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Chinclases de conducir

Hay cosas que uno cuenta y nadie le cree y quiero que sepáis que si tuviera sentimientos como los seres humanos me dolería, pero gracias a Dios me he curtido lo suficiente como para que me resbalen las doctas opiniones de los demás. Mi amigo el Chino es una fuente constante de inspiración y como tenemos amistades comunes, a veces les cuento algún evento de su vida y no se lo pueden creer. Por desgracia para ellos cuando le preguntan al susodicho este lo suele confirmar todo y como a mí se me entiende un poco mejor que a Él, he terminado ejerciendo de su portavoz oficial y difundo las buenas nuevas sobre su vida a todo aquel que quiere conocerlas. El fin de semana pasado cenó en mi casa un antiguo compañero de trabajo y tras la cena llegó el turno de ruegos y preguntas en el que por supuesto los tuve que poner al día y entre otros les conté el relato del El Chinexamen. Por si esto no fuera bastante, seguimos hablando de lo difícil que está resultando para el Chino conseguir el carné de conducir y como ha encontrado una forma económica de recibir clases de conducción o algo parecido.

Como casi siempre descubrí el asunto por pura casualidad. Solemos ir en el mismo tren hacia Hilversum por las mañanas pero para llegar a la estación yo voy a lomos de La Dolorsi y él prefiere ir en guagua. Muchos días lo veo en la parada y nos hacemos unas complejas señales codificadas para indicarnos el uno al otro que nos veremos en la estación. Después continúo mi camino en solitario y en al menos tres puntos es probable que me cruce con su autobús. Una de estas mañanas, al llegar a la primera intersección miro hacia el vehículo y lo que veo me deja sin palabras. Paro la bicicleta porque no doy crédito a mis ojos. Hacia mí viene la guagua y junto al conductor se encuentra el Chino agitando su cabezón de tamaño barreño y hablando con el hombre. Va sentado en el asiento reservado para personas mayores y maricos viejos y requeteoperados con pelucón que te desean siempre todo lo mejor, de esos que si te descuidas te clavan el puñal por la espalda sin que les tiemble el pulso. Por ley el Chino no debería ir sentado allí, ya que ni es viejo ni marico feo. Tras este descubrimiento corro al segundo punto de intersección y compruebo que mis ojos no me engañan. Mi amigo va indicando al chófer algo y gesticulando de una forma extraña. Al llegar a la estación y juntarnos en el tren no pude contener mi curiosidad y le pregunté:

- ¿Por qué te sientas junto al conductor, en el lugar reservado para ancianos y maricos de los que te desean todo lo mejor? — le hice la pregunta dos veces y le tuve que explicar algún concepto que no llegó a entender.

- Chino junto sentar al conductor para gratis chinclases tener de conducir. Chino ni viejo marico ni hechicero ser y sentir o padecer — y si no eres lector habitual de esta la mejor bitácora sin premios en castellano, es más que probable que no captes las sutilezas de esta conversación ni los segundos, terceros y decimocuartos sentidos, que los hay.

- ¿Cómo que chinclases gratis? Tú no ibas conduciendo, ibas al lado del conductor. Eso no es una chinclase de conducir — ya sabéis que es imposible argumentar con éste hombre pero yo lo intento.

- Chinclase ser porque Chino ver y aprender y estudiar y comprender. Chino atención poner y direcciones dar conductor al. Chino indicar y señalar camino de autobús y conductor buena persona ser y obedecer — esto iba por muy mal camino y traté de reconducirlo.

- Chino, tú no le indicas el camino. Él se sabe de memoria la línea. Da igual lo que tú digas o hagas. Siempre va por la misma ruta hacia la estación, así que no digas boberías — una nueva y sencilla explicación que caerá en saco roto.

- Chino camino indicar. Chino conductor decir al: Jiuston, Jiuston, llamando chino, izquierda girar o problema tener, repetir izquierda girar y conductor izquierda girar y virar porque Chino decir — y esto confirmó mis sospechas sin resquicio para ninguna duda.

- Por Dios Chino, el conductor gira a la izquierda sin que tú se lo digas y además, chinclases de conducir son cuando tú estás al volante, no cuando vas sentado en el asiento de los maricos viejos que te desean siempre todo lo mejor

- Chinclase ser si Chino atención prestar, al volante necesario no ser ni estar porque Chino siempre aprender y conductor caso hacer y sentir. Y gratis ser y dinero ahorrar que necesario tras éxito en Chimbolsa ser — al menos en una cosa tiene razón, después del palo que se llevó en la Chimbolsa puedo comprender que quiera ahorrar algo de dinero.

- Que no, que no y que no. No son chinclases gratuitas y por favor deja de sentarte en el asiento de los maricos viejos porque la gente va a pensar mal de tí y peor aún si te ven hablando solo en la parte de delante de la guagua, porque el conductor no te hace ni puto caso, que el no habla Chiquistaní como tú y como yo — Como si sirviera de algo decírselo pero que no se diga que no lo intento.

- Conductor chino al caso hacer, frenar cuando decir yo, girar, acelerar y puertas abrir y cerrar — y este es el punto en el que yo acabo rindiéndome porque no hay forma de convencerlo.

- Chino, me has convencido. Eres un genio y te estás ahorrando un montón en chinclases de conducir. Eres mi ídolo — le dije y cuando me enseñó esos dientes negros y llenos de sarro a fuerza de limpiárselos con gárgaras de chinCola supe que se había quedado contengo y podríamos tener el resto del viaje en tren en paz.

El crack de la Chimbolsa

Hace un par de meses descubrimos que mi amigo El chino jugaba en la Chimbolsa y desde entonces he estado tratando por activa y por pasiva de conseguir más información pero el hombre dormitaba en el tren cuando íbamos al trabajo y se negaba a hablar sobre el tema. Han sido unas semanas de gran angustia, viéndolo demacrado y ojeroso y negando que necesitaba dormir más. Finalmente, la semana pasada, cuando yo había tirado la toballa y mientras íbamos camino de la estación de Hilversum, se soltó a hablar y no hubo manera de callarlo.

- Te noto más espabilado, ¿está cerrada la chimbolsa por vacaciones? — le pregunté inocentemente mientras procuraba mantenerme apartado de la estela de halitosis que lo sigue y lo persigue y que combina ajos machacados, huevos enterrados durante meses y pellejos de pata de pato junto con pescados que no le echarías ni a tu propio gato y que por culpa de su falta de higiene bucal, se maceran durante días en su boca hasta formar un coctel insoportable.

- Chimbolsa no cerrada estar pero crack terrible tener y suceder y mal cosas las pintan. Chino stop hacer loss y tiempos nuevos esperar por la gloria de la muralla — dijo en su habitual jerga que tan fácil nos resulta tras tantos años de entrenamiento.

- ¿Cómo que stop-loss? ¿Estás perdiendo dinero? ¿No decías que tú eras un experto? — contraataqué con toda la artillería para ver si sacaba algo en claro ya que estas oportunidades no se presentan siempre.

- Chino experto ser y sentir y padecer. Chino chimbolsa sobre libros veintitrés estudiar y leer y todo sobre chimbolsa saber. Chino inteligente ser y momento de parar ser y Chino triunfar con loss stop — lo cual aunque nos acerca a ese conocimiento que tanto deseamos, aún no nos permite llegar al meollo de la cuestión.

- Chino, ¿me estás diciendo que has perdido dinero y aún te consideras un triunfador? ¿Qué coño es eso? ¿Y cómo has podido leerte veintitrés libros sobre la Chimbolsa? ¿Estás chiflado o qué? — Que no se diga que yo no lo intento, si logramos que responda claramente alguna de las preguntas será todo un éxito.

- Chino triunfador sentir y ser. Chino por ciento quince perder solo y Chimbolsa ciento por cincuenta caer, pero inteligencia con mucha Chino stop-loss ejecutar y daño mínimo ser. Chino esto conseguir porque libros muchos leer y aprender y experto ser y sentir y padecer — espero que tengáis una calculadora a mano para seguir su hilo mental y hacer las operaciones pertinentes que os den las cantidades en juego porque lo que es yo, ando más perdido que Wally.

- ¿Y cuánto has perdido? Si no más me dijiste hace una semana que en tres días habías ganado dos mil quinientos eurolos — este es el envite, el momento de máxima crispación en donde por fin conoceremos la verdad o al menos eso espero.

- Chino dinero no perder porque experto ser y tiempo a detener. Chino triunfa con pérdidas de ciento por quince — otra bala perdida que no llegó a su destino.

- ¿Has perdido el quince por ciento y según tú triunfas? ¿Cuánto dinero? ¿Quinientos euros? — un sutil cambio de estrategia que igual nos conduce hacia la fuente del saber o al menos eso espero porque me produce dolor de cabeza el tener que hacer traducción simultánea del chiquistaní al inglés, al español y a lo que se tercie.

- Chino quinientos no euros perder, quinientos y tres mil ser, pero Chino triunfar porque Chimbolsa ciento por cincuenta caer y por eso Chino ahora bolsa no jugar, negocio bueno no ser y Chino tiempos esperar mejores para dinero perdido ganar — puedo escuchar en mi cabeza a un coro de ángeles cantando el Aleluya porque por fin lo sabemos.

- Dios, has perdido un huevo de pasta. Te acompaño en los sentimientos — le dije procurando no meter el dedo en la herida.

- Chino preocupado estar no, en futuro el Chino ganar — sentenció con determinación.

Y así por fin hemos sabido que el experimento de la Chimbolsa ha acabado con un montón de dinero tirado por la ventana y con el amigo lamiéndose las heridas y tratando de convencerse a sí mismo que es todo un campeón.

… sé agua, mi Chinamigo

Nunca podré agradecerle al gran Dios lo suficiente el que me haya rodeado de gente tan interesante. Gracias a ellos puedo mantener un contenido variado en mi bitácora y siempre, siempre, siempre contenido original. Conviene tenerlo en cuenta cuando me traicionáis y os paráis a leer esos lugares de refritos y copiar+pegar que tanto abundan por la gran Red.

Mi amigo El chino es toda una institución que nos ha dado tanto a lo largo de estos años que no sabría como pagarle. Desde hace tres años está inquieto y se quiere marchar de la empresa, traicionarnos y buscar otro trabajo. Espero que esto nunca suceda porque no sé qué haremos aquí sin él.

La semana pasada el hombre estaba inquieto porque quería mantener una conversación seria con mi compañero de despacho, quería hacerle el tercer o cuarto grado y saberlo todo sobre su nuevo trabajo y la forma en la que había negociado el contrato. Al final el temido momento llegó y aunque el chino quiso llevar la conversación por derroteros más favorables a sus aspiraciones, lo cierto es que acabó derivando hacia lagunas insondables en las que quizás nunca deberíamos haber mirado. Hoy en rigurosa exclusiva tenemos el testimonio de lo que sucedió allí:

- Chino, has venido aquí para hacerme un montón de preguntas, igual que has hecho con todas las personas que han dejado la empresa en los últimos dos años, las cuales se pueden contar por centenas. Está bien que muestres interés pero lo cierto es que eres un cobarde y no te atreves a dar el gran paso. Tienes que dejar de preguntar a los demás y hacer eso que tienes que hacer de una vez — dijo mi amigo holandés al Chino, el cual lo miraba con esos ojos enormes mientras agitaba el cabezón y nosotros nos abrigábamos de la ventolera que estaba generando.

- Chino comprender y entender, preguntas pero hacer y saber y conocer querer. Chino ser cobarde no y grande valor tener. Chino trabajo nuevo buscar cuando llegar adecuado momento y pasos dar, otro tras uno y tras más otro — y como siempre, nosotros procesábamos la información en tiempo real y si no fuera por lo avanzados que estamos en el conocimiento del chinistaní tendríamos auténticos problemas para pillar la hebra de la conversación y poder seguirla.

- Te lo voy a explicar de una forma gráfica. Tú has venido a la piscina y llevas todo este tiempo mirando a la gente que entra en ella y se pone a nadar. Llevas así dos años. No te cansas de mirar y cuando puedes nos preguntas por la temperatura del agua, por la forma en la que nadamos, por los bañadores que usamos pero sigues sin atreverte y ponerte a nadar. En lugar de mirar llega un momento en el que tendrás que tomar la decisión y cuánto más tardes, más te costará. Deja de preguntar a los demás y salta al agua, verás que no es nada complicado y que pronto encontrarás tu camino — le dijo. Aún no sé por qué salió con esta forma críptica de explicar el concepto pero yo desde antes que terminara estaba temblando por las consecuencias emocionales que podía tener este flujo de información en El chino. Su respuesta no se hizo tardar.

- Chino pequeño desde nadar sabe. Chino bueno en agua es y parece y trabajo nuevo querer tener y padecer.

- No me has entendido, lo que quiero que comprendas es que el mercado laboral es una enorme piscina y tienes que saltar a ella para poder encontrar un nuevo trabajo. No puedes seguir ahí mirando y preguntando a la gente. No te lleva a ningún sitio — le dijo comenzando a desesperarse.

- Veo ya, veo ya. Chino entiendo ya. Piscina necesaria ser y deber hacer y nadar poder y querer para trabajo nuevo tener — y no sé por qué yo ya me lo veía venir.

- Me alegro que lo hayas entendido. Sulaco creía que te costaría mucho más pero no ha sido tan difícil. Espero haberte ayudado — el holandés se estaba inflando como un pavo por la satisfacción del trabajo bien hecho.

- Chino entender y ver. Semana próxima piscina ir y apuntar. Chino nadar si para nuevo trabajo conseguir necesario ser. Chino nadador bueno ser y trabajo bueno querer. Chino con gente hablar de piscina y trabajo buscar y en piscina saltar y buscar. Chino comprender. Piscina buena ser — y aquí fue donde la alegría se convirtió en drama.

- NO, NO, no es eso lo que te he dicho. No se trata de ir a la piscina. Se trata de buscar trabajo y no de hablar sobre buscar trabajo todo el tiempo — yo ya me estaba riendo y él me miraba con odio.

- Chino entender, tú preocupar no. Chino Nadar si necesario ser y trabajo bueno encontrar. Chino con gente de piscina hablar.

- Me tengo que ir. Ya hablamos otro día. Piensa en lo que te he dicho. No lo terminas de comprender — le dijo mientras apagaba su ordenador y se preparaba para volver a su casa.

- Chino gracias dar. Tú mucho ayudar y yo en piscina nadar para trabajo encontrar. Tú bella persona ser y parecer y aunque rubio y holandés, apreciarte mucho yo — y se marchó tan contento.

Unos días más tarde, el Chino ya se ha apuntado a la piscina y está convencido que conseguirá un buen trabajo porque está nadando y eso es lo que hay que hacer para conseguir un nuevo empleo. Mi antiguo compañero de despacho ya se ha ido y no se lo podía creer. Intentó ayudarlo y al final lo único que ha logrado es que el otro trague agua todas las tardes pensando que así cambiará de empresa.

El Chinexamen

Hace unos días leíamos sobre el AcChidente de mi amigo el Chino y descubríamos con estupor que el hombre ha decidido sacarse el carné de conducir y así poder aterrorizar a los buenos y honestos Europeos en sus carreteras. Tras meses y meses de teoría y práctica, ayer llegó el Gran Día, el examen práctico. Se despertó como siempre a las dos de la mañana para comprobar la Chimbolsa y de nuevo alrededor de las cinco. Finalmente a las ocho de la mañana, aún cansado con tanto ajetreo nocturno y helado de frío porque se niega a encender la calefacción para no derrochar energía, se metió en la ducha.

En la autoescuela se encontró con su profesor, el cual lo acompañó a hacer el examen. Se acercaron con todos los papeles y el examinador se presentó y entró en el vehículo. El Chino estaba a un paso de sudar tinta china y agitaba el cabezón amarillo como cualquier muñeca de Famosa cuando van camino del portal y con su molesto meneo ponía a prueba la suspensión del coche. Salieron del aparcamiento y enfilaron por una calle de la ciudad. Su profesor cruzaba los dedos y verificó varias veces que su cinturón de seguridad funcionaba perfectamente. El examinador llevaba un café en la mano que procedió a poner en el portavasos del coche. Todo parecía ir de perlas aunque el hombre no dejaba de marcar cosas en su cuadernillo y el Chino trataba de ver lo que escribía al mismo tiempo que mantenía la vista al frente y se repetía su mantra particular: embrague meter, marcha cambiar, embrague soltar, acelerador pisar.

El examinador le dice:

- Cuando pueda a la derecha — y el Chino, que después de cincuenta y cinco clases prácticas ya ha captado las implicaciones semánticas de la frase e intuye su significado más profundo aunque no lo entiende, llegó a la esquina, puso el indicador y ejecutó una maniobra impecable de giro a la derecha.

- Chino derecha parecer y seguir, cambio recibido — confirmó por si quedaba alguna duda mientras su profesor cruzaba con fuerza los dedos para que no lo penalizaran por las boberías que dice.

Siguieron entre un tráfico bastante ligero y pronto recibió una nueva orden:

- En la rotonda, coja la tercera salida, a la izquierda — y sonó igualito que el julay de los GPS TomTom.

- Chino tercera rotonda tomar y seguir, izquierda ser y parecer, recibido cocina, diez-ocho, una de izquierdas marchando — lo que distrajo un poco al hombre que se quedó pensativo con el vaso de café en los labios mientras su cerebro desentrañaba la línea argumental de la información recibida.

Estaban llegando a la rotonda y todo iba bien. El Chino redujo, frenó un poco y agitó el cabezón mientras comprobaba que el tráfico le era favorable, algo que resultó fácil porque la rotonda estaba vacía.

Nadie sabe muy bien lo que pasó y aún tiemblo al pensar en lo dantesca que tuvo que ser la escena pero al entrar en la rotonda, lo hizo en dirección contraria, a la inglesa y se dirigió directamente a la salida de la izquierda como si nada pasara. Ni siquiera fue consciente de los gritos de pánico del examinador que chillaba para que parara ni vio a su profesor persignarse y encomendarse al buen Dios de los cristianos. El Chino continuó tranquilamente hasta que observó que un camión enorme entraba en la rotonda y se dirigía hacia él de frente. Una chispa de comprensión atravesó las bastas distancias de su cabezón y supo que la había pifiado hasta el fondo. Tratando de arreglarlo trató de meter un volantazo y girar ciento ochenta grados y al hacerlo se equivocó y aceleró. El examinador gritaba sin parar y su profesor se tapaba los ojos y le decía que frenara. El Chino seguía sin reaccionar y el camión comenzó a tocar la pita mientras iniciaba maniobras para evitar el accidente.

- Frena, frena, frena, joputaaaaaa — le decía el hombre que lo estaba examinando.

El Chino comprendió la orden y pisó a fondo el freno. El ABS se disparó y el coche se paró en seco. El movimiento fue tan brusco que el café salió disparado hacia el cristal delantero y lo cubrió completamente. Dentro del coche todo el mundo gritaba sin parar.

Después de unos segundos se hizo el silencio. Estaban cruzados en medio de una rotonda, con un camión a menos de un metro del coche y si habían conseguido escapar ilesos era por puro milagro. El examinador salió del coche y se alejó corriendo y el profesor del Chino lo siguió. El colega se quedó pensativo agitando la cabeza en el coche y tratando de comprender lo que podía haber salido mal.

Lo han suspendido con honores. Antes de volver a pasar el examen práctico tendrá que examinarse de nuevo del teórico. Así que es posible que tengamos alguna otra aventura del Chino sacándose el carné de conducir.

ChinRobo

En un mundo tan inseguro como el que nos ha tocado vivir era solo cuestión de tiempo que el Mal en su estado más puro acabara rozando mi entorno. No me refiero a uno de esos cuervos vestidos de negro y sectarios que perpetran atrocidades con niños y siguen trincando dinero de la saca mientras despotrican sino a otro tipo de mal, uno más básico y reconocible. Hace un par de semanas mi amigo el Chino me llamó para informarme que alguien había entrado a su casa a robar. Puesto que vivimos en la misma calle, el tema me preocupó y corrí a su casa a informarme.

Al llegar a la puerta toqué el timbre y tras esperar un minuto y ver que no bajaba a abrir, repetí la operación. Desde la planta alta se veían luces y movimiento y como no bajaba comencé a aporrear la puerta hasta que las sombras me indicaron que estaba en camino. Abrió la puerta masticando algún residuo de la cena o quizás amasando esa gloriosa capa de sarro de la que está tan orgulloso y que cuida con esmero gracias a las bebidas refrescantes de Cola. Le pregunté por lo que había pasado:

- Persona en casa de Chino mala robar. Tarde por la sábado ser. Chino visita a amigos buenos hacer para gratis cena comer y volver al encontrar puerta abierta de casa la — sintetizó con su destreza habitual, juntando palabras alegremente en base a algún tipo de regla que aún está por descubrir. Los lectores habituales ya están muy acostumbrados al tema y seguro que podrán desencriptar la información sin grandes problemas.

- ¿Se llevaron algo? — interrogué porque queremos saber.

- Dinero de Chino llevar. Euros de cientos faltar y barato reloj robar. La casa en toda buscar pero usada televisión y centenario portátil faltar no. Ladrón malvado y musulmán ser. Chino si encontrar, Chino matar — y me miró con expresión desafiante. En todos estos años nunca lo había visto tan alterado y difuso. Incluso para un experto traductor del chiquistaní como yo resultaba difícil seguir la línea de pensamiento de este hombre.

- ¿Y cómo entraron? — salté a otro asunto para ver si así se centraba y nos aclaramos un poco.

- Del Chino cerradura romper. Destornillador usar y apalancar puerta. Hoy cerradura cambiar y nueva poner. Ahora alarma comprar y cepos poner. Vez próxima ladrón caer — me dijo creyendo sus propias palabras.

- ¿A qué hora fue?

- Ser siete u ocho de tarde. Chino a las diez volver y puerta rota ser

- ¿Y nadie escuchó nada? — le dije incrédulo

- Vecinos nada escuchar. Chino primera vez por con ellos hablar y presentar. Decir que nada oír. Ruidos normales ser y parecer — con lo que se confirma algo que yo ya sospechaba, que en estos dos años y medio nunca se había molestado en hablar con la gente que vive a su lado.

- Pues vaya putada. Supongo que ya has informado a la policía y al seguro para que hagan el informe y te paguen los daños — no se puede decir que yo no intento ser constructivo y ayudar en lo que se pueda.

- Policía saber investigar. Seguro facturas pedir de antes pagar. Chino a madre China reloj de factura pedir, más cara y mejor para dinero hacer y beneficio obtener que invertir en Chimbolsa — ya me parecía a mí que nunca le había visto el famoso reloj que menciona. Siempre ha mirado la hora en su teléfono móvil como todo hijo rácano de vecina. Visto que la información era tan escasa y en lo fundamental ya sabía lo básico, decidí cortar por lo sano y volver a la seguridad de mi morada.

- Bueno, mañana nos vemos en el tren. Ya hablamos

- Chino adiós decir, mañana en tren ver — y nos despedimos hasta el día siguiente.

AcChidente

Aprender a conducir es algo que debería formar parte de la educación de los preescolares. Mucho antes de saber leer y escribir se podría recibir la formación necesaria para inculcar en nuestras venas algo tan básico. De no ser así, pasa lo que pasa y nos vemos en situaciones como la que ha vivido mi amigo el Chino hace poco.

El año pasado en sus vacaciones chinas se compró un carnet de conducir en su país. Por un puñado de euros un funcionario corrupto le expidió un documento acreditativo que lo facultaba a conducir vehículos de cuatro ruedas de cualquier peso y tamaño y certificaba su destreza con los mismos. El Chino supuso que con esto sería suficiente y se acercó alegremente a las oficinas municipales de Utrecht para cambiarlo por un carnet de conducir eurocerdo y cual no sería su sorpresa cuando el funcionario municipal le dijo que ese documento en Europa no sirve ni de papel higiénico. Es de suponer que argumentó con su fluidez verbal pero no consiguió nada y terminó por rendirse.

El plan alternativo era el clásico que más de uno habéis seguido. Se apuntó en una autoescuela para preparar el teórico y el práctico y pronto estaba enfrascado en el estudio de los intríngulis del Código de circulación. En Holanda se puede elegir entre inglés y Holandés y el amigo optó por el chiquistaní que tan bien se le da. Estudió durante tres meses el código de circulación, se volvió un erudito del mismo, sabía tanto o más que el autor de semejante joya literaria, se presentó al examen … y lo suspendió. Del disgusto le salieron tres canas que dado el tamaño del cabezón que porta son como cuerdas de guitarra, tanto de largas, como de gordas.

Dejó de trabajar durante una semana en la que estudió cuarenta horas al día y en el segundo intento consiguió un aprobado raspado. Todos sabemos que la parte realmente difícil del carné de conducir es el teórico, el práctico es moco de pavo y hasta un julay sin cerebro lo puede pasar.

Su primera clase práctica la pasó en el aparcamiento sincronizando palabras con su profesor. El hombre le decía lo que era el freno y el Chino procedía a cambiarle el nombre y el uso. En la segunda clase hasta le dejó encender el vehículo y pisar el acelerador en punto muerto. Cuando ya se le acabaron las excusas comenzaron a dar vueltas por un aparcamiento privado y vacío hasta que llegó el bautismo callejero.

El Chino se puso las gafas de ver de cerca, esas que tienen unos cristales tan grandes como las de cualquier folclórica que se precie y que han sido diseñadas para otorgar a su usuario vista periférica, microscópica y macroscópica además de servir como calefactores solares y se agarró al volante con fuerza.

Todo iba bien. Recorrían las calles de Hilversum con cuidado, pasando por Lorentzweg, avanzando por Kamerlingh Onnesweg y tras un rato el profesor le dice:
- Cuando puedas gira a la izquierda, me haría el favor

- Chino, cocina, correcto, recibido, uno, uno-cuatro, diez-cinco, izquierda procediendo a girar — Y que nadie me pregunte por qué coño habla como en las películas de ciencia ficción porque ni yo lo sé. El hecho es que pasó el cruce de Eemnersseweg y no giró.

El profesor de autoescuela se secó la gota incorrupta de sudor que lleva siempre que se pone nervioso en la frente, se agarró el peluquín y respiró hondo antes de repetir la orden:

- Te has saltado el cruce, cuando puedas GIRA A LA IZQUIERDA POR LA GLORIA DE TUS MUERTOS — obviamente subió un poco el tono pero trató de no mostrar ninguna acritud en su orden.

- Correcto, recibido, diez-cuatro, diez-cuatro, izquierda ser y parecer y destino final girar, pronto tanto como pueda — dijo aún agarrado al volante como si se le fuera a escapar el coche y mientras sus gafotas reflejaban la luz cegando a los conductores que venían de frente.

Llegaron a Poolsterstraat y la pasaron de largo sin que nuestro héroe hiciera el más mínimo esfuerzo por girar y continuó como si nada hubiera pasado. El profesor perdió los nervios y su legendaria paciencia dio paso a una soterrada ira que iba creciendo en sus entrañas y se manifestaba con un molesto tic en la mano que lo hacía parecer un pajero.

- Cuando puedas salte a la derecha que tengo que explicarte un par de cosas, me haría el favor. Salte a la derecha y detente

- Recibido rojo-seis. Chino comprender y entender. Misión aceptada. Chino diez-cuatro ejecutar y conseguir. Alfa-Bravo Gama-Teta y tetona — continuó con su jerga inexplicable fruto de años de televisión americana y de series policiacas.

El profesor comenzó a respirar entrecortadamente y la paciencia que había perdido un par de calles más atrás no lo ayudó a tomar la siguiente decisión. Miró al Chino y le gritó:

- Para el coche ahora mismo

- Chino recibido, diez-cuatro — y dio un volantazo brusco hacia la izquierda. En una millonésima de segundo la vida del profesor pasó ante sus ojos, su primera lefada, el matrimonio, el posterior divorcio y mientras veía esta horrible película en la que predominaban los malos momentos su instinto básico le falló y una reacción incontrolable de su cuerpo disparó algún músculo que no debía y pisó el pedal del freno. El coche se detuvo bruscamente en medio del carril contrario, los vehículos que lo seguían comenzaron maniobras evasivas, el chino intentó acelerar calando el motor y en ese instante ambos vieron venir otro auto que pese a intentarlo no consiguió esquivarlos y chocó contra el lateral del coche de autoescuela. Ambos gritaron aunque en idiomas diferentes. Los airbags saltaron y las gafas del Chino salieron disparadas hacia el espacio exterior que estaba más allá de la ventana. Tras lo que les tuvo que parecer una eternidad cesó el movimiento y ambos se miraron. El profesor solo le dijo una cosa:

- Sal de mi coche, joputa — y así fue como el Chino tuvo su primer accidente, incluso antes de tener carné de conducir y logró que su primera autoescuela rompiera el contrato que los unía.

Chimbolsa

Cuando hace decenas de siglos el Dios de los cabezudos fundó China no sabía lo que estaba haciendo y aquella primera semillita se ha convertido en una plaga que amenaza con invadir el mundo entero. Muchos pueden pensar que esto no nos afecta y ni siquiera se dan cuenta que en la tienda de la esquina los empleados chapurrean un idioma extraño, tienen un color enfermizo y unos cabezones como barreños que se agitan provocando peligrosas corrientes de aire. A mí me ha pillado de cerca esta invasión y uno de mis amigos es el Chino, todo un personaje del que se ha hablado muchísimo en esta bitácora.

En las últimas semanas lo veo más demacrado que de costumbre, cansado y rumiando ese sarro que nunca se ha quitado por considerar que el alquitrán de la boca lo protege de las caries dentales. Cae en el tren desfallecido y farfulla palabras incoherentes mientras su vista permanece desenfocada. Se le oye decir compra, compra o vende o stop loss mientras se agita en sus extraños sueños y se despierta desorientado y haciendo como que teclea números en el aire.

Parte de mis deberes y obligaciones como amigo es el mostrar un ficticio interés por sus andanzas así que sin más preámbulos le pregunté por la razón de ese cansancio enfermizo:
- Chino cansado ser y estar, Chino dos a las despertar y en China bolsa operar — explicó con su claridez y precisión habituales.

- ¿Estás jugando en la bolsa china, con la cosa tan mal como está? — le pregunté inocentemente.

- No y sí. Chino en bolsa operar y temprano levantarse pero cosa mala no ser, solo racha negativa pasar y sentir además de padecer. Chino madrugar para operaciones hacer y luego dormir otra vez — con lo que implícitamente reconocía que se gasta el dinero en bolsa.

- ¿Y Chino plata ganar? — Directo a la yugular, buscando respuestas claras

- Situación compleja y difícil ser y fácil ser no ganar y perder dinero pero Chino todo aprender y mejorar y en el futuro mejor hacer y decir — me dijo

- ¿Y esto que quiere decir, que ganas pasta o no? — Segundo intento, posiblemente también fallido

- Chino largo plazo querer estar y ser y bolsa china ser buena — Torpedo que falló y no acertó en la diana.

- ¿Y por qué te levantas a las dos? ¿ no puedes dejar las órdenes de compra y venta en el sistema? — pregunté tras rendirme y asumir que jamás sabremos si gana o pierde dinero.

- Bolsa ser viva y en directo estar. Chino a las dos operar y a las cinco operar nueva vez.

- ¿Cómo? ¿Que te levantas de nuevo a las cinco? ¿Estás loco? — le pregunté sabiendo de antemano la respuesta.

- Chino rico ser querer y sacrificio hacer. Bolsa complicada y trabajosa estar y para dinero ganar trabajo hacer — lo cual aún no sé como tomarmelo.

- O sea, que estás ganando pasta — nuevo intento por otro camino a ver si tengo más suerte que con el anterior.

- Bolsa una noche cosa no ser. Perseverancia y trabajo tener. Chino esta semana descansar porque Año Nuevo Chino ser y bolsa siete días cerrar. Chino dormir. — zanjó el asunto con la elegancia habitual.

- OK. A disfrutar de las vacaciones — y mientras decía esto el tren comenzaba a detenerse en la estación en la que siempre nos bajamos y nos preparamos para bajarnos e ir al trabajo.

Ciudadano van der Chino

En la vida de todo ser humano hay un momento muy especial que por desgracia no recordamos. Es ese en el que sacamos el cabezón del recipiente en el que nos han contenido durante nueve meses y si hay suerte puedes oler pasados unos instantes el fabuloso aroma de una hamburguesa recién hecha en cualquiera de esos restaurantes de comida basura que reciben ese nombre porque la carne no parece carne, las verduras no se las pondrías ni a los cerdos de una granja de Chernobyl y el refresco viene en vasos enormes y llenos de hielo y son más agua que otra cosa.

En la línea del tiempo ese momento llega muy pronto y por eso no lo podemos disfrutar como deberíamos. Sin embargo, unos pocos afortunados reciben la exclusiva oportunidad de nacer por segunda vez, de revivir ese instante mágico y lo pueden hacer siendo adultos. No es algo que tú, o tú o incluso aquel pueda hacer. Tienes que cumplir una condición muy particular. Has de nacer como ciudadano de un país hereje, de una tierra en la que no hayan rubios y después de unos años de duro entrenamiento, después de aprender la lengua sagrada neerlandesa o copiar en el examen que viene a ser lo mismo, después de aprender sobre la cultura holandesa, su forma de vida, su maravillosa historia, después de todo esto recibes una carta en la que te informan que aceptan tu solicitud y tras pasar un último trámite te darán el sacrosanto pasaporte holandés, ese libro que te abre las puertas del cielo, que te vuelve bendito a los ojos del gran Dios de los cristianos.

Esa última prueba, la definitiva, ese momento tan especial es llamado la Ceremonia de Bienvenida. Es el momento en el que vuelves a nacer, escupes y pisoteas la mierda de pasaporte de tu país tercermundista de origen y se te llena el corazón de orgullo al saber que vas a ser holandés. Para ese día tan especial cada ayuntamiento prepara una fiesta en la que los nuevos ciudadanos reciben la bienvenida al Primer Mundo.

A mi amigo el Chino le llegó su hora la semana pasada. Mediante una carta certificada y bendecida por el gobierno holandés se le informó que el martes pasado decía adiós a la mierda de pasaporte chino y a partir de ese instante sería conocido como Burger van der Chinees o Ciudadano van der Chino. El hombre no cabía en sí de gozo porque desde que nació, desde que vio la luz del sol por primera vez sabía que su aspiración máxima era llegar a ser holandés, ser conocido como ciudadano del país del queso y pasear por el mundo con orgullo. El día designado se puso sus mejores ropas de saldo y fue al salón de recepciones del ayuntamiento de la ciudad de Utrecht en el que tendría lugar la ceremonia. Estaba muy nervioso por tener que afrontar ese momento tan importante de su vida.

Al llegar lo recibieron unas chicas rubias guapísimas envueltas en velos que dejaban ver todo el material que había bajo ellos y que se agitaban al ritmo de música holandesa y se ponían duros los pezones con cubitos de hielo para enaltecer a la audiencia. Esas chicas son vírgenes auténticas, seleccionadas entre lo más granado de la población y podrán poner en su currículo que han colaborado a recibir a la nacionalidad verdadera a nuevos ciudadanos. Hasta hace unos veinte años lo de encontrar vírgenes era una tarea relativamente sencilla pero desde que Colgate hizo los tubos esos grandes que parecen consoladores y se empezó a importar en Europa las bananas de Costa Rica es cada vez más difícil encontrar una virgen de verdad. Para suplir la carencia primero se echó mano de las cuervos, las hijas del profeta, esas que no comen carne de cochino, no te miran a los ojos y se tapan con trapos la cabeza. La gente se quejó porque el espectáculo había perdido mucho y además eso de que las cuervos no follen está por demostrar, que algunas son arretrancos sobradamente conocidos. Se pensó en cambiar la ceremonia, en alterar el protocolo y saltarse la Ceremonia de Bienvenida con las vírgenes desnudas pero eso sería tanto como negar nuestro nacimiento, aunque a nadie se le ha ocurrido pensar que las mujeres que paren no son vírgenes, lo normal es que en algún momento anterior al embarazo pierdan ese pequeño sello que certifica su producto. Así que en un país de hombres y mujeres pragmáticos echaron mano de la ciencia y listo. Un día antes de la ceremonia se les restaura el himen a las vírgenes con un poquito de plastilina y así se puede considerar que técnicamente son nuevamente vírgenes.

Tras el sobeteo y los rozamientos con las vírgenes que simulan el nacimiento llega la ceremonia del cordón umbilical en la que se le corta al nuevo ciudadano un mechón de pelo y en caso de calvos se echa mano del pelo del sobaco o del vello púbico. Después se les dan unas tortas en el culo y a mi amigo el Chino se le saltaron las lágrimas cuando le arrearon en el trasero para que llorara por primera vez siendo holandés. Mientras lloraba una de las vírgenes se acercó a cada uno de los candidatos y le ofreció el pecho para que mamara la santa leche neerlandesa y recibiera su bautismo en la nacionalidad verdadera. El Chino no tuvo mucha suerte con la hembra que le tocó y como la tipa estaba cargadísima de silicona acabó chupando plásticos y otras materias que seguramente sean cancerígenas. Aún así, disfrutó el momento y cuando acabó su primer biberón de auténtica leche holandesa firmó los papeles, la gente lo felicitó y lo abrazó y le sugirieron que se tiña el pelo de rubio y afronte esta nueva etapa de su vida con optimismo.

A partir de ahora, el hombre anteriormente conocido como el Chino será el Ciudadano van der Chino aunque en esta bitácora seguiremos llamándolo el Chino porque hay confianza.

Comida Chimbasura

Mis límites de intolerancia son cada vez más bajos y sé perfectamente que me falta paciencia para aguantar situaciones que hace un lustro ni me arquearían una ceja. Llamadlo inmadurez o como queráis pero uno no puede ser un infame escritor de bitácora y tener que sufrir situaciones como la que he vivido hoy por segunda vez.

Mi amigo el Chino ha desarrollado una nueva manía que me puede. Si un evento sucede una sola vez uno le da otra oportunidad y piensa que fue un momento de debilidad pero cuando lo repite es pura alevosía y hay que buscar ayuda. Hoy a la hora del almuerzo me avisó para irnos a caminar juntos. Normalmente voy con el Moreno y el asiático se nos une de cuando en cuando. Los jueves el Moreno trabaja desde casa por la mañana y suelo caminar solo con el Chino. Al mediodía nos vimos en la puerta del complejo de edificios de nuestra empresa y buscamos la ruta habitual para esta época del año, un camino a través de calles residenciales llenas de pequeños y cuidados jardines y que desemboca en un pequeño centro comercial. Allí nos separamos por unos instantes. Yo quería comprar en una tienda y él quería comprarse comida. Quedamos en vernos en unos bancos para sentarnos a observar a la fauna unos minutos y reírnos de la gente.

Cuando acabé mis compras fui al punto de encuentro y me lo encontré. Estaba comiendo. Y ese fue el problema. Hay comidas y comidas. Ahora le ha dado por combinaciones exóticas que según él son más sanas y que resultan complementarias. No sé de donde sacó la manía pero la primera vez que la observé fue cuando volvió de sus vacaciones en China. Se compra uno o dos muslos de pollo asado y los devora allí mismo, poniéndose perdido de grasa y pellejos de pollo. Lo muerde como si fuera un puto león disfrutando del venado que acaba de matar, dándole bocados a la carne y escupiendo los huesos cuando pilla alguno. Hace unos ruidos guturales extrañísimos que me ponen tan nervioso como el hedor a pollo y el montón de huesos que se forma en el suelo delante de él. Hacia la mitad del banquete se toma un descanso y saca de otra bolsa uno o dos Appelflappen (os sugiero que sigáis el enlace a la wikipedia para ver una foto del producto), unos triángulos de hojaldre rellenos de una especie de compota de manzana y recubiertos de cristales de azúcar. Esto se come para desayunar o a la hora de la merienda pero no junto a muslos de pollo asados. Al hedor del pollo se le mezcla el tufo a manzana y azúcar y termina provocándome. Cuando se ha comido medio appelflap vuelve a cambiar al pollo y le sigue dando bocados y a partir de ese momento alterna el appelflap con el muslo de pollo. Yo la primera vez no podía creer lo que estaba viendo y en la segunda directamente elegí no mirar y tratar de concentrarme en un perro que cagaba cerca de donde estábamos sentados.

Cuando acaba el festín de comida chimbasura abre una lata de Coca-Cola y se pone a hacer gárgaras con dicho producto para limpiarse los dientes como hace cada día desde que algún chino de mierda le dijo que el refresco tiene las mismas propiedades que la pasta dentífrica. Volvimos a la oficina con el pestazo a pollo siguiéndonos porque por más que se enjuague la boca las manos las sigue teniendo llenas de grasa.

Las dos ocasiones en las que me ha premiado con este dantesco espectáculo han coincidido con los días en que el Moreno no camina con nosotros así que ya tengo decidido que a partir de ahora jamás volveré a caminar con él si no estamos acompañados.