Monthly Archive for May, 2006

Zeskamp - Tercera parte

Esta historia comienza aquí y desde allí podrás encontrar el enlace para continuar la lectura.

A estas alturas estábamos ya con evidentes síntomas de cansancio pero uno ha de hacer lo que tiene que hacer y quedaba mucho día por delante. Las dos siguientes pruebas son ya conocidas. Primero teníanmos una nueva tanda de voleibol ciego.

Voleibol ciego

En esta ocasión nos fue mucho mejor, seguramente porque yo participaba haciendo pareja con mi amigo el Moreno. Después de ir perdiendo once a cinco conseguimos acabar empatando a diecinueve, lo que podemos considerar un gran éxito. Sin tiempo para descansar nos dirigimos a uno de los campos de fútbol para una nueva sesión de fútbol con balón de rugby.

Fútbol con balón de rugby

El árbitro de este campo tenía unas reglas diferentes al otro. En lugar de siete jugadores solo permitía cinco de los que dos debían ser chicas. La diferencia es que se producían menos aglomeraciones de gente en esos revoltijos en que todos tratamos de golpear un balón que rebota para donde le da la gana. Al poco de comenzar nos hicieron un penalti y lo tiró el Moreno. La intención del árbitro era que lo lanzara desde el punto de penalti pero lo convencimos que aquel no era un balón de fútbol y sería injusto ponernos tan lejos. Después de unas arduas negociaciones nos permitió tirarlo desde la mitad de la distancia y marcamos nuestro primer tanto. Salimos todos corriendo y gritando para celebrarlo. De la emoción hasta una de nuestras chicas se puso lla camiseta sobre la cabeza enseñando un sujetador que no insinuaba sino mostraba directamente. Los amigos y conocidos que estaban por allí nos jaleaban como si fuera la final del mundial. Entre ellos había al menos dos conocidos míos. Uno con el que trabajé en Lucent y otro que trabaja en mi empresa. El mundo es un pañuelo o yo llevo demasiado tiempo por aquí. Me encuentro a gente continuamente, en Ámsterdam, Utrecht, Hilversum y en los lugares más insospechados como este poblacho.

Todo parecía sonreírnos hasta que los otros hicieron un cambio y metieron al mamón que se ve a la derecha de la foto. El cabrón jugaba de puta madre y nos metió en serias dificultades. Después de unos minutos de presión nuestro portero se despistó, se confió en un balón caprichoso que rebotó como no debía y terminó marcándose un gol en propia puerta. No le dijimos nada porque el hombre no lo hizo con maldad. Así que estos dos juegos los empatamos.

Nuestra siguiente prueba era la carrera sobre letra “A. Lo explicaré pero en este caso una imagen vale más que mil palabras:

Carrera sobre letra

Se trata de “correr” unos veinticinco metros balanceando la letra A con una persona sobre ella. Para ello hay tres participantes por cada lado con cuerdas que tiran, empujan y arrastran ayudando a la persona que está sobre la letra y que pase lo que pase no puede caer al suelo o se tiene que empezar de nuevo. Compiten dos equipos. Como casi siempre, siete participantes de los que al menos dos debían ser mujeres.

Nuestra capitana fue la que se montó en la “A”. No nos permitieron practicar y esta es una prueba que requiere mucha coordinación de equipo así que los diez primeros metros o así fueron un drama, con todo el mundo tirando o dejándola caer. La pobre mujer se movía más que la compresa de una coja pero gracias a su equilibrio no se caía. Nos gritábamos y arengábamos unos a otros. Acabamos muertos de cansancio y con los brazos doloridos pero lo pasamos genial. Perdimos por un par de segundos frente al otro equipo, una banda de adolescentes imberbes con unos brazotes con músculos impresionantes que demuestran que la masturbación es un deporte tan sano y completo como lo puede ser la halterofilia.

La prueba final de esta serie de juegos fue en nuestro caso la prueba de supervivencia, un circuito bastante completo que hay que hacer en el menor tiempo posible y correr de vuelta al punto de partida para pasar el testigo al siguiente. Los siete miembros del equipo lo han de hacer y lo que cuenta es el tiempo que se tarda entre todos. Compiten dos equipos pero no simultáneamente. Primero lo hace uno y después el otro.

El circuito de supervivencia

Hay que entrar en el circuito por un pequeño arco, cruzar unas bandas horizontales lanzándote a través de ellas, después pasar por las verticales que se pueden ver en la parte de la derecha, después cruzar por una zona muy blanda que parece una montaña y que se hunde fácilmente, saltar el muro que se ve en la foto, escalar la parte final y lanzarse por el tobogán para después correr y pasar el testigo a un compañero. No creo que sean más de treinta segundos pero os aseguro que revienta a cualquiera. Hicimos un muy buen tiempo y con esto acabó nuestra participación en la primera ronda. Como aún quedaba media hora de juegos (en la que nosotros no participábamos ya que no tuvimos un descanso entre juegos) nos fuimos a comer algo y tomarnos unas cervezas que ya echábamos en falta algo de alcohol en el cuerpo para entonarlo. Me pedí un perrito caliente y lo que me dieron fue un pan de hamburguesa en el que alguien había puesto media salchicha cortada en dados en su interior, algo digno de un artista y una reinvención completa del término perrito caliente.

Lo dejamos por aquí y mañana relato la tanda de juegos final.

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Amarillo y blanco

Amarillo y blanco

Amarillo y blanco, originally uploaded by sulaco_rm.

La flor amarilla del centro de la imagen es gloriosa. Me encantan todas esas capas de hojas y el capullo bien cerrado en el centro

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Zeskamp - Segunda parte

Imagino que ya te has leído las primera parte y estás preparado para continuar con la historia. El siguiente juego que nos tocaba era la petanca en el laberinto. Yo por más que miraba no veía ningún laberinto por allí y a los que preguntaba tampoco tenían idea. Como las diferentes zonas de juego estaban numeradas fuimos a donde nos tocaba y lo que nos encontramos fue un laberinto circular lleno de agujeros en el que al parecer teníamos que mover una bola de petanca. Se puede ver en la siguiente foto:

Petanca en el laberinto

Se trataba de mover una bola de petanca por el laberinto esquivando los agujeros y llevarla hasta la meta en el otro lado y había que hacerlo en el menor tiempo posible. Nos dejaron entrenar un par de minutos y justo antes de empezar nos informaron que en realidad había que mover dos bolas. Nuestra estrategia funcionó bastante bien con la primera bola pero con la segunda fue un desastre porque la primera obstruía el camino y tuvimos que agitar el tablero (el cual sosteníamos entre cinco) para poder terminar el juego. Creo que perdimos bastante tiempo por culpa de eso. Este juego fue el más soso de todos y como no compites con nadie no tiene mucho cachondeo.

Nuestra siguiente competición era el salto en pértiga sobre piscina. Seis integrantes de cada equipo de los que al menos dos debían ser chicas tendrían que saltar con una pértiga sobre una piscina y caer lo más lejos posible. Suena fácil pero no lo es. La pértiga es muy gruesa, resbalaba, estás sobre una especie de colchoneta enorme y la pértiga está fija al suelo y no la puedes mover libremente con lo que no puedes coger carrerilla y saltar.

Salto de pértiga sobre piscina

Como yo y el Moreno no teníamos los bañadores puestos tuvimos que ir a la casa de la Cuñaá para cambiarnos. La suegra del Moreno estaba allí y no hubo forma de convencerla para que se marchara así que nos cambiamos delante de ella, y no veas como se relamía de gusto la muy perra. Volvimos al campo de juego y establecimos los turnos. Yo iba en cuarta posición. Se alternaba uno de nuestro equipo y uno de los del equipo contrario. Uno de los grandes problemas es que la pértiga está mojada y resbala al sujetarte, sobre todo según van pasando concursantes. El primero de nuestro equipo superó con éxito la prueba y consiguió diez puntos. La segunda se quedó totalmente en vertical sobre la piscina y cayó en plancha levantando una ola que nos mojó a todos. El Moreno iba el tercero y decidió tratar de coger carrerilla y saltar. Fue una idea malísima. Se arreó una hostia de cojones y acabó en la piscina. Después me tocaba a mí. Todo el mundo me hablaba de estrategia y me decían que hiciera esto o aquello. Me puse el casco de seguridad, me quité la camisa para tratar de secar con la misma la pértiga, estudié la situación y decidí que en lugar de correr como el participante anterior lo que tenía que hacer era tratar de bajar la pértiga lo más posible y saltar intentando trepar mientras volaba para no caer en la piscina. Visualicé todo el proceso y parecía una buena idea. Agarré la pértiga, la bajé empujando el arco de plástico que se ve en la foto para poder echarla aún más atrás y cogí aire. Recité un par de mantras para concentrarme, me lancé hacia adelante y lo siguiente que recuerdo es que estoy resbalando por la puta pértiga en dirección al agua y no puedo hacer nada por evitarlo. El puto agua estaba helada. Salí de allí escaldado. La tía que venía a continuación se descojonó de mi pero cuando se lanzó terminó completamente en el agua y pude vengarme. El último de los de nuestro equipo consiguió puntuar también. Dos de seis no está tan mal, fue lo que hicieron casi todos y algunos equipos ni consiguieron eso.

Cuando terminamos salimos corriendo hacia la casa para cambiarnos y secarnos. De nuevo la suegra del Moreno estaba allí esperándonos y esta vez tenía una cámara en las manos así que la echamos y nos pudimos secar y cambiar sin que nuestras fotos desnudos (y desnudas porque estábamos todos en la misma habitación) circulen por internet. He de decir que tengo un montón de fotos de todas las pruebas. Le dejé la cámara al suegro del Moreno y la puse en modo deportivo, para que tome fotos nítidas y al mismo tiempo para que dispare ráfagas (si mantienes el botón de disparo pulsado). Las fotos están geniales. Tenemos medio giga de imágenes que cubren todo el evento y gracias a ello he podido documentar estas anotaciones con múltiples imágenes. Después de ponernos ropa seca volvimos al campo de juego para la traca final en la que volveríamos a jugar al voleibol ciego, al fútbol con balón de rugby y finalmente tendríamos la prueba de supervivencia pero de esas pruebas hablaremos mañana. Puedes continuar la historia haciendo clic aquí

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Un mundo púrpura

Un mundo púrpura

Un mundo púrpura, originally uploaded by sulaco_rm.

Cientos de pequeñas flores púrpuras creando un pequeño mundo de ese color.

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Zeskamp - primera parte

Ya comenté hace un tiempo que este domingo tenía un zeskamp en Vinkeveen, una villa legendaria que todo buen holandés conoce aunque sea de oídas. Este pequeño pueblo está en el corazón del país y es famoso porque está rodeado de cientos de canales que en invierno se hielan y se convierten en un paraíso para la gente que practica el patinaje sobre hielo. En verano por allí no pasa ni Dios porque los mosquitos son del tamaño de gaviotas, pero esa es otra historia. Este pueblito es también uno de los pocos reductos de pureza racial que quedan en el país. Ahí no viven turcos, ni marroquíes, ni españoles ni nada que no sea cien por cien holandés. Es una villa católica en medio de una zona profundamente protestante y son bastante cerrados.

Dicho esto, decir que una vez al año celebran el día de Vinkeveen, una jornada de celebración de actividades vecinales para que la ciudadanía comadree. Como en Holanda no hay vírgenes de cerámica o madera a las que adorar y con las que tener una excusa para pasarnos una o dos semanas de fiestas locales, esto es lo más aproximado que se puede encontrar. En este pueblito de unos mil habitantes en el que se conoce todo el mundola gente espera este evento durante todo el año. La actividad principal de ese día y sobre la que bascula todo es el Zeskamp.

Después de una semana completa de lluvias interminables nos temíamos que aquello iba a convertirse en un lodazal y terminaríamos todos cubiertos de barro y resfriados. El día antes al Zeskamp un rayo de esperanza iluminó nuestro horizonte. La predicción meteorológica informó que quizás habría un chubasco por la mañana y el resto del día el tiempo sería nuboso con temperaturas en torno a los diecisiete grados. Me levanté temprano para preparar la mochila con la ropa que iba a llevarme. Como el Moreno no era muy específico e insistía en que llevara bastante ropa arramblé con cuatro mudas de calcetines y gallumbos, tres camisetas, dos jerseyes, dos pantalones cortos, un chandal, un bañador y un chubasquero, además de dos pares de zapatillas deportivas y unas cholas de playa, o sea lo típico y el mínimo imprescindible que lleva cualquier deportista de elite cuando acude invitado a un gran evento como este. En el tren iba cargado como una mula con todo aquello. Ni cuando voy a las Canarias de vacaciones llevo tanta cosa.

El Moreno me recogió en la estación y fuimos a la casa de su cuñaá, que vive justo enfrente del campo en el que se celebraba el jolgorio y era el punto de reunión de nuestro equipo. En total éramos ocho, tres mujeres y cinco hombres. Allí finalmente supimos a qué nos teníamos que enfrentar. El Zeskamp se divide en dos partes. La primera son siete pruebad que duran como máximo veinticinco minutos y después de un descanso comienza la segunda parte, el Juego Final en el que nos tendremos que dividir y cada uno hará una tarea diferente.

Nuestro primer juego era el voleibol ciego. Después vendría el fútbol con balón de rugby, la petanca en el laberinto, el salto en pértiga sobre piscina, una segunda tanda de voleibal ciego y fútbol con balón de rugby, la carrera sobre letra “A” y terminaríamos con la prueba de supervivencia. Por culpa de un problema técnico se tuvo que anular el deslizamiento sobre lona con pecho enjabonado, algo que lamentamos terriblemente porque teníamos grandes esperanzas en esa prueba para ver tetas a mansalva.

Superada la decepción por la anulación de dicha prueba nos equipamos adecuadamente y nos fuimos al campo para comenzar a jugar. Como ya he dicho nuestra primera prueba era el voleibol ciego. Se llama así porque la red es una lona que no permite ver el otro lado. Además, se juega con tres parejas, cada una de ellas con una manta con la que se debe recoger la pelota y lanzarla. Por lo demás las reglas del voleibal son más o menos las mismas.

Voleibol ciego

En la foto podéis ver a la gentuza con la que nos enfrentamos. Se me olvida contar que cada juego requiere un mínimo de mujeres en el equipo. En este caso tenían que ser dos al menos. Como somos ocho quedaron dos en la reserva, una de nuestras chicas y yo que hice las fotos. Algo que me pareció muy injusto es que no hay límite al máximo de jugadores por equipo y nuestros rivales eran una banda de diecisiete gandules en edad de reventarse granos frente al espejo y que dado su gran número tenían mayor capacidad de rotación y más garantías de triunfo. Los dos gorilas que están al extremo disparaban con saña y con odio y nos dieron un vapuleo de cuidado. Nosotros éramos todo sensibilidad y cortesía y aquella chusma se lo tomaba muy en serio. No recuerdo el resultado final pero fue una victoria deshonrosa. Además hacían trampa y pusieron espías en nuestro lado de la red que avisaban a los otros, algo que el juez les toleró porque uno de ellos era su hijo. Espero que ese tipo arda en el infierno rodeado de musulmanes de mierda y con tías tapadas con burkas hasta la pipa del coño.

Después de este primer juego nos tocaba el fútbol con balón de rugby. En este caso se usan las reglas del fútbol y el balón de rugby, esa mierda de pelota con forma abombada que no se mueve en línea recta ni de coña. Aquí jugábamos siete, con al menos dos mujeres.

fútbol con balón de rugby

En la foto se nos puede ver en plena acción defendiendo nuestra portería. Nosotros somos los de camiseta naranja. La cosa iba más o menos bien hasta que se puso a cantar el árbitro que es el gordo que se ve a la izquierda. El hijoputa cantó el ¡Que viva España! de Manolo Escobar y del ataque de risa nos la metieron doblada en forma de gol. Después de eso, en un desafortunado chute a puerta de uno de los bestias del otro equipo el puto balón salió directamente hacia un canal que está por detrás de la portería. No pudimos hacer nada para recuperar la pelota y la organización no estaba preparada para semejante contingencia. El árbitro se enraló y nos cantó Una paloma blanca, ese clásico que salvo esas tres palabras sufrió una transmutación completa al neerlandés. Sobre la canción de Manolo Escobar comentar que el estribillo termina con un España P O R F A V O R que no me suena para nada en la versión original. Mientras el hombre nos deleitaba con su concierto la gente bailaba en los lados del campo y aquello parecía un poblacho español cualquiera si exceptuamos la elevada presencia de cabezones rubios. Como el hombre amenazaba con seguir cantando uno de los colegas del equipo contrario (su portero), se quitó la ropa y se tiró al agua para recuperar la pelota, como se puede ver en la siguiente foto:

Recuperando el balón de rugby

Después de este pequeño percance pudimos continuar con el juego y finalmente perdimos por uno a cero.

Os dejo disfrutando con la foto del colega y mañana continúo con el relato de lo que sucedió el domingo. Si quieres seguir leyendo este relato, pulsa aquí.

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Margaritas blancas en 1024×768

Margaritas blancas en 1024x768

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Hora de cambiar el fondo de escritorio y llenarlo de margaritas blancas que nos alegren la vista. Está optimizado para 1024×768

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El caos dentro del orden

Ya sé que soy extraño y que me fijo en cosas que a los demás les pasan desapercibidas. Seguramente tendrá algo que ver el que me alimentaron con el preparado lácteo Millac cuando era pequeño, esa pseudo leche que se consumía masivamente en las Canarias y que nos atrofió a todos. A unos los hizo chandaleros, a otras pencas, a otros directamente gilipollas y a mí me convirtió en Pedro Sartén. Las Canarias se me quedaron pequeñas muy pronto. Tuvo mucho que ver el haber conocido el mundo desde pequeño, esos dos veranos en los Estados Unidos, las vacaciones en Galicia, en Madrid o en Barcelona y los amigos en Alemania y la península. Pronto supe que en Gran Canaria no había sitio para mí, al menos no el que yo quería y esa certeza provocó la chispa que produjo el trabajo en los Países Bajos y mi emigración a estas tierras bárbaras del norte.

Y aquí ando, disfrutando como un enano con todo lo que sucede a mi alrededor. No hay dos semanas iguales y no tengo tiempo para el aburrimiento. Cada siete días forman un capítulo de un libro alucinante en el que se escriben cosas asombrosas. Este último capítulo ha sido el de la cena con mis amigos sudafricanos, el de la lluvia imparable y la estancia en Kamerik cocinando para mis amigos y acabando a las tres de la mañana en el jardín fumando un puro mientras un hornillo nos calentaba. También ha sido el del rodaje de televisión del que quizás hable uno de estos días y el del Zeskamp, evento del que hablaré y profusamente en la semana entrante. Igual hasta me animo y pongo alguna foto, si es que salió alguna bien, que no las he tomado yo y aún no he comprobado el resultado. He llegado al domingo tan cansado que mañana tendré que esconderme en algún rincón de mi empresa y tratar de recuperarme, ya que tengo cena con mi jefe y su novia y tendré que dar lo mejor de mí mismo ya que se espera mucho de mí. La semana entrante se prevé tan caótica como la que nos deja hoy. Seguro que el gran Dios proveerá.

El agotamiento me puede pero me gustaría reflexionar hoy sobre el caos y el orden. Partiendo del mismo material genético la sociedad nos moldea a su antojo y creamos sociedades distintas. Algo que siempre me llama la atención en Holanda es el movimiento de masas. En España cuando te mueves por una zona muy concurrida siempre hay contacto físico. Vas al mercado y la gente te toca, te empuja, te aparta y a nadie parece importarle. Es una sociedad en la que se busca de alguna forma esa invasión de la privacidad, ese asalto físico a nuestro cuerpo, el continente del alma. En los Países Bajos sucede exactamente lo contrario. Los sábados me gusta ir al centro de la ciudad y pasear cambiando de rumbo aleatoriamente. Nadie tropieza conmigo. La gente se aparta, te esquiva, te evita y de ninguna forma o manera llegas a tocar a nadie, salvo que sea para una transacción económica. Hay ocasiones en las que me quedo quieto en medio de la multitud, cierro los ojos y los noto pasando a mi alrededor como fantasmas, siguiendo rutas que jamás se cruzan. Al principio me resultaba extraño y echaba de menos algo aunque no sabía muy bien qué era y después de un par de años me di cuenta que lo que me resultaba anómalo era la falta de contacto humano, la palmada en la espalda, el abrazo, el roce casual. Para subsanarlo eduqué a mis amigos y conocidos, pervertí su programación social y la modifiqué para que me consideren una excepción. Ahora la gente nos ve y se asombra porque nos abrazamos, nos rozamos y además del contacto visual emulamos aquel que yo adquirí por nacimiento en un país latino. Algunos días en el tren o en la calle rozo a alguien, pongo una mano en un hombro, empujo suavemente y siempre noto la cara de sorpresa de la persona que recibe dicho trato. Se alteran y sienten tremendamente incómodos. A mi amigo el Rubio le tomó meses comprender el por qué nos tenemos que abrazar cuando nos vemos. Al principio se quedaba quieto, completamente en tensión y me decía que lo hiciera rápido. Ahora a veces se me olvida y me detiene y me recuerda que se me está olvidando algo. Lo mismo sucede con su mujer. El otro día estaba en su casa y llegó su madre y cuando nos despedíamos la mujer se quedó pasmada cuando nos vio despidiéndonos. Le preguntó a su hijo por qué a ella nunca la abrazaba y a mi sí. Algo tan latino, tan habitual en nuestra cultura aquí se convierte en un suceso extraordinario.

Molino de viento De Eendracht en el club de las 500

Molino de viento De Eendracht en Weesp

Molino de viento De Eendracht, originally uploaded by sulaco_rm.

La primera de las fotos de molinos de viento en llegar al club de las 500 ha sido esta. Espero que mejore el tiempo pronto para poder darme un paseo por los alrededores del mismo y hacerle algunas fotos nuevas que siempre he tenido especial debilidad por este molino.

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Albóndigas en salsa

Albóndigas en salsa

Albóndigas en salsa, originally uploaded by sulaco_rm.

Hoy no tengo el cuerpo como para muchos trotes, o más bien no tengo la cabeza en su sitio así que tiraremos de la socorrida sección de cocinillas y dejaremos para otro día el relato de lo que ha sucedido en este largo puente de Mayo.

No sé si será la alteración producida por la primavera o qué pero llevo un tiempillo probando nuevas recetas, planeando platos para cocinar y en definitiva, disfrutando en la cocina. Esta semana me arriesgué con un plato clásico que revisité después de encontrar su receta en uno de los libros de cocina que tengo (y que ando leyendo). Se trata de las albóndigas en salsa. Yo de siempre he sido fans de las albóndigas. Me encantan. Cuando mi madre las cocina me empacho y me pongo como un cerdo. es uno de los platos que más me gustan. Sin embargo nunca había sido muy bueno cocinándolas, hasta ahora. He encontrado una receta exótica y que al mismo tiempo es muy fácil de hacer. Esta semana las he cocinado dos veces. Una en mi casa para probar y depurar las instrucciones y la segunda vez fue ayer en casa de mi amigo el Rubio, en donde cociné para él y su esposa. Sin más preámbulos vayamos a por la receta.

Los ingredientes: 500 gr. de carne picada, 3 cucharadas de pan rallado, 3 dientes de ajo, 3 yemas de huevo, sal, pimienta negra, un poco de cáscara de limón, 2 cebollas, 2 pimientos rojos, mantequilla, tomate triturado, aceite de oliva, harina y pimienta de cayena.

La implementación: Primero decir que con estas cantidades saldrán unas dieciocho albóndigas, suficiente para alimentar a tres. El tiempo total de preparación yo diría que es de alrededor de una hora, aunque no todo el tiempo cocinando. Lo primero es servirte una cerveza y que tus amigos se sienten en la cocina a hablar. Después mezcla la carne picada con el pan rallado, las yemas de huevo. Añade el ajo después de pasarlo por la prensa de ajo y también la cáscara de limón cortadita muy fina (Una variedad que no he probado aún pero que haré sería el dividir la masa en dos antes de poner el limón y a una mitad echarle la cáscara de limón y a la otra cáscara de naranja. Así saldrían albóndigas con dos sabores. Con todo mezclado, salpimentar y dejar reposando.

Después de este trabajillo uno se puede tomar un descanso y continuar con la conversación mientras el olor a ajo lo envuelve todo. Cuando queráis seguir se pelan las cebollas y se pica fina. Lo mismo con el pimiento rojo. En un caldero (o una sartén grande) se echa mantequilla y rehogamos la cebolla hasta que esté blanda. Después se añaden los pimientos y el tomate triturado (yo puse como 300 ml. de tomate) y se deja rehogando a fuego medio durante unos veinte minutos. De cuando en cuando le añades agua si ves que se está quedando muy seco.

Mientras esto se cocina calienta aceite en una sartén pequeña para freír las albóndigas. Haz las albóndigas del tamaño de una nuez con la masa de carne. Pásalas por harina y fríelas en la sartén (unos 8 minutos más o menos). yo comienzo con cuatro, después pongo unas pocas más y así sucesivamente hasta que están todas hechas. Cuando las vas sacando las puedes poner a escurrir el aceite sobre papel de cocina.

Antes de juntarlas con la salsa, salpimenta la salsa y ponle un poco de pimienta de cayena. Añade las albóndigas, mezcla bien y sirve. Se puede acompañar de arroz, ensalada o papas al horno, por ejemplo papas pequeñas cortadas por la mitad y cocinadas con su piel.

La receta es simple y efectiva. Al ponerles tanto ajo las albóndigas tendrán un fuerte sabor al mismo resaltado con toques de limón bastante curiosos. La salsa de cebolla y pimiento está deliciosa. Es uno de esos platos en los que tienes que coger pan y rebañarlo hasta dejarlo limpio como una patena.

Si quieres ver otras recetas que he cocinado puedes ir al índice de Mi pequeño libro de recetas de cocina y allí tienes la lista completa

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