Monthly Archive for July, 2005

Encuentros paranormales

Y seguimos vaciando el baúl de los recuerdos y encontrando cosillas que merece la pena recordar. La historia que leeréis a continuación sucedió hace unos años y está protagonizada por mis vecinos chinos. La china y su hija llegaron al edificio en Septiembre del 2003. Han aparecido regularmente por estas páginas desde entonces y como doctorado en ellas, podría escribir un diario solo contando cosas de esas dos. Una de las teorías que explica su presencia en este país es que la china es puta y traficante de emigrantes y su hija de once años es la que se encarga de cobrar a los clientes.

Salí de mi casa para ir al supermercado a comprar leche con la que producir esas gloriosas magdalenas que me están volviendo mundialmente famoso. Recién llegado de España, tengo la nevera llena de viandas nacionales pero me falta el vital elemento que ayuda a producir esa catarsis mágica que culmina en mis “magdalenas del carajo“. En la puerta de mi casa tengo una plantación de envases vacíos de Coca-Cola de litro y medio. La razón es sencilla: en estos países hay que pagar una fianza de 25 céntimos por el envase, y los acumulo y los devuelvo en grupo por comodidad. Cojo 4 de los envases y comienzo a bajar la escalera. En eso que escucho un golpe fuerte en la puerta de mi vecina (la cual supuestamente está en China de vacaciones) y noto que alguien trata de abrir la puerta. Sigo avanzando como si conmigo no fuera la cosa, y cuando he pasado ese tramo de las escaleras se abre finalmente la puerta y aparece el chino kudeiro más feo que he visto en mi vida. No pude fijarme mucho porque lo miré de refilón, pero lo que vi no me gustó nada. Me lanzo escaleras abajo y noto los pasos del hombre siguiéndome. Me apresuro para evitar coincidir en la puerta, coloco las botellas de plástico en las cartucheras de mi bicicleta, abro la puerta, y cuando estoy saliendo alguien me empieza a gritar desde arriba:

Yoni toso guá, arimatasaná jodéé‘ me giro espantado hacia la fuente de los gritos y veo una china gritándome y apunto de llorar. [Nota del autor: desgraciados, no me ofendáis y volved a leer la frase con voz de pito, entonación melodramática,y bien alto, que se os oiga clarito].

Yoni toso guá‘, ‘Yoni arimatasanááá‘ aquella seguía gritándome desde la entrada a la terraza del apartamento del primer piso. Yo la miraba espantado, sujetando mi bicicleta y sin saber como reaccionar. En eso que la mujer se dio cuenta de quien era y conmutó lentamente al idioma inglés [que vosotros leeréis en español]: ‘Hola, tu debes ser el español del segundo piso. Soy la amiga de tu vecina. Es que llevo una hora tocando el timbre y nadie me abre y …‘ en ese momento asomó el hocico el chino que me seguía y se estalló la bomba en Havenstraat. A la china se le torció la cara y comenzó a gritar de nuevo: ‘Yoni toso guá, yoni arimatasanáá, jodeeeellll’. Aquella movía las manos y le gritaba al otro que asistía estoicamente a la confrontación.

Quiero dedicar unas líneas a la descripción metafísica del individuo porque ahora que lo tenía a tiro pude observarlo bien a gusto. El chino era bien negro (o morado). Gracias a mi cultura internacional y a mis tratos con mi amigo de la región sé de muy buena tinta que en ese país la pureza de la sangre se mide por lo pálido que eres y este hijoputa era más impuro que Yola Berrocal en un coro de vírgenes. Gracias a Dios en Europa no nos medimos con ese estándar, porque Yo que acabo de volver de España más negro que un tizón debo ser también un sangre-sucia. El bastardo asiático iba vestido únicamente con lo que parecía unos gallumbos enterizos de manga larga, uno de esos calzoncillos que se ven en las películas del oeste y que cubren desde los puños hasta los tobillos. El super-calzoncillo inicialmente había sido blanco, pero tras años de uso, abuso y descuido por parte de su propietario, había adquirido un tono amarillento propio de quien no usa el “Blanco Nuclear” para combatir la suciedad en las prendas blancas. El detalle que me llamó la atención y por el que recordaré toda la vida este día fue porque a la altura del pubis la susodicha prenda tenía un roto del que salía algo que intuyo era medio huevo, o quizás uno completo, con sus pelillos y todo. Yo me quedé fascinado mirando aquel fulano enseñando el mondongo mientras la china continuaba tocando la banda sonora por encima nuestro con lo que intuyo eran terribles insultos al menda. Salí de mi estupor cuando la china nos lanzó el abrigo que llevaba y amenazó con tirarnos los zapatos. En ese momento decidí que mejor me ponía bajo techo y me fijé que el colega estaba descalzo y que tenía las uñas más negras que he visto en mi vida, gordas y retorcidas. Ese tío no se corta las uñas ni con un alicate. Vamos que debía ser malabarista porque se sube a un cable y no se cae con semejantes carámbanos en los pies.

La mujer había descendido las escaleras y arremetió contra el colega, pegándole golpes mientras continuaba con la cantinela [venga todos a coro:] ‘Yoni toso guá, yoni arimatasanáá, jodeeeellll‘. Ahora que estábamos cerca, comenzó a alternar la canción con explicaciones en inglés para mí, aunque seguía regalándole mandoblazos al que portaba el huevo al aire. De las explicaciones saqué en claro que se pensó que le había pasado algo al hombre porque no respondía cuando ella llamaba al timbre, y que se puso histérica porque no tenía otra llave y no podía entrar en la casa. El mazazo se lo di Yo cuando le dije que la razón de que no la oyese es bien sencilla: El timbre no funciona y nunca ha funcionado (al menos en los tres años que llevo viviendo allí), así que me sorprendería enormemente que el hombre bajase a abrir la puerta sin escuchar nada. Aclarado el lío, decidí poner pies en polvorosa antes de que se volviera a desmadrar la cosa.

Río Moldava y puente de San Carlos

Hoy tenemos otra de esas tomas aéreas de la ciudad. La foto está hecha desde la Gran Torre del Castillo de Praga. En esta ocasión se puede ver el famoso puente de San Carlos en la parte izquierda.

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El Francés

Recuperamos otra de las antiguas historias que vienen de tiempos inmemoriales y que se perdieron con el cambio de hace cosa de un mes. En esta ocasión se trata de hechos i-rreales que sucedieron en Hilversum. Espero que la disfrutéis

Un sábado cualquiera de fin de verano en Holanda, con temperaturas altas, por encima de los 25 grados, quedo con mi amigo turco para irnos de copas al centro y aprovechar los estertores finales del verano al aire libre, con una cerveza fresca en la mano.

Nos plantamos en nuestro bar favorito, uno que en su puerta indica explícitamente que no aceptan menores de 18 años, y precisamente por eso está siempre lleno de chochillos adolescentes desbordantes de vitalidad. Visto el buen tiempo, optamos por sentarnos en la terraza, y disfrutar de las vistas.

Mientras admiramos el panorama, con toda la chiquillería del pueblo pasando frente a nuestras narices, aparece una limusina espectacular, se para frente al bar, y de ella se bajan dos diosas holandesas en micro bikini y un holandés con un tanguilla. En el minúsculo trapo que tapa sus impudicias ondeaba el logo de Camel, o sea el camello de la marca de cigarrillos. Se dedicaban a acercarse a los viandantes y ofrecer cigarrillos. Inmediatamente se convirtieron en el centro de atención, sobre todo de los fumadores, que se lanzaban a por los cigarros gratis como hienas sobre carne muerta. Obviamente, habían sido elegidos por la percha, porque las tías se la ponían dura hasta a Boris Izaguirre, y si estas fallaban, el adonis que las acompañaba lo conseguiría, con músculos moldeados hasta en las pestañas, y un paquete como una caja de cerveza.

Además de regalar, vendían, y al rato nos abordaron las dos viciosillas, para ofrecernos por la módica cantidad de cinco euros hacernos una foto, vendernos un paquete de cigarros, y regalarnos un mechero. El turco, con tal de oler un coño acepta hasta ir al infierno, así que la guarrilla nos hizo la foto y avitualló a mi amigo musulmán de cigarros, ¡aunque él no fuma!

El chaval lo intentó por activa y por pasiva, pero no hubo forma, y aquel témpano exquisitamente formado y probablemente rubio hasta los pelos del chichi marchó a abordar a otro par de primos.

Más tarde observamos un grupo de chicas que abordan al adonis, lo acorralan y el se pone como un gallito a repartir cigarros. En esto que una de las chavalas va por detrás de él y le baja el tanga. ¡Argh! ¡Era todo relleno! La florecilla que surgió no llenaba semejante copa de talla 100, y había usado relleno para completar el bulto. Se montó la marimorena, con todo el populacho cambao de la risa, y el colega que de la vergüenza se encendió hasta las raíces del pelo. Para que veáis que no es oro todo lo que reluce. Tuvieron que recoger sus bártulos y salir por patas, porque en aquella zona lo único que se oían eran pullas al rubio.

Andábamos en este éxtasis, mirando nuestra recién adquirida caja de cigarrillos y preguntándonos que hacer con ellos, cuando en la mesa de al lado se sientan tres chicas y un chaval. Las chicas iban con el uniforme estándar de arretranquillo. Pantalones con pata por encima del tobillo, zapatillas arco iris, con unos cientos de colores en los mismos, y top minúsculo que a duras penas cubre los tetones, y deja el ombliguillo con piercing al aire. Para completar el efecto, ojos totalmente bordeados de negro, con un efecto de MI MARIDO ME PEGGGGAAAA en la cara, que parece que las han sacado del programa de desgracias en TVE (Gente). En seguida se pone al ralentí el turco, siempre al ojo de poder plantar su semilla en lo que sea. A las chavalas las acompaña un figurín de cuidado. El colega, con unas zapatillas deportivas de estas nuevas con un diseño exótico, que te hace aparentar amariconado, acompañadas de vaqueros en fase terminal, más deshilachados que otra cosa, y culminados por camisa arrugada cubierta con un pedazo de chupa de cuero, que sudábamos de verlo y que por supuesto llevaba abrochada. Cubría su pelo con un gorrito rapero.

Tenemos tanta suerte que hablan en inglés, así que nos centramos en los vecinos, y pronto logramos averiguar que el sudoroso ha conocido por internet a una de las viciosillas, la que parece controlar el cotarro, y ha venido a pasar el fin de semana desde Francia para conocerla. Su inglés es pésimo tirando a patético, aunque el trata de camuflarlo con su aire afrancesado y su parafernalia romántica. La holandesa, por otra parte, tiene ideas diferentes, y está lanzando claros mensajes de cuales son sus intenciones. Tan explícitos son sus mensajes, que el turco entra en modo turbo, y sale disparado para el baño a aliviar el pajarito (según él), actividad en la que emplea una anormal cantidad de tiempo. Mientras tanto la colega sigue a lo suyo, marcando y mostrando pezones, moviendo los pechos como si fueran molinillos de vientos, agitando el pelo, picando ojos, magreándose la barriga, tocándose el piercing, y el francés, ciego o gilipollas, porque no parece darse cuenta y sigue con su cutre historia ajeno del todo a aquel despliegue de puterío, dale que te pego con su filosofía barata. El turco vuelve a tiempo de ver la cruzada de piernas a lo instinto básico, en la que pudimos confirmar que era rubia auténtica, con una minúscula banda de tela que tapaba lo justo, y un melenón rubio, que ya quisiera para sí Camilo Sesto. Tras el cruce, el turco emigra de nuevo pa?l baño, a aliviarse nuevamente, sudando como un cochino, el francés en Babia, y Yo, allí, sufriendo por vosotros, para poder narrarlo.

Tras dos cervezas e intentos múltiples ella se rinde y se apaga totalmente. El francés aprovecha para ir al baño, y ella monta un conclave con sus amigas, a consecuencia del cual, estas desaparecen, dejándola sola. Nosotros, como la reunión fue en Holandés, suponemos que se trata de una nueva estrategia, pero cuando vuelve el oscuro objeto del deseo, ella sigue apática, y él continúa su rollo en donde lo había dejado. Mira que el tío era pesado. Dale que te pego, en una mezcla de francés e inglés, contando su historia desde la época de Nerón hasta nuestros días. Y bla bla bla

Andábamos nosotros ya también desinteresados cuando retornan las expedicionarias acompañadas de un M-A-R-I-Q-U-I-T-A. No hace falta tener muchas luces para identificarlo, porque la mancha de aceite en la calle hablaba por sí misma. El sarasa reinventaba la palabra hortera con un pantalón de lycra totalmente pegado al cuerpo en multiples colores, y en el que se marcaban hasta las venas de la polla y una camisilla que no cubría más allá de los sobacos.

Cede su sitio la decepcionada hembra al recién llegado, y este se lanza como un catalán sobre un billete de 10 euros. Le faltaban manos al colega para sobar al otro. Era todo remolino, hablando y moviendo manos y tocando aquí y allí y allá y acullá. El francés reacciona finalmente, respondiendo por fin a mis dudas sobre si tenía sangre en el cuerpo, y rehuye aterrorizado el ataque de semejante terremoto. Lo placa como puede, lucha valerosamente, aunque cada vez que detiene una mano, la otra entra por un sitio diferente. Nosotros estábamos muertos de risa, como las amigas de la colega, mientras el gabacho trataba de detener las embestidas y la otra lo miraba fascinado.

En un receso del atacante, el francés pregunta a la instigadora de semejante ataque por qué le han traído a semejante pajarón y se lo han echado encima, y esta responde que puesto que no respondía a sus claras intenciones, era obvio que él era GAY.

Estalló la bomba en el centro de Hilversum. ¡Maricón Yo! ¡Yo, Gay! Pero tú que te has creído zorra de miiieeeeeeeeeerdaaaaaa, puta asquerosa. Yo soy muy macho, yo soy francés, nosotros inventamos el amorrrrrrrrrrrrrrrr, a mí me gustan las mujeres más que una hostia a un cura [todo esto a grito pelado, así que si queréis darle realismo, leerlo en voz bien alta].

Yo ya no cabía en mí de gozo. Ha sido el mejor espectáculo que he visto en mucho tiempo.

Cuando el mariquita vio que allí no pintaban bastos, salió a escape, con el rabo sobre las piernas, bien marcadito, y las amigas, las Veneno, optaron por emigrar, mientras la temperatura seguía subiendo a nuestro lado, con el tipo sudando como un cochino de la rabia, tan caliente que hasta la gorra se le descolocó, y la tía que ya ni se molestaba en disculparse después de que la llamara de todo menos bonita.

Continuaron discutiendo por un rato, y finalmente ella decidió que él dormiría en casa de una de sus amigas, porque ya no era posible devolverlo a su país de mierda. Tras culminar la reyerta, arrancaron y se fueron.

En definitiva, uno de los mejores espectáculos deportivos que he visto en directo, y una tarde memorable. Aún hablamos de ello cuando nos sentamos en esa terraza.

Pražský Hrad - Castillo de Praga

En lo alto de la ciudad, muy cerca del río Moldava está el Pražský Hrad o Castillo de Praga, la principal atracción turística y una auténtica belleza por sí mismo. El castillo es un pequeño mundo por si mismo, con casas, palacios, iglesias, catedrales y grandes espacios abiertos. Hacen falta unas horas para verlo todo. Desde la torre de la catedral tomé esta foto y desde sus murallas hice esta otra. Estaba en el puente de San Carlos cuando hice la foto.

El castillo siempre ha sido el lugar donde viven los dirigentes del país, incluso en estos tiempos. El presidente mora en dicho complejo. Para llegar, lo más fácil es coger el metro y caminar el tramo final. Hay que comprar billete para entrar en varias de las partes y existen diferentes tipos de billete. Un servidor y Kike nos lo andamos todo.

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8. La Gayola y los amigos der Dani

Seguimos el lento devenir de la historia der Dani y antes de entrar en este nuevo episodio es conveniente recordar en donde comenzó todo para aquellos que han llegado despistados. La historia comienza con 1. Todos queremos ser como er Dani, continúa con 2. Conozcamos ar Dani, y se desarrolla plenamente en 3. Lugareños der Dani, 4. Conocidos der Dani y 5. La Carmen, hermana der Dani. Toma algo de aire antes de abordar 6. Er Dani y la metrosexualidad y el último episodio hasta ahora, llamado 7. Camino del restaurante con er Dani. Los habituales seguro que se acordarán que nos habíamos quedado a la entrada del restaurante.

Son muy pocas las ocasiones que tenemos a lo largo de nuestra vida de poder ver una entrada triunfal, una de esos momentos que se graban en nuestra corteza cerebral y quedan indelebles hasta nuestra muerte. Por eso, cuando traspasamos el umbral del restaurante, tras cruzar las sinuosas veredas que se habían formado entre las mesas de los clientes y pasamos bajo el arco que separaba la sala principal del pequeño reservado, un murmullo se alzó entre los amigos der Dani.

Allí, en toda su gloria, por primera vez en vivo y en directo podían ver a esa hembra de la que tanto habían oído hablar. Ella, falta de modosidad, se atusó la melena, desplegó la más tórrida de sus sonrisas y los saludó a todos. - Hola chicos - Tras semejante declaración de principios se lanzó como un buitre hacia el primero y empezó a repartir besos a conciencia.

La Gayola, la dama en cuestión, siempre ha gozado de cierta popularidad entre los amigos der Dani. No sucede muy a menudo que uno de tus colegas se está follando a dos hermanas casadas y con hijos y que ambas sepan que la otra también está disfrutando de los mismos placeres carnales con el mismo hombre. Sólo en una familia muy especial se dan estas circunstancias. La Gayola pertenece a uno de esos clanes. Es incluso capaz de salir con su hermana y er Dani y sabe que la que consiga llevárselo al huerto será la que le hinque el diente esa noche. Entre hermanas no hablan de infidelidad ni tonterías similares. Parece ser normal y aceptable en su familia el que estén dejando a sus maridos a la altura de un Vitorino, con unos cuernos de impresión. Ni siquiera le dan importancia a este hecho.

Por eso y por mucho más, cuando er Dani entró en el comedor todos los ojos se abrieron para comprobar el material y me temo que quedaron un poco decepcionados. Lo que se encontraron fue una hembra vulgar y corriente, tirando a morcillona, de pelo oscuro y gafas de pasta cual presentadora del un, dos, tres. Los patotes robustos de la Gayola estaban bien cubiertos por unos vaqueros que sólo nos permitían la visión de aquellos tobillos gordos como morcillones. Esos tobillos eran los que sujetaban al cuerpo unos patotes con dedos grandes como hamsters, con unas uñas pintadas de un rosado incasdescente. No se podía ver la cantidad de muslo que había bajo los pantalones, pero debía ser bastante considerable. El cinturon de acero inoxidable, comprimía la cintura de una forma obscena y demostraba la calidad de la que estaba hecho al aguantar la terrible presión que debía estar soportando. La camisa de buena tela permite ver las razones por las que er Dani está emperrado. Siempre hemos escuchado el refrán dos tetas como dos carretas y al mirar a esa mujer las vimos frente a nosotros, la imagen que creó el refrán. Uno puede imaginar las pajas rusas que habrán cruzado ese canalote, los sobados de toda esa superficie curva. Ni siquiera las heroínas de los comics mantienen un pecho tan increíble. Tras las virtudes llega la decadencia. Todo lo que gana en los pechos lo pierde en la cara. Un hocico vulgar y mal pintado, unos ojos hundidos y medio torcidos, una frente sucia y un pelo mal cortado. Los ojos los trataba de ocultar con unas gafas de sol, pero eventualmente se las tuvo que quitar para no descoñarse contra algo al no ver nada.

Tras las presentaciones de rigor tomamos asiento. Allí todo el mundo había terminado de cenar. Me resulta curioso que se celebre una cena de cumpleaños y todo el mundo coma antes de que llegue el agraciado. Todos lo conocen y debían saber que eso iba a ocurrir. El grupo de colegas era bastante compacto. Todos parecían compartir la afición der Dani por el deporte. Cuerpos compactos, de abultados músculos y burdas definiciones musculares. Me enteré que varios de ellos trabajan en el cuerpo de bomberos de la ciudad de Málaga. Uno me sonaba muy familiar y me confirmaron que era el primo de un famoso comentarista de tertulias televisivas, esos programas en los que se despelleja gratuitamente a los famosos y no tan famosos.

Todos gritaban y reían haciendo bromas, soltando tacos y diciendo burradas. Estaban comiendo cordero y pidieron más para nosotros, junto con una ensalada “vegetal” para la Gayola porque resultó que no come carne. Un absurdo silencio recorrió la mesa cuando pidió su ensalada vegetal y tras la pausa que nos permitió comprender en su plenitud el significado de la frase, prorrumpimos en risas salvajes. Ella no fue capaz de apreciar su fina ironía y se ofendió porque nos reíamos de ella. Mientras traían la pitanza, er Dani se acordó de la botella de whisky y la volvió a agitar, enseñándosela a todos y ejecutando su famosa danza del dale, Don, dale haciendo como que follaba la botella mientras le arreaba cachetes en su culito. La Gayola no se pudo contener y le empetó un Qué más quisieras tú que poder follarte a una tía así. De nuevo nos quedamos todos en silencio y a continuación volvieron las risas, esta vez dirigidas hacia er Dani, que se había tornado rojo de la vergüenza. Trató de rebatirlo con algún tipo de incoherente respuesta que no supimos entender y acabó hundido en su asiento, tratando de hacernos ver que no pasaba nada.

Tras una espera que se me hizo muy corta llegaron las bebidas y la comida. Mientras media mesa jaleaba y gritaba, nosotros comíamos a plena velocidad. La Gayola desplegaba sus sobradamente preparadas artes sociales y nos sorprendía agarrando el tenedor con el dedo meñique estirado. Supongo que trataba de enviar algún tipo de señal que nos indicara que es una mujer culta y socialmente curtida, pero falló miserablemente en el intento y lo que nosotros vimos fue que comía agarrando los cubiertos igual que cualquier maricona vieja que se precie agarra la taza de café para demostrar su incultura.

Aprovechamos este punto para interrumpir el relato. El próximo capítulo, llamado Las verdades de los amigos der Dani nos descubrirá algunos secretos que mejor sería que nunca fueran revelados

Río Moldava desde la Gran Torre

Río Moldava desde la Gran Torre

Río Moldava desde la Gran Torre, originally uploaded by sulaco_rm.

Conseguir esta foto no fue fácil. Cuando compramos la entrada para todo el complejo de edificios que compone el castillo de Praga no sabíamos que habría que andar tanto. Después de unos minutos de espera para entrar en la catedral de San Víctor o Chrám Sv Víta en checo, no nos podíamos imaginar que la cosa sería tan terrible. A mí el moverme tanto por el primer mundo me ha vuelto muy gandul y en mi ignorancia pensé que lo de la torre de la catedral sería un cómodo paseo en ascensor.

No podía estar más equivocado. Son 297 escalones, por una escalera de caracol bastante estrecha y en la que al mismo tiempo que subes hay gente bajando. Al principio todo es buen rollo, pero cuando llevas cinco minutos de escalada, hay veintisiete grados y una humedad monstruosa y todas las glándulas sudoríparas de tu cuerpo se desatan, no le ves la gracia por ningún lado. Después de un tiempo, te acostumbras incluso al hedor del sudor propio y ajeno, que en aquel reducido cilindro se mezcla todo y produce un coctel químico de densidad dantesca.

Al llegar a la cima, tras 96 metros de escalada, la vista que te encuentras te hace olvidarlo todo. De todas las fotos que hice desde tan privilegiado mirador, hoy nos quedamos con este gallo acompañado por el río Moldava cruzado por varios puentes y los tejados de vivos colores al frente. Allá arriba se encuentra también la maquinaria del reloj de la gran torre, una maravilla que data del 1549 y que podemos confirmar que no se encuentra en hora. Urge la visita de un relojero para ajustar el mecanismo. Pensamos que el reloj estaba parado, ya que no se veían partes móviles, pero tras una atenta observación lo vimos moverse y avanzar cinco minutos de un tirón.

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Un largo domingo de verano

Un largo y soleado domingo de verano decidí pasar las horas tirado en la playa, escuchando algún libro interesante mientras la forma más pura de la expresión del poder divino me bañaba con sus rayos y me daba la energía que necesito para no caer en la palidez más absoluta, palidez que en esta tierra va asociada con depresiones y múltiples enfermedades.

Un largo y hermoso domingo de verano llegué a la playa siguiendo esos caminos tan retorcidos que marca el Señor. Como no me apetecía andar mucho me ubiqué cerca de la estación de tren, entre dos de esas monstruosas terrazas de verano que aquí dejan caer sobre las amarillas arenas nórdicas y que no retirarán hasta bien entrado octubre. Son lugares en los que los turistas alemanes y los holandeses que se deciden a pasar un día junto al mar tienen la oportunidad de beber como cosacos y comer productos de una más que ínfima calidad.

Un largo y caluroso domingo de verano coloqué mi toalla de forma que el sol resbalara por la superficie expuesta longitudinalmente, mientras el resto de la playa seguía el clásico algoritmo chimpún de ubicación con los pies mirando al mar, algoritmo que ya ha sido en millones de ocasiones declarado obsoleto y no apto para el disfrute de la energía solar en su debida plenitud. Tras colocar la toalla, un hermoso ejemplar que resplandece y engrandece mi minúscula presencia, me puse sobre ella para rendir mi tributo a nuestro Dios y meditar de una forma placentera.

Un largo y apático domingo de verano estaba yo escuchando mi audiolibro, teniendo que volver a oír ciertas partes tras caer repetidamente amodorrado y perder el hilo de la narración. El silencio en el que te envuelven los auriculares es tan grande que llegas a creerte solo en el universo, último remanente de una raza agotada en su propia ira. Alzas tus plegarias hacia el Altísimo y sabes que le llegan directamente, sin intermediarios, sin pérdidas de información por culpa de los nodos que tratan de replicar y retransmitir tus súplicas.

Un largo y soporífero domingo de verano, en uno de esos momentos en los que desperté de ese viaje a otros mundos bajo la bendición solar descubrí que una pareja se había colocado cerca de mí, no lo suficientemente próximos como para interrumpir mi sagrado aislamiento, pero tampoco tan lejanos como para considerarlos fuera de mi galaxia. El dúo de intrusos se picoteaba al sol, repartiéndose besos a diestro y siniestro, cómplices de su amor. Aislé la perturbación que suponían y una vez eliminado el ruido, continué con mi apacible oración.

Un largo y sublime domingo de verano volví a despertar de mi letanía privada en brazos de Morfeo. Sobreponiéndose a la voz del narrador del libro que estaba escuchando, distorsionando el mensaje que fatuamente resbalaba sobre mis ondas cerebrales, se escuchaba algo que no era normal. Era un sonido repetitivo, metódico, de alta frecuencia y duración constante. Con desgana, casi sin pensarlo, me quité los auriculares para tratar de encontrar la génesis de dicha agresión auditiva. Ondas de luz y calor golpeaban mis brazos, mi estómago, mi pecho y me hacían cosquillas antes de desaparecer absorbidas por mi cuerpo, que las contrarestaba produciendo melanina que corría a ocupar su posición y aportar el tono moreno tan deseado.

Un largo y atemperado domingo de verano traté de sublimar los sonidos que me llegaban y condensarlos en pensamientos coherentes y racionales. La lógica me dictaba con letra clara lo que aquellos sonidos implicaban y la ética se negaba a reconocer lo evidente. Bajo aquel sol, en aquella playa, en aquel preciso lugar y justo en ese momento, la pareja que tan cerca de mi se había ubicado estaba follando a ojos vistas. Las pulsaciones sonoras no eran más que los gemidos de la hembra, sometida su vagina a golpes rítmicos por el miembro de su hombre. Aunque no se habían quitado totalmente los bañadores, estaba claro lo que hacían. Los movimientos los delataban, los sonidos gritaban su crimen al cielo. En aquella soledad, acompañados únicamente por un indiscreto testigo, consumaban su acto de amor sin importarles mi presencia.

Un largo y lujurioso domingo de verano
una niña corría por la arena, inocente ángel que jugaba a perseguir sombras, palomas y gaviotas, queribín indiferente y que no sospechaba maldad ninguna en el mundo. Esa niña, rubia y preciosa, trataba de atrapar los pensamientos que se le escapaban y en sus carreras llegó cerca de nosotros. La pequeña se detuvo al escuchar un quejido, un lamento, un llanto corto y de respiración profunda que parecía venir de algún lugar cercano. La chiquilla, tras mirar en derredor localizó la fuente del ruido.

Un largo y tórrido domingo de verano la niña se acercó sigilosamente a unos desconocidos, con una mirada culpable al saber que rompía todas las reglas que su madre le repetía una y otra vez. Llegó junto a los extraños y los miró. Parecían estar pegados, unidos en algún tipo de juego que generaba olas en sus cuerpos y que debían ser la causa de la infelicidad de la mujer, de sus llantos. La niña los observaba fascinada. Nunca antes había visto algo parecido. Tras un tiempo de aprendizaje decidió preguntarle a la señora el por qué de su tristeza.

Un largo y apasionado domingo de verano una pareja hacía el amor en una playa. Su coito fue interrumpido bruscamente por una chiquilla asustada que creía que le pasaba algo a la mujer. Un tono rojo los cubrió completamente. La vergüenza de saberse cogidos les impidió reaccionar con dignidad. Se separaron con cuidado y trataron de aparentar que nada sucedía. El hombre se cubrió con una toalla pese al calor que hacía. Hablaron con la niña y le explicaron que no pasaba nada malo, que únicamente estaban jugando a un juego que sólo conocían ellos dos.

Un largo y descuidado domingo de verano un servidor tomaba el sol en la playa y sin comerlo ni beberlo se vio envuelto en un episodio bizarro y más propio de una novela erótica. La tecnología, esa fiel compañera que siempre nos acompaña y pocas veces nos es útil sirvió para que con la cámara de mi teléfono esta historia tuviera una prueba fotográfica.

Un largo domingo de verano hice esta foto….
Pareja haciendo guarrerías serxuales

Staromĕstská radnice - Reloj astronómico

En la plaza del casco antiguo, en pleno centro histórico de la ciudad de Praga se encuentra el viejo ayuntamiento Staromĕstská radnice. En una de sus torres está el reloj de la foto, un reloj astronómico que data de 1410, creado por el maestro relojero Mikuláš de Kadanĕ y mejorado en 1490 por Master Hanuš, que es el responsable del aspecto actual. Os sugiero que después de leer esto hagáis clic en la foto para ver las notas que he puesto en ella. Pasad el ratón sobre la misma una vez estéis en flickr y sabréis de qué estoy hablando.

A los lados del reloj se encuentran la Vanidad, la Codicia, la Muerte y la Invasión Pagana (un turco, casualmente). Sobre el reloj hay dos ventanas a las que se asoman los doce apóstoles para saludar al dar las en punto. Siempre hay una multitud esperando este momento tan especial y este debe ser uno de los puntos más fotografiados de la ciudad.

Como dije al comienzo, este reloj está en la plaza principal del casco antiguo, auténtico corazón de la ciudad y lugar por el que circulan miles de turistas. A partir de ese punto uno se puede perder por las calles y andar hacia el barrio judío, cruzar el puente de San Carlos, sentarse en una de las múltiples terrazas y disfrutar con una cerveza o acudir a alguno de los múltiples conciertos de música clásica que se celebran continuamente.

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María von der Monkeys escribe sobre Sulaco

En este guiño veraniego para conocernos un poco y saber quien anda por ahí detrás hoy le llega el turno a María von der Monkeys. Siempre he sido consciente que aquí entran bastantes más de los que comentan. Algunos dejan caer un comentario de San Juan a Hábeas y otros jamás manchan estas páginas con su docta sabiduría, como algunos colegas que prefieren sistemas más personales para expresar su opinión. Centrándonos en María de los Monkeys, la primera vez que recuerdo haberla visto en estas páginas fue el 29 de Octubre del 2004, al menos firmando con ese nombre. Su alias me recordaba una página que yo solía visitar años atrás, antes de que el concepto de bitácora fuera popular, un lugar en el que un grupo de amigos interaccionaba de una forma bastante nueva.

Cuando hace unas semanas dejé caer la idea para que los lectores escribieran, siempre tuve en mente a algunos y entre ellos estaba María de los Monkeys. Obviamente, no puedo desear que alguien que jamás comenta escriba (ya que únicamente sé de su existencia por los logs y las estadísticas), pero María era un ente real.

No quiero extenderme más, así que vamos con las presentaciones que ya tendré tiempo de poner algo más una vez hayáis leído su texto. Es para mí un honor y un privilegio presentaros las palabras de María sobre Sulaco, que sí tiene quien le escriba.

Pues aunque no creo que forme parte del grupo de “lectores con pedigrí”, ya que intuyo que semejante rango se alcanza por conocimiento y no por tiempo, he decidido dejar de “mantenerme en mi cómoda butaca” y sentarme, aunque solo sea cinco minutillos. No sé como llegué a “Distorsiones”, pero llegué algún día y hace ya algún tiempo, quizás un año. No son muchos los blogs que leo tan a diario como mis monos me permiten, pero Distorsiones siempre está entre los tres primeros. Esa maldad o crueldad, que muchos llevamos dentro y que la supuesta educación o diplomacia no nos permite dejar salir, me encandiló desde el principio. No era el “qué”, era el “cómo”, la distorsión de los detalles de la vida, lo que a veces algunos dejamos pasar por alto, lo que otros hacen durante toda su vida, tomaba forma de blog y de posts, y de varios cientos de comentarios. Distorsiones no es un entretenimiento es una puerta a la flexibilidad mental, a llegar al lugar menos insospechado de la forma más increíble y solo moviendo los ojos un par de centímetros.

En cuanto a Sulaco… cariño, te tengo por hermano, no se si por vivir cerca del polo Norte con esta mentalidad nuestra hispana, española, o por los fríos que pasamos, no se si por haber crecido, lo poco que yo crecí, a base de dieta mediterránea o por ser capaz de aguantar que ayer empezó el otoño aquí mientras en casa se quejan de calor, ¡del sol se quejan! ¡No sé si por quejarme de las pocas horas de luz de los 8 meses de invierno o de la falta de persianas en lo que tienden a llamar verano! Vete tú a saber, es una representación, dejando de lado la diferencia de géneros, mas bien una personalización.

Lo que pido: que no lo dejes, Sulaco, que sigas, que llegará el día en que después de leer un post tuyo, decida abrir de nuevo el kiosco y ya no serás tu solo, seremos muchos (ya hay varios) explicando y contando y dándonos ánimos para aguantar el frío invierno en países como estos, aunque la nieve sea muy bonita, lo de la falta de luz de cuatro de la tarde a nueve de la mañana, no tiene perdón de Dios.

Un abrazo, muchas felicidades y enhorabuena a los premiados.

De alguna manera con tanto quejarme y tanto lamentarme debo producir la impresión de que lo voy a dejar y quiero desde ya desmentirlo. Esta página sigue tan fresca y zalamera como en sus comienzos. Mantengo la producción habitual y os puedo asegurar que se me acumulan las cosas de las que quiero escribir. Sigo yendo al cine de manera compulsiva, escuchando audiolibros y capturando esos instantes que Dios me ha permitido disfrutar y retorciéndolos tanto como puedo y quiero. Seguro que me estoy repitiendo bastante, pero eso sí que no lo podemos evitar ya que no se puede sacar más de donde no lo hay. Algún día revisaré todo lo que hay aquí dentro, retocaré algunas cosas, quitaré otras y espero que de todo ello salga el libro de mi vida vista desde una perspectiva errónea y con una lente equivocada, pero al fin y al cabo será mi libro.

Distorsiones es el parque en el que juego, un pequeño rincón creado en un ente cibernético con vida propia y que además de permitirme jugar y pasarlo bien me ha abierto las puertas a un montón de gente que de otra manera jamás habría descubierto. Aquí nos juntamos individuos de variadas edades, de ambos sexos, con diferentes percepciones de la vida, con inquietudes políticas muy distintas, pero que dejan todo eso a un lado y durante unos minutos se limitan a estar entre amigos, sin pieles de cordero que los oculten. Ese es el secreto de Distorsiones y también su fuerza. El que yo sea el director de la orquesta es algo casual, la diversión está tanto en las anotaciones como en los comentarios.