A mi amiga Plus no la vuelvo a engañar para ir a ver cine español por lo menos en tres años después de convencerla y poco menos que obligarla a ir a ver Los cronocrímenes, una película de temática fantástica a la que fui solamente leyendo lo que decían algunos críticos y sin haber visto siquiera el trailer. Venía precedida del aura de un director que jamás había dirigido largometrajes anteriormente y que tiene una base de fans en Internet que adoran sus cortos. Para los que busquen un resumen rápido de lo que allí sucedió y no quieran leer los próximos párrafos, es una mierda de película.
Un julay se multiplica por cero y ni así desaparece el hijoputa
Yo soy de los que tienen una fe infinita en el cine español. Tropiezo una y otra vez en películas de las que todo el mundo me dice que me aleje. Tiro el dinero, porque al fin y al cabo, cuando sales de una peli con la sensación de haber visto una mierda sientes que has tirado ese dinero que te cuesta tanto ganar. Nada más comenzar Los cronocrímenes, en los dos primeros minutos, ya teníamos la certeza casi absoluta que iba a ser mala. Se notaba en la cantosa actuación de los dos actores que veíamos, algo que chirriaba en nuestros ojos y casi nos hacía lagrimear porque parecían actores de teatro de instituto sobreactuando debido a la falta de experiencia y formación. La historia que nos contaban es la de un hombre que ve algo anómalo en un bosque cerca de su casa, se acerca a mirar y sin comerlo ni beberlo, tropieza con un edificio de alta tecnología sin vigilancia alguna en el que hay una máquina del tiempo que lo manda directamente una hora hacia el pasado y tendrá que resolver un problema que sucede en un tiempo que ya fue y no será.
Películas con viajes en el tiempo y sus paradojas ya hemos visto muchísimas y aquí quien más y quien menos es un experto en el asunto y se sabe todos los efectos secundarios que se pueden dar. Bueno, hay uno que cree que nosotros, los espectadores, somos tontos del culo y no tenemos ni puta idea de nada y nos monta una historia absurda, realizada pésimamente y previsible a kilómetros de distancia. No hay un solo golpe de efecto en esta película que no veas venir desde un buen rato antes. Todo fue encajado tan exquisitamente que la cagaron hasta el fondo y mataron el interés. Si a eso le sumas que los actores, dos tíos y dos tías, no parecen actuar sino chirriar como puertas viejas y logran molestar a quienes los están viendo por lo cantoso de sus interpretaciones y que la fotografía hace que cada plano parezca excesivamente trabajado y como si estuvieras viendo una película de esas malas de serie zeta, el resultado final va cuesta abajo y sin frenos hacia el desastre. Una película la hace la suma de un conjunto de cosas y aquí, todas y cada una de las partes apestan y el conjunto hiede a pallufo de los malos. En una sala casi vacía en un viernes por la tarde te das cuenta que el boca a boca despedazará y borrará de los cines esta película en un par de semanas.
Le faltó un punto adicional de mierda para subir a la categoría de es tan mala que es buena, esas películas que dejas de tomarte en serio y con las que te diviertes de lo mala que son. Esta se queda en mala a secas y ni siquiera hablarás de ella cuando la hayas visto.
Ni te molestes en ir a verla. Mejor gástate el dinero en una cafetería con aire acondicionado y disfruta de una buena conversación.

El más trillado de los géneros cinematográficos en esta etapa del siglo XXI (léase como veintiuno o equis-equis-palito) es el de la comedia romántica. Supongo que es por los tiempos que nos han tocado vivir y la necesidad de desconectarte y ver algo insubstancial y vulgar, puro alimento para la risa fácil y que uno pueda olvidar fácilmente. Ya he expresado mi admiración con los directores y guionistas americanos por repetir una y otra vez la misma fórmula y conseguir que siempre parezca distinta. En esta ocasión, el producto final les ha quedado algo flojillo. La película se llama 

Todos los veranos hay un par de películas españolas que intentan sobrevivir en una cartelera cargada de estúpidas películas para descerebrados salidas de la factoría de memeces americana. Suelen ser comedias corales, con muchos protagonistas y que se digieren fácilmente. Si consiguen cuajar el producto, el premio será una buena recaudación y el reconocimiento de ese mismo público que da la espalda a todo lo sofisticado y complejo porque algunos directores españoles aún no se han dado cuenta que la gente va al cine a divertirse y no a desentrañar las complejas motivaciones de personajes que son como son por la infancia que se supone que tuvieron. El problema del cine español es fundamentalmente de subvenciones ya que aquí todas las administraciones públicas sueltan la güita que deberían mimar y emplear con cuidado y la despilfarran en proyectos que se saben fallidos desde el comienzo pero que están encabezados por un amigo de un amigo de un amigo de … y así nos va. Regresando al tema, el primer intento de película del verano se llama 



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