Archivo de May, 2005

Paseando por Gooilust

En días soleados como el de hoy es un crimen quedarse en casa. Después de pasar la mañana apuntalando mi bitácora, algo que quizás alguno hayan notado ya que hubo instantes en los que sólo salía una página en blanco, decidí salir a pasear en bici. Vivir en Holanda tiene esas ventajas. Hay miles de kilómetros de carriles bici y por suerte vivo rodeado de algunos de los parques más bellos del país.

Antes de salir, cargué el audiolibro que estoy empezando en mi iPod, puse la cámara en la mochila, la botella de agua, las gafas de sol y a la carretera. Estuve unas tres horas dando vueltas, aunque no todo el tiempo a pedal. Pasé por Gooilust, una reserva natural privada cercana a mi casa que es una preciosidad y después de aparcar la bicicleta, me metí a caminar en sus verdes bosques. En uno de los claros me recosté en la hierba a escuchar mi libro mientras la gente paseaba a mi alrededor y el sol acariciaba mi cara. Es por momentos como ese por los que uno vive aquí. Estuve bservando las parejas de ancianos, que van renqueando cual androides defectuosos mientras trataban de culminar los cien metros que les separaban de sus bicicletas. También habían muchas parejas de imberbes adolescentes con erupciones hormonales que expresan en los granos que perlan sus rostros y en la fogosidad que demuestran para ponerles la pierna encima a las hembras que se traen al parque. En este país hay muy poco decoro y estos a la mínima las montan sin importarles que haya gente a su alrededor.

Vi muchos matrimonios con niños, que llegan a Gooilust con dos bicis y seis individuos, lo que demuestra que una bicicleta es un medio de transporte de masas. Un día tengo que hacer una foto de una de esas madres llevando tres o cuatro niños. Siempre me ha parecido un milagro que nunca ocurra nada. En España morirían a puñados gracias a la delicadeza y tacto de la fauna conductora. Estas parejas consumadas y habitualmente en pecado mortal, ya que no se casaron por la iglesia, traen también tremendos perros que dejan a su aire. Resulta anómalo ver como dichos animales se cruzan con otros de igual o superior tamaño y no se inmutan. Definitivamente yo vengo de un lugar diferente, porque en la Isleta las peleas de perros eran algo habitual y casi siempre terrorífico. Estos contrastes, cuando se los señalo a alguien del país, les asombran, porque ellos siempre han asumido que en todos lados las cosas pasan como aquí.

Esta mañana también me he despertado en modo investigador y probé una masa para preparar croasanes que compré ayer. Me salieron seis, todos y cada uno de ellos correcto en color y sabor, aunque lejos de la textura y perfección de los que se venden en la dulcería Colomar, la Meca para todo el que quiera probar un croasán sin imperfecciones. Pronto estaré por allí y como siempre me dejaré caer por dicha dulcería para pecar de gula e inflarme a comer. Es bueno sentirse culpable con estas cosas. Mientras los devoraba uno a uno, me asomé a la ventana y me encontré con una mudanza. Una de las parejas que viven en la acera de enfrente se han marchado. Lo han hecho a la holandesa. Trayendo a todos sus amigos para que les ayuden con la reubicación de sus pertenencias. Se les veía felices mientras llenaban las dos furgonetas de reparto con sus muebles. Tenían tres sillones y todos eran de diferente familia, al igual que mesas y sillas. Como nadie tira nada, las cosas van pasando de manos hasta que ya no sirven y acaban en la basura. Todos ellos eran conscientes de que yo estaba en la ventana, con mi zumo, mi vaso de leche y mis croasanes mirando descaradamente y disfrutando del espectáculo. No les hizo gracia porque en su cultura, uno no debe fijarse en los demás y debe hacer siempre como si estuviéramos en universos paralelos. A mí esa teoría me gusta, pero que queréis que os diga, llevo cinco litros de sangre española – canaria – isletera y lo de noveleriar está grabado a fuego en mis genes, así que he seguido el espectáculo hasta que han terminado. Ahora tengo una idea bastante precisa sobre los gustos de dicha pareja.

Minueto primaveral

Siempre me ha fascinado el ir en bicicleta con resaca. Es algo mágico. Esta mañana, cuando pedaleaba hacia la estación en Utrecht con la Macarena, lo veía todo con una intensidad inusual. Los rojos y los azules son más intensos y le dan a las cosas un aspecto más vivo. La luz del sol se refleja en todos lados y crea vórtices de luz que despiertan partes dormidas de mis sentidos.

Me saltaba semáforos, esquivaba patinadoras, rodeaba ancianos que trataban de llegar al mercado con sus motos eléctricas y casi no era consciente de nada. La sensación de libertad es total. El aire fresco te acaricia la cara, despejándote lo suficiente para evitar que pierdas el norte y amortiguando el menguante dolor de cabeza con el que me levanté, después de cuatro horas de sueño y con alguno de los litros de cerveza y vino que me había tomado aún en el estómago.

En el tren escuchaba música mientras miraba fascinado los verdes campos que separan Utrecht de Hilversum. Esta primavera está resultando fresca y lluviosa y por culpa de ésto, tenemos una cantidad anormal de verde por doquier. Nunca, en los años que llevo aquí, había visto tanto verde. Parece como si la naturaleza hubiese decidido echar el resto y agotar el color. Vayas por donde vayas hay muros verdes, hechos por plantas, árboles, hierba y por cualquier ser vivo que realice la fotosíntesis como forma habitual de alimentación y desarrollo. Por las noches hace bastante frío, habiendo incluso helado en días pasados, pero al salir el sol, allá sobre las cinco y media de la mañana, la temperatura comienza a subir y al ponerse, sobre las nueve y media de la noche suele hacer bueno. El problema de esto es que hay que salir de casa equipado para temperaturas bajas y altas, porque a las ocho de la mañana aún podemos tener ocho o nueve grados y a las seis de la tarde podemos estar en unos veintitrés. Es un poco de locos, pero una vez le coges el tranquillo, es como pelar cebollas.

Estos días se habla mucho del referéndum sobre la constitución europea. Se celebrará en unos días y parece que ganará el NO. Siendo un país tan pequeño y poblado, la gente comienza a estar hastiada de las manipulaciones y tergiversaciones de los políticos, de todo lo que prometieron y no cumplieron y aunque todos ven el Euro como algo bueno, no piensan lo mismo de una carta Magna que no especifica nada y que parece escrita para asfixiar la Unión Europea con decenas de nuevos países sin permitir que los que ya están dentro se consoliden e igualen. Los Holandeses son los ciudadanos europeos que más dinero aportan a la Unión, alguien me dijo que de media damos unos novecientos euros por cabeza, aunque no tengo ni idea de si el número es correcto. Mientras ellos se pasan el día entre atascos y el gobierno les dice que no hay dinero para construir nuevas autopistas, ven como con sus impuestos se construyen carreteras por todos lados y eso jode bastante.

Y aquí seguiremos, disfrutando de la primavera y del verano que ya asoma a la esquina, con tanta luz que parece increíble recordar que hace unos meses estábamos casi a oscuras.

Be Cool

Hace poco empezaron a poner en la televisión holandesa un anuncio de cerveza en el que John Travolta va caminando por la calle y la gente lo saluda y lo llama Chili. El anuncio es peripatético y nunca le vi el sentido a que la gente lo llame Chili hasta que me enteré que ese es el nombre de su personaje en Be Cool, uno de esos engendros con los que nos torturan los americanos de cuando en cuando.

Parece que a alguien se le ocurrió la genial idea de volver a juntar a John Travolta y Uma Thurman. Supongo que pensaron que con la química de ambos era suficiente. Pensaron mal.

El director es F. Gary Gray, un tipo que ya ha dirigido un par de cintas que en su momento funcionaron bien en taquilla. Supongo que como tenemos que culpar a alguien, habrá que hacerlo a él responsable. La historia es plana y eso lastra mucho las casi dos horas que tenemos que permanecer en la sala. Trataron de hacer algo gracioso, pero la mitad de los actores no están por la labor, especialmente John Travolta, que se desmarca con una de las peores interpretaciones que le he visto en milenios. El cabrón es que caga todas las escenas en las que sale a conciencia y con la de minutos que le dieron, terminas deseando que le peguen un tiro y lo quiten de en medio. No hay química ninguna con Uma Thurman. Ella también sale muy sosa y fuera de lugar. No da la impresión de estar en una comedia. Por supuesto bailan juntos en una escena que debió ser eliminada del montaje final, porque ni aporta un ápice a la historia ni vale un carajo.

Con estos dos cagando la peli a conciencia, hubo que meter un montón de gente para compensarlos, pero no son suficientes. En este grupo está Danny DeVito, quien a pesar de salir en el cartel y tener su nombre en grande, no supera la escena inicial, lo cual es una pena porque al menos este tío si que sabe de comedias. De los demás, decir que son conocidillos y a veces tienen un buen golpe, pero definitivamente no es suficiente.

Así que me temo que he de sugeriros que os mantengáis lejos de esta mierda. Salvo por la escena en la que Uma Thurman enseña espalda en la piscina, no merece la pena.
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Tulipán Til



Tulipán Big Smile, originally uploaded by sulaco_rm.

Este es el último de los tulipanes solicitados. Til fue el único varón que pidió tener uno. Eligió el color amarillo y mirando en mi colección he encontrado este, con un amarillo bastante vivo, unas líneas no muy clásicas y de un tamaño bien grande, aunque en la foto no se puede apreciar. Til nunca ha dejado un enlace en sus comentarios, así que no he podido enlazarlo, aunque reitero que es un honor y un privilegio el hacerlo si fuera posible. Ya ni me acuerdo de cuando fue la primera vez que comentó pero definitivamente fue durante el otoño/invierno del año pasado.

El nombre original de este tulipán es Big Smile, aunque desde hoy y por siempre lo conoceremos como tulipán Til

Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

Sin noticias de sulaco



Autoretrato, originally uploaded by sulaco_rm.

Hoy tengo uno de esos días tontos en los que mi cerebro no es capaz de hilvanar una historia, no consigo captar un instante que pueda distorsionar fácilmente y eso a pesar de tener puesto mi gorro de incubar anotaciones. Mentiría si dijera que no sé lo que me pasa. Está claro. Ya me ha llegado mi nueva cámara, la espléndida y magnífica Canon EOS 350D y mi nueva lente Canon EF-S17-85mm f/4-5.6 IS USM y la verdad la verdad, paso de escribir porque quiero saberlo todo de la cámara lo antes posible.

Os dejo con un autoretrato distorsionado. Estoy en plena metamorfosis. Ya casi ha vuelto El Pelos

Tulipán Yumiko



Tulipán Holland Chic, originally uploaded by sulaco_rm.

Si los anteriores eran tremendamente hermosos, el de hoy no tiene por qué sentirse avergonzado. Tiene una figura esbelta, con líneas muy estilizadas y sus hojas acaban en punta, desafiando al cielo. Este tulipán combina con gracia los colores blanco y rosados.

Se lo dedico a Yumiko, otra de las lectoras y comentaristas habituales. He tratado de buscar algo que sea un poco diferente y que haga flotar nuestra imaginación hacia esos mundos exóticos que hay en el lejano oriente.

El nombre original del tulipán es Holland Chic, aunque desde hoy lo conoceremos como el tulipán Yumiko.

Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

Mi nuevo fisioterapeuta

Sería conveniente que previamente hayáis leído de camino al trabajo para llegar a entender mi drama personal.

Se me cayó el mito inmediatamente, porque su físico desgarbado, sus arrugas abundantemente sinuosas y su pelo gris mal cuidado me ponían muy difícil el poder usar el adjetivo apetecible para referirme a ella. Me recordaba a la monja que me daba clases de religión en la EGB, pero en versión extendida ya que debe medir un metro ochenta por lo menos. Se sentó conmigo frente a su ordenador y comenzó a extraerme los intríngulis de mi vida e introducirlos en su equipo informático. Nunca he entendido muy bien por qué hacen todo ese tipo de preguntas irrelevantes si desde el principio saben donde te duele, aunque imagino que hay que justificar la guita que mi seguro paga y tendrán que hacer unos informes preciosos. Mi nueva fisioterapeuta no tiene un ordenador apple, lo cual me dio muy mala espina por no cumplir la teoría de los buenos, la que se enuncia como todos los propietarios de ordenadores apple son buenos per se.

Yo pensé que la cosa acabaría aquí y me pondría en su lista de rotación para los días siguientes pero la demacrada chavala se descolgó diciéndome que empezábamos allí mismo. Me miró, miró la pantalla, me volvió a mirar y me dijo que me desnudara.

Pensé que había oído mal, así que pedí que me aclarara el concepto. Me dijo que me quitara la camisa y los pantalones. Dado que mi dolor es en el hombro, no terminé de comprender las razones, pero vista su mirada lasciva y el hilillo de saliva que se dejaba caer por sus labios, me comencé a desnudar. Lo de la camisa no supuso ningún problema, aunque a mitad de la operación me di cuenta del fallo garrafal que había cometido. Puesto que no contaba con tener sesión curativa ese mismo día y aún menos contaba con la obligación de mostrar los andamios sobre los que se sostiene mi cuerpo, había echado mano de uno de los boxers menos apetitosos, uno de los que andan pidiendo a gritos el retiro, con el elástico más gastado que el reprise de un seat panda. Pensé en volver a vestirme y salir corriendo pero la profesional bloqueaba la puerta y no me quitaba el ojo de encima. Me empequeñecí y me oculté tras la camilla, tratando de comprobar si todo estaba en su lugar. Experiencias anteriores con miembros de esta generación de ropa interior me recordaban que una vez superado el punto en el que deben ser jubilados, tienden a dejar desprotegidas zonas sensibles, o dicho de forma que hasta yo lo pueda entender, me dejan con los huevos al aire.

Me senté en la camilla para quitarme los pantalones y recé como nunca lo había hecho pidiéndole a quien quiera que me escuchara que no permitiera que estuviera ninguno de los huevos al aire. Fui tirando poco a poco de mi vaquero, escaneando cada nuevo centímetro de tela que quedaba a la vista para anticipar futuras vergüenzas. Tuve cuidado de no levantar ninguno de los pies porque la postura de la tijera es una de las que lanza las bolsas que contienen mis gónadas hacia el vacío cual campanas al viento. Finalmente quedé allí, diminuto, con un vulgar boxer gris, medio descosido y que se me caía por momentos. Ella disfrutaba del instante. Seguro que tenía cámara oculta y lo grabó. Me hizo tumbarme en la camilla, boca abajo y me puso una toalla cubriendo los gallumbos. Trató de engancharla a los mismos, pero la poca sujeción del elástico hizo que no fuera posible.

Me sometió a una tortura muscular de veinte minutos, creo que lo llaman masaje. Yo no podía verla por tener la cabeza metida en un agujero que me permitía respirar, pero me la imaginaba relamiéndose de puro gusto. A veces sentía esa mano fría bajando más de lo que sería conveniente, llegando hasta el nacimiento del canalillo trasero y se quedaba allí dos instantes más de lo debido, haciendo pequeños círculos con la yema de los dedos.

El siguiente momento de bochorno fue cuando terminó y me dijo que me vistiera. Bajarme de la camilla manteniendo los calzoncillos en su sitio no fue una tarea sencilla. No podía separar los pies, para evitar el efecto campanario, no podía realizar movimientos bruscos, para evitar su caída, no podía ni mirarla a la cara, para no morirme de vergüenza. Lo hice a cámara lenta, despacio y sin pausa. De alguna manera lo conseguí. Llegué a mis pantalones y me los puse tan aprisa como pude, sobre todo porque ella se marchó a lavarse las manos. La podía oír a través de las paredes de papel, cantando eso tan conocido que dice: Por el camino a Belén, que va a la ermitaaaaa, que va a la ermitaaaaa. La hijaputa había disfrutado como nunca. Yo entiendo que no se tiene todos los días la oportunidad de tocar y sobar un macho tan soberbio como yo, pero un poquito de por favor, a ver si nos controlamos y nos cortamos un poco.

Se volvió a sentar frente a su equipo informático de malvada, que ahora entiendo por qué no tiene un ordenador apple y empezó a llenar todos los días y horas que tenía disponibles con mi nombre. Mi mueca estupefacta disparó la más turbia y siniestra de las sonrisas que he visto en mucho tiempo. Me dijo que estaba bromeando y que no tendría que ir más de dos veces por semana. Ajustamos agendas y me prometí a mi mismo que para la siguiente cita, iría con mis mejores gallumbos para deslumbrarla.

Tulipán María de los Monkeys



Tulipán Strong Gold, originally uploaded by sulaco_rm.

El tulipán de hoy es de esos con una belleza de rompe y rasga. Su perfección amarilla se ve rota por una exquisita veta verde que lo recorre verticalmente, ensalzando aún más si cabe su hermosura.

Este tulipán está dedicado a María de los Monkeys, lectora de esta bitácora desde hace unos meses y de la que desconozco si tiene página propia, aunque de tenerla, será un honor y un privilegio el enlazarla.

El nuevo nombre para este tulipán anteriormente conocido como Strong Gold es el de tulipán María de los Monkeys. Intenté encontrar uno negro o azul oscuro, pero he de reconocer, con gran vergüenza, que entre las más de setecientas fotos que tengo de estas flores, no he podido encontrar sino un par de vistas generales de tulipanes negros y ningún primer plano. El año que viene subsanaré esta gran carencia en mi colección.

Y recordaros que haciendo clic en la foto iréis a mi página en flickr, en donde la podréis ver en otros tamaños y descargarla en toda su gloria.

Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

De camino al trabajo

Continuando con la narración pausada de mi vida en naranja, sigo escribiendo con tinta de odio y rencor las experiencias médicas que me acontecen. Los que se leyeron Médico de familia llegaron a intuir, tras unos ímprobos esfuerzos cerebrales, que algo me sucedía y requería de visita a esa persona que cura por medios naturales. Ya adelanté que no era nuevo en estas lides en mi primer fisioterapeuta y en esa misma anotación expliqué las razones por las que tenía que encontrar uno más cercano a mi trabajo, razones que se pueden resumir en mi negativa a prescindir de mi barrigota de magdalenas, a la que dedico excelsos cuidados y sin la que no podría vivir.

El método más universal para triunfar en estas lides es preguntar a los conocidos. Todo el mundo ha sido paciente de un fisioterapeuta, pero todos los que me recomendaron estaban lejos del trabajo. Finalmente, acudiendo a las fuentes más oscuras y tenebrosas, también conocidas como mi amigo el turco, descubrí uno cerca del centro de la ciudad, a medio camino del trabajo que me venía perfecto. Conseguí el teléfono, pero tienen una ventana de petición de citas telefónicas de cuarenta y cinco minutos diarios y por motivos que no alcanzo a comprender, su teléfono solo comunica durante ese tiempo. El turco fue paciente en los tiempos en los que hizo rehabilitación tras operarse del hombro, operación que casi le cuesta la vida gracias a la eficiencia y virtuosismo del anestesista, que la cagó hasta el fondo con la dosis, utilizando la jerigonza que hablan los profesionales de la sanidad. El turco abrió los ojos y se encontró a dos enfermeras hablando entre ellas y comentando que era un milagro que no se hubiera convertido en un vegetal. Estos pequeños detalles son los que afianzan cada vez más mi confianza en el sistema sanitario español, porque el nórdico está diseñado para acabar con el paciente rápida y expeditivamente.

Ya me estoy desviando, así que volvamos al tema. En mi paseíllo triunfal hacia la oficina a lomos de la Macarena, decidí hacer una parada técnica en dicho local y pedir cita, sobre todo teniendo en cuenta que el dolor es latente y la templanza y resistencia al mismo, muy escasa. Era un lunes no muy lejano, en una galaxia conocida como la vía láctea, en el tercer planeta del sistema solar y en un lugar situado a cuatro metros sobre el nivel del mar en un país en el que casi todo está bajo dicho nivel. Tras unos minutos de pedaleo sincronizado con la música de ese pequeño amigo que es mi iPod, llegué a mi nuevo fisioterapeuta. El otomano me había dicho que hay varios titulados, entre los que destaca una dama, de alta cuna y de baja cama, señora de su señor. Mis esperanzas estaban centradas en ella, aunque para evitar las intromisiones propias de la ley de Murphy, rechacé el pensamiento por obsceno. Llegué un poco antes de las nueve y media y me encontré la fauna típica de estos antros. Unas chochas sudorosas y francamente follables que venían con certificado de autenticidad y con una carta firmada por el Nuncio apostólico dando fe de sus edades, siempre superiores a los setenta y cinco años. Es lo que tienen esos sitios, que están llenos con el chiquillerio senil de la ciudad, lo cual contribuye a enriquecer ese halo de misterio que envuelve a los fisioterapeutas. Todas interrumpieron sus tartamudeos, sus parkinsons y demás achaques y se quedaron mirando hacia mí. El lado tímido que tan bien escondo se me escapó y tuve que sonreír bobaliconamente para inspirar pena, sin saber que decir. Me rodearon con sus chandals Ni-qui-to Ni-pon-go, sus toballas de seis a tres euros, sus dentaduras artesanales y me zarandearon hasta que consiguieron extraerme la información que tan bien escondía.

Se formó un comité de crisis que estableció las negociaciones con la señora de la recepción. A todas estas, yo estaba arrinconado, totalmente bajo el control y la supervisión de las lobas milenarias. Cada bocanada de aire me recordaba lo pasado que estaba el pescado que tenían en el mostrador, aunque bien mirado, algunas iban enjoyadas y eso a una hembra pleistocénica le añade puntos extras, que siempre he querido ser el viudo de una señora rica.

Volvieron y me informaron que el fisioterapeuta me recibiría ese mismo día sin cita previa. Me quedó claro que no hay nada como tener contactos para que se abran las puertas. Me volví a sentir como en España, el país de los milagros, que me río yo de Ali Babá. En mi país hay cientos de miles de ladrones y muchos de ellos a donde llegan, se les abren todas las puertas sin tener que mentar un ábrete sésamo de esos.

Por culpa vuestra ya me estoy desviando nuevamente. Me quedé practicando mis menguantes conocimientos del neerlandés, tratando de respirar por la boca para contener las arcadas y tras lo que pareció una eternidad, una mano nudosa me arrancó de mis captoras. Era una mujer. Pensé que sería una asistente, pero no, resultó ser la fisioterapeuta, una hembra de verdad.

Y lo dejamos aquí, que me ha salido mucho más largo de lo que pretendía y este es un punto estratégico para acabar esta primera entrega. Mañana continuaré con el capítulo: Mi nuevo fisioterapeuta.