Monthly Archive for January, 2006

ConfuZió-N

Ya que estamos hablando del Chino, aún me queda por contar algo que me ha atormentado desde hace más de un mes. El colega, en su afán por completar su casa y ejercer de manitas jodió las cañerías al echar la pintura restante por el fregadero pensando que eso es algo normal y que se puede hacer. Una mañana se encontró conque el agua se negaba a circular por allí. Después de una evaluación de emergencia le sugerí que contactara con el hombre que ha estado trabajando en mi cocina. Le pasé el teléfono y me olvidé del asunto.

El señor ese estaba poniendo los azulejos de mi estilosa cocina esa semana. Comenzó el día que yo le pasé la información de contacto al chino. Esa noche, muy cerca de la medianoche mi amigo llamó al tipo y comenzó a hablar con él, seguramente después de haberlo despertado y sacado de la cama:

- Problema tengo yo le dijo el asiático
- ¡Ah hola sulaco! ¿No te gusta como están quedando los azulejos? el señor parece que nos había confundido.
- Azulejos problema no ser. Desagüe problema en el fregadero ser. Funcionar no le empetó el chino en su claro y diáfano inglés.
- ¿Cómo que el fregadero? ¿No te gustan los azulejos? ¿No están bien? Mañana completo el resto
- Eso es lo que yo decir. Azulejos problema ser no pero fregadero funcionar no tampoco. Yo querer fregadero reparar y usarlo poder. Usted ayudar puede con sabiduría suya y herramientas. El chino seguía currándose sus exquisitas y excelsas dotes de comunicación.

A estas alturas ambos tendrían que tener claro que algo no iba bien en la comunicación pero entre que uno está acostumbrado a tener que repetir las cosas cinco veces porque la gente no lo entiende y el otro estaba durmiendo hasta unos instantes antes de recibir la llamada, puedo entender que el hombre no sea capaz de distinguir nuestros acentos cuando alguien lo despierta así. El chino, por otra parte, tendría que haberse presentado y explicado el problema, quizás tomando unas notas antes de hacer la llamada para ser más claro con su explicación. Siguieron con su diálogo de sordos:

- Sulaco, ¿qué pasa con el fregadero? ¿No está bien? ¿Y qué me dices de los azulejos? ¿Te gusta la forma en la que los estoy poniendo? volvió a contraatacar el señor manitas.
- Eso es lo que yo decir. Azulejos problema no tener. fregadero funcionar mal. Agua no bajar puede y ayuda necesitar. Azulejos no necesitar cambios, buenos ser. transmitió mi amigo.
- No entiendo, no entiendo. ¿Qué le ha pasado al fregadero? Yo no he hecho nada allí. ¿No estaba bien? ¿Se ha estropeado? volvió a preguntar el hombre.
- Fregadero estropeado estar. Agua no bajar. Eso es lo que yo decir. Ayuda necesitar para reparar. Usted hacer, mañana quizás mirar cuando a casa de Sulaco ir le dijo el chiquillo insistiendo en su jerga pachanguera y galáctica.
- ¿Cómo que cuando vaya a casa de Sulaco? ¿Tú no eres Sulaco? la luz comenzaba a iluminar el camino de este pobre hombre.
- Sulaco no ser. Yo el Chino ser. fregadero usted arreglar. Eso es lo que yo decir.
- ¡Oh Dios mío! Vale entonces, mañana hablo con Sulaco y me entero del asunto. Buenas noches y hasta mañana le dijo el hombre.
- Eso es lo que yo decir. Hasta mañana

Al día siguiente hablé con el hombre y me lo contó todo. Él no sabía por qué yo estaba tan preocupado por el fregadero y por qué no parecía importarme lo de los azulejos, que era lo que estaba haciendo en mi cocina. Le tuve que contar el problema del Chino porque si el otro se lo explica, acaban ambos arreglando lo que no es. Después de esta desastrosa conversación le advertí que pasara lo que pasara no comiera nada que le ofreciera el Chino por su propia seguridad y por mi conveniencia que aún le quedan cosas por hacer en mi casa y no quiero que mi amigo me lo retire antes de tiempo.

Y esto fue lo que pasó el día que mi amigo el Chino decidió hablar con el señor que trabaja en mi casa y complicarlo todo.

Tulipanes Sulaco y Distorsiones en el club de las 500



Tulipanes Passionale y Yokohama, originally uploaded by sulaco_rm.

Y otros que entran a formar parte del club de las 500. Estos tulipanes me los dediqué hace unos meses cuando estuvimos renombrando flores y regalándolas a los lectores.

Ying Che

Ying Che

Hay experiencias que uno preferiría no haber vivido. De esas tengo yo una jartada y para liberarme de ellas y evitar las pesadillas tiendo a exponerlas aquí y así dejar que los fantasmas vuelen en paz. Mi amigo el Chino me produce una de esas cada cierto tiempo. Hace unas semanas me preguntó si podía ayudarlo con unos cuantos problemas que tenía en la casa y yo, de natural generoso y servicial quedé con él para ir por allí el domingo y echar un vistazo. Tenía algún problema con la televisión por cable que yo arreglé haciendo una llamada a dicha empresa y explicándoles el tema. El chino me miraba entre arrobado y abobancado ante mi eficiencia. Los tíos de la empresa que da el servicio me dijeron que ya habían recibido una llamada desde esa casa pero que no lograron captar la esencia del asunto, algo que les tuve que decir que es normal porque para entender al chino hace falta mucha técnica y años de entrenamiento en el chiquistaní o en su defecto ser un fans de la guerra de las galaxias y entender al pequeño y encantador Yoda con fluidez.

Aprovechando que estaba en su casa revisamos los progresos de sus obras, una tarea milenaria en la que se enfrascó cuando compró la casa y que nunca parece terminar. Lo malo es que cuando uno ve los resultados no merece la pena el esfuerzo que ha invertido en el asunto. En su país con menos dinero y menos ganas se hicieron una muralla enorme y el mira que tira pintura a las paredes y estas siguen de color gris, descojonándose en su cara por su ineficiencia.

Como premio a mi buen hacer el chino me invitó a tomar un refresco y aunque mi cuerpo me pedía a gritos que dijera que no y saliera por patas mi educación me pudo y acepté. Maldita sea la hora. Me hizo el número de las gárgaras que tanto odio y después desapareció para volver con algo extraño que se llama Ying Che. Yo por experiencias anteriores siempre ando con cautela en lo referente a comida china pero el decía que no me preocupara y que me lo comiera que está muy bueno.

Ying Che

Cuando lo abrí mi corazón comenzó a latir a destiempo y las manos me sudaban. Aquello tenía una pinta asquerosa, un aspecto repugnante y que daba ganas de dejarlo allí y salir corriendo. Según mi amigo son unos dulces chinos hechos con cáscaras de naranja que se dejan secar (o pudrir) y mezclado con otras cosas adopta ese adorable aspecto de cagada de caniche. En mis manos tenía lo que parecía ser un pedacito de mierda de perro que además olía a podrido y un chino empujándome a echármelo en la boca y disfrutar con tremenda exquisitez. Insistió tanto que no me quedó más opción y lo mordí. Asqueroso. Sabía tan mal como aparentaba. Fui incapaz de seguir comiendo y en un despiste suyo lo enterré en una planta que me quedaba a mano y la cual posiblemente tenga una muerte horrorosa.

El cabrón no dejaba de recalcarme lo bueno y saludable que es aquella mierda y lo afortunado que soy por poder comerla. Yo le agradecía el honor y el privilegio y traté de escaparme antes de que me matara envenenándome con alguna otra lindeza y él se echó a correr, interceptó mi chaqueta de invierno y me llenó los bolsillos con más de aquellas cosas para que pueda seguir comiéndolas. Ahora que lo pienso yo no lo vi comer a él así que intuyo que se deshizo de ellas colocándomelas a mí. Salí de su casa con una tremenda carga tóxica en mis bolsillos, provocado por aquel asqueroso sabor que se había adueñado de mi boca y con la preocupación de tener que deshacerme de esa mierda.

Primero intenté la opción de los enemigos y a todos les ofrecí uno pero nadie picó, después me los llevé a reuniones en el trabajo y la gente miraba, olía y los volvía a poner en la mesa. Finalmente, ya desesperado, los deposité en una papelera en la calle para que puedan seguir en paz su camino de destrucción.

Las dos semanas pasadas en Distorsiones

Una vez más me dejo ir y terminan acumulándose las historias. Las dos últimas semanas han sido algo movidas. Estuve trabajando en Alemania un par de días, he vuelto a hacer deporte después de años de inactividad, he cambiado nuevamente el aspecto de mi bitácora y he conseguido no cenar una sola noche en mi casa. Mi nevera da lástima de lo desangelada que está pero que puedo hacer yo si de repente todo el país se empeña en alimentarme y mimarme como si fuera la última esperanza de la desalmada humanidad. Al menos todo este trajín hace que no me falten cosas que contar.

Comencemos por el Cine. Estas dos semanas hablé de In Her Shoes - En sus zapatos, Just Like Heaven - Ojalá fuera cierto, Oliver Twist y El cine de Agosto a Diciembre del 2005. Las tres primeras son películas que vi en las vacaciones navideñas y la última anotación es una clasificación visual de todo el cine de la segunda mitad del año ordenado por mis preferencias. Sigo tratando de buscar algo de tiempo para hacer el resumen del año pero no tengo ni idea de cuando lo conseguiré.

La otra sección fija es la de las Fotos y estos días anda sin un tema claro. Por suerte han sido varias las que han conseguido entrar en el club de las 500, como Tulipán Til en el club de las 500, Chica rubia en barca en el club de las 500, Tulipanes de los lectores asiduos en el club de las 500, In my bag  y Tulipán en el club de las 500. Me pregunto que es lo que ha hecho que estas fotos se hayan vuelto tan populares de repente. Hubo también otras y de entre ellas quiero resaltar Borrachos en la madrugada en la que aparezco con mi amigo holandés. Ya lo he dicho en esa anotación pero lo repito aquí. Es mi foto favorita del año pasado. Hacía tiempo que no ponía ninguna de mi casa y lo hemos solucionado con Puerta del jardín en la que podéis ver lo cuca que queda cuando nieva. Finalmente decir que he agrupado todas las fotos de Sudáfrica en el Albúm de fotos de Sudáfrica.

Estos días estamos de celebración. Se cumplen Tres añitos de bitácora, esa puerta abierta a Mi mundo. Este tipo de eventos  me vuelve particularmente reflexivo y me encamina hacia el regodeo en mi propio ombligo, contando cosillas de mi vida por aquí y por allá como Añoranza vecinal o Mis manías. Del Viaje a Alemania tenemos Alta Velocidad y Kaizerslautern. Mis experiencias deportivas han quedado plasmadas en Nadador paralimpio y esa alegría interior con la que uno afronta el invierno nórdico se dejó ver por Pelotas de hielo.

Imagino que recordaréis que hace un tiempo algunos lectores ganaron una camiseta y después de meses y meses de gestación han visto la luz en La madre de todas las camisetas. De lo que queda decir que tenemos nuevo aspecto en esta bitácora, el correspondiente a las Distorsiones de invierno y que si alguien está interesado en montar su propia bitácora en un servidor debería mirarse Distorsiones se hospeda en DreamHost y buscar el descuento escandaloso que está allí. Queda solo por comentar los Cuentos del chino o mi complicada relación con mi amigo asiático.

Y eso ha sido todo por Distorsiones. Espero que tengáis materia para entreteneros al menos un rato y vuelvo a recordaros que vuestra generosidad siempre es bienvenida y para facilitaros la elección he preparado mis listas de objetos codiciados en Amazon:
- Wishlist en Amazon UK
- Wishlist en Amazon USA

Tres añitos de bitácora

Los complejos sistemas de medida que se aplican a esta parcela del multiverso hacen complicado el calcular números y cifras sobre esta bitácora. Ayer me di cuenta que ya se han cumplido TRES AÑOS desde que Distorsiones abandonó el formato de lista de distribución y adoptó el de bitácora pública. Es un buen momento para felicitar a todos los que lleváis todo ese tiempo e incluso más aguantando mis neuras y leyendo lo que una absurda mente puede llegar a producir en sus horas más bajas. Cuando miro en los archivos las cosas que escribía entonces me sonrojo e intuyo que algo he evolucionado, aunque quizás no en la dirección correcta. Estos tres años se han materializado en novecientas treinta anotaciones y más de tres mil quinientos comentarios. No hay estadísticas de visitas de todo ese tiempo por culpa de los cambios de servidor y de sistemas de medida pero para que os hagáis una idea en el último año visitaron estas tierras ciento nueve mil visitantes únicos y se les alimentó con ciento ochenta y dos mil páginas. Eso dice el señor StatCounter. Las estadísticas de mi servidor sin embargo me cuentan que entre septiembre y diciembre del año pasado se sirvieron trescientas veinte mil páginas y en lo que va de enero llevamos más de ciento tres mil. Como veis los números son muy distintos según quien los recolecta. De todo esto a mí solo me queda el placer de conversaciones con los amigos, de aventuras en países exóticos, de películas vistas sólo o en compañía de otros, copas y veladas en la intimidad y colectivas y un sin fin de instantes que capturé para mi diario público y que cambié, modifiqué, alteré tanto como quise. Dentro de unos años, cuando me siente a repasar mi diario, ni siquiera tendré memorias de la realidad de las cosas y tendré que creerme muchas de las que he escrito.

Este es un momento tan bueno como cualquier otro para recordaos que nada es lo que parece. No os creáis todo lo que aquí aparece y no deis por sentado que sea completamente cierto. Siempre hay unos posos que activaron los resortes adecuados en mi cabezón y desencadenaron el relato pero eso no significa que todo sucediera de la manera en la que yo lo cuento. La imaginación ha sido compañera de viaje desde que nací y no pienso tirarla por la borda ni ahora ni nunca. Lo bueno de contar una historia está en su manipulación, en su adaptación para hacerla más apetecible, más íntima y de esa forma despertar las emociones buscadas. Por estas tierras también aparece de cuando en cuando algún relato que no tiene nada que ver con la realidad. Por falta de tiempo, por pereza y por culpa de la endiablada frecuencia de producción y publicación que me he auto-impuesto ya no son tan frecuentes como antes. Esas historias necesitan tiempo y mimo, algo que no les puedo dar.

Ya que estamos en compañía de amigos, recordar que fuera de esta bitácora tengo vida y trabajo. Soy un ingeniero que se gana los garbanzos gracias a una multinacional europea que me esclaviza y me exprime todo lo que puede. Viajo a casa (las Canarias) tanto como puedo y aún así encuentro tiempo para descubrir el mundo. Quedo con amigos y hacemos todo tipo de actividades que consumen tiempo y que suelen dejarme en un estado lamentable en el que no puedo escribir, así que debo preparar siempre cosas con antelación para que no se noten esos vacíos.

Hablando de amigos, distorsiones es también un lugar por el que se pasan gran parte de mis amigos y familia. Al contrario que otros que gustan de mantener en secreto sus rincones cibernéticos, el mío es bastante público en ese sentido. Por aquí llegan antiguos compañeros de trabajo españoles, la gente de mi actual empresa, ex-colegas de la multinacional americana en la que trabajé anteriormente, gran parte de mi familia y la casi totalidad de mis amigos. No todos entran asiduamente pero se pasan de cuando en cuando. Curiosamente solo unos pocos comentan públicamente y la mayoría prefiere el cara a cara para decirme lo que piensan. Muchos se sorprenden cuando cuento cosas que vivimos juntos por mi capacidad para ver detalles inexistentes o para encontrar el hilo que da vida a la historia. Otros me tienen terminantemente prohibido el hablar de nada en lo que ellos estén relacionados y yo respeto esos bloqueos. Toda esta gente son también la razón por la que a menudo desaparecen comentarios desafortunados e inapropiados. No quiero que mi gente tenga que leer los insultos o exabruptos que cualquier malnacido que cae por aquí después de una búsqueda en Internet y que no sabe nada de la historia de este lugar tenga que decir.

A través de distorsiones he hecho nuevos amigos. Gente que pasó un día y volvieron al día siguiente y en un momento determinado dejaron caer un comentario, luego otro y terminamos expandiendo esa relación asíncrona y encauzándola por los ríos de la vida. Este efecto colateral ha sido totalmente inesperado. Yo no me planteé este sitio para eso. La razón por la que esta bitácora existe ya ha sido explicada y no vamos a volver a perder tiempo con ello.

Tras tanto tiempo en el aire creo que ya no tenemos que preocuparnos por si lo dejaré o continuaré. No hay planes para cambiar esto. Esta es mi casa y como siempre, sois bienvenidos. Mirad en los rincones y buscad aquello que andéis buscando. Si miráis bien puede que incluso lo encontréis. Yo seguiré retorciendo palabras y jugando con mi idioma, buscando los infames límites de mi perversa imaginación y traspasándolos una y otra vez

Kaiserslautern

Este relato comenzó en Alta Velocidad

Lo primero que me sorprendió de la ciudad al llegar es que todo el mundo habla inglés bastante bien. Se trata de Alemania, un país que al igual que España no resalta en ese tema. He tenido experiencias absurdas en ciudades como Francfort, Dusseldorf o Nuremberg en las que no había forma de que te entendieran porque solo hablaban alemán. Salgo del tren y la chica de información me explica todo lo que tengo que hacer con un delicioso acento, de esos que te dan ganas de hincársela allí mismo y dejarla tan a gustito. Encuentro los taxis donde ella me dijo y cuando voy en el vehículo el hombre me habla también en inglés sin problemas. Yo flipando, totalmente convencido de que la Alta Velocidad Alemana me ha transportado a otro lugar en la nube espacio-temporal que nos rodea o que mis mediocres conocimientos de holandés me han convertido en un portento de las lenguas de esta parte del continente. Como andaba medio mosqueado le dije al taxista que me daba la impresión de que allí había mucho extranjero y me lo confirmó. Hay una base norteamericana a las afueras de la ciudad y eso lo explica todo. Esta gente saca dinero a palas de ese reducto del imperialismo yanqui en la vieja y pacifista Europa. Ya cuando llegué al hotel no me pareció raro encontrármelo lleno de americanos e hindúes fundamentalmente. Para los primeros tenemos una explicación. Lo de los segundos no lo quise ni saber aunque seguro que son todos programadores y andan desarrollando alguna nueva tecnología mega-secreta que condenará aún más el mundo.

Después de tomar posesión de mi habitación quedé con un compañero de trabajo para ir a comer algo y beber unas buenas cervezas alemanas. Dimos una vuelta y terminamos en el restaurante del hotel ya que nos lo había recomendado uno de los alemanes que trabaja con nosotros. La comida fue excelente y abundante y de las cervezas mejor no hablar. Cuando estábamos a medio tanque fuimos a un pub irlandés y completamos la noche jugando a los dardos y mirando las tetas de unas cuantas americanas que gritaban cada vez que les tocaba tirar como si se la estuvieran metiendo por el culo. En la cultura americana eso de los gritos y los saltos está muy desarrollado. Cualquier bobería es suficiente para que conmuten al idioma gutural.

Hay dos cosas por las que recordaré este hotel y de ambas tengo fotos que igual pongo un día de estos. La primera es la lámpara del techo en la habitación. Desde aquí mismo le doy cinco gallifantes al hijoputa del decorador por encontrar esa aberración, comprar cientos y largarlas en un recinto hostelero. Es una especie de homenaje al mundo de Supermán. Unos cilindros que simulan hielo y que cuelgan sobre uno amenazadoramente. Debería formar un grupo en flickr con fotos tomadas únicamente en ese hotel y convertirlo en objeto de culto mundial. Lo otro que me llamó la atención fue la revista porno que había en la mesilla de noche. Yo siempre compruebo que hay una falsa Biblia de esas de los protestantes para arrancarle unas cuantas hojas y dormir más tranquilo. En Holanda también lo hacen, te dejan un nuevo testamento. Y en Estados Unidos incluso en el B&B más barato y chabacano tienen Biblias de estas a medias y que pertenecen a todas esas sectas que surgieron después de que el mamón de Lutero se saliera del tiesto. La que encontré aquí era de los Gideones, esa chusma que pulula por este tipo de establecimientos largando su carga tóxica. Volviendo a lo que me encontré, imagino que los Gideones no tuvieron nada que ver con la revista porno porque de ser así creo que empiezo a interesarme por su secta. Al abrirla te encuentras con fotos y más fotos de coños en todas las posturas que te puedas imaginar, con miembros entrando por ellos desde arriba, desde abajo y desde los lados. La sección de cartas (que la tiene) estaba llena de fotos de los tíos que la leen que mandan sus imágenes con la esperanza de que alguna tía les responda. Digo yo que eso tiene poco sentido porque esta es una revista para hombres así que tendrían que buscar el equivalente femenino para mandar sus cartas. Imagino que el nivel intelectual de los que buscan hembras a través de este formato no dará para más. Pensé en llevarme la revista aunque al final opté por ponerla bajo la Biblia y dejarlas juntas para que la gente vea que el Dios que buscan les ha mandado un mensaje de paz, amor y lujuria.

Durante la noche nevó y por la mañana todo estaba cubierto por cinco centímetros de nieve, un paisaje blanco y precioso. Tras un desayuno de campeones que me dejó echando buchitos y con ganas de potar nos fuimos a trabajar. No voy a entrar en detalles sobre el asunto pero ya sabéis que los pocos que han tenido el honor y el privilegio de verme en acción saben que han estado junto a un arcángel del negocio de las telecomunicaciones.

Por la tarde nos volvimos a Holanda en coche. Conducía el compañero de trabajo. Programó su GPS y la tía (Eva) se empeñaba en llevarnos por caminos equivocados. Perdimos casi tres cuartos de hora por culpa de esa zorra de mierda. Digo yo que el marido de la tipa que puso la voz al programa de Tom Tom debe estar hasta los huevos de escuchar a la parienta dándole órdenes todo el día. Y lo mismo le pasará a ella que se tiene que escuchar a sí misma haciendo la intelectual que lo sabe todo sobre los caminos del Señor. Por si los señores que hacen ese software leen esto, sugerir que añadan algún tipo de emoción a la chica, como un bien hecho cuando lo haces bien o un por ahí no gilipollas cuando ya la has cagado. Al menos así se harían más entretenidos los viajes. Ahora es todo muy como de hospital.

Por culpa de la nieve la mayor parte del camino la tuvimos que hacer a ciento treinta kilómetros por hora. Sólo cuando pasamos Dusseldorf pudimos darle candela al coche y coger los ciento noventa. El problema es cuando entras en Holanda y tienes que reducir a ciento veinte. El coche parece una tartana y terminas parando en un área de descanso para perder la referencia o te vuelves loco. En los Países Bajos ahora está de moda el limitar las autopistas a ochenta kilómetros por hora en los alrededores de las ciudades. Dicen que contamina menos pero definitivamente uno se emputa más. Seguro que algún españolito de los que conozco dirá que el se pasa por el forro esas prohibiciones y demás, pero dejarme que os diga algo, aquí andan tres pasos por delante de vosotros. Olvidaros de las cámaras de velocidad. Ahora la moda es tomar una foto a todos los coches en la autopista en un punto y otra cinco kilómetros más adelante. Calculan la media y si te pasas de lo señalizado te mandan el regalito. De esa forma no escapa nadie. Están llenando las carreteras con estas trampas que te obligan a respetar escrupulosamente la velocidad. También andan poniendo cámaras nuevas que no usan flash y no te enteras de cuando te han pillado.

Sobre las once de la noche llegué a casa después de esta corta aventura en Kaizerslautern.

Nadador paralimpio

Hay que estar con los amigos a las duras y a las maduras, en los buenos tiempos y en aquellos no tan buenos. Por eso cuando mi amigo holandés me llamó el lunes y me preguntó si quería ir a nadar con él solo podía dar una respuesta. Desde que le comenzaron los problemas de espalda ha pasado por un calvario terrible. Yo y otros hemos hecho lo posible por ayudarlo aunque imagino que la procesión va por dentro. El lunes era un día complicado para mí porque toca cine con otro colega y eso es sagrado. Además ese día ya había quedado para que alguien me pasara información reservada sobre la futura reorganización que ya es imparable y estaba bastante interesado en saber si tengo que liar la manta y buscar trabajo o todavía tendré silla por algún tiempo. No comentaré nada sobre el resultado de esa reunión conspiratoria porque por estas tierras pasan compañeros de empresa a mirar y admirar esas fotos impresionantes que muy de cuando en cuando salen del objetivo de mi cámara.

Volviendo al tema, como el lunes no podía ser entonces quedamos para ir a nadar el martes después del trabajo. Me llevé el bañador en la mochila y listos. Al día siguiente viajaba a la gran Alemania, ese país díscolo al que un vaquero acarajotado y medio gilipollas que malgobierna un país definió como la vieja Europa. A las cinco nos fuimos a casa del colega por una carretera secundaria que cruza entre lagos. El sol está casi tocando el suelo y la atmosfera suda con un rojo tan fuerte que te hace pensar que estás entrando a las mismísimas calderas del infierno, aunque el hielo en los canales tiende a desmentir esta especulación sin sentido. La escena es de esas que te dejan sin aliento.

Recogimos a la hija de mi amigo, pasamos por su casa, agarramos toallas y nos fuimos a la piscina. Al llegar en la recepción nos dicen que estamos equivocados porque nosotros queríamos hacer ir a la sesión en la que se puede nadar en las diferentes calles por libre y ese día, el martes, lo que hay es natación para niños. La mujer mira en internet y nos dice que en ninguna otra piscina de esa ciudad se puede hacer lo que queremos ese día y finalmente optamos por entrar. Pasamos por los vestuarios a cambiarnos, nos damos una duchita de agua caliente que me hizo plantearme la posibilidad de esperarlo allí y finalmente llegamos a la charca cubierta. En total había trece unidades humanas sin contarnos a nosotros dos. Unas cuantas madres con sus hijos y un padre con su hija. Nosotros no pegábamos ni con cola allí, parecíamos dos pervertidos que se habían metido para ver el chiquillería. Como estaba vacía nos pudimos agenciar todo un cuarto de la piscina para nosotros y comenzamos a nadar. La primera ida y vuelta fue de puta madre. En la segunda se me empezaron a cansar unos músculos que parece ser que tengo en los brazos y que se deben usar para ese tipo de actividades deportivas. Cualquiera que me conozca sabe que yo el cabezón lo tengo superdesarrollado y espabilado pero el resto es material de desguace, salvo la barriguilla cervecera que me permitía flotar en el agua cuando nadaba de espaldas.

En la cuarta tanda yo pensé que me moría. Los brazos me daban unos calambres de que te cagas y de no ser porque los pies están acostumbrados al pedaleo y tienen fuerza motriz, me iba directo al fondo. El vigilante de la piscina me miraba alucinando, a mí y a mi amigo que tampoco iba mejor que yo. Parecíamos dos ballenas a punto de irnos para el fondo. Después de un descanso volvimos al tajo e hicimos cuatro piscinas más (ida y vuelta). En la última tanda yo ya no movía una mano pero por lo demás bien, si descontamos que la piscina empezaba a acusar la falta de agua porque yo me la tragaba toda, boqueando al intentar coger aire. Después de un nuevo descanso hicimos dos últimas vueltas. En la final, todos los chiquillos en pie me aplaudían y sus madres aplanaban el agua de la piscina con sus manos para que yo pudiera llegar a buen puerto. El vigilante gritaba algo que imagino eran ánimos. De vez en cuando conseguía sacar la cabeza lo suficiente como para ver que seguía lejos de la meta. Tras mucho esfuerzo y sacrificio llegué y como pude salí del agua. En total fueron diez tandas en la piscina. Toda una odisea que demuestra lo excelente que es mi condición física.

Estuvimos como veinte minutos en las duchas dejando que el agua calentita calentara los músculos. Mientras estábamos en ello aquello se empezó a llenar de ballenatos, de mujeres michelín. Una cosa de mal rollo de la muerte. Salimos escopeteados hacia los vestuarios, plagados de tipas con más barriga que tetas y con unos muslos como sacos de papas que nos miraban lascivamente y que se veía a la legua que si podían nos hacían una encerrona y nos practicaban guarrerías serxuales hasta dejarnos exhaustos. En la recepción preguntamos la razón de tamaña invasión de cachalotes y nos dijeron que a las siete y media comienza la hora de piscina para gordas que quieren perder peso, algo que no consiguen pero al menos simulan hacer ejercicio y matan una hora lejos de la comida.

Como experiencia ha sido mejor de lo que esperábamos y creo que lo vamos a repetir una o dos veces por semana, con lo que espero el recuperar esos músculos perdidos y poder exhibirlos en la playa el verano que viene. Tras el palizón la mujer de mi amigo nos tenía una cena de campeones y unas cuantas cervezas para recuperar líquido, que uno mea mucho mientras nada y eso no es bueno. Pensaba que a la mañana siguiente no podría ni mover los brazos del dolo pero no ha sido tan malo como esperaba. Espero que de esto no se enteren ni el chino ni el turco (ambos fuera del país en este momento) porque me matan. Llevan años tratando de arrastrarme a una de esas piscinas y yo negándome en redondo. Que quede bien claro que esto lo hago porque mi amigo lo necesita, que a mí sólo me hace falta una buena conexión a Internet, calefacción y una cervecita holandesa o belga para ser más feliz que el Pupas.

Mis manías

Es de todos bien sabido que yo hace bastante tiempo que paso de los MeMes estos de contar chorradas por llenar espacio en la bitácora. Gran parte de la culpa la tiene el que siempre tenga cosillas que poner y entre las fotos y mis frecuentes miradas de ombligo como que no me apetece el hacerlos. Erre, miembro fundador de la legendaria bitácora Cogiendo Caracoles, posiblemente la mejor bitácora de humor en Español y chiquistaní me ha invitado en al menos dos ocasiones y como es tan latoso, pues mira, hoy por joder voy a responder a esta.

Esta es la confesión de cinco de mis manías, grupo en constante aumento y que debe rondar los millares. Mi problema es que cuando alguien me cuenta una corro el riesgo de implementarla y hacerla propia. Dicho esto, procedamos:

  • 1. Duermo con mi super-mega-maxi reloj en la muñeca y me despierto siempre por la noche al menos una vez a mirarlo y regodearme cuando se enciende automáticamente al levantar la mano para que yo pueda ver la hora con esos preciosos números que tiene. Mi reloj es un portentoso Casio SPF-70T Sea-PathFinder.
  • 2. Cuando voy de pasajero en un coche siempre bajo la ventana al llegar a un semáforo y la vuelvo a subir al arrancar. No importa si la temperatura exterior es de cuarenta o de menos veinte. Yo bajo y subo la ventana compulsivamente.
  • 3. Me rasco los huevos cada cincuenta y tres segundos. De hecho, se podría poner en hora un reloj atómico con mi precisión en esta tarea. Si alguien me lo reprocha incremento la frecuencia y entonces me los rasco cada veintiséis segundos y medio.
  • 4. Cuando visito España me torturo a mí mismo viendo los intermedios de TeleJinco y mamándome esos vídeos de putas y delincuentes metidos a cantantes de guarretón.
  • 5. Cuando me emputo silbo la misma canción continuamente. Es un politono multitono megatono que salía en una película de 1987 llamada Broadcast News.

Y como estas mierdas hay que propagarlas para seguir contaminando la blogosfera y extender estos virus, propongo a Bleuge, Kike, Emo, Dani, Marta y que tienen bitácoras propias y activas que pueden ensuciar y para el resto, o sea María de los Monos, Inés, Bishop, M, Pues, Virtuditas y cualquier otra persona que comenta habitualmente por aquí pueden dejar sus manías en los comentarios.

Alta Velocidad

Mi indiferencia natural me lleva por caminos desconocidos y a veces hasta consigue sorprenderme. Después de volver de vacaciones de Navidad en mi empresa estaban buscando a alguien para dar un curso en algún lugar de Alemania de un producto que no vendemos hace dos años. Tenemos un departamento de formación y tal pero ellos parece que andan muy liados tocándose los huevos y mirándose el ombligo y de alguna manera mi nombre terminó aflorando. Últimamente ya ni me sorprende. Si uno compara la descripción de mi trabajo con lo que en realidad estoy haciendo, no hay color. Soy lo más versátil que han contratado en mucho tiempo: hago mi tarea y además traduzco, dirijo, controlo, manipulo, soluciono y todo lo que me echen por delante. Así que me ofrecieron el ir a ese lugar alemán a dar este curso de un producto muerto del que alguien se olvidó de informar a ese cliente.

El cansancio de los aviones y las eternas esperas en aeropuertos me ha hecho elegir esta vez el tren como medio de transporte. Tengo que ir a la ciudad de Kaizerslautern (que vete a saber como se dice en español e incluso en catalán) y calculando tiempos resulta que tardo lo mismo cogiendo un tren de alta velocidad y encima veo paisaje. La experiencia del ICE es increíble. Yo estoy acostumbrado a las velocidades supersónicas que me estiran la piel siempre que viajo en el Vaporetto de bleuge, una máquina increíble que en ocasiones ha superado incluso los cuarenta y cinco kilómetros por hora. Siempre creí que eso era lo más pero estaba muy equivocado y está claro que iba a ciegas. Este cacharro corre que se las pela una vez dejas atrás colonia. No veo ni los árboles y cruzamos tunel tras tunel a unas velocidades pasmosas. Cada rato pasa un viejete con un carro vendiendo chucherías y café, algo que no veía desde hace cinco años en que eliminaron ese servicio de los trenes Intercity holandeses. La vuelta a casa la haré en un medio más tradicional, en un coche ya que hay un compañero en el lugar al que me dirijo y él me retornará a la patria del queso amarillo y las rubias de metro noventa.

Mi empresa, habitualmente rácana con los billetes de avión es espléndida con los de tren y me han montado un viaje en primera clase. Los asientos en todos los trenes han sido brutalmente cómodos, de hecho creo que debería comprar de esos para mi casa, con su mesita, su conexión para el cargador del portátil, sus botones para manejar la tele y esos cabezales que te arropan y te dejan echarte una siestita sin reventarte la columna. Mientras cruzaba Alemania a más de trescientos kilómetros no dejaban de llegarme llamadas con los desastres más recientes y los llantos de mi jefe y uno que es de natural chimpúnico lo solucionaba todo sobre la marcha sin una mísera duda.

Ya sé que esperáis que ponga a parir a las azafatas sin bragas y demás pero no va a ser posible porque no las hay y la puta eficiencia alemana no admite críticas. Este cacharro va puntual como un reloj suizo. Me sorprende el ver nieve en los campos ya que en holanda nos conformamos con el frío sin escarcha y ni de coña conseguimos que nos cuaje la nieve más de dos días. Cuando comenzó a nevar y el ICE iba a todo meter cortando la nieve (más de trescientos kilómetros según los paneles de información), con los copos juntándose y simulando rallas de ruido sobre un cielo entre despejado y nublado y con un sol blanco que lo iluminaba todo, flipé en colores.

Lo que sí quiero resaltar es el puro lujo María que tienen los trenes alemanes si los comparamos con los holandeses. Los españoles los dejamos fuera de la competición porque sería muy injusto. Una cosa que me llamó la atención es que en los trenes de alta velocidad alemanes, que están por todos lados y recorren el país de cabo a rabo, cuando llegan a una estación no pasa nada. La gente entra y sale de los mismos, busca su asiento y ya está. En España se monta un espectáculo tercermundista en las estaciones (por ejemplo en Madrid) con un montón de arretrancos ubicados en cada una de las puertas (creo que las llaman azafatas) y representando un papelón del quince con todos esos coñillos que ponen allí nada más que para el disfrute visual de los pervertidos que viajan en el tren. Por algo España sigue en el tercer mundo y bajando.

El relato del viaje continúa en Kaiserslautern