Archivo de August, 2008

Star Wars: The Clone Wars

Star Wars: The Clone WarsCuando vi por primera vez el trailer de la película que quiero comentar hoy, aluciné por la elegancia visual de las imágenes. Sabiendo que son generadas por ordenador, tenían algo que las hacía muy especiales. Siendo una historia del universo de la Guerra de las Galaxias y dado que yo soy fans desde pequeñito, sabía con una certeza absoluta que iría al cine a ver Star Wars: The Clone Wars y crucé mis dedos para no tener que arrepentirme. Hubo suerte.

Un julay Jedi rescata al hijo de un traficante poligonero

Lo primero que conviene saber es que la historia está ambientada entre los episodios segundo y tercero. Es decir, toda la basca está disponible y deseosa de participar y el reverso zarrapastroso aún no ha ganado. Tenemos una hartada de Jedis y malos malísimos y en esta ocasión, la lucha es por liberar al hijo de Jabba el Hut, ese gordo asqueroso que ha salido en prácticamente todas las películas y que tiene cara de vivir en alguno de los barrios de la periferia de la ciudad. La misión se la asignan a Annakin Skywalker, el cual acude con un equipillo de clones al lugar en donde la bestia fea y babosa está cautiva y lucharán por liberarlo.

Inicialmente este debía ser el piloto de una nueva serie para televisión pero finalmente decidieron ponerlo en cine. Cuando ves las imágenes lo entiendes. Es soberbio. La historia está en la línea de otras de la Guerra de las Galaxias, simple y básica y con mucha batalla de por medio aliñadas con conversaciones chispeantes entre los protagonistas. En el lado negativo está el cambio de voces de algunos protagonistas, que en inglés ya no tienen a los actores que les dieron vida y que hace que suene un poco raro. En el lado positivo, es Star Wars, más de lo mismo para los que nunca tenemos bastante. Yo ya sé que me engancharé a la serie una vez se estrene este otoño. Si sigue la pauta comenzada en esta película, será muy dinámica, llena de acción y en un universo que todos conocemos muy bien. Salen todos: Yoda, el Conde Doku, C3PO, R2, la Princesa Amidala y no sale ese al que todo el mundo odia y que sigue siendo lo más molesto y a la vez divertido del primmer episodio.

Hay poco más que se pueda decir. Si eres fans, esta la tienes que ver. Si te la resbala esta serie, seguramente podrás vivir sin verla.
6artuditos

Volviendo a casa

Una sombra en el cielo

Todo lo bueno se acaba pronto. Una semana de descanso y ya tengo que volver a Holanda para el último tercio del año. A las horas a las que aparece publicado esto yo debería estar en algún lugar sobre Andalucía, en un cilindro que va lanzado a una velocidad de vértigo y posiblemente mirando la barbilla que tiene la península Ibérica y que desde el aire resulta tan asombrosa. A las dos y pico aterrizaremos y después vendrá una sucesión de medios de transporte públicos sincronizados perfectamente que me dejarán a menos de cien metros de mi casa.

Actualización: Se me ha olvidado agradecer a todas y cada una de las personas que se dejaron ver y compartieron conmigo un rato, un café, una película, una cena o una sesión de playa. Se os quiere a todos.

Hellboy II: The Golden Army - Hellboy II: El ejército dorado

Hellboy II: The Golden Army - Hellboy II: El ejército doradoEl universo de los cómics me la ha traído al fresco desde siempre. Ni los compro, ni los leo, ni los ojeo en el hipotético caso de ir a una tienda en la que los vendan (en Amsterdam ni siquiera sé donde puede haber una) y pese a todo este desprecio, siempre procuro ir a ver las adaptaciones de estas historias en cine. Supongo que es como un amigo que tengo, que me dice que él no lee libros porque de los buenos hacen películas y así solo tiene que perder una hora y media de su tiempo. Algunos superhéroes de esos que llegan de los cómics me sacan de los nervios por su simplonería y gilipollez, siendo el caso más extremo el del julay ese que se corre por las manos y lo va pringando todo de lefa sin llegar nunca a endiñársela a la putilla que se la pone dura. Con otros alucino por la densidad y complejidad de las historias que nos cuentan, como es el caso de la última de Batman. Con Hellboy, lo que más me atrae es que está dirigida por Guillermo del Toro y ese hombre es un genio. Como una amiga mía es superfans de Hellboy y de Guillermo del Toro, fuimos el día del estreno en Amsterdam a ver Hellboy II: The Golden Army, la cual en España se llama Hellboy II: El ejército dorado.

Un julay de gimnasio hiper-hormonado se va de parranda con los colegas

Al parecer en la Tierra no solo estamos nosotros sino que hay unos bichos mitológicos que parecen extraterrestres y que andan escondidos pasándolas canutas y sufriendo en silencio. Uno de ellos, obviamente chiflado, se entera que apple ha lanzado el iPhone en un montón de países y se coge un berrinche del copón con resultados catastróficos para los humanos, que de repente descubren que entre nosotros hay un montón de gentuza mucho peor que los moros, rumanos y similares. A partir de ahí un equipo de especialistas sacados de un polígono con contaminación radiactiva tendrá que luchar contra toda esa miasma para evitar que como pasa siempre, sea el final de la raza humana y todo eso que siempre sucede en los cómics.

Visualmente la película es apabullante. Se nota la inyección de dinero en la calidad y en la cantidad de nuevos y exóticos caracteres que le dan un aspecto único. No solo tenemos a Hellboy y su amigo el membranas, hay un montón de bichos más que a veces parecen cucarachas grandes, en otras frikis post-renacentistas y entre ellos resalta la Princesa Nuala, la cual está pidiendo a gritos un tratamiento completo en una clínica de belleza para trabajarle ese cutis tan estropeado. La historia está también mucho más trabajada que en la primera parte y se hace muy amena. Tenemos dosis masivas de acción que se suceden sin tregua y diálogos chispeantes entre los distintos protagonistas, con momentos empalagosamente románticos que terminan a tiros y similares. Es todo un viaje por un universo fantástico en el que no puedes apartar los ojos de la pantalla y lo disfrutas con pasión. Olvidad la primera película porque es una pálida sombra de esta continuación, la cual es infinitamente superior.

Si cuando te miras al espejo eres capaz de ver al orco que sabes que llevas dentro, entonces esta película te va a encantar. Totalmente recomendada para aquellos que gustan de dosis masivas de acción, ciencia ficción, fantasía y similares.
9artuditos

Edificio Dakota en el Club de las 500

Edificio Dakota

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Hace año y medio que vimos por primera vez esta imagen del Edificio Dakota y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500. Los que acuden a verlo y hacerle fotos lo hacen atraídos porque en su puerta fue asesinado John Lennon o porque aún tienen miedo cuando recuerdan la terrorífica película la semilla del diablo y éste era el edificio de esa película. En cualquier caso, está junto a Central Park y es uno de esos hitos de la ciudad de Nueva York que no deberíais perderos si visitáis la ciudad.

El día que fueron a buscarla

Los cementerios siempre son lugares silenciosos. Ambas entraron cogidas de la mano, respetuosas y pasearon hasta el lugar en el que se encontraba su madre. Se quedaron en silencio mirando el nicho y una de ellas acarició con delicadeza el mármol que sellaba el lugar. En la piedra estaba escrito el amor que todos le profesaron en vida y aún hoy, después de años de estar muerta. Una de ellas tenía unas flores y buscó un jarrón para ponerlas. Lo lavó, lo llenó de agua y dejó las flores junto a su madre.

Siguieron en silencio. El tiempo se deslizaba lentamente. Tras un rato se dieron la vuelta y se dirigieron hacia el complejo de edificios en el que estaba la capilla. Allí buscaron a los encargados del cementerio. En el interior olía a humedad y la imaginación de una de ellas lo asociaba con la muerte. Se imaginaba los sótanos llenos de cadáveres, todos desprendiendo ese olor que se filtraba por las paredes y llegaba hasta ellos. Estaba muy nerviosa. Le tendieron al funcionario los papeles sin decirle nada. El hombre los ojeó y buscó algo entre las hojas. Lo debió encontrar porque se quedó satisfecho.

- Está todo en regla — les dijo — Lo haremos en unos minutos. Esperen en la salita que está al final del pasillo y las avisaremos cuando hayamos acabado. Saben que el traslado corre de su cuenta, que nosotros no nos encargamos.

- — fue la respuesta seca y concisa de una de ellas.

- Está bien, nos vemos en unos minutos — y las despidió indicándoles el camino con su brazo.

Se sentaron en la diminuta habitación que les habían dicho y esperaron sin hablar entre ellas. Estaban prácticamente solas, no se oía ningún ruido dentro del edificio. Desde la ventana se podía ver un árbol en el que descansaba una lechuza que miraba hacia el lugar en donde ellas se encontraban fijamente. Había una mesita con algunas revistas, todas religiosas y un montón de estampitas de San Lázaro junto a una cajita para dejar las donaciones en la que había unas cuantas monedas. Una de ellas cogió una y dejó medio euro. Se la guardó en el bolso escondiéndola en alguno de los múltiples bolsillos con cremallera que tenía. Siguieron sin hablar, sumidas en la tristeza que da el miedo a la muerte. Para ambas era un trago muy duro y si estaban allí era porque sabían que era lo que querían sus padres. Habían tenido que esperar años para hacerlo y antes de ese día tuvieron que dejar de lado las rencillas que las separaban y declarar una pequeña tregua en la guerra que mantenían desde su nacimiento.

Tras una eternidad volvieron a escuchar ruidos en el edificio. Después de un par de minutos volvió a aparecer el funcionario.

- Acompáñenme – ordenó mientras se daba la vuelta y se dirigía al fondo del pasillo. Bajaron por unas escaleras y ambas pudieron sentir como se les erizaba el vello del cuerpo. Allí olía a productos químicos que aniquilaban cualquier otro olor. Había un montón de puertas y sobre algunas se veían unas luces rojas que estaban apagadas y que debían indicar algún tipo de trabajo. El hombre entró en una de las habitaciones y ellas se cogieron de la mano, sin darse cuenta.

Una vez dentro vieron que en el centro de la sala, sobre una mesa estaba el ataúd de su madre. Ya no lucía tan hermoso como el día del entierro pero aún así, seguía siendo imponente. Una se puso a llorar y la otra le pasó el brazo por el hombro. Los dos hombres que estaban en la sala estaban curtidos en este tema y no mostraban ninguna emoción, más bien indiferencia y el aburrimiento que da el hacer siempre lo mismo. Las dejaron gimotear unos segundos y cuando consideraron que el momento de respeto ya debía acabar se acercaron al ataúd.

- Vamos a abrirlo en su presencia. Después pondremos los restos de la fallecida en esa bolsa especial que pueden ver ahí y se los entregaremos. Ustedes tendrán que ir hasta el otro cementerio y allí procederán a abrir la tumba de su padre y poner los restos de su madre junto con los de él.

Ambas lloraban y asentían con la cabeza. Los funcionarios abrieron la tapa del ataúd y las miraron inquisitivamente para ver si querían echar un vistazo. Ninguna de ellas se movió. Parecían clavadas al suelo. Ellos empezaron a recoger y poner en la bolsa, aunque sin acercarse no podían ver en realidad lo que hacían. La tapa les bloqueaba la visión. Tardaron muy poco. Uno de ellos se asomó y les preguntó:

- ¿Qué hacemos con ésto? — y les enseñó dos bolsas como de plástico, no muy grandes y con una forma muy peculiar.

- ¡Las tetas de mamá! — dijo una — ¡Yo las quiero! Póngamelas en una bolsa aparte para llevar.

- NO. Las tetas de mamá son mías — dijo la otra.

- Ni muerta. Las tetas son mías, yo lo dije primero — y ahí comenzó la batalla. Se lanzaron una contra la otra y en unos instantes se estaban tirando de los pelos, arreando bofetones e insultando: Puta asquerosa, son mías

- Puta tú, que eres del hospicio, que mamá te recogió — se defendió la otra

- Zorra de mierda, te voy a sacar los ojos — y la batalla se recrudeció.

Los hombres se lanzaron a separarlas. Habían visto peleas por joyas, relojes en incluso por unos zapatos pero nunca, nunca por dos bolsas de silicona.

Toa, toa, toa, métemela toa

Toa, toa, toa, métemela toa

Toa, toa, toa, métemela toa, originally uploaded by sulaco_rm.

Durante el AGP la acción no solo está en los barcos que desfilan frente a nosotros. En las calles junto al canal hay también un montón de cosas que suceden en paralelo y por ejemplo a estos dos les daba igual que más de medio millón de personas estuvieran allí aquel día. Ella solo quería ponerle la pierna encima para que no levante la cabeza y asegurarse que se la metía toa, toa, toa.

Huellas

Huellas en la arena. Caminando por la playa de la Garita voy dejando huellas perfectas en la arena mojada y las veo desaparecer a los pocos instantes, borradas por las olas que rompen con fuerza y desplazan un manto de agua y espuma blanca sobre la arena. Camino creando una línea imperfecta que refleja la posición de mis pies y que en ocasiones se cruza con las de otras personas que pasean. Todas nuestras huellas tienen una efímera duración y pronto son pasto del olvido.

Al hilo de estas huellas en la arena pienso en nuestras vidas y en la huella que dejamos. Al igual que sucede en la playa, la gran mayoría estamos destinados a ser borrados bien pronto, nuestra huella, el día que nos llegue la hora, comenzará a debilitarse y pronto habrá sido completamente olvidada. Nosotros, los Hombres, tomamos conciencia de nosotros mismos cuando la huella de las especies que habían dominado el planeta ya estaba casi borrada y seguro que sufriremos la misma suerte, tarde o temprano nos inmolaremos y el mismo planeta que nos dio la vida se encargará de borrar nuestras huellas, las cubrirá con las mareas del tiempo y no seremos nada más que una minúscula perturbación en su vida.

Seguía caminando cuando pensé en nuestra historia pasada, en esos hechos que han merecido un párrafo en los libros de historia. Dejaron su huella, o eso creemos porque tras tanto tiempo ni sabemos si realmente sucedieron o si fue como nos lo han contado. Mirad en la Biblia y encontraréis un montón de ejemplos. Las huellas que sobreviven son aquellas relacionadas con las guerras y las religiones. Ambas están contadas desde el lado de los vencedores, los cuales siempre tienden a manipular y exagerar sus éxitos. ¿Realmente Alejandro Magno fue tan grande? ¿Logró todo aquello que se cuenta? ¿O fue más bien un pobre apajarado como lo retrataban en la última película que se ha hecho de su vida? Su huella sigue ahí, en nuestros libros, en nuestra memoria colectiva y todos la aprendemos de pequeños en la escuela, junto con números y letras que quizás nos sirvan en algún momento de nuestra vida. No hace falta irse tan lejos en el tiempo. ¿Os acordáis de Atari? No hace más de dos décadas eran un gigante que parecía tener un futuro brillante frente a ellos. Parecían estar en gracia y ¿ahora dónde están? Su huella se ha borrado, nos queda un vago recuerdo que desaparecerá en una generación.

A lo largo de nuestras vidas son muchas las personas que pasan y dejan una huella que se borra pronto. Quizás sea la cajera del supermercado en el que compras, o esa simpática señorita que te ayudó a rellenar un formulario, o aquel hombre que llegó a tu casa cuando estaba medio inundada y en un santiamén solucionó la avería. Fueron gente muy importante en un momento muy determinado y sin embargo la huella que dejaron no ha perdurado, una marea interior la borró y pronto pasaron a formar parte de ese ovillo de anécdotas en las que mezclamos datos sin misericordia. Ahora, quizás cuando lo vuelves a contar, el fontanero resulta ser la persona que te ayudó a rellenar un formuario y aquel simpático abuelo que habló contigo durante un viaje en autobús es la persona que visualizas cuando piensas en el fontanero.

Lo efímero de nuestras propias huellas debería abrirnos los ojos y hacernos disfrutar al máximo de todo aquello que vivimos. Es más que probable que no perdure, que desaparezca al quedar cubierto por una ola, quizás de olvido, quizás de tiempo y por ello, cuánto más saques de esos instantes, cuánto más los vivas, más partido obtendrás de tus huellas, las cuales, te recuerdo, también están hechas de arena.

Sigo paseando por la playa, yendo de lado a lado y encontrándome siempre con una senda limpia y sin marcar porque mis huellas, como las de tantos otros antes que yo, también las borra el mar.

Lesbos en casa de Madame Claude

Lesbos en casa de Madame Claude

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Siendo adolescente, recuerdo que eramos socios del videoclub de los hijos de un tal Pérez y por una módica cantidad teníamos el derecho a sacar una película todos los días. En mi casa organizábamos ciclos, de películas bélicas, humor argentino, italiano, dramas, acción y como las pelis estaban ordenadas de esa forma, lo único que hacía era ir al videoclub, pillar una del estante adecuado y listo. Todavía me sonrojo avergonzado del día que cogí una que se llamaba Lesbos en casa de Madame Claude, yo no sabía lo que era un lesbo y cuando nos ponemos a verla, pasados unos minutos, tenemos aquellos primeros planos intensos de dos coños restregándose con saña. Definitivamente aquella película no correspondía al ciclo que estábamos haciendo …

En mis vagos recuerdos de aquel bochornoso día, los lesbos en cuestión eran dos tías de rompe y rasga. En la práctica, en el Amsterdam Gay Parade lo que nos encontramos fue esto que podéis ver más arriba y cuya imagen fue capturada instantes después de terminar de darse un morreo con toque de campanillas incluido. No sé que fue de aquellos lesbos preciosos que yo recuerdo pero igual han acabado como ésta, encochinadas y estropeadísimas.

¿Por qué no los puedo contar?

Sentado en la última fila de un avión, mirando hacia adelante puedo ver las cabezas rubias de ciento ochenta y pico personas y un montón de pantallas en las que están poniendo una película. Curiosamente, si trato de contar las pantallas, las cuales tengo casi alineadas, me confundo rápidamente. En una primera cuenta concluyo que hay once por cada lado del pasillo y en la siguiente cuenta son nueve y al intentarlo por tercera vez son once de nuevo y el cuarto intento concluye que hay doce. Hay algo con estas estructuras repetitivas que dispara algún tipo de reacción extraña en mi cerebro. Me pasa cuando intento calcular el número de pisos de un edificio o las velas que hay en una tarta. Tengo muy buena memoria para recordar las posiciones de objetos distintos pero soy incapaz de calcular un total si todos son iguales.

Por suerte, los problemas siempre vienen por el objeto diferente y ahí no hay quien me gane. En los años que trabajé en soporte técnico ninguno de mis compañeros podía batirme en la resolución de problemas por mi capacidad para encontrar la diferencia unida a una memoria de elefante que hace que recuerde conversaciones casuales ocurridas meses o años atrás. En los tests de inteligencia que hay por la red siempre conseguía las puntuaciones más bajas en comparación con los frikis de los que me rodeaba y todos ellos se descojonaban de mí. Ninguno de ellos ha llegado a nada, se siguen revolcando en la misma mierda que hace una década, parecen incapaces de aprovechar los recursos que tienen a su alrededor para producir algo útil. Yo fallaba en los extraños cálculos que había que realizar en esas pruebas, no acertaba ni una con las reglas lógicas y definitivamente perdía el interés en la pregunta cincuenta, cuando aún faltaban unos cientos para concluir el test, pero en el mundo real, capto los conceptos al instante y despliego todo mi encanto para construir redes de las que exprimo todo el conocimiento que necesito para triunfar. Puedo llegar tarde a una conversación entre desarrolladores en la que tratan de encontrar una solución para un problema, escuchar un rato y soltar aquello que a mí me parece lo más lógico y ver como me miran asombrados porque esa es la solución que necesitan y que no podían encontrar, la más obvia si me preguntáis a mí pero al parecer ellos no la pueden ver.

En mi trabajo actual uso esos mismos recursos, aquellos que provocaban la risa de los que se veían mejor que yo y manejo múltiples proyectos en los que hay decenas de personas trabajando para mí. Me aseguro que todo el mundo tenga suficiente material para seguir produciendo y detecto los nudos en la cadena de desarrollo para inmediatamente asignar gente a esos problemas y resolverlos. Además, hablo con todos y busco formas para facilitarles su trabajo. El resultado óptimo viene cuando hemos sabido que esos proyectos acabarán a tiempo, sin retrasos. Me he ganado enemigos de peso por culpa de esto, gente que quería que fracasáramos y han hecho lo imposible por conseguirlo. La cuerda se ha tensado tanto que dentro de un mes habrá una reorganización y es más que probable que en uno de los dos bandos hayan bajas. O nos eliminan a nosotros, por hacer bien nuestro trabajo, o se los cargan a ellos, por no hacerlo.

Mi gran fracaso en estos últimos años ha sido no conseguir que me echen. Lo he probado de todas las formas y maneras. Trabajando más que nadie solo conseguí promociones y aumentos de sueldo. No dando un palo al agua por seis meses conseguí aumentos de sueldo. Cambiando de grupo y de función conseguí aumentos de sueldo. Conspirando sucedió lo mismo. Así que ahora que he vuelto al sendero de la productividad con el añadido de la denuncia de aquellos que nos boicotean, la cuestión es si ellos conseguirán que me echen o lograré un nuevo aumento de sueldo. Los dos pájaros que he marcado para el derribo son jefillos que me recuerdan a aquellos que superaban los tests de inteligencia con más nota. Soberbios y sobrados pero incapaces de aplicar todo ese conocimiento del que van tan llenos en el mundo real. Con lo que yo no contaba en esta batalla es con tener aliados y estos han surgido por todos lados. Hay más gente harta de ellos y todos se han puesto de mi lado para lanzar cañonazos contra ellos. Tampoco contaba con conseguir protectores entre aquellos a los que más ninguneo, pero eso ha sido. Una de las águilas que vuelan más alto en mi empresa ha notado mi presencia y cada vez que en alguna de mis batallas la cosa no está clara, interviene y la resuelve a mi favor.

Los juegos laborales y los de la vida son juegos de guerra, conspiramos y planeamos estrategias para ganar batallas. Y en este tipo de juegos, mis limitados recursos son capaces de funcionar al ciento veinte por ciento. Ahora debería dedicarme a buscar la causa por la que no puedo contar los monitores del avión y entrenarme para superar esa pequeña pero molesta debilidad.