciudad casi cinco años, opté por un paseo clásico. Primero fuimos a Gooilust y Coverbos, dos bosques maravillosos que hay junto a la ciudad y después enfilamos hacia Loosdrecht, un pueblo junto a un lago que es una auténtica monada. Paramos para comernos un bocadillo y tomar unas bebidas en una de las terrazas mientras las chochas pasaban frente a nosotros. Loosdrecht es muy pijo. De hecho, estuvimos en la tienda de coches Porsche de segunda mano babeando y mirando lo que jamás podremos tener. El mercado está que se sale. Un Porsche con doscientos cincuenta mil kilómetros sólo vale veinticinco mil euros. Regalado. El coche está casi sin usar. No tiene más de seis vueltas completas a la tierra por el ecuador.

Tras la pausa, proseguimos ruta hacia Loenen y Breukelen. Esta zona es toda de palacios con sus yates aparcados en la puerta. También está la entrada al lago de Loosdrecht, que por tener un nivel bastante más alto que los canales que lo rodean, tiene unas puertas estancas por las que tienen que pasar todos los ricos y famosos con sus yates. Justo en ese sitio también hay un puente y por la puta ley de Murphy nos pilló con el puente alzado. Tardan como veinte minutos en hacer la operación. Primero se meten todos los barcos que quieren salir del lago y que entran en el compartimiento estanco, los bajan hasta el nivel del resto de los canales y una vez han salido entran los que van hacia el lago y se repite el proceso. Estábamos allí mirando cuando el pollardón millonario del primer yate, un pedazo de barco de al menos quince metros, con más espacio útil que mi casa, se cayó al agua al ir a soltar las amarras. Nosotros lo estábamos mirando y nos partimos la polla de risa. El tío gritaba como una maricona vieja desde el agua mientras permanecía entre dos barcos que tendían a pegarse. Desde ambos barcos lo intentaron ayudar pero sin mucho éxito. Gemía y lloraba pero no tenía fuerza alguna para alzarse a la cubierta. A todas estas, todos los que esperábamos para cruzar el puente, que éramos más de cien, nos desmoñábamos de la desgracia ajena, que sabe mejor cuando le pasa a un tipo con dinero. Vinieron con una zodiac pero tampoco se pudo subir. Seguía en ese agua turbia, lamentándose de su mala suerte. Al final con una cuerda y un atajo de hombres de verdad lo subieron a su barco. El tipo en seguida se puso en plan aquí no pasa nada y yo soy el cangríl del lago, pero estaba marcado y acabó por meterse en un camarote para no seguir paseando su humillación y escarnio.

Tras estos momentos de diversión inesperada y que me pillaron sin una puta cámara para inmortalizarlos, proseguimos viaje. Nos perdimos cerca de Maarsen y tras algunas peripecias, retornamos a la senda de la verdad, aunque algo desviados. El turco a esas alturas se me quejaba de que le dolía el culete por culpa de su sillín profesional. Mañana ese no se sienta ni para cagar. Entre lamentos del turco y vacas preñadas llegamos de vuelta a Hilversum. Acabamos en una heladería italiana, pegándome un drie bolletjes de pistacho, bosvrucht y stracciatela. De alguna manera me las apañé para que el turco me pagara los quince euros que me debía, lo cual sí que merece un par de padres nuestros esta noche, porque estas cosas pasan muy de cuando en cuando.

Tulipan Carolina



Tulipan Lady Jane, originally uploaded by sulaco_rm.

Una de las comentaristas ocasionales en esta página es mi hermana, que siempre ha firmado sus comentarios como tu hermana. Supongo que muchos no lo creerán, sobre todo porque en Internet la gente tiende a ocultar su identidad y muy pocos o ninguno de los que te rodean suelen saber que escribes o donde lo haces. En mi caso no es así, como ya he explicado en alguna ocasión. En esta página suelen entrar familia, amigos, conocidos, compañeros de trabajo y otros que se enteran a través de ellos.

Toda esta presentación es para decir, que aprovechando que hoy es el cumpleaños de Carolina, también conocida como tu hermana, aprovecho para dedicarle el tulipán de hoy. He elegido uno que se llama Lady Jane. Combina el blanco y el rosado de una forma muy hermosa. Las hojas exteriores parecen vestir las interiores, totalmente blancas. Este tulipán será conocido en este lugar como tulipán Carolina.

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Deconstruyendo el cuento de la princesa II

En el capítulo anterior descubrimos como llegó al mundo esa sucia y rastrera perra que es Samanta. La dejamos trabajando en una hamburguesería cercana a palacio.

Al principio los dueños del restaurante de comida rápida, famoso eufemismo tras el que se encubren esos antros de comida precocinada Dios sabe donde, de dudosa calidad y servida por unos empleados que reciben unos sueldos miserables, estaban contentos. La gente acudía desde todos los lugares del reino para poder ver en acción a la que en un futuro sería su reina, al igual que los medios de incomunicación. Samanta, a la que le gusta más una cámara que chupar una polla untada en sirope de fresa, se lo pasaba bomba, dando entrevistas y saludando. Sin embargo, la alegría inicial se trocó en pánico cuando la gente dejó de acudir a dicho recinto y ciertas historias se propagaron por el tradicional y poco controlable sistema del boca a boca.

Al igual que en ocasiones anteriores, llegó un momento en el que resultaba insostenible el mantenerla en su puesto de trabajo y la animaron a continuar por el sendero del éxito a través de empresas más ambiciosas. A Samanta le dolió un poco, pero acostumbrada como estaba a la precariedad laboral inherente a su estatus de princesa, se lo tomó con filosofía tántrica y se fue de compras. Volviendo al palacio le dio un arrebato y se bajó del vehículo oficial para caminar un rato por un parque.

Era una de esas eternas tardes de fin de primavera y por todos lados se podían ver parejas copulando indiscretamente en la hierba mientras simulaban estar leyendo libros. Resultaba muy difícil engañar a una observadora tan puesta en estas lides cuando todos practicaban el Dale, Don, Dale mientras embestían a sus hembras y en algunos casos, a sus machos. También había una pareja de lesbos que a falta de Dale, Don, Dale se tenían que conformar con hacerse la prueba del algodón la una a la otra. Samanta miraba melancólicamente a su alrededor, pensando si merecería la pena interrumpir alguno de los actos y tomar posesión del macho. Andaba distraída junto al agua de uno de los pequeños lagos que como gotas de rocío perlaban el parque cuando sin darse cuenta se encontró con un sapo enorme que la miraba sin arredrarse.

Se mantuvieron la mirada durante unos milisegundos que a ambos parecieron eones. El sapo, desde la piedra en la que reposaba, contemplaba asqueado aquel cacho de carne mal hecha. Por la cabeza de la Princesa cruzaron las leyendas y cuentos que hablan de este tipo de ocasiones y decidió arriesgarse. Agarró al sapo antes de que pudiera huir, se lo acercó a los morros y le plantó un soberano beso.

Nunca antes en la historia real un ósculo fue tan repugnante. El pobre animal trató de impedirlo pero su pequeño tamaño lo colocó en inferioridad de condiciones. Ella le restregó su áspera lengua por el hocico mientras cerraba los ojos y pedía su deseo. Cuando acabó con él lo depositó en el suelo.

Una espesa niebla surgió de la nada y los envolvió a ambos. Corrientes de aire salidas del vacío removían el humo y ejecutaban una endiablada danza que parecía no tener fin. Cuando por fin acabó el espectáculo pirotécnico, al lado de ella se encontraba un hombre. Era más alto que ella, esbelto, rubio guapísimo, con un delicado tono de piel y una fina capa de vello en sus brazos. Sus manos bien arregladas permanecían pegadas a su cuerpo, tratando de taparse. Sin embargo, no estaba desnudo. Tenía unos leotardos rojos, una faldita pequeña azul y una camisola con volantes blanca. De los puños de la camisola salían unas protuberancias horrorosas. Sus zapatos parecían de bailarina y llevaba un pequeño gorro a juego con la falda que coronaba su espléndida melena amarilla. Su pelo no tenía las puntas abiertas ni caspa en las raíces. Sus labios eran carnosos y con un seductor tono rojo.

Samanta comenzó a lubricar inmediatamente. Todas las partes de su cuerpo comenzaron a tomar posiciones ante el inminente acto de pasión carnal que allí iba a tener lugar. La gruesa y babosa lengua de la princesa relamía sus labios festejando el placer venidero. Su organismo se comportaba como un mecanismo de precisión que iba a ejecutar los movimientos para los que había sido programado de manera inmediata. Su pelvis comenzó a agitarse levemente y sus piernas comenzaron a abrirse. El hombre mientras tanto no dejaba de recorrerse con la vista y su rostro no podía ocultar el horror que sentía ante lo que veía. Se sujetaba la falda con una mano para evitar que se la levantara el viento. Miraba hacia ella y sentía aún más pánico. Después se volvía a mirar sin terminar de creérselo. Su pelo perfectamente libre y natural ondeaba al viento lanzando destellos dorados. Sus dientes eran de un blanco inmaculado. Se veía reflejado en los ojos lascivos de aquella tipa que estaba frente a él. Sus sentidos le decían que algo muy malo estaba a punto de suceder. El vello de punta en sus brazos era una clara advertencia. No sabía si tirarse al suelo de rodillas a implorar clemencia o tratar de huir y esquivar a los guardaespaldas.

Los dejamos aquí, frente a frente, Samanta y el sapo convertido en príncipe.

Aquí acaba esta segunda entrega. El cuento continúa en deconstruyendo el cuento de la princesa III