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15. Quizás no hay vida tras despedirnos der Dani

Lo creas o no este es el capítulo final, el fin de una historia que se ha ido escribiendo sola a lo largo de un año. Seguro que ya te has leído los catorce capítulos anteriores, pero si no es así y has entrado directamente en este lugar, quiero darte la oportunidad de comenzar por el principio, que no es otro que 1. Todos queremos ser como er Dani. Una vez has enganchado en el tren de esta historia el orden de las estaciones que tendrás que visitar es el que sigue: 2. Conozcamos ar Dani para introducirte formalmente con nuestro héroe, 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani para entender sus circunstancias a través de su entorno y 5. La Carmen, hermana der Dani que nos mostrará a su hermana en plena acción. La vida es muy dura y las estrategias de supervivencia son variadas y si no que se lo digan a 6. Er Dani y la metrosexualidad. Después de estos seis primeros episodios cambiamos de escenario y nos dirigimos a otro en 7. Camino del restaurante con er Dani. Al llegar al restaurante conocimos a una nueva tanda de amigos en 8. La Gayola y los amigos der Dani . Ninguno esperaba que la acompañante der Dani fuese ese pozo de información que resultó ser en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Tras la tensión vino la calma con la entrega de presentes en 10. Regalos para er Dani. De tan contento que se puso con sus regalos el nos hizo un presente a nosotros en 11. Er Dani y sus bolas y ya sin freno y cuesta abajo cambiamos de local pero él siguió en sus trece en 12. Er Dani y más de lo mismo. Llegados a este punto volvió a aparecer la hermana der Dani en 13. La Carmen en el cumpleaños der Daniy de esta forma alcanzamos el penúltimo episodio que fue 14. Er Dani se lo monta con sus amigos. Y ahora sin más, procedamos a deternos en la estación a la que estaba destinado este tren.

Ya lo decía el gran maestro: todo comienzo tiene un final. El de este relato llega hoy. Ha sido un experimento curioso el recordar lo que sucedió aquella noche y relatarlo a lo largo de tanto tiempo. Me ha hecho sentir un poco como un malvado sé-tres-pe-os narrando grandes batallas a un grupo de atentos lectores que no han perdido comba.

Aquí ya no se puede contar nada más sobre er Dani porque ya está todo dicho. Después de salir del local deshicimos el camino andado hasta el garaje en el que la Gayola había aparcado su coche. La mujer iba callada y bien jodida, aunque no de la forma que a ella le habría gustado. En la madrugada las calles del centro de Málaga son mágicas. Un camión cuba pasaba regando las calles y de vez en cuando un taxi pasaba veloz junto a nosotros. A veces nos tropezábamos con otros pequeños grupos de jóvenes que al igual que nosotros estaban de retirada y otros que seguramente se desplazaban hacia otros locales.

El aparcamiento está debajo de una avenida de esas principales. En la entrada había un tipo meando contra la pared que seguramente estaba borracho. Otro dormía en el suelo entre meados, olvidado por sus amigos en aquel lugar y posiblemente desplumado por cualquier espabilado que al pasar por allí lo vio de esa guisa. Para sacar el coche la Gayola le volvió a pedir a mi amigo Sergio que lo hiciera porque ella no es muy buena con ese tipo de maniobras. Mi amigo le colocó el coche enfilando la salida para que la pobre no tuviera que pensar mucho. Ninguno de los tres nos acordábamos exactamente del lugar en el que estaba aparcado nuestro vehículo así que se imponía una misión de búsqueda. Lo único que sabíamos es que estaba cerca del estadio y del río seco que hay por allí y que en la cercanía se encuentra una barriada de esas en las que uno preferiría no acabar porque seguro que no lo contamos.

La Gayola estaba más animada y volvía a hablar. Me contó que visita Holanda a menudo para comprar flores para su empresa. Le gusta Holanda porque la gente es rubia y hay agua por todos lados. Nos dijo que tiene mucha suerte porque la empresa con la que trabajan tiene gente que habla español porque ella ni domina el inglés ni el holandés. A todas estas estábamos dando vueltas por la ciudad buscando el coche. También nos dio información detallada de su vehículo, precio y características técnicas y todos los extras que le había puesto al comprarlo. Era un coche de chichona. Lo mejor era el crucifijo que colgaba del espejo y que estaba acompañado de un cazador de sueños (dreamcatcher), esa infamia que se hizo popular tras aquella mierda de película y que llevó a los españoles a poblar el país con dichos trastos. Si tienes uno en tu coche quiero que sepas que me río de tí y de tu pobreza espiritual, sin ira y sin pausa pero me río.

Probamos en un montón de calles y no dábamos con el puto trasto. Aquello empezaba a ser preocupante. Tratamos de llamar ar Dani pero no nos cogió el teléfono. Seguramente andaba liado persiguiendo algún coñito en el pub o subido a alguna silla desnudándose de nuevo. La Gayola no tenía mucho tema de conversación y al tener que permanecer con ella por tanto tiempo acabamos todas las posibilidades. A falta de otra cosa me puse a recitar la lista de provincias españolas ordenadas por comunidades autónomas. Cada uno se entretiene con lo que puede y yo, como todos sabemos, puedo poco.

Sergio ya se estaba desesperando cuando por fin nos topamos con su coche, escondido entre un par de camionetas. Apareció en donde menos nos esperábamos y mucho más cerca de la zona prohibida de lo que era aconsejable. La Gayola nos pidió que la dejáramos seguirnos para salir de la ciudad porque desde allí no sabía como hacerlo. Le recordé que su coche tenía un GPS pero hubo de reconocer que no tenía ni pajolera idea de como usarlo y que la función básica del mismo es para fardar.

Dejamos que la Gayola viniera detrás de nosotros y al llegar a la autopista nuestros caminos se separaron. Nosotros enfilamos hacia Benalmádena y ella hacia dondequiera que sea que viven seres así. En el camino de vuelta no hablamos mucho. Yo trataba de procesar toda la información adquirida ese día y reservarla para poder contarla más adelante, como así ha sido. Mi amigo Sergio iba entretenido conduciendo y únicamente me hizo un comentario: te dije que merecería la pena y que no lo olvidarías. Así ha sido. Tenía más razón que un santo y quiero darle las gracias por haberme permitido conocer ar Dani y contarlo posteriormente. Llegamos a su casa y procuramos no hacer mucho ruido para no despertar a la tropa que llevaba horas durmiendo.

Fin.

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14. Er Dani se lo monta con sus amigos

Se puede oler ya el final de esta saga. Ha sido duro y en ocasiones la frustración ha hecho mella en nosotros ante las grandes esperas que hemos tenido que soportar. Si por algún motivo tú has caído directamente aquí me temo que tengo malas noticias: este es el decimocuarto episodio y salvo que te atrevas con la historia al completo es más que probable que no te enteres de nada. Permíteme que te lleve al comienzo en 1. Todos queremos ser como er Dani. Tras ese comienzo si aún tienes hambre y quieres saber tendrás que leer 2. Conozcamos ar Dani en donde se asientan las bases de esta relación tan fructífera. Ahora que ya os lo he presentado quiero presentaros a os 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Tras haber conocido a sus vecinos y a él mismo tendrás el dudoso honor de intimar con 5. La Carmen, hermana der Dani. La vida es muy dura y las estrategias de supervivencia son variadas y si no que se lo digan a 6. Er Dani y la metrosexualidad. Tras este episodio dejamos el lugar en el que estábamos y fuimos 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . El encontronazo entre la Gayola y sus colegas tendrá terribles consecuencias que se dilucidarán en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Después de este episodio bizarro vendrá la entrega de regalos en 10. Regalos para er Dani. El hombre se nos enrala y nos regala con unos momentos antológicos en 11. Er Dani y sus bolas aunque no tuvo bastante y repitió en 12. Er Dani y más de lo mismo. Respira hondo porque solo te queda un episodio para llegar el punto en el que lo habíamos dejado y lo hace con la vuelta de una de las protagonistas de los primeros capítulos en 13. La Carmen en el cumpleaños der Dani

Tras el momento famoseo de la Carmen y la Gayola la noche siguió su extraño curso. No quiero detenerme en las cosas que pasaron en ella porque esto ya se ha alargado lo suficiente y el cuerpo me pide tirar de la palanca de emergencia y sacarnos a todos de esta espiral de decadencia y lasitud en la que andamos metidos. Quiero capturar un último instante de esa mágica velada, unos minutos que tuvieron lugar casi al final y cuando ya pensábamos en marcharnos.

El local estaba absolutamente desbordado de pencas y pellejas. La mayor parte de ellas chupaba cigarrillos y mostraba esas dentaduras asquerosas que son patrimonio de los fumadores. Era poco menos que imposible no respirar los humos que todas esas locomotoras largaban sin descanso. Planteamos a los miembros de nuestro grupo nuestro deseo de marcharnos y volver a casa y nos dijeron que no nos teníamos que perder lo que venía a continuación. No quisieron ser más explícitos pero me imaginé lo que sería y acerté. nos tomamos una nueva copa gratuita mientras esperábamos. Mi amigo Sergio se fue a hablar con el gorila de la puerta o a darle un manojo de plátanos, que viene a ser lo mismo. Yo continué una absurda tertulia con la Gayola en la que parecíamos hablar distintos idiomas. La Carmen miraba de vez en cuando hacia nosotros con rencor e ira pero no se atrevía a acercarse. Sus carnes sobradas mostraban los estragos del tiempo y las condiciones del local. Estaba más sudada que los huevos de Ronaldiño. A ella no parecía importarle y cada pobre que caía en su área de influencia acababa sobado y abrazado por la chica y de paso se llevaba un poquito de su sudor tan cariñosamente macerado.

El famosete ya se había marchado hacía un rato y tras él la nube de zorras que buscaban servirle su coño en bandeja para alcanzar la gloria. Me dijeron que dicho famosillo se había casado hacía poco aunque parece que cuando sale de copas no arrastra a la parienta consigo.

Mi amigo Sergio volvió al local. Las luces habían vuelto a apagarse y el silencio era continuamente roto por esas insulsas conversaciones que tenemos cuando salimos y nos vemos en la obligación de hablar con extraños o con conocidos a los que despreciamos infinitamente. Nos pusimos en un lado de la barra para al menos poder seguir pidiendo y beber algo. El DJ o eso que antes llamábamos pinchadiscos agarró el micrófono y comenzó con su prodigiosa introducción de un evento único e irrepetible, un acto libidinoso destinado a engrandecer los pensamientos turbios de las féminas que tenían la suerte de estar en aquel lugar aquella noche. Por descontado se trataba de un nuevo strip-tease, el tercero si mal no recuerdo, que tuve el privilegio de gozarme. Yo ya pienso que debe ser algo normal para las nuevas hornadas, que los tíos ahora solo tienen la esperanza de mojar el churro si previamente han vendido sus carnes de la forma más zafia y rastrera que se pueda pensar. Al menos eso era lo que hacían estos pájaros.

Cuando acabó la presentación, que fue continuamente jaleada por esas féminas tan desarrolladas intelectualmente comenzó a sonar la canción You can leave your hat on y aquello fue el acabose. Todas las tías gritaban histéricas mirando hacia todos lados para ver si podían encontrar la carnaza prometida. La Carmen repartía mamporros a diestro y siniestro para que no le taparan la línea de visión. Finalmente aparecieron subidos a la barra y sin comerlo ni beberlo terminamos de espectadores de primera fila. En esta ocasión se habían unido ar Dani dos de sus colegas, el dueño del local y otro de ellos. Los tres iban vestidos de bomberos y por encima del ruido de la música y las hembras en celo creo recordar que el pinchadiscos recordaba continuamente que este era el fuego más difícil que debían apagar los bomberos malagueños. Obviamente tuvimos que quitar nuestros vasos de la barra. Los tres machos se posicionaron y comenzaron a menearse con una coreografía sincronizada. No quiero ni pensar en como sacaron el numerito de baile porque no me entra en la cabeza que uno quede con sus amigos para practicar los movimientos que hay que hacer. En lugar de tirar las prendas hacia esas bestias rugientes que saltaban, gemían y aullaban como si se tratara del fin del mundo, las echaban por detrás de la barra en donde una diligente chocha del martes las recogía y las iba apilando.

Así fueron cayendo los gorros, las pequeñas mangueras que portaban, los cinturones, las chaquetas y las camisas, momento que incrementó la temperatura en el local en al menos diez grados. Las tías miraban esos torsos desnudos y afeitados y gemían alargando las manos hacia el frente y tratando de agarrarse a esos pezoncillos. Ellos se magreaban sobre la barra sonriendo y mirándose entre ellos. No sé, pa’ mí que había mucho mariconeo fino por allí, seguramente travestido en metrosexualidad de mierda. Intercambiaron posiciones sobre la barra en un par de ocasiones para que todas las chicas pudieran verlos. La parte difícil del strip-tease vino cuando se tuvieron que quitar las botas de bombero sin tener una sillita en la que plantarse. Por descontado tampoco se podían sentar en la barra porque las hembras se tiraban a por ellos así que no les quedó más remedio que hacerlo de pie sin ningún glamour.

Ya sin botas tiraron de calcetines y estaba nítidamente claro que faltaba lo que todas esperaban. La Carmen ya se había posicionado en primera fila y le gritaba unas lindezas de cuidado a su hermano y a los colegas. La Gayola se había quedado con nosotros y aunque disfrutaba del espectáculo, no parecía muy contenta de la forma en la que se estaba desarrollando la noche. Después de un momento Cabaret con los tres protagonistas cogidos por los hombros levantando las piernas al aire comenzó el final del mundo o al menos eso fue lo que yo pensé cuando mis tímpanos amenazaban con saltar reventados por tanta contaminación sonora. La bajada de pantalones fue jaleada sin descanso por todas las tías y por muchos de los tíos, que ya se sabe que desde que alguien se dejó la puerta del armario abierta en España se han salido tantos que ya no nos queda casi nadie dentro del mismo. Los pantalones hicieron una pequeña pausa a la altura de las rodillas y después desaparecieron. Los agitaron sobre sus cabezas pero la distancia entre e llos era muy pequeña y la falta de sincronización hizo que chocaran unos con otros y no quedara muy digno. Todos llevaban gallumbos y aquello ya daba la impresión de haber terminado pese a que las delicadas hembras de espíritu tan etéreo seguían rugiendo y sacando a relucir su reverso zarrapastroso. Pensé que ya podríamos irnos pero se dieron la vuelta y de repente se bajaron los gallumbos quedando con el culo al aire. En ese preciso instante acabó la música y todas se fundieron en un único grito que salió despedido hacia los cielos y comenzó a cruzar los océanos espaciales , en donde seguro que aún sigue su raudo recorrido hacia los confines de la galaxia.

Todos se quedaron quietos mostrando sus lunas hacia las féminas, todos salvo er Dani que poseído del mal de San Vito se puso a agitar el culete y perdió un poco la posición. Se le abrieron algo las piernas y entre eso y el meneo los huevos acabaron por escaparse y salir a saludar. Las cámaras de los teléfonos móviles de cientos de tías comenzaron a destellear con sus cutre-flashes para retratar ese momento. Los otros dos colegas ya pensaban en replegarse y se subían los gallumbos mientras er Dani seguía agitando las joyas de la familia para mayor alegría del público. La Carmen gritaba como la que más y trataba de coger esos colgajos y hacerlos suyos. Er Dani se percató de que estábamos allí y le gritó a mi amigo Sergio: ¿se me ve la polla? ¿se me ve la polla? a lo que este respondió: Se te ven los güevos, tápate guarro. Er Dani se reía feliz y siguió allí al menos un minuto más.

La Gayola nos transmitió su deseo de marcharse con nosotros y fuimos a despedirnos der Dani, que estaba en el cuarto tras la barra. Cuando entramos nos encontramos a los tres colegas aún en calzoncillos hiper-exaltados y abrazados entre ellos gritándose unos a otros los momentos memorables que recordaban haber vivido unos instantes antes. Allí dijimos adiós ar Dani y esa noche tan única con la que nos regaló el día de su cumpleaños.

Este es el momento apropiado para acabar este episodio. No quiero que te entretengas y te animo a que saltes al capítulo final en 15. Quizás no hay vida tras despedirnos der Dani

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13. La Carmen en el cumpleaños der Dani

Cuando comencé a contar este sucedido jamás pensé que se extendería tanto en el tiempo. Si me has acompañado a lo largo del tiempo sabrás que este es el decimotercer capítulo. Si has llegado aquí a través de misteriosas búsquedas en el dios de los buscadores y aún estás dispuesto a leer el relato desde el principio, permíteme que te indique el camino. El comienzo fue en 1. Todos queremos ser como er Dani. Tras ese comienzo si aún tienes hambre y quieres saber tendrás que leer 2. Conozcamos ar Dani en donde se asientan las bases de esta relación tan fructífera. Ahora que ya os lo he presentado quiero presentaros a os 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Tras haber conocido a sus vecinos y a él mismo tendrás el dudoso honor de intimar con 5. La Carmen, hermana der Dani. La vida es muy dura y las estrategias de supervivencia son variadas y si no que se lo digan a 6. Er Dani y la metrosexualidad. Tras este episodio dejamos el lugar en el que estábamos y fuimos 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . El encontronazo entre la Gayola y sus colegas tendrá terribles consecuencias que se dilucidarán en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Después de este episodio bizarro vendrá la entrega de regalos en 10. Regalos para er Dani. El hombre se nos enrala y nos regala con unos momentos antológicos en 11. Er Dani y sus bolas y finalmente alcanzamos el último episodio escrito hasta ahora con 12. Er Dani y más de lo mismo

Algunos senderos nos llevan a lugares desconocidos y otros conducen a sitios que nuestra pérfida imaginación jamás pudo concebir. Los caminos der Dani me han empujado por terrenos empantanados en los que he descubierto lo más infame del ser humano. Nos habíamos quedado con er Dani acabando su segundo strip-tease de la noche y la normalidad de la noche volvió a reinar en aquel local de copas. Una estrella mediática del falso famoseo español hizo su aparición en el lugar y enseguida todas las hembras se orientaron cual agujas magnéticas hacia él. Es increíble lo poco que se valoran algunas mujeres y como parecen creer que por salir en la tele gritando y despellejando a gentuza se es más importante que aquellos otros seres inhumanos que tenemos varias carreras, hablamos varios idiomas y mantenemos nuestras pequeñas bitácoras en Internet visitadas por un reducido grupo de seguidores.

El famosote se puso en un rincón a beber su copa conseguida by the face y pronto entabló conversación con er Dani al que parecía conocer. Le presentó a la Gayola que volvió a destellar al saberse en el candelabro y que trató de mantener una conversación seguramente al más bajo nivel posible, algo sencillo para alguien tan chabacano y acostumbrada como está a revolcarse en el lodo. Cuando estaban hablando se produjo una gran perturbación y se oyeron grandes gritos. Algo sucedía en la puerta. Tras la confusión inicial y el desconcierto todos nos fijamos en la puerta. La estaban abriendo por completo y la luz y el ruido de la calle entró en el local al tiempo que la densa nube de humo de cigarro se escapaba por momentos. Con la puerta totalmente abierta algo la cubrió por completo. Era una cosa enorme y que por culpa del contraluz no podíamos ver claramente. Me recordó a esos programas rasposos en los que la gente hacía karaoke transformados en el pollaboba famoso de turno. Entre el humo, la luz y las sombras el efecto era el mismo. Tras pasar por aquel portón procedieron a cerrarlo y gracias a las luces del interior pude ver de quien se trataba: la mismísima Carmen, hermana der Dani había venido a la celebración del cumpleaños der Dani. Para evento tan especial se había cubierto con sus mejores ropajes. Ahora que las luces del pub incidían sobre ella quedó claro que la exquisitez y el buen gusto de los que yo hago gala no son precisamente sus puntos fuertes. Llevaba unos zapatos de tacón pero no de aguja sino más bien de pedestal de hormigón, el único material capaz de soportar las presiones a las que esa mujer lo somete. En las piernas llevaba unas medias, aunque por culpa del tamaño lo que se había puesto era unas redes de pescadores que presentaban algunos rotos y en determinados puntos habían quedado atrapados algunos pescados que debían vivir la infamia de verse paseados de esa forma por el mundo. Las medias culminaban en una minifalda hecha con lo que solo acierto a describir como trapos de cocina cosidos para formar un cilindro del tamaño de la vela mayor de cualquier barco escuela de país no tercermundista. Si visitáis a vuestras abuelas sabréis a qué tipo de paño de cocina me refiero. A esos blancos con dibujitos de colores que se han vendido por millones en nuestro país y que forman parte de nuestra cultura popular. Cientos de gitanas han recorrido los caminos de España vendiendo estos trapos desde tiempos inmemoriales e imagino que se sentirán orgullosas de saber que ahora también se pueden usar para construir faldas y otro tipo de prendas.

Seguí recorriendo esos kilómetros de carne con mi mirada y tras la maxi-falda me topé con un agujero enorme y oscuro mayormente conocido como el ombligo. Era monstruosamente grande. Parecía una de esas bocas que tan bien supo retratar Picachu en su famoso cuadro sobre unos bombardeos. Era la boca de un nombre porque sobre ella había un bigotillo oscuro y aterrador que le daba un aspecto desagradable. En ese ombligo se podía guardar el monedero de lo grande que era. Como el barrigón lo lanzaba hacia delante parecía venirse hacia nosotros amenazadoramente. Me estremecí aterrorizado y seguí mirando para ver como la misma tela de trapos de cocina que cubría los bajos había sido la elegida para tapar esos mastodónticos repositorios de leche que fluctuaban al ritmo de la gravedad agitando su contenido y seguramente transformándolo en nata, mantequilla o yogurt. Ya he hablado de esas tetas con anterioridad y no quiero detenerme a describirlas porque mi imaginación es escasa y mis pesadillas recurrentes. Los trapos de cocina no acertaban a ocultar esos pezones como sartenes de grande que parecían dianas puestas allí para que cualquier desgraciado borracho los agarre y tire de ellos.

El grueso cuello iba rodeado de la cadena usada para sujetar el ancla en algún trasatlántico y de la misma colgaba un cuadro del sagrado corazón de Jesulín. Su cara iba maquillada dantescamente, con kilos de pintura plástica usados para ocultar imperfecciones y resaltar pequeños detalles anecdóticos que ella consideraba hermosos pero que para mí eran tan aterradores como el resto del conjunto. No quiero decir más porque mi gigantesca alma está en una de esas fases caritativas en las que debemos ser buenos con el prójimo pero que cada uno cierre sus ojos y se imagine el conjunto como buenamente pueda.

Los zapatazos que la Carmen daba en su recorrido por el local resonaban incluso por el sistema de sonido. Parecía uno de esos momentos a cámara lenta que vemos tan a menudo en el cine. Tras lo que me pareció una eternidad se encontró frente a su hermano y lo agarró con esos brazos de ogro, lo alzó en volandas y le plantó un gran beso mientras simultáneamente gritaba y er Dani trataba de enseñarle sus nuevas gafas de marca. Ambos parecían hablar sin escuchar al otro, manteniendo conversaciones sordas que gracias a sus gritos podíamos seguir todos perfectamente. El famosillo trataba de poner cierta distancia entre ellos pero er Dani lo trincó antes de que pudiera escapar, lo arrastró junto a su hermana y lo obligó a saludarla. Ella lo atrapó entre sus brazos y restregó su maquillaje por su cara seguramente rompiéndole varias costillas. Lo sujetó con una mano para que no se le fuera y siguió dándole achuchones a diestro y siniestro. Él nos miraba desde lejos con una pena infinita y nosotros no dejábamos de reírnos. Tras lo que fueron unos minutos interminables el hombre consiguió zafarse de la garra que lo aprisionaba y salió huyendo hacia los baños. La Carmen y la Gayola no parecían hacer buenas migas y er Dani se las vio y se las deseó para mantener la paz entre ellas. Ambas reclamaban su atención completamente y tendían a ningunear a la otra. Una porque es la hermana y la otra porque es la que se lo folla.

Y esto fue lo que sucedió cuando la Carmen llegó a la fiesta de cumpleaños der Dani. Este es un momento tan bueno como otro cualquiera para interrumpir la narración y cruzar nuestros dedos para que el próximo capítulo no se demore en demasía.

Una vez más te tengo que coger de la mano y ayudar para que encuentres el siguiente capítulo. Confía en mí y salta a 14. Er Dani se lo monta con sus amigos

12. Er Dani y más de lo mismo

Lo mejor de estas historias por capítulos son las introducciones que van creciendo y creciendo hasta llegar a estos niveles de sofisticación. Quizás has entrado aquí directamente y te frotas las manos pensando que esta anotación es un evento aislado en el espacio-tiempo y sin relación ninguna con otros textos de esta bitácora. Craso error. Si quieres averiguar el por qué sucedió lo que voy a contar tendrás que rebobinar y comenzar por 1. Todos queremos ser como er Dani. Tras ese comienzo si aún tienes hambre y quieres saber tendrás que leer 2. Conozcamos ar Dani y ya habrás entrado en calor y estarás dispuesto para afrontar la realidad de los 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Tras haber conocido a sus vecinos y a él mismo tendrás el dudoso honor de intimar con 5. La Carmen, hermana der Dani. No hemos acabado ni mucho menos, la cosa sigue en 6. Er Dani y la metrosexualidad y a partir de aquí dejamos el local en el que estábamos y emigramos 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . El encontronazo entre la Gayola y sus colegas tendrá terribles consecuencias que se dilucidarán en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Después de este episodio bizarro vendrá la entrega de regalos en 10. Regalos para er Dani y finalmente estarás muy cerca del capítulo de hoy ya que solo te quedará por leer 11. Er Dani y sus bolas .

Uno abre la caja de los truenos y en lugar de tempestades le salen peos (pedos para los peninsulares) de estos con pitorrillo. Lo mismo me ha pasado a mí. Me pongo a escribir sobre er Dani y no puedo parar, mis manos se desembragan y corren raudas por el teclado sin respetar mi serenísima edad ni mi renombrada solera o la ausencia de la misma. Nos habíamos quedado abandonando el restaurante para acudir a un pub. El propietario era uno de los de nuestra pandilla, bombero de profesión y hostelero para hacerse rico y pagarse los vicios oscuros que todos tenemos.

De nuevo me maravilló el centro de una ciudad que nunca he llegado a conocer. He estado en Málaga creo que cinco o seis veces y nunca he hecho turismo, siempre he visitado a mis amigos y ha sido suficiente con pasar el tiempo con ellos y disfrutar de su compañía. No me quejo, yo lo he querido así. Esa vez era diferente y me habían sacado a la calle con aquella banda que tanto contenido ha aportado a mi bitácora. El paseo fue breve y de lo poco que recuerdo me llamó la atención que ya estaban preparando las calles para las procesiones de Semana Santa, evento que aunque debería ser ostentosamente celebrado a nivel mundial ya que el Dios de los Católicos es el único auténtico y verdadero, parece condenado a conmemorarse solo en el corazón del cristianismo, esa España mía esa España nuestra.

Ni me acuerdo del nombre del pub ni sabría decir el lugar en donde se encuentra. Sólo sé que del zoológico de Málaga se escapó un gorila y acabó de portero allí. Era un tipo como un armario y negro como un Porsche de lujo. Impresionaba porque a primera vista uno solo veía las pupilas blancas y una mancha que lo tapaba todo. No puedo creer que aquello fuera todo músculo así que prefiero pensar lo peor y estoy convencido que era grasa mezclada con esteroides, anabolizantes y algo de músculo. El mamotreto aquel se apartó y nos dejó pasar haciéndonos un hueco en la cola de pendones y pajeros que esperaba para entrar. Todo el mundo nos miraba con rabia pero oye chico, en todos lados hay clases y la nuestra aunque baja y miserable nos permitía el colarnos en aquel antro.

No merece la pena el describir el local porque todos hemos estado en estos sitios y sabemos como los montan. Da igual que viváis al norte o al sur del país, en todos lados son iguales: negros por dentro, cubiertos de un humo pegajoso producto de decenas de malnacidos fumadores y con unas luces que tratan de espabilar partes de nuestros cerebros que quizás nunca debieran ser despertadas. En la barra las clásicas pelanduscas de local de copas, escasas de ropa y de cerebro y sobradas de tetas y culos, del tipo que se pone de rodillas y te la mama según el modelo de coche que tengas. De esas conozco yo unas cuantas que solían ir a uno de esos locales junto al Parque Santa Catalina, un sitio que desconozco si sigue existiendo y que tenía un sonoro nombre, el Pachín. Estas chicas merecerían una mención aparte en el libro del Universo porque gracias a ellas se han cubierto miles de pajas en la historia del mundo. Sus volúmenes, sus limitaciones, sus escuetas conversaciones y su tontería característica seguro que alguna vez ha formado parte de la vida nocturna de cualquiera que lea esta página. Si juntara en un cuarto a todas las que alguna vez me llamaron la atención tendría que pasarme unos cuantos meses de abstinencia para acumular la suficiente lefa para contentarlas porque seguro que siempre están hambrientas del elixir de la vida.

En el pub nos disgregamos un poco. Cada uno se fue por su lado y Dios por el de todos. Formamos corrillos rodeados como estábamos por tanto pendón verbenero falto de ropa y sobrado de ordinariez. Dejaría que le cortaran las manos a todos mis amigos si allí no había más de una menor. Que coño, allí la excepción era una viejorra más pasada que las pasas de Don Ricardo que trataba de ligar y que solo arrancaba arcadas de los chavales a los que acosaba y que se dignaban hablar con ella era porque les pagaba copas. Ya lo he dicho pero lo vuelvo a repetir. Las niñas de mi generación tomaban preparados lácteos como la leche fresca y nos salieron feas y mojigatas (salvo honrosas excepciones). Las niñas de hoy en día toman leche de la buena y son diosas latinas que piden a gritos que les humedezcan su sexo y se lo hidraten con esos miembros que les rinden honores allí por donde pasan. En aquel local estábamos sobrados de esas diosas y de ese daño colateral que se suele mentar como eso es mi amiga y tampoco baila, las feas que llevan para que su belleza deslumbre. El marketing lo inventaron las tías guapas cuando empezaron a arrastrar a las feas a su lado para vender aún mejor su producto. Palabra de Dios.

Dejemos de divagar que no nos pagan por ello y volvamos al mundo real. Allí dentro las chicas iban a lo que iban. Er Dani parecía el Puma antes de comenzar un concierto. Iba como un gallito de corro en corro explicando que era su cumpleaños y que esa noche todos sus amigos iban a mojar. Las chicas le reían la gracia y le daban inmediatamente la espalda. La Gayola no parecía muy contenta con este giro de la historia pero lo dejaba actuar. A nuestro alrededor el mundo parecía girar más despacio y totalmente fuera de control. En un momento determinado vi que er Dani se desaparecía metiéndose en un cuartucho que se encontraba a un lado de la barra. Todos los demás salvo un servidor sabían o parecían saber lo que iba a suceder. Yo seguía en mi ignorancia virtuosa ajeno a lo que me deparaba el futuro bebiendo y bailando. Al entrar en el local er Dani nos había dado unos bonos que nos otorgaban el derecho de cinco bebidas gratis para poder celebrar su cumpleaños en condiciones. Nos recalcó que era algo excepcional y que debíamos estar muy agradecidos a Dios y a él mismo por ello. Seguramente lo estábamos pero ya no os lo puedo decir.

La música atronaba nuestros oídos hasta que la cortaron de golpe y una voz nos anunció que esa noche iba a suceder algo muy especial que alegraría el corazón y la vagina de las chicas que allí se encontraban. Además de la música cortaron las luces y cuando volvieron se había abierto un claro en medio del local y habían puesto allí un par de sillas. Yo venía muy puesto en el uso que se les puede dar a las mismas así que cuando entró er Dani al son de la canción de nueve semanas y media no me extrañé lo más mínimo. Lo que me llamó la atención es que en esta ocasión venía vestido de bombero, con su casco, su manguera y su uniforme reglamentario del cuerpo de bomberos de la ciudad de Málaga. Debemos darle al César lo que es suyo y es de ley reconocer que el uniforme lo llenaba correctamente. Las tías se volvieron como locas y comenzaron a aullar mientras la Gayola trataba de evaluar la emergencia y buscar vías de consenso para solucionar aquella crisis.

Volvimos a vivir un strip-tease solo que esta vez al menos cien hembras gritaban y jaleaban al Dani que se quitaba la ropa sin subirse a la silla en esta ocasión. Únicamente se montaba en la misma para que las féminas que estaban más atrás lo pudieran ver. También hubo pequeñas variaciones como que dio el casco a una chica o que se quedó en calzoncillos y no hizo amago de bajárselo. Cuando acabó con su espectáculo de serie B se retiró al cuartucho del que había salido y allí continuamos todos como si nada hubiera pasado.

Este ha sido un episodio de transición y tendrás que esperar al próximo capítulo para conocer el desenlace de esta interminable historia.

Corre viajero de la red y salta hacia el próximo capítulo que el final ya está cerca. Salta a 13. La Carmen en el cumpleaños der Dani

11. Er Dani y sus bolas

Desde la última vez que hablamos der Dani han pasado cuatro meses y ya va siendo hora de continuar con el reslato del día de su cumpleaños. Si has llegado hasta aquí y nunca has oído hablar der Dani quizás quieras saber lo que te has perdido. Para averiguarlo tendrás que realizar un viaje por el tiempo que a buen seguro te dejará con un extraño sabor de boca. Abróchate el cinturón y retrocede hasta 1. Todos queremos ser como er Dani. Continúa después con 2. Conozcamos ar Dani y ya habrás entrado en calor y estarás dispuesto para afrontar la realidad de los 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Tras haber conocido a sus vecinos y a él mismo tendrás el dudoso honor de intimar con 5. La Carmen, hermana der Dani. No hemos acabado ni mucho menos, la cosa sigue en 6. Er Dani y la metrosexualidad y a partir de aquí dejamos el local en el que estábamos y emigramos 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . El encontronazo entre la Gayola y sus colegas tendrá terribles consecuencias que se dilucidarán en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Finalmente llegará la entrega de premios en 10. Regalos para er Dani y en ese punto lo habíamos dejado, así que subamos el telón y que continúe el relato.

Hace tanto tiempo que las pesadillas ya se han diluido un poco en mi memoria pero aún así he de exorcizar mis terrores favoritos y afilar mi gruesa pluma para terminar de narrar lo acontecido aquel aciago día de marzo del 2005 en el que conocí a er Dani y padecí el dudoso privilegio de la invitación a su cumpleaños.

Nos habíamos quedado en los instantes posteriores a la entrega de regalos por su augusto cumpleaños. Tras acabar ya nada fue lo mismo. La poca gente que quedaba en el lado del comedor en el que nos encontrábamos apuraba la comida para poder marcharse y er Dani seguía enseñando sus gafas de sol de marca a todos y restregando la camisa exclusiva a quien tuviera a bien de ponerse frente a sus narices. Pasados los minutos pareció entrar en un nuevo ciclo de actividad. Se convulsionaba de una manera extraña y de repente comenzó a gritar y a decir que iba a hacer un strip-tease. Yo ya me lo creía todo. Los demás le aplaudían la idea y coreaban su nombre para animarlo. Dani, Dani, Dani. Él sonreía desde su ceguera inducida y movía las manos jaleándolos para que siguieran. Tras un rato agarró una silla y la puso a un lado. Creo que todo el restaurante estaba pendiente de él. Los camareros lo miraban con la desgana producida por haber visto esta escena repetida una y otra vez a lo largo de los años de oficio pero para alguien tan puro y divino como yo esto era algo nuevo. En todos mis años de penosa existencia en este valle de lágrimas jamás he tenido el privilegio de asistir a un strip-tease de algún conocido/a o amigo/a. Llamarlo clasismo, altivez o como queráis pero lo cierto es que en los entornos en los que yo me he movido este tipo de expresión creativa siempre ha estado considerado como muy de clase baja o como diría mi amiga la divina low class.

En unos instantes el coro de energúmenos en el que me incluyo estaba aplaudiendo sincronizadamente y er Dani se había encaramado en la silla como si de la cabra de un gitano se tratara. Pensé que se daría una buena hostia pero siempre recuperaba el equilibrio en el último instante y conseguía seguir haciendo sus gansadas, sacándose la camisa que llevaba por dentro del pantalón para dejarla suelta y moviendo las manos cual molino de viento. La Gayola gritaba más que ninguno, más alto, más fuerte y más ordinariamente. Entre tanto chillido creo que ella era la que se desgañitaba con un sácatelo tooó pero podría estar equivocado. Er Dani comenzó a quitarse la camisa y sus movimientos se vieron acompañados por silbidos. Justo detrás de nosotros había un cristal enorme que daba a la calle y la gente se comenzó a parar para mirar el espectáculo que sucedía allí dentro. Se terminó de desabotonar la camisa y se la sacó mostrando su pechito de profesor de judo. Le tiró a la Gayola la camisa que la cogió y se la restregó por el pecho, por la entrepierna, por el hocico y por todos lados. Estaba como fuera de sí, sus ojos se habían cerrado hasta dejar unas minúsculas pupilas como ensangrentadas que expresaban lo ávida que estaba de este tipo de eventos. Er Dani ya sin camisa se tocaba los pezones, el pecho y el ombligo para delirio de sus fans que debíamos ser nosotros. La gente en la calle también aplaudía.

Las gafas se las dejó puesta y ahora comenzó con el cinturón. Nos alejamos un poco de él porque si le daba por agitar el cinturón igual nos arreaba un latigazo a alguno y aquel tipo no estaba en sus cabales. Mi amigo Sergio y otro colega aprovechaban la distracción para vaciar la botella de whisky de doce años que había quedado como olvidada en la mesa. Como suponía, cuando terminó de quitarse el cinturón comenzó a hacer molinos con él con tan mala suerte que se arreó un latigazo a sí mismo con la hebilla y del golpe perdió el equilibrio y se cayó al suelo. Fue una hostia de esas que se recuerdan. El aire se llenó con las atronadoras carcajadas nuestras y de los circunstanciales espectadores del evento. Er Dani se levantó gritando no pasa ná, no pasa ná y volvió a subirse a la silla. Tenía un moretón rojo allí donde la hebilla le había golpeado pero si le dolía no lo daba a entender. Sin darnos tiempo a respirar se empezó a desabotonar los vaqueros. La Gayola estaba más alterada que la niña del exorcista. Gritaba y balbuceaba sin pararse a coger aire. Daba más miedo ella que él. Después de acabar con los botones pensé que aquello ya había terminado, que la gracia ya estaba hecha. Me equivoqué. Intentó sacarse los pantalones pero los zapatos eran un obstáculo insalvable. Seguía encaramado en la silla, con el pantalón a la altura de las rodillas y enseñando unos gallumbos de la marca esa que lleva el nombre de un hijoputa que cuando en Europa nos negamos a participar en la guerra de Irak nos insultó a todos y cada uno de nosotros. Me refiero al Jilfinguer ese de los cojones. Obviamente uno no se puede quitar los zapatos cuando está subido en una silla así que se dejó caer para sentarse con tan mala suerte que la silla se fue hacia atrás y se arreó otra hostia. Las risas se redoblaron. Él se quedó tirado en el suelo aún sentado y comenzó de esa guisa a quitarse los zapatos. La postura era tan ridícula que se le salían los huevos por un lado de los boxers, que esos artilugios no están pensados para ese tipo de posición.

Cuando acabó la tarea se puso en pié y preparó de nuevo su escenario. Se subió de nuevo a la silla y continuó con la tarea que había dejado a medias. Se sacó los pantalones y los agitó cual lazada sobre su cabeza amenazando con lanzarlos. Nosotros le seguíamos el juego gritándole y él gritaba también algo aunque nunca supe muy bien el qué decía. Nuevamente la agraciada fue la Gayola que hundió su nariz a la altura de la bragueta e inspiró profundamente para después lanzar un grito desgarrado de alegría y felicidad mirando hacia el cielo. Ahora sé muy bien lo que significa el adjetivo dantesco. La Gayola trincó la ropa que ya tenía en su poder y la estrechaba contra su pecho. Er Dani mientras tanto gritaba y saludaba a la gente del restaurante y a los que lo miraban desde la calle.

Se dio la vuelta en la silla y se quedó de espaldas a nosotros. Sus amigos debían saber lo que venía a continuación porque comenzaron a silbar la canción que se volvió inmortal en la película nueve semanas y media. Él agitaba la pelvis con movimientos compulsivos y movía las manos de arriba a abajo como si fuera uno de esos tipos que están en los aeropuertos indicando al piloto donde debe parar el avión. Sin previo aviso agarró el boxer y se lo bajó inclinando su cuerpo al mismo tiempo. Las glorias de la familia salieron despedidas hacia atrás y tuvimos un maravilloso plano de sus huevos. Fue el acabose. Todos gritaban y aullaban mientras er Dani trataba de canalizar toda su energía y no caerse de la silla en la que estaba. La Gayola se lanzó a por los huevos y casi consiguió agarrarlos pero er Dani intuyó que algo malo sucedía a sus espaldas y se enderezó subiéndose los gallumbos. Cuando se giró se encontró con la Gayola frente a él y a falta de algo mejor le arreó un morreo de esos de pesadilla. Aquello terminaba el espectáculo y lo certificamos aplaudiendo a rabiar para que el hombre viera que había merecido la pena.

La gente en la calle se disolvió y tras esta escena estaba claro que en aquel lugar al menos ya no nos quedaba nada por hacer así que pedimos la cuenta y la dividimos entre todos. Tras eso dejamos el restaurante y nos encaminamos a un pub que era propiedad de uno de los de nuestra banda para continuar la fiesta pero esa es otra historia y tendréis que esperar para leerla.

Continúa tu camino, caminante que has llegado hasta aquí y salta al siguiente capítulo llamado 12. Er Dani y más de lo mismo

10. Regalos para er Dani

Han pasado dos meses desde el capítulo anterior, así que ya va siendo hora de continuar con la vida y obra der Dani en el día de su cumpleaños. Si has llegado hasta aquí y nunca has oído hablar der Dani, te preguntarás lo que te has perdido. Para averiguarlo tendrás que realizar un viaje por el tiempo. Comenzarás con 1. Todos queremos ser como er Dani y seguirás en 2. Conozcamos ar Dani. A partir de ese punto descubrirás que no está solo en 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Por si no has tenido bastante también te presentaré a 5. La Carmen, hermana der Dani. No hemos acabado ni mucho menos, la cosa sigue en 6. Er Dani y la metrosexualidad y a partir de aquí dejamos el local en el que estábamos y emigramos en 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . Nos habíamos quedado en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Y ahora, querido lector, prosigamos.

Er Dani estaba encantado consigo mismo. Se reía a carcajada limpia y disfrutaba como un enano de su cumpleaños. Todos sus amigos estaban allí, la chica que se follaba también presenciaba el evento de cuerpo presente e incluso había un escriba para dejar para la posteridad un recuerdo del evento. Tras la catastrófica cena llegó la entrega de regalos. Nosotros no traíamos ninguno y al final fue una buena idea, aunque eso lo contaré más tarde.

Comenzó abriendo los regalos de la chorba que se pulía, también conocida como la Gayola. Eran dos, que sepamos. El primero venía envuelto en un paquete que denotaba llevar en su interior ropa. Resultó ser una camisa, pero no una camisa cualquiera. Era de una boutique muy pija y por consecuente muy cara. Yo no dije nada pero la camisa era horrible. Él nos la restregaba por la cara a todos gritando y ahuyando su precio y lo buena y exclusiva que era y como no habían más de cuatro camisas iguales en el universo Universal. Lo peor de intentar diferenciarte tanto es que puedes acabar en el esperpento, convertido en un mono de feria. Er Dani parece querer llegar a esa fase, ser reconocido por las calles como la Lolita Pluma de Málaga, un ser del que los niños se ríen y los adultos se avergüenzan. Con tanto sobeteo supongo que la camisa salió de allí lista para visitar la lavadora por primera vez y si se descuida y la pilla su madre la pondrá en el montón de los trapos para limpiar.

La Gayola recalcaba los comentarios der Dani y nos confirmaba lo cara y chic que era. Creo que llegó a decir el precio pero mi memoria no da para detalles tan específicos y siempre he sido muy malo con los números. El segundo regalo era una caja más pequeña. Todos nos quedamos callados mientras lo abría. Resultaron ser unas gafas de sol, pero no unas gafas cualquiera, como fuimos informados. Er Dani se las puso y el solo se decía guapo y otras lindezas. Sus amigos se quedaron con la boca cerrada. El colega ya se encargaba de gritar cuánto le gustaban y lo buenas que eran. Cuando tuvimos que coger el estuche y las gafas, porque parte del ritual era adorar los regalos cual dioses menores, pudimos ver que dentro estaba el ticket con el precio, según la Gayola para que las descambiara en caso de que no le gustaran. Las gafas habían costado más de doscientos euros. Es el precio del sexo. Er Dani se la folla y ella le corresponde satisfaciendo sus caprichos consumistas. A mí me parecía muy sospechoso el dejar el precio dentro del estuche de las gafas y me imaginé que había sido meticulosamente planeado para impresionar a la concurrencia. Conmigo no lo consiguieron. Cuando el hombre se ponía sus nuevas gafas parecía un chulo-putas de feria. Si además se ponía su nueva camisa, sería un espectáculo digno de verse.

Tras los regalos de la Gayola vino el de sus amigos que imaginaréis no se molestaron en hacer un esfuerzo económico de igual magnitud. Al abrirlo descubrimos una mochila, guapísima según er Dani. Gritaba como un cerdo en el matadero, haciendo oscilar en el aire la mochila con una mano y la camisa con la otra mientras nos miraba tras sus nuevas gafas de sol en un local más oscuro que el coño de una virgen tuerta. En su excitación se lanzó a correr por todo aquello pujando algo que no conseguí entenderle. Se detuvo en un momento dado y alguno de sus colegas le hizo un comentario. Él se viró dándonos la espalda, de un tirón se bajó los pantalones y los calzoncillos y nos hizo una Luna llena apoteósica. No es que le viéramos las nalgas, que las vimos, es que por ver vimos hasta los huevos. Él acompañó la acción con gritos adicionales que atrajeron la atención de la gente que quedaba en el restaurante con lo que fueron muchos los ojos testigos de dicha acción. Agitaba las nalgas y por transmisión del movimiento, los huevos, que se bamboleaban frente a nosotros como badajos. Para más inri, por detrás de nosotros había una puerta de cristal enorme y por la calle pasaba gente que se quedó parada mirando como aquel extraño les mostraba las joyas de la familia. Este instante no me quedó claro en absoluto pero imagino que era algún tipo de broma entre amigos. Como todo el mundo lo coreaba se animó aún más y se subió en una silla para que tuviéramos una vista más espesa de sus huevos y culo mientras los seguía agitando. Yo no paraba de reírme y de recibir codazos de mi amigo Sergio. Cada uno de ellos era para recordarme que me había llevado a un evento irrepetible.

Cuando er Dani terminó de hacer gansadas vino el discurso de agradecimiento. Lo comenzó unas veinte veces pero él mismo se distraía y se iba por los cerros de Úbeda. Aquello era interminable y consiguió que perdiéramos el interés y nos dedicáramos a beber. Unos cuantos estaban dando buena cuenta de la famosa botella del doce años. Se pedían Colas y las completaban con lingotazos de la botella. Er Dani ni se enteraba, entretenido como estaba en ser la estrella absoluta del show y encantado de haberse conocido a sí mismo.

De lo que pude deducir del discurso señalar que agradeció a todos que hubieran venido y que le hubieran hecho regalos tan magníficos, algo que la Gayola interrumpió para puntualizar que no solo eran magníficos sino que los suyos también eran caros. Terminó el discurso avisando que esa noche iba a ser el acabose y que allí follaba todo er mundo. Esto lo gritaba como si estuviéramos en un concurso televisivo y todos aplaudíamos a rabiar, lo cual lo animaba más. Alguno hacía unos grititos tipo americano que siempre quedan bien y te hacen parecer más tonto y estúpido de lo que en realidad eres. Tras el discurso yo pensé que nos prepararíamos para emigrar hacia el siguiente escenario, un local de copas nocturno pero el destino nos tenía preparados otros planes.

Esta interminable saga continúa en 11. Er Dani y sus bolas

9. Las verdades de los amigos der Dani

A pesar de haberla aparcado unas semanas, la vida y obra der Dani en el día de su cumpleaños no está acabada ni mucho menos. Ya habréis leído en los comentarios que mis visitas a Málaga han terminado, que mi vida corre peligro en aquellas tierras y puesto que no tengo nada que perder, continuaré desgranando la verdadera historia de lo que sucedió aquella noche. Este es un momento tan bueno como otro cualquiera para recordar y leer de un tirón esta serie que comenzó con 1. Todos queremos ser como er Dani, continúa con 2. Conozcamos ar Dani, y se desarrolla plenamente en 3. Lugareños der Dani, 4. Conocidos der Dani y 5. La Carmen, hermana der Dani. No hemos acabado ni mucho menos, la cosa sigue en 6. Er Dani y la metrosexualidad y a partir de aquí dejamos el local en el que estábamos y emigramos en 7. Camino del restaurante con er Dani. El último capítulo fue .
8. La Gayola y los amigos der Dani en donde finalmente entrábamos al restaurante y se producía el esperado encuentro de la Gayola con los amigos del festejado protagonista.

Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Durante todas estas semanas hemos ido desgranando los eventos que sucedieron una noche de marzo. Han sido instantáneas de algunos de los momentos cumbre de esa noche. Aún no hemos terminado. La historia continúa y la retomamos en el punto en el que nos habíamos quedado, en el restaurante.

La cena debería haber pasado sin pena ni gloria. Si todos hubieran mantenido sus bocas cerradas o al menos ocupadas en el comer no tendríamos nada que contar. Pero no fue así. Estábamos comiendo, todos los hombres cordero y la Gayola devoraba su ensalada “vegetal”. Comía con el mismo envite que un chancho aplica a la tarea. Levantaba el dedo meñique de la mano con la que sujetaba el tenedor. Era su interpretación particular de la clase y el estilo.

Uno de los individuos hizo alguna broma grosera sobre ella, broma que no consigo recordar. Ponía en duda la capacidad de esa hembra para dar cuenta de todos los hombres que la acompañaban, más si tenemos en cuenta que según er Dani, allí follábamos tooós. La Gayola alzó una ceja, dejó los cubiertos sobre la mesa, miró hacia el individuo y le empetó: No hay suficientes machos aquí para acabar conmigo. Una risa colectiva recorrió el grupo. Comenzaron a hacer comentarios soeces y a rebatir la aserción de dicha hembra. Ella se levantó y cruzó la mesa de lado a lado, mirándolos a todos cuidadosamente. Cuando volvió a su sitio les pidió que se presentaran.

El primero dijo su nombre y ella lo calificó sobre la marcha: el Pajero, porque lo único que haces es cascártela. El tío perdió el color y todo el mundo comenzó a reírse de él. Por las reacciones de todos ellos debía ser cierto. Fue a por el segundo, que tras nombrarse recibió su calificación: el impotente, porque estás especializado en gatillazos. Tras las risas y los aplausos que siguieron dicha aserción llegaron los primeros temores. ¿Cuánto sabía la Gayola sobre ellos? ¿Cuanto le había contado er Dani? Las dudas sobre la lealtad del amigo se hicieron patentes. Las risas se apagaron. Ahora había algo de temor en el aire, un regusto amargo.

Cuando llegó el turno del que la había ofendido y dijo su nombre, una sonrisa cruzó la cara de la Gayola. Todos nos quedamos en silencio, expectantes. Ella se regodeó en ese momento de gloria y cuando habló, sus palabras fueron como lozas que cerraban una tumba. Tú eres el que se metió en un baño con una maricona para que te la chupara y todo porque querías que la maricona te pagara unas copas. Si hubo un instante en la historia en el que se debía haber parado el mundo fue este. El silencio era tan duro que se podía ver. Incluso los camareros quedaron temporalmente congelados, expectantes. Una mosca cruzaba la sala y sus alas creaban todo el ruido que había allí dentro.

Dicen que tras recibir un golpe uno trata de levantarse. Después de ese derechazo nos quedamos todos mirándonos, sin saber que hacer o que decir o como reaccionar. El dedo de la Gayola señalaba al pobre totorota al que había acusado. El calado de sus palabras continuaba reventando barreras en nuestro cerebro, destrozando todo aquello en lo que habíamos creído. Tras una o varias eternidades volvimos a respirar, las luces recuperaron su brillo y er Dani trató de romper el hielo con un comentario insustancial y vulgar. Otro de los que allí estaban miró al acusado y le preguntó directamente: ¿De verdad te la chupó una maricona?. En su cara se reflejaba incredulidad. Bueno, no fue exactamente asín. La Gayola volvió al ataque. ¿Cómo que no? ¿Cómo que no? Te fuiste con la maricona al baño para que te la chupara a cambio de pagarte unas copas y encima era una maricona vieja, en la disco esa que está a las afueras de Benalmádena, la Pollola, amos.

Estos nuevos detalles fueron como clavos sobre el ataúd de aquel pobre. ¿Te la chupó la Pollola? Pero como has podido tío, como has caído tan bajo. Aquel hombre se encogió hasta la mínima expresión. Trató de excusarse pero no cabía ninguna duda. Nadie le dijo más nada, pero se suspendieron las presentaciones. Aquel era un juego muy peligroso y ahora sabíamos que la Gayola venía con armas de destrucción masiva.

Hubo intentos de romper la tensión pero ninguno podía evitar el mirar hacia aquella alma en pena y pensar que un día no muy lejano estaba en el baño de una disco, con los pantalones bajados siendo succionado por unos labios colagenados y carnosos de otro tío ya viejo y vestido de lo que él pensaba debe ser una con estilo. La conversación tomó otros derroteros y nuestra heroína continuó con su sorna devorando su ensalada vegetal. Tras los postres llegó la ceremonia de entrega de regalos de cumpleaños, pero esa es otra historia.

En el próximo capítulo continuaremos ahondando en la degradación humana con el reparto de regalos en el episodio llamado Regalos para er Dani.

8. La Gayola y los amigos der Dani

Seguimos el lento devenir de la historia der Dani y antes de entrar en este nuevo episodio es conveniente recordar en donde comenzó todo para aquellos que han llegado despistados. La historia comienza con 1. Todos queremos ser como er Dani, continúa con 2. Conozcamos ar Dani, y se desarrolla plenamente en 3. Lugareños der Dani, 4. Conocidos der Dani y 5. La Carmen, hermana der Dani. Toma algo de aire antes de abordar 6. Er Dani y la metrosexualidad y el último episodio hasta ahora, llamado 7. Camino del restaurante con er Dani. Los habituales seguro que se acordarán que nos habíamos quedado a la entrada del restaurante.

Son muy pocas las ocasiones que tenemos a lo largo de nuestra vida de poder ver una entrada triunfal, una de esos momentos que se graban en nuestra corteza cerebral y quedan indelebles hasta nuestra muerte. Por eso, cuando traspasamos el umbral del restaurante, tras cruzar las sinuosas veredas que se habían formado entre las mesas de los clientes y pasamos bajo el arco que separaba la sala principal del pequeño reservado, un murmullo se alzó entre los amigos der Dani.

Allí, en toda su gloria, por primera vez en vivo y en directo podían ver a esa hembra de la que tanto habían oído hablar. Ella, falta de modosidad, se atusó la melena, desplegó la más tórrida de sus sonrisas y los saludó a todos. - Hola chicos - Tras semejante declaración de principios se lanzó como un buitre hacia el primero y empezó a repartir besos a conciencia.

La Gayola, la dama en cuestión, siempre ha gozado de cierta popularidad entre los amigos der Dani. No sucede muy a menudo que uno de tus colegas se está follando a dos hermanas casadas y con hijos y que ambas sepan que la otra también está disfrutando de los mismos placeres carnales con el mismo hombre. Sólo en una familia muy especial se dan estas circunstancias. La Gayola pertenece a uno de esos clanes. Es incluso capaz de salir con su hermana y er Dani y sabe que la que consiga llevárselo al huerto será la que le hinque el diente esa noche. Entre hermanas no hablan de infidelidad ni tonterías similares. Parece ser normal y aceptable en su familia el que estén dejando a sus maridos a la altura de un Vitorino, con unos cuernos de impresión. Ni siquiera le dan importancia a este hecho.

Por eso y por mucho más, cuando er Dani entró en el comedor todos los ojos se abrieron para comprobar el material y me temo que quedaron un poco decepcionados. Lo que se encontraron fue una hembra vulgar y corriente, tirando a morcillona, de pelo oscuro y gafas de pasta cual presentadora del un, dos, tres. Los patotes robustos de la Gayola estaban bien cubiertos por unos vaqueros que sólo nos permitían la visión de aquellos tobillos gordos como morcillones. Esos tobillos eran los que sujetaban al cuerpo unos patotes con dedos grandes como hamsters, con unas uñas pintadas de un rosado incasdescente. No se podía ver la cantidad de muslo que había bajo los pantalones, pero debía ser bastante considerable. El cinturon de acero inoxidable, comprimía la cintura de una forma obscena y demostraba la calidad de la que estaba hecho al aguantar la terrible presión que debía estar soportando. La camisa de buena tela permite ver las razones por las que er Dani está emperrado. Siempre hemos escuchado el refrán dos tetas como dos carretas y al mirar a esa mujer las vimos frente a nosotros, la imagen que creó el refrán. Uno puede imaginar las pajas rusas que habrán cruzado ese canalote, los sobados de toda esa superficie curva. Ni siquiera las heroínas de los comics mantienen un pecho tan increíble. Tras las virtudes llega la decadencia. Todo lo que gana en los pechos lo pierde en la cara. Un hocico vulgar y mal pintado, unos ojos hundidos y medio torcidos, una frente sucia y un pelo mal cortado. Los ojos los trataba de ocultar con unas gafas de sol, pero eventualmente se las tuvo que quitar para no descoñarse contra algo al no ver nada.

Tras las presentaciones de rigor tomamos asiento. Allí todo el mundo había terminado de cenar. Me resulta curioso que se celebre una cena de cumpleaños y todo el mundo coma antes de que llegue el agraciado. Todos lo conocen y debían saber que eso iba a ocurrir. El grupo de colegas era bastante compacto. Todos parecían compartir la afición der Dani por el deporte. Cuerpos compactos, de abultados músculos y burdas definiciones musculares. Me enteré que varios de ellos trabajan en el cuerpo de bomberos de la ciudad de Málaga. Uno me sonaba muy familiar y me confirmaron que era el primo de un famoso comentarista de tertulias televisivas, esos programas en los que se despelleja gratuitamente a los famosos y no tan famosos.

Todos gritaban y reían haciendo bromas, soltando tacos y diciendo burradas. Estaban comiendo cordero y pidieron más para nosotros, junto con una ensalada “vegetal” para la Gayola porque resultó que no come carne. Un absurdo silencio recorrió la mesa cuando pidió su ensalada vegetal y tras la pausa que nos permitió comprender en su plenitud el significado de la frase, prorrumpimos en risas salvajes. Ella no fue capaz de apreciar su fina ironía y se ofendió porque nos reíamos de ella. Mientras traían la pitanza, er Dani se acordó de la botella de whisky y la volvió a agitar, enseñándosela a todos y ejecutando su famosa danza del dale, Don, dale haciendo como que follaba la botella mientras le arreaba cachetes en su culito. La Gayola no se pudo contener y le empetó un Qué más quisieras tú que poder follarte a una tía así. De nuevo nos quedamos todos en silencio y a continuación volvieron las risas, esta vez dirigidas hacia er Dani, que se había tornado rojo de la vergüenza. Trató de rebatirlo con algún tipo de incoherente respuesta que no supimos entender y acabó hundido en su asiento, tratando de hacernos ver que no pasaba nada.

Tras una espera que se me hizo muy corta llegaron las bebidas y la comida. Mientras media mesa jaleaba y gritaba, nosotros comíamos a plena velocidad. La Gayola desplegaba sus sobradamente preparadas artes sociales y nos sorprendía agarrando el tenedor con el dedo meñique estirado. Supongo que trataba de enviar algún tipo de señal que nos indicara que es una mujer culta y socialmente curtida, pero falló miserablemente en el intento y lo que nosotros vimos fue que comía agarrando los cubiertos igual que cualquier maricona vieja que se precie agarra la taza de café para demostrar su incultura.

Aprovechamos este punto para interrumpir el relato. El próximo capítulo, llamado Las verdades de los amigos der Dani nos descubrirá algunos secretos que mejor sería que nunca fueran revelados

7. Camino del restaurante con er Dani

Nos adentramos en terrenos cenagosos y en los que los conceptos del bien y del mal se cruzarán y copularán creando aberraciones de leyenda. Llegar a este punto no ha sido sencillo. El camino iniciático que te permitirá comprender las revelaciones de las que te has hecho merecedor comienzan con 1. Todos queremos ser como er Dani, continúan con 2. Conozcamos ar Dani, y se desarrollan plenamente en 3. Lugareños der Dani, 4. Conocidos der Dani y 5. La Carmen, hermana der Dani. Una vez has avanzado por cada una de esas etapas, sólo te queda 6. Er Dani y la metrosexualidad para estar preparado y poder recibir el conocimiento en su estado más puro y aterrador. Aquellos que han seguido el proceso en reducidas dosis, recordad que hemos abandonado el bar y vamos camino de la aventura

Abandonamos el local multiusos con la pena de quien deja atrás el paraíso sin haber tenido tiempo de explorarlo completamente. Quizás algún día el buen Dios me permita volver a respirar ese aire cargado de humo y echar unas partidas en ese bingo de barrio rodeado de todas esas mancebas pasadas de kilos y de lengua afilada. En el coche, er Dani se afanaba en hacer llamadas gratis aprovechando el teléfono de Sergio, un dispositivo de última generación del tamaño de un piedrafono de los picapiedra, porque imagino que fue última generación en el jurásico, antes de que se miniaturizaran los chips y se hicieran cacharros que se pueden llevar en el bolsillo. Con nuestro nuevo pasajero, opté por el asiento trasero. Er Dani hizo las veces de copiloto y comenzamos a recoger la ciudad, esa Málaga legendaria fuente de inspiración de tantos y tantos novelistas y presentadores de programas de televisión.

Er Dani contactó con la hembra que debía reunirse con nosotros, a la que quisiéramos proteger en la medida de lo posible de la infamia y el escarnio público y que por tanto denominaremos la Gayola. Ella se movía con su coche por las mismas calles y de alguna forma convergimos hacia un punto en el que se produjo el inevitable encuentro. Esperándola en una parada de guagua (eso que en la península y en otras tierras se llama autobús) consumimos los últimos instantes de sabiduría compartida con er Dani, que continuaba con su frenético agitar de la botella del doce años. Nunca antes un whisky sufrió tal meneo durante su corta y reposada vida.

Un coche de cristales tintados se colocó tras el nuestro. Tras haber escuchado tanto hablar del coche de la Gayola reconozco que me decepcionó bastante encontrarme con un vulgar SEAT. No es que tenga nada contra esta marca, pero en mi enorme cabezón asocio la potencia y las líneas deportivas con otras marcas de más solera y SEAT para mí no es más que el IBIZA y todos esos coches que han motorizado al español medio los últimos cincuenta años. Er Dani sin embargo parecía estar en extasis de puro placer al ver aquella máquina y no dejaba de repetir algo que sonaba como Peazo de máquina ¿ein?. No tuvimos el placer de ver a la conductora en ese momento. Quedó oculta tras sus tintadas lunas y decidimos que a partir de aquel momento nos dividiríamos en dos grupos. Sergio y Yo haríamos las veces de coche escoba y nuestro celebrado anfitrión y compañera de Kikis nos precederían hacia el destino, el cual no era más que un restaurante en el centro de la ciudad, uno de esos famosos locales que están atestados a esas horas y que basan toda su fama en Dios sabe qué porque al final uno siempre acaba algo decepcionado.

Después de esbozar las líneas de semejante plan lo llevamos acabo. La chica, envalentonada por la potencia sin límites de sus cuatro ruedas y por llevar a su lado a ese hombre que tanto gozo le había dado, no dejaba de dar tremendos acelerones seguidos de bruscos frenazos. Para ella debía ser eso que llaman conducción deportiva. Para nosotros no era más que otra mujer al volante. Sus maniobras sobraban y la convertían en un peligro público, aunque imagino que detrás de todo aquel alarde de superfluo e inútil espectáculo debía estar er Dani jaleándola para que nos mostrara lo mucho que podía dar de sí su vehículo.

Pasamos el centro de la ciudad y decidieron buscar aparcamiento allí donde no lo hay, en la parte más concurrida. Dimos una y mil vueltas sin suerte. En cada paseo se ampliaba el radio de búsqueda. Tras lo que me pareció una eternidad, se decidió consensuadamente el buscar alguna plaza en barrios menos céntricos. Os puedo confirmar que incluso en Málaga existen zonas poco seguras y hacia allí nos encaminamos para dejar uno de los vehículos. Creo que lo dejamos en algún lugar cerca del estadio, no muy lejos de una urbanización en la que ni siquiera los cuerpos de operaciones especiales osan poner un pie. Obviamente, el coche que dejamos atrás fue el de Sergio y nosotros terminamos en el asiento trasero del coche de la Gayola. Si por fuera era ostentoso, su interior es definitivamente ostentóreo. Un alarde de falso cuero lo recubría todo y aquellos rincones a los que no llegaba la piel del bicho estaban forrados en algún tipo de madera exótica. Hasta esa noche pensé que el interior de los coches era uno de esos lugares a los que el mal gusto no había podido llegar, pero ahora sé que con algo de dinero y mala voluntad uno puede joder hasta su propio coche.

En el salpicadero, rodeado de caoba resplandecía un aparato de música multifunción, que hacía las veces de ordenador de abordo y sistema de posicionamiento global o aquello que los que se las dan de cultos llaman GPS. El trasto languidecía rodeado de tanto boato esperando que la inculta de la dueña se estudiara el manual para manejarlo, algo que la pobre juró hacer algún día antes de morir. Sobre la propietaria no hablaré hoy, que no conviene quemar toda la munición y aún queda mucho por contar. Con tres machos y un pseudo-deportivo entre sus piernas, la Gayola era imparable. En aquellos instantes en los que nuestras vidas pendían de semejante hilo, me dió por pensar que Dios creó el mundo en siete días y que esta hembra cañón se lo podía follar entero en cuatro, uno de esos pensamientos tontos que tenemos los cortos de cerebelo.

No quise mirar hacia el exterior y me concentré en algo que había en el techo sobre mí y que debía ser mi propio sistema de audio. Si ya desde fuera aquel coche se veía inseguro, ir en él sometido a bruscas aceleraciones y deceleraciones no es algo grato de padecer y mucho menos de recordar. Esos minutos que a mí me parecieron eones y en los que veía los callejones del centro de la ciudad pasar raudamente por los lados mientras tremenda hembra soltaba sapos por su boca cuando algún despistado peatón se ponía en su camino y amenazaba con mancillar la perfección de la pintura de su capó llegaron a su fin cuando finalmente la convencieron para entrar en un aparcamiento subterráneo. Siempre recordaré que mi profesor de autoescuela me decía con lágrimas en los ojos que lo peor era el que una mujer aparcara el coche en una de esas trampas diseñadas por algún mariquita que fracasó como artista y acabó como arquitecto y ahora sé a qué se refería. Pensé que empotraba el coche en la rampa. Llegué al interior abrazado a Sergio, llorando como un niño chico que espera que al abrir los ojos la pesadilla haya pasado. La chica, toda buena voluntad nos ofrendó un rally gratuito en aquel lugar, esquivando columnas por milímetros y cuando finalmente encontró una plaza en la que poner sus cuatro ruedas, consiguió desbocar nuestros corazones ante lo inminente del fin. Fue tan mala la cosa, que tras cinco minutos de batalla decidió que Sergio debía ser quien terminara de aparcar el coche, o más bien quien comenzara y finalizara la maniobra, ya que en ningún momento había conseguido apuntar con éxito hacia el hueco que quería ocupar. El por qué Sergio y no Er Dani parece ser que se debía a las nulas capacidades automovilísticas de este último, al menos según ella.

Tras dejar el coche a buen recaudo, paseamos por el centro de la ciudad hacia el restaurante en el que se desarrollará el siguiente acto. Fue una carrera a destiempo, con er Dani metiéndonos prisa porque llegábamos con más de una hora de retraso. Fue también mi primer y único paseo por el centro de Málaga, que en todos los años que he visitado a mis amigos en aquellas tierras jamás planté las pezuñas en aquel lugar.

Suspendemos aquí el relato, en la entrada del restaurante, a donde finalmente llegamos el equipo fantástico constituido por er Dani, la Gayola, Sergio y Yo. Lo que sucedió a continuación será relatado en La Gayola y los amigos der Dani.