Archivo de March, 2007

HEROES

ALERTA: Puede que desvele cosas que aún no se hayan visto en España debido al desfase entre los episodios emitidos aquí y en el resto del mundo. Si estás enganchado yo no pasaría del primer párrafo, que lo sepas.

Sé que soy un héroe. Aún no he averiguado cual es el super-poder que me ha tocado pero un día de estos seguro que lo haré. Aquellos que me quieren una hartada no dejan de repetírmelo continuamente. Soy un campeón por miles y miles de razones que seguramente ya han sido explicadas en esta bitácora una y otra vez. Tengo curiosidad por el día que mi super poder se materializará. Espero que sea algo que pueda usar para hacer el bien y lograr la paz mundial que es lo que hay que decir de cara a la galería aunque la verdad, la verdad, prefiero que me toque un poder que me permita hacerme rico y no dar un palo al agua y preferiblemente sin tener que meterme a político.

De los que he visto hasta ahora no quiero el poder de Jiro (Hiro) porque es muy sacrificado de usar. Se tiene que trincar y ponerse a pujar como si estuviera estreñido y eso no tiene glamour ninguno. Tampoco me gustan los poderes de los Petrelli porque uno es un parásito y el otro además de político solo vuela, que es como muy chorra y encima le da miedo usar el poder. Por descontado no quiero ser Sylar porque es otro parásito además de asesino y una vez hemos eliminado a esos desgraciados, me gustaría el super poder de ser invisible como el del Doctor WHO de la primera temporada que es uno de los más útiles a la hora de colarte en sitios, afanar todo lo que puedas y viajar por la cara.

Es bastante curioso como los negros de la serie tienen cutre poderes impopulares, a la hora del reparto les tocó la más fea y como entre los blancos parece que está la semilla del mal. La trama japonesa es la más interesante con diferencia y es un gustazo oírlos hablar en su cutre inglés según va transcurriendo la serie.

También jode bastante el puto indio, siempre tocando los huevos de los héroes con su mística y su tufo a incienso. A ese no le veo yo mucho futuro para la segunda temporada a menos que vea la luz y cambie para bien. La suya es la línea de historia más aburrida y en muchas ocasiones se pueden cortar sus apariciones sin que la serie pierda un ápice.

Mientras espero que ese super-poder se me revele, tengo algo de tiempo para ver otra serie norteamericana y un par de series británicas. Sigo con devoción BATTLESTAR GALACTICA que en su tercera temporada no solo no cansa sino que incrementa la adicción. Esa es sin lugar a dudas la mejor serie de televisión que se ha producido en mucho tiempo y tiemblo pensando quien puede ser el protagonista que morirá en este mes de Marzo. En el pasado seguí LOST pero después del final de la segunda temporada se me han quitado las ganas y aunque tengo tres episodios en el portátil por si en algún viaje me aburro, llevan ahí meses. De las series británicas adoro DOCTOR WHO, la cual está a punto de comenzar en su tercera temporada. Es inteligente, divertida y cínica con unos guiones alucinantes y el encanto de lo sencillo. Un poco menos serie pero igual de amena es TORCHWOOD, una serie que surgió de la anterior y que trata de un cuerpo de seguridad británico que trabaja en la investigación y contención de las movidas extraterrestres que hay en el Reino Unido. Por lo demás, me aburren las series que transcurren en hospitales con un nuevo paciente en cada episodio, me aburren las series policíacas, de detectives forenses o de detectives a secas y me aburren las series de putas pijas cansadas de sí mismas y casadas con maniquíes.

Federal Hall

Federal Hall

Federal Hall, originally uploaded by sulaco_rm.

Fue una lástima que el sol y las sombras de los edificios colindantes dejaran la foto con esta pinta porque el Federal Hall se merecía una imagen más bonita. El edificio está en Wall Street, justo al lado del mercado de valores más famoso del mundo (y en donde se mueve más dinero). Hace poco que lo han vuelto a abrir y se puede visitar. Merece la pena al menos sentarte en sus escalinatas y disfrutar comiéndote un perrito caliente.

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Sexo, llaves y comunidad de vecinos

Yo que tengo una imaginación difusa y que siempre estoy maquinando historias y pensando en universos paralelos no dejo de sorprenderme con las cosas que suceden en el mundo Real y que me cuentan los amigos. Una de esas historias llegó a mis oídos hace unos meses pero de alguna forma no cuajó en mi cabeza y la olvidé. Fue la segunda vez que escuché el relato cuando me quedé con la copla y antes que se me pasara lo apunté para alguna otra ocasión. Lo que voy a contar es real, yo añado un poquillo de fondo y de preposiciones pero la idea subyacente existe y es algo que sucede en Holanda, en un pueblo cuyo nombre no quiero mencionar aunque resulte un lugar muy interesante para vivir.

En algún lugar al norte de Holanda existe un poblacho muy especial, un villorrio de nombre difícil de pronunciar y en le que desde tiempos inmemoriales hay unos rituales que ciertamente no son aprobados por la Santa Madre Iglesia de los Católicos. Es una de esas pequeñas villas protestantes con una iglesia sobria y construida alrededor de la misma. En total no deben vivir allí más de dos mil personas. No tienen tiendas, ni supermercado o gasolinera, únicamente sus casas, la iglesia, un campo de fútbol (debe haber uno en cada pueblo holandés) y un local social que sirve para reuniones vecinales, fiestas y lo que se tercie.

Es en ese local en donde se reúnen los viernes aquellos que quieren. Llegan después de cenar, sobre las seis y media de la tarde, en parejas. A la entrada hay un recipiente grande en el que depositan las llaves de la casa y se dedican a beber con los vecinos y disfrutar de una agradable velada. Un par de horas más tarde y con algunos litros de cerveza encima las mujeres se acercan al lugar en donde se encuentran las llaves, eligen una al azar y después recorrerán el local buscando al hombre al que pertenecen. Esto puede tomar otra media horita y cuando lo encuentran siguen hablando y bebiendo hasta que deciden marcharse a la casa a follar. Es el intercambio de parejas institucionalizado y convertido en forma de entretenimiento en un pueblo Nunca sabes a qué vecina te vas a follar, puede ser la de la puerta de al lado o la madurita con las tetas en el ombligo de la que siempre te ríes. No hay marcha atrás, la que te toca, te toca.

El que me lo contó me dijo que se ha follado a media villa y que con el tiempo le coges el tranquillo y aceptas que sea la suerte quien te ponga la hembra en la cama. El hombre se ha follado a varias de las mujeres de su barrio, amigas de su mujer, hermanas de la amigas e incluso a su suegra, antes de que falleciera la señora. Aquel lugar es la versión Nórdica y folclórica de Sodoma y Mangorra. Las familias transmiten la tradición a sus niños los cuales una vez se casan entrarán en el circuito porque ahí no hay cabida para solteros o solteras, en ese club solo se puede entrar tras el matrimonio. Llevan generaciones haciéndolo y a saber cuantos de los niños que han nacido en el lugar no son del padre que deberían. Casi no hay casas a la venta en aquel lugar, es un club bastante cerrado en donde no hay cabida para extraños. Como me decía el tipo, aquí no vivirá jamás un marroquí o un turco de mierda, ese sitio es 100 x 100 territorio holandés y no hay cabida para extraños.

Según él, no habla con su mujer sobre los encuentros con las vecinas. Intentan ponerse en lados separados del local y no se fijan en quien se va con ella o con él. Tampoco habla con sus amigos del pueblo sobre las que se ha follado porque no es ético y moral el que le narres a un colega lo que le hiciste a su mujer. Su sentido de la moralidad es fascinante, les parece normal lo del intercambio pero después no hablan de ello por ser inmoral. Esta gente debería gobernar el mundo porque ellos sí que saben.

Cartier Shop

Cartier Shop

Cartier Shop, originally uploaded by sulaco_rm.

Ayer veíamos la tienda Tiffany’s y hoy le toca el turno a la de Cartier. En navidades la decoran envolviéndola como un regalo, todos los años la misma decoración, la cual se ha convertido en un clásico celebrado por los habitantes de la ciudad y los turistas como yo que no podemos dejar de fotografiarla.

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Un viaje turbulento

Lo normal es que cuando quiero ir a Gran Canaria las cosas salgan rodadas comenzando por el billete, el cual encuentro siempre de último minuto a precio de ganga. Una vez cada dos años todo se tuerce y esa es la que me ha sucedido esta vez. No había forma de encontrar un asiento para viajar en las fechas que yo quería. En una de las compañías me ofrecían salir desde Dusseldorf y volver vía Colonia. Los otros no tenían nada. Mirando las líneas aéreas convencionales es lo de siempre. Los de Iberia te ponen una página web con colorines y cosas parpadeando diciendo que puedes viajar de Europa a España por cuatro perras pero tres clics más tarde el precio es de un mínimo de quinientos euros. En la definición de la palabra ladrones del diccionario deberían poner una foto de su logo. Tras múltiples rastreos y sudores logré un billete, aunque para una estancia diferente a la que yo tenía planeada. No me preocupa porque he comenzado el año con más de cincuenta días de vacaciones y estoy convencido que este es el fin de mi ciclo en la empresa y no gastaré los días antes de irme.

Sin tiempo para preparativos, todo se basaba en aprovechar la mañana del sábado para comprar un par de cosas, hacer la maleta y dejar algo de contenido para la bitácora. El viernes ya estuve hasta bien entrada la madrugada y el sábado a las ocho de la mañana corría de lado a lado en mi casa amontonando lo que me llevaba, verificando la lista de cosas a no olvidar, programando la calefacción para que no funcione los días que la casa está vacía y esas cosillas. A las diez de la mañana salí escopeteado al centro de Utrecht porque tenía que hacer compras y había quedado con mi amigo el Rubio y familia para darles unas cosas que me encargaron y de paso tomarnos un café juntos. Era un sábado soleado y nos sentamos en una terraza a disfrutar de media hora de paz y felicidad. Para entonces ya tenía todas las cosas de mi lista y solo me quedaba hacer la maleta, algo que no me suele tomar más de cinco minutos ya que básicamente se trata de coger el montón que he organizado en mi casa y lanzarlo dentro. En el mercado de Utrecht un tipo gritaba en alemán histéricamente. Posiblemente estaba borracho o chiflado. La gente lo esquivaba al pasar y el seguía a su bola, en soledad entre una muchedumbre.

Me despedí de los amigos a las doce y volví a mi casa. hice la maleta y comencé la primera de las tres rondas de comprobación para ver que no me olvido nada. Siempre me dejo algo atrás pero no será porque no lo intento. A la hora prevista fui a la parada de la guagua y me encaminé hacia la estación. Justo antes de salir comprobé los horarios de los trenes y descubrí que el fin de semana no había trenes hacia el aeropuerto por obras en las vías y en su lugar había que ir en guagua. No es algo que me importe mucho, ya sé como funciona. Compré mi billete, fui al lugar donde siempre ponen esos autobuses y me subí al que estaba a punto de salir. Treinta y cinco minutos más tarde llegué al aeropuerto. Mi avión despegaba en tres horas y cuarto. Busqué en los paneles información para sabe en donde debía facturar y el avión tenía un retraso anunciado de dos horas y media. Malo, malo, malo. En facturación había cola y una empleada trataba de calmar los ánimos. Tardé casi una hora en completar el proceso y solo tenía cinco familias delante de mí. Yo creo que iban despacio a postas para hacernos perder tiempo. Cuando me llegó el turno la chica me contó que el Boeing 767 que nos iba a llevar se había escoñado y que a eso se debía el retraso ya que ahora iríamos en un Airbus A320. Como este avión tiene menos capacidad, han dividido al pasaje en dos tandas y yo tenía suerte por facturar pronto y saldría en la primera. Los que llegan al aeropuerto con el tiempo justo tendrían que esperar hasta la una de la mañana para coger su avión. La mujer me dio un vale para comer en el aeropuerto y un papel con mis derechos como viajero. Se disculpó de nuevo, me buscó un buen asiento en el avión y me deseó suerte. Más tarde me dio por pensar en la diferencia entre esta forma de actuar y la de las compañías españolas, que por lo general ocultarán el problema hasta el último momento y después te engañarán, ningunearán y pisotearán como si les debieras dinero cuando te han sableado bien a gusto.

Con tanto tiempo libre lo primero que hice fue irme a almorzar en el aeropuerto y después pasé el control de seguridad, me senté en un café con vistas hacia las pistas y una pianista a escuchar algo de música mientras tras la ventana veíamos una sinfonía de aviones aterrizando y despegando y cuando me aburrí fui a la zona en donde te puedes sentar con tu portátil y recargar la batería mientras lo usas. En esa parte del aeropuerto hay mesas, butacas, butacones y asientos más normales, todos ellos en configuraciones para dos, tres, cuatro u ocho personas. No he visto ningún otro aeropuerto en el que tengan algo parecido, un área de descanso tan bien preparada y con asientos tan cómodos. Por algo Schiphol gana todos los años el premio a Mejor Aeropuerto Europeo según los pasajeros.

Aproveché para escribir y ver el último episodio de la serie Heroes y un Videocast de Jamie Oliver en el que cocinó algo que me interesó mucho. Creo que incorporaré el postre que hicieron a mi repertorio porque se ve sencillo y espectacular.

Una hora antes de la salida del avión me compré una botella de agua y un par de chucherías y me tomé un café en otro bar, uno de cocina mediterránea.

El embarque se produjo a la hora prevista y salimos en hora. Se disculparon un montón de veces por el problema y el piloto nos explicó que el otro avión no estará listo hasta el día siguiente porque es una avería en uno de sus motores y toma tiempo repararla. A mi lado llevaba una pareja del Pleistoceno y delante otra pareja con hijo de unos cinco años, de esos que les importa un carajo quien tienen detrás. El tipo me ponía nervioso porque movía la cabeza como un péndulo de Foucault, no se estaba quieto el hijoputa. Un rato después de despegar decidieron que era hora de echar los asientos hacia atrás y aplastaron las piernas de la vieja que estaba en mi fila. La mujer le comenzó a golpear el asiento hasta que lo volvieron a poner en su sitio y ahí comenzó la pelea de verduleros. Se dijeron de todo mientras yo miraba desde mi rinconcito. La azafata intentó interceder pero también recibió lo suyo desde ambos bandos. Yo creo que los ganadores fueron los Antiguos porque consiguieron que los asientos no se reclinaran. Después del follón ambas parejas seguían hablando entre ellas y criticando a los otros y todos se podían oír, una situación bien absurda.

Cuando la azafata repartió la comida se notaba que a todos esos los tenía en su lista negra, sobre todo porque se desvivió en atenciones conmigo y a ellos poco menos que les tiró la bandeja.

Al cruzar el Golfo de Vizcaya el piloto nos dijo que sobre España hay un temporal de viento y que nosotros también lo notaríamos pese a que estábamos a once mil metros. El avión se comenzó a bambolear mientras yo trataba de terminarme el café para que no echármelo por encima. Cruzamos parte de la península a golpe de sustos y ya en el Océano Atlántico la cosa se tranquilizó. Sin más problemas llegamos a Gran Canaria en donde no pudimos ver nada al aterrizar por la calima que hay en el aire.

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Tiffany & Co.

Tiffany & Co.

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Hoy vemos una de las ventanas del escaparate de la legendaria tienda Tiffany & Co., lugar que quedó inmortalizado en la película y el libro Desayuno con diamantes. En Navidades le ponen esos adornos folclórico-florales que imagino son idea de algún decorador con ínfulas de artista. Pasear por la Quinta Avenida es viajar por la historia del cine porque cada esquina, cada rincón ha salido en alguna película y nos resulta vagamente conocido.

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Pendones Negros

Cada mes el día once se reunían. Se veían en una de las casas y una vez se completaba el grupo las tres salían a completar su ritual. En un bolso llevaban algo que parecía una pancarta y no solían levantar suspicacias ya que ese mismo día otros grupos iban también a manifestarse. Para ellas esto había sido un golpe de suerte y esperaban que durara mucho tiempo, que la crispación y la guerra entre grupos políticos no se detuviera para poder seguir haciendo aquello que tanto les gustaba.

Todas iban vestidas de negro, con esas telas finas que desprenden ese olor característico y que gustan de usar algunos grupos musulmanes. Se cubrían la cabeza con un paño negro y sus caras estaban ligeramente maquilladas. Eran amigas desde pequeñas. Habían llegado a España antes de las oleadas de inmigrantes actuales y se habían criado y educado entre dos mundos, en casa con las tradiciones y restricciones musulmanas y en la escuela viendo una sociedad totalmente distinta y mucho más libre y desinhibida. Sabían que eso para ellas estaba negado, que las deudas de honor en su pueblo se pagan con tu propia sangre y aunque ellas estaban dispuestas a renunciar a su fe y abrazar la libertad no era algo que pudieran hacer fácilmente, sus madres y hermanas pagarían también y no sería justo. Por eso lo tenían que hacer en secreto, amparadas por otra causa que no era la suya y que ni siquiera les importaba. Le habían puesto nombre a su grupo, los Pendones Negros porque ese era el color de sus ropas tradicionales y las tres estaban muy orgullosas de lo que hacían, era un acto de reivindicación, de rebeldía que además les aportaba pingües beneficios.

Salieron a la calle y se fueron a coger el cercanías que las llevaría a la ciudad, a Madrid. Iban cotorreando como cualquier grupo de jóvenes y entre risas y guiños a los jóvenes que se cruzaban llegaron a la ciudad. En el tren venían otros que también acudían cada día once, pero con otro propósito. Eran gente crispada, agitada, cortos de miras y con el cerebro bien lavado a fuerza de oír día tras día la teoría de la conspiración, esa que tiene más agujeros que un queso y que cada vez que uno de ellos es desenmascarado se aprestan a inventar una nueva duda, a desprestigiar a una nueva persona, todo con un único objetivo: no el de saber la verdad sino el de imponer la suya propia. Ellas no eran así, a ellas les daba pena lo que había sucedido aquel once de marzo pero gracias a eso y a todo el revuelo posterior ahora tenían una buena excusa para salir de casa una tarde al mes, ir a la ciudad y hacer aquello a lo que iban.

Iban hacia el parque del retiro pero antes se pararon a tomar un café y disfrutar del bullicio y el anonimato de la ciudad. Llamaban la atención por sus ropas negras pero eso no lo podían cambiar. Algunos les echaban miradas recelosas, de odio y desprecio porque su aspecto las incluía en un grupo de gente malvado y dañino del que no hemos recibido nada bueno en los últimos años. A ellas les daba igual, habían aprendido a convivir con eso y sabían que no podrían cambiar la forma en la que eran percibidas.

Después del café enfilaron hacia el parque del Retiro. Ese era su destino. No tardaron mucho en llegar y una vez en el parque buscaron su rincón habitual. Llevaban haciendo esto unos cuantos meses y ya tenían una rutina. Los habituales también sabían que ese día siempre estaban ahí, una vez al mes. Sacaron la pequeña pancarta y la desplegaron. Ahora sí que cotorreaban y se reían, eso era lo que les gustaba, lo que las hacía felices.

Se sentaron en un banco con la pancarta detrás de ellas. Los que caminaban por allí miraban y sonreían. No pasaron ni quince minutos cuando el primero de los habituales llegó. Señaló a una, pagó y se escondieron entre los matorrales. La pancarta seguía allí, desafiante, con su mensaje:

COMO CADA 11, MAMADAS POR 11 EUROS

Trump Tower

Trump Tower

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¿Quién no ha oído hablar de Donald Trump? Uno de esos americanos que han logrado triunfar y gustan de enseñar su riqueza ostentosamente. La Torre Trump de la foto está en la parte Suroeste de Central Park y es un hotel. Con su color negro y su fachada de cristal llama la atención y refleja todo lo que tiene a su alrededor.

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Vueling vengo, Vueling voy

El relato del viaje comenzó en Vueling voy, Vueling vengo.

El retorno desde Barcelona a Holanda fue el lunes por la tarde. Mis padres volaban una hora más tarde y nos fuimos juntos al aeropuerto. Si me dicen a mi hace unos años que yo voy a quedar en una ciudad con mis viejos para pasar unos días de vacaciones y que después cada uno se va por su lado no me lo creo. Paramos un taxi frente al hostal y le dijimos que nos llevara al aeropuerto. Nada más arrancar recibió una llamada que podíamos oír perfectamente porque tenía el manos libres. Resultó que el tipo había dejado a su mujer y ahora estaba con una Papito, una zorrilla de Sudamérica que le pela el nabo y le saca los cuartos. La tipa estaba cansada y quería que la fuera a buscar a su casa para llevarla al trabajo porque no le apetecía ir en guagua o en metro. Él le daba alternativas pero ella seguía insistiendo. Entonces el taxista le dijo que estaba haciendo una carrera hacia el aeropuerto pero ni esto la detuvo y ella le preguntó si no podía para en el camino, llevarla a su destino y después continuar hacia el aeropuerto. Todo dicho con una voz melosa que me ponía enfermo. Esa tía además de gandula debe ser más puta que las gallinas. Sé de uno a quien esa noche no se la iban a comer porque ella no se quedó muy contenta y le demostró su malestar con varias frases contundentes.

Algo que me gusta de España es que por ser tercer mundo los taxis son baratos. Un viaje desde la plaza de Cataluña al aeropuerto del Prat cuesta veinte euros en hora con tráfico. En Holanda por ese dinero el taxista no sale del aeropuerto y la misma distancia puede valer fácilmente setenta u ochenta euros y además le tienes que lamer el frenillo al tipo y dejárselo como los chorros del oro. En el aeropuerto facturamos en nuestras respectivas compañías y después mi padre se empeñó en comprar ciegos. Habíamos visto uno a la entrada pero desapareció y cuando fuimos al lugar no estaba. Nos acercamos a otra puerta y también vacío. Al final un paseo por todo el aeropuerto para encontrar al puto ciego. Nos hicimos el control de seguridad y una vez en la zona segura mi madre quiere sacar dinero de un cajero 4B. Nos acercamos a preguntar a una de las chicas de información, esas que si les hablas en español te responden en catalán por algún tipo de tara genética o quizás porque el día que nacieron sus madres las echaron al mundo lanzándolas de cabeza al suelo y después de un rifirrafe nos dijo que dentro de la Zona Segura no hay cajeros de esa cadena y que tenemos que salir afuera, a la zona de facturación. Dejadme que os recuerde que en los Países Bajos todos los bancos han llegado a acuerdos y puedes usar los cajeros de cualquier otro banco sin pagar comisión al menos una vez al día y si quieres usarlo más veces entonces debes buscar uno de tu banco. También aprovecho para recordaos también que mi banco NO me cobra comisión por sacar dinero en NINGÚN CAJERO DE EUROPA, sea del banco que sea. Eso es buen servicio y lo demás es bobería.

Me dejaron la tarjeta a mí y su número secreto y yo salí, encontré el rincón perdido de la terminal en el que estaban los cajeros de todos los bancos que no han pagado por la exclusiva, saqué el dinero y volví a pasar la cola de seguridad. Después nos sentamos en una cafetería a tomarnos un café y mi madre ve un Kiddy’s Club enfrente y sale disparada a mirar y comprar cosas para sus nietas. La mujer se priva cuando ve una tienda y yo y mi padre nos quedamos cuidando las cosas y aprovechando para descansar. Un rato más tarde vemos a dos policías corriendo y mi madre poco menos que dando saltos. Lo que me vino a la cabeza fue: Ya la pillaron afanando cosas en la tienda. Lo juro. Lo de que sea cleptómana es algo que me puedo creer porque yo de joven era un lince para birlar libros y discos de ciertas cadenas de grandes almacenes y de algún lado me debe venir ese arte. Fui a mirar lo que sucedía. Mi madre estaba abanando a la dependienta, la cual estaba sentada y más pálida que un folio en blanco mientras los de seguridad avisaban a un médico. A la joven le había dado un jamacullo y se había quedado transpuesta. Mi madre por supuesto se quedó en el lugar para dar instrucciones precisas a los sanitarios y cuando volvió nos lo contó todo. Lo único que le reprochamos fue que no hubiera aprovechado para desvalijar la tienda, que con la única dependienta fuera de juego lo tenía fácil y la máquina que quita las protecciones magnéticas está en el mostrador.

Esa fue la anécdota del aeropuerto. Después esperamos la salida de nuestros aviones y nos despedimos siguiendo cada uno su viaje por su lado. Al subir al avión y saludarnos las amables azafatas me enteré que el avión que me llevaba de vuelta a Holanda era el mismo que me había traído, ese que tiene de nombre Vueling voy, Vueling vengo e iba sentado exactamente en el mismo asiento. Curioso. Vueling tiene una flota que ya es bastante considerable y lo de que repitas avión no es algo que suceda fácilmente. Me gusta que en lugar de la cutre revista que tienen muchas compañías aéreas ellos te pongan en la bolsa situada frente a tu asiento la revista Cinemanía, es un buen detalle. El viaje de retorno fue pasado por viento, con meneíllos de esos que ponen nerviosa a la gente. Pasamos sobre París y pude ver perfectamente toda la ciudad, la torre Eiffel iluminada y el río Sena. Precioso. En Schiphol mi maleta salió la última. Supongo que tuvo algunos problemas con los chuchos que husmean la droga, que se encapricharían con mis butifarras y demás. Esta vez no tuve problemas con los trenes y volví a casa sin más problemas.

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