Monthly Archive for June, 2007

Ladrones

LadronesCuando compré la entrada para la película de hoy había perdido la fe, estaba a punto de tirar la toalla y renunciar para siempre al cine español de autores desconocidos. Mi desengaño venía de una sesión doble el día anterior con dos películas españolas que me dejaron tocado de lo malas que eran. Ya sé que me llueven los insultos y borro comentarios a destajo siempre que hablo de esas películas porque parece que o estás con ellos o eres un zarrapastroso pero al menos yo pago entradas y les doy de comer y hay muy pocos que puedan decirte mirándote a los ojos que en esta primera mitad del año han ido al cine más de cincuenta veces y han dado más de trescientos euros en entradas. Como decía, entré dispuesto para lo peor a la película Ladrones y he de decir que me alegro muchísimo de haberla visto.

A un julay ratero le roban el corazón

No sé ni por donde comenzar porque la película me ha encantado en muchísimos aspectos. Comencemos por los técnicos. La fotografía es sublime, hay escenas apoteósicas en los que la imagen se granula o predomina un único color y de alguna forma eso ensalza lo que nos están contando y parece ir en sintonía con los colores de las emociones. Lo mismo se puede decir de la música, excelente selección, siempre presente cuando se la necesita, ayudando a resaltar el drama, o el momento romántico, o la crueldad de la vida. Todo esto no sería nada sin un guión EXCELENTE, una historia sencilla y hermosa tejida en múltiples niveles, con una historia de amor que te tiene al borde de la butaca durante toda la película y con otra historia, la de la iniciación al crimen, tan importante y hermosa como la otra. Es un paseo fascinante por un submundo que sabemos que existe pero que solo sufrimos el día que nos roban. El director Jaime Marques borda la historia, nos arrastra a lo alto de un acantilado emocional y nos empuja al vacío sin miramientos para inmediatamente después rescatarnos y volver a jugar con nosotros.

Uno de los problemas del cine español es que sus directores viven amancebados a base de ayudas de las diferentes administraciones y televisiones y producen basura sin que a nadie parezca importarle y me asombra que alguien diera luz verde a una historia inteligente y aún me asombra más que el resultado sea una película tan poco española, porque si no os lo dicen de entrada y no veis los títulos de crédito iniciales podríais creer que viene de cualquiera de las potencias que hacen buen cine hoy en día. Lo mejor de la película, lo más creíble y lo que te hace caer enamorado desde el primer instante es la química entre los protagonistas, Juan José Ballesta y María Ballesteros. La relación entre ellos arde, la cámara se acerca cuando están juntos y se puede sentir el amor, el desprecio, la rabia, la ira, cualquier emoción que haya entre ellos traspasa la pantalla y nos llega intacta, nos golpea de una forma brutal. Me he enamorado de ambos solo con verlos en esta película y seguiré sus carreras porque son de lo mejorcito que he visto en mucho tiempo. De Juan José Ballesta diré que me recuerda a los galanes de las películas de los años cuarenta y cincuenta, parece ir sobrado y la cámara lo adora. Se mueve con aplomo y tiene una mirada brutal, capaz de transmitir emociones solo con unos segundos fijándose en tus ojos porque aunque mira a la cámara, todos y cada uno de los espectadores sienten que la mirada va dirigida a ellos. Es toda una estrella que espero llegue muy lejos y no acabe engullida por la mediocridad del cine español. Si hay suerte alguien lo descubrirá y se lo llevarán a hacer cine fuera de España. Lo mismo se puede decir de María Ballesteros, tierna y cruel, pasión y razón, que afronta la mala vida sin pararse a pensar en las consecuencias en un primer momento y consigue transmitir sus dudas interiores, la lucha entre su corazón y su cabeza. Hay una escena cerca del final, en un vagón de metro en el que ambos se miran y sus ojos transmiten tanta información que queman.

Sé que terminará pasando desapercibida porque es cine español y porque entre tanta mierda patria como se estrena es difícil descubrir las buenas historias pero ESTA LO ES. Ya sabes lo que sucede con el cine nuestro, desaparece después de una o dos semanas así que no te lo pienses, confía en mi y vete a ver la película. ES UNA JOYA. Hay dos o tres películas que veo más de una vez cada año y esta será una de esas. Estaré en España solo una semana y en ese tiempo la veré dos veces. Vete al cine y disfruta.
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Tiras de tulipanes blancos y rojos

Una de las cosas que más me gustan del Keukenhof son los diseños que hacen usando tulipanes y otras flores. La mezcla de diferentes colores le da alegría al parque y me fascina como son capaces de crear líneas perfectas, franjas, curvas y similares solo usando flores. Las tiras de tulipanes rojos y blancos de hoy son un buen ejemplo. A primera vista parecen rosas pero no lo son.

Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

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Planta 33 - capítulo duodécimo

Cuesta creerlo pero a este capítulo le preceden otros once y puesto que es un relato, no creo que sea muy buena idea el leerlo sin saber lo que sucedió anteriormente. Piensa que esto es como una madeja de hilo y por suerte solo tienes que tirar de Planta 33 - Capítulo primero para llegar al comienzo y al final de cada capítulo encontrarás el enlace al siguiente.

Después de comerse el helado se volvieron a poner en marcha. El cuerpo les pedía a gritos quedarse allí sentadas disfrutando al calorcito del local pero para eso no habían venido de visita a Roma. se abrigaron y volvieron a la calle. Cruzaron antiguos callejones y pese a que algún observador pudiera pensar que iban sin rumbo fijo, tenían muy claro cual era su objetivo. Al llegar al río Tíber lo bordearon y afrontaron con ganas el puente del Castillo de San Ángel. En la actualidad es un puente peatonal y algunos turistas se hacían las típicas fotos con la vista al fondo del castillo o del Vaticano. Se detuvieron y le pidieron a una pareja si les podía hacer una foto a ellas dos. Se abrazaron dejando a un lado el Vaticano, la plaza de San Pedro. La luz del día empezaba a perder intensidad pero aún no había problemas y la lluvia se había detenido. Recogieron su cámara y miraron la foto. Era perfecta. Siguieron el paseo y se asombraron con la majestuosidad del castillo, un edificio de forma extraña a la vera del río y que parecía unido al Vaticano por una muralla. En el pasado había sido residencia de Papas y lugar de defensa y aunque en la actualidad era uno de los museos nacionales, la muralla seguía allí para recordarnos su historia.

La avenida estaba flanqueada por hindúes que vendían trípodes a los turistas y que desplegaban sus cosas sobre una manta probablemente para poder salir corriendo más rápidamente si veían a la policía, ya que ellos debían pertenecer a las mafias que controlan este tipo de negocios. Un poco más adelante se pararon a contemplar la gloriosa vista de la entrada al Vaticano con esa soberbia columnata de Bernini. Aunque ya comenzaba a ser tarde la calle estaba bien concurrida. Fueron acercándose procurando sortear los vendedores callejeros que proliferaban por allí como por ningún otro sitio de la ciudad. Aquello ya debía ser territorio de la ciudad del Vaticano y los curas deben ser más condescendientes porque se apiñaban los vendedores en los lados de la acera, prácticamente todos ofreciendo lo mismo y gritándole a las chicas al pasar precios y piropos como forma para reclamar su atención. Ellas se dejaban querer, sonreían y seguían andando. En un momento determinado la Plaza de San Pedro se despliega con todo su encanto y al fondo se ve la Basílica de San Pedro, el corazón del catolicismo, el diminuto estado que al mismo tiempo es la sede de una de las religiones más poderosas del mundo. La plaza es grandiosa, con las dos fuentes a los lados y esas columnas que tocan el cielo. A la derecha podían ver los controles de seguridad y se acercaron. Era tarde y prácticamente no había gente entrando así que fue cosa de unos instantes. Al pasar bajo los arcos de seguridad estos pitaron pero los guardas no las obligaron a quitarse los abrigos, les indicaron que siguieran. Una mujer se quejaba porque no la dejaban pasar con su perro, el cual llevaba un abrigo y miraba indiferente sin saber que todos los problemas eran por su culpa. Como tenían algo de tiempo entraron primero en la basílica. Es un edificio enorme que muestra el poder de la Iglesia y de Dios. Se acercaron a la Piedad de Miguel Ángel y la miraron a través de los cristales que la protegen. Tanta belleza concentrada en una roca que fue moldeada por las manos de un genio. El altar, con su baldaquino fue otro de los puntos en los que se detuvieron a mirar, abobadas y despertó sus recuerdos de misas y otros eventos transmitidos por la tele, con toda la pompa de la curia vaticana y pensaron en la de Papas que habían oficiado misa en aquel lugar. Daba igual el sitio al que miraras, en todos lados había algo que merecía la pena ver. Un montón de curas y monjas las rodeaban, moviéndose de un lado a otro, parándose a persignarse y rezar frente a esta o aquella imagen.

Bajaron a ver las tumbas de los Papas y les sorprendió lo sencilla que era la de Juan Pablo II, el Papa con el que habían crecido y prácticamente el único que habían conocido. Estaba muy cerca de la tumba de San Pedro, el primer Papa y uno de los doce Apóstoles a los que Jesús envió por el mundo para difundir la buena nueva del Reino del Señor. Una monja rezaba frente a la tumba en silencio. Al salir retrocedieron de vuelta a la entrada y se acercaron a las taquillas para las entradas a la cúpula del Vaticano. Quedaban unos veinte minutos para cerrar y no había nadie haciendo cola. El sacerdote que estaba en ellas les dijo que tendrían que darse prisa y que al cerrar les informarían por megafonía para que bajaran. Les dio entradas para subir por las escaleras pero como no había nadie les dijo que usaran el ascensor. Le agradecieron el gesto. Avanzaron hasta el final de aquel patio y pulsaron el botón del ascensor. Llegó al poco y se subieron. Medio minuto más tarde estaban en la parte superior de la basílica y frente a ellas tenían la espléndida cúpula. El camino estaba bien señalizado y comenzaron la ascensión contando los pasos. Un cartel avisaba que toda aquella zona estaba controlada con cámaras de seguridad y que aquellos que destruyeran o ensuciaran serían expulsados. Justo al lado del cartel había un montón de grafittis de gente que no se daba por aludida. No había más nadie en el lugar y no se escuchaban otras voces. Fueron subiendo los más de trescientos escalones a su ritmo, parándose a coger aire y observando detenidamente el camino. En ocasiones las paredes se curvaban porque estaban andando entre dos cúpulas, pero no se hacía agobiante.

Al superar los doscientos cincuenta escalones sabían que estaban cerca y pronto fueron doscientos setenta y cinco, trescientos y así, cerca de las cinco de la tarde se asomaron a Roma, la ciudad Eterna, desde lo alto de la Basílica de San Pedro.

Si quieres seguir leyendo, salta a Planta 33 - capítulo decimotercero

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Tulipán Resumen Semanal

macro rojo fuerte con gotas

macro rojo fuerte con gotas, originally uploaded by sulaco_rm.

Desde hace más de un año procuro resumir la actividad de la semana en una anotación que enlaza todo lo aparecido. Esa anotación forma parte de un correo que reciben unas cuarenta personas a través de la lista de distribución de Distorsiones. Esas anotaciones se engloban en el Resumen Semanal y a ellos está dedicado este pedacito de tulipán que muestra una pequeña anomalía en una de esas flores, un toque rojo en un lugar en el que solo debería haber blanco. Este tulipán lo conoceremos como Tulipán Resumen Semanal.

Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

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Un Viaje nocturno a Gran Canaria

No hay dos viajes iguales. Siempre suceden cosas distintas y cada comienzo o final es diferente del anterior. En esta última visita a Gran Canaria solo pude conseguir billetes para horarios intempestivos, saliendo del aeropuerto de Schiphol a las cinco de la mañana, en el primer avión. Como tenía que recoger mi billete en el aeropuerto tres horas antes, sabía que no dormiría nada esa noche ya que soy incapaz de meterme en la cama a las ocho de la noche y esperar dormirme, a menos que me droguen.

Mi amigo el Rubio lo trató de mitigar invitándome a cenar y a salir desde su casa hacia el aeropuerto. El problema es que al hacerlo tuve que adelantar las horas de stress preparando la maleta y olvidándome algunas cosas. Por eso mismo empecé la maleta desde la noche anterior, poniendo las cosas básicas y acumulando trastos cerca de ella para no olvidarlos. El viernes salí del trabajo a la carrera para ir a mi casa y tener al menos media hora para finiquitar restos. Llegué completamente sudado, me di una ducha rápida e hice tres batidas por la casa buscando las cosas que seguro me iba a olvidar. Después cogí los trastos y fui en guagua a la estación y desde allí en tren a Woerden. Cuando subí al tren comenzó a llover con fuerza y para cuando llegué a Woerden diluviaba. El Rubio me esperaba en el coche y lanzamos el equipaje en su interior antes de salir hacia su casa pitando. Pasamos la tarde entre risas y juegos, con su hija tratando de enseñarme algunas palabras en holandés. Esta semana reciben la visita de unos australianos y me preguntaron por algún sitio a donde llevarlos y estuvimos mirando mis álbumes en flickr. Mientras los revisábamos la mujer del Rubio se fijó en las fotos que tengo de ellos, que son muchísimas. Nos conocemos hace siete años y durante todo este tiempo hemos pasado de todo. Una de las tradiciones es que siempre que nos vemos para emborracharnos nos hacemos algunas fotos y como siempre es con mi cámara ella no las había visto. Ver ese álbum es recorrer parte de nuestra vida fijándonos solo en grandes momentos. Ya que estábamos por la labor añadimos nuevas fotos con los tres juntos. Pasada la medianoche cogí el penúltimo tren para ir a Utrecht y desde allí tomé el tren nocturno que va a Amsterdam y al aeropuerto. Nunca pensé que fuera tan popular. Estaba hasta la bandera entre borrachuzos que iban o volvían de marcha y viajeros que como yo arrastraban sus maletas paa ir al aeropuerto.

La otra cosa que me llamó la atención de este tren es que en lugar de ir por la ruta directa entre Amsterdam y Utrecht, va por Hilversum (aunque no para allí). Íbamos pasando estaciones que conozco al dedillo, lugares que no significan nada para otras personas pero que están en el libro de mi vida … Utrecht Overvecht, Hollandse Rading, Hilversum Sportpark, Hilversum, Hilversum Noord, Bussum Zuid, Naarden Bussum, Weesp, Diemen, Amsterdam Muiderpoort, Amsterdam Centraal, Amsterdam Sloterdijk y así llegamos al aeropuerto alrededor de las dos de la mañana. Más de la mitad del tren se bajó allí.

A esa hora el aeropuerto está lleno de vida, con los mostradores de muchas de las compañías que comienzan a abrir para atender a los clientes. Yo tenía que ir al de Neckermann para recoger mi pasaje y pagarlo. La chica que me atendió fue la misma con la que hablé cuatro días antes para hacer la reserva. Deben tener unos horarios de trabajo terrible en esa empresa. Comprando el billete los cuatro últimos días para vuelos charter lo consigo muchísimo más barato. El problema es que si no salen ofertas te quedas en tierra y que en ocasiones lo que tienen no es muy interesante. Esta vez hubo suerte y conseguí billete de nueve días a Gran Canaria por ciento noventa euros incluyéndolo todo. El vuelo de ida era con Martinair y el de vuelta será con Transavia. La joven me quiso explicar todas las boberías que están obligados a decirte y que yo me conozco al dedillo pero terminamos saltándonos esa parte y estuvimos hablando de lugares de mi isla que ella había visitado. Después me acerqué a los mostradores de facturación, solté lastre y crucé los controles de seguridad. Hay una zona a la altura de las puertas “D” en la que han puesto unos sofás y butacas muy cómodas y tomas de corriente para los portátiles así que me compré un café y me tumbé en uno de los sillones a esperar. Las tiendas del aeropuerto ya estaban abriendo y no eran ni las tres de la mañana.

No quería dormirme y no me apetecía escribir por lo que usando mi teléfono como módem bluetooth aproveché mi conexión a Internet y estuve respondiendo correos, creando otros nuevos y leyendo bitácoras. Cuando tienes un Mac todo el mundo piensa que eres un pobre infeliz que no tiene a su disposición software y no puede hacer nada pero lo cierto es que los Mac simplemente funcionan, hacen todo aquello que quieres sin problemas y casi siempre sin tener que comprar software o hardware adicional. Cerca de donde yo estaba me encontré a otro viajero con un Mac que igual que yo, navegaba por Internet y más allá vimos a un pobrecito con su Windows resignado a ver vídeos y navegar con el teléfono …

A las cuatro y media me levanto para ir al avión, miro una pantalla y leo que están en Última Llamada - Cerrando Puerta de embarque. Me dio un golpe de adrenalina y perdí la dignidad corriendo por aquel inmenso aeropuerto hasta llegar sin aliento a la puerta de embarque, en donde una amable señorita me dijo que me había confundido y ese era un vuelo de Transavia con destino Gran Canaria. Me dijo cual era la puerta de embarque del mío y retrocedí sobre mis pasos aún con el susto en el cuerpo. Ya estaban entrando y después de un par de minutos yo también pisaba el avión, un A320 alquilado por Martinair a alguna compañía alemana. Me senté en mi asiento de ventana y me dormí inmediatamente. No sé ni como ni cuando despegamos porque toda esa parte yo estaba en el otro lado viviendo grandes aventuras. Sobre las seis de la mañana servían el desayuno y el olor de la comida me despertó. Agarré la caja que me ofrecieron, me la comí en un tiempo récord y volví a quedarme dormido dos horas más. En mi segundo despertar vi que los que iban a mi lado tenían un bebé de menos de un año y los pobres posiblemente no habían parado en todo el vuelo ya que el chiquillo no dormía. La última hora y media la pasé entre sudokus y los vídeos que ponen en el avión.

Al llegar a Gran Canaria todos se ponen de pie y se aprestan a recoger su abultado equipaje de mano para ser los primeros en salir del avión como si de esa forma pudieran abandonar antes el aeropuerto. no se dan cuenta que las maletas tardan. Yo fui de los últimos en desembarcar y aún así tuve que esperar quince minutos en las cintas de entrega de equipaje hasta que mi machacado trolley asomó. He de comprarme uno nuevo, el Samsonite que me ha acompañado los últimos siete años está desmembrándose y no creo que sobreviva mucho más. Ya ha perdido la mitad de las cremalleras y tiene abolladuras y rotos por todos lados. Conmigo ha visitado cuatro continentes y se ha hecho unos sesenta mil kilómetros cada año y NUNCA lo han extraviado. Yo creo que lleva la suerte consigo y por eso me cuesta dejarlo porque seguro que el próximo que compre se me pierde en el primer viaje. Este trolley siempre ha sabido coger el avión correcto y llegar conmigo al destino, incluso cuando hemos volado con Iberia, compañía famosa por su descontrol con el equipaje.

Al reencontrarnos subimos juntos a la terminal de Salidas en donde ya nos estaban esperando y de esta forma arrancó mi viaje a Gran Canaria, un viaje que comenzó a las seis menos cuarto de la tarde y que culminó a las nueve y cuarto de la mañana del día siguiente.

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Tulipán Otros Mundos

Masa de tulipanes amarillos

Masa de tulipanes amarillos, originally uploaded by sulaco_rm.

Un universo tan cerrado como el las bitácoras se alimenta de enlaces que la gente se intercambia sin venir a cuento. Hay algunas bitácoras que tienen unas barras laterales infinitas con cientos de amigos ficticios. Todo sea por subir en cualquier tipo de jerarquía de esas que se crean continuamente para medir quien la tiene más gorda, más grande y más popular (la bitácora, por supuesto). Como hay veces en las que uno acaba hablando de otros, surgió la necesidad de tener una categoría para este tema y se llama Otros Mundos. La idea era bonita pero he terminado usando ese cajón para otras cosas que no vienen a cuento. En cualquier caso, estos tulipanes de un amarillo intenso se conocerán en esta bitácora como Tulipán Otros Mundos.

Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

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Planta 33 - capítulo undécimo

Aunque comenzamos con la segunda parte del relato y por ahora son líneas independientes, yo te sugeriría que ataques los diez primeros capítulos para ir entrando en situación. Haz clic en el siguiente enlace para ir a Planta 33 - Capítulo primero.

Segunda Parte

Acababan de almorzar y se refugiaron del frío de la calle en una heladería cerca de la Fontana di Trevi. El local tenía un aspecto decadente, como si hubiera quedado anclado en los años cincuenta y nadie se hubiera apercibido de que ha pasado medio siglo desde entonces. Un camarero aún más viejo que el local y vestido de forma impecable con un traje entre azul y púrpura las recibió ensanchando su bigote y mostrando los agujeros entre sus dientes negros mientras les sonreía. Su pelo lo sujetaba una masa gelatinosa que brillaba reflejando la luz del local y parecía llevar purpurina en la cabeza aunque seguramente solo era la caspa atrapada por el gel fijador. Les señaló una mesa junto a las puertas que dan a la calle y que en verano están abiertas de par en par. Las mesitas minúsculas eran de forma circular y malamente había espacio para dos personas. La carta era tan grande que sobresalía de la mesa. Se miraron y sonrieron entre ellas. Era el primer viaje a Roma de Paola y María. En realidad era su primer viaje sin padres o algún adulto que las controlara. Este era el viaje de su independencia y se lo estaban pasando muy bien. No lo habían podido hacer en el verano porque una de ellas había tenido que estudiar para pasar algunos exámenes en Septiembre y por eso lo retrasaron. La ciudad no tenía el encanto de los días largos y soleados pero seguía siendo hermosa y lo que perdían en sol y calor lo ganaban en tranquilidad porque las calles no estaban tan llenas de turistas y se podían visitar los distintos lugares sin hacer infinitas colas.

Esa mañana la habían pasado en el centro, entre iglesias y plazas con fuentes bellísimas. La entrada en el Panteón fue mágica, con una lluvia fuerte que golpeaba el cristal que cierra la cúpula y creaba sombras chinescas en el suelo mientras el crepitar de la lluvia resonaba en toda la sala y parecía como si los mismos dioses estuvieran tocando los tambores en el cielo para recibirlas en su casa. Se quedaron boquiabiertas, mirando la magnificencia de un lugar que no parece creado por el hombre, un sitio que pone en jaque todo aquello que siempre hemos creído. Pese a la calefacción hacía frío en el interior del templo y al hablar podías ver la pequeña nube de humo que se formaba en la boca de los pocos visitantes que deambulaban por el lugar, cuchicheando en voz baja por miedo a que algo o alguien del otro mundo los abofeteara y les reclamara el respeto que debían mostrar ante esta obra divina.

Había un servicio de misa y decidieron quedarse. Un hombre les advirtió que cerrarían las puertas y no podrían salir hasta que hubiera acabado pero no les importó. La misa fue tan mágica como el sitio en el que estaban. La voz del cura recorría la sala circular y subía a la bóveda y volvía rebotando en las paredes como un eco despistado. La magia de la palabra de Dios parecía funcionar en aquel recinto. Dentro de la iglesia (o del templo) solo estaban ellas y un pequeño puñado de feligresas, viejas sin nada mejor que hacer que formaban la parroquia y cuatro monjas que posiblemente estaban de visita en Roma y que miraban tan encandiladas como ellas a su alrededor, sorprendidas seguramente por la forma extraña de aquella iglesia. En lo alto seguían oyendo la lluvia aunque ahora era más suave. A la hora de comulgar se acercaron con el resto. La mano del cura estaba muy arrugada y temblaba ligeramente. Al terminar la misa se volvieron a abrir las puertas y un pequeño grupo de turistas corrió a refugiarse al interior, acompañados por el sonido de sus cámaras y los destellos de sus flashes que trataban de recoger todo aquello que veían. Uno grababa una película y giraba sobre sí mismo con la cámara en alto. Se acercaron a la tumba de Rafael para mirarla por última vez. Con la de santos que ha hecho la iglesia y ninguno de los grandes creadores que han logrado que la casa de Dios sea más bella ha sido santificado. Después salieron a la calle. Según su guía turística por allí cerca también estaba la Iglesia de San Ignacio. Entraron a verla. A primera vista no es nada del otro mundo, al menos no en una ciudad en la que cada iglesia o basílica está construida para superar a las anteriores, para gritar más alto que nadie el poder de Dios. En el libro decía que tenían que buscar un punto amarillo en el suelo cerca de la salida. Lo encontraron. Se pusieron sobre él y miraron la bóveda, llena de pinturas y soberbia en su estilo. Era sencillamente perfecta. Al mirar el resto del techo veían unos frescos con San Ignacio frente a Cristo en el cielo. El hombre que lo había hecho era un genio, todo parecía estar en tres dimensiones, era casi real. Leyeron que la bóveda no existe, es solo una pintura y el efecto se pierde cuando dejas el punto amarillo. Avanzaron por la sala y al mirar hacia arriba lo pudieron comprobar. En donde antes había una bóveda perfecta ahora se veía una pintura con ángulos extraños. Simplemente mágico. Dolía pensar que todo esto se había hecho cientos de años atrás en una época en la que no tenían la tecnología de la que disfrutamos nosotros. Los diferentes altares estaban sobrecargados con joyas y pinturas exquisitas. Un grupo de turistas acababa de entrar y su guía les explicaba el truco para mirar hacia arriba. Eran americanos. Posiblemente jamás habían oído hablar de la Compañía de Jesús y de lo que habían significado en la historia del mundo.

Salieron a la calle y buscaron algún restaurante en el que almorzar. La zona está llena de sitios turísticos y como no querían perder mucho tiempo entraron en uno de ellos. Se pidieron pizzas. Tras la comida les apetecía un helado y sabían de un sitio cercano que había aparecido en infinidad de películas, una heladería de una calidad incuestionable y que entre sus clientes tenía al Santo Padre. Así habían llegado a aquel sitio.

Cada una se pidió un helado de dos sabores y no tardaron en traerles una copa enorme llena de helado. Estaba delicioso, sencillamente perfecto. El sabor explotaba en la boca y desde allí transmitía sensaciones a todo el cuerpo. Lo acompañaban con una galleta. Faltaban palabras para describir la perfección de los sabores, la sutileza con la que se mezclaban los ingredientes y el exquisito placer que producían en el paladar.

Si quieres seguir leyendo, salta a Planta 33 - capítulo duodécimo

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Tulipán Fotos

Tulipanes divinos

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Ya sabéis lo que sucede cada mañana. Cerca del mediodía solemos ver una Foto nueva. Lo habitual es hacer series con los lugares que visito o aquello que corresponda a la temporada, tulipanes en primavera, otras flores en verano, setas en otoño y nieve o lo que se tercie en invierno. Todas esas fotos merecen tener su propio tulipán y por eso llamaremos a partir de hoy a estos tulipanes como tulipán Fotos

Si estás pensando visitar Holanda para poder ver estas maravillas, tienes más información en la anotación Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y también puedes ver el Álbum de fotos de tulipanes en el Keukenhof o el Álbum de fotos de Amsterdam

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Un regreso un pelín desastroso

Esta es la última de las anotaciones en las que cuento el viaje a Roma así que si has caído en ella sin haber leído el resto y te apetece pasear por Roma conmigo te contaré un pequeño secreto: la historia comienza en Casi todos los caminos conducen a Roma. Al final de cada capítulo encontrarás un enlace al siguiente.

Tras pasar los controles de seguridad en los que no detectaron los líquidos que llevaba en mi equipaje de mano y que se me olvido sacar de la mochila buscamos algún sitio en el que comer algo dentro del aeropuerto de Roma. Las opciones son escasas ya que no hay muchos locales. Terminamos en un antro en el que te daban una especie de menú con trozo de pizza, papas fritas y bebida por siete euros. La pizza era como chicle, las papas habían sufrido daños y perjuicios antes de conseguir la absolución y la bebida era la cola habitual. Unas alemanas tenían un pitote montado porque no les habían puesto algo que habían pagado y le gritaban a la empleada de turno, a la cual se lo traía al fresco.

Tras la comida tuvimos que esperar un rato. Como no anunciaban mi vuelo nos acercamos a la puerta de embarque de mi avión y descubrimos que ya había entrado todo el mundo así que tras una rápida despedida subí al avión. Prácticamente cerraron la puerta detrás de mí y arrancamos. Durante el vuelo nos dieron una pequeña cena que contribuyó a incrementar el volumen de mi abultada barriga y yo aproveché para ver un par de episodios de una serie que tenía en el portátil. Al llegar a Schiphol recuperé mi equipaje y fui al mostrador de Schiphol Travel Taxi. Me identifiqué y me dijeron que en una hora saldría mi taxi compartido hacia mi casa. Era cerca de la medianoche. Me puse a navegar por Internet usando el teléfono. Una hora más tarde volví a preguntar y me dijeron que las otras personas que iban conmigo ya habían llegado y tan pronto como recogieran su equipaje nos íbamos. Seguí esperando media hora y tras esta hora y media me informaron que el taxi había entrado en el recinto aeroportuario y llegaría en unos minutos. Afuera llovía copiosamente e intercambiaba correos frenéticamente con mi amigo el Rubio que me informaba del estado de la tormenta alrededor de su casa. Cerca de las dos de la mañana volví a preguntar y la persona que estaba en el mostrador me dijo que HABÍAN PERDIDO EL TAXI, no sabían donde estaba ni por qué no se había presentado. Estaban llamando a su compañía para averiguar algo. Las informaciones en ese punto eran algo confusas. En un momento nos decían que ya estaban en camino y al siguiente nos informaban que seguían sin saber nada del taxista. Tras dos horas y media dieron por perdido el taxi y comenzaron a buscar otro. Llegó a las tres horas y el hombre nos llevó a casa sin más problemas. Por supuesto he protestado y me devolverán el dinero. He usado este servicio en multitud de ocasiones y hasta ahora no había fallado. Es la forma más barata y conveniente de volver a casa si tu avión llega a horas intempestivas.

De esta forma tan dramática acabó el viaje a Roma.

Una serie de comentarios finales. Me encantó la ciudad. Lo repito, me encantó. Me gustó la mezcla de épocas y como todo se ha ido fundiendo para construir una gran ciudad con carisma y de una belleza innegable. Me impresionaron un montón de los sitios que visité, como el Coliseo, el Vaticano, la iglesia de San Ignacio de Loyola, las Catacumbas o el Panteón. Volveré porque me queda mucho por ver. No me pareció un sitio excesivamente caro. Se puede comer bastante barato y la gente es amable en el trato (salvo en un sitio del que nos marchamos). La ciudad está atestada de turistas pero es de esperar. Es muy fácil moverse y hay transportes públicos suficientes y variados. Los mapas ayudan a encontrar las cosas y repartidas por la ciudad hay bastantes oficinas de información al turista en las que te ayudarán amablemente. Frente a la negativa impresión que tengo de Madrid y un poco de Barcelona, Roma no cae en ese saco.

No salí de la ciudad así que no sé como serán los alrededores, igual cambia todo cuando dejas atrás la capital italiana. El alojamiento fue barato (comparado con otras ciudades como Barcelona) y no estábamos lejos del centro. En ningún momento me sentí inseguro, no vi nada extraño ni raterillos o similares aunque seguro que los hay. Pese a la manifestación en contra de Bush y los problemas que hubo nos pudimos mover por la ciudad perfectamente, cargados con el equipo fotográfico.

Si estás pensando en ir a Roma, calcula que con cuatro días completos, como hicimos nosotros, te das un palizón de cuidado y aún así no lo terminas de ver todo. Hay demasiado así que tendrás que dejar cosas para otra ocasión.

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