Archivo de June, 2008

El día que subí en dos ocasiones al cielo

Los grandes días de nuestra vida pueden comenzar de cualquier forma. Normalmente no los elegimos nosotros sino que son ellos los que llegan y se plantan afianzando sus raíces y haciendo que los recordemos por siempre. El día que todos recordaremos de este año comenzó despertándome a las seis y media de la mañana. Por ironías del destino, volvía a los Países Bajos desde Gran Canaria. A las siete y cuarto ya estaba en la cola de facturación, el único español entre ciento y pico neerlandeses. la chica que se encargó de mandar mi trolley hacia las cuevas insondables del aeropuerto me asignó un asiento en la penúltima fila y me confirmó que la tendría al completo para mi.

En el control de seguridad solo se hablaba de una cosa, de lo que sucedería esa noche. Nuestro avión llegó a la hora prevista y salimos con precisión digital. Me gusta sentarme en el lado izquierdo del avión para despedirme de mi isla. Veo el puerto de Taliarte, Melenara, Playa del Hombre, la casa de mis padres en la Garita, la playa de la Garita y justo allí los aviones giran y se adentran en el océano dejando en mi retina la imagen de la playa en la que paso tantas horas. Siempre siento que es en ese momento, cuando miro hacia abajo y un escalofrío me recuerda que aquí queda una parte de mi vida, es ahí cuando comienzo a desenredar un ovillo que tiene un fino hilo que me mantiene conectado a mi tierra aunque viva a más de tres mil kilómetros. Después me relajé y aproveché para ver los tres últimos episodios de la primera parte de la temporada final de Battlestar Galactica, una serie que para mí es sencillamente la mejor serie del mundo, la única que me he comprado y que no me canso de ver.

Hice una pausa cuando alcanzamos el sur de Portugal y el piloto nos avisó. Miras desde allá arriba y parece increíble que se pueda ver la forma de la península Ibérica, ese mapa que aprendimos a dibujar de pequeños. Ves los ríos y sus nombres te vienen a la memoria sin hacer esfuerzo aparente, aunque detrás hay años de recitarlos, memorizarlos y aprender la geografía de un país que algunos niegan.

La torre Eiffel jugaba a esconderse entre nubes cuando la saludamos y pronto estábamos descendiendo para tomar tierra en Eindhoven, tras pasar sobre Bélgica. La morriña que se activa al dejar atrás Gran Canaria siempre desaparece cuando veo esa tierra verde y maravillosa que es Holanda. Si además aterrizas y la temperatura es de veintiún grados, esto es lo más cercano al paraíso que puede estar cualquiera en este mundo.

En el aeropuerto tres aviones de Ryanair acompañaban al nuestro de Transavia. Las maletas salieron pronto, algo que siempre me ha gustado de estos aeródromos pequeños. Me acerqué a la parada de autobús y aproveché para hablar con Waiting y ver como iba a ser la cosa. Me dio un disgusto cuando me dijo que íbamos a ver el partido con el Enemigo y no me refiero al marico hechicero ese que tanto gusta de acosar y después hacerse la víctima inocente acusando a sus propias víctimas y lloriqueando para que los cuatro mamarrachos y pela-nabos que no saben de la historia ni el prólogo salten a defenderlo y justifiquen su acoso. No, por enemigo se entiende que hablamos de fans de Alemania que se sentarían con nosotros para ver el partido, compartir mesa y comida porque a tu enemigo ya se sabe que hay que tenerlo bien cerca y a los otros, a esos como el marico hechicero que te desea todo lo mejor siempre mientras busca la forma de clavarte el puñal, a esos despreciadlos, ninguneadlos y borrad su existencia de vuestras vidas.

Después de hablar con ella le llegó el turno a mi amigo el Rubio que me pedía que fuera a su casa para ver el partido con doce holandeses, que por descontado, iban por España porque aquí, en esta tierra, España está y estará siempre por encima de Alemania.

Llegué a mi casa, dejé el trolley, saqué los quince kilos de comida que traía, recogí mi bandera española, esa que todos y cada uno tenemos en nuestra casa y particularmente los que vivimos fuera y sentimos los colores de nuestra patria en el corazón y me puse una camiseta roja con el toro de Osborne, ese que hasta los extraterrestres saben a qué país identifica unívocamente y a lomos de la Vanilly, una de las dos bicicletas de segunda mano que dan el cante y que compré para poder dejarlas en el centro de la ciudad (la otra es la Milly) salí hacia la estación de tren. Allí enganché con el tren que me llevó hasta Amsterdam y después de una combinación de transporte público que llegaba con una puntualidad fantástica llegué a casa de Waiting. Ahora que lo pienso, en el mismo día volé, fui en autobús, tren, metro, tranvía y bicicleta. Todo un despliegue para alcanzar mi destino final.

Una vez en Amsterdam, desplegamos la bandera en la ventana para que todo el mundo sepa que allí se vivía la fiesta. Mientras llegaban el resto de integrantes de nuestra quinta, nos pusimos a preparar la comida con la que picotearíamos. Yo vine cargado con cosillas para hacer montaditos y en un rato los teníamos listos. Entre los asistentes estaba Miguel Pinto otro espíritu inquieto que deja a la gente asomarse a su mundo a través de una bitácora.

El enemigo, los alemanes, se sentían algo intimidados por nuestra bulla, por los gritos y el escándalo. Ellos son más silenciosos. Cuando comenzó el partido estábamos todos tensos, sobre todo con los diez primeros minutos. después llegó el gol de la victoria y la locura, la cual se pudo oír en varias manzanas porque si la casa no se hundió, fue por los fuertes cimientos que tiene, aunque os aseguro que esa casa hoy tiene al menos veinte centímetros menos de altura porque hemos saltado hasta tocar el cielo, un cielo de felicidad y alegría que nos unió a todos, españoles y hermanos de América. Después del gol vino el sufrir y rezar para que el partido llegara a su fin, gritar una y otra vez con todas esas oportunidades que no terminaban de cuajar y una vez llegó ese pitido que pedíamos a gritos hacia un árbitro al que acusamos de todos los crímenes del mundo llegó la fiesta, la celebración, la liberación de toda esa tensión acumulada.

Volví a casa en volandas, cruzándome con grupos que recorrían Amsterdam con banderas y pitas, gritando y jaleando el nombre de España. De regreso a mi casa, con la bandera como capa, atravesé Utrecht tropezando con grupos de despistados que volvían muy tarde a sus hogares y que al verme aplaudían y rendían honor a nuestra bandera. Ha sido un día larguísimo, de casi veinticuatro horas, hermoso como pocos, el día que todos juntos subimos al cielo.

Los cronocrímenes

Los cronocrímenesA mi amiga Plus no la vuelvo a engañar para ir a ver cine español por lo menos en tres años después de convencerla y poco menos que obligarla a ir a ver Los cronocrímenes, una película de temática fantástica a la que fui solamente leyendo lo que decían algunos críticos y sin haber visto siquiera el trailer. Venía precedida del aura de un director que jamás había dirigido largometrajes anteriormente y que tiene una base de fans en Internet que adoran sus cortos. Para los que busquen un resumen rápido de lo que allí sucedió y no quieran leer los próximos párrafos, es una mierda de película.

Un julay se multiplica por cero y ni así desaparece el hijoputa

Yo soy de los que tienen una fe infinita en el cine español. Tropiezo una y otra vez en películas de las que todo el mundo me dice que me aleje. Tiro el dinero, porque al fin y al cabo, cuando sales de una peli con la sensación de haber visto una mierda sientes que has tirado ese dinero que te cuesta tanto ganar. Nada más comenzar Los cronocrímenes, en los dos primeros minutos, ya teníamos la certeza casi absoluta que iba a ser mala. Se notaba en la cantosa actuación de los dos actores que veíamos, algo que chirriaba en nuestros ojos y casi nos hacía lagrimear porque parecían actores de teatro de instituto sobreactuando debido a la falta de experiencia y formación. La historia que nos contaban es la de un hombre que ve algo anómalo en un bosque cerca de su casa, se acerca a mirar y sin comerlo ni beberlo, tropieza con un edificio de alta tecnología sin vigilancia alguna en el que hay una máquina del tiempo que lo manda directamente una hora hacia el pasado y tendrá que resolver un problema que sucede en un tiempo que ya fue y no será.

Películas con viajes en el tiempo y sus paradojas ya hemos visto muchísimas y aquí quien más y quien menos es un experto en el asunto y se sabe todos los efectos secundarios que se pueden dar. Bueno, hay uno que cree que nosotros, los espectadores, somos tontos del culo y no tenemos ni puta idea de nada y nos monta una historia absurda, realizada pésimamente y previsible a kilómetros de distancia. No hay un solo golpe de efecto en esta película que no veas venir desde un buen rato antes. Todo fue encajado tan exquisitamente que la cagaron hasta el fondo y mataron el interés. Si a eso le sumas que los actores, dos tíos y dos tías, no parecen actuar sino chirriar como puertas viejas y logran molestar a quienes los están viendo por lo cantoso de sus interpretaciones y que la fotografía hace que cada plano parezca excesivamente trabajado y como si estuvieras viendo una película de esas malas de serie zeta, el resultado final va cuesta abajo y sin frenos hacia el desastre. Una película la hace la suma de un conjunto de cosas y aquí, todas y cada una de las partes apestan y el conjunto hiede a pallufo de los malos. En una sala casi vacía en un viernes por la tarde te das cuenta que el boca a boca despedazará y borrará de los cines esta película en un par de semanas.

Le faltó un punto adicional de mierda para subir a la categoría de es tan mala que es buena, esas películas que dejas de tomarte en serio y con las que te diviertes de lo mala que son. Esta se queda en mala a secas y ni siquiera hablarás de ella cuando la hayas visto.

Ni te molestes en ir a verla. Mejor gástate el dinero en una cafetería con aire acondicionado y disfruta de una buena conversación.
3artuditos

Made of Honor - La boda de mi novia

Made of Honor - La boda de mi noviaEl más trillado de los géneros cinematográficos en esta etapa del siglo XXI (léase como veintiuno o equis-equis-palito) es el de la comedia romántica. Supongo que es por los tiempos que nos han tocado vivir y la necesidad de desconectarte y ver algo insubstancial y vulgar, puro alimento para la risa fácil y que uno pueda olvidar fácilmente. Ya he expresado mi admiración con los directores y guionistas americanos por repetir una y otra vez la misma fórmula y conseguir que siempre parezca distinta. En esta ocasión, el producto final les ha quedado algo flojillo. La película se llama Made of Honor y el intelectual acarajotado que se curró la traducción, después de calentarse la única neurona que debe tener durante horas terminó con el patético título en español de La boda de mi novia.

A un julay le roban el chi-chi que quiere comer y del disgusto casi abandona el metrosexualismo

En una comedia romántica siempre tiene que haber una historia de amor problemática que al final se resuelve y aquí paz y en el cielo beatas y curas. En este caso comenzamos con dos amigos (chico y chica), que después de conocerse durante la tira de años y de ser como uña y carne, ven cambiar su relación cuando ella se enamora de un millonario escocés y decide casarse con el tipo. Además le pide a su amigo que sea su Dama de Honor en la boda y el colega acepta. Ese mismo día y mientras se pone las cremitas en su cutis perfecto se da cuenta que ella es la mujer de su vida y a partir de ese momento trabajará las veinticuatro horas del día para hacerla cambiar de opinión y que se case con él.

Esto es como la boda de mi mejor amigo pero con los sexos cambiados y con un protagonista que muchas veces parece que está allí para pasear el palmito y enseñar lo mono que es. Cansa muchísimo ver a Patrick Dempsey flirteando con la cámara para mostrar lo guapo que es, lo bien que tiene el peinado, lo definidos de sus músculos y demás. Joder, también podría actuar y entretener a los espectadores. Recuerdo a ese hombre cuando era un adolescente y hacía pelis de perdedor y friki y tenía una pinta que daba risa.

El guión es algo soso porque casi todo se ve venir desde millones de kilómetros de distancia y los momentos de cachondeo están muy contados y más bien a cargo de los personajes secundarios, los cuales no tienen mucho espacio para lucirse porque Patrick Dempsey ha de enseñar el palmito tanto como puede. La chica vivirá su cuento de hadas haciendo de tonta calentorra que solo quiere un miembro que la taladre todas las noches del resto de su vida y le da un poco igual si este es escocés, grande y gordo o americano, pequeñito y resultón. La película se anima algo cuando se van todos a Escocia y tenemos un montón de situaciones esperpénticas en un lugar de costumbres muy distintas a las americanas y en donde algunos hablan un idioma que no es el inglés y que supongo que gracias a los milagros del doblaje, se convertirá en gallego o algo parecido.

Una historia algo floja y en la que faltaron momentos de cachondeo para redondearla y un protagonista demasiado creído de sí mismo hacen un cóctel perfecto para ir al cine con la parienta a la que le quieres hacer una inspección técnica del potorro, y seguro que después de este sacrificio de más de hora y media lo conseguirás.
6artuditos

Vuelvo al norte

Una sombra en el cielo

Mudando la piel, abrasado por el sol, muy descansado y rodeado de cabezas de queso, cuando leáis esto yo estaré deshaciendo el camino y saltando tres mil kilómetros hacia el norte para volver a Holanda. Atrás he dejado la melena que me quitó el peluquero y un montón de piel que se me ido cayendo. Esta noche, como casi todos los españoles, veré ese partido histórico que salvará al país de la crisis, disparará el número de embarazos, empujará las acciones de las empresas que fabrican cerveza y que recordaremos durante mucho tiempo.

Rivales

RivalesTodos los veranos hay un par de películas españolas que intentan sobrevivir en una cartelera cargada de estúpidas películas para descerebrados salidas de la factoría de memeces americana. Suelen ser comedias corales, con muchos protagonistas y que se digieren fácilmente. Si consiguen cuajar el producto, el premio será una buena recaudación y el reconocimiento de ese mismo público que da la espalda a todo lo sofisticado y complejo porque algunos directores españoles aún no se han dado cuenta que la gente va al cine a divertirse y no a desentrañar las complejas motivaciones de personajes que son como son por la infancia que se supone que tuvieron. El problema del cine español es fundamentalmente de subvenciones ya que aquí todas las administraciones públicas sueltan la güita que deberían mimar y emplear con cuidado y la despilfarran en proyectos que se saben fallidos desde el comienzo pero que están encabezados por un amigo de un amigo de un amigo de … y así nos va. Regresando al tema, el primer intento de película del verano se llama Rivales y nos llega de la mano de Fernando Colomo.

Un montón de julays se dan de hostias por culpa de un partido

La verdad que han tenido suerte con el momento en que se ha estrenado esta película, justo en plena fiebre de fútbol. La historia es sencilla, dos equipos de niños se disputarán la final del campeonato nacional, uno es de Madrid y el otro de Barcelona. La película cuenta el viaje de ambos equipos a Sevilla y lo que allí sucede. Es una especie de road movie aunque muy segmentada. Nos van presentando a diferentes grupos de protagonistas y vemos la historia que hay detrás de ellos porque todos tienen algún problema. Tanto los padres como los niños son desechos humanos que en cualquier otra galaxia ya habrían sido reciclados. Vemos como los padres son los que realmente se toman el partido en serio y mientras que sus hijos van felices por la vida haciendo gamberradas, ellos convierten el asunto en un tema de importancia capital, extrapolando sus frustraciones y deseos hacia sus hijos y sobrecargándolos con una responsabilidad que los chiquillos ni quieren ni son capaces de asumir. Entre tanta actuación hay algunas soberbias y otras más flojillas. Rosa María Sardà esta que se sale como abuela cascarrabias que odia todo y es una borde cínica dispuesta a luchar en cualquier guerra y Goya Toledo da la campanada con un papel con el que te tronchas.

La verdad es que te echas unas buenas risas, llegas incluso a identificarte con alguno de los personajes, hay un buen guión que mantiene la atención del espectador y el formato de contar un puñado de pequeñas historias de una forma completa (como gags) y que al final todas confluyan en un desenlace esperpéntico ha funcionado perfectamente.

En definitiva, una buena película para una de estas tardes de verano en la que vas al cine con amigos y conocidos y no queréis nada complicado.
7artuditos

Interior de Sutje Boes

Interior de Sutje Boes

Interior de Sutje Boes, originally uploaded by sulaco_rm.

En un espacio minúsculo cocinaban, vivían y dormían una familia de cuatro o cinco personas. El interior de Sutje Boes parece más el de una autocaravana que el de una casa convencional. Detrás de la estufa hay un montón de azulejos de auténtica cerámica de Delft, un producto típico holandés que casi ha dejado de fabricarse ya que solo quedan dos fábricas.

En Zaanse Schans o Volendam y Marken tienes mis sugerencias para organizar una visita a esos lugares. Si quieres encontrar abundante información sobre los Países Bajos y particularmente de Amsterdam y alrededores, te sugiero que comiences por la Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y en el Álbum de fotos de Volendam y Marken puedes ver todas las fotos.

Mareas

Siempre que vengo a Gran Canaria vivo casi un ciclo completo de cambio de marea. El primer día, al ir a la playa y buscar mi posición habitual, la mar quizás está vacía, lejana, nos permite ver un amplio campo de arena húmeda en el que juegan los niños y los gandules de los adolescentes dan balonazos pese a estar prohibido. Entre ellos serpentean los que caminan de un lado al otro de la playa tratando de perder peso, intentando deshacerse de esos michelines que se te agarran como ladillas y se niegan a irse.

Un rato más tarde, miras de nuevo hacia el agua y descubres que se ha comido un poco de ese terreno, que las olas juguetonas que revuelcan viejas y liberan de sus ataduras algunas tetas se han movido y están algo más cerca. Los niños siguen jugando casi sin notarlo, hacen sus castillos de arena y levantan muros para tratar de defenderlos porque cada vez hay más y más agua, las andanadas son más agresivas y ellos siguen sin comprender que la guerra la tienen perdida puesto que el mar ganará la batalla siempre.

Yo sigo durmiendo y despertándome, poniéndome más loción bronceadora y escuchando algún audiolibro desde ese punto estratégico en el que coloco mi toballa, exactamente en la línea que separa la arena virgen de la violada por el mar. A veces llegan unos abuelos con su nieto y se ponen a mi lado, juegan un rato y se vuelven a ir. Quizás sean dos madres con cuatro chiquillos, de esas que se pueden permitir el no trabajar porque sus maridos han escapado a la media y tienen buenos sueldos. Hay días que lo que tengo a mi lado es una banda de jóvenes adolescentes, todos menores de edad y todos llenos de tatuajes, sus cuerpos taladrados con aros que aparecen en los lugares más exóticos, con cortes de pelo absurdos y que al parecer son incapaces de emplear su propio idioma de una forma correcta. Los veo llegar, tirarse en la arena, comenzar con sus juegos sexuales, picándose unos a otros, estableciendo jerarquías, alzando muros en torno a las chicas que les gustan para que los demás las respeten y tras un rato arrastran al más débil al agua, se ríen un rato y después del baño se vuelven a ir.

Son también mareas, de gente que viene y va, que se repiten día tras día, que se vuelven previsibles porque da la sensación que todo está ya visto e inventado, que no hay espacio para la novedad. Las mareas del mar y las de la gente siguen ciclos muy específicos, dependiendo del día y de la época del año. Las veraniegas son más dadas a las multitudes, en las otoñales predominan las bandas de surferos que se pasan las horas subidos a su tabla esperando esa ola que no termina de llegar y que cuando finalmente lo hace, les permite lucirse durante diez segundos como mucho. En invierno no hay nadie en la playa, en muchas ocasiones estoy solo. El mar está muy frío, no hay olas y la gente ha desaparecido. En esa playa, si prestas atención, podrás escuchar al mar hablándote, contándote sus secretos y desvelando misterios que conoce desde tiempos inmemoriales. En primavera la playa la toman gentes pálidas que buscan recuperar el color que quieren lucir durante el verano, gente solitaria que llega y se pasa las horas enganchados a un teléfono móvil desde el que anuncian continuamente que están en la playa, tratando de encontrar la aprobación de los miembros de su clan.

Después de cinco días, la marea está a punto de completar su ciclo, ahora la mar ya no está vacía al llegar, más bien está casi llena, arrinconando a todos aquellos que quieren pasar un día en la playa y empujándolos hacia la zona en donde la arena bate continuamente récords de temperatura, ese lugar en el que no puedes caminar sin zapatos, has de correr perdiendo toda tu gracia y compostura y tratar de llegar lo antes posible a la orilla.

Nuestras vidas también se mueven al ritmo que marcan las mareas interiores, subimos y bajamos, estamos alegres o tristes, relajados o tensos siguiendo unas mareas que se van alternando dependiendo de un montón de factores. Hay que aprender a disfrutar tanto las mareas vacías como las llenas, en todas siempre hay algo bueno …

Sutje Boes

Sutje Boes

Sutje Boes, originally uploaded by sulaco_rm.

Nada más salir del ferry en Marken y en primera línea del puerto está una casa llamada Sutje Boes en la que vivió hasta hace unos años una mujer. Al morir en su familia decidieron explotarla como negocio turístico y ahora se puede visitar y ver como vivía. La visita es gratuita y solo hay que dejar un donativo voluntario. Si la casa está abierta, es visita obligatoria. Alucinaréis con las camas diminutas y el poco espacio que tenían para vivir.

En Zaanse Schans o Volendam y Marken tienes mis sugerencias para organizar una visita a esos lugares. Si quieres encontrar abundante información sobre los Países Bajos y particularmente de Amsterdam y alrededores, te sugiero que comiences por la Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y en el Álbum de fotos de Volendam y Marken puedes ver todas las fotos.

Desde acá para allá o quizás sea de allá para acá

Puede que la razón esté en que lo hago prácticamente todos los meses pero lo cierto es que la rutina de preparación de los viajes la tengo muy trabajada y cada vez me sale mejor. Voy apilando todo lo que me quiero llevar en el dormitorio de invitados y a la hora de hacer la maleta, me toma menos de cinco minutos y no me suelo dejar nada atrás. En mayo fue Zaragoza, después vino Nueva York, que llegó hasta Junio y ahora Gran Canaria. Tres lugares distintos, tres compañías aéreas y tres viajes que requerían diferentes cosas. Lo que toma más trabajo es la preparación de la bitácora. Cuando en diciembre del año 2005 elegí tener cierta regularidad a la hora de escribir, mi mundo virtual salió ganando pero en las épocas que tengo vacaciones me obliga a un incremento de la actividad para prever posibles apagones o simplemente porque voy a desconectar completamente. Así que mi viaje a Gran Canaria comenzó escribiendo un par de horas el día antes y dejando al menos material para tres días, además de todas las fotos de la semana.

El domingo, desayuno copioso y variado para acabar con la comida que no va a sobrevivir toda una semana. Comencé con unos huevos revueltos con cilantro y seguí con fresas y un gran vaso de leche. Mi vecino recibió las instrucciones pertinentes ya que se ocupa de la casa y el jardín en mi ausencia y a la hora planeada me acerqué a la parada de autobús con la mochila y el trolley. El autobús llegó con dos minutos de retraso, algo prácticamente inaceptable y que por poco me arruina el buen humor del día. Recuperó el tiempo perdido en la ruta y nos dejó en la estación tres minutos antes de la hora de llegada. Compré mi billete para el tren y me acerqué a un cajero para sacar dinero. Podría hacerlo en Gran Canaria, en cualquier cajero, de cualquier red y en ninguno me cobrarían comisión alguna porque ese es el compromiso de mi banco, el poder sacar dinero en todos y cada uno de los países de la vieja Europa sin pagar comisión. Sin embargo, siempre estoy leyendo en la prensa española sobre movidas raras con cajeros y supongo que perdí la fe y prefiero llevar el dinero conmigo desde Holanda.

En el tren, un grupo de rusos celebraba la victoria de la selección de su país frente a la neerlandesa y la gente les lanzaba miradas cargadas de mal de ojo. Afuera hacía un montón de calor y las vacas agitaban las colas espantando a las moscas mientras comían para seguir produciendo leche. Holanda es un lugar maravilloso, lleno de lugares que parecen sacados de postales, con ese verde intenso de la hierba, el agua que forma una tela de araña inmensa que recorre todo el país y esa deliciosa sensación de dejadez que da el no tener montañas en el horizonte.

Cuando llegamos a Eindhoven recorrí la estación buscando algún lugar para comprar algo que me faltaba pero no hubo suerte. Me acerqué al autobús y en menos de cinco minutos ya estábamos en ruta hacia el aeropuerto de Eindhoven. Para aquellos que visitan Holanda a lomos de Ryanair o transavia y quieren ir desde este aeropuerto hasta Amsterdam o Utrecht hay dos posibilidades. Una es usando los medios de transporte público y la otra es con una compañía de autobuses que tiene un servicio directo desde el aeropuerto hasta Utrecht y Amsterdam. Yo prefiero el transporte público porque no me fío de la autopista A2, que es por la que ha de circular ese autobús y que ostenta todos los récords de atasco en este país. El autobús 401 te lleva por varios de los distintos campus que tiene la empresa Philips en Eindhoven. Además de pasar por delante del estadio, visitarás los distintos lugares en los que se diseñan muchos de los aparatos que te rodean.

Al llegar al aeropuerto tenía que esperar un rato para facturar y lo que hice fue conectarme a Internet y matar el rato. Cuando me dieron mi tarjeta de embarque le pedí a la chica que me pusiera en la última fila y así fue. Subí a la terraza para tomarme un capuchino mientras los aviones llegaban y se volvían a marchar y más tarde pasé el control de seguridad y me senté en la sala de espera.

A la hora de embarcar, entramos a la carrera en el avión porque al parecer todo el mundo tiene pánico de ver su asiento birlado por otros, algo que casi nunca sucede. Una mujer que rompía las barreras del concepto de obesa y las superaba tranquilamente se arrastraba por la pista en dirección al avión y terminó sentada delante de mi, en la penúltima fila, con dos asientos y uno de esos cinturones para bebé que usó para poder amarrarse. Resoplaba como un caballo viejo mientras su marido trabajaba de lacayo personal y traía y llevaba todo lo que ella pedía. Pensé que al despegar echarían el asiento hacia atrás y reducirían mi espacio vital (compuesto por tres asientos) pero no fue así, seguramente ni llegó a descubrir en donde estaba el botón para mover el respaldo.

Despegar en el aeropuerto de Eindhoven es una gozada. Cierran la puerta, encienden los motores, arrancan y despegan, casi sin que pase nada de tiempo. El piloto nos dijo que había un fuerte viento de morro y que por eso tardaríamos cuatro horas y cuarenta y cinco minutos, bastante más de lo que suele ser habitual. Una vez te obligan a apagar tu iPod y tu teléfono móvil estás en manos de esta gente así que te resignas y esperas. En esas hora aproveché para ver dos episodios de una de las series que sigo, escribir algo y escuchar un montón de Podcast que se apilaban en mi reproductor de mp3 desde que fui a Nueva York.

Estábamos pasando sobre Lisboa cuando me metí en el baño para la descompresión. Solté todo ese aire que acumulo desde que despegamos y que pugna desesperadamente por emigrar y buscar nuevos mundos. Gracias a Dios los ruidos del avión camuflan los estampidos subsónicos que se producen allí dentro.

Aterrizamos con casi tres cuartos de hora de retraso y mientras la gente se levantaba y se ponía histérica pensando que la isla se va a marchar y hay que salir cuanto antes, yo me dediqué a echarme una partidilla al juego al que estoy enganchado en el teléfono. Al salir, me acerqué a la cinta para recoger mi equipaje y tuve suerte ya que salió de las primeras. Mis padres ya estaban esperando y así, sin prisas y con alguna pausa puedo decir que ya estoy acá o quizás sea allá.