Monthly Archive for September, 2005Page 3 of 7

Atención OBRAS

No se extrañen si esta tarde esto no funciona. Voy a mover la bitácora a un nuevo servidor y estas cosas nunca van bien. Espero que el cambio sirva para darle estabilidad a la página, que últimamente el servidor en donde está alojado se cae día sí y día también.

Actualización: ¿Ves algo raro? Avisa con el formulario para contactar que está en el menú. Me parece que “casi” todo va bien.

La peluquería

Todo ser humano que se precie respeta a su peluquero por encima de todas las cosas. No hay nadie que tenga una misión más sagrada que aquellos que han de tocar nuestros cabezones y apañarlos para que estéticamente resultemos agradables a la parroquia. Ya seas hombre o mujer, tendemos a mantener unos vínculos sagrados con estos mensajeros del señor que después de escuchar nuestras indicaciones, hacen lo que les da la gana. Algunos son infieles y los traicionan con desconocidos. En esto pasa como con el sexo, que siempre hay mala gente que no tiene suficiente con lo que le ha tocado y trata de mojar en plato ajeno.

Yo predico con el ejemplo. Llevo desde los diecisiete años yendo al mismo. Jamás, repito, JAMÁS lo he traicionado. Cuando me mudé a los Países Bajos, puse a Dios por testigo que nunca faltaría a mi promesa y así estamos hasta hoy día. Yo acudo a las Canarias al menos cinco veces al año para pelarme y ver a la familia y amigos. Mi peluquero sabe que sobre mi cabeza no han habido otras manos cortando mi pelo. He tenido ofertas muy tentadoras que he rechazado sin un segundo pensamiento. Hace años, la chola Patricia se ofreció a pelarme y calibrarme lo que se prestara gratuitamente. Aquellos que me seguís desde el principio la recordaréis. La chola Patricia era el putón aquel que parecía un gremlin y con el que salíamos al principio, la misma que secuestró a una peruana para usarla como empleada del hogar y prostituirla. Todo lo que os diga de esta zorra es poco. A ella no le conocíamos oficio y a su peluquería ilegal no acudían ni los mosquitos. Vivía como una reina con los aguinaldos que conseguía poniendo el coño en bandeja a viejos verdes y pervertidos varios. Además de esta pájara, han habido varios intentos de rectificarme la peluca y siempre los he rechazado. No todos pueden decir lo mismo. Yo cada año en diciembre me transformo en El Pelos y juego con la melena como ya os he mostrado también aquí y aquí. Si rompiera mi palabra, esto no sucedería pero me niego a faltar a ese juramento sagrado.

Todo esto viene a cuento porque algunos de mis amigos no son como yo. El chino, sin ir más lejos, cambia de peluquería en cada ocasión. Nunca está satisfecho con el pelado escupidera que le hacen, que siempre es el mismo. El asiático acabó con los barberos turcos de la ciudad y ahora está haciéndose la gira de las peluquerías regentadas por holandeses. En estas paga un montón y el resultado es siempre el mismo. Cuando viaja a China se niega a que lo pelen allí, aunque pienso que debe ser porque su antiguo peluquero debe estar esperando a que se siente en la silla para rebañarle la garganta por traidor. Al menos eso es lo que yo haría.

Otro pájaro que tal baila es el turco. A pesar de visitar su país con cierta frecuencia, traicionó a su peluquero y se buscó otro en Hilversum. Al menos lo buscó de su raza, la hereje. Solía ir por allí una vez al mes para que lo retocara y practicar su hereje idioma. Cuando el hombre se mudó a Ámsterdam, olvidó rápidamente a su nuevo peluquero y se buscó otro turco en su zona. En Holanda es tarea fácil ya que casi todos los peluqueros de establecimientos para hombres son de la raza otomana, mientras que las peluquerías de mujeres están regentadas por hembras y miembros del club de los julandros. El nuevo está cerca de su casa, es barato, turco y hetero, con lo que cumple todos los requisitos exigidos. Decir que aquí en estas tierras, si el peluquero tiene una manchilla de aceite en el suelo normalmente quiere decir que es caro, estiloso y altamente peligroso. Hará lo que le salga de la pipa del eso porque es un artista. Por eso es conveniente y necesario el evitar a estos como a la peste bubólica. El turco comenzó con su rutina mensual y todo parecía ir bien hasta el otro día.

Quedamos para ir de compras por el centro de Ámsterdam en sábado. Dos JUÁS como nosotros se tienen que dejar ver por tiendas de moda observando de forma intensa las nuevas colecciones y juzgándolas con sabios movimientos de cabeza y de ser posible, poniéndonos la mano para que cubra la boca, que es la postura que da un mayor toque de sabiduría. En muchas de esas tiendas creen que somos clientes potenciales y nos invitan a café con pastas, por lo que encima merendamos por la jeta. Siempre vamos vestidos con los vaqueros rotos y con las camisetas más arrugadas, que es la moda actual y así nos toman por lo que no somos.

Entre dos de esas tiendas de ropa de usar y tirar a precios abusivos había una peluquería. Las dos tías que acondicionaban las cabelleras eran dos chochas de rompe y rasga, dos tías capaces de empalmar hasta al miembro de la Curia más frío y julandroso. Nos quedamos abobados mirando a través del escaparate mientras aquellas dos diosas esculpían sus obras, con esos pezones turgentes saltando delicadamente, esos labios siliconados moviéndose al ritmo de Dios sabe que bellas palabras y esos ojillos verdes brillando como luceros. A veces me asusta el saber lo fácil que es caer en un estado de abobancamiento. Sólo hace falta un cuerpo de yogur. El turco se restregó la erección contra el cristal del escaparate y allí mismo decidió traicionar a su peluquero. Traté de disuadirlo pero no hubo forma. Él se tocaba aquella cosa entre sus piernas y razonaba que o entrábamos y se dejaba hacer por aquellas tías o tendría que fornicar de nuevo con la gata de los vecinos. Vista la alternativa, pasamos al local y de inmediato ambas nos regalaron una de esas sonrisas blancas que derriten el casco polar. El sitio estaba decorado en plan moderno, eufemismo con el que ocultamos esas decoraciones de revista barata que deberían ser constitutivas de delito. Las sillas para los clientes eran como enormes tupperwares de colores, bastante incómodas. Una de las chicas detuvo su faena y se acercó a hablar con nosotros. El turco le explicó el plan: pelada y lo que se tercie que para eso estaba el miembro ya preparado. Ella nos evaluó de arriba a abajo, nos lanzó una de esas miradas deliciosas, volvió a su cliente y gritó: Ramiraaaaaa, sal que tienes un cliente. Se oyó movimiento en la trastienda. Ambos nos preparamos para ver a la diosa máxima, la hembra que sublima la raza nórdica y la lleva a niveles de leyenda. Cerré los ojos para limpiar mi cerebro de imágenes y poder grabar el momento para la posteridad. Se abríó la puerta y salió Ramira. Un hombre. O mejor dicho, algo. La Ramira era un pervertido o lo más parecido a uno que he visto en mi vida. Un tiparraco con melena ondulada a lo Rocío QueAsco, con la cara toda pintarrajeada, una perilla a lo Metrosexual de mierda, unas patillas haciendo el rizo de una folclórica y lo peor de todo, unos implantes en las falsas tetas siliconadas que dejaba ver claramente por su camisa de vuelos abierta y entre ambas tetas un mechón de pelo en pecho. Podéis retroceder y volver a leer la descripción porque no pienso repetirla. Algo espeluznante, una mezcla entre tío de Martes y trece y María del Norte. Las uñas eran largas, estaban pintadas y parecían garras de aguilucho.

A mí me dio un repelús instantáneo y de inmediato sentí pena por mi amigo, el cual tuvo que sufrir en carne propia como su erección se iba a hacer puñetas. La lagarterana aquella lo agarró, lo fijó a una silla, le pegó la boca a la cara para escuchar de labios otomanos cual era el pelado deseado y después, entre sobeteos, gemidos y palmadas, ejecutó su faena. Os confirmo que lo peló como le salió de la punta del nabo. El turco trató de rectificar algunos intentos de destruir su cabellera pero ante los oídos sordos del artista terminó desistiendo. Cuando acabó con él era otra persona, hundido, caído en los lodos de la desesperación.

Aún quedaba otra sorpresa por llegar. Cuando le dijo el precio de semejante atropello se nos hizo un nudo en la garganta a ambos. Cuarenta y cinco euros. Es el precio del artisteo de aquel mariponsón. Un inútil con menos arte que cualquier político español le levantó dos billetes de veinte y uno de cinco por perpetrar una escabechina en el rubio pelo de mi amigo el turco. Aún sigo riéndome de su aspecto cuando lo veo. El hombre no dice nada, pero seguro que no vuelve a serle infiel a su peluquero.

La semana pasada en Distorsiones

Una semana más el repaso a lo sucedido por estas tierras. Esta vez comensaremos por el Cine, esa pasión que tan caro me sale. He visto un par de peliculillas: Cinderella Man y The Dukes of Hazzard – Dos chalados y muchas curvas. Sobre la primera deciros que es un clásico y que deberíais verla YA mismo. La otra, la comedia, estuvo entretenida.
 
Los Desvaríos nos traen temas candentes y que nos preocupan a todos. No os perdáis Equilibrio cósmico que no es más que un nuevo episodio de las aventuras de mi amigo el turco y Cagones de oficina en donde se trata en profundidad ese tema tan candente y que tanto nos preocupa.
 
Me he tomado unas vacaciones en el relato de las vacaciones americanas, pero han seguido apareciendo fotos del American Tour 2004. Esta semana han sido: Casa de Anne RiceTronco de ciprés, Ciprés y hombre, Caimán y En el Swamp. También he aprovechado para organizar las fotos del Amsterdam Gay Parade en su propio Álbum de fotos del AGP.
 
Sobre Mi mundo hemos hablado de Los intríngulis de la hipoteca y Estás nominado o como preparar la mudanza desde villa cagón a villa meona.
 
Finalmente, la grandiosa saga der Dani vuelve con un nuevo episodio: 9. Las verdades de los amigos der Dani . Esta saga consta de las siguientes partes: 
1. Todos queremos ser como er Dani
2. Conozcamos ar Dani
3. Lugareños der Dani
4. Conocidos der Dani
5. La Carmen, hermana der Dani
6. Er Dani y la metrosexualidad
7. Camino del restaurante con er Dani
8. La Gayola y los amigos der Dani.
9. Las verdades de los amigos der Dani.

Estás nominado

A tres semanas de la firma de la hipoteca estoy embarcado en una criba de todo lo que hay en mi casa para decidir qué cosas pasan a la siguiente morada. Es una operación similar al Gran Hermano. Ataco un rincón y lo primero que hago es nominar a todo el mundo. Luego, los que no superen las nominaciones serán invitados a abandonar la vivienda y los otros consiguen un puesto para el viaje. Ya han caído cientos de kilos. Es increíble lo que he podido acumular en cinco cochinos años. Sólo en la cocina tiré decenas de productos caducados que se habían refugiado en los fondos de los cajones, medicinas que pasaron a mejor vida en el 2003 y que seguían aparentando normalidad, electrodomésticos que jamás volveré a usar como la cutre-máquina para hacer arroz, trasto por el que no pagué casi nada y que cuando empleas descubres que es una fuente de chorros de agua hirviendo hacia todos lados.

Mi ordenador se ha aligerado bastante. La impresora que compré para imprimir el currículum que me sirvió para conseguir este trabajo ha pasado a mejor vida. Fue lo único que se imprimió en ese trasto en toda su existencia. Llegó a mi casa, dio el Do de pecho y ahora sale por la puerta pequeña, escondida dentro de una bolsa de basura. Lo mismo se puede decir del escáner que usaba como reposapiés. Me lo traje desde España en el 2000 y jamás lo llegué a instalar en mi equipo. Ahora por fin descansará en paz. En una caja encontré decenas de especificaciones técnicas incluyendo todas las de mi viejo ordenador y cables de todo tipo. A los cables los perdoné porque si te hace falta alguno siempre hay que pagar bastante pero los manuales siguieron el caminito de la impresora.

En este lustro he tenido tanta formación a cargo de la empresa que han sido necesarias unas seis bolsas para meter todos los archivadores, libros y demás productos residuales frutos de mi educación. Uno va a los cursos pero jamás vuelve a tocar los apuntes y los libros que le dan en ellos. No sé ni por qué nos los entregan, si no los vamos a usar y ellos lo saben. Mirando los nombres de los cursillos alucinaba con las cosas que supuestamente sé. Mis cinco años de vida Nórdica me han permitido recibir más contenido que los años universitarios en los que mi cerebro era adoctrinado por esos cagones y putarracas que lamían culos y no tenían ni puta idea de nada. Algunos los llamaban profesores, ensuciando esa legendaria palabra. Definitivamente lo que aprendía por aquí arriba es de más calidad e infinitamente más útil.

Mi armario no podía escapar a este escrutinio. Tengo dos bolsas llenas de camisas que no uso, pijamas antiguos, pantalones que jamás volverán a cubrir unas piernas peludillas, jerseys de lana que no sirvan para el frío viento nórdico, zapatos descartados y demás.

Aún no he terminado. Cada semana habrá nuevas rondas hasta que el día ocho de octubre, en la final, los ganadores lleguen a nuestra nueva casa. Allí volveré a acumular cosas y con la cantidad de espacio que voy a tener, sólo Dios sabe como acabará aquello.

En el Swamp

En el Swamp

En el Swamp, originally uploaded by sulaco_rm.

Hay una tendencia monocromática en las ciénagas alrededor de Nueva Orleáns que llega a resultar enfermiza. Todo es verde. Animales, plantas, agua, todo. Parece que alguien se olvidó de usar los otros colores y han terminado homogeneizando el entorno.

Llama la atención del visitante esta saturación de un solo color. Te sientes incómodo tras cierto tiempo, notas la ausencia de algo, aunque no sabes qué es.

Cagones de oficina

Llevo años prestando atención y nadie habla de un tema que para mí es fundamental. No aparece en las noticias, ni en los programas esos de sobremesa en los que cuatro pelanduscas y tres mariquitas despellejan sin rencores al capullo de turno, ni siquiera en los documentales que dan a horas intempestivas para justificar la calidad de una programación desastrosa. Se trata de algo muy serio y que todos vemos continuamente en nuestros trabajos, esos lugares en los que derrochamos al menos un tercio de nuestro día tratando de justificar el dinero que alguien ingresa en nuestras cuentas bancarias a final de mes.

Son los Cagones de oficina. Estaréis pensando en esos cabrones que os hacen la vida imposible en el trabajo, que se aseguran de que lo paséis mal y que parecen sólo encontrar placer en vuestro sufrimiento pero desde ya os digo que estáis equivocados. Yo me refiero a los auténticos Cagones de oficina, esos que en algún momento del día van al baño a defecar, jiñar, hacer de vientre o como queráis llamarlo. ¿Cómo puede alguien abandonar la seguridad del hogar y salir a esos mundos de Dios para obrar en lugares ajenos? ¿Qué los lleva a realizar estos actos incomprensibles? ¿Cuál es su beneficio?

Son gentes aparentemente normales de las que nunca sospecharíamos, que de repente se van al baño, se encierran en la letrina y echan los restos tranquilamente. Ellos saben que están obrando erróneamente, que lo suyo no es correcto y cuando casi han terminado y alguien entra en el baño a mear, se quedan parapetados tras esas puertas, pujando y esperando a que los otros se vayan para poder salir. Se avergüenzan de sus actos y por eso tratan de permanecer en silencio en sus escondrijos después de haberse quedado tan a gusto.

A veces están tan concentrados que cuando entras en el baño no te oyen y siguen apretando y oyes sus bufidos, oyes esos peíllos que se les escapan con el esfuerzo y te los puedes imaginar allí dentro, en esos cubículos, agarrándose a ambas paredes con las manos mientras aprietan para expeler los desechos y se les achinan los ojos al presionar. Cuando tienen éxito, cuando lanzan su carga hacia los insondables abismos del retrete, siempre culminan la proeza con un bufido. Si en esos momentos carraspeas o haces algún ruido, ya que tú sigues meando allí dentro, a un metro escaso de distancia, se callan súbitamente y tratan de hacerte pensar que no están allí, a pesar de que podemos oler perfectamente el fruto de su trabajo, es mierda que están descargando.

Lo malo es que los Cagones de oficina son reincidentes, vuelven a caer día tras día en este pecado capital, necesitan su dosis diaria de emoción y abochornamiento. Controlan los alrededores del baño para lanzarse a él cuando está libre con la esperanza de que nadie los vea. Por desgracia para ellos estamos nosotros, los Guardianes de la puerta, los encargados de restaurar el orden en este universo tan mal planificado y llevamos nuestra misión sin prisas pero sin pausas. Cuando detectamos a uno de ellos y calculamos que están próximos a terminar, entramos en el baño a lavarnos las manos o a echarnos un pis en medio de su faena para cortarla de raíz y ponerlos en guardia. Ellos se mantendrán en sus oscuros escondites esperando que nos vayamos para salir, conscientes de su mala obra. Aguantamos en el baño durante un tiempo anormalmente largo para ver si así se atreven, algo que no sucederá. Si tenemos un compinche, el compinche llega tras un par de minutos y entablas una conversación casual allí dentro, conversación que durará cuanto sea necesario. El sujeto que estamos acosando se desesperará, se tendrá que subir los pantalones y seguir allí dentro. En algunos momentos de tu conversación crearás instantes en los que parezca que ya la vais a terminar y marcharos para crear al otro falsas esperanzas. Es obvio que no la acabáis y que seguís allí hasta que salga el cagón de oficina.

El espécimen, al rendirse y bajar la cisterna, abrirá la puerta con una sonrisa de circunstancias. Nosotros, los Guardianes de la puerta le lanzaremos una mirada reprobatoria y con gesto de disgusto diremos: Oh, maaaaaaaaaan! Esta sentencia de condena se puede acompañar del gesto de llevarnos los dedos a la nariz para taparla. Da igual que el cagón de oficina sea un jefillo o un lameculos, allí están en vuestro terreno y esta batalla la tienen perdida de antemano. Tenemos que conseguir que cada uno de ellos obre en su casa y se deje de realizar este tipo de actos en el ambiente laboral.

Para los reincidentes, esos que parecen no aprender existe una variante. Cuando el sujeto se encuentra en el lugar del delito, conseguís un grupo de compañeros y montáis la conversación en la puerta del baño, procurando hablar en alto para que os pueda oír. Al salir, si tiene los redaños de hacerlo, tendrá que vérselas no con uno o dos, sino con ocho o nueve personas. Si alguno hace un buen comentario mejor que mejor. El cagón de oficina correrá a su sitio sin mirar atrás, avergonzado, sabedor de que lo que ha hecho está muy mal. Tres de esos encontronazos y os garantizo que cambiarán sus hábitos.

Estáis invitados a formar parte del club de los Guardianes de la puerta y ayudarnos en esta cruzada para erradicar de una vez y por siempre jamás a los Cagones de oficina.

Álbum de fotos del AGP

Un par de tetas

Este es el álbum con las fotos del Ámsterdam Gay Parade del año 2005 y del 2007. Ya sabéis como funciona la cosa, al hacer clic en ellas iréis a la anotación correspondiente. Hay más información sobre Amsterdam y Holanda en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda.

Un par de tetasAmnesty InternationalPicapiedras RosaSing, Baby, sing!
Keep on dancing!Hot chicksIt's a gay, gay, worldPyjama Parties!
Apaga mi fuegoA veces veo coñosPrincesas de MordorMariconeo fino
Posando con glamourLa belleza exteriorMundo DiscoLa danza del palo
Toma y dacaI will surviveCasi como en carnavalGran Final

Los intríngulis de la hipoteca

Ya me he cansado de explicároslo así que lo pongo aquí y quizás algún día lleguéis a entenderlo. Lo de mi hipoteca holandesa es como el misterio de la Divina Concepción, inexplicable e incomprensible. Tenéis que abrir vuestros chacras y tener fe.

La hipoteca consta de dos tramos ya que fue construida de esa forma. Utilizo el verbo construir porque es el que figura en la documentación en holandés. El primer tramo es una hipoteca que permitirá recuperar el 70% del precio de la casa tras treinta años. Está basada en fondos de inversión y demás morralla económico-bolsística de la que no tengo ni pajolera idea. Lo que sé es que dentro de treinta años eso debería haber generado ese porcentaje del dinero que me presta el banco. Pondré todos los años unas velas al buen Dios para que me ayude a conseguirlo. En caso de que el mercado bolsístico vaya mejor de lo esperado, pues mejor que mejor. El rendimiento de esas inversiones está calculado en un 8% anual y se supone que es muy conservador.

El segundo tramo de mi hipoteca es del tipo Aflossingvrij o de Interés únicamente. Cubre el 30% del dinero que me dan para comprar la casa. En este tramo, sólo pagaré intereses por el dinero durante treinta años. O sea, pensemos esta compleja idea uno o dos momentos más. Dentro de tres décadas, el 7 de Octubre del 2035 yo le tendré que pagar al banco ese 30%. Ahora bien, ¿dónde vivo Yo? En Holanda, país en el que los salarios suben con más alegría que en el reino de los 900 Eurolos, lugar conocido como España. Así que ese treinta por ciento en esa época no debería suponerme un gran estipendio (por no contar que la otra parte de la hipoteca me puede dar una alegría y cubrirlo todo).

¿El por qué de este sistema? Bueno, en Holanda te devuelven impuestos por los intereses pagados para la hipoteca, pero no por el capital amortizado. Así que las hipotecas ”clásicas” no interesan porque no desgravan fiscalmente. Para que os hagáis una idea, la desgravación iguala el tipo impositivo. Yo tengo un tipo impositivo de alrededor del 41%, es decir, de mi salario bruto el 41% se lo comen los impuestos para pagar carreteras en España, Portugal, Grecia, Polonia y próximamente Turquía. Al tener una hipoteca, del dinero que pago en intereses, el Estado me devolverá el 41%. Esa desgravación se hace mes a mes e inmediatamente después de que el banco se cobra el recibo de la hipoteca. Por la mañana el banco me pega el sablazo con el recibo y por la tarde el estado me restituye lo que corresponde. Así que el neto de mi hipoteca es un 41% menor que el bruto.

Espero que os hayáis quedado aún más confundidos de lo que estabais.

Caimán

Caimán

Caimán, originally uploaded by sulaco_rm.

Unos que se lo pasaron pipa en las inundaciones fueron los caimanes, con tanta carne disponible para su uso y disfrute y esas nuevas áreas inundadas para extender territorios y expandir sus ambiciones políticas.

Ya lo dice la canción: Se va el caimán, se va el caimán, se va para …