Una semana muy acalorada
Estos calores están afectando de una manera muy extraña a la bitácora. Andaba revisando hoy el contenido de lo publicado durante la semana y hay que reconocer que es bien extraño aunque parece que existe una pauta. No la he encontrado aún pero seguro que está aquí dentro en algún lado.
Tenemos que agradecer a mi empresa y su precario aire acondicionado porque gracias a ellos he podido escribir. En mi casa es imposible, convertida en antesala del infierno y empeñada en conservar el calor a cualquier precio, trabajo que le agradezco de todo corazón cuando estamos en invierno pero no ahora, con el termómetro por encima de los treinta y mi hogar tratando de preservar esa temperatura. Duermo poco y mal y por las tardes caigo en un sopor comatoso del que con suerte salgo tras unas horas. Te despiertas sudoroso y abobancado sin saber muy bien lo que ha pasado y cuando ves la hora que es te da un acceso de pánico. Una de las tardes la pasé con mi amigo el Rubio y su familia. Ya sé que no tenemos edad para algunas cosas y que debería darnos vergüenza pero lo cierto es que hacía tanto calor que tuvimos que meternos en la piscina de plástico de su hija. Allí dentro estábamos el Rubio, su esposa, un servidor y la chiquilla, a la que no terminó de convencer aquel tumulto pero que optó por resignarse. Por supuesto nos montamos el chiringuito con cervezas frescas y tapitas para no tener que salir y de cuando en cuando uno abría el grifo y echábamos más agua fría en la piscina. Tres adultos en una de esas piscinas es algo digno de ver y tenemos vídeo rodado aunque jamás lo verán vuestros ojos. No me tiré del tobogán de la chiquilla porque solo soporta treinta y cinco kilos y hace tiempo que dejé atrás ese peso. Otro efecto de tanto calor es que solo como salmón ahumado y ensaladillas. Cosas frías. No soporto la comida caliente.
Los golpes de calor están alterando mi metabolismo hasta niveles nunca vistos. Uno de estos días, sin ir más lejos, algo sucedió con mi estómago (posiblemente bebidas demasiado frías) y de repente entró en modo de centrifugado máximo. Me pilló en la bicicleta camino de la estación de tren para volver a casa después de otra tarde de tertulia, comida y bebida gratuitas. Pensé que no llegaría y me veía en el camino con el culo sobre el canal lanzando el lastre. Logré alcanzar la estación y estuve con sudores fríos hasta que llegó el tren. El centrifugado debía ir a unas mil cuatrocientas revoluciones por minuto y entré largué la bicicleta, y por suerte había un baño allí mismo. Esta es una confesión brutal y que tendréis que creer a pies juntillas. Por primera y espero que por última vez jiñé en un tren, un intercity. Fue cosa de diez segundos. Lancé la carga en un único trallazo, una diarrea espesa compuesta de aceitunas, queso griego, ensalada alemana de papas, helado, cervezas belgas y alemanas y salchichas. Necesité tres cisternas para dejar el baño del tren al menos digno. Imagino como quedaron las vías, regadas de mierda de la buena. Después de eso aún tuve que pedalear hasta mi casa y el estómago amenazaba con repetir, pero lo conseguí.
Para este fin de semana tengo el bodorrio del año, mi amiga la peruana se ha casado y la celebración es este sábado. Supongo que hablaré de esto la semana que viene o el domingo porque estos asuntos son totalmente distintos a España. La semana que viene en principio tendré que trabajar en Nijmegen, aunque estoy tratando de cambiar el trabajo con un colega y a mediados de agosto es probable que vaya a Dubai una semana. Aprovecharé para hacer algo de turismo. Después de eso iré también por las Canarias.
Sobre lo del cambio de división, sigue adelante. Tardará unas semanas en saberse algo pero la cosa se mueve. Si sale todo bien, tendré un trabajo bastante interesante en el que viajaré a menudo, acumularé puntos para conseguir billetes gratis y viviré nuevas y emocionantes aventuras. Todo es cuestión de suerte y espero tener bastante.















