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¿Arte o esperpento?

¿Arte o esperpento?

¿Arte o esperpento?, originally uploaded by sulaco_rm.

Los mismos fallos en nuestra programación que nos alejan de las perfectas sociedades comunistas en las que todos trabajamos por el bien común y esas boberías que dicen los que más roban son los que permiten que hay alguien en el universo capaz de hacer una lámpara tan horripilante como la de la foto. Está claro que siempre existirá un comprador para esa lámpara que adornaba el escaparate de una tienda en Dublín. Aquí el delito es tanto del creador como del vendedor y del comprador. El artista tiene una mente muy perversa que debería ser estudiada y analizada para comprobar si esa tara se puede transmitir al resto de los humanos. El vendedor obviamente quedó encantado con la obra y decidió que merecía un lugar prominente, en su escaparate, porque está convencido que esto lo merece y pronto le reportará un buen dinero. El posible comprador, ese que la admira y decide en ese mismo instante que por fin ha encontrado el complemento perfecto para su salón, ese sí que tendría que ser neutralizado porque su casa puede contener más objetos de este estilo y la acumulación de los mismos seguramente provoca daños irreparables en la capa de ozono y alrededores.

Todo dependerá de lo que entendamos como arte. Si hablamos de la creación que hace alguien para expresar una visión sensible del mundo que le rodea, estaríamos ante algo que es más bien un esperpento ya que no hay nada sensible en el pollo-lámpara fumador. Sin embargo, cuando vemos esta cosa se disparan una serie de percepciones y sensaciones en nuestros interiores que son el resultado de esta pieza y exactamente eso es lo que busca un artista, así que volvemos a tener que considerarlo arte.

Yo soy de los que creen que hay que dar una libertad total a los artistas y si alguien quiere hacer una cosa como esta, que la haga. También soy de los que creen que dentro del mundillo del artisteo y de sus creaciones, hay mucho mal gusto, mucha obra baladí, que pasará sin pena ni gloria y que de no ser por malas personas como yo ni siquiera sabríais de su existencia.

Una banda en la calle

Banda en escenario callejero

En casi todas las ciudades en las que he estado siempre hay alguien tocando música en la calle o a la entrada de alguna boca de metro. Son seres solitarios, que juegan con esos sentimientos que saben que todos tenemos para extraernos alguna moneda que después usarán para comprar tabaco de marca o tomarse unas cervezas. En muchas ocasiones no se trata de lo bien que lo hagan sino de lo céntrico que sea el lugar y de la cantidad de gente que pase por el mismo. Esto es como el SPAM, si pasan cien mil personas y el porcentaje de los que dan dinero es siempre constante, sacarás diez veces más que en el lugar en el que solo pasan diez mil. Matemáticas de cajón.

Conviene recalcar que yo estoy en el grupo de los que van con su iPod mini enchufado y que jamás dejarán un chavo para que fumen a mi costa y en la mayor parte de los casos, ni siquiera llegaré a escuchar su música porque mis auriculares son envolventes o involventes o como se llame eso que hace que te cierren la oreja al completo para que no te distraigan los ruidos del exterior.

Estando en Nueva Orleans para el festival de Jazz, en el año 2004, recuerdo que me sorprendió ver bandas al completo tocando en la calle y aún me sorprendió más que eran jodidamente buenas. Por la noche tocaban en bares de la ciudad y por el día redondeaban con un público que no estaba obligado a escucharlos y que disfrutaba honestamente de su música. En la visita a Roma vi a una banda tocando en una de las plazas de la ciudad y no pude resistirme a hacerles una foto. No tenían la calidad de aquellos que escuché en Nueva Orleans pero al menos sonaban bien y parecían divertirse tocando juntos.

Esta es otra de esas fotos que aunque las capturas en una ciudad determinada, en realidad son cosas que pueden suceder en cualquier otro lado. Lo bueno de viajar y conocer lugares es tener la oportunidad de capturar instantes simples como este. Estos músicos, igual siguen allí o se han ido con su música a otra parte. ¡Así es la vida!

Capas

Si yo fuera uno de esos intelectuales que se caldean las neuronas tratando de resolver los grandes enigmas del mundo, seguro que ya me habrían invitado a algún programa de televisión para llenar una hora vestido con un traje de pana horroroso, unos zapatos negros que manchan de todo el betún que llevan encima y me mesaría la barba mientras escuchaba atentamente a los contertulios y me preparaba para interrumpirlos a mitad de su disertación porque eso jode mucho y queda bien en la tele. Por suerte soy más básico que la televisión sin codificar y hace años que renuncié a encontrar la solución de los grandes problemas. Vivo feliz en mi voluntario exilio holandés, tengo un buen trabajo, el dinero entra en mi cuenta corriente a espuertas, siempre ando planeando las siguientes vacaciones, viajo mucho y en general la fortuna parece que me viene de cara. Así y todo, cuando me siento en el Trono que tengo en mi casa por las mañanas y extiendo la mano hacia el lateral, siempre me acuerdo de algunos y me los imagino allí, en ese trocito de papel, dispuestos a comerse la mierda que me limpio con gran cuidado, ya que el orificio de salida de la parte posterior del chasis ha de ser tratado con todo el respeto y la devoción que se merece, que si hay algo que nos ha de durar toda la vida en buen estado es el culete.

Esto nos lleva a lo importante que resulta en nuestras vidas ese pequeño trozo de papel que necesitamos a diario y sin el que nuestras vidas serían mucho más hediondas. Yo he terminado por catalogar a la gente en base al que usan y por practicar una discriminación activa en base al papel que hay en el baño. Da igual a quien visites, en el baño siempre hay papel higiénico y te puede decir mucho de la gente de la casa. Yo a la gente que compra esos rollos de una capa como los que ponen en las oficinas y que parecen papel de lija, a esos los borro sobre la marcha de la lista de amistades. Una persona que respeta tan poco su trasero no puede ser buena. Así de claro. Sólo los miserables que se encargan de la logística del material de las empresas compran esa cosa que raspa y que te obliga a apilarlos hasta tener varias capas ya que si no corres el riesgo de rotura y sería tu mano la que se vería muy afectada. Este es también el papel que te obligan a usar en trenes o aviones y que tras usarlo has de ponerte una cremita hidratante después de usarlopara que se te recupere la zona afectada.

La gran mayoría opta por la seguridad que dan las dos capas, aunque aquí también se pueden encontrar diferencias ya que algunos papeles parece que los hacen con papiros egipcios. En este grupo hay ocasiones en las que uno tiene que agrupar al menos dos trozos para lograr que la maniobra de limpiado transcurra sin problemas. Otros papeles de los de dos capas se rompen fácilmente y claro, cuando tu mano anda por esos territorios no quieres que pasen esas cosas. En los supermercados se venden bolsas con rollos de doble capa que parecen fardos por el tamaño de la bolsa y la cantidad de rollos que llevan. Recuerdo el baño de un colega que compró una de esas bolsas con veintipico rollos y después no le quedó más remedio que distribuirlos por el micro-baño de su micro-piso. Daba un poco de cosa entrar allí y ver el despliegue excesivo de papel higiénico que había y que cubría incluso el montón de revistas porno que tenía para esos momentos intelectuales en los que se relaja.

Mi favorito de toda la vida es el papel de triple capa. Ya sé que se gasta más rápidamente y que según algunos no es más suave, pero la seguridad que te da no tiene precio. Las tres capas son suficientes para acariciar con dulzura ese lugar tan recóndito y que tan poco sacamos a la luz. En estos papeles las compañías que los fabrican despliegan todo su arte y crean auténticas maravillas, no se limitan al triste y soso rollo de papel sin más. Hay figuras hechas en relieve y son bastante fuertes con lo que el riesgo de rotura es mucho menor. Cuando entras en el baño de alguien y ves ese papelito de tres capas allí bien colocado, te entran enseguida ganas de jiñar para poder usarlo. Es como un reclamo que despierta mecanismos misteriosos en nuestro cuerpo que acaban en la expulsión de aquellas materias que no hemos podido o querido procesar.

En raras ocasiones he visto el de cuatro capas, ya que todas las ventajas del de tres capas se vuelven inconvenientes en éste, con un grosor excesivo que lo hace más práctico para usarlo como bayeta que absorbe lo que le eches. Supongo que tendrá sus seguidores o ya lo habrían quitado de los supermercados pero no termina de convencerme. Cuando me emancipé y comencé a vivir solo hice algunas pruebas con los de tres y cuatro capas hasta encontrar aquel que se identifica plenamente con mi trasero y le sirve con devoción. En esas pruebas, todos los de cuatro capas, aunque elegantes en la forma, suspendían en el uso diario.

Solo queda por nombrar el mítico papel higiénico de cinco capas que algunas personas afirman haber visto. Hay muchas leyendas sobre lo increíble que resulta restaurar tu trasero a su condición original usando ese paño de papel grueso que te iza hasta niveles nunca soñados pero yo aún no he logrado ver uno de estos y mira que he estado en países.

Y ahora viene la madre de todas las cuestiones: ¿Y tú, cuál usas?

Chichen & Meals to take away

Chichen & Meals to take away

Chichen & Meals to take away, originally uploaded by sulaco_rm.

En el año 2002, en una de mis vacaciones en Gran Canaria, ya alucinaba mientras miraba el cartel del restaurante de la foto en el que ofrecen algo llamado CHICHEN para llevárselo. Siempre me he preguntado qué será eso tan extraño que uno puede adquirir junto con la comida.

Bromas aparte, el nivel de inglés en España es patético y lo podemos ver en todos lados, incluyendo este cartel que jamás debió ser creado.

¿Góticas? ¿Neogóticas? ¿Astrogóticas? … o simplemente Petates

¿Góticas? ¿Neogóticas? ¿Astrogóticas? … o simplemente Petates

Nuestra capacidad para la distorsión o más concretamente, el despellejamiento ajeno es casi infinita y con una ínfima cantidad de información somos capaces de soltar la lengua viperina y sacar nuestras propias y erróneas conclusiones. Siempre ha sido así y siempre lo será. No hay nada malo en ello y gracias a eso tenemos boberías tan entretenidas como esta bitácora.

En mi visita a Salamanca del año pasado nos cruzamos por la calle con las chicas de la foto, las cuales veis de espalda para proteger sus intimidades en el hipotético caso de que las tengan. Las vimos posteriormente dentro de la Catedral, paseando y observando toda la parafernalia que adorna el local y que la iglesia ha ido acumulando durante siglos. Todo el mundo las miraba con cara de saber cuál es su profesión y si aún tienes alguna duda, o eres abobancado, o tú también forma parte del gremio. Las señoras mayores las miraban con disgusto y entre ellas cuchicheaban reproches sobre esos petates.

Nuestra forma de vestir condiciona la percepción de los demás sobre nosotros. Quizás en tu propia banda te acepten y tus compañeros te vean de una forma normal pero fuera de ese círculo las cosas pueden ser muy distintas. En el caso de las chicas de la imagen, la incapacidad para evolucionar las abocará a trabajos con una remuneración baja, a arrastrar múltiples sambenitos que las seguirán allí adonde vayan y a crear un resentimiento contra el resto de la sociedad y será solo porque gustan de vestir con ropas negras, exóticas, sienten una gran fascinación por los tatuajes y con su maquillaje dan algo de miedo.

Por suerte este tipo de comportamientos los tenemos al comienzo de nuestra larga y fructífera vida y seguro que tienen tiempo de enderezar la ruta y volverse sosas, aburridas y convencionales como prólogo a su matrimonio de conveniencia y a esos niños que llevarán al hipermercado arrastrándolos por los pasillos mientras no hay forma que dejen el pitillo que les cuelga de la boca.

Mitos caídos

Hace poco leía un artículo económico muy interesante sobre el estancamiento y el fracaso de las empresas japonesas por culpa de su cultura putrefacta y obsoleta. Es una pena que no lo estrellara para guardarlo en mi lector de contenido sindicado porque ahora no consigo encontrarlo y me hubiera gustado enseñárselo a mi jefe y compañeros en el trabajo. Salvo Nintendo, que como explicaban en este artículo tiene una cultura empresarial distinta, las grandes empresas japonesas son como dinosaurios que no han sabido evolucionar y agonizan dando bandazos y sin saber muy bien como reaccionar. En su mercado son los amos porque lo tienen cautivo, resulta muy difícil a los que llegan de fuera entrar y abrirse paso pero en el exterior son ellos los que han sucumbido y han resultado incapaces de adaptarse. El peor momento en la historia de mi empresa posiblemente fue el día que nos vendieron a los japoneses. Ahí comenzó nuestro declive. Llegaron y destruyeron aquello que funcionaba con decisiones estúpidas y una falta de visión que ralla en el insulto y trataron de imponer sus arcaicos productos en un mercado extremadamente competitivo. Fracasaron. Cualquiera que tenga que lidiar con japoneses en reuniones de trabajo sabe a lo que me refiero.

Esta semana tuvimos una de esas sesiones de ocho horas para diseñar un plan de actuación. En la mesa, unos pocos europeos, de dos divisiones distintas de nuestra multinacional y varios japoneses que no hablaban. Nadie los conoce y se pasan las reuniones tecleando. Una de las teorías favoritas es que son espías, que están allí para transmitir en tiempo real lo que está sucediendo a los amarillos del otro lado. Nadie sabe muy bien para qué sirven y definitivamente no tienen el suficiente dominio del inglés para articular frases que podamos entender. Otro de los japoneses era de los nuestros, de los que nos cayeron junto con el cheque recibido al comprarnos. Ese parlotea pero dudo que ni el mismo sepa lo que dice. A veces te encuentras con veinte de esos japoneses en una reunión, todos esperando que el jefe les dirija la palabra porque su única misión es responder a cualquier pregunta que se le haga a su jefe y que este no pueda responder. Mantienen unas estructuras jerárquicas muy rígidas y son incapaces de responder a una pregunta directa con una respuesta directa. Da igual que les pidamos algo sencillo o un imposible, la respuesta siempre será Lo estudiaremos y si los continúas acorralando, entonces además de estudiarlo añadirán si usted insiste. Su incapacidad para tomar decisiones es legendaria. Se pasan el marrón de uno a otro durante meses hasta que las condiciones que se daban en el mercado han cambiado y aquello que queríamos ya no sirve. Entonces solicitamos algo nuevo y comienzan de nuevo a marear la perdiz. Pase lo que pase jamás dirán que no y cuando ya no les queden excusas se dedicarán a ignorarte.

Otra de las cosas que más me asombra de esa gente es el mito de la productividad. Nosotros tenemos allí miles de programadores y la calidad de lo que producen es pésima. Los retrasos están a la orden del día, las cosas que prometen terminan por caerse y aún así no se les cae la cara de vergüenza. Uno de nuestros profesores dio un curso no hace mucho por allí y en la clase tenía a un jefe y todos sus empleados, todos sentados de forma que a mayor nivel en la jerarquía, más atrás estabas y podías ver a los otros. Nadie hacía preguntas y todos parecían comprender el tema a la perfección. En un momento dado, el hombre se mosquea y decide pedirles que respondan en un papel una serie de preguntas. Todo el mundo se pone a escribir frenéticamente durante diez minutos cuando las respuestas se podían concretar en cinco frases de una línea cada una. Se decide a pasear por la clase y va mirando y todos hacían como que estaban escribiendo pero los papeles seguían en blanco. Allí no se enteraba nadie del tema pero el terror a quedar en evidencia delante del jefe los obligaba a actuar de esta forma. El curso fue una perdida de tiempo.

Para la semana que viene tenemos otra sesión amarilla, otras ocho horas con otro equipo que viene para planificar con nosotros un montón de cosas que sabemos que no sucederán. Espero que cuando entre en el mercado y empiece a buscar un nuevo trabajo alguien se acuerde de recordarme que las empresas japonesas están totalmente vetadas.

La conexión pringles paprika

La conexión pringles paprika

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Uno de mis amigos holandeses que es científico de pro y que ha estudiado las altas y las bajas ciencias del universo y al que se le cierran las chacras por culpa de los males del mundo me invitó el otro día a su casa a cenar comida griega cocinada por su nueva, flamante y espectacular esposa rusa, un pedazo de hembra aún en periodo de garantía que ha comprado por prácticamente nada y que se amortiza en cuatro folladas y tres mamadas y media si tenemos en cuenta los precios del mercado del centro de Europa. La mujer es como los arretrancos esos que pasan telas en los desfiles de moda pero con carne suficiente y sin anorexia ni bulimia. No habla ningún idioma que podamos entender pero como que no nos preocupaba el concepto porque si sabe cocinar, le come el nabo al colega y se la deja endiñar por culo, puede pasar la ITV de cualquier buen y cristiano esposo y con el tiempo seguro que llega a articular palabras coherentes.

Mientras me daban el paseo por la casa para que admire los progresos en todas las obras que han hecho en los últimos meses y de los que he oído hablar con frecuencia en nuestras confidencias de máquina de café, cruzamos por el jardín para ir a la caseta de las ocho bicicletas que tiene y así alucinar con sus paneles fotovoltaicos que introducen energía eléctrica en la red de la casa, no en cantidad suficiente para reemplazar totalmente a la compañía eléctrica pero sí lo bastante como para ahorrar dinero en la factura. De camino al lugar me fijé en el conjunto folclórico-pringles-paprika con router inalámbrico y no pude resistirme a hacerle una foto. La misión de este sofisticado equipo realizado a partir de instrucciones obtenidas de internet no es otra que conectar la casa de los ancestros con la gran Red de Redes. Sus padres viven a unos doscientos metros y ahora se han visto teletransportados al siglo veintiuno de la mano de un hijo hacendoso y eficaz que no solo es capaz de solucionar su pequeño problema con las pajas de una forma expedita y limpia sino que además se ocupa de que ellos tengan la posibilidad de descubrir todos esos lugares pornos que están ahí para que nosotros, humildes siervos del Dios de los cristianos, los encontremos.

Me encantó la capsula de plástico que protege a todo el conjunto de las inclemencias del tiempo holandés. Al parecer los pringles de paprika (pimiento) son más dados a la hora de transportar las señales inalámbricas y consiguen mejores niveles en el destino.

Me ha dicho que para este invierno piensa elaborar un prototipo de un convertidor de Lentjas, una máquina que transforme la energía positiva expelida por salva sea la parte después de la ingesta de los platos de lentejas y garbanzos y que pretende convertir en gas ciudad que pueda usar en su propia cocina.

Mi vecino el erizo

Mi vecino el erizo

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Normalmente entro y salgo de mi casa por la puerta trasera, la que da al gigantesco jardín con el que Dios me ha premiado por ser una bella persona y detrás del mismo hay un pequeño parque con árboles, matorrales, y una zona para que jueguen los niños, ya sabéis, lo típico de cualquier casa de ciudadano de clase media que vive en una ciudad diseñada para que los habitantes no tengan que desquiciarse en torres de papel cebolla que se agrietan a la mínima y en donde el único verde que podéis ver es el de los hongos de la nevera. En los dos años que llevo en mi casa he visto solo en dos ocasiones al vecino más especial que tengo, un precioso erizo cuya residencia está en el parque. Mi segundo encuentro fue hace un par de meses en uno de esos días en que el verano reapareció por sorpresa y salí a pasear durante un par de horas. Cuando volvía a casa me encontré al señor erizo en la puerta y aproveché para hacerle una foto con el móvil.

Si no fuera por todo ese manto de espinas lo habría cogido para hacerle unas cuantas fotos y después devolverlo a su casa pero al final no me atreví y cuando regresé cargando la artillería pesada ya había desaparecido.

Reciclaje a la española

Reciclaje a la española

Estando en Salamanca nos tropezamos con uno de los puntos de reciclaje de vidrio que en la ciudad tienen esta pinta tan peculiar, seguramente producto de algún julandrón que se emocionó hasta las lágrimas cuando le permitieron revitalizar el aspecto de la ciudad y acercarlo más al siglo quince.

El problema es que la ciudadanía en general no parece haber captado el concepto tan sofisticado y en lugar de introducir el vidrio en esta especie de ánfora lo dejan a su lado y de esa forma satisfacen su deber ciudadano de reciclar.