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Miss China Europea

Mientras otras bitácoras elucubran y marean la perdiz hablando de la guerra de las Consolas y de la inminente caída del iPod gracias a esa gran empresa de Santos Varones llamada Microsoft y su inofensiva criatura Sune (¿o se llamaba Zuri?), aquí en Distorsiones nos mantenemos varios pasos por delante de ellos y seguimos trayendo exclusivos contenidos que enriquecen nuestras almas y nos ayudan a alcanzar esa tan deseada paz espiritual. En nuestro afán por disponer de estos contenidos ayer enviamos al Chino como corresponsal exclusivo a la final Europea del concurso para elegir a la Miss China-Europea que representará a nuestro continente en el grandioso y maravilloso concurso Miss China Internacional que tendrá lugar en Hong Kong.

Esta mañana nos encontramos en el tren para que me informara del asunto y lo primero que noté es que llevaba las manos vendadas y algo más parecía fuera de lugar. El Chino babeaba y no parecía ser capaz de elaborar frases en inglés y lo único que conseguí entender fue que Concurso bueno muy ser, Chinas mujeres más las guapas del mundo. Le pregunté por lo de las manos pero no quiso explicar porque Privado ser asunto. Lo dejé estar y volví a intentarlo esta tarde.

Nos encontramos en el pasadizo aéreo entre edificios. Tuvimos que esperar a que los fumadores se marcharan y mi amigo se negaba a hablar en voz alta así que entre susurros le saqué la información. Lo primero fue que el Beatrix Theater estaba hasta la bandera de amarillos cabezudos como él. Vinieron de toda Europa para el evento del milenio en el continente. Los presentadores eran un cantante de segunda división de Hong Kong y una china europea y toda la gala se transmitió en inglés y Chino cantonés. Esto fue un problemón de cuidado porque el Chino habla Chino mandarín, el idioma de la clase política del país, de la gente inteligente y de clase media alta y el pobre no pudo entender esa jerga parloteada por la gentuza de clase baja que abarrota su gran nación. Este pequeño tropiezo no detuvo a nuestro corresponsal que casi en primera fila y con entradas gratuitas conseguidas por un servidor disfrutaba como un enano ante tanta piel amarilla y tanto cabezón aplanado.

Cuando dio comienzo el espectáculo aquello se venía abajo con las actuaciones de karaoke y los bailes típicos chinos. Esta final europea constaba de doce candidatas que representaban a lo mejor de lo mejor que ha producido la raza asiática en Europa. Por desgracia España no tenía ninguna chica porque las que hemos ido adquiriendo en los últimos cinco años no han conseguido la edad adecuada pero seguro que en cinco años más nuestro país gana la final Europea año tras año que para eso hemos invertido tiempo y dinero en la adopción de todas las niñas chinas disponibles en el mercado. Para la primera prueba las chicas tuvieron que desfilar con ropa casual. Muchas no captaron el concepto claramente porque optaron por minifaldas por encima del ombligo, tangas transparentes y tops comprados en tiendas de ropa para niños que parecían a punto de explotar por la presión de las minúsculas tetas. Una de las candidatas se apuntaba como la favorita por su volumen de pensamiento, palabra y obra. Gracias a los milagros de la cirugía y la silicona, la hijaputa tenía dos tetas como dos carretas y unos pezones como huevos fritos de grande. Su versión de la ropa casual incluía el detalle de llevar la ropa mojada para que se marcara mejor.

El segundo pase fue con ropa de noche. Unos trajes increíblemente abiertos por delante y por arriba para que el chumino se ventile adecuadamente y el pecho asome a conciencia. Las cabezudas chinas sonreían con sus dientes recién pintados de blanco y se agitaban como colegialas japonesas. Mi amigo el Chino se puso garrulo ante estas hembras de la raza adecuada. Las miraba y las miraba sin creerse lo que veía. La erección de su micro-pene era tan grande que hasta parecía que marcaba paquete. A él le gustaba más una chica modosita, de belleza clásica, no sabemos muy bien lo que eso significa pero sí que no implica tetas grandes ni coño peludo. El público seguía gritando y aullando por la tetuda siliconada.

Después de una actuación de una maricona vieja de Hong Kong que cantó grandes éxitos chinos llegó el pase con ropa de baño. En la versión China eran bikinis microscópicos que únicamente conseguían tapar la etiqueta. La gente se volvía loca allí dentro y los chorros de mangorra se alzaban al cielo desde diferentes puntos del teatro, producidos por aquellos castigados con la maldición de la eyaculación precoz. El Chino aguantaba impertérrito su empalmada y pese a la exhibición de carne, él seguía poniendo su voto a la de la belleza clásica. Con la ropa de baño tuvieron que demostrar alguna habilidad y la mayoría optó por bailar en la barra de hierro como cualquier putilla de club de striptease. Aquello estaba más caldeado que las cocinas del infierno en un día de verano. Las mujeres miraban disgustadas el espectáculo mientras los hombres babeaban. Hubo un intermedio para que los tímidos pudieran ir a los baños a aliviarse, algo que aprovechó nuestro corresponsal y cuando se reanudó el concurso las chicas volvieron a cubrirse, en esta ocasión con trajes de novia. Eran unas novias más bien putorras, con mucha chicha a la vista. Además de pasar por la pasarela tenían que decir su famoso discurso que básicamente se limita a desear la Paz Mundial aunque cuesta mucho decirlo con los labios humedecidos y procurando que el Botox no se note.

El jurado se marchó a deliberar y cascársela mientras el público hacia lo propio. El Chino se la peló de nuevo y cuando se proclamaron los resultados no pudo ocultar su ira con el veredicto. La de la belleza clásica quedó en tercera posición y la pendona de tetas grandes y poca vergüenza ganó el concurso y representará a Europa en la final. Mi amigo se marchó a casa, se la cascó tres veces más y durmió toda la noche con la bandera en alto. Esta mañana tenía las manos y el miembro un poco sensibles por el exceso de uso y optó por envolverse la salchicha con platina y las manos con vendas. De esa manera fue como me lo encontré al ir al trabajo. Para que no le rozara y le doliera se metió una taza de caféen la bragueta y por eso cuando lo vi tenía cierto aspecto extraño, cierta protuberancia que llamaba la atención, sobre todo porque el asa salía de la bragueta y la llevaba al aire.

El Chino me lo ha dejado clarísimo. El año que viene asientos de primera fila y una falda escocesa para que sea más cómodo.

La distancia más corta del Chino

La distancia que separa mi forma de ver el mundo de la del Chino es infinita y cada vez que nos juntamos crece y crece más. Tenemos filosofías opuestas de la vida, metas distintas y chocamos hasta en las cosas más nimias. Pese a todo, seguimos siendo amigos y realizamos actividades en común aunque no muy a menudo ya que es tremendamente malo para mi salud.

El otro día iba como siempre hacia el trabajo en tren. Yo suelo tomar el de las 8.45 de la mañana, para llegar a la oficina sobre las 9.10 que es una buena hora. Os recuerdo que tenemos flexibilidad laboral y entre las 7.30 y las 9.30 cada uno puede llegar a la hora que le salga de los mondongos. Mi amigo el Chino gusta de ir en el tren de las 8.55 y llegar al trabajo a las 9.25 porque ese tren hace una parada adicional y le toma un par de minutos más. Sin embargo, el día de autos en que transcurre este relato yo casi pierdo mi tren y llegué sin aliento, sudado y sin dignidad ninguna al andén donde el tren estaba a punto de salir. Salté por la primera puerta que me topé, lancé la Macarena al suelo y traté de recuperar el aliento.

Inciso: Pese a que se espera una pronta muerte, la Macarena continúa dando el callo y aunque ya le faltan al menos siete rayos es capaz de transportar mi oronda figura cada día. Ya le han dado la extrema unción y cuando caiga la tiraré y me compraré otra bicicleta de segunda mano sabiendo que esa pobre ha cumplido su ciclo, que ha durado lo mismo que unas putas botas Panama Jack costando la mitad de precio.

Me pasé los diecisiete minutos del viaje recuperándome y de paso escuchando el audiobook de turno. Una parada antes de mi destino, en Hilversum Sportpark veo pasar al Chino con su bicicleta por el andén. La bicicleta de mi colega es la Jacosa porque siempre va temblando como si tuviera el mono. No me dio tiempo a salir porque en ese momento cerraron las puertas y continuó el viaje. Llegué a la estación, recompuse la Macarena (la tengo que doblar para poder llevarla gratis en el tren) y pedaleé hasta el trabajo. Aparqué, entré en el edificio de oficinas, fui a mi despacho, saqué el portátil del lugar en que lo escondo para que no me lo vuelvan a robar, lo conecté a la docking station y lo encendí. Entré en la red de la compañía, inicié el programa de correo y en ese momento se me ocurre mirar por la ventana y veo llegar al Chino.

Después de comer le hice una visita y le pregunté la razón por la que se detuvo en la estación anterior a nuestro destino. Su respuesta, como suele ser habitual, llegó en idioma Yeday galáctico: Corta distancia más ser, tiempo yo ahorrar, rápido más llegar. Lo miré y le expliqué que yo lo vi bajarse del tren, seguí hasta la siguiente estación, vine a la oficina sin apurarme y aún así le saqué tranquilamente cinco minutos. Le resumí el concepto para que lo comprendiera: Equivocado tú estar, distancia más larga ser.

Me sonrió con esos dientes negros a base de gárgaras de Coca-Cola y meneó la cabeza condescendientemente. Se reafirmó: No, equivocado tú, distancia corta más ser, yo saber porque Chino ser y con mano en reloj comprobar.

Le dije que comprara pilas nuevas para su reloj porque definitivamente está petando y después me di el placer de enseñarle en un ordenador ambos caminos y medir la distancia. Gracias a map24 tenemos una herramienta increíble y pudimos medir metro a metro ambas rutas. Por supuesto la mía era más óptima pero esto no detuvo a mi colega. Programa equivocado estar, distancia ser más corta, yo saber porque Chino ser. Aquí es cuando yo tendría que respirar hondo y marcharme pero me niego a dar el brazo a torcer sabiendo a ciencia cierta que tengo razón. Saqué mi teléfono, activé el GPS y le calculé ambas rutas. De nuevo la distancia más corta era la que va desde la estación central de Hilversum a nuestras oficinas. ¿Creéis que eso lo hizo cambiar de opinión? Ni de coña. Me tuve que rendir y acabé marchándome sin haberlo convencido y él encima con la certeza que le da saber que los programas informáticos y las bases de datos que tienen los mapas de la ciudad están mal porque él es el poseedor de la verdad absoluta.

Al día siguiente coincidimos en el tren y cuando llegamos a Hilversum Sportpark le dije que se bajara, que yo seguía hasta la siguiente parada y veríamos quien llega primero a la oficina. Gané. Lo esperé en la fría intemperie casi cinco minutos. El aparcó su bicicleta y me largó que seguro que había hecho trampas y había corrido como cabra por el monte para ganar la apuesta. Le di la razón, me giré y me marché al edificio en el que está mi despacho (estamos en edificios distintos) sin rebatir su falsa verdad porque sé que no habrá forma de convencerlo.

El Chino se hace Cataluña

He estado guardando un secreto durante toda la semana por el bien de la humanidad y de los catalanes pero no lo puedo callar más. En estos momentos, mientras escribo estas líneas, en algún lugar de Barcelona el Chino busca restaurante para cenar. Ya sé que parece increíble pero es cierto, el Chino está de vacaciones en España acompañado por una banda de chinos. Así que si esta semana paseabas por la ciudad y te extrañó cruzarte con un grupo de cabezudos de ojos rasgados y color amarillo, es más que probable que hayas visto a la leyenda asiática viviente. Y si hoy estabas en el monasterio de Monserrat y escuchaste una conversación que no podías entender porque estaba encriptada, definitivamente los vistes.

Conseguir que el Chino visite España ha sido todo un triunfo diplomático que me tengo que adjudicar. Mi amigo el asiático ha estado en un montón de lugares de Europa pero nunca en España. Se hizo Italia al completo en cinco días, Francia en tres días y medio, Bélgica en una tarde larga de verano y Alemania en cuatro días. Siempre se negó a visitar nuestro país porque no tiene una historia interesante ni monumentos con leyenda y encima la gente no habla inglés y las tías parecen sacadas del pueblo de los Hobbits (Chino dixit y yo se lo refuté porque todo el mundo sabe que los Hobbits son julandrones y en su pueblo no hay hembras).

Después de convencerlo el Chino se encargó del aspecto logístico y para hacer honor a su reputación se montó un viaje de película. Por ahorrarse seis €uros se fueron en tren hasta Bruselas en donde durmieron en una de las casas nido para chinos ilegales. Al día siguiente volaron con Ryanair a Barcelona por un euro más tasas de aeropuerto. Si se suma el dinero que se gastaron en tren, en comida, en guagua y en tasas al final resulta que no han ahorrado nada pero esa gente es incapaz de comprender el concepto.

Un par de días después que se marcharon le envié un SMS al Chino informándole de malas noticias en el trabajo y de paso aprovechando para saber sobre ellos. Mi mensaje fue tan claro como es habitual con este hombre: Desgracias grandes son. Reverso Tenebroso ganar. Grande Pez dejar empresa y ser futuro incierto. Chino tú mucho cuidar en España y Farruquitos esquivar que peligrosos ser y licencia sin coches conducir.

Esa misma noche me llegó la respuesta de mi amigo: Reverso Tenebroso ganar no poder. Luz en túnel al final haber. España maravilla ser. Comida deliciosa estar. Marisco en todos lados haber y país yo amar. Ciudades de verdad ser con mucho chino y gente gritar. Gran Muralla faltar pero lo demás como en China ser. Farruquito ver no pero gitanos en plaza haber y familia del artista asesino parecer.

En el trabajo el Moreno no se podía creer que al Chino le guste España y me dijo que seguro que es porque la comida de los restaurantes chinos es más barata que aquí porque obviamente Holanda es el mejor país del universo como todos sabemos. Yo asentí pero le recordé que con todo lo bueno e increíble que es este país, en la comida España no tiene parangón. Para verificar el asunto le envié un correo: ¿Comer que tú? ¿China comida?

Esa misma noche me llegó la respuesta: Loco tú estar. Española comida ser maravillosa. Yo amar. Calamares y pulpo comer. Y mejillones, berberechos y almejas. Paella también comer pero mucho arroz tener y preferir substancia de mar. Prima de Farruquito cámara querer robar. Gentuza rumana ser. Chinos rumanos odiar.

Llevé el mensaje a mi trabajo en donde el Moreno seguía sin poderse creer que nuestro querido Chino prefiera España a los Países Bajos. Se montó una teoría de falta de restaurantes chinos que ha forzado a los amarillos a sacrificarse y tener que comer marisco, algo que todos los holandeses saben es malo de necesidad. Yo le eché una mirada de infinito desprecio y no respondí. Le mandé un nuevo correo al Chino: Negra Paella tú probar. Calamar de tinta tener, riquísima estar.

Por supuesto hubo respuesta: Negra Paella no encontrar. Mar de frutos de cesta comer con asado pescado, pulpo, gambas, mejillones y pequeña langosta parecida comer. Mejor comida ser mi vida de. Paraíso estar en España. Mañana Monserrat ir, aún no conocer pero bonito ser porque en España estar.

De nuevo hubo una reunión extraordinaria en la máquina de café en la que informé de las últimas noticias al Moreno que a estas alturas está claro se muere de rabia porque mi país le gana al suyo en algo. Su cara cuando le expliqué el tipo de comida que consumen los chinos en mi país fue todo un poema. Aproveché para mandar un último mensaje al Chino: ¿Disfrutar de Monserrat tú? ¿Más comida buena tener?

Hace unos minutos, mientras escribía esto me llegó la respuesta del asiático: Monserrat paraíso ser en tierra. España lo mejor ser. Hoy Paella comer pero pedir arroz no poner, solo animales de mar muertos. Mañana a Holanda volver. Domingo llamar y todo contar. En Navidades Portugal visitar y año próximo a España volver.

Y esta ha sido la primera experiencia del Chino con nuestro país y parece que promete volver a vivir más aventuras.

Más leyendas de la China

La más candente actualidad marca los designios del creador de esta bitácora y nos fuerza a torcer el timón y hablar de algo que no estaba previsto. Yo para hoy tenía preparado un artículo de investigación profundísima sobre las musulmanas y sus efectos colaterales pero por culpa de mi amigo el Moreno tengo que reconducir el asunto. El hombre fue padre por segunda vez la semana pasada y está de vacaciones con lo que no me queda más remedio que alternar con el Chino. Decir que Septiembre ha sido un mes terrible, tres de mis mejores amigos han tenido retoños, dos machos y una hembra. Parece un virus. Solo escucho conversaciones relacionadas con el pecho, con la leche materna, las horas de sueño, los parecidos, la difícil elección del nombre y similares cuando yo solo quiero emborracharme con BokBier que para algo acaba de comenzar la temporada y cada día que pasa es un día menos que podemos beber esa maravilla.

Para colmo de males hoy teníamos una reunión a la una de la tarde a la que yo no quería asistir, así que convencí al Chino para almorzar tarde y como llovía nos tuvimos que quedar en la cantina de la empresa. Nos escondimos en un rincón y al terminar de comer bajamos a la planta de los desarrolladores a tomar café, un lugar que es bastante seguro y donde todos me conocen y no llamamos la atención. Estábamos en un pasillo de cristal que conecta dos edificios y que está reservado para fumadores aunque ya casi no quedan de esos en la empresa y por suerte lo podemos usar los que no fumamos. Afuera llovía a cántaros con un viento fuerte que jugueteaba con la lluvia y la lanzaba contra los cristales. Nosotros mirábamos la lluvia bucólicamente y tratábamos los temas insubstanciales de la vida y hablando de esto y de aquello y de lo próximo que está el invierno y como echamos de menos el frío y la obscuridad y esos días cortísimos y las noches eternas y no sé como salió el tema del agua fría.

El Chino me echó una de esas miradas suyas de intelectual asiático que tanto asco me dan y me contó el secreto mejor guardado que tiene y que paso a relataros porque sé que nadie me creerá. Hace un par de años el hombre apostó con un amigo diez euros. La apuesta trataba sobre la salud y las teorías chinas al respecto. Según parece, ducharse con agua fría hace que nuestro cuerpo desarrolle las defensas y no cogemos resfriados, gripes, catarros ni ninguna otra enfermedad. El gran saber chino dice que el agua fría estimula nuestras chacras y las hace trabajar a conciencia permitiéndonos vivir más y mejor. Yo lo flipaba escuchándole. Me confirmó que ganó la apuesta, que estuvo un año entero duchándose con agua fría. Le conté que yo no podría sobrevivir ni a una sola ducha con agua a temperatura ambiente holandesa en invierno, que me moriría el primer día y me enterrarían palidito y con el rabo todo arrugadito y los huevos como manices de duros y peludos. El Chino se reía y me contó que no es tan duro y que uno se acostumbra pronto. Yo seguía sin creérmelo y entonces bajó el tono de voz, aunque estábamos solos y me susurró que únicamente hay un efecto colateral que no es agradable: APESTAS. Lo miré durante unos segundos sin poder creérmelo y de repente una corriente de sabiduría recorrió mi cuerpo. Claro, eso lo explica todo - le dije.

- Por eso tenías un ligero tufillo el año pasado, un aroma como a varón dandy amargado. Él no sabía lo que es el varón dandy pero me confirmó que quizás era su cuerpo el que despedía el hedor. Le pregunté si había ganado la apuesta a base de no ducharse y me dijo que no, que cada mañana antes de ir al trabajo se daba una ducha de agua fría porque quería mejorar sus defensas y no ponerse malo-malito y ganar esos increíbles diez dólares que había apostado. Yo seguía sin comprender como puede ser que duchándote todos los días apestes como coño viejo y le expresé mis dudas. El hombre me miró como si fuera un niño pequeño al que hay que explicarle todo con gran detalle y me lanzó la otra teoría, la que aún me tiene temblando porque sus implicaciones pueden cambiar el curso de la historia de la humanidad. Según mi amigo el Chino, al ducharte con agua fría el champú no funciona, no hace nada sobre nuestra piel porque lo rechazamos ya que el cuerpo tiene la energía suficiente para repeler cualquier agente externo. Por eso hueles, porque tu cuerpo está tan sano y es tan poderoso que ni siquiera el champú puede enmascarar nuestro ser más profundo. Hasta el desodorante deja de hacer efecto.

Mira que le he escuchado teorías extrañas al Chino pero esta es la mejor y más avanzada con diferencia. Te lavas todos los días con agua fría, no te pones malo pero apestas como un hediondo. Y el colega pretende que me lo crea. Le pregunté si lo del agua fría es tan bueno y tan saludable por qué no lo seguía haciendo y me dijo que prefiere agarrar un catarro de cuando en cuando y poder sentir sus bolas por no mencionar que a veces la marginación en el tren o en la guagua le dolía porque la gente se sentaba lejos de él por el tufillo que echaba.

Y en esas quedamos. Mañana me voy a caminar solo porque como tenga que alternar con este hombre todos los días d esta semana, no sobrevivo.

Desastre ferroviario

El lunes pasado estaba desganado y reconozco que no di un palo al agua en la oficina. Me dediqué a hacer rondas de café y tertulias de despacho, temas en los que me doctoré hace bastante tiempo con nota y en los que soy un reconocido maestro. Uno de mis colegas suele llegar temprano y se marcha a casa sobre las cuatro y media y me preguntó si quería ir con él en el tren así que desde las dos apagué el ordenador y me dediqué a la vida social esperando el momento de partir con la mochila preparada. El Chino me había mandado un correo para ver si nos íbamos juntos pero no me apetecía esforzar el cerebro con traducciones complejas y además me agobia, que todavía no se puede creer que me gasté un dineral en el sofá y el sillón de mi salón y siempre que me ve me lo reprocha.

A la hora acordada nos fuimos al aparcamiento de bicicletas en donde me esperaba la Macarena, esa santa que me lleva a sus lomos todos los días. Mientras pedaleábamos hacia la estación le contaba a mi compañero que la Macarena está enferma, tiene un mal que la está matando y el cual tendremos que atajar de una manera contundente. Su problema está en la rueda trasera, la cual está perdiendo rayos a velocidad de vértigo. Ya se han caído cuatro y tengo que hacer algo. Lo jodido era explicarle el asunto al hombre porque yo desconozco como se dice rayo de bicicleta en inglés pero algo me dice que no es como en español. Por suerte soy de palabra fácil y entre metáforas y símiles el hombre entendió lo que le decía e incluso me dijo la palabra en holandés, la cual por supuesto ya olvidé. Hay un cruce super-peligroso que me encanta para con este tío. Él levanta la cabeza rubia, mira al frente y me dice, tú sígueme y no te pares y pasamos entre coches, guaguas y camiones con todo el mundo frenando como pueden. Se supone que allí rige la regla de la mano derecha, la mano de las pajillas, esa que dice que si del lado de la mano con la que te la cascas no hay coches viniendo hacia ti entonces tu tienes el derecho de paso y el deber inalienable del onanismo. Siempre he querido saber qué regla rige para los zurdos porque ellos se tocarán con la mano izquierda, haciendo poluciones invertidas.

Ya se me fue el baifo como siempre. Llegamos a la estación y allí no hay ningún tren indicado en los paneles. Aquello huele a drama en ciernes. Tampoco había gente en el andén y el tren debía estar por llegar, es hora punta y ese lugar del universo debería estar más concurrido que el entierro de una folclórica. Nos acercamos a uno de los empleados de la compañía de ferrocarriles y nos dice que no hay trenes en dirección a Utrecht por un problema con las líneas eléctricas y que debemos ir vía Amersfoort. Eso es una putada del copón porque el tren que va en esa dirección estaba abandonando la estación en ese mismo momento y tendríamos que esperar media hora. Decidimos no creer a aquel cabrón y esperamos el milagro que no sucede. A falta de cinco minutos para la llegada del tren alternativo nos vamos al andén adecuado que no está lleno, está abarrotado. Allí hay más julays que en un concierto de los Coquillos. Avanzamos hacia el final porque uno que es intelectualmente avanzado ha descubierto que recientemente comenzaron unas obras en la estación de Hilversum y los trenes tienden a detenerse un poco más adelante de lo que solía ser habitual. Conseguimos montarnos y hasta encontramos asiento. Dejo a la Macarena pegada a la puerta y me despreocupo que para algo ya es mayorcita y sabe cuidarse por sí misma. Al llegar a Amersfoort nos entretenemos con la charla y cuando me doy cuenta estamos por parar y la puerta que se va a abrir es la del lado en que se encuentra la Macarena. Me saco un kleenex usado y entre gritos y codazos me abro paso entre la multitud hasta llegar a la puerta con el tiempo justo para agarrar a la pobre bicicleta y evitar que se caiga.

Nuestros caminos se separaron en dicha estación y yo tenía que coger otro tren que supuestamente salía de cierto andén según nos habían dicho por megafonía en nuestro tren pero allí no había nada indicado. Los cientos de personas que debíamos continuar viaje en aquel sentido nos quedamos en la pasarela aérea, a medio camino de todo, esperando a que se clarifique la situación, lo cual sucede cuando vemos al tren llegar y salimos en estampida para cogerlo. Entre golpes de canilla con las ruedas de la bici y empujones entro en el tren en un vagón en el que ya hay otras cinco bicicletas y cuarenta personas. Estamos todos de pie, sobaco contra cara, sin intimidad ninguna, mirándonos las pupilas y todos con nuestros iPods cargaditos de música y audiobooks. En ese instante, apresado entre dos gorilas rubios y con la fresca visión del coño de una que consiguió sentarse al final de las escaleras y que gracias a su minifalda nos deleita con ese bodegón de papayo, justo en ese instante me suena el teléfono móvil o mejor dicho, me vibra. El tipo que lo lleva encajado en su paquete me avisa para que lo coja y no me queda más remedio que hacer malabarismos, soltando la mochila para pillar la llamada. Es mi amigo el Chino preguntando la hora a la que me marcho para irnos juntos. Le explico el problema de trenes y lo que he tenido que hacer pero no me entiende. Se lo vuelvo a explicar con todo el mundo mirándome. Ataco la tercera ronda de explicaciones con ímpetu y la gente se comienza a impacientar porque no se pueden creer que la persona que está al otro lado de la línea sea tan lerda. Por suerte para ellos no conocen a mi amigo y sus vidas transcurrirán entre miserias y desgracias sin jamás haber visto el reverso zarrapastroso. Básicamente la información que quería enviar se podía resumir en problemas en la línea de tren que va hacia Utrecht, tienes que coger el tren que va a Amersfoort y allí cambiar para Utrecht, calcula cuarenta minutos de retraso por culpa de esto y que te vaya bonito. Simple y sencillo, hasta un chiquillo de catorce años de estos que salen ahora de la escuela sin saber leer ni escribir lo podrían comprender pero no mi amigo el Chino. Tras este tercer intento fallido tengo que hacer aquello que quería evitar, tengo que mandar el mensaje en Chinistaní, el idioma que entiende el colega. Procuro bajar la voz pero allí me escucha todo Dios: Tú casa poder ir no, tú Amersfoort coger tren debes en andén otro y hora diferente y luego cambiar en esa estación a tren nuevo con destino Utrecht debes hacer, tiempo más tardar y cena enfriar, trenes abarrotados estar, gente muy mala y a ti mirar si tú por teléfono así hablar, mañana quedar para caminar y comer juntos por la gloria de Hong Kong. Cuando terminé la parrafada allí no volaban ni las moscas. Se podía escuchar los cerebros analizando la información y buscando los puntos de agarre para entender el mensaje. Las caras de incredulidad estaban todas fijas en un único punto, en mí. El Chino al menos comprendió el asunto y mandó acuse de recibo y terminó la conversación dejándome en evidencia ante tan selecto público, que sonreía posiblemente pensando que me estaba cachondeando de alguien. Después de cruzar por un montón de villorrios que están al noreste de Utrecht llegamos a la gran ciudad casi sin aire en el vagón y más recalentados que el conejo de la Loli. Salí al fresco aire libre y después de tragarme unas cuantas bocanadas rearmé a la Macarena (que viaja en el tren doblada en dos) y nos fuimos a casa, perdiendo por el camino otro rayo. Pobrecita mía, este fin de semana la tendré que operar y su vida penderá de un hilo. Si no triunfo, está condenada a morir, pero lo de su operación y recuperación posterior será otra historia.

Hija de la Gran China

Hay dos mujeres a las que yo admiro de verdad y por las que me quito el sombrero las veces que haga falta. Son dos seres excepcionales que hacen con sus obras que siga teniendo fe en la raza humana pese a todos sus defectos. A una de ellas la llevo siguiendo desde hace más de dos décadas, es Madonna, la Reina del Pop, una mujer como no hay muchas. Ella ha sabido dominar una industria de hombres y mantenerse en lo más alto durante todos estos años. La lista de sus logros sería infinita y hoy no es el día adecuado para hablar de ellos porque tenemos que rendir tributo a la otra mujer.

La segunda la conocí en una guagua no hace muchos meses y cuanto más escucho de ella, más la admiro. Es la hermana del Chino, la China, una joven de menos de veinte años que no dudo ni un solo instante marcará la historia del universo. Algún día se hablará en tertulias de programas de televisión marginales de como yo estaba en la guagua y se subió el Chino con su hermana y como la sentó lejos de mí para que no la pudiera conocer pero ni siquiera así pudo evitar nuestro encuentro. Lo primero que me llamó la atención de ella fue su cabezón. Es desproporcionado, aunque se ve que son familiares porque ambos lo tienen del mismo tamaño. la testa es como un barreño grande y plano en su parte superior con esos ojos como de dibujos animados japoneses. La chica me sonrió con unos dientes negros y grasientos supongo que por efecto de las gárgaras con Coca-Cola, algo muy de esa familia. Tardé meses en volver a tener un encuentro con ella. Mi amigo nunca la saca cuando vamos juntos y supongo que tiene mucho que ver mis amables comentarios sobre ella. El Chino evita el tema pero yo lo provoco y le pregunto si sigue siendo virgen o si ya le han comido el potorro y el me mira con cara de odio y cambia de tema. Me he ofrecido a hacerle un completo y ensancharle las cañerías con la única condición de vestirla como una estudiante japonesa y por supuesto echarle unos faciales pero el hombre no acepta y después se pega días sin hablarme, hasta que la necesidad le puede y vuelve al redil. Yo que estoy dispuesto a sacrificarme por amistad y él que no es capaz de ver el favor tan grande que le hago.

En verano, cuando la universidad en la que estaba estudiando un curso de preparación a la universidad terminó las clases la mandó de vuelta a la China. En mi época salías del instituto y te metían directamente en la universidad sin preparación ninguna y la mayor parte de las veces nos cogía hasta sin confesarnos. Ahora antes de entrar en una universidad de calidad te dan un curso de medio año para prepararte, te enseñan las instalaciones, te ayudan a que conozcas a otros estudiantes para que el primer día no te sientas solo y se desviven por ti. Se ve que el siglo XXI (equis-equis-palito o veintiuno) es diferente al nuestro. Después de sopesarlo durante semanas asumió que si la China se quedaba sola en casa igual salía a la calle, y caminando se conoce gente, y la gente te puede provocar hormigueos vaginales y estos ansía y de allí al deseo hay un paso y con otro pequeño paso ya estamos en el picor uterino y este te solivianta y te atonta y te baja las defensas y sin quererlo su hermana se puede encontrar despatarrada en una habitación o en la parte trasera de un coche, con las bragas a su lado y buscando un miembro gordo, caliente y duro que le alivie el escozor. Y eso no es lo que tiene planeado el Chino para ella y ni mencionemos el que los hombres que abundan en Europa no son de raza pura, no son chinos como ellos y consecuentemente no son dignos de comer semejante papayo. La chica se resignó y viaj ó a la China en donde estuvo cuatro semanas de vacaciones. El Chino volvió a tener la casa para él solo y pudo recuperar su rutina de pajillas en el salón y esas cosillas que hacen los niños malos (según me han contado que yo he solicitado la inscripción en el Opus Dei de lo bueno que soy).

Un día me acordé de ella y le pregunté y me dijo que volvía ese fin de semana. El hombre no parecía muy contento y no quiso hablar del asunto. Yo que soy de natural bien pensado supuse que la chica según volvió a su país buscó una manguera y se la enchufó e igual le habían hecho un bombo o se había encoñado y ya no quería estudiar y solo aspiraba a ser la esposa de un albañil o quizás algo peor. Seguí insistiendo pero él no decía esta boca es mía. Por suerte la perseverancia y el machaque psicológico son virtudes que tengo muy desarrolladas y tanto le lavé el cerebro que al final tuvo que desahogarse y desvelarme el gran misterio, eso que le quitaba el sueño y le hacía agitar ese cabezón que Dios le ha dado y que pone en peligro a los que le rodean porque si te da un cabezazo te mata seguro. Su hermana volvió a la China y allí decidió cambiar de universidad en Holanda. Ya no quería ser abogada de prestigio con trajes de Charmel y perfumes de esos falsos de mercadillo. No. Ella ahora lo que quería era convertirse en diseñadora de modas de prestigio y hacer un par de desfiles al año y alternar con los incultos que pueblan los ambientes culturales y mezclarse con julandrillos, pajarones e incluso mariquitas metidos a costureros. Era la vergüenza de la familia, aún peor que admitir que se la folla un rubio holandés o un moreno español. Todo un drama difícilmente asumible por un espíritu sensible y deshonesto como el de su hermano.

Lo peor estaba por llegar. Los padres consintieron porque la niña es su ojito derecho y el Chino tuvo que inscribirla en una nueva universidad, en este caso en Amsterdam, rodeada de artistas, marimachos y vete a saber qué otros pájaros. Además la chavala necesitaba una cámara Canon 350D y se la tuvo que comprar él. Este hombre lleva cuatro años sin cámara porque estaba esperando a que las reflex valgan cien euros, algo que según él sucedería pronto porque los precios siempre bajan. Perdió su cutre-cámara de cien euros cuando le robaron la mochila mientras dormía en un tren que le llevaba a Luxemburgo. Alguien entró en un vagón atestado de chinos y les bailó de todo sin que se enteraran porque todos dormían. No habían salido el día anterior, no habían bebido, pero a los chinos si los metes en un tren y los meneas se quedan dormidos en seguida, es o una virtud o un defecto según desde donde se mire el asunto. El Chino ha estado todos estos años esperando por esa bajada de precios que no llegaba y en un par de días su hermana expresó su deseo y su padre mandó la orden para que le comprara a la chiquilla lo que quería. Eso podía justificar su abatimiento pero es que aún había más. Pensé que por fin me iba a decir que se había vuelto adicta a la lefa o que le pedía que la meara por encima como pasa siempre en las películas asiáticas pero parece que los tiros iban por otro lado.

Su hermana también necesitaba un ordenador portátil nuevo. Él, con todo el amor del mundo, le había regalado uno que se compró de segunda mano en el año 2000, un trasto de cinco kilos de peso con un pentium en su interior y cuya batería murió y fue enterrada hace años. Es increíble que se pueda llamar portátil a ese cacharro prehistórico. Ella acudió de nuevo a los ancestros y estos mandaron la orden clara y precisa. Cómprale a la niña un Apple MacBook porque si va a ser diseñadora tiene que tener un equipo estiloso y apropiado para el asunto. Al hombre casi le da un soponcio cuando vio el precio de dicho trasto. Para más inri, la chica en realidad no estaba interesada en el Mac OS X, solo en el estilo y glamour de su hardware y solicitó y consiguió que le pagara también un Windows XP Home en chino LEGAL. Debe ser la primera y única china que se ha comprado una licencia de Microsoft. Mi amigo aflojó la pasta del equipo y del sistema operativo cagándose en todos sus muertos y preguntándose por qué no podía haber sido hijo único como el resto de los chinos. Por supuesto como no tienen Dios no pudo alzar los ojos hacia el cielo y hacerle la pregunta y reprocharle su desidia como podemos hacer nosotros los cristianos. El día que me enteré del tema esa China se convirtió en mi heroína y la respetaré todos los días de mi vida. Esa mujer ha conseguido en tres meses que su hermano tire el dinero que lleva seis años acumulando, que el hijoputa no se gasta dinero ni en pasta de dientes y ha dormido cinco años en el suelo con un colchón que le regalaron otros chinos, ha vivido en casas sin muebles y comido cosas podridas por ahorrar dos euros. Lo dicho, esa mujer merece todo nuestro respeto porque ha logrado sacar dinero de donde todos sabemos que había pero pensábamos que era misión imposible el obtenerlo.

El Chino y la comida casera

Mi amigo el Chino siempre ha sido una fuente de discusiones y problemas entre los que lo conocemos. Para aquellos que descubrieron este rinconcito del ciberespacio no hace mucho merece la pena leerse Leyendas del Oriente, Leyendas del Oriente II así como todo ese saber que se encuentra escondido en la categoría el Chino. Hace tiempo que decidí mantener un poco las distancias con él porque me vuelve loco con tanta rareza y termina por afectar a mis chacras y eso nunca es bueno. Aún así, vivimos en la misma calle, respiramos el mismo aire contaminado y de cuando en cuando interaccionamos. Este viernes acordamos volver juntos a casa en el tren, ambos con nuestras bicicletas, Yo con la Macarena y él con la pitusa amarilla. Me dijo que iba a pedir comida en uno de esos sitios asiáticos que hacen comida para llevar de los que hay miles en Holanda y como nos pilla camino de la estación pues pasábamos por allí a recoger la pitanza. Quedamos un poco antes para no ir agobiados y por supuesto llegó tarde al aparcamiento de bicicletas de nuestro trabajo. Yo ya estaba dando botes por los nervios cuando lo veo tan campante. A veces me dan ganas de matarlo. Salimos casi sin tiempo y cuando estamos en el local ese se echa una parrafada en chino con la empleada y me empeta:
- Veinte minutos comida tardar, tren cincuenta y uno nosotros perder, veintiuno tomar, pasar nada, todos felices ser. Le echo una mirada de arriba abajo, tomo aire, cuento hasta diez y le respondo:
- ¡Que te crees tú que me espero más de media hora solo porque tu comida no está preparada! Yo me piro que tengo que ir al supermercado y ahí te quedas hijo de la gran china. - y no le di ni tiempo a pensárselo, según acabé sacudí con las espuelas a la Macarena y me eché a correr camino de la estación. Mientras esperaba el tren lo veo aparecer, con su bolsa de comida china y mirándome con carita de cordero degollado. Me bajo de mi nube y consiento en sentarme con él en el tren. Yo siempre preparo mi bicicleta y la doblo antes de montarnos pero él se espera y cuando está dentro del vagón se pone a hacer las maniobras y en la mayoría de las ocasiones bloquea la puerta impidiendo que el resto de los pasajeros se suban. He tratado de explicarle que ayudaría mucho si preparara su montura pero no le entra el concepto en su cabezota y yo he desistido en el intento de hacerle comprender conceptos. Nos sentamos en un vagón con otras veinte personas y sucede lo de siempre. Yo nací con múltiples dones y los dioses me adoran (como todos sabemos) pero es que los humanos también se quedan como arrobados escuchándome y mirándome. Después de años siendo una estrella inmediática he terminado por tomármelo con filosofía pero a los demás sigue llamándoles la atención. Todo esto para decir que la gente que estaba allí dentro apaga sus iPods, termina las llamadas y se dedican a escuchar la conversación entre nosotros. El Chino me invita a cenar en su casa y yo rehuso la invitación porque aquella comida da asco. Le pregunto al Chino:
- ¿Tú no cocinas en tu casa? y el hombre responde:
- Yo por semana dos veces en casa cocinar, no más. Comida mejor ser si comprar en sitio de comida rápida chino, más calidad tener, sana más ser, mejor estar. No bueno ser cocinar en hogar, malo para salud ser y casa valor perder porque cocina usar no bueno para cartera ser, electrodomésticos gastar. - y el hijoputa se queda tan ancho.
Gracias a mis dotes como traductor del chiquistaní al cristiano puedo seguir su disertación sin problemas pero noto que el resto de pasajeros del vagón está tratando de analizar la información y extraer sus propias consecuencias así que los ayudo haciendo un resumen en voz alta:
- ¿Así que tú dices que es mejor comprar comida en uno de esos sitios de comida rápida, barata y de mala calidad y solo un par de días a la semana cocinar en tu propia casa porque además de ser peor la comida casera la casa pierde valor? ¿Es eso lo que estás diciendo? le pregunto despacio y veo las caras de asombro del público que teníamos ese día.
- Eso decir yo si tú insistir. Comida casera mala ser. Chinos saber. Comida de bar sana y buena. Yo más sano que tú estar y piel más blanca tener. Tú enfermo por comida casera estar. Tú no saber. - y me vuelve a devolver la pelota.
Noto que una de las mujeres quiere intervenir en la conversación y le hago un ligero gesto para indicarle que cierre el pico y escuche que todo está bajo control. Dos italianas discuten los conceptos en su propio idioma y otros holandeses comentan el asunto sin poderse creer que aquella conversación está teniendo lugar.
- Tú estás acarajotado o qué. La comida de esos antros es de calidad ínfima o te crees que te dan duros a cuatro pesetas. No hay más que mirarte para ver lo mala que es esa comida empezando por esos dientes negros que tienes que eso ya no es sarro, eso que tú tienes ahí es alquitrán o piche que es como le decimos en Canarias. Tú no cambies y mejores tu dieta que yo te iré a visitar al hospital cuando revientes, o me dirás que el apéndice se te infectó por la gloria de Farruquito. Abre los ojos chaval, que el cocinero del sitio ese es un hediondo y seguro que se rasca los huevos y con la misma mano te aliña el plato con sus pendejos - y vi que la gente estaba por aplaudirme y celebrar mi acertada intervención. Respiré profundamente y miré despreocupadamente por la ventana para disfrutar del instante entonando el mantra de la bondad infinita, ese que dice Jódete cabrón.
- Tú equivocado estar. Comida china buena ser. Nosotros miles de millones con comida china. Comida de restaurante buena ser, calidad excelente. Apéndice cortar porque yo fuera de China vivir y calidad de vida no tan buena ser aquí. Y chino cocinero pendejos no echar en comida porque pelo no tener. Chinos de poco pelo ser no como españoles que alfombras parecer. Tú reventar con comida mala española llena de pendejos y casa devaluar porque tú cocina usar. El sigue erre que erre, es que no hay quien lo detenga cuando se pone.
Mi respuesta no podía tardar y el contraataque se produjo en unos instantes:
- Vamos a ver, cabezón, que tú no tienes cabeza, tienes un portaaviones, cómo me puedes decir que la comida hecha en ese antro es mejor que comida casera. ¿Tú estás fumado o qué? Y el chino no tendrá pelo pero la que atiende jiede a pescado podrido. Esa tiene la almeja más pasada que una prostituta nonagenaria y seguro que se rasca la pipa del coño y después te echa los wantun en la bolsa con esa misma manita y se te quedan con ese sabor de salsa de pescado. Otro triunfo completo para mi bando. En el tren todo el mundo está de mi parte y la mujer que quiere participar está por interrumpirnos y darme la razón. Allí no se oye ni el zumbido de las moscas, solo nuestra conversación.

INCISO. Mi utilización del verbo heder ha sido totalmente incorrecta a propósito. Por supuesto que sé que no se dice jiede sino hiede pero mi abuela y todas sus amigas lo decían así cuando yo era un infante y he querido homenajear ese saber popular que estamos perdiendo a manos de tanto terrorista lingüístico como un servidor. FIN DEL INCISO

No lo dejé respirar y contraataqué inmediatamente:
- Y si tantos sois, ya tienes edad para meter en húmedo esos diez centímetros de salchicha amarilla y empezar a traer al mundo cabezudos asiáticos como tú y no te deben faltar hembras dispuestas al asunto cuando ni siquiera tendrán que cocinar porque tú piensas que es más sano comer fuera. Y medio vagón prorrumpió en aplausos. Creo que hasta el maquinista tocó la pita para festejar mi lucidez mental.
- Yo mujer china aún no encontrar pero cuando hacer, mujer en casa quedar para cocinar e hijos criar. Mujer china cocinar para su hombre deber, buena esposa ser. Yo trabajar y dinero traer y ella ocupar de familia - una de las italianas me dio la impresión que se estaba levantando para arrearle una hostia al chino allí mismo y la señora que había hecho amagos de intervenir se estaba poniendo roja de la rabia.
Es que me lo puso en bandeja así que le respondí en su mismo idioma:
- O sea, que tú cuando mujer en casa tener, no comer fuera porque mujer buena para cocinar y criar niños ser y comida casera entonces no mala ser y casa no devaluar. ¡Anda y que te folle un pez! - y zanjé la conversación. De nuevo me aplaudió todo el mundo y me vitorearon mientras llegábamos a la estación y era la hora de bloquear la puerta de salida con las bicicletas porque el mamón para salir también monta un número de cuidado.

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Maldita suicida

Hay cosas que me pierdo por coger tantas vacaciones pero por suerte siempre hay alguien que generosamente me lo cuenta y al final queda reflejado en el diario. La semana que estuve en Gran Canaria disfrutando del sol y la playa no sucedieron grandes cosas en Holanda y la atención de todo el mundo se centraba en el mundial y en ver como lo haría la selección naranja.

Cuando volví mi amigo el Chino me contó que uno de los días al volver a casa del trabajo sucedió algo extraordinario. Primero quiero recordaros que el Chino vive en mi misma calle y viajamos juntos en ocasiones, cada uno con su bicicleta plegable. El hombre estaba en el tren pensando en sus chinadas y masticando los últimos restos de su almuerzo ya que miles de millones de chinos desprecian el lavarse los dientes por ser poco higiénico y en su lugar escogen las gárgaras con Coca-Cola, bebida que si puede provocar un géiser en combinación con un mentos o desatascar un tornillo es perfectamente capaz de limpiar los dientes y dejarlos negros. El Chino jugaba con su lengua y se relamía con esos trocitos de la comida engullida unas horas antes cuando un golpe brusco estremeció el tren, que corría a ciento treinta kilómetros por hora camino de Utrecht.

Después de dicho golpe el tren comenzó a frenar a todo trapo y la bicicleta de mi amigo salió lanzada hacia delante al igual que la gente que no estaba sentada. Algunas hembras en edad de ovular gritaron y las ancianas sonrieron ya que la presión sobre sus cuerpos les recordó aquellos maravillosos años en los que practicaban el sexo y gozaban con el placer de tener una palanca caliente y pulsante dentro de sus vaginas durante un corto periodo de tiempo, pese a la desventaja de los nueve meses que se tenían que pasar infladas como globos. Ellas no pudieron aprovechar las ventajas que dan hoy día los medios anticonceptivos y como los cuervos negros de todas las variantes cristianas las exhortaban a parir cual conejas del Opus Dei, acabaron rodeadas de una prole numerosa y tuvieron que revivir en sueños los momentos en los que sus cuerpos se tensaban y se tenían que tapar la boca para no gritar igual que lo hacía la Loca de Carola, personaje legendario de la universidad de Las Palmas que creó su propia leyenda urbana con unos gritos en el momento del orgasmo que asustaban al más pintado.

Volvamos al tema que como siempre me desvío. El tren se detuvo tan rápido como pudo el conductor y por unos minutos no pasó nada. Las puertas seguían cerradas y la gente trataba de averiguar lo que sucedía. El Chino estaba en la parte delantera del tren y vio como el revisor entraba en la cabina del conductor que parecía presa de un ataque de nervios. De lo poco que pudo ver le impresionó el manchón de sangre roja que adornaba la ventana, similar al que produce una paloma de mierda cuando se estampa contra el cristal de nuestro coche, algo que he vivido en una ocasión en la que cierta joven que en paz descanse nos bajó a la ciudad desde la universidad y después de coger una curva que se debía tomar a cuarenta kilómetros por hora a más de cien acabó soltando el volante y gritando como una loca cuando vio esos ojitos saltones de la paloma mirándola desde el otro lado del cristal. Un amigo mío agarró el volante como pudo y la tuvo que convencer para que volviera a conducir y se dejara de milongas. Cuando llegamos a la parada de guagua más cercana nos bajamos del vehículo y continuamos nuestro viaje en transporte público, jurando no volver nunca más a viajar con aquella chica. Hace menos de un año la joven se colgó de una cuerda y acabó con su historia, al poco de casarse con su novio de toda la vida. La familia de la que viene tiene un historial de siniestros que pone los pelos de punta a cualquiera pero esa historia la dejaremos por el momento pendiente.

Tras esta segunda interrupción sigamos con el relato. El conductor salió acompañado del revisor. El hombre iba llorando y balbuceaba frases de disculpa. Al parecer en uno de los cruces para caminantes que hay en dicho bosque había una chica esperando que pasara el tren. O eso parecía. Cuando el tren iba casi junto a ella se lanzó y acabó aplastada cual mosca contra la parte delantera. La mamona tuvo que elegir ese día y hora para suicidarse y joder a todos los pasajeros de un tren. Por estar en medio del bosque llegar al lugar no es algo sencillo y la ambulancia y coches de policía tardaron un rato. Mientras tanto todos permanecían dentro del tren, la mayor parte ignorantes de lo que había pasado. La policía los evacuó por una de las puertas traseras y tuvieron que andar dos kilómetros hasta llegar a la estación más próxima. Allí esperaron más de hora y media hasta que la compañía ferroviaria habilitó un servicio de autobuses con los que llevar a los pasajeros. Varias líneas se vieron afectadas. El Chino tardó más de tres horas en llegar a su casa y se acordará toda su vida de la cabrona que le jodió una tarde soleada.

En el puto vagón de atrás

A unas la vida les da compresas, a otros les da disgustos y a mi me rodea de bichos raros. Después de los dos días en los que no me pude mover por culpa del agotamiento llegó la hora de volver a acudir al trabajo en bicicleta. Salgo de mi casa con cinco minutos de margen por si no puedo alcanzar la velocidad habitual de crucero y cuando paso cerca de la parada de guagua veo que algo oscurece el horizonte. Cualquier intelectual que siga esta bitácora regularmente sabrá de lo que se trata. Mi amigo el Chino estaba allí y su monstruosamente enorme cabezón absorbía la luz de la mañana con su enorme superficie. Desde la bicicleta le grité que nos veíamos en el tren y seguí mi camino. El Chino agitó su cabeza asintiendo y la corriente de aire generada provocó turbulencias en todos los aviones que se encontraban en esos momentos sobre los cielos del Benelux.

No me fue muy mal y llegué a la estación de tren con cuatro minutos de adelanto sobre la hora de salida del tren. Así y todo me tomó más tiempo del habitual. Entré en el vagón y como el Chino no daba señales de vida lo llamé por teléfono. Lo que viene a continuación es un documento estremecedor con la conversación que tuvimos:
- Chino, ¿dónde estás?
- Estar Yo en andén, buscarte y no verte aquí. ¿Tú ya estar en estación? me dijo en su particular dialecto.
- Yo aquí estar - le respondí usando su mismo lenguaje para que me pille más fácilmente.
- ¿Dónde tú estar? me dijo
- En la parte de atrás del tren, en el último vagón - le respondí.
- Último vagón ser ese que junto a escalera estar, vagón con conductor ser.
- Noooooo. El último vagón es exactamente el opuesto, el que está en la parte de atrás del tren - le dije comprobando que quedaban dos minutos para salir.
- Yo estar en la parte de atrás junto a la escalera y tú no estar aquí. Conductor ser persona buena e inteligente y bicicleta tuya no ver yo me explicó con ese don de palabras que Dios le ha dado.
- ¡Que No! ¡Que estoy en el otro lado, cerca de la puerta por la que entras cuando vienes en bicicleta - le dije para que me ubicara porque el andén de los trenes que van hacia Hilversum es el único que tiene una entrada directa desde la calle.
- No, tu en entrada no estar. Yo junto a entrada ser y conductor ver pero no tu bicicleta. Tú estar en otra parte - mi paciencia es escasa y a estas alturas ya se me caldeaban los huevos de los nervios.
- Chino, no me toques las pelotas y camina a la parte de atrás del tren que solo quedan noventa segundos para que salga - mensaje claro y expeditivo para ver si así lo captaba.
- Yo no ver a tí. Tú estar aquí no. Parte trasera de tren estar y tú no ser - ya debéis ser muy buenos traduciendo esta jerga así que no me preocupo mucho en explicar lo que quiere decir.
- ¡Coño! Vente pa’ acá de una vez y no me estés jodiendo. Camina al otro lado del tren que estás en la parte delantera. El tren avanza en esa dirección así que esa es la parte de delante y la parte de detrás es la que llegará en último lugar a Hilversum.
- Tú atrás no estar. Yo estar atrás y verte a ti no. - mira que es lento el hijoputa para comprender estas cosas.
- Chinnnnooooooooo grité a pleno pulmón. ¡Ven pa’ acá ya joder! - le grité y toda la gente en el tren pudo escuchar mi desgarrada llamada al colega. Algunas hembras se sobresaltaron y como consecuencia del susto ovularon almendras garrapiñadas.
- Tu voz oír yo. ¿esconder Tú donde? - me dijo
- El tren sale ahora mismo, deja de hacer el pollaboba y entra ya - mi paciencia ya estaba totalmente agotada
- Yo a tí no ver, entrar en tren no

Me tuve que asomar a la puerta del vagón, miro hacia el otro lado del tren y lo veo allí, a medio camino mirando despistado mientras ese cabezón vacío se bamboleaba sin control.

- Estoy aquiiiiií - le grité

En ese momento giró la cabeza y me vio. Se acercó corriendo porque ya el revisor estaba por tocar el silbato y cerrar las puertas y entró en el tren en el último momento. Lo miro y le digo:

- ¡Esta es la parte de atrás! que lo sepas y el colega me mira resignado y me responde
- No ser parte de atrás, el otro lado ser porque conductor estar allí - trató de explicarme pero yo ya estoy por encima de sus explicaciones esperpénticas así que lo corté en seco
- ¡Tú mismo! - y cambié de conversación para que se me calmaran los nervios que los tenía muy alterados.

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