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Comida Chimbasura

Mis límites de intolerancia son cada vez más bajos y sé perfectamente que me falta paciencia para aguantar situaciones que hace un lustro ni me arquearían una ceja. Llamadlo inmadurez o como queráis pero uno no puede ser un infame escritor de bitácora y tener que sufrir situaciones como la que he vivido hoy por segunda vez.

Mi amigo el Chino ha desarrollado una nueva manía que me puede. Si un evento sucede una sola vez uno le da otra oportunidad y piensa que fue un momento de debilidad pero cuando lo repite es pura alevosía y hay que buscar ayuda. Hoy a la hora del almuerzo me avisó para irnos a caminar juntos. Normalmente voy con el Moreno y el asiático se nos une de cuando en cuando. Los jueves el Moreno trabaja desde casa por la mañana y suelo caminar solo con el Chino. Al mediodía nos vimos en la puerta del complejo de edificios de nuestra empresa y buscamos la ruta habitual para esta época del año, un camino a través de calles residenciales llenas de pequeños y cuidados jardines y que desemboca en un pequeño centro comercial. Allí nos separamos por unos instantes. Yo quería comprar en una tienda y él quería comprarse comida. Quedamos en vernos en unos bancos para sentarnos a observar a la fauna unos minutos y reírnos de la gente.

Cuando acabé mis compras fui al punto de encuentro y me lo encontré. Estaba comiendo. Y ese fue el problema. Hay comidas y comidas. Ahora le ha dado por combinaciones exóticas que según él son más sanas y que resultan complementarias. No sé de donde sacó la manía pero la primera vez que la observé fue cuando volvió de sus vacaciones en China. Se compra uno o dos muslos de pollo asado y los devora allí mismo, poniéndose perdido de grasa y pellejos de pollo. Lo muerde como si fuera un puto león disfrutando del venado que acaba de matar, dándole bocados a la carne y escupiendo los huesos cuando pilla alguno. Hace unos ruidos guturales extrañísimos que me ponen tan nervioso como el hedor a pollo y el montón de huesos que se forma en el suelo delante de él. Hacia la mitad del banquete se toma un descanso y saca de otra bolsa uno o dos Appelflappen (os sugiero que sigáis el enlace a la wikipedia para ver una foto del producto), unos triángulos de hojaldre rellenos de una especie de compota de manzana y recubiertos de cristales de azúcar. Esto se come para desayunar o a la hora de la merienda pero no junto a muslos de pollo asados. Al hedor del pollo se le mezcla el tufo a manzana y azúcar y termina provocándome. Cuando se ha comido medio appelflap vuelve a cambiar al pollo y le sigue dando bocados y a partir de ese momento alterna el appelflap con el muslo de pollo. Yo la primera vez no podía creer lo que estaba viendo y en la segunda directamente elegí no mirar y tratar de concentrarme en un perro que cagaba cerca de donde estábamos sentados.

Cuando acaba el festín de comida chimbasura abre una lata de Coca-Cola y se pone a hacer gárgaras con dicho producto para limpiarse los dientes como hace cada día desde que algún chino de mierda le dijo que el refresco tiene las mismas propiedades que la pasta dentífrica. Volvimos a la oficina con el pestazo a pollo siguiéndonos porque por más que se enjuague la boca las manos las sigue teniendo llenas de grasa.

Las dos ocasiones en las que me ha premiado con este dantesco espectáculo han coincidido con los días en que el Moreno no camina con nosotros así que ya tengo decidido que a partir de ahora jamás volveré a caminar con él si no estamos acompañados.

Chino 2.0

Después de un mes sin noticias del Chino por culpa de sus extensas vacaciones en su país, todos esperábamos con ansia el momento en el que volvería a pisar la tierra que le ha dado un pasaporte europeo y lo ha convertido en ciudadano de primera. Han sido más de cuatro semanas de angustia recibiendo noticias con cuentagotas y esperando que ahora que es el hombre más deseado de las mujeres chinas no se nos quede allí y nos deje sin jugosos comentarios.

Ha habido suerte. El primer día de vuelta al cole me lo encuentro en la estación. Me quedé frizado cuando lo vi, se me torcieron las chacras de la impresión. Era una versión totalmente distinta y empeorada del Chino que hemos conocido de siempre. El tremendo cabezón seguía siendo el mismo, esa testa mastodóntica por la que circulan autopistas de seis carriles de piojos que recorren largas distancias ya que la superficie de cuero cabelludo es semejante a la de un continente. Después de trabajar habíamos quedado para ir al Cartouche con el Moreno y otro amigo que siempre ha querido permanecer en la sombra y al que ni siquiera le pongo mote. Para aquellos que no lo sepan, el Cartouche es el templo de las costillas,el mejor lugar del mundo para comer semejante delicia y fue totalmente injusto que no lo incluyeran entre las nuevas Siete Maravillas porque merece la primera plaza sin ninguna duda.

Al llegar no pudimos aguantar más y tuvimos que sonsacar al Chino algo sobre su nuevo aspecto. Nos lo encontramos vestido de ejecutivo intelectualizado y tímidamente agresivo con una camisa de rayas verdes y blancas que parecía de papel del malo y que en los puestos de gitanos del mercadillo de cualquier pueblo no vale más de un euro. Nos confirmó que es diseño puro y duro de su ex-país y que en Europa resulta casi imposible conseguir esa calidad obviamente superior a la de cualquier otro país. Como pantalones llevaba unos vaqueros a los que el calificativo de horrorosos no le hace justicia. Eran como de pordiosero tirando a menos y a ojo de buen cubero yo los tasé en dos euros máximo tres, aunque el hombre nos juró por la gloria de sus ancestros que son un modelo exclusivo de un gran diseñador y que casi que no se pueden pagar con dinero.

Los calcetines eran como los de mi bisabuelo al que nunca conocí, unas fundas canelas horrorosas que asomaban bajo los pantalones dos tallas demasiado cortos y que por supuesto también venían de la Gran China y los zapatos según él eran de diseño italiano y quizás tenga razón, pero cuando pillas el diseño italiano y lo replicas en plástico lo que consigues es algo parecido a las botas acuáticas.

Lo mejor del todo era su nueva bolsa para llevar el portátil. Absorbía la luz y la multiplicaba por diez reluciendo tanto que me tuve que poner las gafas de sol para poder permanecer junto a ella. Nos dijo que era una ganga de piel de cocodrilo auténtica que le costó noventa eurolos de los de ahora, todo un chollo que no hay forma o manera de conseguir en Europa. El Moreno y un servidor la analizamos atentamente y aquello era más plástico moldeado simulando piel y pegado con cola por todos lados. El Moreno trató de explicárselo:

Esto cocodrilo de piel ser no auténtico. Esto ser plástico y tener calidad mala — le dijo contundentemente.
Cocodrilo de piel auténtico ser y plástico no ser. Tú equivocado estar y ser persona mala porque Chino con dudas contaminar — respondío.
Chino, afróntalo. Esto falso ser y parecer y tú no más de cuatro euros pagar. Bonita cartera de plástico ser y estar y seguro que al menos seis meses poder usar antes de romper y tirar para otra comprar — le dije yo también para tratar de convencerlo.
Tú equivocado ser también. Auténtica cartera que de cocodrilo padecer y morir y piel entregar para cartera de lujo María puro fabricar y Chino con dinero mucho comprar y ahora usar — se volvió a reafirmar sin darnos tregua.
Tú mismo pero que sepas que falsa ser — concluyó el Moreno.

Después de intentar convencerlo en vano tuvimos que desistir y dejarlo vestido con esa pinta de primo hermano de Austin Powers y convencido que su cartera es la sensación. Nos pedimos las costillas de rigor y pasamos la tarde bebiendo cervezas dobles mientras nuestro amigo se inflaba a Coca-Cola y hacía sus gárgaras de rigor para mejorar su dentadura con los poderes curativos de la Cola.

La Chimbacoa

Ya comenté en su día lo sacrificado que es hacer una barbacoa cuando uno es chino. Como todos los veranos mi amigo el Chino organiza el evento que revoluciona a toda la comunidad amarilla del país. Uno está tan tranquilo en su casa, comiendo su comida amarilla en su cuenco y con sus palillos y de repente oyes un chimpún característico y sabes que ha llegado un nuevo correo y te acercas a tu ordenador de penúltima o antepenúltima generación porque los Chinos solo compran máquinas malas que funcionen con güindous ilegal, casi como los españoles y cuando miran esa pantalla semiverdosa y que tiembla como si estuviera aquejada por alguna enfermedad papal ven que les ha llegado un correo del Chino. Lo abren temblando de la emoción y se encuentran con una invitación para dos días más tarde en Lunetten, al sur de Utrecht, en la casa del susodicho. Por la lista de invitados saben que serán al menos treinta asiáticos ya que nadie se atreve a rechazar el evento, que todos saben como se las gasta este hombre. Exactamente diez segundos después de haber leído el correo suena el teléfono y no tienen ni que mirar el teléfono para saber quien les llama:

– Mishi Mishi
– Mishi Misho. Aquí El chino por la de tu madre gloria. En momento de tu vida lejano no mucho correo mandar y en mi casa chimbacoa invitado ser y estar si querer tú y poder — le cuenta el colega en ese idioma tan peculiar que han desarrollado todos.
– Nosotros compromiso tener pero pronto cancelar, que Chino más importante ser y por mundo del nada chimbacoa perder — le confirma el que ha recibido la llamada.
– Bueno ser y en mi casa esperar, chimbacoa de este año nunca mejor que ser, treinta personas haber y abundancia en comida tener — confirma para que se queden tranquilos.

La escena se repite un montón de veces y con una lista de la que no se ha caído ninguno de los invitados el colega se acuesta tranquilo porque una vez más, el mayor evento veraniego tendrá lugar en su casa. Todos los invitados tienen algo en común, hablan Chiquistaní y Chino Mandarín en la intimidad, como el hombre me dijo una vez, él no se junta con Chinos cantoneses porque esos son gentuza de clase baja, el equivalente a los parias europeos (y os doy total libertad para que sustituyáis parias por aquella raza, subespecie o gremio a la que tengáis manía). La Chimbacoa está prevista para el domingo así que el sábado, se acerca al supermercado para aprovisionarse. Se va directo a la sección de carne y descubre que hay un montón de carne que caduca en el día a precio de ganga. La compra toda porque es bien sabido que lo de las fechas de caducidad es una leyenda urbana creada por las cadenas de alimentación y las cosas se pueden comer bien superada dicha fecha. Como son chinos no tiene que comprar cerveza y en su lugar se aprovisiona de Chimbacola y de todo aquello que está en oferta. Compra una botella de petróleo para encender el fuego y dos bolsas de carbón del malo. Dado que el evento es en veinticuatro horas, pone la carne en la nevera, la cual parece la boca de una cueva salvaje, con un musgo negro y feroz que crece en las paredes desde hace dos años y que al parecer es sanísimo y aporta iones positivos a todo aquello que guardas en el interior de la misma.

Entre los preparativos logísticos está el conseguir treinta sillas para que se sienten los treinta chinos porque una Chimbacoa no sería lo mismo si la gente se tuviera que quedar de pie. Me llama e ignoro la llamada. Tonto no soy y ya sé por dónde van los tiros. Previamente he bajado las persianas de la ventana delantera de mi casa y desconectado el timbre de la puerta. Ni de coña le dejo las sillas de mi comedor, ya que este hombre no parece captar el concepto y paso de explicarle que unas sillas que valen casi trescientos euros cada una no se sacan a la calle para una barbacoa de gentuza amarilla. Al final terminará pidiendo a los asistentes que traigan sus propias sillas ya que él solo tiene unas doce.

Después de dos años de intensas deliberaciones el Chino ha decidido abrir todas las persianas de su casa e incluso las ventanas para este evento. Es algo increíble y sin parangón, más si tenemos en cuenta que multitud de universidades le han pedido en repetidas ocasiones acceso a su casa para investigar la atmósfera que existía en esta parte de Europa hace dos años, ya que no quedan muchos lugares en los que ese aire se haya conservado sin renovar. El Chino está muy orgulloso de este aire corrupto pero como el año anterior hubo algunas habladurías entre los miembros de la comunidad ha querido cortar por lo sano y con las persianas levantadas y las ventanas abiertas la luz consigue entrar por fin en aquel lugar que tenía prohibido desde hace tanto tiempo. Algunos de sus vecinos se asoman a sus ventanas y lloran de la emoción porque ya habían perdido la fe en volver a ver aquella casa aparentar normalidad.

Para la Chimbacoa lo primero es lo primero y se ponen las tres barbacoas en paralelo, con el carbón debidamente mojado en petróleo y la carnaza encima desde el principio para ahorrar carbón y no desaprovechar ni una sola llama. Por supuesto al encender los fuegos sale un montón de humo que contamina esta primera carne pero a ellos no parece importarles porque al fin y al cabo, es una chimbacoa y han de hacerse así.

La Chimbacola llena los vasos, el Chiquistaní es el idioma más hablado y todo el mundo está comiendo contentos y debidamente protegidos del sol ya que no quieren tomar algo de color y ser considerados de clase baja por lo que hay varias sombrillas repartidas por el jardín. Es todo un éxito y el evento será recordado sin lugar a dudas por la perfección de la organización y la destreza y profesionalidad del anfitrión. Todo marcha sobre ruedas y ya queda menos de una hora para que acaben cuando una de las chinas más viejas sale corriendo y se mete en el baño de la planta baja, el único con un retrete operativo ya que el de la planta alta se rompió hace un año y aún no lo ha arreglado. La china sale al rato medio demacrada y confirma que lo ha chimbado todo, que ha jiñado como nunca antes en su vida. Aún está relatando con todo lujo de detalles como pensó que la había poseído uno de esos virus de ordenador y que moriría con su güindous contaminado porque el estómago se le agitaba sola cuando otro Chino se excusa y sale abierto para el baño. Desde donde están pueden oír la explosión producida por la mierda al superar la velocidad del sonido y se les ponen los vellos de punta por el ruido de las uñas negras y sin cortar del colega que rascan la pared al sujetarse a la misma para hacer más fuerza. El hombre está aún pujando cuando otro comienza a aporrear la puerta para que salga y lo deje entrar. Lo que era una chimbacoa maravillosa se convierte en un drama de dantescas proporciones con treinta chinos que se chimban por las patas pa’bajo.

Algunos acabaron acuclillándose en algún rincón del jardín y descargando su mercancía letal mientras los menos afortunados entraban en aquel baño que tras el quinto bombardeo despedía un hedor insoportable. La gente se marchó farfullando excusas por lo bajo y al día siguiente nadie respondió a las llamada ni a los correos. La chimbacoa se saldó con un cien por cien de bajas y un virus extraño que el Chino achacó a la lechuga aunque la mayor parte de la gente no la probó. Está claro que comprar carne caducada para una chimbacoa no compensa.

Otra llamada

Otra fresca mañana de primavera en la que el cielo amanece parcialmente nuboso con humedad un poco alta y una probabilidad del treinta y cinco por ciento de lluvia. Llego a la estación y por culpa de las nuevas medidas de seguridad impuestas para incrementar nuestra protección ante la creciente posibilidad de un ataque de terroristas hijosdeputa islámicos en este hermoso país tengo que dar un rodeo y llego al andén por unas escaleras. El tren aparece puntualmente y subo a uno de los vagones en los que se permiten bicicletas escuchando un audiobook. Mis peores temores se confirman un par de minutos más tarde, cuando estamos a punto de partir y aparece El Chino con su bicicleta la Pitusa. Lo saludo resignado y respiro hondo. Aún me acuerdo de lo que sucedió el día anterior cuando el colega me abordó en el tren y pensé que me moría. Ya he explicado el concepto de higiene bucal chino, esa cultura milenaria en la que de tanto que inventaron se les olvidó la pasta dentífrica y los cepillos de dientes y han optado por las gárgaras con refresco de Cola. Un lunes cualquiera este hombre llega después de un atracón en un restaurante chino con bufete y no hay quien permanezca a menos de diez metros de él, su aliento mata hasta las bacterias más dañinas. He visto mujeres hechas y derechas llorar y salir corriendo después de menos de treinta segundos bajo el influjo de esa pestilencia fétida, he visto estrellas morir al recibir esos vientos bucales odoríferos y he podido ser testigo de esas caries que han sufrido tanto en esta vida, que han de sobrevivir en ese ecosistema hostil. Le rezo al gran Dios de los católicos para que no lo haya alimentado la noche anterior con jareas o algún tipo de pescado seco y pienso en todas esas sugerencias que he enviado a la empresa ferroviaria para que compren trenes con ventanas que se puedan abrir. Al Chino le precede ese agrio olor a carne podrida y macerada en salsa de ostras incorruptas. Se sienta frente a mí. En ese momento se cierran las puertas del tren y comenzamos a movernos. Voy a decir algo inteligente y sofisticado cuando le suena el teléfono móvil. Mira a la pantalla y dice:

– Mishi, Mishi, Omaiiiiiiita — y suelta una retahíla en Chino auténtico que me deja pasmado. Tras unos instantes de silencio en los que parece estar escuchando con gran atención me mira irritado.

–Yo a señora del JardínFrondoso decir que examen no hacer, yo holandés prueba pasar con trampas y repetir querer no. Usted no comprender. Yo Eurocerdo pronto ser y pasaporte azul tener y visa no pagar más. Usted llamar a mí no más o yo teléfono no coger — dijo mezclando al menos tres idiomas y quizás cuatro o más. Una jovencita sin barba y posiblemente sin bragas que se sentaba al otro lado del pasillo salió huyendo del hedor que escapaba de aquella boca parlanchina. En algún lugar del mundo un lobo-hombre aullaba y seguro que no era en París. El tren corría por las vías a ciento treinta kilómetros por hora cuando El Chino se vuelve a quedar callado escuchando.

– Tú comprender no, yo ser claro y puños decir como verdades. Examen nuevo pasar no, aprobado ser y estar, holandés pasaporte con esfuerzo y trampas ganar. Tú Chino honesto engañar querer y Chino picar no incluso si tapas ser. Fin de semana ni noche ni día examen nuevo hacer porque trampa ser y quitar pasaporte — le dijo al hombre mayormente en chiquistaní aunque algo de inglés también hubo pero de nuevo os he de recordar que la traducción simultánea hace maravillas. Cortó el teléfono según acabó de hablar y lo apagó inmediatamente para que no lo pudieran llamar de nuevo.

– Otra vez te han llamado los de la Oficina para la Asimilación y Regurgitación de los Inmigrantes. — pregunté conociendo de antemano la respuesta.

– Llamada de ellos ser. Yo madre primero creer que ser porque número en pantalla desconocido tener y cena en China la hora ser pero persona mala ser e insistir de nuevo y examen querer hacer que yo. Engañarme no. Listo Chino ser. Yo prueba superar — me dijo indignado. Con el tiempo que había transcurrido mis sensores olfativos estaban totalmente saturados y yo ya no podía oler el hedor pero algunos incautos seguían abandonando el vagón.

– Tendrás que hacer algo. Deja de responder al teléfono o cámbiate de número — sugerí inocentemente.

– Cambio de número idea buena ser. Yo prepago de tarjeta comprar y número coger nuevo — y ahí dejamos el molesto incidente con el que comenzó nuestro viaje hacia el trabajo esta mañana.

La llamada

Una fresca mañana de primavera en algún lugar de la ciudad de Utrecht, en pleno centro del mundo suena un teléfono móvil. No es un tono convencional, se trata de la canción que copa las listas de éxitos de China en estos o en otros momentos. El teléfono baila sobre una mesa de cristal mientras su propietario sale del baño con los pantalones a medio subir y corre para responder antes que salte el contestador automático, ese en el que solo se escucha un sonido, un gutural ¡UGH! al que sucede un pitido. Consigue coger el teléfono exactamente tres segundos antes del límite:

–Mishi, mishi — saluda a su interlocutor sin identificación de número de llamada.

– Buenos días, le habla Petra del JardínFrondoso de la Oficina para la Asimilación y Regurgitación de los Inmigrantes. Me gustaría hacerle unas preguntas y una proposición — dijo una voz femenina algo rasgada después de veinte años fumando y comiendo nabos. Gracias a las maravillas del doblaje y la traducción simultánea con las que hemos sido dotados todos los españoles todo el texto anterior estaba en Holandés pero en distorsiones podemos leerlo en el mismo cristiano sencillo con el que Jesucristo escribió la Biblia.

–Mishi, mishi — repitió repitió El Chino después de no comprender lo que le habían dicho.

– Hola buenos días, me llamo Petra del JardínFrondoso y le llamaba de la Oficina para la Asimilación y Regurgitación de los Inmigrantes. Quería hacerle unas preguntas si no le molesto en estos o en otros momentos — volvió a repetir la mujer. De nuevo soltó la parrafada en holandés.

– Holandés hablar yo no, Mandarín Chino y Chiquistaní hablar yo — le dijo el colega en un perfecto Chiquistaní que podemos comprender gracias al doblaje único que practicamos en España.

–Usted habla holandés. Según nuestros archivos ha superado hace poco el examen NT2 que determina un profundo conocimiento de la lengua gargárica y gracias a esa prueba superada y a sus múltiples años en las Tierras Bajas le ha sido concedido un pasaporte de la Gloriosa Unión Europea que le permitirá viajar por todos los países del mundo e incluso más allá sin que nadie lo detenga por ser un terrorista internacional — le dijo la mujer en Holandés.

El Chino se quedó callado durante un minuto mientras trataba de procesar la información recibida y su sistema de traducción en tiempo y espacio irreal hacía lo que podía para reconvertir esas palabras al Mandarín y al Chiquitistaní. Después de lo que pareció toda una vida le dijo: – Yo Chino ser, HOlandés poco hablar, pasaporte europeo querer para visa no pagar y terrorista no ser — información que transmitió entre inglés, chiquistaní y holandés a partes iguales.

La mujer no se amedrentó y continuó: –Usted ha superado recientemente el NT2 y nos gustaría que acuda a nuestras oficinas para que pruebe el nuevo examen de holandés que estamos preparando para la miasma inmigrante que llega a nuestras tierras. Gracias a sus sabios comentarios podremos mejorarlo y así usted podrá ayudar a otros inmigrantes que como usted llegan a esta nuestra tierra — le dijo la holandesa.

– Chino holandés examen ya superar. Chino examen nuevo no hacer, holandés idioma difícil ser y Chino trampas hacer para examen pasar — le chapurreó rápidamente mientras se comenzaba a poner nervioso – Chino esperando pasaporte estar y superadas pruebas ser. No de nuevo pasar — y sin darle tiempo a responder cortó el teléfono.

Antes de volver a recibir una nueva llamada apagó corriendo el teléfono para no tener que hablar con esa malvada mujer que le quiere quitar el pasaporte que con tanto esfuerzo se ha ganado y salió disparado para la estación para no perder el tren.

Chinadas de barbacoa

Tres de los pilares que sustentan este viaje a través de mi mundo son El chino, El turco y Er Dani y doy por sentado que todos los lectores habituales se han currado esas tres categorías a conciencia y saben de qué va el tema. A algunos de ustedes les ha sonreído la suerte y han conocido a uno o a otro. Son personajes reales, con carne y substancia que tuvieron la mala suerte de caer bajo mi ojo distorsionado. Mi amigo El chino es una fuente inagotable de temas para escribir y hoy voy a hablar sobre un par de esas chinadas.

Chinada número uno
Después de unas semanas de sol y temperaturas por encima de los veinte grados salimos a pasear a la hora del almuerzo. Vamos hablando y como siempre caminando por la sombra porque el chino considera que solo la gente de clase baja se expone al sol (y yo soy de la Isleta que es como lo peor de lo peor si exceptuamos Jinamar y Vecindario). Le cuento al chino que el domingo hice una barbacoa en mi casa para cenar, que me apetecía comer pinchitos con carne y verduras y encendí el brasero y los cociné junto con una ensalada y unos dátiles con beicon hechos a la parrilla. Mi amigo me dice:
Eso barbacoa ser no. Otra cosa ser. Barbacoa con gente mucha ser debe. Personas diez o más y comer todos y sin parar en jardín hablar.

Yo le lanzo mi mejor mirada SantaTeresiana, esa con los párpados semicaídos y con la que pretendo dar a entender mi concepto de pena infinita y me paro en la calle. Le digo:
¿Qué tu dices, Chamo? Disgusto tan grande querer tú darme a mí. Yo brasero encender, comida a la parrilla cocinar, barbacoa ser por la forma en la que comida cocinar.

Tú no saber querer. Tú entender barbacoa no. Barbacoa con gente ser y amigos comer por la chepa y tú para todos cocinar y mucha gente en jardín haber y grandes sombrillas poner y del sol proteger. Eso barbacoa ser y no comida en brasero — me dijo sin que se le cambe la peluca. En eso que me paro a pensar y le cuento:

Yo a casa de amigos ir y con ellos en jardín cenar y comida en barbacoa cocinar. ¿Barbacoa ser eso o tampoco ser? — le pregunto de cachondeo.

Barbacoa eso no ser porque mucha gente haber no. Barbacoa digo con mucha gente como ser y si amigos muchos no haber entonces barbacoa no ser y comida mala ser.

Chinada número dos
¿Cómo que comida mala ser? Tú chiflado estar. Comida a la barbacoa es más sana porque cocinas sin aceite y haces la comida de una forma más natural. Estás acarajotado con ese cabezón que te gastas. Esto te pasa por no ponerte al sol, hijo de la Gran China.

Tú nada saber. Yo de la Gran China venir y todo saber y comida en barbacoa mala ser porque humo coger y humo malo ser para salud. Yo barbacoa una sola vez hacer al año porque buena no ser y cientos da años vivir querer — me dice muy serio y por alguna razón mi capacidad de sorprenderme ya está acostumbrada a estas volatadas y como que no me altero.

Tú muy mal estar, Chino. Comida a la brasa humo no tener. Yo barbacoa encender y después que prende el carbón y alcanza la temperatura adecuada pongo la comida y se cocina sin humo. No sé como coño lo haces tú pero la comida a la barbacoa es muy sana y definitivamente no está ahumada si sabes como encenderla — lo vuelvo a intentar porque nunca se sabe e igual cuela y me hace algo de caso.

Como siempre tú equivocado estar. Comida a la barbacoa mala ser. En China gente mucho vivir y barbacoa comer no. Nosotros más de esto saber que tú — volvió a insistir con su teoría sacada de Dios sabe donde.

Como no estaba por la labor y no hay forma humana de convencerlo lo dejé con sus estúpidas creencias y el día que reviente ya me reiré de él. Yo seguiré encendiendo mi barbacoa siempre que me apetezca y el tiempo se preste e iré a visitar amigos para comer en el jardín, al solito y cocinaremos la comida sin que se nos ahume.

Chino Copión

Copycat es un término que usamos en inglés para referirnos a personas que copian lo que otros hacen. Yo he descubierto que tengo uno de esos, un copión que cuando se entera de lo que yo estoy haciendo se lanza a repetirlo con descaro. Se trata de mi amigo el Chino, esa leyenda de esta bitácora que tantos adoráis. Cuando yo compré mi casa, mi amigo no tardó ni una semana en copiarme y encima compró en mi misma calle. Así ha sido con todo y ahora ha dado una nueva vuelta de tuerca con lo de la mucama. Según se enteró se puso en movimiento para conseguir también una porque es justo y necesario que te limpien la casa y recojan tu mierda, sobre todo cuando tú nunca lo haces. Primero trató de lograr la opción más barata. Llamó a la cabezuda de su hermana y le dijo que a partir de ahora se tenía que pasar cada dos fines de semana por su casa a limpiarle que para algo le está pasando dinero mientras estudia corte y decepción en una escuela de moda de Amsterdam, estudios que una vez vuelva a su país le servirán para copiar los modelos de las cadenas de éxito europeas y venderlos con etiquetas falsas más baratos. Su hermana le dijo que ella es una artista, que tiene un MacBook y que no se ve limpiando, que eso es más de turcas de mierda y seres inferiores y ella nació en la GRAN China. Tras el fracaso llegó el momento para la reflexión y demás pero no iba a ningún lado. Preguntó a otros chinos de la provincia y estos le dijeron que lo mejor en estas ocasiones es casarte con una coreana que valen quinientos dólares y no hablan tu idioma pero que limpian y cocinan y hasta te la chupan. Sus amigos le dijeron que lo hace todo el mundo, que desde que su país comenzó a vender las niñas a los europeos han descubierto que mejor una coreana, que pese a lo cabezudas que son están muy bien. El Chino aún no quiere seguir la vía coreana y todavía confía en casarse con una China de pura cepa así que finalmente se tuvo que atener a razones. Quedó conmigo para tomar un café en el trabajo y con el rabo entre las piernas (como siempre) me comentó que quería contactar con mi limpiadora para que se haga también su casa. Sus palabras exactas fueron: Yo casa tuya ver y limpiadora comprobar para llamar y luego casa mía hacer — o sea que quería revisar mi casa para ver si mi limpiadora cumple los criterios mínimos de calidad que él exige a una profesional de la fregona. Esto viene de una persona que tiene una colonia de microbios del tamaño de nueces en su ducha y una bola de pelo del tamaño de una manzana en su lavamanos por no contar que el retrete de su baño principal dejó de funcionar hace un año y aún no le ha echado un balde de agua. Traté de explicarle que mi casa en un mal día está más limpia que su casa cualquier otro día y que tras el paso de la limpiadora no se puede comparar con la de él pero no hubo manera. El hombre estaba muy interesado en saber qué instrucciones le doy a la limpiadora y como le dirijo el trabajo. Cuando le conté que yo le dejo el dinero encima de la mesa y que ella sabe lo que tiene que hacer sin que yo le diga nada no se lo podía creer, seguía insistiendo en que hay que indicarle los lugares a limpiar y explicarle como quieres que lo haga. No me hizo ni caso. Su otra preocupación era relativa a lo que yo hago para que no me robe nada o me quite mi porno. Me preguntó si cierro alguna habitación con llave o lo escondo en el ático. Yo le respondí que en mi casa no hay nada que ocultar y que si a ella le interesa el porno que tengo se lo puedo grabar en un par de DVDs para que se lo lleve. De paso le pedí que me grabe las películas de chinas fornicadoras que tiene porque puede que me interesen pero eso no le gustó nada.

Un día después de pasar mi mucama por casa vino el Chino a pasar revista. Le obligué a quitarse los zapatos a la entrada y entró mirando rincones, tocando muebles con el dedo y comprobando que todo estaba limpio. No me lo podía creer. Le prohibí subir al piso de arriba así que se tuvo que conformar con una inspección ocular de la planta baja. Estuvo diez minutos mirando aquí y allí y haciendo preguntas sobre el operativo y el tiempo que le había tomado a la mujer el realizar su tarea. Como yo no estaba en la casa no le pude responder y le dije que tampoco me preocupaba, que yo pago, ella realiza un servicio y si no estoy satisfecho no la vuelvo a llamar.

Le ha tomado semanas de meditación y el domingo me confirmó que la mujer ya está yendo a limpiarle, o más concretamente una amiga suya porque la mía está muy ocupada y no puede ir a su casa. Me contó que está muy satisfecho del resultado, que la casa queda muy bien y que no hay ni que darle órdenes, que ella sabe todo lo que hay que limpiar y como hacerlo. Ni me molesté en responderle. No merece la pena. Le he contado que estoy yendo a la piscina a nadar una vez por semana, que he comprado acciones de cierta compañía que seguro van a subir como la espuma y que estoy buscando trabajo. No me dijo nada pero sé que ya se debe haber apuntado a una piscina, posiblemente ha comprado las acciones y debe haber enviado su currículum a un huevo de compañías. Lo echaré de menos cuando ya no trabajemos juntos …

Atleta chino

Mi amigo el Chino es toda una leyenda y se ha ganado un lugar en la historia. Lo he dejado en paz unas semanas para darle espacio y permitirle salirse por peteneras y ayer por fin nos dio una alegría. Uno de los gimnasios de Hilversum puso una oferta para ahorrarte cinco euros al mes si te apuntabas durante las dos últimas semanas de Enero y firmabas por un período mínimo de seis meses. Son treinta euros y por esa cantidad el Chino es capaz hasta de comer órganos masculinos que sirven para miccionar. No sé como será en España y otros países del tercer mundo pero aquí antes de permitirte usar las instalaciones te hacen una entrevista y unos chequeos no sea que caigas muerto el primer día y los obligues a cerrar durante unas horas. El amigo asiático se fue un poco antes de comer y volvió dos horas más tarde. En seguida lo acorralé para que me lo contara todo. Lo notaba amargado, un poco decaído. Supuse que era por el esfuerzo físico.

No tengo noticias de gran parte de la charla pero puedo suponer y supongo que fue antológica, que por algo el Chino se las pinta solo para revirar todo lo que le dicen. Llegado el momento lo midieron y pesaron. Mi amigo les dijo que él pesaba setenta y seis kilos y que no hacía falta comprobarlo. El hombre le comentó que era rutinario y que su báscula es de precisión. Se subió y ambos observaron el resultado en silencio: OCHENTA Y UN KILOS. Ni uno más, ni uno menos.

– Esto cierto no ser — dijo el amarillo — báscula mal estar, yo mañana esta pesar y setenta y seis kilos ser.
– Esta báscula está bien. Es calibrada una vez al año. Su tasa de error es muy bajo. Hasta ahora nunca ha fallado — comentó el empleado del gimnasio.
– Mal estar. Yo decir. Mía buena ser. Yo comprar en lidl por cuatro euros cinco años hace. Nunca fallar. Analógica ser. Siempre indicar peso exacto. buena ser porque hecha en China fue. Productos buenos ser chinos — le reprochó al hombre que trataba de activar partes dormidas de su cerebro para que le ayudaran con la traducción instantánea desde inglés chiniquistaní.
– No. La báscula está bien. Pesa usted ochenta y un kilos. Lo apuntaré en su ficha — y trató de pasar al siguiente punto pero el Chino estaba revisando la máquina como quien sabe con certeza que es poseedor de la verdad absoluta. Después de un rato logró tranquilizarlo y pasó a medirle la proporción de grasa en el cuerpo.

– Esto para qué servir, ¿pequeña consola para jugar? — preguntó cuando le pasaron un pequeño aparato con dos terminaciones metálicas.
– No. Con esto medimos la proporción de grasa en el cuerpo. Ponga los dedos pulgares sobre ambas chapas y apriete durante unos segundos.

El amarillo miró aquello con curiosidad y finalmente hizo lo que le pidieron. Después de pasar la prueba, el hombre apuntó en el informe: 30%

– ¿Eso que ser?
– Tiene un 30% de grasa. Está un poco regordete. Tendremos que trabajar para que la proporción baje al 26.2% — le dijo
– Chino gordo no estar. Chino en forma ser y sentir. Chino comida china solo comer, comida buena que engordar no y estar en forma. Chino 70% de carne buena tener. Eso mucho ser. Usted equivocado estar.
– No, estás ligeramente gordo. Tienes que perder al menos seis kilos y aquí estamos para ayudarte. por eso has venido al gimnasio. Te prepararé una tabla de ejercicios para que comiences. Mientras tanto puedes ir al gimnasio para familiarizarte con el equipamiento.

El Chino salió mascullando algo en su idioma y se fue a ver los aparatos. Las primeras que notaron su presencia fueron las dos putillas oficiales del gimnasio, que lo miraron con ojos glotones ante la posibilidad de probar un nuevo tipo de leche. En seguida se acercaron a él para hablarle pero las ignoró dándoles la espalda. Las pobres no saben que antes de salir de su país juró sobre el diario secreto de Hello Kitty que se casaría con una China Mandarina auténtica, no con una hereje extranjera o una sucia China Cantonesa. Él sigue esperando a que llegue esa mujer a su vida y si no, ya apalabrará su madre algo en el país que para eso está la Familia. Se subió a una bicicleta de spinning, le metió un programa para machos de verdad y se puso a pedalear con la vista perdida en algún lugar de su horizonte. Después de diez minutos sudaba copiosamente y pensaba que se moría. Aquello era más duro que subir una montaña. Toda su determinación y espíritu deportivo desapareció por el mismo camino que le había llegado.

Siguió probando aparatos y recibió su tabla de ejercicios aunque bastante escéptico, que el tipo ese es el mismo que lo pesó con una báscula que te pone kilos de más y después lo acusó de estar encochinado. Por eso cuando lo vi en la oficina estaba tan amargado porque la experiencia no había salido como estaba planeada. Por la tarde cuando volvía a casa salió dispuesto a caminar hacia la estación como hace todos los días pero le fallaron las fuerzas y notó con asombro que sus piernas temblaban incontrolablemente por el exceso de esfuerzo realizado así que terminó por ir a la parada de guaguas y usar el transporte público.

Seis grados de separación

Conseguir sorprenderme a estas alturas de la película resulta casi imposible pero hay un individuo en el universo que cada vez que me habla me deja boquiabierto, me alucina. Me refiero, como habréis imaginado, al Chino.

Estos días anda algo pocho. Se le ve apagado y falto de energía arrastrando un catarro persistente. Por supuesto no ha ido al médico a que le mande medicinas, faltaría más. Él llama a algún otro miembro de la comunidad y ellos le explican lo que tiene que comer y las medicinas que debe tomar para mejorarse. Como lo del catarro es cosa de pulmones, lo mejor es la pitanza de pulmones de conejo o en su defecto de cabra vieja. En el supermercado le confirmaron que no se venden esas delicias y esta es la obvia razón de la extensión de su enfermedad. Todos sabemos que un buen plato de pulmones de cabra cura inmediatamente el catarro. Entre las medicinas que podría tomar para ayudar no se encuentran los antigripales, las aspirinas y ni siquiera los chupitos de Anís del Mono. No. Lo mejor es aliviar los pulmones respirando meados hervidos de China embarazada en su segundo mes o en su defecto desenterrar el huevo que previsoramente guardamos a un metro de la superficie en nuestro jardín en marzo del año en curso y que tras comértelo te cortará de raíz el catarro ya que posiblemente tengas problemas más graves después de su ingesta. El Chino se olvidó de la ceremonia del enterramiento y para cuando se quiso acordar ya era Abril, demasiado tarde, que la medicina es una ciencia casi-exacta. Por eso sufre en silencio y falta al trabajo.

Mi corazón es infinitamente grande y tiene capacidad para obras benéficas así que me decido a caminar los ciento cincuenta metros que separan nuestras casas, respiro hondo y me recuerdo no comer nada que me ofrezca y toco el timbre. Después de lo que me pareció una eternidad se abre la puerta y una versión piltrafa humana del colega me abre la puerta. Llevaba un chándal que tuvo años mejores, unas cholas de playa con calcetines canelos y la misma camisa que lleva siempre al trabajo. Además se cubría con una manta. Me recibió estornudando y lanzando contra mi sacrosanta persona un millón de partículas de virus que yo esquivé limpiamente saltando hacia atrás y cortando mi respiración. Entré en su guarida y sentí algo anómalo en el ambiente aunque no sabía que era. Cuando me quité el abrigo descubrí lo que era. Hacía un frío de morirse. Aquello estaba como la nevera de mi casa. Decidí volver a abrigarme, me senté lo más lejos posible y le pregunté si tenía algún problema con la calefacción.

Su respuesta fue que calefacción bien estar pero cara ser. Chino calefacción usar no y ahorrar dinero. Fresco aire bueno y sano ser. Casa fría no estar, quince grados haber.

Uno no sabe lo que decir en estas situaciones pero me reposeyó el espíritu pachanguero y le dije que allí hacía un frío de cojones y que no me extrañaba que se ponga malo continuamente si está en ese puto ataúd helado al que llama casa. Me respondió que temperatura fría no estar, casa cálida ser, yo español débil e ignorante porque todo chino saber que bueno dinero es ahorrar y manta para frío tener y más barato ser. Después me preguntó si ¿manta tú querer para tapar? pero me apuré a responderle que no hacía falta, que yo estaba bien. Lo último que necesito es el contacto físico con una manta que posiblemente no haya sido nunca lavada para ahorrar agua y dinero en detergentes.

En la cocina había un montón de ropa tirada en el suelo y cuando me vio mirando se sintió en la obligación de explicarme que desagüe de cocina roto de nuevo estar, ropa poner para agua absorber cuando loza lavar. La ropa esa también despedía un tufillo de cuidado, algo que al parecer solo un intelectual hispano como yo puede apreciar porque para el Chino no había ningún olor extraño. Se ofreció a hacerme café pero lo rechacé con gran vehemencia.

Entre que hacía un frío de morirse y que aquel era el lugar más insalubre en el que he estado en el año 2006 opté por poner tierra de por medio y volví escopeteado a mi casa donde mi di una buena ducha de agua caliente con abundante jabón y después me repatingué a ver la tele en mi agradable salón a veintiún grados, exactamente seis grados más que en casa del otro. Mientras me acuerde no vuelvo a visitar la casa de este hombre.