Monthly Archive for May, 2006Page 2 of 7

Allanamiento de morada

Una luz se apaga en una ventana y el edificio pierde consistencia y desaparece tragado por una bruma otoñal que gusta de abrazarlo todo y desdibujar los perfiles. En la calle un perro ladra y el sonido de sus ladridos llega con eco solo acompañado por las pisadas de una mujer que camina sola en la noche. Por el sonido de sus pisadas se deduce que lleva zapatos de tacón de aguja. Es un martilleo seco y consistente que todos hemos oído en alguna ocasión y que nos trae a la memoria recuerdos de grandes actrices del pasado, devoradoras de hombres en blanco y negro que hacían y deshacían en el mundo sin que ningún hombre pudiera evitarlo. El ruido se aleja de donde me encuentro, difuminándose lentamente. Es muy tarde y no quiero testigos que vean lo que voy a hacer.

Finalmente el silencio vuelve a reinar. A lo lejos escucho algo que posiblemente sea una pelea de gatos, los príncipes de la noche, esos animales que gustan de pasear en las calles cuando todos se retiran y que de cuando en cuando luchan por un rincón, o por algo de comida o por una buena hembra.

Miro hacia la casa. Sé que está vacía. Se fueron por la mañana. He estado todo el día controlándola discretamente, sentado en una cafetería, comiendo en el restaurante que está cerca, paseando descuidadamente por los alrededores, siempre tratando que nadie repare en mí y que me recuerden en el futuro. Tendré que luchar con la alarma pero no me asusta porque conozco la clave. Siempre usan los mismos cuatro dígitos para todo. Se rodean de medidas de seguridad y después no saben como usarlas. Cada uno debería tener su propia clave secreta e intransferible, algo que nos permitiera una identificación unívoca. El mundo sería otro. Por suerte no es así.

Salté la valla del jardín y fui a la parte posterior. Allí podría trabajar tranquilamente. Las luces del jardín estaban encendidas señalando el pequeño camino que serpenteaba entre la hierba y las plantas. La puerta trasera no es tan recia como la delantera. Resulta paradójico que de cara a la calle pongan una buena puerta y en la parte posterior no se preocupen igualmente por su seguridad. Es una de esas puertas con una gran ventana en el medio. No me tomó mucho acabar con la cerradura. Los años de experiencia con un juego de ganzúas han servido para algo. Al abrir la puerta la alarma comenzó a pitar, avisando que tenía unos segundos para neutralizarla. Fui al panel de control y puse el código. Un pitido largo sentenció mi acción y se quedó en silencio. En la pantalla se podía leer que el sistema estaba desactivado. No pude resistir la tentación y cambié la clave poniendo una que ellos seguro que no conocían. Me imaginé las caras que pondrían al volver e intentar apagar el sistema. Una lástima no poder estar allí para verlo. También sería divertido el saber que al mismo tiempo que fallaban el sistema avisaría a la policía y tendrían que explicarles que ellos no estaban tratando de robar su propio domicilio.

Subí a la planta alta con una sonrisa tonta en la boca imaginando la escena. Fui directamente al dormitorio principal. Aunque nunca había estado allí dentro conocía de memoria el plano del edificio. Me sorprendió un poco la forma en la que lo tenían decorado, muy decadente, con muchos objetos colgando y reposando de cualquier rincón que se prestara. Aquello debía ser una pesadilla para la persona que se encarga de limpiar. No encendí las luces por si alguien pasaba por la calle y miraba o alguno de los vecinos se desvelaba y salía a coger el fresco a la ventana. Llevaba un pequeño puntero con un led que produce una luz blanca. Busqué el pequeño cuarto que sirve de vestidor. Cerré la puerta y encendí la luz. No había ventanas así que era seguro. No me costó nada encontrar la caja fuerte. Estaba en un rincón, delicadamente cubierta por sábanas bien dobladas. Las puse a un lado y me agaché. No tenía una rueda de esas con números como las que se ven en las películas. El teclado era como el de los teléfonos baratos que hay siempre en los hoteles y en la pequeña pantalla se podían ver los dígitos. Volví a usar la misma clave que había desactivado la alarma y de nuevo se produjo la magia. El ruido de una cerradura desbloqueándose me lo confirmó. Mis pupilas se agrandaron mientras abría la puerta de la caja para buscar mi objetivo.

Esta historia continúa en Una caja de ébano

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Yin y Yang

Yin y Yang

Yin y Yang, originally uploaded by sulaco_rm.

El Yin y el Yang, la dualidad en nuestro universo en donde todo tiene un complemento. Aquí tenemos una pareja en la que uno aparece enfocado en amarillo y el otro en violeta. Esta foto también la hice con la lente de macro pero sin abusar de ella y sin buscar el detalle preciso. Personalmente me parece preciosa.

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Tiempo de venganza

Esta historia comenzó en El rincón del parque

Se enjugó las lágrimas y se quedó un rato pensativa. La ira se extendía por todo su cuerpo sin que pudiera controlarla. Temblaba un poco pero nadie parecía darse cuenta. Esto lo pagaría. Planear una venganza requiere tiempo y eso es algo que le sobraba. Cómo pudo hacerle eso a ella, traicionarla de esa forma. No sabía ni cuando, ni como, pero sí que pagaría de alguna forma y cuando hubiera terminado, sabía que él no podría olvidar jamás el significado de la palabra fidelidad. Esta batalla la había ganado esa zorra del parque pero lo que cuenta es el resultado final de la guerra y la victoria sería suya.

Quedarse allí era muy peligroso porque alguien que la reconociera podía avisarle así que se marchó y buscó una cafetería en la que comenzar a rumiar su venganza.Cuando ya estaba en un lugar seguro, se pidió un café y trató de aclararse las ideas. La taza humeaba frente a ella extendiendo un delicioso aroma que la cautivaba lentamente y de alguna forma la relajaba. Sus dedos acariciaban la taza aunque ella no se daba cuenta. Por su cabeza seguían pasando las imágenes del parque, su hombre con otra, con aquella sucia jovencita con la que ya no podía competir. Estaba claro que ella había dejado atrás la juventud y su cutis no era el mismo. No es tarea sencilla el aparentar ser una jovencita toda la vida, no es fácil y tampoco es algo que ella quería hacer. Estaba muy satisfecha de su aspecto, de su esplendorosa madurez. Todo el mundo lo comentaba cuando la veía. Estaba perfecta, impecable para su edad. Además arrastraba un montón de años de experiencia. No se consideraba una mojigata y sabía como satisfacer a un hombre o al menos eso creía hasta que descubrió una mancha de carmín en la camisa de Pedro. Aquel día también lloró incapaz de asimilar la verdad y aterrorizada por su descubrimiento. Trató de buscar mil y una excusas que lo declararan inocente pero todas sus teorías eran desmontadas por aquella simple evidencia. No podía concebir que aquel hombre al que había dado todo lo mejor de sí la estuviera engañando. Se pasó el resto del día rastreando toda su ropa y sus cosas tratando de encontrar algo más. Después de una eternidad infructuosa lo guardó todo, preparó la cena y esperó que volviera con la mejor de sus sonrisas, achacando a la alergia la irritación en los ojos. Él nunca sospechó nada. Aquel día se tomó un calmante para dormir y se fue a la cama sin decirle nada. Para cuando él se agostó ella estaba profundamente dormida.

Durante unos días comprobó su ropa cuidadosamente y cansada de esperar decidió seguirlo y ver lo que hacía. Él ya le había dicho en una ocasión que salía a caminar a la hora de comer y supuso que podía ser uno de los momentos más idóneos para encontrarse con alguien ya que no es del tipo de hombres que llega tarde a casa. Aquel había sido el primer día que fue a seguir los pasos de su marido durante la comida y ya tenía la respuesta que buscaba. Pensó que estaba preparada pero nadie lo está para este tipo de cosas. Cuando los vio abrazarse y besarse con ansia y rabia como si el mundo se fuera a acabar en cualquier instante pensó que se moriría allí mismo. El sujetaba a aquella tipa y la apretaba fuertemente contra sí, al igual que hacía con ella. Dentro de ella algo se estaba rompiendo en pedazos, todo su amor se evaporaba por momentos y se esfumaba igual que el humo que salía de la taza de café. Sólo quedaba la ira y las ganas de venganza. Son sentimientos muy fuertes y que arrastran a uno sin que pueda hacer nada por evitarlo.

Se tomó el café y salió de aquel bar. Ya estaba más tranquila. Ahora que tenía la certeza podía comenzar a planear la venganza. Esto no iba a quedar así. Averiguaría quien era la mujer aquella y ya se le ocurriría algo. Tendría que suponer muchas cosas y no podría confiar en nadie. Se fue de compras para relajarse y comenzar a maquinarlo todo. Estas cosas son muy pasionales y si quería triunfar tendría que pensar fríamente, adelantarse al enemigo y buscar todos sus puntos débiles.

Caminando por la ciudad se cruzó con parejas que paseaban cogidos de la mano y sintió envidia y odio aunque después de sopesarlo un rato decidió que quizás muchas de esas parejas en realidad ya no existían pero uno de ellos no lo sabía, porque ella había ido de esa guisa no mucho tiempo atrás, feliz en su ignorancia y ahora estaba convencida que todo aquello había sido un engaño.

Mientras, en la oficina, Ana paseaba su felicidad por todos lados. Las cosas estaban saliendo rodadas. Estaba enamorada y aunque aún no podía gritarlo a los cuatro vientos, se le tenía que notar en la cara. Estaba tan feliz …

Continuará

Hélice

Hélice

Hélice, originally uploaded by sulaco_rm.

Creo que aquí acabamos con esta serie de observación del micromundo. Un montón de amarillo y una hélice misteriosa que a mí me recuerda a una nave espacial en su solitario camino.

Güicheando con el Wordpress

Seguramente nadie se ha dado cuenta pero desde el sábado se ha producido la mayor revolución en esta bitácora en dos años. Desde que Distorsiones emigró a wordpress no han habido grandes cambios en la maquinaria que mueve esta página. Su aspecto cambia de cuando en cuando pero nada más. Todo cambió el sábado. Por casualidad me topé con un plugin para wordpress llamado Wordpress Widgets. Ahora quiero que eches un vistazo alrededor. Casi todo sigue igual, no parece que haya nada mágico. Lo hay. Los Güiches son pequeños enanos miliclitorianos que trabajan en el interior de esta página y hacen posible que la barra lateral surja mágicamente. Hasta ahora siempre que cambio el aspecto de la página me toma bastante tiempo el arreglar dicha barra porque ahí pongo diferentes cosas y cada uno hace algo distinto. En las ocasiones en que he rotado las diferentes pieles que recubren esta bitácora algunos notan que no todas las cosas aparecen siempre, particularmente en los temas más antiguos. Con los Widgets la barra lateral se independiza y siempre tendrá el mismo contenido, liberándome del tedio que supone arreglarla. Si hay alguien realmente interesado puedo hacer una anotación con el proceso de instalación y configuración.

He instalado unos cuantos güiches. En la imagen siguiente se puede ver los que tengo puestos y su orden:
wordpress widgets

Después de rebuscar por la red pude darle un aspecto similar al que tenía antes y añadir unas cuantas chuladas. En primer lugar las categorías ahora forman una nube en la que las que tienen más anotaciones destacan por su tamaño. Es una forma más natural de representar la información y permite de un simple vistazo saber cuales son los temas más recurrentes por aquí. Además de la habitual publicidad que confío en que algún día pague el alojamiento he añadido una nueva forma de premiar el esfuerzo. Quien quiera hacerlo (espero que miles y miles) puede donar dinero usando Paypal. Cualquier cantidad es bienvenida. Seguro que se me ocurre alguna forma o manera de agradecer el estipendio en caso de producirse. Quien quiera estrenarlo que no se corte.

La zona de últimos comentarios también ha recibido un ligero rediseño y personalmente ando muy contento con el resultado. Por último quiero aprovechar para indicar a los nuevos visitantes (aquellos que han entrado a formar parte de esta comunidad no ha mucho) que pueden poner un alfiler con su ubicación geográfica en el mapa de Distorsiones en Frappr. Pueden hacerlo haciendo clic en el enlace anterior o usando el icono que está casi al final de la barra lateral.

En los próximos días ajustaré los temas antiguos para que hagan uso de los Güiches y quizás rotemos el aspecto de la bitácora por variar un poco. También adelanto que durante el mundial de fútbol los días que juegue la selección holandesa Distorsiones cambiará su aspecto y aparecerá en naranja. Seguro que todo el mundo odia ese aspecto pero a mí me la refresca. Lo preparé para el Koninginnendag y al final se me olvidó usarlo.

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Estigma en la niebla

Estigma en la niebla

Estigma en la niebla, originally uploaded by sulaco_rm.

El efecto de la lente macro es tan fuerte que parece un gusano retorciéndose sobre sí mismo entre ambiguos tonos verdes y amarillos.

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Es un mundo distorsionado

¿God? ¿Dios? ¿dónde estás? ¿Qué haces? ¿Qué quieres?
Oh my god! el alcoholismo no sé si será una enfermedad pero te hace ver las cosas de otra manera. Estoy borracho. Veo doble o triple o cuadruple o yo qué sé y apenas puedo escribir. En las últimas seis horas he estado bebiendo sin parar con los colegas sudafricanos, los mismos con los que trabajé en Noviembre/Diciembre pasado. Vuelvo a Sudáfrica o eso parece. Tenemos un nuevo proyecto en el mismo cliente y esta gente me quiere a mí o a mí. No hay segundos candidatos. Han venido a Holanda a negociar y de paso hemos quedado para cenar y hablar un rato. Me llevé a uno de nuestros desarrolladores, el friki que está casado con una rusa que compró por catálogo para que me puedan comparar con él y ver que soy casi normal. Los previos a la cena estuvieron muy bien en un pub irlandés. Bebimos pintas de cerveza de esta irlandesa, tan espesa y sabrosa y después fuimos a cenar. El restaurante lo elegí yo y cuando llegamos la chica nos dijo que estaba lleno. Le puse mi mirada más patética, esa que reservo para los grandes momentos, la de drama total. Se marchó sin decir nada y un minuto más tarde volvió diciéndonos que teníamos una mesa. Estas cosas siempre me suceden a mí. Los otros ya hablaban de otros restaurantes pero yo me negaba. Dios está conmigo. Cenamos y la comida fue excelente. También bebimos un montón de cerveza. Los sudafricanos son como esponjas. Absorben todo el alcohol del universo y es difícil seguirles. El friki hablaba y hablaba sin parar y todos alucinábamos. Yo no soy normal pero al lado de los desarrolladores de mi empresa al menos lo aparento. Y mi encanto personal es capaz de allanar cualquier reticencia. Soy un ángel divino y lo sé. Caído, pero ángel.

Tras la cena seguimos bebiendo por un tiempo en el restaurante hasta que pedimos la cuenta. En principio invitaba yo pero los sudafricanos no me permitieron pagar. Dios los bendiga. Salimos del local y nos despedimos del desarrollador que resplandecía de felicidad. El hombre hablará de esa noche hasta el fin de los días. Lo dejamos volver a casa con su esposa rusa comprada por catálogo. Ninguno le dijo nada pero tenía un pelo de por lo menos tres centímetros que le salía de la nariz como si fuera una antena. Aquello daba mal rollo pero se lo perdonamos por ser un desarrollador de software. Son todos iguales, gente de otro universo.

Invité a los sudafricanos a una última ronda de cervezas pero solo si yo pagaba. Volvimos al pub irlandés en donde el arrentranco de la barra nos reconoció por la propina anterior y nos trató como clientes V.I.P. Seguimos hablando y riéndonos. La última ronda se convirtió en dos y luego en tres y más tarde en cuatro. Ya no me asombra mi don de gentes. A estas alturas está decidido que sea yo quien vaya a Sudáfrica a instalar el producto. Puede que haya otros más preparados pero me prefieren a mí y punto. Salgo de aquel sitio borracho. Han sido muchas cervezas. La Macarena me espera amarrada a una valla. Me reprocha mi estado pero no dice nada. Me despido de los amigos de allá abajo. Vuelo a lomos de la Macarena hasta la estación y llego un par de segundos antes que el tren. En el tren flipo en mi propio universo, ajeno a lo que sucede en este valle de lágrimas.

Al llegar a Utrecht corremos por las calles buscando mi casa. La Macarena conoce el camino. Volamos a velocidades increíbles mientras mi cerebro trata de identificar lugares conocidos. A la bicicleta no le preocupa esto. Sabe como volver a casa. Miro hacia el cielo, suelto las manos del volante y llamo a Dios. Él me responde. Le pregunto por qué me ha tocado vivir esta vida y me responde que alguien tenía que contar cosas insubstanciales, que ya hay demasiado pollardón contando cosas serias y también hemos de entretener a la plebe. Mis manos abrazan el cielo y mi bicicleta misteriosamente sigue su camino sin guía en la rueda delantera. Cruzo por caminos vacíos a esta hora tan tardía. Paso junto a una familia de patos que duerme escondiendo la cabeza bajo las alas.

Tras una eternidad que no duró más de quince minutos llego a casa. Sigo borracho, eufórico. Vuelvo a Sudáfrica. Dios me quiere. El mundo puede ser mío si así lo deseo. Sigo pisando fuerte.

Busco el teclado y escribo algo, lo que sea para que la página no quede vacía. Mañana será otro día y mi cerebro está comenzando a apagarse ….

Pequeño sol

Pequeño sol

Pequeño sol, originally uploaded by sulaco_rm.

Este pequeño sol resplandece en su microuniverso.

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Sofá, comida turca e historias para no dormir

El sábado fue un día muy productivo. El día no comenzó muy bien porque a las 10 de la mañana comenzó a sonar una extraña alarma en mi casa y me despertó bruscamente. Traté de buscar el origen del sonido sin éxito ya que cuando bajé a la planta baja ya había cesado. Me fui a la cama con mal cuerpo y seguí durmiendo hasta las once y media de la mañana. Después de pajarear un rato salí de compras, a reventar mi cuenta corriente. El resultado de esas tres horas fue un sillón y una butaca de puro-lujo-María aunque tendremos que esperar unos meses para verlos en su posición definitiva ya que hoy en día todo se fabrica después de que lo has comprado y con el rollo de las vacaciones de verano pues hay que joderse. Entre las características del sillón puedo contar que es de cuero color terracota y que es un tres plazas con una de ellas dotada de función relax. Le das a un botón y te quedas tumbado viendo la tele. Me voy a pegar unas siestas de cagarse por las patas pa’bajo. La butaca también está equipada con la función relax. Esto va a ser el acabose. Para que el mobiliario vaya a juego adquirí una mesa de esas de salón de morirse estilo chichón totalitario. Ahora me falta un mueble para la tele y la sección de ocio social estará completa. Como efecto colateral del estipendio me regalaron una Perfect Draft con lo que las veladas en mi casa van a adquirir una nueva dimensión y el tripón cervecero me va a crecer hasta límites inimaginables.

Después de esto pasé por Amsterdam para ir al cine con el Turco del que un día tengo que contar las últimas noticias, que las hay. Estuvimos en el cine y tras la peli nos fuimos a un bareto turco a comer un Doner Kebab de esos auténticos. El local está en un callejón que comienza en Rembrandtplein y que de siempre ha sido zona de julandrillos, pero como el turco parece tener mucha fe en aquel sitio, pues vamos y dejamos que los hombres nos admiren. Al entrar el bar está vacío, lo cual me da un mal rollo de cojones pero como es temprano, pues nada, asumimos que más tarde se llenará. El turco pide la comida usando sus poderes otomanos y se pone a hablar con el dueño en su lengua mientras yo divago mentalmente. A medio camino de la conversación la comida está preparada y el Turco le dice al tipo que él no come y me sirve a mí la comida. Sigo comiendo mientras aquellos dos hablan sin parar en su idioma. Por el tono parece una historia triste y el tipo del bar pone caras compungidas. Cuando acabo mi amigo me dice que nos vamos y que luego me cuenta. Salimos del sitio y lo primero es avisarme que si me siento mal que no me extrañe que es la comida. Parece ser que el tipo del restaurante lo cogió traspasado tres meses atrás y lo timaron. Los frigoríficos no funcionaban, ni el lavavajillas ni nada de nada. No vende y está arruinado así que lo va a cerrar. La historia es como para llorar si no fuera porque esa fue la razón por la que mi amigo no comió y yo me acabo de meter en el estómago un montón de carne que solo Dios sabe si está en buenas condiciones. Me paso el resto de la velada con retortijones varios y sudoroso.

Como el alcohol lo mata todo nos dirigimos a una cafetería fashion que hay junto al hotel Amstel, al lado de la casa del turco. El camarero mariquita nos lleva viendo ir allí toda la vida y está convencido que somos pareja de derecho y siempre nos tira los tejillos. Nosotros le reímos las gracias porque el hombre nos trata bien y a mí plin con su culín. El Turco ve unas chochas y me obliga a sentarme en la mesa más próxima a las mismas. Yo desde el principio lo tengo meridianamente claro pero él no ve la luz. En seguida se pone en modo Turkineitor, cacareando y meneándose como si tuviera el mal de San Vito para atraer la atención de las féminas. Son dos, una jovencita, de esas que se dice barely legal y otra más pasada que la regla de Sarita Montiel. Yo no le digo nada pero me quedo quieto y miro hacia otro lado. El Turco me acusa de ser mariquita y yo le respondo que PASO totalmente de esas tipas. Él sigue a lo suyo y tras un rato le llega la primera duda. Una brecha se ha abierto en su simple universo y las vuelve a mirar con ojos críticos. Me mira y yo asiento lentamente sin decir palabra. Son dos transexuales, dos trannies si lo decimos en inglés. Esas de tías no tienen nada. Tendrán airbag pero también van equipadas con antena telescópica. Mi amigo sigue sin creer que la joven sea del gremio, pero se lo confirmo. Yo NO me equivoco jamás en este tema. He trabajado cuatro años y medio con un Ramonchu que se convirtió en Pepona y gracias a esa experiencia única e irrepetible he adquirido capacidades intrasensoriales para detectar, identificar y descubrir a esta gente, a las que respeto y todo lo que queráis pero con las que no me siento nada identificado. La vieja es que tiene jeta de macho que no veas, que las hormonas después de veinte años mamándolas dejan de hacer efecto y el hombre fuerte que llevan dentro vuelve a asomarse. A la joven se le nota en la nuez de Adán, en las manos de albañil, en los tobillos de futbolista y en el bulto sorpresa que moldea la minifalda. Además, a nadie con un dedo de frente se le ocurre ponerse ropa de furcia barata un día que hay trece grados y llueve sin parar y esta claro que las excepciones han de ser anomalías en la línea del espacio-tiempo. El tranny joven se levanta para ir a mear y al turco se le desencaja la mandíbula cuando otea ese pedazo de paquetón que lleva, que carga más materia que Rocco Sifredi. El tío (o la tía) hace hasta amago de meterse en el baño de los caballeros (los de verdad se entiende) pero al final retrocede y va al de las damas. La vieja aprovecha la ausencia para flirtear con el camarero pero este le deja claro que él está por nosotros y no por ella. Después que salen del local nosotros y una pareja que estaba en otra mesa rompemos a reírnos a mandíbula batiente y treinta segundos más tarde entran de nuevo pillándonos en medio del jolgorio. Se habían olvidado el paraguas y obviamente saben de qué y de quién nos reímos. Le tuve que explicar a mi amigo que una de las formas más fácil de detectar a un tranny es porque siempre van en pares. Son como los caballeros Jedis y sus Padawan. Siempre se les ve en grupos de al menos dos. Uno viejo y más gastado que las pilas de Chernóbil y otro joven, el aprendiz que mira arrebolado al viejo y trata de aprender de él todo lo que puede. El que trabajaba conmigo también cumplía la regla, solo que el suyo se le murió de Sida después de un año y estuvo por lo menos quince días de depresión, hasta que a través de la asociación Lassie le encontraron otro trans y volvió a sentirse una mujer a punto de nacer de ese cuerpo de hombre.

Después de esta clase tan didáctica le dije al Turco que yo me volvía a mi casa que con tanto mal rollo no me sentía en la plenitud. El viaje en metro-tren-guagua fue una tortura únicamente mitigada por los sudokus que me hice. Según entré en mi casa subí al trono, me senté, me hiperventilé y jiñé de un solo golpe todo el Doner Kebab. La totalidad de mis vecinos se asomaron a sus ventanas porque pensaron que alguien había pegado un tiro por la calle, pero solo yo conozco la verdad …