Archivo de May, 2006

Cerca y personal

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Cerca y personal, originally uploaded by sulaco_rm.

La vida en púrpura. Una preciosa imagen del corazón de una flor púrpura.

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The Da Vinci Code - El código da Vinci

The Da Vinci Code Mañana completo esto porque no tengo ganas de escribir y es tarde. Solo decir que The Da Vinci Code es UNA MIERDA DE QUE TE CAGAS. Quiero aprovechar ahora que me han dejado el micrófono para CAGARME EN LA PUTA MADRE DE TODOS LOS QUE HICIERON ESE TOSTÓN. He dicho.

…. más tarde ….
Aburrimiento absoluto. Se cree que no existe pero he estado tan cerca de tocarlo con mis propias manos que ahora sé que existe.

AVISO: si nunca has leído nada de esta bitácora y has llegado aquí directamente te sugiero que lo dejes ya mismo y no vuelvas jamás.

Hace más de un año que escuché el audiobook del El código da Vinci y como todos recordamos me gustó bastante. No era algo maravilloso y que cambiará tu vida pero como libro con trama de acción tenía su punto adictivo y te lo terminabas fácilmente. Ahora tenemos la adaptación cinematográfica del mismo, la conversión de la palabra en imágenes y el resultado es una mierda.

La trama está más vista que los pezones de Samantha Fox pero la repetiré por si alguno ha estado fuera de este mundo en las últimas décadas: Un julay de barriada periférica se empacha al comerse el coño de una gorda de sonrisa repugnante y muere empenenado. Investiga su muerte un tonto del culo con puta adosada que cree que el Opus Dei es una cadena de supermercados de bajo coste y después de visitar dos mil iglesias presenta una queja porque las mismas están vacías y no ha podido comprar los productos en descuento. Al final todo se resuelve y la putilla adosada se transforma en coliflor hervida, el julay se la come y este cuento se ha acabado.

NO ES LO MISMO UN LIBRO QUE UNA PELÍCULA. Si eres el director quiero que copies esa frase cien mil veces a ver si te entra, gilipollas de mierda. Han conseguido aburrir hasta el infinito y más allá a todo Dios y virgen santa con esta mierda de historia sin ningún ritmo, sosa como la comida sin sal y tediosa hasta límites intolerables. Tom Hanks es lo peor que se ha visto en el cine en muchísimo tiempo, lo podrían cambiar por un cartel vendiendo agua de Solán de Cabras y quedaría más amena la cosa. Da igual que su putita le diga que quiere que le coma el coño o le den una hostia o se caiga desde doscientos metros de altura. El pobre está como acartonado y no consigue quitarse esa cara gilipollas a lo Forrest Gump durante más de dos horas. Sobra tranquilamente la mitad del metraje. Hay escenas y escenas y escenas que no aportan nada, que no recuerdas ni un segundo después que han terminado y que solo sirven para que mires una y otra vez la hora en tu flamante reloj CASIO con pantalla retroiluminada (4 veces en mi caso) o en el cutre reloj del vecino (2 veces más) y bosteces sin parar (9 veces contadas) y quieras marcharte y acabar con esta pesadilla pero temes perderte ese genial final que finalmente no llega.

Conclusiones que saca uno después de ver esto:
1. El Opus Dei es una secta de julays amariconados encabezada por un primo de Alvárez-Cascos (es igualito a él) y en la que una mafia de asesinos albinos hace el trabajo sucio.
2. Se puede entrar en las iglesias a robar y romper cosas sin que nadie haga nada.
3. Cualquier gilipollas con algo de tiempo libre se mete en el museo del Louvre a rayar cuadros sin que a ningún francés le importe un carajo.
4. La policía gala apesta mazo.
5. La policía inglesa apesta aún más.
6. Los profesores de universidad son vividores que solo buscan follar con jóvenes estudiantes (esto puede que sí sea cierto).
7. La protagonista es gilipollas profunda y aún no lo sabe. A chirona con ella.
8. El minusválido es marikita y se folla al mayordomo, que es también marikita y julandrón de segunda.

Y esto es lo que hay. Una mierda de película que no consigue contar una historia interesante y que recordaremos como uno de los pallufos del 2006.

Absolutamente recomendada para todos los lobotomizados, sado-masocas, julays que no se hayan leído el libro y quieran saber de qué va y pollabobas varios.
medio gallifante

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Mission: Impossible III - Misión Imposible 3

Mission: Impossible IIIUno sabe lo que va a ver cuando elige este tipo de películas. Después de todo el ruido y los malos rollos alrededor de Tom Cruise, que parece estar haciendo méritos para ser el nuevo friki de los americanos, muchos decidieron no ir a ver la película. A mí la verdad que si el hombre es lo suficientemente gilipollas para meterse en una secta de julays allá él. Yo voy al cine a disfrutar con su trabajo y los coños que coma o las pollas que chupe en su vida privada son su problema. No lo he dicho, pero hasta un apajarado sabrá que voy a hablar de Mission: Impossible III.

La trama de la película es la de siempre. Un julay metrosexual de mierda se cansa de comerle el chichi a la penca de su novia y se va de marcha con los amigos a romper telillas en Asia, Europa y donde se tercie. En el camino se tira un par de peíllos que producen inestabilidades internacionales y la penca a la que nombré un par de líneas atrás se mete en problemas por culpa de sus tampones y debe ser rescatada milagrosamente.

Ya van tres películas y es siempre lo mismo. Aquí no tenemos sesudas conversaciones entre el jardinero y la zorra de la vecina o momentos de reflexión mientras la cámara recorre grandes extensiones de bellos paisajes y nosotros aprovechamos para comprobar los mensajes en el móvil. No. Aquí hay una sucesión encadenada de momentos de acción en los que Tom Cruise es la pieza fundamental. Después del pisoteo de la gravedad que se hizo en la película anterior, vuelve a parecer algo más normal. El hombre recibe palos, rebota y se golpea como el resto de los humanos, con la única diferencia que se recupera en microsegundos. El guión es mucho más consistente y aunque seguro que si me pongo a pensar descubro muchísimos agujeros negros, lo bueno que tiene es que no sientes esa necesidad mientras estás disfrutando de la película. Imagino que gran parte del mérito lo tiene J. J. Abrams, el director.

Lo que más llama la atención es Tom Cruise. Mi amigo el Turco lo describió perfectamente al comenzar la película. Me preguntó: ¿Este julay no tiene ciento cincuenta años por lo menos? Es increíble. El hombre sigue estancado en los veintitantos. Debe haber hecho un pacto con el demonio y a ver si nos pasa el contrato porque yo firmo ya mismo. El Turco cree que su juventud es producto de algún tipo de perversión sexual o que se baña en la regla de nigerianas vírgenes aunque yo lo dudo. Yo soy más pragmático y supongo que hay mucho trabajo de cirujanos plásticos y mucho metrosexualismo de por medio. Sin que sirva de precedente en esta película todos los secundarios parecen trabajar para ensalzar el producto y no a la sombra del protagonista. Esta es una de las cosas que más me ha gustado, que no solo tenemos una estrella sino un equipo de gente que pretende sacar adelante un producto para el disfrute de la audiencia.

Si he de resaltar lo que no me gustó nada yo diría que fueron los títulos de crédito iniciales. Parecen muy pobres, como de película de bajo presupuesto y eligieron un tipo de letra horroroso. No sé, uno se espera más de una superproducción como esta. Por lo demás, la película ha cubierto todas mis expectativas y las ha superado holgadamente. Es un excelente ejemplo de cine de aventuras y acción y está muy por encima de cosas recientes como V for Vendetta.

Está de moda el odiar a Tom y supongo que mucha gente no la verá por ello pero si eres capaz de separar tus sentimientos personales sobre una persona de su trabajo y encima te gusta el cine de acción puro y duro, esta es una película que no puedes perderte. Totalmente recomendada para seguidores de este tipo de cine, descerebrados e intelectuales varios. ¡Ah! Y puedes ir con la parienta que se quedan aborregadas mirando al julay y soportan muy bien la película, cosa que no suele ser habitual en este tipo de cine.
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Tulipanes y molino al fondo

Tulipanes y molino al fondo

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Un montón de tulipanes y un molino de viento al fondo. ¿Hay algo más holandés que esto?

Hay más información sobre Holanda en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de molinos de viento

Los achaques de la Macarena

Me distraigo con tantas boberías y en ocasiones se me olvida que esta bitácora es también el lugar en el que quedan registradas esas pequeñas cosas que le pasan a uno. El pasado lunes me levanté dispuesto a comerme el mundo y después de un frugal desayuno salí de mi casa escopeteado para no perder el tren. Iba con algo de prisa y la Macarena y Yo nos fusionamos en un único ente que volaba por los verdes parajes holandeses hacia la estación de tren. Pese a que no tiene velocidades pasábamos a todo quisqui y a cada instante acortábamos la distancia que nos separaba de nuestra meta. Más o menos a medio camino dejamos los paisajes idílicos y entramos en calles de ciudad y en esa zona la calidad el camino se resiente ya que es una calle adoquinada. Iba volando por ella cuando noto que se me trabucan los pedales. Había saltado la cadena. Traté de devolverla a su circuito pero no hubo manera. Además de la cadena la rueda trasera se había desplazado y aquello no tiraba. Las desgracias siempre suceden en los lugares que uno menos se espera y por culpa de esto me quedé con las manos pringadas de grasa y a diez minutos de la estación, justo en la única zona de la ciudad en la que no hay talleres de reparación.

Me resigné y comencé a caminar en dirección a la estación arrastrando la bici. Mientras avanzaba sopesaba las posibilidades. Cerca de la estación hay varios talleres que me la pueden arreglar y en la misma estación hay uno. Mientras iba de camino me acordé que en la estación de Hilversum también lo puedo hacer y de esa forma no pierdo el siguiente tren. Me apuré y llegué a la estación con menos de medio minuto para pillar el tren. Salté dentro cuando el revisor soplaba su pito y se cerraban las puertas. En Hilversum fui a la tienda de la estación y le expliqué el problema al alcohólico que trabaja allí por las mañanas. No es un adjetivo gratuito, define perfectamente su condición. El hombre a mediodía apesta a vino del barato y a las tres de la tarde es que ya ni ve. Todos el mundo lo sabe pero parece que a nadie le importa. El tipo me dijo que hablara con su compañero, un turco que no habla inglés. Por suerte ambos hemos visto las películas de Tarzán y entre señas y gestos le expliqué la situación. El colega colgó mi bicicleta de un elevador neumático y en un par de minutos me la había arreglado. Encima es que no me cobró nada. Que el buen Dios de los católicos lo bendiga y le haga ver la luz, que el hombre se merece ir al cielo y no terminar en el infierno de los musulmanes con todas esas tías tapadas de negro, que parecen cuervos. Con las manos negras por la grasa me fui a la oficina para mi siguiente aventura.

Después de la reciente reorganización hay un montón de pequeñas tareas que no hace nadie porque las personas que las ejecutaban han sido despedidas. Una de ellas es la de reparar los desperfectos en los baños. En la oficina tenemos unos retretes del copón, con muchísima tecnología que a su vez requiere mantenimiento. No sé si el tipo al que echaron lo hizo adrede pero lo cierto es que después que se fue los lavamanos dejaron de funcionar. Tienen unos sensores que detectan la proximidad de las manos y activan el agua. Parece ser que funcionan con pilas pero nadie sabe o quiere cambiarlas y el resultado es que nuestros flamantes lavamanos son inútiles. También hay algún retrete al que ya no se puede entrar. La gente se mofa y han puesto un cartel en la puerta recordando a los directivos que estamos así por su culpa y en letras grandes pone que si entras allí lo haces por tu propio riesgo. A su lado alguien puso un casco de obra y cuando vas al baño te lo pones para seguir con la broma. Ya sé que suena todo como muy de coña pero es así. Un día de estos le hago una foto. Gracias al problema del lavamanos me tuve que quitar la grasa en los rollos esos de toallas para secarse las manos. Dejé el puto trasto vacío y la papelera hasta arriba. Después de una experiencia tan tercermundista aproveché para mostrar mi insatisfacción a mi jefe, que estas cosas es mejor sacarlas pronto o te crecen las úlceras.

El resto de la semana la Macarena ha funcionado sin más achaques y espero que siga así por mucho tiempo.

Pistilo y estambres

Pistilo y estambres

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Otra vista mágica en tonos amarillos

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En la guagua

A decir verdad hoy no tengo nada que decir. Esta semana está marcada por los desvaríos y no se me ocurre ninguna otra chorrada que contar por aquí. Cualquier otra persona seguro que se preocuparía y trataría de forzar la maquinaria pero en mi caso, lo que no puede ser, no puede ser y no le presto más atención.

Hoy no fui en bicicleta al trabajo porque amaneció lloviendo y al volver a casa me encontré una chica en la parada. No era excesivamente guapa pero tampoco eso que se define como callo malayo. Esperamos juntos a que llegara la guagua y cuando lo hizo le cedí el paso para entrar en el vehículo. Desde donde nosotros nos subimos hasta la estación hay tres paradas más y el conductor, un tío con el que ya he ido en otras ocasiones y que se ajusta al modelo denominado viejo verde vio a la chica, la miró con ojos vidriosos por el ansia y entonó el himno de las chochas. A grito pelado comenzó el salmo: “Mucho chocho, … mucho chocho” y todos los tíos que iban en la guagua respondieron a una: “Es, … Es“. La chica sonrió y buscó un asiento libre en el que sentarse. Nada más entrar en la guagua te encontrabas con dos barbies comatosas, esas viejillas que están más cerca de allá que de acá y que siempre visten igual, con esas faldas plisadas, esas playeras modelo cordero de Cristo igualitas a las que llevaba el difunto Papa, esos calcetines cortos azules justo por encima de unos tobillos de tamaño extragrande y con esas patotas como columnas griegas, aunque no sabemos si dóricas, jónicas o corintias porque la falda nos impide ver el capitel que las corona. Las viejillas tenían el peinado estándar de la tercera edad holandesa, esos cortes de pelo que se anuncian en las peluquerías con descuento para la tercera edad y que se hacen poniéndoles una escupidera en la cabeza y recortando todo lo que asoma de las mismas. Los cabezones rubios cuando llegan a los setenta o más se vuelven blancos y siempre he sentido curiosidad por saber si allí en donde la luz del sol ya no llega también se les pone un bigotillo blanco o directamente se les cae el pelo. Imagino que si sigo por el país dentro de treinta años lo podré averiguar de primera mano.

Las viejillas no estaban muy satisfechas con la entrada gratuita otorgada únicamente por estar follable y comenzaron a cotorrear pero el chófer las acalló de un plumazo diciendo: se callan coño o les quito las dentaduras postizas. Las tías rezongaron pero no dijeron más nada. En la siguiente parada entró una chica con tarjeta de transporte como la mía, que te permite un uso y abuso ilimitado de los recursos públicos y junto a ella subió una asiática. Dicho así todos nos imaginamos una chocha de esas con ojos rasgados, cutis terso y sedoso, tetas pequeñas y manejables, una tía que parece estar pidiendo a gritos que la penetres una y otra vez. Pues no, no sucedió eso así que enfriad vuestras mentes calenturientas. La asiática era pequeña y demás, pero debía tener más de cuarenta años. Todos sabemos lo que sucede a las mujeres de esa parte del universo con la edad. Se arrugan como pasas, se les oscurece la piel y se les pone un hocico a medio camino entre perro pekinés, india arapajoe y careto de ministra de la derechona (como las Palacio’s sister). El chófer miró a la tía, agarró el bono guagua (aquí conocido como strippenkart) y rumió un mira que eres fea hijaputa mientras se lo sellaba dos veces, para joderla y que pague más. La china/tailandesa/indonesia o lo que quiera que fuera entró y cuando iba a buscar asiento el conductor arrancó a todo meter y la lanzó directamente contra las dos viejas cotorras, que se vieron de repente aplastadas por aquella tipa. Todos nos reíamos a mandíbula batiente mientras las dos ancianas cacareaban sus quejas y el guagüero se reía socarronamente. Finalmente la del lejano oriente acabó sentada cerca de donde estaba yo y pude ver lo mal que lleva esa gente lo del envejecer, como ya he dicho. Aquella es que daba hasta asco. Incluso los colegas que dicen que ellos si hay agujero la meten se lo pensarían tres o cuatro veces. Aquella mujer necesitaba un planchado completo para alisarle un poco la piel y ya puestos, una dentadura nueva menos negra que la que llevaba, que no tenía sarro, tenía dientes negros. La tía encima te sonreía con aquellos tizones y daba yu-yu. Saqué mi cruz de debajo y la puse bien visible, que estas cosas es mejor repelerlas con la ayuda de Dios. La tía tenía una manos con uñas como garras de pajarraco, similares a las que se me ponen a mí después de seis meses sin cortarme las uñas de los pies, que una vez me hice una foto y los de la National Geographic la usaron para un reportaje de aguilucho. Con aquellas armas en las manos esa tipa debe ser bien peligrosa.

Sin más incidencias llegamos a la estación de tren y tras una corta espera nos subimos al tren y continuamos viaje.

Pistilo

Pistilo

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Otro espectacular pistilo visto desde arriba con los estambres a los lados formando un hexágono. Me quedo sin más palabras.

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¿Cagan los vegetarianos?

Ya sé que todo el mundo se pasa el día tratando de solventar los grandes problemas del universo y buscando fórmulas para que la humanidad sobreviva hasta el fin de los tiempos y de verdad que me avergüenzo de mi mismo porque yo mientras tanto no puedo dejar de pensar en boberías y desaprovecho ese escaso intelecto que Dios me dio haciendo el payaso pero es que no hay forma de evitarlo. Si valiese para algo más seguramente me habría quedado en la universidad, habría hecho el doctorado y ahora estaría oliendo coñitos de jóvenes de dieciocho años y eligiendo a las mejores para follármelas como hacen todos los doctores que conozco, que son muchos. No hay mejor vida que la del profesor universitario, vacilando con las niñas, escribiendo artículos para exponer en congresos que son siempre en lugares exóticos y a los que solo van para salir de putas y jugando a ser dioses en los exámenes aprobando o suspendiendo a la gente según les salga de los redaños. En lugar de eso acabé trabajando en una multinacional, atendiendo aburridísimas reuniones en las que se me ocurren estas ideas bobas y viviendo a tres mil kilómetros de la tierra que me vio nacer.

Bonita introducción pero ya me estoy desviando del tema. Que digo yo que los vegetarianos no cagan y me preocupa porque eso no puede ser bueno. Llegar a tremenda conclusión es el producto de una sesuda investigación en la que mismamente yo he sido la cobaya. Con la coña del Zeskamp al que estoy invitado me tengo que poner en forma y lo primero ha sido perder el lastre que arrastro desde que estuve en las Canarias. Me sobran unos kilos que se han acumulado en el tripón y no quiero ser el hazmerreír de los cabezas de queso cuando me tenga que quitar la camisa y exponer mi velludo pecho y esa pista de aterrizaje de helicópteros que me ha crecido en la tripa. Para remediarlo he optado por la dieta vegetariana y me he pasado a las ensaladas, que ocupan mucho volumen pero son puro aire. Habitualmente prefiero las dietas a base de comer carne que molan más pero como siempre hago la misma y resulta aburrido esta vez decidí elegir las verduras y sufrir un poco.

Después de dos días comiendo vegetales yo lo único que noté es que dejé de cagar. Fue como si se me hubieran quitado las ganas. No perdía peso pero tampoco lo ganaba. Por habito me sentaba en el retrete a disfrutar con mi baño de diseño y tras un rato, visto que no hay voluntad, pues me iba. Me leí las etiquetas de todas las cosas que tengo en el baño y al final opté por abrir la ventana y así mirar a la calle del aburrimiento. Lo que me preocupa es que el mundo está lleno de gente vegetariana y digo yo que tiene que ser terrible para ellos el vivir sin cagar. Es que no puede ser sano que Dios creó el mundo sentado en el retrete y eso se nota por la cantidad de mierda que metió en el mismo. Tras cuarenta y ocho horas de dieta vegetariana mi preocupación era más que evidente. Un vacío interior y una sensación de quiero pero no puedo me embargaba día y noche. Hasta pensé en renunciar y volver a comer carne. A la hora de la cena, que os recuerdo es la comida principal en los Países Bajos ya que el almuerzo brilla por su ausencia, me sentía como una cabra comiendo esos hierbajos aliñados. No lloro porque se me secaron los lagrimales después de ver esa mierda de película que es azul chimpún casi pachín que si no me pasaría la cena a lágrima viva. El tercer día por la mañana sigo desganado y como los días anteriores, decido que me tengo que sentar en el baño aunque sea para amortizar la inversión en clase y estilo. Me llevo el móvil para jugar un rato y cuando estoy en medio de la partida lo siento venir. Es algo como muy lejano, una señal débil y que requiere de un esfuerzo adicional. Dejo el móvil, cierro los ojos, comienzo con los ejercicios respiratorios y tras lo que parece una eternidad escucho un sonido anómalo y una sensación que solo se puede definir como extraña recorre todo mi cuerpo con epicentro en el tercer ojo. Yo las buenas cagadas las veo como partos y después de tanto cine me hago las respiraciones de las parturientas e incluso las caras que ponen cuando tratan de expulsar algo de dentro de sí. El chapoteo en el agua del retrete es como la prueba del algodón, no engaña. Estoy cagando bolitas, como las cabras. En mi vida me había pasado esto y ahora entiendo por qué esos putos bichos van por el campo soltando pequeñas bolas del tamaño de boliches. Son los efectos del vegetarianismo. Es algo malo per se, algo terrible. Dios no nos creó para que caguemos boliches, nos diseñó para grandes jiñadas, mierdas gloriosas capaces de tupir un retrete y no hay mayor ofensa que estas cagadillas endebles. Sobre la marcha decidí abandonar esta malsana dieta, me fui a la nevera, agarré un paquete de jamón serrano que me traje de España la última vez que estuve (Pata negra por supuesto) y de una tacada me endiñé todo el jamón.

No quiero ni oír hablar de comidas vegetarianas. En mi casa se come carne de cochino, de vaca, de cordero, de ternera y de lo que haga falta, pero siempre carne. Y volviendo al título de esta anotación, ahora sabemos que los vegetarianos cagan, pero ¿es justa y verdadera su mierda? Yo creo que no….

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