Monthly Archive for September, 2005

Interludio

Ya estamos en la cuenta final para la compra de la casa. Quedan siete días para el gran evento. Comienzo a tener un nudo en el estómago con la responsabilidad. Para alguien que siempre se ha sentido bastante libre y sin ataduras, tengo que reprogramarme y contar conque poseo una casa de mi propiedad en los Países Bajos, un garito con un jardín de escándalo, todo sea dicho. Compré la cocina hace semanas y semanas para neutralizar los tiempos de entrega y llegará en su momento, quince días después de que me haya mudado. Me abochorna pensar que ahora paso los fines de semana visitando tiendas de muebles, mirando dormitorios, colchones y similares. Si a eso lo unimos que algunos amigos míos han comprado casa recientemente (no solo el chino), tenemos que nuestros temas de conversación son bastante reducidos. Todos estamos muy puestos en hipotecas, en tendencias de decoración, calidad de materiales, marcas de lavadoras y demás. Me veo compartiendo taladros, martillos, escaleras con los colegas.

Entre las cosas por hacer está el buscar turca que me limpie la casa cada dos semanas y lo de turca viene a cuento de que son ellas las que se dedican a este negocio en el país, por supuesto en dinero negro. No sé si tiene que ver con la educación, con las posibilidades laborales o con cualquier otra mierda pero lo cierto es que todo el mundo tiene contratada alguna, incluyendo a mi amigo el turco, que para colmo consiguió a una más gandula que la chaqueta de un jugador de golf. La tía aprovecha cualquier momento para sentarse a fumarse un pitillo y hacer café o té. Siempre que voy los sábados por la casa del colega, la mujer me ve y se sienta a tomar el café conmigo. Después aparece el turco, que siempre está haciendo alguna diligencia de última hora y se coge el calentón porque la tía no trabaja y le paga por horas ;-)

La semana que viene, el sábado, me mudo a la nueva casa. Aún no sé cuando me instalarán el cable y el módem cable (4 Megas en bajada, 1 en subida, treinta eurolos, sin línea telefónica). No creo que afecte a la bitácora porque suelo publicar casi siempre en diferido. Me imagino que escribiré en casa y me lo llevaré al trabajo para subirlo a la página. El estar desconectado de la red me volverá más prolífico, o quizás no, dependerá de lo que trabaje en mi nuevo hogar.

Uno de las cosas a las que más le he dado vueltas es al nombre de mi casa. He revisado toda mi vida, todo lo que he visto, todas las cosas que han significado algo para mí y al final me quedo con el nombre que tenía la casa de mis padres en el campo. Es un nombre seco y contundente al que únicamente añadiré un toque distorsionado. Mi casa se llamará: Er Chumino. El nombre es folclórico y le dará algo de carácter. Al hilo de esto decir que cuando mis padres le pusieron ese mismo nombre a la casa del campo después de comprarla, un amigo de mi padre forjó el nombre en hierro y lo colgaron junto a la puerta. Un sábado que estaban trabajando allí con el hombre que les ayudaba apareció la guardia civil y mi padre y el hombre corrieron a esconderse dejando a mi madre a solas frente al peligro. Mi madre le echó un par de huevos y salió a la puerta a saludar a la autoridad y estos le preguntaron con total seriedad si aquello allí iba a ser un puticlub. Sólo por esta anécdota merece la pena mantener el nombre de la casa en la familia. La casa original llamada el Chumino se encontraba en el Culatón, en Aríñez, un barrio perteneciente a San Mateo.

Teniendo nombre para mi hogar, estando ya asegurado, con hipoteca y con cocina, el futuro no puede aparecer más brillante. Estos tres últimos meses de este año 2005 estarán llenos de escritos sobre la casa, los muebles y demás, aunque también salpimentados con Cine y todas esas pequeñas anécdotas del día a día. Intentaré acabar todas las series que están en este momento abiertas: Er Dani, el American Tour 2004, Temporada de caza (las cuatro partes en las que se divide, aunque la segunda está a su vez formada por varias historias) y posiblemente recupere aquella llamada Una historia de miedo y la continúe. En algún momento de este otoño miraré para incorporar algunas de las historias de estos pasados dos años a la categoría de Grandes Historias y la idea es que me ayudéis nominando aquellas que creéis que merecen estar ahí. Si tengo tiempo y ganas quizás me lance al ruedo de los Podcasts y narre alguna de las historias en ese formato. Algunos de mis amigos siguen diciéndome una y otra vez que las historias pierden mucho cuando las escribos y que no hay nada como el relato oral, así que tendré que demostraros que no es cierto. Otra posibilidad que me atrae mucho es hablar de cine. Le he ofrecido en varias ocasiones a mi amigo bleuge el sentarnos a hablar del tema y grabarlo pero no hay manera de convencerlo. Seguro que sería algo antológico, pero me temo que tendréis que seguir viviendo sin ello. Sólo aquellos que hayan estado con nosotros dos juntos sabrán a qué me refiero :-(

Lápida en Lafayette No 1

Tumbas en Lafayette No 1

Tumbas en Lafayette No 1, originally uploaded by sulaco_rm.

¿Qué se siente cuando estás en esta tumba completamente atestada? En un espacio minúsculo ya han metido trece fiambres y la cuenta sigue creciendo. Fijaros que han tenido que pulir la piedra en varias ocasiones para recomponerla y añadir nombres.

Imagino que no habrá trece ataúdes apilados, ni trece individuos bien vestidos esperando el día del juicio final. Hay rumores de que Henry y Charles no se llevaban nada bien y han terminado uno encima del otro. Es lo bueno que tiene la muerte que pone a cada uno en su sitio.

Moby Dick

La historia de hoy creo que no había aparecido en la primera versión de esta bitácora, esa que podéis visitar aquí. Forma parte del legado de Distorsiones que solo fue conocido por aquellos que estaban subscritos a mi lista de distribución. En ella aparece nuestro amigo el turco y la inglesa, una chica que en aquella época nos regaló momentos legendarios. El departamento de Grandes Historias de esta bitácora tiene el placer de ofreceros un sucedido que apareció por primera vez un veintidós de octubre del 2002.

Transcurría tranquilamente el mes de Agosto y cada fin de semana organizábamos alguna actividad al aire libre para aprovechar el buen tiempo que hacía por estas tierras. Muchas de esas historias ya las conocéis. En esta ocasión yo quería ir al Norte pero mi amigo el Turco unió fuerzas con mi amiga la Británica y decidieron que era hora de hacer algún tipo de visita más comercial, así que tras una exhaustiva búsqueda en Internet eligieron el que se supone es el mayor parque acuático de Europa, Duinrell.

Me levanto esa mañana con la excitación de un chaval y salimos para el sur del país en donde se encuentra ubicado ese parque. Cualquiera que lee esto y no ha visitado Holanda se cree que hicimos miles de kilómetros, pero lo cierto es que en una hora estábamos al sur del País habiendo partido desde el centro. Pillamos el segundo mejor día del año con temperaturas de unos 35 grados y un sol que rajaba las bragas, así que todo parecía perfecto.

Llegamos al parque y nada más entrar aquello me dio un mal rollo de cojones. El parque era cutre-salchichero. Unas mierdas de atracciones y la promesa de 2 kilómetros de toboganes acuáticos en una especie de recinto cubierto. Comenzamos nuestro paseíllo para ver todas las atracciones y entre lo único decente encontramos una montaña rusa de agua. Nos vamos a la cola y vemos que se divide en dos: los que se quieren mojar y los que quieren bajar “secos”.

Por descontado nos ponemos en la cola de los que se quieren mojar. Cuando nos llega el turno y llega el vehículo simulando un “tronco” que nos iba a lanzar a la aventura nos subimos gozosamente. En ese momento el turco de mierda y Yo nos miramos y nos damos cuenta al unísono del problema. La Hostia Divina, nos vamos a tirar en esta coña con la británica. Nos apresuramos a quitarnos las camisas y guardarlas para protegerlas y ponemos todo lo de valor en nuestras mochilas. La gente nos miraba asombrada pero nosotros sonreíamos sabiendo lo que se nos venía encima. Algunas holandesas se frotaban de puro gusto ciertas partes con la visión de esos dos pechillos peludillos. Esta gente será muy rubia y muy guapa, pero al final lo latino les pone un montón.

Dan la señal de salida y las máquinas comienzan a tirar del carro (en el que íbamos unos quince) aunque sin mucho éxito. Los motores rechinaban mientras aumentaban la potencia, arrastrando centímetro a centímetro nuestro vagón en una agónica subida. En esos terribles momentos pudimos ver como algunos se daban cuenta del terrible error que habían cometido y nuestra sonrisa se agrandó en nuestras caras. El carro seguía su lento subir con la gente revolviéndose en sus asientos. La causa de semejante trastorno estaba clara. Nuestra amiga la británica. Con sus al menos tres toneladas de peso aquello prometía convertirse en una debacle, en lo más parecido al día del Juicio final que veríamos en nuestras vidas.

Justo por debajo de esta montaña rusa pasaba otra más pequeña. La gente que en ese momento cruzaba pudieron comprobar horrorizados que la estructura se bamboleaba sobre ellos y comenzaron a gritar histéricos, sabedores de que su suerte estaba echada y no podían salirse de la montaña rusa. Nosotros continuábamos nuestra ascensión, indiferentes a los estremecimientos de las vigas. Una vez se estabiliza el vagón en la parte superior de la montaña rusa y con toda la estructura crujiendo por semejante esfuerzo comenzamos la bajada.

Quien se haya montado alguna vez en estas atracciones sabrá que al principio parece que no lo vas a conseguir y que el cacharro se va a quedar parado. Todos están con los brazos levantados pese a los carteles que lo prohíben y te imaginas las caras de decepción si el trasto se detiene. Finalmente aquello comienza a moverse, primero tímidamente y luego más rápido y va cogiendo algo de aceleración y más y más y más. La gente que iba en la primera fila comenzó a sentir como el viento les cortaba la cara y todas las gargantas al unísono entonan un desgarrador lamento: Aaaarrrrggggghhh.

Seguíamos cogiendo velocidad, bajando por esa maldita rampa que se balanceaba hacia los lados ante semejante presión, derramando agua por los laterales. En los alrededores de la montaña rusa el tiempo quedó en suspenso. La gente se quedó absolutamente atónita mirando incrédula lo que sucedía. Aquel bólido descendía a una velocidad terrorífica con un grupo de gente que gritaba desesperadamente. Los gritos ya no eran de excitación sino de puro y simple miedo.

Justo al final de la bajada de la montaña rusa hay un mirador aéreo desde el que se puede contemplar la llegada de los carros protegido por un cristal para evitar que el agua salpique a la gente que mira. Los que allí se encontraban trataron infructuosamente de escapar corriendo a resguardarse en algún lugar seguro. La vendedora de perritos calientes salió despavorida hacia el bosque cercano y trató de sujetarse a un árbol para salvarse. Una madre puso su cuerpo sobre el coche de su bebé en un vano intento para tratar de protegerlo de la inminente debacle.

Tras unos segundos en los que muchos vieron pasar sus vidas ante sus ojos y los nuestros, nuestro carro, a una velocidad endiablada y con los patines lanzando chispas al contacto con el tobogán alcanzó el final del camino.

El tsunami que se levantó continuó creciendo y creciendo, tragándose toda el agua de la piscina en la que debíamos aterrizar y subiendo más y más alto. La gente del mirador vio horrorizada como una inmensa ola los alcanzaba, los que estaban a los lados comprendieron claramente unos instantes antes de que sucediera, que no saldrían de allí secos, que la madre de todas las olas los iba a alcanzar. Esa agua de color marrón, turbia, infectada, movida una y mil veces a través de esos toboganes finalmente alcanzaba su liberación, se emancipaba y escapaba a su sino.

Por supuesto que entró agua dentro del vagón. Cientos y cientos de litros. Acabamos totalmente bañados, pero gracias a nuestra previsión, todas nuestras cosas estaban a salvo en nuestras mochilas. Los frenos de la montaña rusa trabajaron a destajo tratando de detenernos. Tras nosotros quedó el vacío, la falta de agua, la piscina totalmente desecada. Frente a nosotros, cientos de personas gritando, secándose, protestando y todos tratando de comprender qué había pasado y por qué les había tocado a ellos. Los empleados miraban los paneles intentando descubrir lo que había fallado, lo que había torcido esta atracción de feria y la había convertido en una pesadilla. Junto a nosotros estaba la británica gritando: Oh Dear! Oh Dear!, inconsciente del daño que había hecho, feliz en su ignorancia y sin siquiera comprender que por primera vez en los últimos diez años, en Holanda, el agua había escapado al control de los Holandeses.

Cañón roto

Cañón roto

Cañón roto, originally uploaded by sulaco_rm.

La mayor potencia del mundo crea una serie de fortificaciones a finales del siglo XIX para defenderse de agresiones externas, pone en ellas unos cañones espectaculares y estos no duran ni cien años.

El cañón de la foto jamás fue usado. Se descompuso sin haber pegado un pepinazo. Digo yo que los cañones con cientos de años que hay repartidos por toda Europa y que aún siguen de una pieza son un claro ejemplo de que a veces la tecnología nos permite fabricar cosas más vistosas pero menos duraderas.

Temporada de caza: Garota de Ipanema

Uno tiene una tendencia horrorosa a estirar las historias como el chicle y por desgracia no puedo hacer nada para remediarlo ya que está en mi naturaleza. Es una pena que no logre enlazarlas todas y sacar un libro de todo esto, aunque imagino que forma parte de mis limitaciones y carencias. Aquellos que pasan por aquí de manera recurrente sabrán que lo que vas a leer a continuación es la continuación de un relato que comenzó en Temporada de caza y que después de un silencio de años pude continuar en el elegido. Si aún no las has leído no te voy a adelantar nada pero si te aviso que no entenderás el asunto sin haber explorado esas historias previamente.

Dicen los que saben que los cerdos van al matadero con gran alegría, felices porque los sacan de paseo. Lo mismo se puede decir del turco. Sabedor de la semana que le esperaba, era todo felicidad y buen rollito. Para todos tenía una sonrisa, un guiño de ojos, una mano con la que ayudar. Yo no puedo hablar por el resto, pero en mi caso aproveché para que me pagara un par de cenitas y se dejara unos euros en unas cañas, que el mamón siempre consigue que yo sea el que acoquine con la cuenta. Pasó unos días de un empalagoso subido, tanto que me hacía recordar aquellos dibujos de tarta de fresa que veía cuando era un pipiolo. Aquella serie conseguía que vomitara los sesos día sí y día también. La jodida niña vestida de rosa con su voz de gallina clueca me enervaba hasta el máximo más absoluto, pero no conseguía desengancharme y fueron muchas las mañanas en las que me despertaba agarrotado con la imagen de ese dibujo animado aún fresca en mi memoria. En los días que pasaron hasta el lunes se convirtió en una sombra horrorosa del machote que solía ser. Ese fin de semana lo tuve que acompañar de compras, a renovar su ajuar y aportarle algo de estilo fresco y desenfadado. No creo que lo consiguiéramos ya que su mal gusto es de leyenda pero al menos lo intentamos.

El lunes el hombre se levantó a las seis de la mañana y se sentó frente a su ordenador a esperar el correo con las instrucciones. Era el primer día de su nueva vida, su renacimiento como producto de consumo de masas. Después de un par de horas de mirar la pantalla, se cansó y se tuvo que marchar al trabajo. Algunos tienen la ventaja de vivir frente a la empresa de la que reciben las copiosas transferencias a fin de mes y él es uno de esos afortunados. Únicamente tiene que cruzar un puente sobre el canal Amstel y ya está en la oficina. Miraba fijamente su teléfono móvil y lo mismo sucedía con el programa para recibir el correo. Finalmente apareció el mensaje deseado. El programa FO-YA-MÁS le mandaba su primera cita. El asunto no podía ser más claro: FO-YA-MÁS día uno.

Miró a su alrededor para comprobar que nadie lo estaba observando y se lanzó a la lectura del mensaje:

La primera cita será esta noche con Renata DoSeso-Faccile, una joven soltera que vive en Ámsterdam y que trabaja como dependienta en una de las infinitas tiendas de productos para turistas e incautos. Renata busca a su príncipe azul y espera encontrarlo en ti. Le gustan los hombres románticos y es muy melosa y cariñosa. Acudirás a su encuentro llevando en la mano un clavel para que ella pueda reconocerte. Sabrás quien es porque estará leyendo el libro El profesor de piano de Elfriede Jelinek.

El colega me llamó inmediatamente para leerme el texto. Sonaba genial y más teniendo en cuenta el nombre de la colega, Renata DoSeso-Faccile. Como no todo el mundo nació hablando la única lengua verdadera, le expliqué que en el idioma que hablamos todos nosotros y los ángeles del cielo mismamente, aquello sonaba a que esa noche mojaba más que un temporal del mar del norte. La línea se quedó en silencio durante un rato y tuve que despertarlo de su sueño erótico y devolverlo al mundo real.

Por la tarde se encontró con ella en el lugar acordado. Llegó con su BMW, vestido de chulo-putas riguroso, con su clavel en la mano para ser reconocido. En la terraza en la que se debían conocer habían varias chicas solas, pero sólo una de ellas estaba leyendo un libro, o al menos haciendo que lo leía porque lo tenía del revés. No todo el mundo está preparado para leer un premio Nóbel de literatura. El turco pensó que estaba cruzando las puertas del cielo. Sub-intelectuales como el que esto escribe sólo aspiran a escribir un libro y plantar una palmera a lo largo de su vida. Otros, como el otomano, son más prosaicos y sólo quieren llegar al fin de sus días habiendo cumplido el sueño de curar a dos lesbianas a base de polvos y follarse una mujer de color. El primer deseo tiene unos enormes signos de interrogación, pero el segundo nunca lo tuvo tan cerca como en ese instante, ya que la tan mentada Renata DoSeso-Faccile era lo que hoy en día se denomina persona de color y lo que antes, cuando la hipocresía no campaba a sus anchas, solíamos llamar una negra.

La chica encajaba en el grupo de mujeres de las que solemos decir que son monas, no pensando en la hembra del mono sino más bien en que era bonita, linda y aparentemente simpática. Su enorme sonrisa desplegaba unos piños como pantallas de cine, blancos como la nieve. Vestía como cualquier Jenny de centro comercial español, es decir, con menos ropa de la que debería. Se saludaron dándose los tres típicos besos neerlandeses y después de tomar un cafelito se pusieron en ruta. El turco había elegido un restaurante francés para impresionarla. Como las reservas en esos sitios se hacen con varios días y él no podía saber lo que le iba a tocar, se lo jugó todo a la carta romántica y parecía que le iba a salir bien. Llegaron a la puerta del restaurante y el turco hizo un alarde de poderío cuando le dio las llaves de su BeMeTa al aparcacoches y le dejó una propina de treinta y tres pesetas de las de antes o eso que conocemos ahora como veinte céntimos. Un propinazo que le hizo merecedor de una mirada de odio infinito por parte del turco que recogió las llaves. No hay nada mejor como la generosidad con tu propia raza para sentirse bien y este hombre lo sabe y si no que os explique por qué tenemos que bloquear como sea la entrada de su país en la Unión Europea si no queremos que sea el fin de Europa.

Pasaron y el julandrón que siempre está en una tarima en la puerta de estos antros los recibió, cogió sus abrigos aprovechando para medir la capacidad de la taleguilla de mi amigo y los condujo a su mesa, en donde dos velas perlaban el espacio con su brillo y se veían acompañadas de una botella de champán del caro que descansaba en una champanera esperando que la abrieran. El rictus que mostraba Renata daba fe de lo impresionada que estaba. En aquel lugar, un pianista tocaba música en vivo, una melodía suave que invitaba a cruzar miradas con tu pareja y cuchichear al calor de los cirios. La gente hablaba en voz muy baja y todos buscaban la proximidad con sus compañeros. Se acercó el maitre para ofrecerles la carta y lamerles un poco el culo, que para eso le pagan. La chica a estas alturas ya no tenía capacidad para la sorpresa. Cogió el menú y cuando posó sus bellos ojos en el mismo, se llevó un disgusto. Aquello estaba en francés, idioma del que no tenía ni puta idea. Como no lo quería reconocer, torció un pelín la cabeza, haciendo como que meditaba y después de un rato, cerró la carta. El turco, acostumbrado a este tipo de restaurantes, tenía también muy claro lo que quería. Su conversación transcurría apaciblemente. Pidieron la comida, momento en el que quedó patente el poco dominio de la lengua gabacha de la chica. El maitre lo intentó cuanto pudo pero no consiguió averiguar lo que quería y al final terminaron con el menú abierto y ella señalando el plato.

Mi amigo se pegaba más que un condón a un cipote y la chica no le hacía ascos. Le susurraba tonterías al oído y ella se reía y se tapaba los dientes con la mano. A veces cogía el vaso de champán y mantenía bien tenso el dedo meñique como cualquier dama de alta cuna. Ella lo quería saber todo de la vida de este hombre que se podía permitir estos lujos asiáticos y él solo buscaba la forma de endiñársela allí mismo. Tras la frugal ensalada que comieron de entrante llegó la carnaza, el plato principal. En el caso de mi amigo era un pato a las finas hierbas con una presentación soberbia. El cocinero había dado el do de pecho al hacer tremenda obra maestra. Para ella era un filete con habichuelas recubierto de una salsa que despedía un tufo horroroso. La pobre había pedido una mierda intragable, pero por no reconocer su ignorancia hizo de tripas corazón y sonrió aún más si cabe. Comenzaron a comer en silencio, aunque el turco rompía aquel vacío con oportunos comentarios con los que lucirse. Tras engullir unos cuantos bocados, la chica de Ipanema estaba en serios problemas. No es que la comida fuera mala, es que era asquerosa. Se echó un trozo bien grande al gaznate para tratar de bajar aquello lo antes posible y cuando intentaba tragarlo se le atascó en el esófago. Comenzó a dar arcadas y a ponerse roja. Sus pujidos alertaron al colega, que después de depositar su servilleta sobre la mesa se levantó para ver si podía hacer algo. La chica sufría unos tremendos espasmos y la tuvo que agarrar por detrás y hacer ese gesto que hemos visto decenas de veces en el cine. El pedazo de carne salió efectivamente volando y vino a caer en la mesa que estaba a su lado, en la que una pareja ya entrada en años miraba con estupor aquel trozo de animal muerto y medio masticado que les había tocado. El maitre llegó corriendo y agitando los brazos como un molino de viento, mientras lanzaba mil y una excusas en francés para la pareja que sufrió los daños colaterales.

Renata mientras tanto trataba de recuperar la respiración y se fue al baño a refrescarse y muy posiblemente a vomitar aquella mierda. De esta forma tan tonta se jodió la noche. Tras aquella debacle no hubo forma de rectificar la cosa. La chica se recubrió de una coraza protectora y lo dejó todo fuera. Ya no tenía sentido continuar con aquello. Estaba claro que esa noche no iba a suceder nada más. Después de pagar, esperaron el coche en la entrada y el hombre la dejó en la puerta de su casa, en donde se despidieron con un frío apretón de manos. Toda la alegría de la mañana se había esfumado. No hay palabras para describir lo que sentía. Con ésta estaba claro que no tenía ninguna oportunidad. El sueño de la chica de Ipanema se había esfumado tan rápido como había llegado.

Así acaba la primera cita. Esto continuará aunque no os puedo dar una fecha concreta. Puede ser mañana o el día después de mañana, por lo que tendréis que permanecer alerta.

Fort Massachusetts

Fort Massachusetts

Fort Massachusetts, originally uploaded by sulaco_rm.

Hasta ahora he escrito sobre el fuerte Massachussets pero no había puesto ninguna foto en la que se vea al completo. La foto de hoy es de la entrada al fuerte y la hice utilizando la función de panorama de la cámara, mi vieja Canon Powershot G2.

Temporada de caza: El elegido

No se puede comprender esta historia sin haber pasado previamente por ese proceso de aprendizaje que es la lectura de Temporada de caza, la cual es el primer episodio de esta opereta. Ya sé que son muchas palabras sin sentido y que la pereza y la televisión os han convertido en minusválidos intelectuales incapaces de leer, pero quizás deberíais agotar vuestro crédito de palabras para el día de hoy y leeros ambas historias.

En su sempiterna búsqueda del coño fácil el turco no se detiene ante nada. Escala cotas estratosféricas o desciende a simas abisales incansable en su tarea de conseguir una nueva novia, una hembra que le de sentido a su vida y algo de uso a sus condones. Ya hemos sido testigos de esos primeros pasos en el difícil arte del ligoteo barato y ahora marcharemos junto a él en esta nueva etapa de su aprendizaje.

Tras observar su incapacidad para triunfar donde otros dan el paseillo, el turco decidió tomar medidas drásticas. Acudió a la Internet, esa fuerza imparable que todo lo contamina y buscando buscando encontró un servicio de citas a ciegas. Por la módica cantidad de veinticinco euros te garantizan cuatro citas con cuatro almas solitarias y el hombre se lo jugó todo a esta carta, convencido de sus grandes posibilidades una vez la hembra está en su corral. Entre las condiciones del servicio aparecía que son ellos los que eligen las parejas y aunque en el momento de la inscripción te enseñan unas fotos de unas chochas de la muerte, nunca se sabe lo que te puede tocar, algo que para Forrest Gump era un aliciente pero para el normal de los mortales es una preocupación.

Una vez acabó su perfil le comenzaron a llover correos de un sistema que parecía muy ocupado apañando su vida. Mi amigo se frotaba las manos y se pavoneaba jactándose de lo pronto que dejaría de estar soltero y pasaría a formar parte del club de los puretas muertos y acabados. Su salario, su formación, su currículum, su coche, su apartamento de lujo, todas estas cosas seguro que atraerían a las féminas que al contrario que el macho, que solo mira las tetas, miran más los accesorios de consumo. Leer lo que puso el hombre era dar un paseo por las marcas de moda más caras. No mentía completamente, porque yo puedo dar fe que el colega está podrido en dinero, que tiene un sueldo de agárrate a la pared para que no te caigas y también puedo confirmar que si el empleado de una tienda es lo suficientemente maricón, es capaz de endiñarle ropa de más de trescientos euros sin mucha dificultad, únicamente con la ayuda de la lisonja barata.

Un día más tarde de su entrada en el universo de las citas cibernéticas organizadas con el programa FO-YA-MÁS, recibió una llamada en su móvil. Una chica de voz melosa comenzó a hablarle en holandés y soltarle un rollo enlatado. El otomano la placó en seco y la puso de nuevo en ruta, explicándole que pese a tener un diploma del gobierno certificando su perfecto dominio de esta lengua bárbara, prefería el uso del aséptico inglés internacional, ese que hablamos todos los ciudadanos del mundo salvo los ingleses y americanos. La joven conmutó sin más problemas y entonces pudo saber que había sido elegido para un proyecto especial del programa FO-YA-MÁS. Le dijo que era muy afortunado, que en una base de datos de miles de millones de individuos, él era el elegido, The chosen one como se dice en la lengua de los tejanos. Esta suerte tan grande le podía conducir a la fama y al estrellato mediático.

La joven le dijo que no le podía contar nada más hasta que aceptara las condiciones, que hasta allí podía leer. Una vez aceptadas se enteraría de los detalles. Por descontado, no se puede echar atrás una vez dice que si y para evitar su escapada, estaban grabando la conversación y dicha cinta podría ser usada en su contra en cualquier tribunal de tres al cuarto con algún juez amargado por no tener casos de verdad. Le repitió esta información dos veces y le dijo que tendría que decir claramente YO ACEPTO LAS CONDICIONES antes de recibir la información secreta y confidencial que cambiaría su vida por siempre jamás. Mi amigo el turco, que estaba conduciendo su BMW al recibir la llamada, se tuvo que salir a la mediana en la autopista porque la emoción que le embargaba era tan grande que le impedia conducir y seguir la conversación. Temblaba convulsivamente de puro gusto ante la idea. La chica se quedó en silencio para que se lo pensara y ese silencio se pudo medir con unidades normalizadas. Fueron exactamente medio millón de microsegundos los que le tomó el formular el juramento: YO ACEPTO LAS CONDICIONES. Entiendo que a veces leen estas torcidas líneas personas que no prestaron atención en el colegio y que quizás no sepan que medio millón de microsegundos es lo que ellos llaman medio segundo, lo cual me sirve para recordaros que siempre hay una medida que hace parecer las cosas monstruosamente grandes o pequeñas y si no que se lo digan a todos mis amigos que se miden sus respectivos miembros en milímetros para embobar a las chochas, que quedan fascinadas por semejantes cantidades y desconocen aunque jamás lo reconocerán la unidad que están usando. Esas mismas chochas suelen salir muy decepcionadas de sus experiencias sexuales, ya que en su retorcida imaginación se veían empitonadas hasta el infinito y más allá y en la práctica no llegan a sentir más que un ligero cosquilleo vaginal.

Volviendo a nuestra historia, una vez juró y prometió aceptar las condiciones, se procedió a la explicación. El programa FO-YA-MÁS, el cual ha sido codificado en colaboración con la Universidad del Chimpún Nórdico, tras intensas búsquedas en su base de datos había extraído cuatro nombres de santos varones. Tras cambiar las cintas de cassette y poner las de las chicas, el programa había vuelto a echar humo hasta conseguir otros cuatro nombres de hembras. Ahora que los ocho estaban seleccionados, se organizarían cuatro citas de cada bestia de sexo masculino con los correspondientes animales del sexo femenino. Las citas tendrían lugar a una por día, comenzando en lunes y terminando en jueves. Una vez concluido cada uno de estos eventos, las jóvenes y solamente las jóvenes tendrían que llenar un extenso formulario en el que darían cuenta de las horas pasadas junto al candidato. Terminadas las cuatro citas, el programa FO-YA-MÁS procesaría los resultados y elegiría a uno de los machos, el cual acudiría el viernes a un programa en la televisión y se enfrentaría a las cuatro chicas. Allí, ese ganador potencial, terminaría eligiendo a una de ellas y podría continuar profundizando en la relación o al menos intentando mojar más y mejor.

Era como música para los oídos de nuestro príncipe rubio y turco. Se veía coronado entre el sexo femenino, con todo un estadio de tías calientes como burras en celo rebuznando su nombre mientras le tiraban al escenario bragas, sujetadores, condones y similares. Toda su vida se había preparado para esto y sabía que no podía fallar porque él era el elegido. La ronda de citas comenzaría la semana siguiente el lunes. Recibiría la información sobre el lugar y la hora del encuentro por la mañana de cada día. Él decidía a donde llevaba a la joven para impresionarla y era él quien estaba al mando de la aventura. La ruleta de las citas a ciega se pondría a girar y el azar le llevaría de la mano hacia el éxito y la culminación de sus aspiraciones sexuales.

Cuando acabó la conversación telefónica nuestro amigo estaba en estado de éxtasis absoluto. Resulta difícil describir como se sentía, pero estoy convencido que muchas santas y beatas que supuestamente han tenido experiencias divinas no han gozado ni la mitad de lo que pasó mi amigo. Lo primero que hizo fue llamar para contarme la buena nueva. Yo tuve que representar el papel que su adormecida conciencia no había sido capaz de representar y le pregunté sobre lo que pasaría cuando en su empresa lo vieran por la tele rodeado de Jennys de clase baja explicando las guarrerías sexuales que quizás llegaría a cometer. Él no había pensado en esa pequeña mancha de su plan maestro y decidió no tenerla en cuenta.

Ahora que su vida parecía estar en las vías del tranvía del amor, encarrilada hacia un futuro de pasión verdadera, todo le parecía hermoso y cualquier tontería lo hacía feliz. Pasó los días restantes de la semana planificando sus citas y reservando restaurantes.

En los próximos episodios veremos como le va con las chicas. Ya sé que me odiáis por partir las historias pero quiero recordaros que yo soy el que se tiene que sentar a exprimir su escasa masa cerebral para modificar un suceso real y adornarlo de manera que al menos una sola persona tenga las agallas de decirme que le ha gustado. Como sé que sois impacientes, os diré que la idea es repartir las citas con las chicas entre uno o dos episodios más. En el peor de los casos serán cuatro historias, a una por chica.

Trasera de la catedral de San Luís

En la trasera de la catedral de San Luis, en el centro de Nueva Orleáns y mirando hacia el French Quarter se encuentra esta virgen que abre sus brazos invitando a Dios sabe qué. Por la noche, con el foco que la ilumina y rodeada por una gran oscuridad, aparece envuelta en un aura mágica. Es uno de los rincones con más encanto de la ciudad, un lugar para detenerse y meditar o recordar a aquellos que ya se han ido.

The Taking

The TakingDespués de la agradable experiencia con Odd Thomas me quedé con ganas de escuchar/leer algo más de Dean Koontz. Tras mirar las alternativas, he escogido una novela llamada The Taking de la que desconozco si ha sido traducida al español. La versión de audiobook tiene una duración de catorce horas y media que no se hacen para nada pesadas. Escuché este libro casi en su totalidad en un día de viaje, recargando el iPod usando el ordenador portatil cuando la batería daba señales de desaliento.

La historia me enganchó desde el comienzo y me mantuvo en vilo hasta cerca del final. Se podría hacer una gran película sobre esta historia y supongo que algún día sucederá, una de esas con millones de efectos especiales, con un actor de cara bonita y manos preciosas que parezca no habérsela cascado en su puta vida y una de esas actrices que las mentes embrutecidas que son carne de grandes éxitos ven como objeto sexual y que nos da igual lo que diga en pantalla o los esfuerzos interpretativos que haga porque allí todo el mundo lo que quiere es follársela hasta reventar. Veo que me estoy desviando del tema de hoy, así que rectifico. Estamos hablando de una novela de acción que sucede cualquier día de estos. La pareja protagonista está en su casa, en un poblacho en el monte en medio de la nada, cuando hay una extraña tormenta y algunas alimañas salvajes deciden venir a su puerta. A partir de aquí comenzarán a suceder fenómenos extraños en todo el mundo. Tormentas imposibles, nevadas en lugares en los que nunca antes sucedió y similares. La gente se lo toma entre la incredulidad y la alegría. De repente todo se tuerce. Llega el silencio …. … los protagonistas tendrán que salir de su guarida e ir al pueblo cercano a ver qué pasa y en el camino todo se tuerce y tendrán que luchar por sobrevivir.

Parece que he contado mucho pero no es más que la introducción. La historia como ya he dicho engancha bastante. Sigues con atención a estas dos personas y lo que les sucede. Hay momentos en los que te descubres elaborando tus propias teorías sobre lo que está pasando y las cotejas con lo que ellos dicen. Según se aproxima el final, la novela se vuelve más oscura y sangrienta, acercándose a la literatura de terror aunque sin llegar a entrar por completo en dicho género. El final te pilla por sorpresa y es quizás lo más alucinante. A algunos puede que los decepcione, pero mirando hacia atrás lo veo bastante coherente con todo lo que sucedió en dicho libro.

Os pongo un extracto de la historia en inglés sacado de la página de la editorial:

For the citizens of a small California mountain town, the end of the world they have known arrives with a strange silvery rainstorm. As news of extreme weather conditions across the globe reaches the town, an ominous fog turns once familiar streets into a ghostly labyrinth. By evening, the town has lost all modes of communication, and a gathering of frightened neighbors senses a threat they cannot identify or imagine.

Recomendado para los amantes de la literatura de misterio y para seguidores de Dean Koontz.
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