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Nuevos libros de cocina

Libros de cocina

Hoy por la mañana antes de ir al trabajo pasé por la oficina de correos a buscar un paquete que me había llegado de Amazon. A veces asumo que todo el mundo compra por Internet al igual que lo hago yo o mis amigos por estas tierras y no es así. La gente sigue teniendo miedo a la red y posiblemente sea por una combinación de ignorancia y estupidez. Los medios de incomunicación nos bombardean con noticias sobre estafas y similares y muchos tienden a creer que hacer algo a través de un ordenador es una actividad peligrosa. Si tienes un poco de cuidado, si sabes en donde estás y nunca haces caso de todos esos correos basura ofreciéndote el oro y el moro es más que probable que en la vida experimentes un problema. Sólo en los últimos dos meses he comprado libros, billetes de avión, alquilado coches, he hecho un álbum de fotos para mis padres, he comprado música, ropa y memoria para la cámara, todo ello sin problemas de ningún tipo.

Volviendo a Amazon, una de las cosas que me gusta de ellos es su capacidad para sugerirte cosas que saben que puedes querer. En uno de esos correos me enteré que Jamie Oliver tenía un nuevo libro a punto de publicar y lo podía reservar con un cincuenta por ciento de descuento. Fui directo a la tienda online y de paso me compré otro libro de una mujer que suelo ver en la BBC de cuando en cuando.

Los nuevos miembros de la familia son Jamie at Home: Cook Your Way to the Good Life y Indian Food Made Easy (Anjum Anand). Para aquellos que no conozcan a Jamie Oliver les diré que es un cocinero británico muy popular y que tiene una forma muy sencilla y amena de explicar como cocinar. Llevo años comprándome sus libros y además del nuevo tengo The Return of the Naked Chef, Cook with Jamie: My Guide to Making You a Better Cook y Jamie’s Kitchen.

El otro libro, Indian Food Made Easy (Anjum Anand) es porque me apetece probar a cocinar platos hindúes y esta mujer hace unas comidas estupendas en la tele simplificando cosas y acercando este tipo de cocina a los occidentales. Si tenéis oportunidad os recomiendo los programas de ambos en televisión. Ya tengo The Complete Book of Indian Cooking: The Ultimate Indian Cookery Collection, With over 170 Delicious and Authentic Recipes (Shehzad Husain, Rafi Fernandez) pero nunca le he logrado sacar provecho y las veces que he intentado cocinar algo han resultado pequeños desastres.

Entre los rituales del sábado por la mañana está el sentarte a mirar los diferentes libros y elegir alguna receta que probar durante la semana, apuntar los ingredientes e ir al mercado a conseguirlos. Para el otoño que se avecina confío en seguir descubriendo diferentes platos y sabores. Siempre que cocino me relajo y disfruto como un enano entre calderos y cucharones. Algo que he notado cuando voy por ahí de visita es que la gente o no tiene o esconde los libros de cocina. Los míos están sobre el poyo de la cocina (eso que en la península llaman encimera) y cada vez ocupan más espacio. De muchos de ellos han salido algunas de las recetas Mi pequeño libro de recetas de cocina.

Pipirrana

Pipirrana

A mí nunca me han gustado las ensaladas. No terminan de convencerme y eso de comer hojas de lo que sea me hace sentir como una cabra. Si hay algo que mis amigos saben con certeza es que si estoy comiendo ensaladas es por estar a dieta porque si no, es casi imposible.

La única excepción a esta regla es la pipirrana la cual no se puede considerar una ensalada al uso ya que no contiene hojas de nada. La descubrí por primera vez en Andalucía y desde entonces es uno de mis platos favoritos para el verano porque se prepara en un momento y si lo dejas macerando unas horas sabe más sabroso.

Esta es otra de esas recetas tan sencillas que resulta imposible que haya alguien en el universo que no la pueda preparar si se lo propone. Es perfecta como acompañamiento o como plato principal y se le pueden añadir otras cosas según el gusto de cada uno.

Los Ingredientes: Un pimiento rojo, un pimiento verde, un pepino pequeño, un tomate maduro, una cebolla, un diente de ajo y para el aliño una cucharada de vinagre, seis cucharadas de aceite de oliva virgen, sal y pimiento negra.

La Implementación: Esto no tiene ciencia. Se hace una incisión en el tomate y se escalda para poder pelarlo fácilmente y luego se parte por la mitad, le quitas las semillas y se pica en daditos pequeños poniéndolo en un cuenco. Se pela el pepino, se parte por la mitad, le quitas las semillas y picas la pulpa también en daditos. Después se lavan los pimientos, los abres y los vacías de semillas y los picas como lo demás añadiéndolos en el cuenco. Ahora le toca el turno a la cebolla, la cual pelamos y cortamos también en daditos y nos falta el ajo, el cual pelaremos y cortaremos en trocitos finos mezclándolo con el resto.

Ahora que tenemos todos los ingredientes juntos le llega el turno al aliño. Se pone en un cuenco el vinagre con el aceite, la sal y la pimienta y se mezcla con un batidor de varillas hasta que esté cremoso. Se añade sobre el resto de verduras y se mezcla bien. Lo cubres y lo pones en la nevera un par de horas y estará perfecto para comer.

Es sencillo y delicioso. A veces le añado tropezones, que pueden ser trocitos de jamón serrano, atún desmigado, gambas o lo que prefieras. También hay ocasiones en las que cambio el aliño y opto por otra salsa hecha con un poco de mostaza de Dijon, zumo de naranja, miel, aceite de oliva, sal y pimienta y lo mezclo todo hasta obtener una salsa también cremosa y con un sabor dulzón que tras unos segundos se transforma por la aportación de la mostaza.

Si quieres ver otras recetas que he cocinado puedes ir al índice de Mi pequeño libro de recetas de cocina y allí tienes la lista completa

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Pimientos asados

Pimientos asados

Para cualquiera que viva en España y vea el título de esta receta lo primero que se le viene a la cabeza es que en cualquier supermercado tienen un surtido enorme de pimientos asados y del piquillo que se pueden comprar y abres el bote o la lata, los sirves y listo. No hay que cocinarlos porque están disponibles. Igual hasta les de por pensar que debe ser así en todo el mundo. No lo es. Cruzas la frontera del país y desaparecen de las estanterías de los establecimientos de alimentación. Tendrás que llevarlos contigo cuando viajas a España o aprender a cocinarlos, algo que por suerte no es nada difícil y que se puede hacer con algo de tiempo.

Esta es otra de esas recetas que mejor se preparan el día antes y se pueden hacer bastantes y guardarlos durante unos días en la nevera. No hay magia ninguna y hasta alguien con unos mínimos conocimientos culinarios puede hacerla. Es perfecta para el verano porque apetece comer cosas frescas y no complicarnos la vida en demasía.

Los Ingredientes: Cuatro pimientos rojos, 3 dientes de ajo, medio limón, 125 ml de aceite de oliva virgen, sal, pimienta negra.

La implementación: Enciende el horno y caliéntalo a 250ºC. Lava los pimientos y ponlos en la bandeja del horno la cual previamente has cubierto con papel de aluminio. Pon los pimientos sobre la bandeja y ásalos durante unos veinte minutos dándoles la vuelta tras diez minutos. La piel se pondrá negra y llena de ampollas y si no es así, déjalos diez minutos más al horno. Sácalos y ponlos en un recipiente que puedes cubrir para que suden y déjalos enfriando una hora o así. Una vez fríos límpialos quitándoles la piel, abriéndolos y sacando las semillas de su interior. Córtalos en tiras y resérvalos.

En un bol los dientes de ajo cortados en láminas, el aceite y exprime el medio limón y añade el zumo. Sazona al gusto con sal y pimienta negra, mezcla bien y añade los pimientos, los cuales deberían quedar cubiertos por la salsa. De no ser así, añade un poco más de aceite y zumo de limón. Tápalo y ponlo en la nevera para servirlo frío.

Como vez es una receta muy sencilla y al mismo tiempo sabrosa. Si pones muchos ajos la salsa irá cogiendo más y más sabor y después de un par de días puede resultar muy fuerte así que si piensas dejarlos en la nevera por un tiempo, quita algunos ajos o prepárate para tener un aliento legendario.

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Galletas de chocolate

Galletas de chocolate

Una de las cosas que siempre me han gustado son las galletas de chocolate al estilo americano, con esos tropezones de chocolate que las hacen tan sabrosas y su forma un tanto aleatoria. Después de buscar incansablemente al final he encontrado una receta que posiblemente sea la perfecta. Aunque aún estoy en la fase de ajustado, las primeras pruebas han sido un éxito completo y merece la pena compartir este secreto con aquellos que son capaces de cocinar y leen esta bitácora.

No solemos perder mucho tiempo en los postres o en cosas tan simples como las galletas y al final son esos momentos los que se recuerdan porque el placer se multiplica por mil al comer una buena tarta o como en este caso, sentir en tu paladar la dulzura y la consistencia del chocolate.

No creo que sea particularmente difícil el cocinar las galletas, lo único que hay que tener es un buen recipiente para mezclarlo todo y papel para hornear. También hay que ser algo meticuloso con las cantidades y desempolvar esa báscula que nunca usáis porque en este caso, el ojo de buen cubero os puede deparar alguna sorpresa desagradable. Con la receta de hoy salen unas veinte galletas y los ingredientes han sido ajustados a partir del original porque me resultaba demasiado dulce:

Los ingredientes: 100 gramos de azúcar blanca, 120 gramos de azúcar morena, 115 gramos de mantequilla sin sal, 1 huevo, 1 cucharadita de extracto de vainilla, media cucharadita de levadura en polvo (baking powder), 175 gramos de harina, un cuarto de cucharadita de sal, 100 gramos de chocolate y 100 gramos de nueces de pacana tostadas (esto último es opcional).

La implementación: Como siempre, encendemos el horno desde el principio para que se vaya calentando. Lo ponéis a 180 grados y sacad la rejilla y forradla con papel de hornear para poner sobre el mismo las galletas. Dejad la rejilla a un lado y buscad un bol grande en el que se mezcla el azúcar moreno, el azúcar blanca y la mantequilla cortada en daditos hasta que se forme una masa. Esta es una tarea tediosa y tener una minipimer o batidora ayuda mucho. Ponedle el accesorio para postres. Cuando esté bien mezclado se añade el huevo, el extracto de vainilla y la levadura en polvo y se sigue mezclando. Después de pone la harina y la sal y a estas alturas ya deberíais tener una mezcla oscura y bastante densa. Si conseguís el chocolate ya en trocitos sería fantástico pero lo normal en Europa es que compréis una barra de chocolate y la tengáis que trocear en casa. De la calidad del chocolate dependerá el sabor de las galletas así que no seáis rácanos y comprad uno bueno. Personalmente prefiero el chocolate “puro”, ese con al menos un 70% o más de cacao que le da a las galletas un sabor menos dulzón. En la receta original la cantidad era de 200 gramos pero la primera vez que las hice las noté con demasiado chocolate así que he reducido la cantidad. Opcionalmente se añaden también las nueces de pacana tostadas debidamente troceadas, o nueces tostadas. Este último ingrediente marca también la diferencia. Para mí las convierte en divinas. Si no les pones nueces tostadas entonces igual hay que incrementar un poco la cantidad de chocolate.

Ahora que tenéis una masa viscosa y llena de chocolate y nueces de pecan llega la hora de crear las galletas. Necesitaréis dos cucharas y con una de ellas cogéis una bola y la depositáis ayudándoos con la otra cuchara en la parrilla cubierta de papel para hornear. Yo las hice de dos tandas dejando bastante espacio entre las bolas de masa, que al calor se irán aplanando y acabarán con la forma habitual de las galletas. Hornear durante 18 minutos, sacar del horno la tira completa de papel de hornear, poner una nueva, poner el resto de la masa y repetir con las otras diez galletas. Después de que se enfríen guardarlas en un tupperware y se conservarán durante unos días. Este es un pecado divino y como os podréis imaginar, manda al traste cualquier amago de dieta que estáis pensando en hacer pero merece totalmente la pena.

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Tortilla de papas con cebolla

Tortilla de papas con cebolla

Después de un descanso de unas semanas volvemos con las recetas y en esta ocasión le toca el turno a un clásico de la cocina española. Creo que nunca he visto dos tortillas iguales, cada uno tiene su ingrediente secreto o su truco infalible y por supuesto tenemos un tipo de tortilla que nos gusta más que los otros. En mi caso me gusta freír las papas con el sartén tapado para que al mismo tiempo se cocinen con el vapor y no me gusta que el huevo quede crudo en el interior de la tortilla.

Recuerdo aquellos años en los que me gustaba ponerle leche o agua al huevo y probaba con diferentes variantes buscando sabores especiales. Al final he vuelto a lo básico y hoy en día hago mi tortilla de patatas (papas en las Canarias) con las susodichas, cebolla y huevo. El único capricho que me concedo es un sartén especial que me permite darle la vuelta sin problemas. Anteriormente usaba uno normal y le daba la vuelta usando un plato pero en una ocasión me salió mal la maniobra y la tortilla acabó en el suelo, con gran disgusto por mi parte. Por eso he optado por el método más seguro del sartén para tortillas.

La receta de hoy es perfecta para estos días de verano en los que no queremos perder mucho tiempo cocinando o nos lo curramos el día anterior, guardamos la tortilla en la nevera y al llegar a casa solo tenemos que sacarla, servirla y sentarnos en el jardín a comer. Normalmente suelo tardar alrededor de una hora en prepararla.

Los ingredientes: Para un sartén de veinticuatro centímetros de diámetro uso tres cuartos de kilo de papas, dos cebollas grandes, cinco huevos y seis cucharadas de aceite de oliva además de sal y pimienta.

La implementación: Se ponen las seis cucharadas de aceite de oliva en el sartén y se calienta a fuego medio. Se pelan las papas y se cortan en rodajas de un centímetro de ancho. También se pelan las cebollas y se cortan en juliana pero sin pasarnos. Se ponen las papas y las cebollas en la sartén, se añade un poco de sal y pimienta y se tapa la sartén. A partir de este momento cada cinco minutos se destapa y se menea un poco para evitar que se quemen las papas y las cebollas del fondo. Al estar tapado se van cocinando y friendo a la vez. Cuando las papas se comienzan a desmigajar se quita del fuego.

En un bol grande se baten los cinco huevos y se añaden las papas y la cebolla y se le pone un poco más de sal y pimienta. Se devuelve a la sartén y se cocina durante diez minutos también tapado. Después se le da la vuelta y se cocina por el otro lado otros diez minutos sin tapar y después de esto se saca y se deja enfriar o se come recién hecha. Si le dais la vuelta usando un plato procurad hacerlo con cuidado y no dudéis mucho en el momento de girar o se os estropeará la maniobra.

A mí siempre me ha gustado comerme la tortilla fría y la suelo cocinar el día anterior pero si os gusta recién hecha la podéis lanzar a los platos nada más terminarla. En la nevera aguanta unos tres días sin más problemas y por descontado hay que tener tomate ketchup y mayonesa a mano.

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Pollo al vino blanco

Pollo al vino blanco

Hoy nos toca otra receta extremadamente sencilla de hacer y que siempre resulta sabrosa. Procede de las que he copiado a mi madre y he adoptado en mi cocina. Incluso la persona más incapaz puede realizar esta receta sin mayores problemas. No hay complicadas fórmulas, ni ingredientes sofisticados y tampoco se tarda mucho en preparar. Es ideal para esos días en los que estás desganado y no te apetece complicarte en demasía. Aunque le sientan perfectamente bien unas papas fritas yo prefiero acompañarlo de arroz blanco.

Lo que más me gusta de cocinar es el ver como a partir de una serie de ingredientes se puede construir algo delicioso que un poco más tarde te puedes comer. Mientras lo preparas la cocina se llena de olores fascinantes y de los calderos surgen vapores mágicos que culminarán en el plato que estamos preparando. Esa es la magia de cocinar, relaja un montón y nos permite centrarnos en tareas sencillas y efectivas. Hay un pequeño pecado mientras estás cocinando y es que tiendes a picotear, pruebas esto o aquello, te comes esas almendras que han sobrado o los restos de salsa boloñesa para la bechamel pero seguro que es un pecado venial.

Pongámonos el delantal y comencemos a cocinar.

Los Ingredientes: medio kilo de pechugas de pollo, 1 cebolla, aceite de oliva, vino blanco y un sobre de salsa a la pimienta o de champiñones. Estos sobres se pueden conseguir en cualquier supermercado. Podéis probar con otros y seguro que obtendréis combinaciones curiosas de sabor. Para el vino blanco puede ser cualquier vino de mesa. Mi regla es de unos doscientos gramos de pollo por persona y en este caso la receta está calculada para dos.

La implementación: Lo primero es empanar el pollo con el contenido del sobre de salsa (ya sea el sobre de salsa de champiñones o el de salsa a la pimienta) y lo ponéis a reposar un poco. A mí me gusta cortar las pechugas de pollo en cuatro o cinco trozos pero se pueden dejar enteras si os gustan más así. Después de un rato poned un caldero al fuego con aceite y freír el pollo, aunque no demasiado. Una vez frito, separar y freír en el mismo aceite la cebolla cortada en juliana hasta que se quede borrachilla. En alguna ocasión pongo la cebolla entera y también funciona pero por lo general la prefiero cortada. Cuando la cebolla esté borracha, añadir el pollo y cubrir con vino blanco, subir el fuego al máximo hasta que hierva y después bajarlo y cocinar durante media hora o hasta que la salsa haya espesado. No hace falta sal. Servir acompañado de arroz blanco o con unas papas fritas.

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Solomillo al vino tinto

Solomillo al vino tinto

El día que estaba agrupando todas mis recetas en una página me di cuenta que jamás he puesto una de las más sencillas y populares, una receta que cocino a menudo porque no toma mucho esfuerzo, es bien sabrosa y además es muy agradecida. No sé como se me ha podido pasar, supongo que siempre asumí que ya la había puesto por aquí.

La receta de Solomillo al vino tinto que vamos a ver hoy la aprendí de mi madre, que gusta de cocinarlo y a la que le queda infinitamente mejor que a mi. Es muy sencilla de preparar y es de esas perfectas para dejar medio hecha desde el día anterior o por la mañana y darle el último hervor antes de servir. De esa forma el solomillo coge aún más sabor. El tiempo total de cocinado es de alrededor de hora y media incluyendo la preparación.

Los ingredientes: Solomillo, sal, pimiento, vino tinto, cebolla y zanahoria. Personalmente prefiero el solomillo de cerdo pero imagino que con el de vaca también se puede hacer. La cantidad de cebolla y zanahoria es relativa a la cantidad de solomillo que vayáis a hacer. Para ochocientos gramos de carne se necesitan dos cebollas grandes y lo mismo de zanahoria. Con esta cantidad comen cuatro. El vino tinto le dará el sabor así que según el que uséis os cogerá un saborcillo u otro.

La implementación: Lo primero es picar la cebolla y la zanahoria, pero no muy fina. Se fríe en el caldero que vamos a usar con un poco de aceite de oliva. Cuando está borrachita se añade el solomillo, el cual se puede cortar en rodajas o lo pones entero y se sofríe un poco el solomillo. Cuando comience a coger color, cubres con vino tinto y se deja cocinando hasta que se haya consumido el vino a fuego no muy fuerte (yo suelo parar la cocción y lo dejo reposar unas horas en la nevera). Es perfecto para servir con arroz blanco o con unas papas pequeñas fritas enteras y a las que una vez cocinadas les ponemos un par de ajos machacados y mezclados con perejil y sal.

Como veis, una receta bien sencilla y que seguro que os gustará.

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Risotto de setas

Risotto de setas

La semana pasada tuvimos en esta sección la receta de Risotto de manzana y nueces con gorgonzola y ya dije entonces que pondría otra. Lo que sucedió fue que preparé bastante risotto (en su receta básica) y así pude cocinar dos variantes distintas. Como ya comenté si uno prepara la receta básica, la puede guardar un par de días en la nevera en un tupperware, lo cual lo hace perfecto para impresionar a amigos o visitantes casuales y tener lista la comida en unos pocos minutos cuando estos aparecen.

Imagino que el gandulismo y la desidia habituales harán que no miréis la receta en la otra anotación así que volveré a repetir la parte básica en esta. Comentar que para cocinar este risotto tendréis que hacer una ronda por el supermercado o mejor aún por el mercado y comprar setas variadas. En Holanda se venden bandejas con una selección de tres o cuatro tipos y por supuesto, si vais al mercado podéis encontrar muchísimas más. Podéis aumentar el sabor un poco si conseguís setas secas y las añadís al resto.

Repitamos la receta básica de risotto:

Los ingredientes para unas cuatro personas son: medio litro de caldo de pollo, 1 cucharada de aceite de oliva, una cucharada de mantequilla, una cebolla mediana, un par de ramitas de apio, 300 gramos de risotto y 125 ml de martini o vino blanco seco.

La implementacion: Como ya dije, cocinar risotto toma su tiempo y hay que estar continuamente removiendo, así que a tomárselo con calma. Pela la cebolla y pícala finamente. Pica también el apio y prepara el caldo de pollo. Si quieres guardarlo para terminar la receta más tarde entonces ten preparada una bandeja grande que tendrás que untar con un poco de aceite. Te puede valer la bandeja del horno. Pon en un sartén grande el aceite de oliva y la mantequilla y cocina la cebolla y el apio a fuego no muy fuerte durante unos quince minutos. Pasado ese tiempo la cebolla está borrachita y puedes añadir el risotto (no vale un arroz normal, búscalo en el supermercado o en tu tienda favorita) y pon el fuego al máximo mientras remueves continuamente. Tras un par de minutos removiendo la mezcla y con el arroz silbando añade el martini o el vino blanco y notarás como el alcohol se evapora al momento. Sigue removiendo sin parar hasta que se evapore el martini y quede el arroz. A partir de este momento tendrás que ir añadiendo cada vez un cucharón de caldo de pollo y remover hasta que lo absorba el arroz y cuando esto sucede, añade más caldo. Con el primer cucharón baja el fuego para que el arroz no se cocine muy rápido pero tampoco lo pongas al mínimo o acabarás con un pudding. Sigue añadiendo un cucharón de caldo y removiendo hasta que lo absorba durante quince minutos. Pasado ese tiempo prueba el arroz, debería estar al dente.

En este punto es donde podemos parar la cocción si lo que quieres es hacer la receta más tarde o al día siguiente. Para ello extiende el arroz en la bandeja que untaste con un poco de aceite al principio para que se enfríe. Cuando el arroz esté frío, ráspalo con una espátula (o una cuchara) y guárdalo en un tupperware en la nevera.

Y ahora que hemos preparado la base, vayamos con el risotto de setas:

Los ingredientes: cincuenta gramos de mantequilla, dos manojos grandes de setas frescas variadas, sal y pimienta, media cucharada de hojas de tomillo picadas, 1 diente de ajo picado finamente, 350 mililitros de caldo de pollo, queso rallado parmesano, aceite de oliva, el zumo de medio limón y unas ramitas de hojas de perejil picadas.

La implementación: Calentar una sartén en la que ponemos un poco de mantequilla y cuando se derrita echamos las setas y las sazonamos con sal y pimienta. Cocinar removiendo durante un par de minutos y después de ese tiempo añadir el tomillo y el ajo y seguir removiendo y cocinando un par de minutos más o hasta que las setas se ablanden. Sazonar al gusto.

Después poner una sartén grande a fuego medio tirando a fuerte y echar en ella la mitad del caldo y luego el risotto de la receta básica. Remover continuamente y llevarlo a ebullición. Una vez hierva baja el fuego. Añade las setas y cocinar hasta que el caldo haya sido consumido casi por completo. A partir de este momento ir añadiendo un cucharón de caldo cada vez y seguir removiendo hasta que se evapore. Comprobad antes de añadir cada cucharón porque igual no os hace falta todo el caldo. El arroz se tiene que quedar especito y cremoso.

Cuando ya esté, apaga el fuego y echa el resto de la mantequilla, el queso parmesano rallado, el perejil y el zumo de limón. remover y tapar el caldero y dejadlo reposar durante uno o dos minutos. Ya está listo para servir. Es perfecto como plato principal.

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Mi pequeño libro de recetas de cocina

De cuando en cuando voy añadiendo recetas al contenido de la bitácora y esas recetas van saliendo de los libros que tengo en mi casa o de un fichero en el que solía apuntarlas antaño. Lo más conveniente es agruparlas todas en este lugar y así cuando quiera buscar alguna lo podré hacer más fácilmente. Mirando las fotos de las recetas antiguas creo que las iré reemplazando por fotos nuevas según las vaya cocinando. a partir de ahora, cada vez que haya una nueva receta aparecerá en este índice y pronto añadiré un enlace en la barra de navegación para tenerlo siempre a mano.

El orden elegido para clasificarlas es alfabético aunque no descarto el buscar alguna otra forma más lógica para archivar esta pequeña lista, que espero vaya creciendo con el tiempo:

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