Archivo para la categoria de ‘Desvaríos’

En tetas y a lo loco

Posando en tetas

Os digan lo que os digan lo cierto es que uno va al Photokina no solo para ver la tecnología sino para pasear por el recinto como un depredador buscando a las tías en tetas que todos sabemos que hay por allí. La encontramos en uno de los pabellones, rodeada de una marabunta de machos en diferentes estados de erección mientras la decoraban para que saliera bien en las fotos. Mi teléfono no da para más pero por suerte mi amigo el Moreno llevaba su cámara pequeña y conseguimos un plano con más detalles de esos intelectuales que tanto nos gustan a todos:

Trabajando con las tetas al aire

Como veis la chica es muy aplicada y se estaba bien quieta para que se la trabajaran bien. La dejamos allí y por suerte nos la tropezamos más tarde, ya con la obra artística que tanto admiramos terminada.

Con las tetas al aire y bien pintadas

Ella iba muy contenta porque todos los fotógrafos apreciaban enormemente el arte que llevaba sobre su cuerpo y no la miraban como un cacho de carne al que se la quieren endiñar sin más contemplaciones. Al próximo Photokina me llevo la cámara porque el artista que estuvo durante unas horas pintándola se merece algo más de reconocimiento y espero poder hacerle una foto con más detalle a a ese valle y a esas dos montañas.

Envidia cochina

La POLLA

La POLLA, originally uploaded by sulaco_rm.

Estoy seguro que más de uno (entre los que me incluyo) cambiábamos el 90% de nuestra capacidad cerebral por una de estas y dos litros más de sangre en el cuerpo. Personalmente me gustaría que la mía venga con otros colores y con un extremo más redondeado. Huelga decir que la pasearía como este caballo, con orgullo y bien al aire.

Chinnoticia

Estoy en la oficina profundamente ocupado trabajándome los güevos para que me sigan creciendo y alcancen ese tamaño de peras maduritas que tanto he deseado desde que era pequeño cuando me llega un correo electrónico de mi amigo El chino en el que el asunto dice: ¿Qué tu café sabes?

Lo abro y lo leo cuidadosamente:

La explosión en la sacrosanta ciudad de Utrecht fue un intento de suicidio

Lunes 27 de octubre 2008

La explosión que escoñó cuatro favelas en la sacrosanta ciudad de Utrecht el sábado y que apalancó a cuatro julays en el hospital de la Virgen del sucio Potorro fue un intento de suicidio que salió mal, según informa la agencia de noticias del Chimpún este lunes.

El hijo-de-la-Gran-Puta de veintidós primaveras que causó la explosión sufre estreñimiento y quemaduras pero el muy cabrón sobrevivió y con suerte en su puta vida saldrá del coma, informa la agencia Chimpún.

Cuando termino de leerlo salgo disparado para la planta baja del complejo de oficinas para tomarme un cafelito con El chino ya que en el asunto del mensaje lo dejaba bien claro. Me lo encuentro esperándome junto a la máquina, pulsando botones aleatoriamente para ver si la consigue engañar y le suelta algunas monedas, ya que pese a trabajar en la empresa durante siete años, el cabrón aún no se cree que el café es gratuito y sigue convencido que si hay orificio para monedas, tiene que haber güita en su interior.

- Chino, que no hay dinero en la máquina. Déjala en paz y prográmame un moca especial fuerte con azúcar por la gloria de la Muralla — le digo para llamar su atención.

- Chino saber monedas que aquí existir y vivir y Chino encontrar. ¿Tú noticia leer importante en correo? — me preguntó.

- Sí, no me había enterado. El sábado no estuve en Utrecht. — le dije mientras saboreaba mi café calentito.

- Autobuses seguros ser quizás no más. Reparar debo mi bicicleta. De trabajar cuando acabe, Amsterdam me voy mañana por la mañana así que verte en tren — me informó

Me quedé callado durante casi un minuto tratando de descifrar la información y captar el concepto que seguro que se me estaba escapando por algún lado. Pese a mi gran desgaste neuronal, no logré sacar nada en claro salvo que se iba a Amsterdam después del trabajo. Decidí seguir indagando en esos vastos océanos que contiene su cabezón.

- ¿Por qué hablas de autobuses y bicicletas ahora, Chino? No hay relación alguna entre la explosión y los autobuses, al menos no en la noticia — sondeé con cuidado procurando cubrir todos los tópicos para conseguir al menos una respuesta que se pueda entender.

- Suicida bombero terrorista ser y si parecer, practicar en casa para bombas poner y transporte público seguro no ser. Chino trabajo al en bicicleta ir y seguro estar – me dijo dejándolo todo bien claro.

- No crees que estás exagerando un poquito. Era un pobre desgraciado de veintidós tacos que seguro que se intentó matar porque no tenía dieciocho mil trescientos noventa y cinco contactos en el feisbuc y se sentía un ser inferior y poco apreciado por los seres inhumanos y el resto del mundo — le comenté.

- Chino feisbuc no tener y terrorista por eso no ser. Chino quizás mucho reaccionar y cosa mala no ser aunque parecer. Chino en autobús a trabajo ir y si persona con mochila entrar, Chino correr y bajar — me dijo como si esa fuera la solución definitiva.

- Tienes toda la razón del mundo. Eres un pozo de sabiduría infinita. Yo me piro a mi despacho que mi compañera tortillera está en uno de esos días en los que no se le cascan los huevos y no veas la mala leche que se gasta. Nos vemos mañana en el tren — le dije mientras tiraba el vaso de plástico en el contenedor de reciclaje y procedía a comenzar las maniobras para marcharme.

- Hasta mañana entonces ser

Pacharconas

Mucha agua ha corrido desde que en noviembre del año 2005 comenzó a descender desde los tortuosos recodos de mi cerebro el Hembrario. En aquellos primeros pasos no me imaginaba que casi tres años más tarde aún continuaría añadiendo capítulos a esa infame clasificación que tantas ampollas levanta entre las que se reconocen en alguno de ellos. Aún me queda munición que soltar y aunque ya los grandes grupos han sido definidos, aún tenemos pequeños matices que se pueden hacer en algunos de ellos. Si aún no me odias, si crees que soy una bella persona y que todo lo que se publica en esta bitácora es prosa sensible y delicada, deberías entrar en el Hembrario y te aseguro que cuando acabes de leerlo tu opinión será bien distinta. La Isleta, el misterioso ecosistema en el que crecí es el vivero del que han surgido algunas de las palabras más hermosas del español. Mirando en google he descubierto que al parecer la palabra Pacharcona no existe fuera de esta bitácora, nadie habla de ellas y hoy trataremos de subsanar esta grave carencia ya que aquí han sido nombradas sin explicar el grupo al que identifican.

En el Hembrario podemos decir que primero vienen las Potrancas, hembras obesas que evolucionarán en dos direcciones: o se convierten en Bostas o acaban Desbaratadas. Sin embargo, mucho antes de que surja una Potranca, en la fase previa tenemos lo que en la Isleta se denominaba una Pacharcona.

La vida de una Pacharcona transcurre teniendo siempre algo entre las manos que se echa compulsivamente al buche. Tragan todo lo que pueden ya que aspiran a ganar el peso suficiente para pasar a la siguiente fase. En los corrillos que se formaban en las verdulerías, esas tiendas de las que ya nadie habla y que han sido las grandes perdedoras en la nueva sociedad de la desinformación, se señalaban claramente a las Pacharconas, siempre con un cierto deje de reproche porque una chica o una mujer en pleno uso de sus facultades, renunciaba al control de los límites volumétricos de su cuerpo y se lanzaba en una espiral de grasa y perdición de la que todos sabemos que jamás podrá salir. Las Pacharconas ni siquiera son muy conscientes de los cambios que están sucediendo en su cuerpo, no ven la expansión de sus fronteras o quizás no quieren verlo. Ellas se centran en asegurarse que no haya pella de gofio olvidada en la mesa, o plato de chicharrones sin dueño y tragan como si en ello les fuera la vida. Sus cuerpos sufren grandes cambios ya que han de pasar de una complexión normal a la forma desmadejada y característica de las Pacharconas, una figura que aún resembla la clásica femenina pero en la que las curvas y los pliegues comienzan a desaparecer.

Las Pacharconas viven en la negación y en su círculo de amistades nadie hace referencia al problema. Ni siquiera sus madres o familiares más próximos les dirán que se están convirtiendo en Pacharconas, es algo que se oculta a la persona de la que hablamos ya que aún queda la esperanza de la rectificación, aún es posible cortar por lo sano y volver a niveles más normales, ser rellenita, o entrada en carnes, o gordita, pero no Pacharcona.

Las Potrancas siempre tratan de acercarse a las Pacharconas para llevarlas hacia su bando, las animan a que sigan comiendo y ganen más y más pesos para llegar al siguiente nivel, ese en el que la ropa de lycra consigue llevar sus propiedades elásticas al límite. En todas las calles de la Isleta siempre hubo y habrá una o varias Pacharconas, aunque ahora ya no se habla de ellas en la tienda de la esquina.

Si conoces alguna Pacharcona explícale que aún está a tiempo, que puede rectificar y saltar a alguna de las otras categorías del Hembrario, en sus manos está el rectificar y florecer como un Rebenque o quizás incluso aspirar a convertirse en el próximo Putón Verbenero.

Segundo Chinexamen de conducir

Yo no dejo de alucinar con mi amigo el Chino. Es una fuente inagotable de historias. Recordaréis como sufrimos con el Chinexamen y lo mal que lo pasamos cuando no lo aprobó. Después vinieron sus exóticas Chinclases de conducir usando el transporte público y tras casi un mes de silencio, hemos tenido más novedades en este tema que os paso a relatar.

A primeros de abril se cambió el examen práctico de conducir y el vetusto y tradicional estilo de dar ordenes al examinado y evaluar como las ejecuta ha quedado atrás. Ahora el examen es en un recorrido, yendo de un lugar a otro en un tiempo determinado y sin que el examinador intervenga. La persona que se examina puede pararse a preguntar en caso de dudas y puede elegir su propia ruta en tanto en cuanto consiga llegar al lugar dentro de la franja de tiempo permitida. El número de estas rutas es limitado, son unas pocas, aunque bien jodidas porque pasan por lugares de mucho tráfico.

Al Chino le tocó examinarse un sábado por la mañana y pese a que pueda parecer ventajoso, en realidad esos días hay un montón de tráfico en la ciudad por toda la gente que viene de compras. Los exámenes pueden ser rutas que te llevan desde la estación central hasta el edificio de los bomberos o desde el bulevar de las tiendas de muebles hasta la estación norte de la ciudad. Un par de días antes le pregunté al Chino si él se conocía la ubicación de todas las dotaciones de bomberos y me miró como si estuviera chiflado y empezó a bambolear la cabeza con ese movimiento tan característico que hemos aprendido a amar. Me dice:
- Estación de bomberos ser y estar en lugar único y Chino conocer y llegar saber — y se quedó tan ancho.

- Pero es que hay más de una. En cada zona de la ciudad hay una dotación, ¿a cuál tienes que ir? — pregunté

- Tú Chino confundir no. Bomberos ser y estar en sitio único y Chino saber y conocer — creo que está clarísimo que este se cree que aquí también se estila lo del partido único y el tener las cosas en un único sitio como en su país.

- OK, tú mismo. Que haya suerte en el examen — y cambiamos de tema de conversación.

Esta semana me lo encontré en el tren y no me pude contener:

- ¿Qué tal te fue en el examen?

- Examen Chino fallar — dijo muy bajo de ánimo

- ¡Qué me dices! Pero si tú estabas preparadísimo y te sabías las rutas al dedillo. ¿Cómo han podido suspenderte?

- Chino bueno conductor ser. Chino día el de examen pronto llegar y examinador saludar. Hombre bueno parecer y pronto en coche entrar para examen hacer — a partir de este momento el diálogo de besugos será entre el Chino, su examinador y si se tercia, su profesor de autoescuela, así que no se confundan. Esto fue lo que sucedió:

- Vamos a comenzar el examen señor Chino. Quiero que nos lleve a la estación de tren de Overvecht cruzando al menos en una ocasión el Oudegracht — le dijo el examinador fijando la ruta del examen — tendrá cuarenta minutos para hacer el trayecto y total libertad para fijar la ruta.

- Oído Chino Cocina y Marchando. Son sesenta y uno euros favor por — y sonrió con esos dientes negros lavados con gárgarass de refresco de cola todos los días de su vida.

- ¿Qúe dices, chaval? ¿Qué es eso de sesenta y un euros? — Le preguntó el examinador

- Estación central viaje a Overvecht ser una zona y línea ocho ser y precio sesenta céntimos de billete y un euro tener favor por — le dijo el Chino antes de recibir un cuesco de su profesor que estaba sentado detrás.

- Es un bromista, no le haga caso — dijo el profesor del Chino. Arrancaron y tras un minuto de amable silencio en el coche, el Chino dice:

- Viestraat Lange, parada ser, Viestraat Lange — y detuvo el coche en medio de la calle, justo delante de una parada de autobús y abrió la puerta del pasajero.

- ¿Pero qué haces? ¿Tú de qué vas? — le dijo el examinador, el cual comenzaba a enojarse con tanta cosa rara. El profesor tuvo que intervenir y cerró la puerta del coche. Volvieron a arrancar.

- Witevrouwensingel, líneas aquí diez y siete transbordo, Witevrouwensingel — y volvió a detener el coche frente a una parada de autobús volviendo a abrir la puerta, como si estuviera llevando una guagua y esperara pasajeros.

- Una más de estas y le suspendo, ¿me entiende? — le dijo el examinador. El profesor sudaba copiosamente en el asiento trasero.

- Oír y entender Chino. Sí Señor, Señor — y empleó un tono marcial en su voz. A partir de ese momento conducía en silencio y todo parecía ir bien. Llegaron a un cruce y el Chino señalizó correctamente su maniobra para girar hacia la derecha. Entraron al cruce y el coche siguió de frente pasándoselo y cuando parecía que ya era muy tarde, metió un volantazo terrible y trató de girar el coche como si fuera un autobús. El problema fue que los coches no tienen el mismo tipo de dirección y lo que logró fue enfilar directamente el carril contrario de la calle. Los dos hombres que lo acompañaban comenzaron a chillar al unísono y la persona que venía de frente hacia ellos trató de evitar la colisión. Todos gritaban y el Chino no sabía que hacer porque en las semanas que había observado a los conductores de autobús, ellos hacían las curvas abriendo mucho el vehículo para girar. El examinador pisó con fuerza el freno que lleva en su lado del vehículo y se pudo sentir el ABS tomando control de la situación.

- Salga ahora mismo del coche. Está suspendido. Usted es un peligro para la circulación. Por Dios, podíamos haber muerto — dijo el examinador aún enfurecido y tratando de soltarse el cinturón de seguridad para huir. El profesor del Chino ya había salido del vehículo y los miraba respirando entrecortadamente desde la acera, sabiéndose a salvo de otra posible desgracia.

- ¿Chino aprobar no? — Preguntó inocentemente

- ¡Ni de coña! — le dijo el examinador zanjando el asunto

Capas

Si yo fuera uno de esos intelectuales que se caldean las neuronas tratando de resolver los grandes enigmas del mundo, seguro que ya me habrían invitado a algún programa de televisión para llenar una hora vestido con un traje de pana horroroso, unos zapatos negros que manchan de todo el betún que llevan encima y me mesaría la barba mientras escuchaba atentamente a los contertulios y me preparaba para interrumpirlos a mitad de su disertación porque eso jode mucho y queda bien en la tele. Por suerte soy más básico que la televisión sin codificar y hace años que renuncié a encontrar la solución de los grandes problemas. Vivo feliz en mi voluntario exilio holandés, tengo un buen trabajo, el dinero entra en mi cuenta corriente a espuertas, siempre ando planeando las siguientes vacaciones, viajo mucho y en general la fortuna parece que me viene de cara. Así y todo, cuando me siento en el Trono que tengo en mi casa por las mañanas y extiendo la mano hacia el lateral, siempre me acuerdo de algunos y me los imagino allí, en ese trocito de papel, dispuestos a comerse la mierda que me limpio con gran cuidado, ya que el orificio de salida de la parte posterior del chasis ha de ser tratado con todo el respeto y la devoción que se merece, que si hay algo que nos ha de durar toda la vida en buen estado es el culete.

Esto nos lleva a lo importante que resulta en nuestras vidas ese pequeño trozo de papel que necesitamos a diario y sin el que nuestras vidas serían mucho más hediondas. Yo he terminado por catalogar a la gente en base al que usan y por practicar una discriminación activa en base al papel que hay en el baño. Da igual a quien visites, en el baño siempre hay papel higiénico y te puede decir mucho de la gente de la casa. Yo a la gente que compra esos rollos de una capa como los que ponen en las oficinas y que parecen papel de lija, a esos los borro sobre la marcha de la lista de amistades. Una persona que respeta tan poco su trasero no puede ser buena. Así de claro. Sólo los miserables que se encargan de la logística del material de las empresas compran esa cosa que raspa y que te obliga a apilarlos hasta tener varias capas ya que si no corres el riesgo de rotura y sería tu mano la que se vería muy afectada. Este es también el papel que te obligan a usar en trenes o aviones y que tras usarlo has de ponerte una cremita hidratante después de usarlopara que se te recupere la zona afectada.

La gran mayoría opta por la seguridad que dan las dos capas, aunque aquí también se pueden encontrar diferencias ya que algunos papeles parece que los hacen con papiros egipcios. En este grupo hay ocasiones en las que uno tiene que agrupar al menos dos trozos para lograr que la maniobra de limpiado transcurra sin problemas. Otros papeles de los de dos capas se rompen fácilmente y claro, cuando tu mano anda por esos territorios no quieres que pasen esas cosas. En los supermercados se venden bolsas con rollos de doble capa que parecen fardos por el tamaño de la bolsa y la cantidad de rollos que llevan. Recuerdo el baño de un colega que compró una de esas bolsas con veintipico rollos y después no le quedó más remedio que distribuirlos por el micro-baño de su micro-piso. Daba un poco de cosa entrar allí y ver el despliegue excesivo de papel higiénico que había y que cubría incluso el montón de revistas porno que tenía para esos momentos intelectuales en los que se relaja.

Mi favorito de toda la vida es el papel de triple capa. Ya sé que se gasta más rápidamente y que según algunos no es más suave, pero la seguridad que te da no tiene precio. Las tres capas son suficientes para acariciar con dulzura ese lugar tan recóndito y que tan poco sacamos a la luz. En estos papeles las compañías que los fabrican despliegan todo su arte y crean auténticas maravillas, no se limitan al triste y soso rollo de papel sin más. Hay figuras hechas en relieve y son bastante fuertes con lo que el riesgo de rotura es mucho menor. Cuando entras en el baño de alguien y ves ese papelito de tres capas allí bien colocado, te entran enseguida ganas de jiñar para poder usarlo. Es como un reclamo que despierta mecanismos misteriosos en nuestro cuerpo que acaban en la expulsión de aquellas materias que no hemos podido o querido procesar.

En raras ocasiones he visto el de cuatro capas, ya que todas las ventajas del de tres capas se vuelven inconvenientes en éste, con un grosor excesivo que lo hace más práctico para usarlo como bayeta que absorbe lo que le eches. Supongo que tendrá sus seguidores o ya lo habrían quitado de los supermercados pero no termina de convencerme. Cuando me emancipé y comencé a vivir solo hice algunas pruebas con los de tres y cuatro capas hasta encontrar aquel que se identifica plenamente con mi trasero y le sirve con devoción. En esas pruebas, todos los de cuatro capas, aunque elegantes en la forma, suspendían en el uso diario.

Solo queda por nombrar el mítico papel higiénico de cinco capas que algunas personas afirman haber visto. Hay muchas leyendas sobre lo increíble que resulta restaurar tu trasero a su condición original usando ese paño de papel grueso que te iza hasta niveles nunca soñados pero yo aún no he logrado ver uno de estos y mira que he estado en países.

Y ahora viene la madre de todas las cuestiones: ¿Y tú, cuál usas?

La guerra de las Falacias. Episodio decimonono. Siempre lo mejor

… Hace poco, poco, tiempo

en una falacia muy cercana

vivía un marico viejo y requeteoperado

que engañaba al prójimo deseándole todo lo mejor

SIEMPRE

 

La Princesa de las Olas contacta

con alguien del alto mando

para discutir estrategias vitales para la Alianza

ese grupo de autores de bitácoras honestos

que luchan por crear cosas interesantes

en un mundo dominado por la vulgaridad

y la mediocridad de hechiceros

calvos, maricos y hediondos.

 

Lo que la Princesa no sabe

es que su comunicación ha sido intervenida

por el Gran Hechicero marico

la más sucia y rastrera de todas las perras

que pululan por el Reverso Asqueroso

ese barrio que está en el lado equivocado de la Fuerza …

 

- Todo lo mejor siempre, Princesa de las Olas. Te saluda Octavia, la Primera pluma del sindicato de escribidores de la Alianza — dijo una imagen de una joven de aspecto radiante y discretamente maquillada que sonreía mostrando una dentadura perfecta. En sus manos sujetaba una pequeña pantalla sobre la que garabateaba rápidamente. Detrás de ella se podían escuchar unas cascadas y el canto de pájaros.

- Gracias, Octavia. Como sabes, la Alianza ha sido traicionada y una banda de zarrapastrosos ha tratado de tomar el control y engañar a nuestros seguidores. Tenemos que deshacer el daño y propagar esta noticia para que todos se anden con cuidado. Tú tendrás que escribir el mensaje que distribuiremos a través de todas nuestras bitácoras — dijo la Princesa de las Olas mirando hacia el holograma que tenía frente a ella ya que ambas estaban separadas por varios universos.

- Princesa de las Olas, yo conjuraré a los hados e hilvanaré la más bella de las odas. No temas nada, la Alianza saldrá de esta y pronto este episodio será parte de nuestro pasado — dijo Octavia sonriendo.

- En tus manos está el futuro de la Alianza, dependemos de ti — y mientras decía esto vibró el holograma de Octavia y la imagen cambió para mostrar una habitación sucia y llena de basura en la que acababa de entrar un hombre.

- Maricón, que te tengo dicho. ¿Ya estás de nuevo engañando gente honrada con tus fantasías de marico desquiciado? — dijo el hombre. Octavia se agitó pero su cara seguía mostrando la misma sonrisa que la pintaba antes de esta interrupción.

- ¿Qué sucede? ¿Quién es ese hombre? ¿Qué está pasando? Dime, Octavia — preguntó la Princesa con un tono preocupado en su voz.

- Nada, Princesa de las Olas, siempre todo lo mejor. No sucede nada, todo está … — y en ese momento el hombre volvió a interrumpir.

- Pero qué dices, maricón, como que Octavia, si tú eres la Ramira, la única zorra del barrio con polla. Espera que te descubro — y mientras lo decía pulsó algún botón y el holograma de Octavia fue substituido por la cara de un marico viejo y calvo, con una nariz como una trompeta y cuyos dientes parecían peleados unos con otros porque ninguno apuntaba en la misma dirección.

- Pero que has hecho, deja eso — y la Princesa escuchó una voz sucia y fea, como de hechicero acabado — déjalo, déjalo, no toques nada.

- ¿Alguien me quiere explicar lo que sucede? — preguntó la Princesa de las Olas.

- Yo lo haré — dijo el hombre. — Aquí el marico viejo es mi esposa, la penca que empalo todas las noches y que por las mañanas me limpia la casa, me lava y plancha la ropa y me cocina para que todo esté impecable porque para eso le permito vivir en esta casa. Lo malo es que este puto es bicho malo y cuando no me lo encuentro haciendo como que es un hechicero es porque se está haciendo pasar por una Octavia o cualquier otra mujer y contando mentiras a quien tenga la mala suerte de escucharlo. Ni es Octavia, ni es hechicero, ni es mujer, ni es nada. Es un come mierda que siempre anda enredando y al que saqué del callejón en el que mamaba rabos por dos céntimos — dijo el hombre de una forma harto contundente.

- Pero … ¿no eres la Primera pluma del sindicato de escribidores de la Alianza? — preguntó la Princesa, mirando preocupada.

- Pluma si que tiene el hijoputa. Una hartada de ellas. Anda que no se ensañaron con él de pequeñito. Tiene un ramalazo de que te cagas, pero escribir sí que no, que esta perra vieja estudió secretariado y contabilidad y se ha curtido bajo las mesas de muchos despachos comiendo nabos a destajo para suplir sus carencias. Este no sabe ni cómo coger un bolígrafo — dijo el hombre mientras a su lado, Ramiro, ese que inicialmente conocimos como Octavia, gimoteaba y se cubría esa horrenda cara con una manos feas y bastas de uñas arrasadas.

- ¡Por favor, por favor, déjalo ya! Todo lo mejor, siempre. Yo no soy así. Soy bueno y solo quiero que me vean como la bella mujer que llevo dentro de mí — dijo Ramiro gimoteando.

- ¡Calla maricón! Mírate al espejo. Si das miedo con esa cara de penca vieja. Mucho holograma de chica guapa pero por la noche me despierto a veces y salgo corriendo de la cama del miedo que das, que pareces la Reina de los Orcos y apestas igual que uno de esos bichos

- No … no - gimoteó

- Bueno, está claro que me he equivocado — dijo la Princesa concluyendo la conversación.

- Princesa, no te vayas, yo no soy así. Todo lo mejor, siempre, todo lo mejor …

- ¡Mira que te doy, maricón! Vete a la cocina a prepararme la cena que me echo un pitillo y ahora voy pa’ya

La Princesa cortó la comunicación. Pulsó otro botón y unos instantes más tarde apareció un hombre frente a ella al que sonrió.

- Gabriel, nos han traicionado. Alguien ha conseguido acceso a nuestra red. Se llama Ramiro y es un marico viejo y requeteoperado que se hizo pasar por una tal Octavia, primera pluma del sindicato de escribidores de la Alianza

- Cambiaremos los códigos. No te preocupes. Nuestra será la victoria

Siempre, todo lo peor

Sólo un reducido grupo de mis ochenta mejores amigos ha vivido conmigo la tensión y el agobio de los últimos días. Nada más que setenta y nueve de esas ochenta personas tan especiales han sido merecedoras de la confianza necesaria y suficiente para compartir con ellos la gran preocupación que me traía por el camino de la amargura. Todo comenzó hace unos meses pero no vamos a remover el pasado y engancharemos esta línea argumental el pasado miércoles. Eran las cuatro de la tarde y yo llegaba a la consulta de mi médico de cabecera.

Cuando me llamó, el cielo se oscureció y unos cuervos negros se posaron enfrente de la ventana a graznar sus malas noticias. Mi médico escuchó aquello que le tenía que decir, hizo las pruebas pertinentes, consultó el oráculo, me leyó los posos del cafelito que me puso su asistente y me miró apenado mientras negaba vehementemente con la cabeza. Sus palabras fueron una sentencia condenatoria: Un marico feo y requeteoperado, con menos pelos en la cabeza que el chichi de la más vieja de las chicas de oro, se cruzó en mi camino y por culpa de la infalible ley del Gato Negro, Gato Malo, me rodeó con un karma negativo que me quitó todo los puntos que tenía y devolvió mi personaje a la casilla de salida. Ante este panorama tan negro, solo las medidas más radicales podían salvar mi alma. Firmó el volante para el hospital sin que le temblara la mano.

En lo alto de la torre inclinada, un marico hechicero viejo agitaba su cabezón tipo bola de billar y trataba de arañar el aire con sus uñas negras cubiertas de raña mientras los trapos que vestía se agitaban distribuyendo el hedor de quien no conoce la higiene personal. Su falda apergaminada dejaba entrever unos gallumbos que en su día fueron blancos y ahora eran marrones de tanta mierda como habían absorbido. Estaba realizando algún ritual maligno y mientras giraba y giraba sin cesar no cesaba de gritar: — todo lo mejor, siempre, todo lo mejor, siempre, siempre, siempre, lo mejor, siempre, todo, siempre, todo lo mejor

Desperté gritando y sudoroso de esta horrible pesadilla y ya no pude conciliar el sueño. Por la mañana, desayuné taciturno y me fui directo al hospital. Mientras aparcaba la bicicleta vi pasar un hombre cubierto de sangre y que parecía desorientado. El líquido parecía surgir de algún lugar de su cuero cabelludo. El miraba a un lado y otro y andaba unos pasos antes de darse la vuelta y repetir la maniobra. Era igual que los que se ven en las series hospitalarias, solo que la sangre no era tan roja. Supuse que el hospital le pagaba para hacer este trabajo y que los pacientes como yo puedan entrar en situación más fácilmente. El hombre me miró y traté de mantenerle la mirada pero un chorro de sangre amenazaba con mancharme y retrocedí espantado.

Llegué a la recepción y les enseñé el papel. me mandaron a una ventanilla en la que me hicieron una foto y me dieron un carnet para moverme por el hospital. Fui a la zona número uno y allí me dijeron que esperara hasta que me llamaran. Pasó una hora y media y yo era la única persona que quedaba. Me metieron en una habitación y me pidieron que me quitara la camisa. Una enfermera me sujetó con unos cintos y después se dedicaron a echarme agua bendita mientras conjuraban al demonio para que se marche: Marico hechicero, aléjate de aquí. Marico hechicero, vuelve a las cloacas de las que nunca debiste salir. Marico hechicero, todo lo peor para tí, por siempre y para siempre — Acompañaban estos cánticos con rayos equis, uve, uvedoble y zeta, que lanzaban a diestro y siniestro para espantar el mal karma. Finalmente el aire pareció aclararse y terminaron el ritual. Me pidieron que esperara unos minutos y después de un tiempo que a mi me pareció interminable, una de las chicas me dijo que todo estaba bien y que debía continuar con mi camino por el purgatorio.

Seguí hacia la zona siete del hospital, la más poderosa y allí una enfermera me dijo que me llamaría en unos segundos. Así fue. En el marcador que indicaba los números apareció un seis seis seis que me identificaba. La gente se apartó santiguándose, las madres sujetaban a sus hijos y les tapaban los ojos para que no me miraran y el Cristo que tenían en un crucifijo en la pared se marchó a la cafetería a tomar un cortado porque no quería estar allí conmigo y con eso que llevaba a mi alrededor.

La enfermera me puso en una camilla y me tranquilizó con dulces palabras. El cura y el médico llegaron juntos. Afuera se oscurecía el sol. El ritual chimpuniano es muy sencillo y rápido. La enfermera y el médico me sujetaron con fuerza y el cura me inyectó el jeringón de agua bendita mientras exhortaba al marico viejo para que se marche: Vete, vete, vete, todo lo peor, siempre, todo lo peor para ti, siempre, para ti todo lo peor, siempre y ahí perdí el conocimiento. Al abrir los ojos sentía una sensación de alivio infinita, era como si me hubieran quitado a una maricona vieja que se me había subido a la chepa y se agarraba a mi como una ladilla. Por fin podía moverme, podía hablar, saltar, reír y disfrutar con los colores de un soleado y luminoso día de primavera.

Salí a la calle y el hombre ensangrentado seguía perdido por el aparcamiento, acercándose a los que llegaban y tratando de comunicarse con ellos. Me subí a mi bicicleta y me marché.

Epílogo

Han pasado cinco días y tras esas ciento veinte horas, siete mil doscientos minutos o cuatrocientos treinta y dos mil segundos llegó la hora de comprobar que el karma se había recuperado. Mi médico me miró y sonrió. Se puede decir más alto pero no más claro. ya no hay hechizo, ni maldición, ni mal karma que me rodee. Mi aura vuelve a estar limpia y pura. El médico me abrazó, me acompañó a la puerta y por un instante pensé que iba a volver a lanzar la maldición contra mi porque una premonición me avisaba que me desearía todo lo mejor, siempre, pero en lugar de eso, estrechamos manos y me dio la bendición.

Chinclases de conducir

Hay cosas que uno cuenta y nadie le cree y quiero que sepáis que si tuviera sentimientos como los seres humanos me dolería, pero gracias a Dios me he curtido lo suficiente como para que me resbalen las doctas opiniones de los demás. Mi amigo el Chino es una fuente constante de inspiración y como tenemos amistades comunes, a veces les cuento algún evento de su vida y no se lo pueden creer. Por desgracia para ellos cuando le preguntan al susodicho este lo suele confirmar todo y como a mí se me entiende un poco mejor que a Él, he terminado ejerciendo de su portavoz oficial y difundo las buenas nuevas sobre su vida a todo aquel que quiere conocerlas. El fin de semana pasado cenó en mi casa un antiguo compañero de trabajo y tras la cena llegó el turno de ruegos y preguntas en el que por supuesto los tuve que poner al día y entre otros les conté el relato del El Chinexamen. Por si esto no fuera bastante, seguimos hablando de lo difícil que está resultando para el Chino conseguir el carné de conducir y como ha encontrado una forma económica de recibir clases de conducción o algo parecido.

Como casi siempre descubrí el asunto por pura casualidad. Solemos ir en el mismo tren hacia Hilversum por las mañanas pero para llegar a la estación yo voy a lomos de La Dolorsi y él prefiere ir en guagua. Muchos días lo veo en la parada y nos hacemos unas complejas señales codificadas para indicarnos el uno al otro que nos veremos en la estación. Después continúo mi camino en solitario y en al menos tres puntos es probable que me cruce con su autobús. Una de estas mañanas, al llegar a la primera intersección miro hacia el vehículo y lo que veo me deja sin palabras. Paro la bicicleta porque no doy crédito a mis ojos. Hacia mí viene la guagua y junto al conductor se encuentra el Chino agitando su cabezón de tamaño barreño y hablando con el hombre. Va sentado en el asiento reservado para personas mayores y maricos viejos y requeteoperados con pelucón que te desean siempre todo lo mejor, de esos que si te descuidas te clavan el puñal por la espalda sin que les tiemble el pulso. Por ley el Chino no debería ir sentado allí, ya que ni es viejo ni marico feo. Tras este descubrimiento corro al segundo punto de intersección y compruebo que mis ojos no me engañan. Mi amigo va indicando al chófer algo y gesticulando de una forma extraña. Al llegar a la estación y juntarnos en el tren no pude contener mi curiosidad y le pregunté:

- ¿Por qué te sientas junto al conductor, en el lugar reservado para ancianos y maricos de los que te desean todo lo mejor? — le hice la pregunta dos veces y le tuve que explicar algún concepto que no llegó a entender.

- Chino junto sentar al conductor para gratis chinclases tener de conducir. Chino ni viejo marico ni hechicero ser y sentir o padecer — y si no eres lector habitual de esta la mejor bitácora sin premios en castellano, es más que probable que no captes las sutilezas de esta conversación ni los segundos, terceros y decimocuartos sentidos, que los hay.

- ¿Cómo que chinclases gratis? Tú no ibas conduciendo, ibas al lado del conductor. Eso no es una chinclase de conducir — ya sabéis que es imposible argumentar con éste hombre pero yo lo intento.

- Chinclase ser porque Chino ver y aprender y estudiar y comprender. Chino atención poner y direcciones dar conductor al. Chino indicar y señalar camino de autobús y conductor buena persona ser y obedecer — esto iba por muy mal camino y traté de reconducirlo.

- Chino, tú no le indicas el camino. Él se sabe de memoria la línea. Da igual lo que tú digas o hagas. Siempre va por la misma ruta hacia la estación, así que no digas boberías — una nueva y sencilla explicación que caerá en saco roto.

- Chino camino indicar. Chino conductor decir al: Jiuston, Jiuston, llamando chino, izquierda girar o problema tener, repetir izquierda girar y conductor izquierda girar y virar porque Chino decir — y esto confirmó mis sospechas sin resquicio para ninguna duda.

- Por Dios Chino, el conductor gira a la izquierda sin que tú se lo digas y además, chinclases de conducir son cuando tú estás al volante, no cuando vas sentado en el asiento de los maricos viejos que te desean siempre todo lo mejor

- Chinclase ser si Chino atención prestar, al volante necesario no ser ni estar porque Chino siempre aprender y conductor caso hacer y sentir. Y gratis ser y dinero ahorrar que necesario tras éxito en Chimbolsa ser — al menos en una cosa tiene razón, después del palo que se llevó en la Chimbolsa puedo comprender que quiera ahorrar algo de dinero.

- Que no, que no y que no. No son chinclases gratuitas y por favor deja de sentarte en el asiento de los maricos viejos porque la gente va a pensar mal de tí y peor aún si te ven hablando solo en la parte de delante de la guagua, porque el conductor no te hace ni puto caso, que el no habla Chiquistaní como tú y como yo — Como si sirviera de algo decírselo pero que no se diga que no lo intento.

- Conductor chino al caso hacer, frenar cuando decir yo, girar, acelerar y puertas abrir y cerrar — y este es el punto en el que yo acabo rindiéndome porque no hay forma de convencerlo.

- Chino, me has convencido. Eres un genio y te estás ahorrando un montón en chinclases de conducir. Eres mi ídolo — le dije y cuando me enseñó esos dientes negros y llenos de sarro a fuerza de limpiárselos con gárgaras de chinCola supe que se había quedado contengo y podríamos tener el resto del viaje en tren en paz.