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En el puto vagón de atrás

A unas la vida les da compresas, a otros les da disgustos y a mi me rodea de bichos raros. Después de los dos días en los que no me pude mover por culpa del agotamiento llegó la hora de volver a acudir al trabajo en bicicleta. Salgo de mi casa con cinco minutos de margen por si no puedo alcanzar la velocidad habitual de crucero y cuando paso cerca de la parada de guagua veo que algo oscurece el horizonte. Cualquier intelectual que siga esta bitácora regularmente sabrá de lo que se trata. Mi amigo el Chino estaba allí y su monstruosamente enorme cabezón absorbía la luz de la mañana con su enorme superficie. Desde la bicicleta le grité que nos veíamos en el tren y seguí mi camino. El Chino agitó su cabeza asintiendo y la corriente de aire generada provocó turbulencias en todos los aviones que se encontraban en esos momentos sobre los cielos del Benelux.

No me fue muy mal y llegué a la estación de tren con cuatro minutos de adelanto sobre la hora de salida del tren. Así y todo me tomó más tiempo del habitual. Entré en el vagón y como el Chino no daba señales de vida lo llamé por teléfono. Lo que viene a continuación es un documento estremecedor con la conversación que tuvimos:
- Chino, ¿dónde estás?
- Estar Yo en andén, buscarte y no verte aquí. ¿Tú ya estar en estación? me dijo en su particular dialecto.
- Yo aquí estar - le respondí usando su mismo lenguaje para que me pille más fácilmente.
- ¿Dónde tú estar? me dijo
- En la parte de atrás del tren, en el último vagón - le respondí.
- Último vagón ser ese que junto a escalera estar, vagón con conductor ser.
- Noooooo. El último vagón es exactamente el opuesto, el que está en la parte de atrás del tren - le dije comprobando que quedaban dos minutos para salir.
- Yo estar en la parte de atrás junto a la escalera y tú no estar aquí. Conductor ser persona buena e inteligente y bicicleta tuya no ver yo me explicó con ese don de palabras que Dios le ha dado.
- ¡Que No! ¡Que estoy en el otro lado, cerca de la puerta por la que entras cuando vienes en bicicleta - le dije para que me ubicara porque el andén de los trenes que van hacia Hilversum es el único que tiene una entrada directa desde la calle.
- No, tu en entrada no estar. Yo junto a entrada ser y conductor ver pero no tu bicicleta. Tú estar en otra parte - mi paciencia es escasa y a estas alturas ya se me caldeaban los huevos de los nervios.
- Chino, no me toques las pelotas y camina a la parte de atrás del tren que solo quedan noventa segundos para que salga - mensaje claro y expeditivo para ver si así lo captaba.
- Yo no ver a tí. Tú estar aquí no. Parte trasera de tren estar y tú no ser - ya debéis ser muy buenos traduciendo esta jerga así que no me preocupo mucho en explicar lo que quiere decir.
- ¡Coño! Vente pa’ acá de una vez y no me estés jodiendo. Camina al otro lado del tren que estás en la parte delantera. El tren avanza en esa dirección así que esa es la parte de delante y la parte de detrás es la que llegará en último lugar a Hilversum.
- Tú atrás no estar. Yo estar atrás y verte a ti no. - mira que es lento el hijoputa para comprender estas cosas.
- Chinnnnooooooooo grité a pleno pulmón. ¡Ven pa’ acá ya joder! - le grité y toda la gente en el tren pudo escuchar mi desgarrada llamada al colega. Algunas hembras se sobresaltaron y como consecuencia del susto ovularon almendras garrapiñadas.
- Tu voz oír yo. ¿esconder Tú donde? - me dijo
- El tren sale ahora mismo, deja de hacer el pollaboba y entra ya - mi paciencia ya estaba totalmente agotada
- Yo a tí no ver, entrar en tren no

Me tuve que asomar a la puerta del vagón, miro hacia el otro lado del tren y lo veo allí, a medio camino mirando despistado mientras ese cabezón vacío se bamboleaba sin control.

- Estoy aquiiiiií - le grité

En ese momento giró la cabeza y me vio. Se acercó corriendo porque ya el revisor estaba por tocar el silbato y cerrar las puertas y entró en el tren en el último momento. Lo miro y le digo:

- ¡Esta es la parte de atrás! que lo sepas y el colega me mira resignado y me responde
- No ser parte de atrás, el otro lado ser porque conductor estar allí - trató de explicarme pero yo ya estoy por encima de sus explicaciones esperpénticas así que lo corté en seco
- ¡Tú mismo! - y cambié de conversación para que se me calmaran los nervios que los tenía muy alterados.

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Mi vida en Hilversum

Ya estoy a menos de cuarenta y ocho horas para ser el propietario de una vivienda en los Países Bajos. Miro a mi alrededor, en mi apartamento de treinta y cinco metros cuadrados y solo veo cajas, espacios vacíos y cosas desmontadas. Ahora sé que odio las mudanzas porque son deprimentes y revuelven cosas que uno no quiere agitar.

Llegué a Hilversum en Julio del año 2000, concretamente el 1 de Julio. Hacia mediados de ese mes alquilé el apartamento en el que vivo, sin muebles y tras una redada en Ikea, compré de lo malo lo peor y de lo peor lo más barato. Siempre pensé que en un par de años volvería a casa y que no merecía la pena el cargarme de cosas que después no me podría llevar. Esos dos años se extendieron a tres, luego a cuatro y finalmente asumí que me quedaría en este país por bastante tiempo, básicamente porque aquí si se valora mi trabajo, se me paga lo que me merezco y estoy en un ambiente laboral impensable en mi tierra, lugar que parece condenado a ser las playas de Europa y en donde todo lo que no sea sol y playa no se valora o directamente no tiene cabida.

En estos momentos soy un ingeniero altamente especializado en software de gestión. Analizo problemas, los aislo y en colaboración con los equipos de desarrollo encontramos soluciones. En otras ocasiones descubro errores de configuración y los reparo en el instante. Hablo cada día con gente de más de veinticinco países. Tras dos años me convertí en el responsable de producto de varias líneas de software, cargo que habitualmente estaba reservado para tipos con años en la empresa y con un profundo conocimiento de la arquitectura de nuestro software. Hoy por hoy no solo soy responsable de un producto, sino que estoy a cargo de ocho de ellos. Hay cuatro responsables más y todos ellos llevan un único producto. He roto todas las barreras que me han puesto y he salido siempre airoso. Como responsable de estos productos estoy involucrado en el proceso de gestación de nuevas versiones desde el comienzo del ciclo del software hasta que llega al cliente. Asesoro a los canales de venta y todos saben que la palabra del único español que queda en los cuarteles generales de nuestra división va a misa. Esta es mi vida laboral, que al menos por ahora no muestra señales de que vaya a cambiar.

En estos cinco años largos Hilversum se me ha metido en la sangre. Una pequeña ciudad de ochenta mil habitantes situada a veinticinco minutos en tren del centro de Ámsterdam, a quince minutos del centro de Utrecht, a cuarenta minutos del aeropuerto más laureado de Europa. Conozco casi todos los rincones de esta mi ciudad. Me paran por la calle y me preguntan por sitios y no dudo ni un instante al dar indicaciones. Conozco un montón de gente en el mercado, en las tiendas, en el cine (en donde soy el cliente número uno). Gran parte de mi universo es esta ciudad preciosa. Voy todos los días a trabajar en bicicleta, paseo por los bosques que nos rodean, hago fotos continuamente en esas impresionantes reservas naturales, me pierdo por sus veredas y siempre vuelvo a casa sudoroso y feliz, a mi casa.

Voy a dejar atrás un montón de años increíbles, un montón de gente encantadora que se han cruzado en mi camino y han entrado a formar parte de mis historias. En Hilversum conocí a mi amigo holandés, al chino, al turco, a la peruana y a un montón de españoles que ya se han ido. Los sábados cuando recorro las calles peatonales del centro haciendo la compra no es raro verme en alguna calle hablando con conocidos, saludando a gente. Formo parte de la parroquia de varios bares en donde me ven llegar y ya saben lo que voy a pedir. Todo esto quedará atrás el sábado cuando me mude.

Sé perfectamente que tendré una estupenda casa en un buen barrio y que de alguna manera volveré a reconstruir mi red de conocidos, que dentro de unos años en Utrecht tendré los mismos vínculos que tengo aquí y ahora. Pero eso no me consuela. El sábado cerraré un capítulo de mi vida y comenzaré otro en una página en blanco. El lunes volveré a la ciudad, pero lo haré como trabajador que sólo viene a pasar ocho horas en la oficina. Ni es lo mismo ni es igual. El lunes tras el trabajo me quedaré para ir al cine aquí, con mis amigos, a la sesión de preestrenos que solemos acudir. Cuando acabe la película y mientras los demás se van a casa andando yo tendré que coger el tren y volver a mi nueva casa, mirando por las ventanas mientras mi antigua ciudad queda atrás. La vida es un lento río que fluye sin pausa y una vez has pasado por un sitio no vuelves a visitarlo. El río de mi vida está apunto de salir de esta etapa y sólo Dios sabe lo que encontraré en la próxima.

Arbol nevadoNieve en HilversumNieve en HavenstraatAtardecer en HilversumIglesia de San Victor
Bicicletas en HilversumToleranciaAnna's HoeveOude HavenHilversum bajo mis ojos

Breaking News: El chino compra casa

Alucina, vecina. Mi amigo el chino se ha comprado casa esta semana, siguiendo mi exitosa estela. ¿Y dónde se la ha comprado? ¿en China? Poz No, ¿en Hilversum? Poz No, ¿en Utrecht? Po Zi y más concretamente en mi puta calle. Ya sé que parece increíble pero es real como la vida misma. Vamos a ser super-vecinos, casi puerta con puerta. Yo que pensaba que iba a dejar atrás toda mi vida y a mis conocidos y estos se aprestan a seguirme. Ya he pasado la noticia al turco a ver si se apunta, aunque este me ha dicho que esto huele a mariconeo del fino y que por ahora se queda en su apartamento junto al hotel Amstel, el mismo en el que se rodaron un montón de escenas de la peli esa en la que el Brad, el George y una banda de metrosexuales de mierda planeaban y ejecutaban un atraco en la capital neerlandesa.

Leyendas del Oriente II

Mi amigo el chino continúa siendo una fuente inagotable de conocimiento insubstancial y vulgar. Parece increíble que alguien tan poco dotado de imaginación se saque unas teorías tan exóticas de la manga y sea capaz de convencerte, no sin antes habernos batido a insultos defendiendo nuestras posiciones. Recordaréis cuando hace unos meses hablamos de las leyendas del oriente y las ideas que tiene el chino sobre el pelo, la mezcla de razas y la comida. Tras unos meses de estudio de campo, he recopilado tres nuevas leyendas que apunto en este mi diario para nuestro particular disfrute:

Sobre la comida y la fisionomía
El chino lo tiene clarísimo. Las gentes de cada raza tienen el aspecto de lo que comen. Los japoneses parecen lenguados de tanto comer pescado, con esas caras aplastadas y ese color amarillo enfermizo. Los musulmanes tienen el pelo rizado como las ovejas, por culpa de su negativa a consumir carne de cerdo, lo cual los limita mucho y los deja en manos de corderos, cabras y ovejas. El chino te dice esto tan serio y te señala a cualquier turco que se nos cruza por la calle y te dice que parecen corderos. Sobre los coreanos no le cabe la menor duda de que parecen perros, debido en gran medida a la costumbre que tienen en esas latitudes de comerse al mejor amigo del hombre. Yo nunca les he visto ese parecido, aunque sí que diré que a mí lo que me parecen son cabezudos, que son como papagüevos con esas testas de tamaño XXL. A los alemanes los ve como asalchichados debido al consumo masivo de salchichas y sobre los americanos, dice que son como vacas por culpa de su afición perniciosa a los animales del mismo nombre, de los que se comen hasta las uñas de los pies, aunque eso sí, debidamente empaquetadas como hamburguesas.
Traté de averiguar a qué tipo de animales nos parecemos los españoles, aunque no tuve éxito. Tengo muy claro que no quiere perder las amistades y que sabe que yo, con mi sencillez y honestidad, como me diga que me parezco a algún tipo de bicho que no me guste, lo dejo sin dientes del moquetazo que le arreo. Es lo bueno que tiene el talante de nuestra raza, que todo lo arreglamos expeditivamente para que nos dé tiempo a irnos de copas. También le pregunté sobre el tipo de animal o vegetal al que se asemejan los chinos, pero ahí fue aún más críptico. Parece ser que el comunismo ha borrado este tipo de rasgos de su raza y en la actualidad no se parecen a ningún tipo de animal. Creo que se ofendió bastante cuando le dije que yo les veo pinta de ratas cabezudas, pero como yo era el que pagaba las cervezas, se tuvo que joder y tragarse la rabia.

Sobre los informáticos y su legado genético
El chino sostiene que los informáticos solo tienen hijas. Se basa en estudios que se han hecho en su país y en su propia observación del departamento de desarrollo de productos de nuestra empresa. En esa planta sólo tenemos programadores, arquitectos de software y similar miasma despreciable y cuando haces una ronda y les preguntas, pues resulta que el hijoputa tiene algo de razón, porque todos los ingenieros del software decentes tienen hijas y aquellos que son harto conocidos en la empresa por no dar un puto palo al agua y ser más malos que las canciones de Georgie Dann, esos tienen hijos varones. El chino dice que es culpa de la exposición prolongada a las pantallas de ordenador combinada con las ondas y campos electromagnéticos producidos por los ordenadores. Por esta misma razón el colega ha alejado el ordenador de su sagrado cuerpo y ha puesto una especie de mampara protectora que le ayudará a tener hijos en un futuro, aunque ha llegado a rumiar algo sobre no acercarse a un ordenador durante un año cuando decida ser padre. No sé como lo hará ni si podrá sobrevivir estando tan lejos de la tecnología durante un periodo tan prolongado, pero espero poder verlo.
Ahora ha extendido esta teoría a los auriculares Bluetooth para los teléfonos móviles y dice que esas ondas tan cercanas al cerebro te reorganizan el material genético y sólo tienes corridas productoras de hijas. Como sus elaboradas ideas sean ciertas, en veinte años en este mundo no nace un macho ni de coña.

La perfecta higiene bucal
La última y más horripilante de sus teorías tiene que ver con la Coca-Cola. Según él, en su composición tiene algo maravilloso que hace que sea perfecta para limpiarte la boca, no siendo necesario el lavarse los dientes cuando se utiliza. Así que siempre que comemos juntos, se pide una de esas bebidas al acabar la comida y se pone a hacer gárgaras con la misma, tragándose los buches una vez han cumplido su función limpiadora. No hay nada en este mundo que me de más asco que esos momentos, absolutamente nada. Se me pone el vello de punta cuando lo veo que agarra el vaso de refresco, se echa un buche al gaznate y se pone a agitarlo en el mismo. Me pongo enfermo del asco. Le he explicado en repetidas ocasiones que es asqueroso y una falta de educación inconmensurable, pero parece no importarle. Él va a lo suyo y sigue limpiándose los dientes con dicho refresco. Lo mejor es que tiene la boca que da pena, penita, pena, pero eso no parece detenerlo. A ese lo agarra mi dentista y lo deja sin dientes, porque se le están poniendo negros de tanto despreciar el dentífrico y los cepillos de dientes.
Cuando se acaba el refresco, agarra los cubos de hielo y se los echa para dentro y se dedica a chuparlos, escupiéndolos de cuando en cuando en el vaso para coger resuello y devolviéndolos a la boca para terminarlos. Tras años de entrenamiento he alcanzado tal grado de abstracción que puedo permanecer sentado a la mesa mientras practica este hobby sin enterarme, concentrado como estoy en contar las líneas del estucado de las paredes. Espero que algún día se de cuenta de lo estúpida que es esa idea …

Regalo de boda II

Sería conveniente que te leas la primera parte de esta historia, regalo de bodas, antes de continuar.

Cuando avistamos a la parejita se estaban haciendo carantoñas frente al palacio real, en el Dam. Nuestro gozo en un pozo. La primera señal enviada para mostrar el enfado por no invitarnos a la boda y no fueron capaces de captarla. La segunda la recibieron claramente. Nada más verlos les dimos aquella caja mostruosamente grande envuelta en papel de regalo para que la cargaran durante todo el día, que teníamos pensado pasar el día juntos. Como no teníamos ni idea de adonde ir (mentira, lo sabíamos perfectamente pero siempre es bueno cansar al enemigo) nos echamos a andar sin rumbo fijo. Nos separamos en grupos. El chino con la flamante esposa, el indonesio con su hermana y yo con el sueco. De las otras conversaciones no puedo contar mucho, pero la mía fue productiva. En primer lugar confirmar que el sueco por fin se la ha follado. Cuando lo dijo se pudieron ver los fuegos artificiales que el ayuntamiento de Amsterdam lanzó para celebrar el evento. Por darle, hasta le di una palmadita en la espalda, alqo que para alguien tan nórdico y criado sin ningún tipo de afecto materno, le produjo un escalofrío de horror. Lo segundo que me contó fue que su boda fue por la iglesia católica y que para ello se tuvo que convertir. Le di la bienvenida a la fe auténtica y le recordé que en esta religión hay categorías y que ya pueden pasar lustros hasta que sea bienvenido en la liga de Campeones, que es a la que yo pertenezco como campeón de la fe y santo en ciernes. No quiero que piense que cualquier protestante de mierda se hace dos cursos y llega a primera división sin más. No estoy muy seguro que el eslavo este capte los conceptos de nuestras creencias al completo, pero seguro que al menos lo intenta. Lo que ha comprendido perfectamente y sin fisuras es que la indonesia no usa anticonceptivos porque van en contra de la palabra del señor y que como no tenga cuidado, se le acaba la juerga bien pronto y tendrá que volver a sacar músculos en los brazos. El colega muestra una gran preocupación por dicho asunto y me confesó en la intimidad y el incógnito que da el hablarle a alguien en quien no confías que puesto que no puede usar protecciones no homologadas por la iglesia, se pone un sello de la reina de Holanda en la punta de la polla y así cuando se corre los espermatozoides se mueren del susto al ver semejante vieja fea. Como erudito de la ignorancia no puedo confirmar si este método es moralmente aceptable, pero como no supone envolver el cipote en plásticos ni la ingestación de espermicidas, supongo que el hombre se puede arrallar un par de millos y continuar con su sistema. Hasta ahora le ha ido bien. Parece que los sellos de sesenta céntimos funcionan mejor que los de veinte. La hembra ponedora aún no se ha dado cuenta y eso que ahora, cuando ovula, lanza cien gramos de celulosa, por no decir que si pones las compresas en un buzón y les escribes una dirección, llegarán a su destino por estar certificadas. Él se está dejando el sueldo en sellos, pero debe aprender bien pronto que quien algo quiere algo le cuesta.

Con semejantes temas de tertulia casi ni me di cuenta que habíamos cruzado la ciudad. El chino nos había llevado hasta un cine para coger el programa y ver si después de comer podíamos ver algo. Después de arduas negociaciones la ganadora fue Robots. Deshicimos el camino andado ya que el lugar en el que íbamos a comer no estaba en aquella zona (parte de nuestra estrategia, obviamente). Elegimos un restaurante bastante famosillo, el Dim Sun Palace, especializado en la primera parte de su nombre. El chino como siempre estableció la comunicación, al utilizar el mismo tipo de señal portadora que los empleados del lugar. Nos trajeron una gran selección de Dim Sun y semejantes y como regalo especial a la novia, un plato de patas de gallina fritas, plato que ni probé ni permití que pusieran cerca de mí, que a mí me dan mucha grima las patas de pato o de gallina, como todos sabemos perfectamente. La comida fue soberbia. Durante la misma nos enteramos que la reciente esposa se pensaba que el indonesio se había echado novia, así que le tuvimos que explicar que son hermanos, algo obvio cuando uno mira el tamaño de los cabezones, que parecen globos de lo grande que son. Tras la comida, paseito para hacer la digestión y terminamos en The Three Sisters Pub, uno de mis favoritos y un lugar al que acudo muy a menudo con el turco por ser un punto en el que se pueden realizar avistamientos fácilmente. Como aún era invierno no hubo carne fresca, pero una cerveza es una cerveza, así que no me quejo.

De la película ya he hablado, así que nos saltamos esa parte y continuamos tras el espectáculo cinematográfico. Teníamos planeado cenar juntos y como siempre, acabamos en un chino. En esta ocasión nos fuimos al barrio de los susodichos y cenamos en uno de los restaurantes que frecuentamos. Cometimos el error de pedir comida para cinco (aunque éramos seis) y nos sobró un montón. Ya veníamos requintados del almuerzo y los estómagos, por más que tengan paredes flexibles tienen un límite. De todo lo que nos trajeron yo hubiera prescindido del pato a la pekinesa, que sigo repitiendo que no me gusta comer pato con palillos, que te lo ponen con los huesos y yo no tengo la suficiente soltura dental para separar carne y masa calcárea, por no decir que me da un asco terrible lo de escupir el hueso en el platito que tenemos a nuestro lado.

A estas alturas del día el sueco y su esposa indonesia aún no habían abierto el regalo, así que tras la comida llegó la hora de ver su cara de decepción. Merecieron la pena todos y cada uno de los euros que pusimos para comprar la cafetera sólo por las caras que pusieron. Huelga decir que esperamos que nos inviten a su casa para poder probar el café sublime que hace dicha máquina.

Tras la apertura del apreciado presente, levantamos el campamento y nos fuimos juntos a la estación, que unos íbamos a Hilversum, otros a la Haya y el último grupo a Eindhoven. Seguro que pasará bastante tiempo antes de que volvamos a estar todos juntos.

Regalo de boda I

Siguiendo con la crónica de mi iterativa vida, falta de sobresaltos y aventuras, he de repetirme por enésima vez e involucrar a esos santos que me soportan habitualmente en estas latitudes. Lo que voy a contar hoy sucedió el lunes de Pascua, el pasado 28 de Marzo, primer día festivo de este año y primer día festivo en Holanda que cae entre semana desde Mayo del año pasado. Sí queridos, se os pone la lengua negra de criticar y quejaros, pero que sepáis que cuando una fiesta cae en sábado o en domingo en este país, nos jodemos y maldecimos en voz baja. Y como este es un estado laico, o lo que es lo mismo, una mierda pinchada en un palo, no tenemos casi ningún puto día festivo a lo largo del año. Me gustaría que a esos que se les infla el pecho alegando su ateismo se les obligara a trabajar cada vez que hay una fiesta religiosa, como me sucede a mí por estas tierras semisumergidas.

Después de pasarme la semana santa en el moro, llegué ardiendo en deseos de encontrarme con semejantes y mantener conversaciones superficiales y vulgares. El chino me informó que ese lunes teníamos reunión para celebrar que uno de los colegas se había casado en enero. Más que reunión, era nuestra vendetta. El desgraciado, después de padecerlo durante años no nos invitó a su puta boda en Indonesia, boda a la que por supuestísimo hubiera acudido, que todo el mundo sabe que yo me pierdo por un bodorrio en el tercer mundo. El individuo en cuestión es un colega sueco que se ha casado con una indonesia católica. Para un país en el que el noventa por ciento son musulmanes, el cabrón tuvo puntería. Los problemas vinieron más tarde, cuando después de ennoviarse se enteró que los católicos no follan antes del matrimonio. El me tanteó para verificar la verdad de ese dogma y le tuve que explicar con gran paciencia que yo soy católico de liga de Campeones, que nosotros los españoles nacemos tan bañados en catolicismo que podemos no seguir las reglas básicas sin ver nuestro asiento en el cielo en peligro. Su novia, sin embargo, es católica de un país de herejes, un lugar en el que hace cuatro días que llegamos a descubrirles la verdad y por tanto no está sujeta a nuestras excepciones y beneficios. Es por tanto normal que la aludida no folle. El pobre me miró tristemente y no dijo nada. Seis meses más tarde parecía el primo sueco de Popeye, con unos músculos en los brazos que ya los quisiera cualquier obrero de la construcción. Al principio sólo tenía músculos en un brazo, pero tras consultarlo con la autoridad competente, ensayó con éxito las maniobras usando la otra extremidad superior y fue capaz de igualar ambos músculos. La indonesia si se dio cuenta del aumento de envergadura muscular de su novio, no lo hizo evidente. Ella seguía a lo suyo, con sus rezos y demás.

Ahora que se han casado, teníamos curiosidad por verlos. Como nos afrentó no invitándonos a ninguno, decidimos que se imponía un regalo barato y en conjunto y a ser posible, algo que le jodiera bastante y que tuviera que ver todos los días de su vida. Después de una visita fugaz a las tiendas del poblacho en el que vivo, sugerí una Philips Senseo, la super cafetera que está presente en más de la mitad de los hogares holandeses. No hay mayor marca de clase y estilo que tener una de ellas. Y lo malo es que el puto cacharro es caro, que nos costó la broma setenta euros, a repartir entre tres, porque el turco se negó a regalar por principios y por finales, que el hombre es más drástico y ya ha hecho cruz y raya. Como las tiendas cerraban el domingo nos vimos forzados a comprarla el lunes, en Amsterdam, que era la única ciudad del país en la que abrían las tiendas por ser festivo. Quedamos en encontrarnos un rato antes y comprarla entre el indonesio (Los que me siguen de toda la vida se acordarán de aquel gran éxito que fue mi vida con un indonesio), el chino y yo. El indonesio apareció con su hermana, la indonesia, a la que yo no tenía el disgusto de conocer, pero que después de conocerla me ha dejado en la más injusta de las indiferencias, porque la pobre casi que no abrió la boca y no hay nada que contar. Me recordaba al hermano de un cafre con el que estudié en informática al que siempre llevábamos a todos lados para que nos guardara las mochilas y los bolsos y del que aún ignoro si sabía hablar.

Volviendo al tema, entramos en unos grandes almacenes a comprar el dichoso trasto y a la hora de pagar me ofrecí a hacerlo con un billete de cien euros que me había dado al cambiar a Euros el dinero en Omán. El empleado rechazó el billete. En este país los billetes de cien, doscientos y quinientos euros están malditos y no los aceptan en ningún lado. Me tocó bastante los huevos porque si estos no lo cogen, que son como una especie de Corte inglés pero con empleados rubios auténticos, nadie lo va a aceptar y me veo teniendo que ir al banco a ingresarlo en mi cuenta. Después de pagar con tarjeta nos fuimos al encuentro del sueco y su indonesia, encuentro al que llegamos con quince minutos de retraso, lo cual espero les indicara que estábamos muy descontentos con ellos.

Esta historia continúa en Regalo de boda II

La cena turca

Siempre que vamos a Amsterdam acabamos yendo a comer al chino. Ya he hablado por aquí de las diferentes experiencias que hemos tenido, tanto con la comida como con las circunstancias que la rodean. Ayer, cuando llegó la hora de la cena, el turco tenía preparado un motín y lanzó la bomba: ¿vamos a comer a un turco? El chino se quedó blanco de la impresión, bueno mejor no exagerar que el chino ya es bien blanco, pero sí que se quedó callado y después empezó a divagar, que es la forma en la que expresa su nerviosismo. El turco insistió y no sé como sucedió, pero al final nos vimos andando en dirección al hotel Amstel, porque allí cerca está el restaurante al que íbamos. Este hotel, señoras, es donde se rodó y donde se hospedaron todos los pollardones de
Ocean’s twelve, esa mediocre película en la que una banda de metrosexuales se pasa cien minutos arreglándose las uñas e intercambiándose calzoncillos de Tommy Hil-finger. En el camino íbamos presionando al chino para que nos cuente cosas de su país, que es algo a lo que es siempre muy remiso. Hemos descubierto que su padre es arquitecto (aunque creo que el año pasado era psicólogo) y aún seguimos pensando que el chino trabaja para los servicios de inteligencia de su país y está infiltrado en Europa para aprender de lo más granado de la intelectualidad continental, osease, el turco y yo. Por lo que fuimos capaces de averiguar, el abuelo del asiático fue un importante miembro del partido y del ejército, aunque no se sabe muy bien que hizo porque era secreto y el pobre individuo murió joven, pero que como consecuencia de sus servicios al gobierno y al partido, el padre del chino estudió arquitectura, el chino pudo salir del país y al padre se le permitió tener dos hijos, lo cual es algo excepcional en esa tierra. Todo esto lo extrajimos con el consabido método de san Pancracio, animando al amarillo a introducir en su país el catolicismo como religión principal que es algo que siempre que lo intento lo pone de los nervios. Yo andaba vendiéndoles las ventajas de una religión que permite comer de todo, que permite practicar el sexo por todos los agujeros corporales, que permite hacer de casi todo y que tiene robustos sistemas de conmutación de errores (que en esta religión son pecados) lo que nos permite recibir actualizaciones gratuitas (llamadas perdón) y seguir pecando (es decir, teniendo nuevas fallas de comportamiento o errores). Yo soy muy chabacano, así que sabía de antemano que él alegaría que nuestra religión no se puede implantar en su poblado país por culpa de la prohibición en el uso y abuso de sistemas anticonceptivos y desde el momento en que aplicó esta linea defensiva contraataqué conque él tiene una hermana en un país en el que no se puede tener más de un hijo. El turco se encargó del resto. Estábamos en estos temas cuando llegamos al restaurante.

Estaba casi vacío, pero eso es normal porque eran las ocho y media y en Holanda la gente cena entre las cinco y las siete de la tarde. Fue abrir la puerta y entrar y aparece el camarero que se pone a hablar en turco con mi amigo y a abrazarlo y darle besos. Un mal rollo de cojones. Yo pensaba que no podía ser peor, pero estaba muy equivocado. Cuando terminaron el intercambio de información encriptada, el tío se volvió hacia el chino y lo empezó a besuquear y abrazar con la misma alegría. Yo traté de huir dando discretos pasos hacia atrás pero no hubo manera. Me sobó, me abrazó y me besó con ese bigotón a lo Sadam Hussein. Algo traumático y que me provocará pesadillas el resto del mes. Conseguimos llegar a la mesa pese al sobón aquel que se fue a traer la carta. Volvió acompañado del cocinero, el pinche de cocina, el otro camarero y dos más que estaban sentados en una mesa al fondo. No quiero que sientan lástima por mí pero todo el mundo me besó y me abrazó. Me sentía peor que la barbie chochona. Cuando acabaron con nosotros tenía la cara babeada. Hubo uno sólo que no se acercó y era el camarero holandés que tenían trabajando allí, al que se identifica claramente por ser rubio y por su típico rictus neerlandés.

Pedimos cerveza turca y el hombre se fue a traérnoslas. En ese instante mi amigo nos advirtió que es una cerveza muy mala y que parece meados de cabra montesa, pero si no pedimos eso los tíos van a creer que despreciamos su bebida nacional y tenemos que sacrificarnos por el bien de las relaciones oriente-occidente. Le dije al turco que no se preocupara, que yo me crié tomando cerveza Tropical y CCC Dorada, que también son como meados, pero de perra pulgosa. El turco cree que la razón de lo mala que es la cerveza en su país es el agua y yo le dí la razón, porque la fábrica de Tropical está al lado de las instalaciones de reciclado de agua de la ciudad de Las Palmas y siempre he pensado que es muy tentador el coger esa agua gratuita y usarla para fabricar su amarilla bebida.

El camarero nos trajo el líquido y nos dijo que nos olvidáramos de pedir entrantes porque nos iban a traer los que le salieran de los huevos al cocinero, ya que éramos como familia. De plato principal pedimos todos Kebab aunque en diferentes estilos. Uno con yogurt, otro picante y otro normal. Aquí cambiaron las alianzas y fuimos el chino y Yo los que empezamos a acosar al turco para que nos contara estas confianzas. Según el turco, era la segunda vez en su vida que iba a comer a aquel sitio, sólo una semana después de ir por primera vez con una turca a la que le ha echado el ojo y a la que confiaba en echarle al menos cinco casquetes. Lo de la turca parece ser que no funcionó, pero al menos le gustó la comida. Nosotros, que sabemos que este hombre miente más que un político español, seguimos con la presión, pero él no se salía de la historia. Le presionamos con todo tipo de tretas, preguntándole si había comentado que tenía una hermana casadera y por eso nos trataban como príncipes, o sí la chocha que había traído la semana anterior era tan espectacular que se ha convertido en el héroe del establecimiento hostelero. Según él, la chica es normal tirando a vulgar, una más del montón y dado su fracaso a la hora de intentar jincársela, la fémina es más estrecha que el callejón de la pulga.

Juro ante el Dios de los cristianos que lo intentamos, pero no hubo forma. A todas estas, nos fueron trayendo los entrantes que constaron de un salpicón sin pulpo, otro salpicón a la Arguiñano, es decir, cargado de perejil, una pasta con la misma textura que el gofio pero que sabía agria, unas aceitunas con pipa, que el chino se tragó pensando que era substancia comestible, una especia de jamón de vaca, que sabía un poco como chorizo y que estaba cocinado al horno envuelto en papel y para acabar con los entrantes, unas anchoas fritas, que el chino se comía quitándoles el espinazo mientras que yo y el musulmán nos las tragábamos enteras, como debe ser. He de decir que los entrantes estuvieron muy bien. Yo hubiera cambiado el jamón de vaca por un chorizo asturiano, pero en fin, esta gente se han condenado a sí mismos a no comer carne de gorrino.

Los Kebab eran de cordero. Venían acompañados de arroz y con verduras. Unos platos de morirse de grandes. Terminamos encochinados con tanta comida. El chino nunca ha entendido por qué en las cocinas de otros países salvo el suyo, se ponen los vegetales crudos en el plato. Como hace siglos que renuncié a que comprendiera y aceptara el concepto de ensalada, me he creado una nueva teoría, el círculo de la vida. Mi tesis es muy sencilla: El cordero come verduritas, como las zanahorias, la lechuga y demás, es decir, las asesina para alimentarse. Después viene el hombre, que es tan malo y retorcido como el cordero y lo mata y nos lo comemos, pero para completar el círculo y para honrar la memoria del animal, ponemos unas pocas verduras en el plato como ofrenda ritual al Dios de la carne de cordero. Parece que con esta sencilla teoría he convencido al chino, porque ahora al menos entiende que no nos comamos las verduras, puesto que son una ofrenda a los dioses y no vamos a afrentarlos zampándonoslas. Esta teoría se vendría abajo si saliéramos a comer con alguien que se coma la ensalada que viene en el plato, pero como aún no ha sucedido, se mantiene sin fisuras.

Tras la comida nos quedamos echando buchitos como los bebés, para evacuar el aire de los tripones. Tras casi una hora de tertulia decidimos ir a otro lugar a tomarnos algo. Con el miedo en el cuerpo, el turco avisó para pedir la cuenta. La idea era pagar y salir por patas. El tiro nos salió por la culata. Según nos trajo la cuenta, aparecieron de nuevo todos, incluido esta vez el rubio holandés y empezaron a abrazarnos y besarnos nuevamente. No creo que convenzamos al chino para volver a aquel sitio. Salimos de allí babeados de arriba abajo y con unos barrigones como los de una embarazada.

La última copa nos la tomamos en la cafetería que está en la esquina del hotel Amstel, justo al lado de la casa del turco. De nuevo he de decir a las señoras y señoritingas que leen esto que en esa misma cafetería se tomaban los capuchinos los metrosexuales de Ocean’s twelve. El camarero de noche tiene una pérdida de aceite increíble, además de estar perdidamente enamorado del turco. Eso se ve de lejos. Es vernos entrar y suelta los trapos y viene corriendo hacia nosotros. Pensé que este también nos besaba, pero conseguimos controlarlo escudándonos en una mesa. El turco dice que nunca viene a este bar solo, ya que no cree que salga de una pieza si lo hiciera. El camarero encima es del sur de Holanda y no le entendemos una mierda cuando habla, porque todos nosotros estamos educados en el alto Holandés que se habla en el Randstad, la zona central del país. El camarero también sabe que hablamos en inglés entre nosotros y con él, pero eso no quita que él siempre intente decirnos cosas guarrillas en su lengua, cosas que quizás sea mejor no comprender.

Acabamos la noche allí. La próxima vez los voy a convencer para ir a un español y pegarnos un atracón de fabada, para bautizarlos en el fascinante mundo de los castañazos.

Yo no estaré allí

La gran fiesta
Hoy es el gran día. Aquellos que entran de una forma regular recordarán que a principios de Diciembre hablé de la madre de todas las fiestas, un superevento organizado por un comité fantasma creado en la empresa en la que trabajo y que casualmente se celebra hoy. Como ya conté entonces, decidí no acudir a dicho acto social. De las cerca de cuatrocientas personas que trabajamos en Hilversum, yo fui la única a la que aparentemente no le ha importado decirlo alto y claro. Los otros, mis hipócritas compañeros, han criticado hasta la saciedad pero al final muchos de ellos han ido, que ya se sabe que el perro vuelve siempre a comer de la mano del amo. Hubo un grupo que trató de zafarse, rechazando la invitación mediante correo electrónico, pero fueron debidamente convencidos y al final estarán allí.
Después tenemos el grupo de los que dicen que van y luego inventan excusas y no aparecen. En ese grupo se encuentra mi amigo el chino. Hoy llegó a la oficina simulando un dolor de cuello y andando todo el día con la cabeza torcida. Ahora sé que el chino es un pedazo de actor y que debería estar entre las nominaciones a mejor actor principal en los Oscars de este año. El chino ha hecho un esfuerzo sublime por aparentar su enfermedad, aunque a mí no me engaña y al final ha tenido que reconocer lo obvio y evidente: que es todo cuento para tener una excusa. Como el chino, hoy los hemos tenido que han estado todo el día con bufanda, simulando resfriados, otros con jaquecas y los incapaces de actuar optaron por llamar esta mañana y declararse enfermos.
Finalmente está la gente que desde el principio respondieron afirmativamente y hoy estaban excitadísimos ante la perspectiva de pasar seis horas con comida y bebida gratis en compañía de todo el cuadro de directivos. Sobre estos últimos no sé si sentir lástima o desprecio. Que haya gente que sienta que su vida adquiere un nuevo sentido por poder estar cerca de aquellos a los que les da pánico hablar es algo que nunca comprenderé.

De alguna manera se ha sabido que yo no acudía, no porque yo lo haya ocultado, sino porque alguien lo ha filtrado. La noticia ha corrido por todos los departamentos. He contado más de veinte personas dejándose caer por mi despacho para preguntarme: “Vienes a la fiesta, ¿no?“. Mi paciencia es finita, así que con los últimos he sido un poco cruel. Mi jefe, que ya se graduó con honores en el master de comprender la mente de un canario en holanda, se abstuvo de abrir esa linda boca, porque sabe que sería un craso error, o lo que el populacho en la Isleta llamaba una cagada de escándalo. A todos los que vinieron y aducían al supuesto atributo de Team Building de dicho acto, les he recordado que el último viernes de cada mes se organiza un “Café” en la cantina y en este no solemos ser más de quince personas, a pesar de que hay “comida” y “bebida” gratuita, y les he remarcado el carácter de Team Building de dichos Cafés. Eso suele bastar para que salgan con el rabo entre las piernas, porque no pueden refutar el argumento. Yo jamás he faltado a uno de esos Cafés y de hecho, los que vamos somos siempre los mismos, incluyendo a mi vicepresidente, al manager general y a todos los pelotas que lo rodean. Así que todos ellos me conocen muy bien y nunca he tenido problema alguno en hablar con ellos y decirles a la cara lo que pienso de su gestión.

Tengo que admitir que de haber ido, podría haber hecho fotos para poner contenido en la bitácora los próximos dos meses, porque ver ese despliegue de rusas, checas, polacas y ucranianas no tiene desperdicio. Toda la planta de desarrollo, es decir, todos los frikis de los desarrolladores, se han casado a base de comprar esposas por catálogo, como ya expliqué en hembras à la carte. En mi planta los frikis optaron por las camboyanas, vietnamitas, malayas y uno de ellos por esposa colombiana. O sea, un catálogo de película de terror. Sólo conozco dos desarroladores que tengan esposa holandesa y son los únicos normales que hay en ese grupo.

La estrella de todo este evento, la que pondrá glamour y estilo, la que le dará un toque chic, la que romperá todos los moldes de escayola que le pongan por delante, será mi compañera transexual (aunque el turco y el chino prefieren que use el género masculino por no estar operado/a), que se ha pasado mes y medio buscando el vestido de noche perfecto para la que será su puesta de largo, que ha acudido ayer a la peluquería, que se ha pintado las uñas a juego con su traje, que demostrará a todos los presentes que es una top-woman y que ella, como ninguna, representa el ideal de la mujer del siglo XXI, mujer que viene equipada con un interfaz adicional que le permite metértela doblada, o sin doblar, a poco que te descuides.

En lugar de eso, pasaré la noche de cacería con mi amigo turco por el pueblo, que con el frío las hembras andan acorraladas dentro de los locales y es más fácil atosigarlas…

Leyendas del oriente

Mi amigo el chino lleva años viviendo en los Países Bajos. Cuando llegó, casi no hablaba inglés y el primer año fue un poco traumático. Ahora se defiende bastante bien en inglés y está aprendiendo holandés, como yo. Lo que no ha cambiado en todos estos años es su visión del mundo occidental. Hoy voy a recopilar algunas de sus explicaciones sobre cosas que a nosotros nos parecen normales.

Sobre la comida
Se lo tengo dicho al turco, pero nunca me escucha. Cuando vamos a comer al New King, uno de los mejores restaurantes chinos de Amsterdam, pase lo que pase, no pidas pollo agridulce. Ayer, el turco estaba provocador y le sugirió el pedir ese plato. El chino se quedó más blanco de lo que suele ser habitual en él. Primero hizo como si no hubiese oído nada, supongo que estaba contando hasta diez, pero una vez repuesto del shock, le preguntó si estaba loco. Según nos explicó el asiático, el pollo agridulce es comida que en su país sólo come gente de clase muy muy baja y por supuesto él no la come. Nos expresó sus dudas sobre la calidad del pollo que se usa para hacer ese plato y nos dijo que ser visto comiendo pollo agridulce equivale al suicidio social en la gran China. Aunque el turco lo intentó, no consiguió que cediera y nos quedamos sin comer eso. En venganza el chino se empeñó en pedir cerdo, para provocar al turco, que es musulmán. Yo asistía al combate de culturas, encantado de la vida porque la religión católica nos permite encochinarnos con cualquier cosa. Si es que donde esté el Dios de los católicos, que se quiten los demás.

Sobre la mezcla de razas
En China, cuanto más clara es tu piel, más pura es la raza. O eso nos dice el colega. Así que por descontado, el hombre este no se pone al sol ni de coña. Faltaría más. Por culpa de este prejuicio, tampoco entiende como una mujer “blanca” puede estar con un hombre “negro”. A pesar de no terminar de captar el concepto y ser incapaz de asumir que puede haber amor de por medio, el ha llegado a la conclusión de que las mujeres que se relacionan con negros es porque son unas viciosas que lo que les gusta es que les endiñen aparatos reproductores masculinos de tamaño desproporcionado, porque para el chino todos los hombres de color tienen unos maromos como porras de policias. Así que cada vez que vemos una pareja de este tipo, además de lanzar una mirada reprobatoria, suele hacer un comentario por lo bajo en su idioma. No sé lo que quiere decir, pero siempre me he imaginado que es algo como: ¡zorra viciosilla!

Sobre el pelo
Los chinos son por lo general de poco pelo. Casi no tienen barba. Sólo unos pelillos en el bigote y poco más. El ve nuestras barbas como algo sucio e impuro. El nunca se ha tenido que cortar las patillas, porque sencillamente no le crecen. Nosotros nos afeitamos muy a menudo y eso parece que no es muy bueno para el templo que es nuestro cuerpo. Y la forma en la que el cuerpo nos avisa de su enfado por nuestro mal cuidado es con la barba. Esta teoría nos dejó estupefactos a mí y al turco la primera vez que la oímos. Es más, según el chino, los musulmanes tienen todos barba porque es algo relacionado con su religión, que su Dios parece que es más propenso a forzar a sus fieles a tener barba. Para mí, como católico, no tiene respuesta, pero cuando le dije que las portuguesas y algunas españoles tienen unos bigotes de la hostia se espantó hasta el infinito y más allá. La otra cosa que nos dijo es que cuando a un chino se está quedando calvo, usa unos remedios que tienen para que vuelva a surgir. Si no funciona, es porque no tienes fe suficiente y tu cuerpo no puede regenerarlo. Yo ya le expliqué que nosotros nos hacemos trasplantes de pelo y en el caso particular de los españoles, como somos peludillos por naturaleza, nos quitamos las melenas inferiores y nos las ponemos en la cabeza. Ya le he dicho que se fije atentamente en Julio Iglesias para que note los pelillos rebeldes que tiene en la cabeza :lol: