La mayor parte de la gente que visita Volendam solo paseará por la calle del puerto y nunca verá esta casa llamada Het Breikie. No está muy lejos ya que solo hay que ir a la calle paralela al puerto para encontrarla. Es un pequeño parque temático neerlandés hecho con latas de refresco y otros materiales algo inusuales. Lo que vemos es la parte trasera de la casa y el pequeño jardín que tiene. Si dais un pequeño rodeo podéis acercaros y entrar a su jardín para verlo de cerca. El dueño es un señor muy agradable que se muestra encantado de hablar con los turistas.
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Ayer veíamos Ese edificio que se agacha en el puerto de Volendam. Finalmente lo jubilaron y en su lugar apareció una terraza para el bar que está enfrente. Como veis el cambio es bastante drástico. La foto de hoy es del año 2006 en el que ya estaba operativo. La tomé desde el barco que lleva a Marken, el cual atraca en ese lugar, algo que siempre preguntan en los comentarios y que despierta alguna preocupación a los turistas. Supongo que pensáis en lugares gigantescos como Madrid o Barcelona y os da la impresión que aquello es enorme pero en realidad, Volendam tiene veintidós mil habitantes y el puerto es pequeño. La empresa de ferrys se llama Marken Express y el precio del viaje de ida y vuelta entre ambos lugares es de siete euros por persona o 4.5 euros si solo hacéis un trayecto de ida.
La foto de hoy la tomé en el año 2002 en Volendam. En esa época todavía venían un montón de amigos a visitarme en Holanda y pasaba por Volendam prácticamente todos los meses. En esa ocasión llevaba mi primera cámara digital (mi Canon Powershot G2) y ya que no tenía que revelar las fotos, me desquité haciéndole fotos a todo. El edificio ese que podemos ver agachándose estaba en primera línea, en el puerto, justo al lado de las taquillas del Marken Express Volendam. Cada vez que iba al lugar estaba más y más inclinado y era motivo de sorna y cachondeo. Mañana veremos otra foto en la que ya no aparece porque finalmente lo derribaron porque literalmente se caía al suelo. A veces han preguntado en los comentarios de las anotaciones turísticas si resulta fácil encontrar el lugar en el que se coge el barco que te lleva de Volendam a Marken. Es tan fácil que si no llegas a verlo, me temo que o no has visitado el pueblo o no has estado en el lugar al que hay que ir, que no es otro que su pequeño puerto.
Y tú, ¿ya lo has instalado?
Hace años, antes de migrar a Wordpress tenía un montón de álbumes en la bitácora de lugares de Holanda. En ese proceso se perdieron y va siendo hora de añadir un lugar muy turístico y del que se ha hablado muchísimo en las anotaciones que explican las cosas que hay que ver en este país. Hoy vemos el puerto de Volendam, esa pequeña villa situada a una media hora de Amsterdam si vas en autobús y que es lugar obligatorio para todos aquellos que quieran ver un sitio que aún tiene el encanto de lo antiguo.
De cuando en cuando descubro fotos que han aparecido en la bitácora pero que no puedo encontrar. Casi siempre se remontan a los años 2004 y 2005, tiempos en los que no era tan meticuloso a la hora de ordenar y clasificar las cosas. Una de esas sorpresas es la imagen de hoy, llena de alto contenido simbólico y que seguro que despierta curiosas ideas en aquellos que la ven. Hoy le damos la bienvenida al Club de las 500 a estas Piernas abiertas y tetas al frente que están escondidas en algún lugar de Distorsiones.
El relato de las aventuras de este viaje a Nueva York comenzó en Saltando un océano en seis horas y media.
El lunes era el Memorial Day en los Estados Unidos, día de fiesta nacional en el que se honra y recuerda a los caídos en todas las guerras en las que han participado los americanos. Quizás por eso Nueva York estaba tan abarrotada de gente. Ese día aún estábamos con la familia durante parte del mismo y aprovechamos para dejarnos caer por Macy’s y su mega-hiper tienda junto al Empire State. No hay palabras para describir esa tienda. Pensad en un montón de Corte Inglés apilados y os haréis una vaga idea. Son casi cien mil metros cuadrados de superficie de exposición, una burrada. Dejé allí a la familia y yo me marché a otro de los grandes templos de Nueva York: la tienda B&H Photo Video. Si nunca has oído hablar de esta tienda, está claro que no te interesa la fotografía porque son los amos, los reyes del mambo en este sector. Han duplicado el espacio y eso que antes ya se decía que allí está todo lo que existe en el mundo de la fotografía profesional. Su sistema de envío de mercancía a las cajas mediante unos trenes aéreos que transportan todo es fascinante y solo por eso merecen una visita. La tienda es propiedad de judíos y todos o casi todos sus dependientes tienen el gorrito típico. Allí mi Mastercard sufrió una de las crisis más grandes que ha tenido en mucho tiempo. Cayeron un filtro UV para mi objetivo (el anterior se me rompió en una caída tonta de la cámara), una mochila Lowepro Primus que es la bomba y de la que estoy totalmente enamorado, un x2 extender con el que duplicar el rango de alcance de mi 70-200 mm y un objetivo de ojo de pez con el que espero descubrir una forma nueva de ver las cosas. Salí de allí feliz y contento y me reuní con los míos en uno de los restaurantes del Macy’s, el cual tiene un montón de ellos repartidos por todo el complejo. Se trataba del Cuccina & Co. en el que las hamburguesas son de película. Tras almorzar nos despedimos de la familia y ya solos continuamos un rato más de compras antes de volver al apartamento con uno de los famosos taxis amarillos, los cuales ya he comentado que son baratísimos.
Después por la tarde comenzamos con el turismo de verdad y volvimos al Empire State Building para ver la ciudad de noche desde su terraza. Merece la pena subir pese a las colas y todo el tedioso y horrible proceso que conlleva. Primero hicimos cola para pasar el control de seguridad, un trámite estúpido porque hasta los más tontos saben que los terroristas prefieren entrar de otra forma. Después tuvimos que hacer la cola para comprar las entradas, la cola para que nos tomen la fotografía obligatoria que luego no compras y la cola para esperar el ascensor que te lleva al piso ochenta. Desde allí te hacen pasar por otra cola en la que tratan de alquilarte el audífono con la explicación de lo que puedes ver y finalmente la cola del ascensor que te lleva a la planta ochenta y seis. Tras todo este procedimiento, sales y te encuentras con la maravillosa vista de la ciudad iluminada a tus pies y se te olvida todo por lo que has pasado. Hice un montón de fotos y disfrutamos como enanos antes de volver a ponernos en la cola para bajar al piso ochenta, la cola para bajar al nivel de entrada, en ese ascensor que cuando desciende lo puedes notar en tus oídos y luego pasar por la tienda para ver la foto y no cogerla y sin darte cuenta ya estás en la calle y has subido al Empire State Building. Ese día ni siquiera cenamos de lo llenos que estábamos de comida y nos fuimos temprano a dormir.
Al día siguiente lo primero que hicimos fue volver al Empire State Building para ver la ciudad desde lo alto de día. La entrada sale bastante cara, así que lo que habíamos hecho es comprarnos el New York Pass en su versión de siete días, con el cual teníamos acceso a casi todo sin pagar y pudiendo repetir en días distintos. Volvimos a pasar por todas las colas y procesos, aunque esta vez, como era temprano y ya no estábamos en día de fiesta la cosa fue mucho más rápida y después de hacernos fotos arriba y ver la ciudad, aprovechamos también para ver la película de Skyride, una atracción muy curiosa y divertida en la que pareces volar sobre la ciudad viéndolo todo.
Al salir volvimos a tropezar en la piedra del consumismo y además de arrasar con un H&M, nos centramos en la ropa y productos de marca con descuentos masivos del Macy’s. Al visitante neofito le interesa saber que si vas al Visitor’s centre de Macy’s y te identificas como turista, te dan una tarjeta válida por unos días con la que consigues un 11% de descuento en casi todo. Esto se une al mega descuento gracias a la cotización del dólar y a que las cosas allí son más baratas. Los italianos arrasaban con la ropa de sus diseñadores y yo casi me caigo muerto cuando fui a comprar toballas para mi casa y me encontré que ahora las tengo de la marca Lacoste y me costaron prácticamente nada. Nos tuvieron que echar del lugar porque es muy fácil entrar pero casi imposible salir y nos volvimos en taxi ya que la multitud de bolsas que llevábamos no era muy práctica para el transporte público. Dejé a mis padres durmiendo la siesta y yo me fui a hacer fotos en los alrededores de la Grand Central Station. Por la tarde habíamos quedado con la prima de mi madre para ir a uno de los restaurantes Dallas BBQ de la ciudad. Yo ya había estado en uno de ellos la vez anterior. Sirven unas costillas casi tan buenas como las del Café Cartouche en Hilversum, lugar que como todo el mundo sabe tiene las mejores costillas del mundo. En el local de Nueva York las cantidades de comida son masivas. Si vas por la ciudad busca uno de sus restaurantes y date un atracón, son bastante económicos y su calidad es excelente. Hay uno en Times Square y otro justo al lado del edificio Dakota, el lugar en donde vivía John Lennon y en cuya puerta fue asesinado. Tras la cena fuimos a un sitio del que ya no recuerdo el nombre pero que está especializado en chocolate para tomarnos unos cócteles fríos hechos con chocolate que estaban deliciosos.
En lugar de tomar el metro, volvimos en autobús subiendo por la Tercera Avenida y de esta forma viendo un poco el bullicio de las calles y observando el gran Empire State Building, el cual está siempre ahí, esperando para asomarse. Mientras pasas por la ciudad te suenan familiares un montón de rincones, ves a esa gente que espera el taxi con la mano levantada, a chicas con traje de fiesta y zapatillas deportivas, gente haciendo footing por las calles y todas esas droguerías que permanecen abiertas las veinticuatro horas y que uno no sabe muy bien como pueden ser rentables cuando hay una en cada esquina, junto al Starsucks de turno. Para el día siguiente estaba previsto lluvia y mal tiempo así que había planeado una jornada alternativa.
El siguiente capítulo se llama Naciones Unidas y una vuelta alrededor de Manhattan con saludo a la Gran Dama
El relato de las aventuras de este viaje a Nueva York comenzó en Saltando un océano en seis horas y media.
A la hora de contar el viaje a Nueva York, creo que voy a agrupar las cosas para hacerlo algo más corto y concentrado. Como íbamos bastante sobrados de tiempo nos lo tomamos con bastante calma. Al llegar fuimos a nuestro apartamento en Murray Hill East Suites, en la calle 39, prácticamente al lado de la Grand Central Station. Yo lo había buscado en páginas de apartamentos pero aquello es más bien un hotel en el que las habitaciones son pequeños estudios o apartamentos de uno o dos dormitorios. El nuestro estaba en la undécima planta y era sencillamente perfecto. Mi tío y una prima de mi madre vinieron a recibirnos y juntos nos fuimos andando a la Grand Central Station y desde allí bajamos a Greenwhich Village para cenar en el restaurante El Paso, en donde nos juraban que se pueden comer unas langostas increíbles. Todos pedimos lo mismo y la verdad es que la comida estuvo deliciosa. Terminamos la velada en el Café Reggio, muy cerca del Washington Square Park y en donde afirman que se sirvieron los primeros capuchinos en Estados Unidos. Ese día estábamos agotados y nos fuimos a dormir pronto.
El domingo nos lo tomamos con calma y optamos por ir de paseo. Subimos andando por la Quinta Avenida, boquiabiertos como gente de campo ante la grandeza de los rascacielos y lo apabullante de las tiendas. Entramos en la Catedral de San Patricio en donde el precio de encender una vela en esta época es de dos dólares, mucho menor que cuando estuve allí en Navidad. Al llegar a Central Park entré a la verdadera catedral de la ciudad, la tienda Apple de la Quinta Avenida y si pusieran una imagen de Steve, le besaba las uñas negras de los pies sin dudarlo un solo instante. La gente compraba iPods y ordenadores como loca. Cruzamos hacia el otro lado de Manhattan adentrándonos un poco en Central Park y parándonos para descansar un rato. A la hora de almorzar nos fuimos al Whole Foods que está en el edificio Time Warner de Columbus Circle. Es una buena opción para el turista que quiere comer algo de calidad o quiere comprar la comida y llevársela al parque y disfrutar almorzando en ese legendario lugar.
Tras la comida volvimos a saltar con el metro y fuimos al Soho, donde buscábamos una tienda de una marca de ropa. La encontramos después de andar un rato, soltamos un montón de dinero allí y nos equivocamos de estación de metro lo cual nos obligó a hacer dos transbordos. Nuestro destino final era Brighton Beach, al sur de Brooklyn, justo al lado de Coney Island. Ya he hablado de esa zona porque allí fue donde me quedé en mi anterior visita. Es el barrio de los ucranianos y por allí si hay algo que no se habla es inglés. Aprovechando que el día se prestaba estuvimos paseando por la playa y para cenar nos dimos un atracón de langostinos. Después volvimos a Manhattan, lo cual toma cerca de una hora porque el metro para en todas las esquinas que te puedas imaginar y en fines de semana no hay metros express. De esa forma terminó nuestro segundo día en Nueva York (y el primero completo), otro día que pasamos con la familia y tratando de adaptarnos al cambio horario.
El siguiente capítulo se llama Más compras y escalando a la cima de la ciudad de noche y de día
En el interior de la mayor de las dos catedrales de la Iglesia de Irlanda el tiempo parece haberse detenido hace unos siglos. No es una iglesia católica y según el chófer del autobús turístico que nos paseaba por la ciudad, es preferible arder mil años en el infierno a entrar en ese lugar, un comentario hecho con el típico cinismo irlandés.
Puedes leer el relato que acompaña a estas fotos en Primer día en Dublín. Lluvia y encuentros divinos y si quieres ver otras fotos de la ciudad están en el Album de fotos de Dublín.







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