Archivo de February, 2007

Blood Diamond - Diamante de sangre

Blood Diamond - Diamante de sangreLa misma semana que se estrenó fui a ver Blood Diamond, película que en España se conocerá como Diamante de sangre y que está nominada para varios Oscars.

Cuenta la historia de un julay facineroso que salta matas y corre por las laderas como el Pájaro Loco buscando el Coño Perdido y tratando de verle el sentido a la vida mediante el estudio de las piedras y los vidrios. Se entera que un mandril ha encontrado un pedrolo del tamaño de una manzana podrida y se encochina con la puta piedra. A partir de ahí hará lo que no está escrito para poseerla y ello incluye follarse a la protagonista y pasear por África con su amigo de color y menos luces que un bombillo roto. En el camino conocerá un montón de amiguitos que le querrán hacer pupita de la mala y en una mala borrachera se cruzará con la Comunidad del Julandrillo los cuales iban camino de no sé donde a tirar un puto anillo en un volcán.

Debería haber más cine rodado en África. Sólo por los paisajes merece la pena. Suponía que esta iba a ser otra de esas películas de aventuras a lo Indiana Jones con guaperas de protagonista y mucho Templo Maldito y esas cosas pero me equivoqué. Es una crítica despiadada a las compañías que venden diamantes y un retrato espeluznante de los monstruos que esas empresas han construido en África, un continente maldito y posiblemente sin remedio que terminará por destruirse a sí mismo tarde o temprano. Hay una violencia inusitada y que a todos los protagonistas parece natural. Leonardo DiCaprio se mueve por el lugar con gran desparpajo, buscando ese diamante que necesita para abandonar una vida turbia y llena de momentos para olvidar y poder comenzar a vivir de nuevo en Europa. Busca su segunda oportunidad y se lo juega todo a la carta del diamante. Usará al hombre que sabe en donde está escondido y siempre me da la impresión que cuando lo encuentren matará al otro y se irá tranquilamente. Las cosas no suceden así, se van torciendo continuamente, va aumentando el número de candidatos para hacerse con el dichoso diamante y a cada instante se vuelve más y más peligroso.

Yo ni tengo ni he comprado diamantes en mi vida y después de ver esta historia es algo que está muy abajo en la lista de posibles regalos. Ahora los veo todos manchados en sangre, en sufrimiento, en vidas sesgadas por carroñeros sin escrúpulos que abusan de la falta de leyes que hay en el gran Continente. La nuestra es una sociedad hipócrita y seguro que muchos de los que ven la película salen del cine cargando sus joyas sin que les importe una mierda la historia que pueda haber detrás de las mismas. Aún así, espero que les de que pensar.

Sobre la actuación de Leonardo DiCaprio solo cabe decir que es soberbia, impecable, absorbente y que no ganará el Oscar porque le ha tocado competir con otros que han hecho papeles tan buenos como el suyo pero más vistosos. Aún así, puede estar satisfecho porque ha logrado una interpretación memorable en una película que destaca.

Es cine de aventuras, es cine con chocha, con guaperas y con animales salvajes. Puedes elegir entre apalancarte con la beba que te cepillas los domingos por la tarde o los amigotes que tantos buenos momentos te han dado e incluso quizás con una mezcla de ambos. En cualquier caso, será una gran experiencia.
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The Metropolitan Museum of Art

The Metropolitan Museum of Art

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El Metropolitan Museum of Art o Met para los amigos es el gran templo de la ciudad, la Catedral de la Cultura, el sitio donde el Arte se acerca al común de los mortales. Está situado a la vera de Central Park, en la Quinta Avenida, pero no os engañéis, no junto a las grandes tiendas y la catedral sino muchísimo más arriba. El precio de la entrada lo decides tú, aunque se sugiere veinte dólares en lo que ellos llaman Donación completa. Puedes pasar en su interior media hora o todo el día, dependiendo de tu capacidad para impregnarte con el arte. Si visitas la ciudad, considéralo como un plan de emergencia. Si el tiempo no ayuda, siempre puedes ir al museo y esperar a que el Destino te vuelva a sonreír.

Pese al azul del cielo y lo agradable que se ve el lugar en la foto, en el instante en que la tomé la temperatura era de quince grados bajo cero y gracias a un odioso viento mi cuerpo los sentía como veinticinco grados bajo cero. Era imposible caminar por la calle y por eso visité el museo.

Si quieres ver otras fotos del viaje a Nueva York las puedes encontrar en el álbum de fotos de Nueva York y si quieres leer el relato de dicho viaje, comienza en Desde Washington a Nueva York

Quicksilver - segunda parte

Esto comenzó en Quicksilver - Un paso adelante

Retomemos el asunto donde lo dejamos. Espero que hayáis practicado durante la semana con el Quicksilver. Antes de comenzar hablemos un poco del Dock, esa barra en la que ponemos las aplicaciones y que generalmente está en la parte inferior. Si os acostumbráis al Quicksilver llegará un momento en que no la váis a usar más. Si miráis mi ordenador veréis que la he vaciado completamente. No la necesito. A propósito, se añaden aplicaciones en el arrastrándolas hasta el mismo y se quitan sacándolas y tirándolas sobre el escritorio.

Ya he explicado que en los Mac no se organizan los programas en carpetas y similares como en Windows. En realidad ni siquiera es uno consciente de como y donde se instalan las cosas. Solo sabemos que en la carpeta de Aplicaciones están todos y eso es lo único que nos interesa saber. Prueba a invocar el Quicksilver y buscar algunas de las aplicaciones. Por ejemplo iTunes, Safari, Firefox, Thunderbird, Mail, iCal, Skype, Adium y verás que según empiezas a escribir Quicksilver las va intentando adivinar. En el momento en que es la que quieres, pulsas Return y la abre. Lo mismo se puede aplicar a películas, programas de televisión o cualquier documento que tengas en tu equipo. Empieza a escribir el nombre y cuando lo tengas pulsa Return y Quicksilver abrirá la aplicación correspondiente con dicho documento, vídeo o canción. La cuestión es ¿cuántos programas distintos usas normalmente? Yo uso AppleWorks, Ecto, iCal, Skype, Yahoo Messenger, iTunes y Safari. De cuando en cuando el OneButton FTP, iPhoto o VLC.

Para llamar el menú de Preferencias de Quicksilver lo más rápido es activarlo y después pulsar tecla apple + coma “,”. Ya sabéis que esa combinación de teclas abre el menú de opciones de cualquier aplicación que funciona en Mac OS X. Es una de esas chorradas que hacen que este sistema operativo sea infinitamente mejor que otros. Pensad en las horas que habéis perdido moviendo el ratón hasta la barra de menú y después buscando la entrada de Opciones. Así que vamos a instalar un plugin y usarlo. Abrid las preferencias de Quicksilver, id al menu de plugins y seleccionar el Calculator module y ya puestos añadir los siguientes si usáis dichas aplicaciones: Apple Address Book Module, Clipboard Module, Firefox Module, Gmail Module, Google Calendar Module, iCal Module, iTunes Module, Safari Module, Shelf Module y Web Search Module.

Instalando plugins en Quicksilver

Hay un montón de plugins más pero a menos que los vayáis a usar no os aconsejo instalarlos. Quizás la aplicación necesite reiniciarse. Si es así ella os lo dirá y os pedirá permiso para hacerlo. Una vez tenemos esto, conozcamos a nuestro amigo el punto “.”

Llamad a Quicksilver y pulsar el punto. Ahora podéis escribir dentro del campo en el que estáis. Si activásteis el Calculator Module, podéis poner una operación matemática

Quicksilver funcionando como calculadora

y el resultado saldrá en pantalla.

Resultado del cálculo

Si por alguna razón en el segundo panel no os aparece lo de CalculatorCalcule Action, dadle a la tecla tabulador para ir a ese panel y con las flechas arriba y abajo podéis ver las distintas posibilidades.

Ahora llamad al Quicksilver, pulsad el punto y escribid: Soy la hostia, dadle a la tecla tab moveros con la flecha hacia abajo hasta encontrar Large Text

Eligiendo acción

Cuando la encontreís pulsar Return:

Texto grande

en pantalla os saldrá algo como esto:

Soy la hostia

Y ya que estamos con los textos y cálculos, algo que yo hago ha menudo es crearme un recordatorio para hacer algo, por ejemplo cuando cocino y no quiero que se me queme la comida o tengo que apagar el horno. La idea es crearte texto recordatorio y pedirle al sistema que te lo recuerde por ejemplo en diez minutos o si lo preferís a una hora determinada. Veamos como acordarnos de Apagar el horno en veinte minutos.

Lo primero que necesitamos es algo denominado Proxy Objects.

Proxy Objects

Mirad la imagen y comprobad que vuestro Quicksilver también tiene el Proxy Objects activado. Está en las opciones del Catálogo, que es donde le decimos lo que queremos que Quicksilver revise. Esta opción activa un montón de cosillas, algunas las podéis ver en la siguiente imagen:

Diferentes Proxy Objects

Así que ya sabemos como crear una frase para mostrar en pantalla y Escribiréis Apagar el horno (la secuencia sería llamar al Quicksilver, pulsar punto, escribir Apagar el horno, pulsar la tecla tab, elegir mediante las teclas de flecha la opción de Large Type y pulsar enter). La consecuencia de esto es que en pantalla os aparece la frase. Ahora le vamos a decir que lo vuelva a hacer dentro de veinte minutos. Llamamos al Quicksilver y escribimos Last Object (seguramente antes de acabar ya está en la ventana.

last object

En lugar de pulsar el tabulador, pusad la flecha de ir hacia la derecha y en la ventana del Quicksilver os aparecerá algo como lo que está en la siguiente imagen:

apagar el horno como objeto

Dadle a la tecla tab, id al segundo panel y buscad Run after Delay (ejecutar después de un retardo).

Ejecutar acción con retardo

Si lo que queréis es especificar una hora determinada entonces elegid Run at Time. Al elegir esa opción veréis que el cursor se pasa al tercer panel, el opcional y ahí podéis poner 20m (para veinte minutos), o 1h (1 hora) o 15s (15 segundos) y pulsar Return. No pasa nada. 20 minutos más tarde en pantalla os aparecerá el mensaje Apagar el horno y listo. Una chorrada de cuidado que a mí me ha salvado de quemar la comida en más de una ocasión, de acordarme de sacar la ropa de la lavadora, llamar a alguien, comprar algo antes de que cierre el supermercado y similares.

Hoy hemos aprendido a manejar campos de texto pero antes de dejarlo veamos algo más. Esta vez crearemos un correo con GMail directamente desde Quicksilver. Os acordaréis que al activar los plugins había elegido el Address Book Module yel GMail Module.

El primero tiene acceso a mis contactos y el segundo a mi cuenta GMail. Llamas al Quicksilver y escribes el nombre de la persona a la que le quieres mandar el correo:

contacto

Le dais al tabulador y elegís la opción Compose Email (preparar correo). Lo que sucederá a continuación es magia potagia. En mi navegador (Safari) se abrirá una nueva pestaña con el destinatario que he elegido y ahí puedo escribir el correo, darle a enviar y listo. Si en lugar de GMail usáis Apple Mail, lo podéis usar con el plugin correspondiente. Parecen chorradas pero calculad el tiempo que ahorráis y las aplicaciones que no necesitáis. Quicksilver es un universo enorme y esto es sólo el comienzo. Ya podéis volver a leeros esta anotación y practicar creando recordatorios, enviando correos, lanzando aplicaciones o abusando de la calculadora.

Se me olvidaba. A la hora de apagar el ordenador, llamar al Quicksilver, escribir Shutdown y dadle a Return. En mi ordenador solo tengo que pulsar la tecla s y me aparece.

Y otro se me olvidaba. Cuando váis a ejecutar una aplicación o abrir un documento y es una función de una tecla, digamos que pulsar la tecla i y aparece iTunes que es lo que queremos, si mantienes pulsada la tecla unos instantes entonces la aplicación se ejecuta sin darle a la tecla Return. ¡Mola!

Nota: Soy consciente que cuando trato de explicar algo me enrollo como una persiana y lo veo todo desde mi atalaya, así que si no se entiende algo, quéjate en los comentarios y lo intentaré explicar de otra forma. Este curso continúa en Quicksilver - tercera parte. Triggers

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American Radiator Building

American Radiator Building

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En la ciudad de los Edificios emblemáticos tenemos el American Radiador Building. No se me ocurre un nombre más feo para un edificio. Está ubicado junto al Bryant Park. No es excesivamente grande (solo 23 plantas) pero resalta por su estructura y tiene un aspecto de fortaleza que a mí me resulta encantador. Detrás podemos ver al grandioso Empire State Building y al frente la pista de patinaje sobre hielo que ponen en Bryant Park en navidades y que quiero recordaos que es gratuita.

Si quieres ver otras fotos del viaje a Nueva York las puedes encontrar en el álbum de fotos de Nueva York y si quieres leer el relato de dicho viaje, comienza en Desde Washington a Nueva York

Estatua de la Libertad y Broadway

Si quieres leer el relato del viaje al completo, salta hacia atrás en el tiempo hasta Es un mundo muy muy seguro - primera parte

A la mañana siguiente me levanté temprano para aprovechar la jornada. Con tanto por ver y tan pocos días sabía que sería duro y en el camino tendría que dejar algunas cosas para una futura ocasión. Lo primero es lo primero y desde que decidí visitar Nueva York sabía a donde me encaminaría el primer día. Cogí el metro, tiré hacia el Sur de Manhattan (Lower Manhattan) y me bajé del metro en Whitehall St – South Ferry Station. Merece la pena comentar que el sistema de Metro de Nueva York es maravilloso. Funciona las 24 horas, es seguro, la frecuencia es brutal y además baratísimo. Lo mejor es comprarse un pase para siete días que vale 24 dólares (Unlimited Ride Metro Card 7 days). Si tenéis en cuenta que un viaje vale 2 dólares y que váis a usar un montón el metro y los autobuses, esto se paga solo en un par de días. Desayuné por allí y enfilé hacia Battery Park porque lo que yo quería era visitar la Estatua de la Libertad. Hay una gran diferencia entre ir en verano o en invierno. Si pilláis época de vacaciones, mejor reserváis para conseguir pase y poder subir al pedestal de la Estatua porque los dan en número limitado, con hora asignada y como no lo hagáis así tendréis que conformaros con caminar alrededor de la misma. En invierno no hay problemas. El billete del barco vale tanto para la Estatua de la Libertad como para la Isla de Ellis y salen cada veinte minutos más o menos.

Después de comprar el billete tienes que pasar un control de seguridad similar al de los aeropuertos. Tras eso, entras en el barco y partes hacia la isla de la Libertad. Detrá tuyo hay una vista increíble con la línea de rascacielos de la ciudad y el puente de Brooklyn. Al frente la estatua va ganando tamaño. No son más de quince minutos, pero es magia en estado puro. Llegas a la isla y a correr como cabras para no tener que competir con los otros cientos de personas que van contigo. La subida a la estatua requiere un nuevo control de seguridad y no te dejan llevar mochilas, así que la dejé en una taquilla y me puse a la cola. Aquello en verano debe ser horrible porque es una enorme caseta en la que hay que estar un gran rato. Yo fui en un día muy tranquilo y así y todo tardé media hora en pasar el control. La gente va entrando en pequeños grupos y un Ranger te da una charla. Si quieres te puedes quedar y escucharlo o lo puedes ignorar y enfilar hacia tu destino. En la sala en la que el hombre habla se encuentra la antorcha original, una joya que al principio pensaron en usar como faro. En su charla explica como se construyó, cuanto tardaron y demás. Tras esto pasas por un pequeño museo en el que hay réplicas, algunos de los moldes que se usaron e imágenes de la construcción y finalmente llegas a la base del pedestal. Se puede subir en ascensor o a pata. Yo elegí el segundo método por aquello del romanticismo y lo emotivo del evento. Subí las escaleras sin llegar a creerme que estaba en la Estatua de la Libertad. Es una pena que ya no se permita subir a la estatua. Te quedas a sus pies. Aún así la vista de Nueva York desde allí es impresionante. Te puedes imaginar los barcos que llegaban cargados de emigrantes desde Europa y veían a la Dama a su llegada. Me dio un ataque fotográfico y creo que tengo unas cuantas decenas de fotos del lugar. Cuando acabé la visita ya era bastante tarde y en el barco de vuelta decidí saltarme la visita a la isla de Ellis. Es un bonito museo que espero volver a visitar algún día pero como ya dije, hay que sacrificar algunas cosas y tenía claro lo que iba a hacer. Una vez en tierra cogí el metro y subí de nuevo a Times Square. Eran casi las tres de la tarde y a esa hora se comienzan a vender las entradas con descuento en el TKTS Booth. Hay bastante cola pero se consiguen hasta por la mitad de precio. Son para ese mismo día. Comentar que hay sesiones matinales (a las tres de la tarde) los miércoles y los sábados y se pueden comprar las entradas para esas sesiones por la mañana del mismo día a partir de las nueve. Yo compré para ver El Fantasma de la Ópera en el Majestic Theatre. Aquellos que están acostumbrados al TODO GRATIS se pueden ahorrar la pasta ya que esto no es para ellos. Aquí no hay mulas ni torrentes. Se paga por ver un espectáculo y se paga una pasta. Con el 50% de descuento mi entrada me costó 60 dólares y pensad que la mayoría de la gente no compró ese día. Hacer musicales no es barato.

Con la entrada en mi poder me dediqué a disfrutar de la zona de Times Square, la cual de día es tan espectacular como de noche. Repetí parte de la visita del día anterior y después fui de peregrinación a un lugar con el que he soñado toda mi vida, desde que era pequeñito, como diría una conocida cuando le hicieron la evaluación para las pruebas de Controladora Aérea y las falló por dar esa respuesta tan gilipollas. Tuve que caminar nueve manzanas y pasar por delante del Madison Square Garden para llegar a B&H Photo Video, posiblemente la tienda fotográfica más famosa del mundo y obligado punto de peregrinación para comprar material fotográfico. Sus dueños y todos sus empleados son judíos, de esos de las películas con los gorritos, los rizos y el frotamiento codicioso de las manos. La tienda es enorme y allí tienen TODO lo que puedas desear en fotografía. No lloré porque se me congelaron los lagrimales en el paseo pero vamos, casi me pongo de rodillas a dar gracias al Señor. Me compré un extensor 1.4x para mi super-mega lente Sigma, compré un flash Canon Speedlite 430EX flash, unos líquidos para limpiar el sensor de la cámara y mi nuevo trípode, un Bogen / Manfrotto 055MF4 Magfiber Pro Carbon Fiber con una cabeza compacta 486RC2 de la misma marca. Gracias a la conversión Euro-Dólar ahorré un montón de dinero pero aún así dejé la tienda con un agujero en el bolsillo de casi mil dólares y me prometí no volver en los días siguientes, que la tentación es muy grande. Me llevé también el catálogo de los productos que venden, un libro parecido al de Ikea que guardaré hasta el día que cruce el umbral de la Luz.

Desde la zona en la que está esta tienda hay una vista increíble del Empire State Building. Salí de allí feliz y contento y por supuesto sentía la necesidad imperiosa de tocar y usar lo que había comprado así que volví inmediatamente al apartamento para gozarme mi orgía fotográfica. Más tarde me preparé para el Chou y volví a la zona de la 42 con Broadway. Todos los teatros tenían grandes colas en las puertas. Entré al teatro y tomé asiento. Estaba en la platea, justo al centro. Si alguno de los protagonistas soltaba un pedo seguro que me iba a enterar perfectamente. Cuando hablamos del Fantasma de la Ópera estamos tocando el musical por excelencia, el que ha roto todos y cada uno de los records que puedas imaginar. Originalmente se estrenó en Londres y llegó a Broadway el 26 de Enero de 1988 al Majestic Theatre y ahí sigue. Ha sido visto por más de ochenta millones de personas, es el espectáculo que más dinero ha recaudado en la historia del mundo y si contamos solo las representaciones de Nueva York entonces hablamos de once millones de personas y más de seiscientos millones de dólares (y sigue sumando). Si los números no lo dicen todo, solo necesitas dos horas y veinte minutos para convencerte. Te quedas sin palabras, es una experiencia que te teletransporta a un mundo completamente distinto. Del espectáculo no diré nada. Quien quiera que lo vea, en Londres, en Nueva York o en cualquier otro lugar del mundo en el que se esté representando. Cuando terminó y estamos todos en pie aplaudiendo a rabiar y gritando como verduleras los Bravos de rigor sucedió algo extraño, algo que no pasa casi nunca. Ese día no había habido substituciones, todos los que cantaban eran los actores principales y todos estaban en el escenario llorando y aplaudiendo a la protagonista, a Rebecca Pitcher. Howard McGillin, el actor que interpreta al Fantasma cogió el micrófono y entre lágrimas contó que esa era una noche muy especial porque para Rebecca era la última vez que representaba el papel de Christine Daaé, el cual llevaba haciendo casi una década, tanto en Broadway como en una de las compañías que representan este espectáculo y que están continuamente de gira por los Estados Unidos. Rebecca sigue su camino y se marcha para afrontar otros retos y esas cosas que se dicen. Allí lloró hasta la gorda de las taquillas. Este es el tipo de cosas que siempre pasan cuando yo ando cerca. Me meto a ver un espectáculo y pasa algo extraño. Puesto que era su última noche, ella habló y dio las gracias y nosotros le dimos unas cuantas ovaciones extras para animarlos y que todos lloraran más.

Salí del teatro con más energía que la Barbie Durasel y me perdí en la noche de la capital del mundo. Visité unos cuantos bares y locales de esos de copas. La gente es muy amigable y te hablan al segundo así que quien quiera ir a un sitio así que no se preocupe si viaja solo, que a veces la compañía es un lastre. Ya bien entrada la noche cogí el metro para ir a casa. Iba solo en el vagón. Era algo extraño, como una de esas películas en las que despiertas y te encuentras que todo el mundo ha desaparecido. Se me hacía raro estar en una ciudad con tantos millones de personas y encontrarme allí tan solo, moviéndome por la ciudad en un vehículo que unas horas más tarde llevará en cada vagón a decenas de personas.

Así acabó el segundo día en Nueva York.

Esta historia continúa en El Empire State Building y el puente de Brooklyn

Edificio Dakota

Edificio Dakota

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El Edificio Dakota, un lugar de leyenda terrorífica y punto obligado de peregrinación en cualquier visita a Nueva York. ¿Quién no ha manchado los calzoncillos al cagarse de miedo con la película La semilla del diablo? Es lo mejor que ha dirigido Roman Polanski y pese a los casi cuarenta años que han pasado aún acojona. La acción transcurría en este lugar. Además, aquí vivió y en su puerta fue asesinado John Lennon, La foto está tomada desde el otro lado de la calle, en Central Park, justo al lado del Strawberry Fields memorial.

Volviendo al edificio, comentar que tiene una historia fascinante. Se construyó hace más de ciento veinte años y en aquella época la calle 72 era como el Más Allá, el Quinto Coño, un lugar lejos de la ciudad. La gente alquilaba apartamentos ahí para tener una segunda casa para los fines de semana, lejos del bullicio de la ciudad. Un paseo muy bonito es el ir desde el Metropolitan Museum of Art hasta el Dakota caminando por Central Park. Al llegar al Dakota se puede coger el metro y volver al centro de Manhattan.

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San Valentín

Es catorce de febrero, San Valentín, un día muy especial para tiendas, floristerías y similares porque gracias a unas cuidadas campañas han logrado crear el efecto dominó que mueve a las masas y las incita a gastar dinero y expresar sus sentimientos de la única forma que es socialmente aceptable, con transferencias económicas de por medio.

En la radio un locutor de voz empalagosa atiende llamadas de mujeres enamoradas que quieren gritar sus sentimientos a través de las ondas mágicas y hacer que todos nos enteremos de sus desgracias. Las llamadas seguían la misma pauta, diciendo su nombre, su lugar de residencia, donde habían conocido a su macho y cuanto tiempo hacía que su vida había cambiado para mejor. Después el locutor les preguntaba la razón por la que el espécimen actual era mejor que los previos y ellas respondían contando alguna historia romántica. Una de ellas dijo que una vez, siete años atrás, él le había regalado flores y por eso lo quería. Se había enamorado inmediatamente y hasta hoy, con dos chiquillos a cuestas y sin ver más flores que las que tiene en el jardín.

La siguiente parecía una llamada normal, típica. Chica joven, voz suave que nos sugería a una rubia guapísima y orgullosa de serlo y el locutor comenzó con su interrogatorio:

- ¿Cómo te llamas?
- Rita
- Hola Rita, y ¿de dónde nos estás llamando?
- Desde Huizen
- Muy bien, ¿cuánto tiempo llevas enamorada y como se llama tu novio?
- Llevo enamorada de él dos años y tres meses y se llama Ben —dijo la chica con su voz sugerente.
- ¿Qué tiene Ben que lo hace mejor que los otros novios que has tenido? ¿Por qué lo elegiste a él?

La joven se queda en silencio unos segundos como meditando la respuesta y todos esperamos esas boberías que dicen todas por la radio. Cuando finalmente llegó, su respuesta fue la siguiente:

- Veintidós centímetros de polla y folla cinco veces al día. Eso es lo que tiene. Es como un bebé. De las dieciséis horas que está despierto, cada tres quiere follar y si no lo hace contigo, se busca otra. Esto es lo que yo siempre quise, un novio pa’ follar, que me dé lo que quiero y merezco, que me tenga satisfecha y no lo que dicen todas esas gilipollas que hablan del amor verdadero, del cariño y toda esa basura. Ya habrá tiempo en el futuro para esas gilipolleces. Ahora lo que quiero es disfrutar de mi cuerpo y darle alegría y cosa buena.

El locutor se queda descolocado y tarda unos segundos en reaccionar:

- Gracias por tu llamada. Buenas tardes. Y ahora queridos radioyentes escucharemos unos anuncios y luego seguiremos con las llamadas. Ya conocen nuestro número de teléfono.

Comienzan los anuncios y pese a que supuestamente han cortado el micro se oye:

- Joder

Zona Cero

Zona Cero

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Aunque todos vimos las imágenes en la tele, resulta difícil hacerse una idea de la dimensión de la catástrofe. Cuando estás en la Zona Cero y ves el agujero enorme en el que están sentando las bases para construir los nuevos edificios quedas sobrecogido. No hay fotos bonitas de este lugar porque no hay nada hermoso en el mismo. Toda la Zona Cero está rodeada por una valla y hay carteles avisando a la gente para que respete el lugar y no compre a los vendedores callejeros que tratan de hacer negocio con fotos y otra parafernalia. Elegí esta foto porque en ella podéis ver la línea 1 del Metro, la cual ha vuelto a circular y en ese pequeño tramo lo hace sobre la superficie y también por la gigantesca rampa por la que descienden los equipos de construcción.

Si quieres ver otras fotos del viaje a Nueva York las puedes encontrar en el álbum de fotos de Nueva York y si quieres leer el relato de dicho viaje, comienza en Desde Washington a Nueva York

Primeras horas en la Gran Manzana

Si quieres leer el relato del viaje al completo, retrocede hasta Es un mundo muy muy seguro - primera parte

Cuando llegué a Nueva York y recogí mi equipaje busqué el mostrador para comprar el billete del New York Airport Express Service Bus. Salen cada veinte minutos y te llevan directamente a Grand Central Terminal, Port Authority o Penn Station. Tarda unos cuarenta minutos en llegar a Grand Central Terminal y vale doce dólares. Salvo que vengas en manada, es la forma más rápida y económica para llegar a la ciudad. La vendedora de billetes era la joven más gorda que he visto en mi vida, una negra que parecía un monstruoso balón de fútbol, con unos brazos como grúas. La chica se estaba hincando una pizza tamaño familiar cuando la encontré y me dio el billete todo manchado de grasa. Me quedé allí esperando a que llegara el transporte y cuando sucedió la mujer nos dio un susto terrible porque se puso a vocear como una loca la llegada del vehículo, imagino que para asegurarse que otros posibles clientes se enteraban. El vehículo estaba un poco desvencijado pero aún funcional. Parecía más el tipo de transporte que te esperas cuando visitas un país de África y no la primera potencia del mundo. Arrancamos para la ciudad y yo iba todo el camino con la boca abierta, alucinando con los edificios, las pantallas gigantes de televisión en el medio de la nada que reproducían anuncios sin parar y la grandiosidad de la ciudad.

Llegamos a Grand Central Station y allí me encontré con mi prima. Directamente comenzamos el tour entrando en la estación de trenes y su soberbio vestíbulo, con una bóveda de veintipico metros de alto y en el centro un pequeño puesto de información y ese reloj que ha aparecido en tantas películas. Solo por la belleza del edificio merece una visita. Era cerca de las seis de la tarde, justo en la hora punta y aquello estaba que se caía de gente. Parecía un hormiguero con un paleto (este que escribe) y su trolley en el medio. El juego de luces navideñas ya estaba a pleno rendimiento y enormes copos de nieve se desplazaban por los altos techos creando formas preciosas.

Salimos de la estación por la calle 42 y caminamos hasta Bryant Park, justo detrás de la New York Public Library. En el lugar había una enorme pista de patinaje sobre hielo. Esta es nueva y lo que muchos no saben es que su uso es gratuito, al contrario de lo que sucede con la del Rockefeller Center. Alrededor de la pista hay un montón de locales para comprar cosas curiosas, bares y cafés. En una de las tiendas vendían figuras hechas de hierro con diferentes motivos y entre ellas estaba el bicho malo de la película Aliens el cual me arrepentiré toda mi vida por no haberlo comprado.

Una manzana más adelante pisé por primera vez el Centro del mundo, Times Square. Da igual lo que os digan, hay que verlo, hay que estar allí y alucinar. Todas las calles en aquel lugar forman parte de nuestra cultura: Broadway, la Séptima, la Cuarenta y Dos. Miras edificio tras edificio los carteles luminosos, los colores vivos, la gente moviéndose frenéticamente. En aquel lugar hay 60 pantallas enormes y más de sesenta y cuatro kilómetros de luces de Neon allí nunca llega la noche. Conviene recordar que el nombre de Times Square le viene porque allí está la sede del periódico New York Times.

Ha sido el comienzo de una visita turística más espectacular de mi vida. En mi cabeza sonaban fanfarrias de John Williams y me esperaba ver cruzar el cielo a Superman o toparme con Batman mientras saltaba de edificio a edificio. Mi prima no me dejó ni tomar respiro e iba explicándome cosas continuamente. Entramos en la tienda de Toys “R” Us para ver la espectacular noria que hay dentro para los niños y la sección de juguetes relacionada con la Guerra de las Galaxias.

Desde allí fuimos al Rockefeller Center y recuerdo que desde alguna de las esquinas que cruzamos pude ver por primera vez el Empire State Building, soberbio e iluminado en colores rojo y verde para pasar las Navidades. Pese a ser un martes la calle rebosaba animación. Llegamos a la plaza del Rockefeller Center y allí estaba la pista de patinaje más famosa del mundo la cual preside Prometeo, el gigantesco árbol de Navidad, los Ángeles y todo eso que hemos visto una y otra vez al llegar las Navidades por la tele. La gente poco menos que se daba hostias por hacerse fotos allí. Cruzar la zona nos tomó un rato y al llegar al otro lado nos topamos con las bolas de Navidad que ya habéis visto. Allí mismo, la Catedral de San Patricio mira hacia la figura de Atlas y un poco más allá el mítico Radio City Music Hall. Desde allí subimos por la Quinta Avenida hasta el comienzo de Central Park. Pasé junto a la tienda de Tiffany’s, el MOMA y otro montón de tiendas que seguro que reconocéis si las veis. Es un paseo por la historia del siglo XX y posiblemente del XXI. Nos detuvimos al comienzo de Central Park y admiramos el cubo que da la bienvenida a la tienda Apple, una preciosidad arquitectónica.

Desde allí cogimos el metro y bajamos hasta Canal Street y entramos en Chinatown, otro lugar bullicioso y lleno de tiendas de chucherías en las que es obligatorio el regatear. Cenamos en el 69 Chinese Restaurant, el cual os recomiendo. Todo el local está empapelado en billetes de un dólar que la gente ha ido pegando en las paredes e incluso el techo. Para el viajero español estos locales supondrán un impacto terrible. En España priman los restaurantes chinos amariconados, con esas figuras horrorosas, esos leones hortera, las cortinas pachangueras y los empleados vestidos a lo Mao en tiempos de hambre y miseria. El barrio chino no posee ese tipo de locales. Lo que hay son antros sucios en donde los patos asados cuelgan de las ventanas, hay un olor intenso a especias y la limpieza brilla por su ausencia. Eso es un restaurante chino de verdad, igual que los que hay en Amsterdam en el barrio Chino. Sé de una amiga que se tuvo que salir de uno a vomitar porque no pudo soportarlo. Yo me inflé a comer y me supo a gloria.

Tras la cena ya se estaba haciendo tarde y mi prima me acompañó a la que iba a ser mi residencia los días siguientes. Un apartamento al sur de Brooklyn, cerca de Conney Island, junto a la playa de Brighton, en pleno barrio Ruso. Sales del metro y los carteles de las tiendas están en alfabeto cirílico, la gente pasea con gorros rusos y allí el idioma que brilla por su ausencia es el inglés. Así fue la llegada y las primeras horas en Nueva York.

El relato del viaje continúa en Estatua de la Libertad y Broadway