Archivo de September, 2005

Lafitte’s Blacksmith Shop

Lafittes Blacksmith Shop

Lafittes Blacksmith Shop, originally uploaded by sulaco_rm.

Ahí donde lo veis, la tienda de Lafitte’s Blacksmith es un monumento nacional norteamericano. El edificio data del siglo XVIII (dieciocho para los que no saben leer aquello de equis, uve, palito, palito, palito). La leyenda dice que está relacionado con el pirata Jean Lafitte, pero es muy probable que no sea cierto. El edificio está en la calle Bourbon y es un bar, por si queréis pasaros y tomaros una cerveza en honor del pirata.

Dark Water - La Huella

Dark WaterEl cine norteamericano está exhausto de ideas. Después de tratar de canibalizarse a sí mismo y volver a filmar viejas películas, ahora han mirado hacia afuera y han comenzado a rehacer cine de otros países, con sus actores, directores y demás. En el área del terror y el misterio andan cribando el cine japonés y repitiéndolo todo. Para el americano medio, esos que desconocen que existen otras culturas, otros idiomas y otros mundos tanto o más interesantes que el suyo, esta es la única forma de digerir esas películas. El ejemplo de hoy es Dark Water, título que sufrió una horrenda transformación al traducirse al español y quedó como La huella. Espero que el hijoputa que lo hizo arda en el infierno eternamente.

Aunque se vende como una historia de terror, es más de angustia. Trata de una mujer que recién se acaba de divorciar y tiene que buscar casa y trabajo para ella y su hija pequeña. Su marido se ha mudado a otra ciudad y está un tanto agobiada. Consigue un apartamento en un edificio cochambroso de un barrio de quinta división en la ciudad de Nueva York. La casa deja mucho que desear y para colmo de males, parece que pasan cosillas extrañas. Tanto la madre como la niña irán implicándose en una historia que no puede tener un final feliz.

Para dirigir la versión americana escogieron al brasileño Walter Salles, al que muchos recordaréis por esa excelente película que es Diarios de motocicleta. El hombre ha conseguido articular una historia bastante decente, aunque creo que fallan al tratar de venderlo como cine de terror, ya que si hay algo que no da es miedo. La lluvia constante, los tonos grises, el ascensor, los pasillos del edificio, todo ayuda para crear un ambiente muy cargado y en el que se respira sufrimiento. La madre de la niña es la divina Jennifer Connelly, que se trajo las dos tetas esas que tiene y que aunque no las saca, se intuyen bajo la ropa. La chica es lo mejor de esta historia. Sufre, ríe, trabaja, corre, llora y siempre con ese pecho esplendoroso con el que ya nos deleitaba hace veinte años. La madurez la ha vuelto muy interesante. Su trabajo en la cinta es más que correcto. Su hija la interpreta una tal Ariel Gade, a la que todos en el cine envidiamos su periodo de lactancia, esos meses en los que se colgaba de esas tetas de leyenda. Hay algunos protagonistas más pero paso de nombrarlos. Con estas cuatro os basta.

Si comparamos la versión japonesa y la americana, me quedo con la original porque era capaz de mantener la tensión de una forma más eficaz. En la japonesa, la mancha en el techo era mucho más agresiva y tenebrosa que en esta versión, la lluvia daba más miedo, el edificio impresionaba más y las actrices, tanto la madre como la hija, daban más el pego. A pesar de esto, he de decir que no está nada mal y que se puede ver sin muchos problemas. Como es terror del ligero os podéis llevar a esos intelectuales que siempre os dicen que no les gustan las películas de miedo. Comprad palomitas y que os lo paséis bien.
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Tranvía en Saint Charles Avenue

Tranvía en Saint Charles Avenue

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En Nueva Orleans nos movíamos en tranvía. Nuestro B&B estaba en el Lower Garden District, la zona señorial y de casas enormes que se construyó cuando los americanos compraron el territorio a los españoles. Al contrario que el French Quarter, aquí hay cuatro casas por manzana y tienen grandes jardines. Siempre tomábamos el tranvía de St Charles Avenue, un trasto con gran solera en el que había que pagar con el precio justo. Iba siempre lleno de gente, mayormente turistas como nosotros. Al llegar al centro de la ciudad, nos dejaba en Canal Street.

Capítulo Octavo: Nueva Orleans 4

Lo bueno que tiene el leer esto por entregas es que uno tiene tiempo para olvidarse de las historias anteriores. Aún así, hay gente que llega inmaculada a este punto y esos deberían saber que como todo, esta historia tiene un comienzo. En primer lugar deberías leer London Heathrow y después continuar con Capítulo primero. El comienzo en donde se habla del viaje, Capítulo segundo: Plantation Country y como cruzamos este territorio de plantaciones yendo hacia Baton Rouge, Capítulo tercero: Cajun Country 1 y nuestro primer contacto con el Swamp, Capítulo cuarto: Cajun Country 2 y el segundo contacto con el Swamp, Capítulo quinto: Nueva Orleans 1 y nuestro primer día en The Big Easy para continuar con Capítulo sexto: Nueva Orleans 2 y finalmente llegar a Capítulo séptimo: Nueva Orleans 3.

Cocodrilo blancoNuestro cuarto y último día en Nueva Orleans era un sábado. El congreso había terminado y este último día se planteaba más relajado. Lo comenzamos desayunando en el Café du Monde un café con leche con Beignets. Después hicimos el tour del centro de la ciudad, que yo tenía muy trabajado y le di los detalles básicos al colega. Más tarde se nos unió uno de los asistentes al congreso de cosmetología, taquicardias y otras fornicaciones y seguimos la ruta juntos. Decidimos visitar el Acuario de las Américas, que está junto a la plaza de España, el hotel Hilton y el centro de Convenciones, al final del distrito de negocios. El edificio es imponente con un diseño muy vanguardista. En su interior habían tiburones, cocodrilos incluyendo uno blanco, caballos de mar, medusas, ranas y cualquier pescado que se os ocurra. Espero que aquello tenga grupo electrógeno y que haya gente manteniéndolo porque si no habrán muerto miles de animales. Estuvimos un par de horas visitándolo y de paso nos vimos una película en el cine Imax que hay en su interior. A posteriori llegamos a la conclusión que no mereció la pena. Podríamos haber aprovechado ese tiempo mucho más haciendo otras cosas. Me imagino que para un niño debe ser algo espectacular, pero para nosotros no pasó de una atracción turística destinada a sacarte los cuartos. Supuestamente es uno de los cinco mejores acuarios de los Estados Unidos.

Hola, ¿cómo estas?Mientras hacíamos la visita yo ya había avisado a mi profesor de cocina Criolla y había quedado con él para cenar, aprovechando su invitación. De alguna manera nos las apañamos para pasar el día y a media tarde, volvimos al Bed & Breakfast (aunque sin desayuno) y el hombre pasó a recogernos a la hora acordada. Tenía una ranchera de esas típicas americanas. Hasta ahora no lo he dicho para no alarmar a la hinchada, pero el colega era de raza julandra o como dirían algunos del Opus Dei, tenía comportamientos sexuales aberrantes. Yo repito aquí lo que digo siempre para que quede claro. De tu culo has un florero. Me la trae al fresco la orientación sexual de la gente. Cada uno es bien libre de hacer lo que quiera en su cama, siempre y cuando sea con mayores de edad. El hombre era muy simpático y eso es lo importante. Después de recogernos nos dio un paseo en coche por el Lower Garden District, la zona por la que estaba la casa de Anne Rice y de la que he hablado en el primer día en Nueva Orleans. Mi amigo no la había podido ver, así que le sirvió de tour sucio y rápido. Esa tarde habían unas nubes bien negras y se veía que iba a caer una buena tormenta, se podía respirar el agua en el aire. Había un calor dulzón, pegajoso, que nos hacía movernos lentamente. Cuando paramos delante de la casa que compró una pareja de homosexuales por diez millones de dólares dejé caer el dato, aunque esta es una forma muy suave de definir mi comentario más del estilo de este edificio es la Sodoma y Mangorra de la calle con dos hombres viviendo en pecado mortal y realizando actos contra-natura en la soledad de su dormitorio. No fue exáctamente así, pero similar. El efecto fue el deseado. Nuestro conductor salió del armario y nos dijo que él también jugaba a bastos en la baraja. Yo tengo una sonrisa encantadora cuando quiero y aproveché ese momento para desplegarla y decirle que nosotros éramos más de Copas y que nos parecía fantástico que él fuera tan abierto con sus gustos sexuales. Os preguntaréis a qué venía la cosa pero es que es muy importante el poner las cartas sobre la mesa antes de que hayan malentendidos. Ahora que todos habíamos visto las cartas, la cosa fue como la seda.

Cenando en el Jacques-Imo’s CaféLlegamos al restaurante y estaba más lleno que las bragas de la cantante de Mocedades. Él se fue adentro a hablar con el chef, dueño y amigo y de paso nos consiguió unas cervecillas. El local se distribuye entre dos edificios y también tienen unas pocas mesas en la calle. La más espectacular es una que está sobre un Pick-up, una de esas furgonetas abiertas en la parte trasera. La furgoneta está pintada en plan hippiento y sobre ella pueden comer cuatro o seis personas. Al rato de estar allí salió el chef en persona a saludarnos. El hombre es una celebridad en Nueva Orleans y el hecho de que viniera a darnos la bienvenida levantó murmullos de malsana envidia, que la gente es muy mala. Justo una de las mesas de la calle se había quedado vacía y le correspondía a un hombre con sus dos hijas. La mesa era redonda y bien grande, con capacidad para seis personas. El chef habló con ellos y les preguntó si no les importaba compartirla con nosotros tres. En circunstancias normales seguro que se niegan, pero cuando es uno de los arcángeles de la cocina el que te lo pide, sonríes, le besas las uñas negras de los pies y le dices que sí asintiendo con la cabeza repetidamente. Nos sentamos con ellos. El tipo era normal e incluso una de sus hijas. La otra pobrecita debió sufrir algún tipo de contaminación en su infancia y había evolucionado hacia los gustos y formas de vestir de los miembros del grupo The Cure. Era como una mezcla entre caniche, fantasma y pared de color beige. El pelo corto no la favorecía nada, la ponía en el reverso tenebroso de esas lesbianas que suplen su carencia de un buen pene con el aspecto. Para pedir, el chef nos dijo que él nos hacía la elección y nos traería cosas muy muy especiales y nuestros compañeros del otro lado de la mesa dijeron que ellos querían de todo lo mismo, o sea, cuarto y mitad.

Friendo cangrejos en el Jacques-Imo’s CaféNos trajeron los entrantes entre los que destacaba un pan de maíz que te provocaba multitudinarias corridas de lo bueno que estaba. Jamás he conseguido hacer un pan de maíz decente y esa es una espina que tengo clavada en mi orgullo. Espero poder hacerlo algún día. Cuando estábamos devorando los entrantes se abrieron las compuertas del cielo y comenzó a llover a granel, uno de esos chubascos tropicales con gotas del tamaño de nueces. Nuestra mesa estaba a la intemperie y no había donde protegerse. En el otro lado de la calle había una galería de arte con un grandioso toldo y nuestro amigo fue a hablar con la dueña, a la que también conocía y le pidió permiso para que pusiéramos nuestra mesa allí. Otorgado el permiso, agarramos la mesa entre todos, cruzamos la calle y nos reubicamos. Estoy seguro que este tipo de cosas no os pasa a ninguno de vosotros y doy gracias a Dios por tener un testigo porque seguro que más de uno dice que exagero. Cuando el camarero salió a la calle se encontró que nuestra mesa había emigrado. Como era redonda, uno de nosotros quedaba más desguarnecido que el resto y aunque seguro que pensáis que me tocó a mí, Yo soy un poco más espabilado y me coloqué por la parte del escaparate. El pobre desgraciado que se tuvo que poner por fuera era mi amigo. La camarera nos trajo los platos principales en medio de una tromba de agua. Los traía cubiertos para que no se mojaran, aunque no se puede decir lo mismo de ella, que iba en plan camisetas mojadas, con las tetas marcándose bajo los finos tules de su ropa. Sus pezoncillos revoloteaban como mariposas saltando de flor en flor y seguro que era consciente de las miradas lascivas de algunos de los de la mesa, incluido el padre de la friki mística, que babeaba más que un bulldog. Lo de las tetas llegó a ser tan escandaloso que en uno de los viajes nuestro anfitrión le dijo a la chica que a ver si mandaban también a un camarero macho que en esa mesa habían personas con otros gustos sexuales. Como la lluvia no cesaba, mi amigo tenía que usar un paraguas para protegerse y era nuestro colega de la raza del julandro el que le cortaba la comida y se la daba con el tenedor. Tengo fotos que no voy a compartir pero os aseguro que fue un momento impagable, con aquel hombre comiendo de la mano del otro mientras sujetaba el paraguas sobre él.

Banda de Jazz en el Jacques-Imo’s CaféDentro del local había una banda de Jazz tocando y en uno de los viajes el hombre se quejó a la camarera de que nosotros éramos clientes de segunda sin música ni nada. La chica volvió con su camiseta mojada y a los dos minutos aparece el Chef al frente de la banda de Jazz, cruzaron la calle y nos dieron un concierto de veinte minutos para nosotros, los de otra mesa que nos habían copiado y la dueña de la tienda. Si hay un momento mágico en este viaje fue ese. Una banda fantástica tocando bajo la lluvia, empapándose de arriba abajo mientras nos regalaban un concierto bajo la lluvia. Los premiamos con una gran propina, la más grande que he dado en mi vida y que para evitar comentarios de los lenguarazas de turno, alcanzó los cuarenta dolares. Terminamos de cenar y a la hora de pagar fuimos dentro del local. El chef nos cogió del brazo y nos metió en la cocina en donde nos presentó a todo el mundo incluyendo a su esposa. El cocinero principal me adoptó y me enseñó como hacían los cangrejos fritos, una de las especialidades de aquel local. Si la comida fue increíble y el concierto alucinante, este era el único colofón posible a una velada inolvidable. Salimos del local y Michael nos invitó a tomarnos una copa en su casa. Vivía muy cerca en una de esas casas encantadoras que anteriormente habían sido los cuartos de los esclavos. Tenía una cocina de escándalo, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que es profesor de cocina. Después de un par de cervezas el hombre nos llevó al centro de la ciudad. Nos dejó junto al Superdome, el estadio que sirvió de refugio a los afectados por el Katrina y que luego se convirtió en una ratonera sin ley. Terminamos la noche en Bourbon Street, como era de esperar, tomando cerveza y escuchando música Jazz en vivo.

Este relato continúa en Capítulo noveno: Los isleños en el camino a Bilox

Balcón andaluz en Nueva Orleans

Balcón andaluz en Nueva Orleans

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En el barrio con más solera de la ciudad, el French Quarter, lo que encontramos es un rinconcito de España. Las casas son como las que se pueden ver en los pueblos del sur peninsular, los balcones idénticos a los nuestros. Durante los tiempos en los que Luisiana perteneció a España un fuego destruyó casi por completo la ciudad. El gobierno español dictó una ley por la que se prohibía construir las casas de madera. Esa ley es la que ha permitido que lleguen hasta hoy en día maravillas como la de la foto. Después de que se vendió la provincia de Luisiana a los americanos, se derogó esa ley.

En un lugar con veranos tórridos, los incendios son cosa común. Evitar la construcción usando madera es algo de sentido común, pero como es más caro y en la cultura americana lo que cuenta es el aspecto y no el cómo se hizo, se optó por lo barato y malo.

Bourbon Street (la calle de Borbón) y alrededores son la zona favorita por los turistas para sus visitas y también la parte de la ciudad que se lo debe casi todo a la herencia española. Hay que reconocer que este balcón es una preciosidad.

The Skeleton Key - La llave del mal

A veces el azar juega con nosotros de formas extrañas. La película de la que quiero hablar hoy The Skeleton Key es The Skeleton Key, conocida en español como La llave del mal enmarcada en el género de casa malvada que se ensaña con sus habitantes. Lo curioso de esta película es que fue rodada en Nueva Orleans y alrededores. Las calles y las zonas que mostraban me sonaban familiares y además de ser cine de terror, el hecho de conocer el lugar en el que fue rodada fue un aliciente.

Como película de terror está bien aunque adolece de esos ríos de sangre y esa abundancia de cadáveres que suelen hacer este género tan divertido. En su lugar optaron por una aproximación más hacia el lado del terror psicológico y mayormente les fue bien. La historia es lo de siempre. Chica desesperada acepta una oferta de trabajo cuidando a un viejo en una mansión en el medio del Bayou, los pantanos cenagosos que rodean Nueva Orleans. En la casa se encuentra la mujer del anciano, este y la chica. Pronto empezarán a pasar cosas raras y ella descubrirá que no todo es lo que parece. La atmósfera se irá cargando hasta la traca final.

En el cine de mansiones encantadas una parte importante es la casa. En esta optaron por una mansión sureña de madera, decrépita y ruidosa que da cierta aprensión. Para correr y gritar y luchar pusieron a Kate Hudson, una chocha del martes guapísima que no termina de encajar en un ambiente tan decrépito y que definitivamente no se entiende que con ese cuerpo y esas virtudes tenga que acabar trabajando cuidando a un enfermo terminal. El contrapunto a esta chica lo pone Gena Rowlands, un pedazo de actriz de las de siempre que impone respeto. Es lo que llamaríamos toda una dama. Entre ambas se comen a cualquier otro individuo que ose aparecer en la pantalla. En donde una resalta por bella la otra lo hace por su capacidad para expresar emociones. Ambas fueron dirigidas por Iain Softley, tipo al que los que son viejos como yo recordarán por aquel clásico del cachondeo que fue Hackers, que no recuerdo otra película que nos pusiera a gritar tan fácilmente.

Había que poner un machillo para compensar y en esta ocasión le tocó al para mí desconocido Peter Sarsgaard, tipo que coge las migajas que le dejan esas dos hembras que estaban en pantalla.

En resumen, si te gusta el cine de miedo entonces no deberías perdértela. Es entretenida y no te hacer recordar a la madre de ninguno de ellos. Para los demás, no os perderéis nada si no la veis.
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Catedral de San Luis y general Jackson

Por la noche la iluminación de la Catedral de San Luis le daba a la plaza del general Jackson un aspecto especial. Los colores del cielo en aquel lugar lo hacen muy similar al de las películas de miedo, un cielo que nunca había visto. El general Jackson resalta frente al blanco del fondo como un fantasma de otra época, saludando.

Esa aura de misterio es ahora real. Una ciudad fantasma, asolada, dejada de lado por los que prometieron defender su tierra y su gente y en su lugar optaron por correr a por el petróleo de otros, usando como carne de guerra a los hijos de esa tierra que se alistaron en la Guardia Nacional, un cuerpo que debía defender el país y que se usa para aniquilar otros mientras los niños de los otros quedaban en casa disfrutando del bienestar que les da el tener padres poderosos.

La sociedad americana tiene poca memoria y olvidará pronto lo nefastos que han sido los Bush para su historia. Dos presidentes con un legado de guerras, destrucción, crisis, pobreza, miseria y en el otro lado de la balanza un montón de dinero para ellos y sus amigos. Dicen que al final cada uno obtenemos lo que nos merecemos. La gente de Luisiana, Alabama y Mississippi no se merecen lo que les ha tocado ni se merecen como se les ha tratado después. Nuestro mundo parece estar construido a base de injusticias.

Capítulo Séptimo: Nueva Orleans 3

Una vez cogemos velocidad es muy difícil detenerse. La inercia me empuja a seguir narrando esta aventura. Imagino que estás leyendo esto porque has llegado desde algún lugar de ese vasto océano llamado Internet y deberías saber que como todo, esta historia tiene un comienzo. En primer lugar deberías leer London Heathrow y después continuar con Capítulo primero. El comienzo en donde se habla del viaje, Capítulo segundo: Plantation Country y como cruzamos este territorio de plantaciones yendo hacia Baton Rouge, Capítulo tercero: Cajun Country 1 y nuestro primer contacto con el Swamp, Capítulo cuarto: Cajun Country 2 y el segundo contacto con el Swamp, Capítulo quinto: Nueva Orleans 1 y nuestro primer día en The Big Easy y finalmente Capítulo sexto: Nueva Orleans 2.

El tercer día en Nueva Orleans comenzó con lluvia. Un montón de agua, machacona y persistente caía desde el amanecer. Mi programa para ese día era variado. Por la mañana tenía un curso de cocina criolla en la New Orleans School of Cooking. Ya sé que suena extraño y que seguro que a nadie se le ocurre hacerse un curso de cocina en sus vacaciones pero personalmente lo encontraba muy interesante y entre meterme a ver museos tediosos y que no me dicen nada y aprender a cocinar esas delicias, me quedo con lo segundo. Mi amigo iba a la última sesión del congreso de Cosmetología, paridas y otras historias así que salimos juntos. A pesar de que esperamos un rato largo el tranvía de la avenida de Saint Charles, no se presentó. Desesperados, optamos por coger un taxi para no llegar tarde e ir en el mismo hasta el centro de Convenciones. Desde allí fui andando a la escuela de cocina, ubicada un par de manzanas antes de llegar a la plaza del general Jackson.

Éramos un montón de gente. De nuevo, esos americanos King-size, con cuerpos deformados después de años de maltrato culinario y comidas basuras. Allí el que menos sudaba dos baldes al día. Calle de BorbónPagué y cuando llegó la hora nos fueron llamando para entrar en clase. A mi me pusieron en la primera mesa, cerca del profesor, que estaba en una cocina en alto, en plan cadalso. Llenaron al completo. Habían otras dos clases con grupos privados y también estaban llenas. El menú de ese día constaba de sopa de marisco y maíz de primero, gambas criollas de plato principal y pudding de pan con salsa de whiskey de postre. Además, un segundo postre que serían pralines. Por descontado nos comíamos la comida cocinada. El profesor se llamaba Michael, un tipo muy simpático y oriundo de la zona de Gulfport / Biloxi. En cinco minutos nos tenía a todos riendo y disfrutando de una clase magistral. Habían unos grandes espejos sobre la cocina que nos permitían verlo todo. El hombre hablaba de los productos y daba todo tipo de detalles sobre calidades de verduras, las vitaminas que tenían y demás. Era un poco paranoico porque da la impresión que los americanos le dan mucha importancia al tema pero comen como animales. Preparó la sopa de mariscos y maíz que estaba de morirse de buena. Me puse tibio. Después siguió con el pudding de pan porque dijo que tomaba más tiempo al tener que hornearse. En un punto determinado necesita ayuda del público y supongo que intuiréis a quien sacó. Supongo que el hecho de que yo fuera el más enjuto y el menos sudoroso también ayudó. Me llevó al escenario y me enfrentó a todas aquellas personas. Por supuesto estas cosas son de mucho jijiji y jajaja y de bromas. Yo le seguí el juego y estuvimos cocinando juntos un rato. El me pedía que hiciera algo y yo lo hacía y mientras tanto se metía conmigo y nos reíamos y la gente se lo pasaba bien. Cuando acabó mi momento estelar me senté y seguí atendiendo como público. Al acabar con la preparación y meterlo en el horno, siguió con las gambas criollas. De nuevo me llamó al escenario y allí estaba yo. Esta vez me decía como hacerlo y yo lo hacía todo, para que la gente viera que hasta un europeo era capaz de cocinar. En este momento es conveniente decir que si hay algo con lo que yo no tengo ningún problema es con lo de hablar en público o en un escenario. Puedo estar muerto de miedo que no se nota. Yo le seguí el rollo y tal. Cuando se descubrió que yo era Canario, uno de los Isleños auténticos, se alborotó la cosa. El hombre me vio muy suelto y me dijo que de acuerdo a la legislación de Luisiana, cada cierto tiempo tenía que descansar, así que se iba y que yo continuara con la clase. Me dejó solo y continué cocinando frente a los compañeros de clase y comencé a contarles anécdotas de la cocina española y holandesa. Les expliqué como hacer Stampot Boerenkool, un plato típico holandés y como cocinar gambas al ajillo. La gente respondía bien, se reía con mis bromas y demás. Estuve como diez minutos allí y todo iba sobre rueda. De repente descubrí que el profesor se había sentado entre el público y andaba también fascinado conmigo, escuchando mis explicaciones y mis recetas, mis anécdotas nórdicas y demás. Volvió al escenario y me dió las gracias. Terminamos de cocinar el plato, lo ayudé a repartirlo y por supuesto, la ración más suculenta me tocó a mí.

Para el último plato, los Pralinés no hubo ni que decirlo. Subí al escenario y los hice junto a Michael. Después de cocinados nos los comimos y también el pudding con su salsa de whiskye. Toda la comida fue deliciosa y diré que lo disfruté como un enano. Supongo que a la gente que no le gusta cocinar resulta un poco difícil de entender, pero os aseguro que fue increíble. Al acabar la clase la gente me dedicó un aplauso a la americana, con mucho grito y tal. El profesor me dijo que me esperara y aproveché para comprarme el libro de cocina de la escuela y algunos productos para dar mis pinillos en la vieja Europa. Tengo el libro autografiado y una foto con el profesor. Cuando se habían marchado todos y sólo quedaba una pesada y yo me dió su número de móvil y me dijo que si quería me invitaba a mí y a mis amigos a cenar el día siguiente en el Jacques-Imo’s Café, un lugar que estaba muy recomendado en mi guía Lonely Planet. Esto era como agradecimiento por mi ayuda en la clase, que según él la hizo mucho más divertida. Parece que no siempre hay química.

Salí de allí más contento que una folclórica con castañuelas nuevas y volví al motel. Para esa tarde había planeado la Operación Lavado. Después de siete días en ruta, había llegado la hora de buscar lavandería y limpiar la ropa, que ya estaba con los últimos calzoncillos limpios y yo no tengo el estómago que tiene mi amigo el indonesio por ejemplo para reutilizar ropa sucia, o como mi amigo el holandés, que dice que si los dejas unos días al aire se limpian solos. La dueña del Motel me dijo donde encontrar la lavandería que estaba en la misma calle que nuestro Bed & Breakfast. Trasera de la catedral de San LuísLa tía lo quería saber todo del curso de cocina porque dice que nunca había oído de turistas que fueran a estas cosas. Salí con la mochila llena de ropa a la búsqueda de la lavandería. Después de miles de películas americanas, uno se imagina esos lugares con gran encanto. Al que yo fui nunca llegaron las cámaras de televisión. Era un antro de mala muerte. Nada más entrar me encontré con un tipo en calzoncillos que estaba lavando los únicos pantalones que debía tener. También había un viejillo muy simpático y negro como el tizón. El señor me explicó como funcionaba la cosa y se puso a hablar conmigo. El otro, el que estaba en gallumbos no le quitaba ojo a mi cadena. El anciano se dió cuenta y no me dejó solo. El hombre había trabajado de marinero durante muchos años y había estado por todo el mundo, incluídas las Canarias. Me contó historias de sus aventuras y yo le conté las mías. En medio de la conversación se terminó de lavar el pantalón y la chaqueta del otro y le preguntó al anciano si lo podía poner en su secadora para secarlo. El hombre le dijo que sí y continuamos hablando. Así pasé la hora larga que tardé en lavar las cosas. Uno descubre todo tipo de buena gente cuando viaja por esos mundos de Dios. Por la mañana me lo pasé genial en clases de cocina y ahora por la tarde un completo desconocido me estaba protegiendo de una situación que podía ser comprometida. Cuando terminé de lavar caminamos juntos por la calle.

Beignets del Café du MondeA media tarde me fui al Café Du Monde a merendar. Es uno de los sitios más famosos de Nueva Orleans y os lo recomiendo encarecidamente. Su café con leche y Beignets están de morirse de buenos. Me dí un atracón, como correspondía y después de eso fui a un pub en el que se supone que podía contratar un tour caminando por la ciudad. Era una visita nocturna y muy centrada en crímenes e historias de fantasmas en la ciudad. La guía conocía todo lo malo que había sucedido en el French Quarter desde siempre. Casa embrujadaEn el mismo pub decían que tenían un fantasma. Nos andamos el centro entre crímenes pasionales, fantasmas puñeteros que volvían para aterrorizar a los inquilinos de las viviendas y demás. Fue altamente didáctico y verdaderamente entretenido. Entre las historias que más me llamaron la atención estuvo la de un tipo que prendió fuego a su casa y cuando avisó del incendio no quería que entraran a apagar el fuego. La policía se encontró en los establos a todos sus esclavos atados con cadenas, torturados hasta la muerte. O la de un tipo que mató a su familia y años más tardes el fantasma de su esposa e hijos seguían apareciéndose en la casa e incluso el suyo con la escopeta.

Acabado el paseo había quedado con mi amigo y este me introdujo a un grupo de universitarios españoles que habían acudido al congreso. Estoy siendo muy moderado, pero podéis traducir la frase anterior por frikis, ratas de laboratorio o lo que se os ocurra. Juerga en Bourbon StreetCenamos en un antro en la zona de Bourbon Street, un lugar en el que daba más asco la camarera que la suciedad del local. Por ser más de seis nos cobraban automáticamente un 15% de servicio (o sea propina). Me toca los huevos muy mucho este tipo de cosas. En lugar de esperar que la gente de propina deberían poner sueldos dignos a los empleados. En aquel caso, además, la tipa parecía una yonki y daba hasta miedo el saber que ella era la que nos traía la comida.

Después del avituallamiento pasamos la noche por Bourbon Street, entrando en este y aquel local y bebiendo cerveza.

Somewhere only we know - Un lugar que sólo conocemos nosotros

Artista: Keane
Album: Hopes And Fears
Canción: Somewhere only we know - Un lugar que sólo nosotros conocemos

Caminé a través de una tierra vacía
Conocía el camino como la palma de mi mano
Sentí la tierra bajo mis pies
Me senté junto al río y me sentí completo
Oh Dónde habrán ido las cosas sencillas
Me estoy haciendo viejo y necesito algo en lo que creer
Así que dime cuando me vas a dejar entrar
Me estoy cansando y quiero un lugar donde comenzar

Pasé junto a un árbol caído
Sentí sus ramas mirandome
¿Es éste el lugar que solíamos amar?
¿Es éste el lugar sobre el que he estado soñando?

Oh Dónde habrán ido las cosas sencillas
Me estoy haciendo viejo y necesito algo en lo que creer
Así que dime cuando me vas a dejar entrar
Me estoy cansando y quiero un lugar donde comenzar

Y si tienes un minuto ¿por qué no vamos
Hablemos de ello en algún lugar que sólo conocemos nosotros?
Este puede ser el final de todo
Así que ¿por qué no vamos
a Algún lugar que sólo conozcamos nosotros?

Oh Dónde habrán ido las cosas sencillas
Me estoy haciendo viejo y necesito algo en lo que creer
Así que dime cuando me vas a dejar entrar
Me estoy cansando y quiero un lugar donde comenzar

Y si tienes un minuto ¿por qué no vamos
Hablemos de ello en algún lugar que sólo conocemos nosotros?
Este puede ser el final de todo
Así que ¿por qué no vamos
a Algún lugar que sólo conocemos nosotros?

Este puede ser el final de todo
Así que ¿por qué no vamos
a Algún lugar que sólo conocemos nosotros?