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15. Quizás no hay vida tras despedirnos der Dani

Lo creas o no este es el capítulo final, el fin de una historia que se ha ido escribiendo sola a lo largo de un año. Seguro que ya te has leído los catorce capítulos anteriores, pero si no es así y has entrado directamente en este lugar, quiero darte la oportunidad de comenzar por el principio, que no es otro que 1. Todos queremos ser como er Dani. Una vez has enganchado en el tren de esta historia el orden de las estaciones que tendrás que visitar es el que sigue: 2. Conozcamos ar Dani para introducirte formalmente con nuestro héroe, 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani para entender sus circunstancias a través de su entorno y 5. La Carmen, hermana der Dani que nos mostrará a su hermana en plena acción. La vida es muy dura y las estrategias de supervivencia son variadas y si no que se lo digan a 6. Er Dani y la metrosexualidad. Después de estos seis primeros episodios cambiamos de escenario y nos dirigimos a otro en 7. Camino del restaurante con er Dani. Al llegar al restaurante conocimos a una nueva tanda de amigos en 8. La Gayola y los amigos der Dani . Ninguno esperaba que la acompañante der Dani fuese ese pozo de información que resultó ser en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Tras la tensión vino la calma con la entrega de presentes en 10. Regalos para er Dani. De tan contento que se puso con sus regalos el nos hizo un presente a nosotros en 11. Er Dani y sus bolas y ya sin freno y cuesta abajo cambiamos de local pero él siguió en sus trece en 12. Er Dani y más de lo mismo. Llegados a este punto volvió a aparecer la hermana der Dani en 13. La Carmen en el cumpleaños der Daniy de esta forma alcanzamos el penúltimo episodio que fue 14. Er Dani se lo monta con sus amigos. Y ahora sin más, procedamos a deternos en la estación a la que estaba destinado este tren.

Ya lo decía el gran maestro: todo comienzo tiene un final. El de este relato llega hoy. Ha sido un experimento curioso el recordar lo que sucedió aquella noche y relatarlo a lo largo de tanto tiempo. Me ha hecho sentir un poco como un malvado sé-tres-pe-os narrando grandes batallas a un grupo de atentos lectores que no han perdido comba.

Aquí ya no se puede contar nada más sobre er Dani porque ya está todo dicho. Después de salir del local deshicimos el camino andado hasta el garaje en el que la Gayola había aparcado su coche. La mujer iba callada y bien jodida, aunque no de la forma que a ella le habría gustado. En la madrugada las calles del centro de Málaga son mágicas. Un camión cuba pasaba regando las calles y de vez en cuando un taxi pasaba veloz junto a nosotros. A veces nos tropezábamos con otros pequeños grupos de jóvenes que al igual que nosotros estaban de retirada y otros que seguramente se desplazaban hacia otros locales.

El aparcamiento está debajo de una avenida de esas principales. En la entrada había un tipo meando contra la pared que seguramente estaba borracho. Otro dormía en el suelo entre meados, olvidado por sus amigos en aquel lugar y posiblemente desplumado por cualquier espabilado que al pasar por allí lo vio de esa guisa. Para sacar el coche la Gayola le volvió a pedir a mi amigo Sergio que lo hiciera porque ella no es muy buena con ese tipo de maniobras. Mi amigo le colocó el coche enfilando la salida para que la pobre no tuviera que pensar mucho. Ninguno de los tres nos acordábamos exactamente del lugar en el que estaba aparcado nuestro vehículo así que se imponía una misión de búsqueda. Lo único que sabíamos es que estaba cerca del estadio y del río seco que hay por allí y que en la cercanía se encuentra una barriada de esas en las que uno preferiría no acabar porque seguro que no lo contamos.

La Gayola estaba más animada y volvía a hablar. Me contó que visita Holanda a menudo para comprar flores para su empresa. Le gusta Holanda porque la gente es rubia y hay agua por todos lados. Nos dijo que tiene mucha suerte porque la empresa con la que trabajan tiene gente que habla español porque ella ni domina el inglés ni el holandés. A todas estas estábamos dando vueltas por la ciudad buscando el coche. También nos dio información detallada de su vehículo, precio y características técnicas y todos los extras que le había puesto al comprarlo. Era un coche de chichona. Lo mejor era el crucifijo que colgaba del espejo y que estaba acompañado de un cazador de sueños (dreamcatcher), esa infamia que se hizo popular tras aquella mierda de película y que llevó a los españoles a poblar el país con dichos trastos. Si tienes uno en tu coche quiero que sepas que me río de tí y de tu pobreza espiritual, sin ira y sin pausa pero me río.

Probamos en un montón de calles y no dábamos con el puto trasto. Aquello empezaba a ser preocupante. Tratamos de llamar ar Dani pero no nos cogió el teléfono. Seguramente andaba liado persiguiendo algún coñito en el pub o subido a alguna silla desnudándose de nuevo. La Gayola no tenía mucho tema de conversación y al tener que permanecer con ella por tanto tiempo acabamos todas las posibilidades. A falta de otra cosa me puse a recitar la lista de provincias españolas ordenadas por comunidades autónomas. Cada uno se entretiene con lo que puede y yo, como todos sabemos, puedo poco.

Sergio ya se estaba desesperando cuando por fin nos topamos con su coche, escondido entre un par de camionetas. Apareció en donde menos nos esperábamos y mucho más cerca de la zona prohibida de lo que era aconsejable. La Gayola nos pidió que la dejáramos seguirnos para salir de la ciudad porque desde allí no sabía como hacerlo. Le recordé que su coche tenía un GPS pero hubo de reconocer que no tenía ni pajolera idea de como usarlo y que la función básica del mismo es para fardar.

Dejamos que la Gayola viniera detrás de nosotros y al llegar a la autopista nuestros caminos se separaron. Nosotros enfilamos hacia Benalmádena y ella hacia dondequiera que sea que viven seres así. En el camino de vuelta no hablamos mucho. Yo trataba de procesar toda la información adquirida ese día y reservarla para poder contarla más adelante, como así ha sido. Mi amigo Sergio iba entretenido conduciendo y únicamente me hizo un comentario: te dije que merecería la pena y que no lo olvidarías. Así ha sido. Tenía más razón que un santo y quiero darle las gracias por haberme permitido conocer ar Dani y contarlo posteriormente. Llegamos a su casa y procuramos no hacer mucho ruido para no despertar a la tropa que llevaba horas durmiendo.

Fin.

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14. Er Dani se lo monta con sus amigos

Se puede oler ya el final de esta saga. Ha sido duro y en ocasiones la frustración ha hecho mella en nosotros ante las grandes esperas que hemos tenido que soportar. Si por algún motivo tú has caído directamente aquí me temo que tengo malas noticias: este es el decimocuarto episodio y salvo que te atrevas con la historia al completo es más que probable que no te enteres de nada. Permíteme que te lleve al comienzo en 1. Todos queremos ser como er Dani. Tras ese comienzo si aún tienes hambre y quieres saber tendrás que leer 2. Conozcamos ar Dani en donde se asientan las bases de esta relación tan fructífera. Ahora que ya os lo he presentado quiero presentaros a os 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Tras haber conocido a sus vecinos y a él mismo tendrás el dudoso honor de intimar con 5. La Carmen, hermana der Dani. La vida es muy dura y las estrategias de supervivencia son variadas y si no que se lo digan a 6. Er Dani y la metrosexualidad. Tras este episodio dejamos el lugar en el que estábamos y fuimos 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . El encontronazo entre la Gayola y sus colegas tendrá terribles consecuencias que se dilucidarán en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Después de este episodio bizarro vendrá la entrega de regalos en 10. Regalos para er Dani. El hombre se nos enrala y nos regala con unos momentos antológicos en 11. Er Dani y sus bolas aunque no tuvo bastante y repitió en 12. Er Dani y más de lo mismo. Respira hondo porque solo te queda un episodio para llegar el punto en el que lo habíamos dejado y lo hace con la vuelta de una de las protagonistas de los primeros capítulos en 13. La Carmen en el cumpleaños der Dani

Tras el momento famoseo de la Carmen y la Gayola la noche siguió su extraño curso. No quiero detenerme en las cosas que pasaron en ella porque esto ya se ha alargado lo suficiente y el cuerpo me pide tirar de la palanca de emergencia y sacarnos a todos de esta espiral de decadencia y lasitud en la que andamos metidos. Quiero capturar un último instante de esa mágica velada, unos minutos que tuvieron lugar casi al final y cuando ya pensábamos en marcharnos.

El local estaba absolutamente desbordado de pencas y pellejas. La mayor parte de ellas chupaba cigarrillos y mostraba esas dentaduras asquerosas que son patrimonio de los fumadores. Era poco menos que imposible no respirar los humos que todas esas locomotoras largaban sin descanso. Planteamos a los miembros de nuestro grupo nuestro deseo de marcharnos y volver a casa y nos dijeron que no nos teníamos que perder lo que venía a continuación. No quisieron ser más explícitos pero me imaginé lo que sería y acerté. nos tomamos una nueva copa gratuita mientras esperábamos. Mi amigo Sergio se fue a hablar con el gorila de la puerta o a darle un manojo de plátanos, que viene a ser lo mismo. Yo continué una absurda tertulia con la Gayola en la que parecíamos hablar distintos idiomas. La Carmen miraba de vez en cuando hacia nosotros con rencor e ira pero no se atrevía a acercarse. Sus carnes sobradas mostraban los estragos del tiempo y las condiciones del local. Estaba más sudada que los huevos de Ronaldiño. A ella no parecía importarle y cada pobre que caía en su área de influencia acababa sobado y abrazado por la chica y de paso se llevaba un poquito de su sudor tan cariñosamente macerado.

El famosete ya se había marchado hacía un rato y tras él la nube de zorras que buscaban servirle su coño en bandeja para alcanzar la gloria. Me dijeron que dicho famosillo se había casado hacía poco aunque parece que cuando sale de copas no arrastra a la parienta consigo.

Mi amigo Sergio volvió al local. Las luces habían vuelto a apagarse y el silencio era continuamente roto por esas insulsas conversaciones que tenemos cuando salimos y nos vemos en la obligación de hablar con extraños o con conocidos a los que despreciamos infinitamente. Nos pusimos en un lado de la barra para al menos poder seguir pidiendo y beber algo. El DJ o eso que antes llamábamos pinchadiscos agarró el micrófono y comenzó con su prodigiosa introducción de un evento único e irrepetible, un acto libidinoso destinado a engrandecer los pensamientos turbios de las féminas que tenían la suerte de estar en aquel lugar aquella noche. Por descontado se trataba de un nuevo strip-tease, el tercero si mal no recuerdo, que tuve el privilegio de gozarme. Yo ya pienso que debe ser algo normal para las nuevas hornadas, que los tíos ahora solo tienen la esperanza de mojar el churro si previamente han vendido sus carnes de la forma más zafia y rastrera que se pueda pensar. Al menos eso era lo que hacían estos pájaros.

Cuando acabó la presentación, que fue continuamente jaleada por esas féminas tan desarrolladas intelectualmente comenzó a sonar la canción You can leave your hat on y aquello fue el acabose. Todas las tías gritaban histéricas mirando hacia todos lados para ver si podían encontrar la carnaza prometida. La Carmen repartía mamporros a diestro y siniestro para que no le taparan la línea de visión. Finalmente aparecieron subidos a la barra y sin comerlo ni beberlo terminamos de espectadores de primera fila. En esta ocasión se habían unido ar Dani dos de sus colegas, el dueño del local y otro de ellos. Los tres iban vestidos de bomberos y por encima del ruido de la música y las hembras en celo creo recordar que el pinchadiscos recordaba continuamente que este era el fuego más difícil que debían apagar los bomberos malagueños. Obviamente tuvimos que quitar nuestros vasos de la barra. Los tres machos se posicionaron y comenzaron a menearse con una coreografía sincronizada. No quiero ni pensar en como sacaron el numerito de baile porque no me entra en la cabeza que uno quede con sus amigos para practicar los movimientos que hay que hacer. En lugar de tirar las prendas hacia esas bestias rugientes que saltaban, gemían y aullaban como si se tratara del fin del mundo, las echaban por detrás de la barra en donde una diligente chocha del martes las recogía y las iba apilando.

Así fueron cayendo los gorros, las pequeñas mangueras que portaban, los cinturones, las chaquetas y las camisas, momento que incrementó la temperatura en el local en al menos diez grados. Las tías miraban esos torsos desnudos y afeitados y gemían alargando las manos hacia el frente y tratando de agarrarse a esos pezoncillos. Ellos se magreaban sobre la barra sonriendo y mirándose entre ellos. No sé, pa’ mí que había mucho mariconeo fino por allí, seguramente travestido en metrosexualidad de mierda. Intercambiaron posiciones sobre la barra en un par de ocasiones para que todas las chicas pudieran verlos. La parte difícil del strip-tease vino cuando se tuvieron que quitar las botas de bombero sin tener una sillita en la que plantarse. Por descontado tampoco se podían sentar en la barra porque las hembras se tiraban a por ellos así que no les quedó más remedio que hacerlo de pie sin ningún glamour.

Ya sin botas tiraron de calcetines y estaba nítidamente claro que faltaba lo que todas esperaban. La Carmen ya se había posicionado en primera fila y le gritaba unas lindezas de cuidado a su hermano y a los colegas. La Gayola se había quedado con nosotros y aunque disfrutaba del espectáculo, no parecía muy contenta de la forma en la que se estaba desarrollando la noche. Después de un momento Cabaret con los tres protagonistas cogidos por los hombros levantando las piernas al aire comenzó el final del mundo o al menos eso fue lo que yo pensé cuando mis tímpanos amenazaban con saltar reventados por tanta contaminación sonora. La bajada de pantalones fue jaleada sin descanso por todas las tías y por muchos de los tíos, que ya se sabe que desde que alguien se dejó la puerta del armario abierta en España se han salido tantos que ya no nos queda casi nadie dentro del mismo. Los pantalones hicieron una pequeña pausa a la altura de las rodillas y después desaparecieron. Los agitaron sobre sus cabezas pero la distancia entre e llos era muy pequeña y la falta de sincronización hizo que chocaran unos con otros y no quedara muy digno. Todos llevaban gallumbos y aquello ya daba la impresión de haber terminado pese a que las delicadas hembras de espíritu tan etéreo seguían rugiendo y sacando a relucir su reverso zarrapastroso. Pensé que ya podríamos irnos pero se dieron la vuelta y de repente se bajaron los gallumbos quedando con el culo al aire. En ese preciso instante acabó la música y todas se fundieron en un único grito que salió despedido hacia los cielos y comenzó a cruzar los océanos espaciales , en donde seguro que aún sigue su raudo recorrido hacia los confines de la galaxia.

Todos se quedaron quietos mostrando sus lunas hacia las féminas, todos salvo er Dani que poseído del mal de San Vito se puso a agitar el culete y perdió un poco la posición. Se le abrieron algo las piernas y entre eso y el meneo los huevos acabaron por escaparse y salir a saludar. Las cámaras de los teléfonos móviles de cientos de tías comenzaron a destellear con sus cutre-flashes para retratar ese momento. Los otros dos colegas ya pensaban en replegarse y se subían los gallumbos mientras er Dani seguía agitando las joyas de la familia para mayor alegría del público. La Carmen gritaba como la que más y trataba de coger esos colgajos y hacerlos suyos. Er Dani se percató de que estábamos allí y le gritó a mi amigo Sergio: ¿se me ve la polla? ¿se me ve la polla? a lo que este respondió: Se te ven los güevos, tápate guarro. Er Dani se reía feliz y siguió allí al menos un minuto más.

La Gayola nos transmitió su deseo de marcharse con nosotros y fuimos a despedirnos der Dani, que estaba en el cuarto tras la barra. Cuando entramos nos encontramos a los tres colegas aún en calzoncillos hiper-exaltados y abrazados entre ellos gritándose unos a otros los momentos memorables que recordaban haber vivido unos instantes antes. Allí dijimos adiós ar Dani y esa noche tan única con la que nos regaló el día de su cumpleaños.

Este es el momento apropiado para acabar este episodio. No quiero que te entretengas y te animo a que saltes al capítulo final en 15. Quizás no hay vida tras despedirnos der Dani

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13. La Carmen en el cumpleaños der Dani

Cuando comencé a contar este sucedido jamás pensé que se extendería tanto en el tiempo. Si me has acompañado a lo largo del tiempo sabrás que este es el decimotercer capítulo. Si has llegado aquí a través de misteriosas búsquedas en el dios de los buscadores y aún estás dispuesto a leer el relato desde el principio, permíteme que te indique el camino. El comienzo fue en 1. Todos queremos ser como er Dani. Tras ese comienzo si aún tienes hambre y quieres saber tendrás que leer 2. Conozcamos ar Dani en donde se asientan las bases de esta relación tan fructífera. Ahora que ya os lo he presentado quiero presentaros a os 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Tras haber conocido a sus vecinos y a él mismo tendrás el dudoso honor de intimar con 5. La Carmen, hermana der Dani. La vida es muy dura y las estrategias de supervivencia son variadas y si no que se lo digan a 6. Er Dani y la metrosexualidad. Tras este episodio dejamos el lugar en el que estábamos y fuimos 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . El encontronazo entre la Gayola y sus colegas tendrá terribles consecuencias que se dilucidarán en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Después de este episodio bizarro vendrá la entrega de regalos en 10. Regalos para er Dani. El hombre se nos enrala y nos regala con unos momentos antológicos en 11. Er Dani y sus bolas y finalmente alcanzamos el último episodio escrito hasta ahora con 12. Er Dani y más de lo mismo

Algunos senderos nos llevan a lugares desconocidos y otros conducen a sitios que nuestra pérfida imaginación jamás pudo concebir. Los caminos der Dani me han empujado por terrenos empantanados en los que he descubierto lo más infame del ser humano. Nos habíamos quedado con er Dani acabando su segundo strip-tease de la noche y la normalidad de la noche volvió a reinar en aquel local de copas. Una estrella mediática del falso famoseo español hizo su aparición en el lugar y enseguida todas las hembras se orientaron cual agujas magnéticas hacia él. Es increíble lo poco que se valoran algunas mujeres y como parecen creer que por salir en la tele gritando y despellejando a gentuza se es más importante que aquellos otros seres inhumanos que tenemos varias carreras, hablamos varios idiomas y mantenemos nuestras pequeñas bitácoras en Internet visitadas por un reducido grupo de seguidores.

El famosote se puso en un rincón a beber su copa conseguida by the face y pronto entabló conversación con er Dani al que parecía conocer. Le presentó a la Gayola que volvió a destellar al saberse en el candelabro y que trató de mantener una conversación seguramente al más bajo nivel posible, algo sencillo para alguien tan chabacano y acostumbrada como está a revolcarse en el lodo. Cuando estaban hablando se produjo una gran perturbación y se oyeron grandes gritos. Algo sucedía en la puerta. Tras la confusión inicial y el desconcierto todos nos fijamos en la puerta. La estaban abriendo por completo y la luz y el ruido de la calle entró en el local al tiempo que la densa nube de humo de cigarro se escapaba por momentos. Con la puerta totalmente abierta algo la cubrió por completo. Era una cosa enorme y que por culpa del contraluz no podíamos ver claramente. Me recordó a esos programas rasposos en los que la gente hacía karaoke transformados en el pollaboba famoso de turno. Entre el humo, la luz y las sombras el efecto era el mismo. Tras pasar por aquel portón procedieron a cerrarlo y gracias a las luces del interior pude ver de quien se trataba: la mismísima Carmen, hermana der Dani había venido a la celebración del cumpleaños der Dani. Para evento tan especial se había cubierto con sus mejores ropajes. Ahora que las luces del pub incidían sobre ella quedó claro que la exquisitez y el buen gusto de los que yo hago gala no son precisamente sus puntos fuertes. Llevaba unos zapatos de tacón pero no de aguja sino más bien de pedestal de hormigón, el único material capaz de soportar las presiones a las que esa mujer lo somete. En las piernas llevaba unas medias, aunque por culpa del tamaño lo que se había puesto era unas redes de pescadores que presentaban algunos rotos y en determinados puntos habían quedado atrapados algunos pescados que debían vivir la infamia de verse paseados de esa forma por el mundo. Las medias culminaban en una minifalda hecha con lo que solo acierto a describir como trapos de cocina cosidos para formar un cilindro del tamaño de la vela mayor de cualquier barco escuela de país no tercermundista. Si visitáis a vuestras abuelas sabréis a qué tipo de paño de cocina me refiero. A esos blancos con dibujitos de colores que se han vendido por millones en nuestro país y que forman parte de nuestra cultura popular. Cientos de gitanas han recorrido los caminos de España vendiendo estos trapos desde tiempos inmemoriales e imagino que se sentirán orgullosas de saber que ahora también se pueden usar para construir faldas y otro tipo de prendas.

Seguí recorriendo esos kilómetros de carne con mi mirada y tras la maxi-falda me topé con un agujero enorme y oscuro mayormente conocido como el ombligo. Era monstruosamente grande. Parecía una de esas bocas que tan bien supo retratar Picachu en su famoso cuadro sobre unos bombardeos. Era la boca de un nombre porque sobre ella había un bigotillo oscuro y aterrador que le daba un aspecto desagradable. En ese ombligo se podía guardar el monedero de lo grande que era. Como el barrigón lo lanzaba hacia delante parecía venirse hacia nosotros amenazadoramente. Me estremecí aterrorizado y seguí mirando para ver como la misma tela de trapos de cocina que cubría los bajos había sido la elegida para tapar esos mastodónticos repositorios de leche que fluctuaban al ritmo de la gravedad agitando su contenido y seguramente transformándolo en nata, mantequilla o yogurt. Ya he hablado de esas tetas con anterioridad y no quiero detenerme a describirlas porque mi imaginación es escasa y mis pesadillas recurrentes. Los trapos de cocina no acertaban a ocultar esos pezones como sartenes de grande que parecían dianas puestas allí para que cualquier desgraciado borracho los agarre y tire de ellos.

El grueso cuello iba rodeado de la cadena usada para sujetar el ancla en algún trasatlántico y de la misma colgaba un cuadro del sagrado corazón de Jesulín. Su cara iba maquillada dantescamente, con kilos de pintura plástica usados para ocultar imperfecciones y resaltar pequeños detalles anecdóticos que ella consideraba hermosos pero que para mí eran tan aterradores como el resto del conjunto. No quiero decir más porque mi gigantesca alma está en una de esas fases caritativas en las que debemos ser buenos con el prójimo pero que cada uno cierre sus ojos y se imagine el conjunto como buenamente pueda.

Los zapatazos que la Carmen daba en su recorrido por el local resonaban incluso por el sistema de sonido. Parecía uno de esos momentos a cámara lenta que vemos tan a menudo en el cine. Tras lo que me pareció una eternidad se encontró frente a su hermano y lo agarró con esos brazos de ogro, lo alzó en volandas y le plantó un gran beso mientras simultáneamente gritaba y er Dani trataba de enseñarle sus nuevas gafas de marca. Ambos parecían hablar sin escuchar al otro, manteniendo conversaciones sordas que gracias a sus gritos podíamos seguir todos perfectamente. El famosillo trataba de poner cierta distancia entre ellos pero er Dani lo trincó antes de que pudiera escapar, lo arrastró junto a su hermana y lo obligó a saludarla. Ella lo atrapó entre sus brazos y restregó su maquillaje por su cara seguramente rompiéndole varias costillas. Lo sujetó con una mano para que no se le fuera y siguió dándole achuchones a diestro y siniestro. Él nos miraba desde lejos con una pena infinita y nosotros no dejábamos de reírnos. Tras lo que fueron unos minutos interminables el hombre consiguió zafarse de la garra que lo aprisionaba y salió huyendo hacia los baños. La Carmen y la Gayola no parecían hacer buenas migas y er Dani se las vio y se las deseó para mantener la paz entre ellas. Ambas reclamaban su atención completamente y tendían a ningunear a la otra. Una porque es la hermana y la otra porque es la que se lo folla.

Y esto fue lo que sucedió cuando la Carmen llegó a la fiesta de cumpleaños der Dani. Este es un momento tan bueno como otro cualquiera para interrumpir la narración y cruzar nuestros dedos para que el próximo capítulo no se demore en demasía.

Una vez más te tengo que coger de la mano y ayudar para que encuentres el siguiente capítulo. Confía en mí y salta a 14. Er Dani se lo monta con sus amigos

12. Er Dani y más de lo mismo

Lo mejor de estas historias por capítulos son las introducciones que van creciendo y creciendo hasta llegar a estos niveles de sofisticación. Quizás has entrado aquí directamente y te frotas las manos pensando que esta anotación es un evento aislado en el espacio-tiempo y sin relación ninguna con otros textos de esta bitácora. Craso error. Si quieres averiguar el por qué sucedió lo que voy a contar tendrás que rebobinar y comenzar por 1. Todos queremos ser como er Dani. Tras ese comienzo si aún tienes hambre y quieres saber tendrás que leer 2. Conozcamos ar Dani y ya habrás entrado en calor y estarás dispuesto para afrontar la realidad de los 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Tras haber conocido a sus vecinos y a él mismo tendrás el dudoso honor de intimar con 5. La Carmen, hermana der Dani. No hemos acabado ni mucho menos, la cosa sigue en 6. Er Dani y la metrosexualidad y a partir de aquí dejamos el local en el que estábamos y emigramos 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . El encontronazo entre la Gayola y sus colegas tendrá terribles consecuencias que se dilucidarán en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Después de este episodio bizarro vendrá la entrega de regalos en 10. Regalos para er Dani y finalmente estarás muy cerca del capítulo de hoy ya que solo te quedará por leer 11. Er Dani y sus bolas .

Uno abre la caja de los truenos y en lugar de tempestades le salen peos (pedos para los peninsulares) de estos con pitorrillo. Lo mismo me ha pasado a mí. Me pongo a escribir sobre er Dani y no puedo parar, mis manos se desembragan y corren raudas por el teclado sin respetar mi serenísima edad ni mi renombrada solera o la ausencia de la misma. Nos habíamos quedado abandonando el restaurante para acudir a un pub. El propietario era uno de los de nuestra pandilla, bombero de profesión y hostelero para hacerse rico y pagarse los vicios oscuros que todos tenemos.

De nuevo me maravilló el centro de una ciudad que nunca he llegado a conocer. He estado en Málaga creo que cinco o seis veces y nunca he hecho turismo, siempre he visitado a mis amigos y ha sido suficiente con pasar el tiempo con ellos y disfrutar de su compañía. No me quejo, yo lo he querido así. Esa vez era diferente y me habían sacado a la calle con aquella banda que tanto contenido ha aportado a mi bitácora. El paseo fue breve y de lo poco que recuerdo me llamó la atención que ya estaban preparando las calles para las procesiones de Semana Santa, evento que aunque debería ser ostentosamente celebrado a nivel mundial ya que el Dios de los Católicos es el único auténtico y verdadero, parece condenado a conmemorarse solo en el corazón del cristianismo, esa España mía esa España nuestra.

Ni me acuerdo del nombre del pub ni sabría decir el lugar en donde se encuentra. Sólo sé que del zoológico de Málaga se escapó un gorila y acabó de portero allí. Era un tipo como un armario y negro como un Porsche de lujo. Impresionaba porque a primera vista uno solo veía las pupilas blancas y una mancha que lo tapaba todo. No puedo creer que aquello fuera todo músculo así que prefiero pensar lo peor y estoy convencido que era grasa mezclada con esteroides, anabolizantes y algo de músculo. El mamotreto aquel se apartó y nos dejó pasar haciéndonos un hueco en la cola de pendones y pajeros que esperaba para entrar. Todo el mundo nos miraba con rabia pero oye chico, en todos lados hay clases y la nuestra aunque baja y miserable nos permitía el colarnos en aquel antro.

No merece la pena el describir el local porque todos hemos estado en estos sitios y sabemos como los montan. Da igual que viváis al norte o al sur del país, en todos lados son iguales: negros por dentro, cubiertos de un humo pegajoso producto de decenas de malnacidos fumadores y con unas luces que tratan de espabilar partes de nuestros cerebros que quizás nunca debieran ser despertadas. En la barra las clásicas pelanduscas de local de copas, escasas de ropa y de cerebro y sobradas de tetas y culos, del tipo que se pone de rodillas y te la mama según el modelo de coche que tengas. De esas conozco yo unas cuantas que solían ir a uno de esos locales junto al Parque Santa Catalina, un sitio que desconozco si sigue existiendo y que tenía un sonoro nombre, el Pachín. Estas chicas merecerían una mención aparte en el libro del Universo porque gracias a ellas se han cubierto miles de pajas en la historia del mundo. Sus volúmenes, sus limitaciones, sus escuetas conversaciones y su tontería característica seguro que alguna vez ha formado parte de la vida nocturna de cualquiera que lea esta página. Si juntara en un cuarto a todas las que alguna vez me llamaron la atención tendría que pasarme unos cuantos meses de abstinencia para acumular la suficiente lefa para contentarlas porque seguro que siempre están hambrientas del elixir de la vida.

En el pub nos disgregamos un poco. Cada uno se fue por su lado y Dios por el de todos. Formamos corrillos rodeados como estábamos por tanto pendón verbenero falto de ropa y sobrado de ordinariez. Dejaría que le cortaran las manos a todos mis amigos si allí no había más de una menor. Que coño, allí la excepción era una viejorra más pasada que las pasas de Don Ricardo que trataba de ligar y que solo arrancaba arcadas de los chavales a los que acosaba y que se dignaban hablar con ella era porque les pagaba copas. Ya lo he dicho pero lo vuelvo a repetir. Las niñas de mi generación tomaban preparados lácteos como la leche fresca y nos salieron feas y mojigatas (salvo honrosas excepciones). Las niñas de hoy en día toman leche de la buena y son diosas latinas que piden a gritos que les humedezcan su sexo y se lo hidraten con esos miembros que les rinden honores allí por donde pasan. En aquel local estábamos sobrados de esas diosas y de ese daño colateral que se suele mentar como eso es mi amiga y tampoco baila, las feas que llevan para que su belleza deslumbre. El marketing lo inventaron las tías guapas cuando empezaron a arrastrar a las feas a su lado para vender aún mejor su producto. Palabra de Dios.

Dejemos de divagar que no nos pagan por ello y volvamos al mundo real. Allí dentro las chicas iban a lo que iban. Er Dani parecía el Puma antes de comenzar un concierto. Iba como un gallito de corro en corro explicando que era su cumpleaños y que esa noche todos sus amigos iban a mojar. Las chicas le reían la gracia y le daban inmediatamente la espalda. La Gayola no parecía muy contenta con este giro de la historia pero lo dejaba actuar. A nuestro alrededor el mundo parecía girar más despacio y totalmente fuera de control. En un momento determinado vi que er Dani se desaparecía metiéndose en un cuartucho que se encontraba a un lado de la barra. Todos los demás salvo un servidor sabían o parecían saber lo que iba a suceder. Yo seguía en mi ignorancia virtuosa ajeno a lo que me deparaba el futuro bebiendo y bailando. Al entrar en el local er Dani nos había dado unos bonos que nos otorgaban el derecho de cinco bebidas gratis para poder celebrar su cumpleaños en condiciones. Nos recalcó que era algo excepcional y que debíamos estar muy agradecidos a Dios y a él mismo por ello. Seguramente lo estábamos pero ya no os lo puedo decir.

La música atronaba nuestros oídos hasta que la cortaron de golpe y una voz nos anunció que esa noche iba a suceder algo muy especial que alegraría el corazón y la vagina de las chicas que allí se encontraban. Además de la música cortaron las luces y cuando volvieron se había abierto un claro en medio del local y habían puesto allí un par de sillas. Yo venía muy puesto en el uso que se les puede dar a las mismas así que cuando entró er Dani al son de la canción de nueve semanas y media no me extrañé lo más mínimo. Lo que me llamó la atención es que en esta ocasión venía vestido de bombero, con su casco, su manguera y su uniforme reglamentario del cuerpo de bomberos de la ciudad de Málaga. Debemos darle al César lo que es suyo y es de ley reconocer que el uniforme lo llenaba correctamente. Las tías se volvieron como locas y comenzaron a aullar mientras la Gayola trataba de evaluar la emergencia y buscar vías de consenso para solucionar aquella crisis.

Volvimos a vivir un strip-tease solo que esta vez al menos cien hembras gritaban y jaleaban al Dani que se quitaba la ropa sin subirse a la silla en esta ocasión. Únicamente se montaba en la misma para que las féminas que estaban más atrás lo pudieran ver. También hubo pequeñas variaciones como que dio el casco a una chica o que se quedó en calzoncillos y no hizo amago de bajárselo. Cuando acabó con su espectáculo de serie B se retiró al cuartucho del que había salido y allí continuamos todos como si nada hubiera pasado.

Este ha sido un episodio de transición y tendrás que esperar al próximo capítulo para conocer el desenlace de esta interminable historia.

Corre viajero de la red y salta hacia el próximo capítulo que el final ya está cerca. Salta a 13. La Carmen en el cumpleaños der Dani

11. Er Dani y sus bolas

Desde la última vez que hablamos der Dani han pasado cuatro meses y ya va siendo hora de continuar con el reslato del día de su cumpleaños. Si has llegado hasta aquí y nunca has oído hablar der Dani quizás quieras saber lo que te has perdido. Para averiguarlo tendrás que realizar un viaje por el tiempo que a buen seguro te dejará con un extraño sabor de boca. Abróchate el cinturón y retrocede hasta 1. Todos queremos ser como er Dani. Continúa después con 2. Conozcamos ar Dani y ya habrás entrado en calor y estarás dispuesto para afrontar la realidad de los 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Tras haber conocido a sus vecinos y a él mismo tendrás el dudoso honor de intimar con 5. La Carmen, hermana der Dani. No hemos acabado ni mucho menos, la cosa sigue en 6. Er Dani y la metrosexualidad y a partir de aquí dejamos el local en el que estábamos y emigramos 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . El encontronazo entre la Gayola y sus colegas tendrá terribles consecuencias que se dilucidarán en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Finalmente llegará la entrega de premios en 10. Regalos para er Dani y en ese punto lo habíamos dejado, así que subamos el telón y que continúe el relato.

Hace tanto tiempo que las pesadillas ya se han diluido un poco en mi memoria pero aún así he de exorcizar mis terrores favoritos y afilar mi gruesa pluma para terminar de narrar lo acontecido aquel aciago día de marzo del 2005 en el que conocí a er Dani y padecí el dudoso privilegio de la invitación a su cumpleaños.

Nos habíamos quedado en los instantes posteriores a la entrega de regalos por su augusto cumpleaños. Tras acabar ya nada fue lo mismo. La poca gente que quedaba en el lado del comedor en el que nos encontrábamos apuraba la comida para poder marcharse y er Dani seguía enseñando sus gafas de sol de marca a todos y restregando la camisa exclusiva a quien tuviera a bien de ponerse frente a sus narices. Pasados los minutos pareció entrar en un nuevo ciclo de actividad. Se convulsionaba de una manera extraña y de repente comenzó a gritar y a decir que iba a hacer un strip-tease. Yo ya me lo creía todo. Los demás le aplaudían la idea y coreaban su nombre para animarlo. Dani, Dani, Dani. Él sonreía desde su ceguera inducida y movía las manos jaleándolos para que siguieran. Tras un rato agarró una silla y la puso a un lado. Creo que todo el restaurante estaba pendiente de él. Los camareros lo miraban con la desgana producida por haber visto esta escena repetida una y otra vez a lo largo de los años de oficio pero para alguien tan puro y divino como yo esto era algo nuevo. En todos mis años de penosa existencia en este valle de lágrimas jamás he tenido el privilegio de asistir a un strip-tease de algún conocido/a o amigo/a. Llamarlo clasismo, altivez o como queráis pero lo cierto es que en los entornos en los que yo me he movido este tipo de expresión creativa siempre ha estado considerado como muy de clase baja o como diría mi amiga la divina low class.

En unos instantes el coro de energúmenos en el que me incluyo estaba aplaudiendo sincronizadamente y er Dani se había encaramado en la silla como si de la cabra de un gitano se tratara. Pensé que se daría una buena hostia pero siempre recuperaba el equilibrio en el último instante y conseguía seguir haciendo sus gansadas, sacándose la camisa que llevaba por dentro del pantalón para dejarla suelta y moviendo las manos cual molino de viento. La Gayola gritaba más que ninguno, más alto, más fuerte y más ordinariamente. Entre tanto chillido creo que ella era la que se desgañitaba con un sácatelo tooó pero podría estar equivocado. Er Dani comenzó a quitarse la camisa y sus movimientos se vieron acompañados por silbidos. Justo detrás de nosotros había un cristal enorme que daba a la calle y la gente se comenzó a parar para mirar el espectáculo que sucedía allí dentro. Se terminó de desabotonar la camisa y se la sacó mostrando su pechito de profesor de judo. Le tiró a la Gayola la camisa que la cogió y se la restregó por el pecho, por la entrepierna, por el hocico y por todos lados. Estaba como fuera de sí, sus ojos se habían cerrado hasta dejar unas minúsculas pupilas como ensangrentadas que expresaban lo ávida que estaba de este tipo de eventos. Er Dani ya sin camisa se tocaba los pezones, el pecho y el ombligo para delirio de sus fans que debíamos ser nosotros. La gente en la calle también aplaudía.

Las gafas se las dejó puesta y ahora comenzó con el cinturón. Nos alejamos un poco de él porque si le daba por agitar el cinturón igual nos arreaba un latigazo a alguno y aquel tipo no estaba en sus cabales. Mi amigo Sergio y otro colega aprovechaban la distracción para vaciar la botella de whisky de doce años que había quedado como olvidada en la mesa. Como suponía, cuando terminó de quitarse el cinturón comenzó a hacer molinos con él con tan mala suerte que se arreó un latigazo a sí mismo con la hebilla y del golpe perdió el equilibrio y se cayó al suelo. Fue una hostia de esas que se recuerdan. El aire se llenó con las atronadoras carcajadas nuestras y de los circunstanciales espectadores del evento. Er Dani se levantó gritando no pasa ná, no pasa ná y volvió a subirse a la silla. Tenía un moretón rojo allí donde la hebilla le había golpeado pero si le dolía no lo daba a entender. Sin darnos tiempo a respirar se empezó a desabotonar los vaqueros. La Gayola estaba más alterada que la niña del exorcista. Gritaba y balbuceaba sin pararse a coger aire. Daba más miedo ella que él. Después de acabar con los botones pensé que aquello ya había terminado, que la gracia ya estaba hecha. Me equivoqué. Intentó sacarse los pantalones pero los zapatos eran un obstáculo insalvable. Seguía encaramado en la silla, con el pantalón a la altura de las rodillas y enseñando unos gallumbos de la marca esa que lleva el nombre de un hijoputa que cuando en Europa nos negamos a participar en la guerra de Irak nos insultó a todos y cada uno de nosotros. Me refiero al Jilfinguer ese de los cojones. Obviamente uno no se puede quitar los zapatos cuando está subido en una silla así que se dejó caer para sentarse con tan mala suerte que la silla se fue hacia atrás y se arreó otra hostia. Las risas se redoblaron. Él se quedó tirado en el suelo aún sentado y comenzó de esa guisa a quitarse los zapatos. La postura era tan ridícula que se le salían los huevos por un lado de los boxers, que esos artilugios no están pensados para ese tipo de posición.

Cuando acabó la tarea se puso en pié y preparó de nuevo su escenario. Se subió de nuevo a la silla y continuó con la tarea que había dejado a medias. Se sacó los pantalones y los agitó cual lazada sobre su cabeza amenazando con lanzarlos. Nosotros le seguíamos el juego gritándole y él gritaba también algo aunque nunca supe muy bien el qué decía. Nuevamente la agraciada fue la Gayola que hundió su nariz a la altura de la bragueta e inspiró profundamente para después lanzar un grito desgarrado de alegría y felicidad mirando hacia el cielo. Ahora sé muy bien lo que significa el adjetivo dantesco. La Gayola trincó la ropa que ya tenía en su poder y la estrechaba contra su pecho. Er Dani mientras tanto gritaba y saludaba a la gente del restaurante y a los que lo miraban desde la calle.

Se dio la vuelta en la silla y se quedó de espaldas a nosotros. Sus amigos debían saber lo que venía a continuación porque comenzaron a silbar la canción que se volvió inmortal en la película nueve semanas y media. Él agitaba la pelvis con movimientos compulsivos y movía las manos de arriba a abajo como si fuera uno de esos tipos que están en los aeropuertos indicando al piloto donde debe parar el avión. Sin previo aviso agarró el boxer y se lo bajó inclinando su cuerpo al mismo tiempo. Las glorias de la familia salieron despedidas hacia atrás y tuvimos un maravilloso plano de sus huevos. Fue el acabose. Todos gritaban y aullaban mientras er Dani trataba de canalizar toda su energía y no caerse de la silla en la que estaba. La Gayola se lanzó a por los huevos y casi consiguió agarrarlos pero er Dani intuyó que algo malo sucedía a sus espaldas y se enderezó subiéndose los gallumbos. Cuando se giró se encontró con la Gayola frente a él y a falta de algo mejor le arreó un morreo de esos de pesadilla. Aquello terminaba el espectáculo y lo certificamos aplaudiendo a rabiar para que el hombre viera que había merecido la pena.

La gente en la calle se disolvió y tras esta escena estaba claro que en aquel lugar al menos ya no nos quedaba nada por hacer así que pedimos la cuenta y la dividimos entre todos. Tras eso dejamos el restaurante y nos encaminamos a un pub que era propiedad de uno de los de nuestra banda para continuar la fiesta pero esa es otra historia y tendréis que esperar para leerla.

Continúa tu camino, caminante que has llegado hasta aquí y salta al siguiente capítulo llamado 12. Er Dani y más de lo mismo

10. Regalos para er Dani

Han pasado dos meses desde el capítulo anterior, así que ya va siendo hora de continuar con la vida y obra der Dani en el día de su cumpleaños. Si has llegado hasta aquí y nunca has oído hablar der Dani, te preguntarás lo que te has perdido. Para averiguarlo tendrás que realizar un viaje por el tiempo. Comenzarás con 1. Todos queremos ser como er Dani y seguirás en 2. Conozcamos ar Dani. A partir de ese punto descubrirás que no está solo en 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Por si no has tenido bastante también te presentaré a 5. La Carmen, hermana der Dani. No hemos acabado ni mucho menos, la cosa sigue en 6. Er Dani y la metrosexualidad y a partir de aquí dejamos el local en el que estábamos y emigramos en 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . Nos habíamos quedado en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Y ahora, querido lector, prosigamos.

Er Dani estaba encantado consigo mismo. Se reía a carcajada limpia y disfrutaba como un enano de su cumpleaños. Todos sus amigos estaban allí, la chica que se follaba también presenciaba el evento de cuerpo presente e incluso había un escriba para dejar para la posteridad un recuerdo del evento. Tras la catastrófica cena llegó la entrega de regalos. Nosotros no traíamos ninguno y al final fue una buena idea, aunque eso lo contaré más tarde.

Comenzó abriendo los regalos de la chorba que se pulía, también conocida como la Gayola. Eran dos, que sepamos. El primero venía envuelto en un paquete que denotaba llevar en su interior ropa. Resultó ser una camisa, pero no una camisa cualquiera. Era de una boutique muy pija y por consecuente muy cara. Yo no dije nada pero la camisa era horrible. Él nos la restregaba por la cara a todos gritando y ahuyando su precio y lo buena y exclusiva que era y como no habían más de cuatro camisas iguales en el universo Universal. Lo peor de intentar diferenciarte tanto es que puedes acabar en el esperpento, convertido en un mono de feria. Er Dani parece querer llegar a esa fase, ser reconocido por las calles como la Lolita Pluma de Málaga, un ser del que los niños se ríen y los adultos se avergüenzan. Con tanto sobeteo supongo que la camisa salió de allí lista para visitar la lavadora por primera vez y si se descuida y la pilla su madre la pondrá en el montón de los trapos para limpiar.

La Gayola recalcaba los comentarios der Dani y nos confirmaba lo cara y chic que era. Creo que llegó a decir el precio pero mi memoria no da para detalles tan específicos y siempre he sido muy malo con los números. El segundo regalo era una caja más pequeña. Todos nos quedamos callados mientras lo abría. Resultaron ser unas gafas de sol, pero no unas gafas cualquiera, como fuimos informados. Er Dani se las puso y el solo se decía guapo y otras lindezas. Sus amigos se quedaron con la boca cerrada. El colega ya se encargaba de gritar cuánto le gustaban y lo buenas que eran. Cuando tuvimos que coger el estuche y las gafas, porque parte del ritual era adorar los regalos cual dioses menores, pudimos ver que dentro estaba el ticket con el precio, según la Gayola para que las descambiara en caso de que no le gustaran. Las gafas habían costado más de doscientos euros. Es el precio del sexo. Er Dani se la folla y ella le corresponde satisfaciendo sus caprichos consumistas. A mí me parecía muy sospechoso el dejar el precio dentro del estuche de las gafas y me imaginé que había sido meticulosamente planeado para impresionar a la concurrencia. Conmigo no lo consiguieron. Cuando el hombre se ponía sus nuevas gafas parecía un chulo-putas de feria. Si además se ponía su nueva camisa, sería un espectáculo digno de verse.

Tras los regalos de la Gayola vino el de sus amigos que imaginaréis no se molestaron en hacer un esfuerzo económico de igual magnitud. Al abrirlo descubrimos una mochila, guapísima según er Dani. Gritaba como un cerdo en el matadero, haciendo oscilar en el aire la mochila con una mano y la camisa con la otra mientras nos miraba tras sus nuevas gafas de sol en un local más oscuro que el coño de una virgen tuerta. En su excitación se lanzó a correr por todo aquello pujando algo que no conseguí entenderle. Se detuvo en un momento dado y alguno de sus colegas le hizo un comentario. Él se viró dándonos la espalda, de un tirón se bajó los pantalones y los calzoncillos y nos hizo una Luna llena apoteósica. No es que le viéramos las nalgas, que las vimos, es que por ver vimos hasta los huevos. Él acompañó la acción con gritos adicionales que atrajeron la atención de la gente que quedaba en el restaurante con lo que fueron muchos los ojos testigos de dicha acción. Agitaba las nalgas y por transmisión del movimiento, los huevos, que se bamboleaban frente a nosotros como badajos. Para más inri, por detrás de nosotros había una puerta de cristal enorme y por la calle pasaba gente que se quedó parada mirando como aquel extraño les mostraba las joyas de la familia. Este instante no me quedó claro en absoluto pero imagino que era algún tipo de broma entre amigos. Como todo el mundo lo coreaba se animó aún más y se subió en una silla para que tuviéramos una vista más espesa de sus huevos y culo mientras los seguía agitando. Yo no paraba de reírme y de recibir codazos de mi amigo Sergio. Cada uno de ellos era para recordarme que me había llevado a un evento irrepetible.

Cuando er Dani terminó de hacer gansadas vino el discurso de agradecimiento. Lo comenzó unas veinte veces pero él mismo se distraía y se iba por los cerros de Úbeda. Aquello era interminable y consiguió que perdiéramos el interés y nos dedicáramos a beber. Unos cuantos estaban dando buena cuenta de la famosa botella del doce años. Se pedían Colas y las completaban con lingotazos de la botella. Er Dani ni se enteraba, entretenido como estaba en ser la estrella absoluta del show y encantado de haberse conocido a sí mismo.

De lo que pude deducir del discurso señalar que agradeció a todos que hubieran venido y que le hubieran hecho regalos tan magníficos, algo que la Gayola interrumpió para puntualizar que no solo eran magníficos sino que los suyos también eran caros. Terminó el discurso avisando que esa noche iba a ser el acabose y que allí follaba todo er mundo. Esto lo gritaba como si estuviéramos en un concurso televisivo y todos aplaudíamos a rabiar, lo cual lo animaba más. Alguno hacía unos grititos tipo americano que siempre quedan bien y te hacen parecer más tonto y estúpido de lo que en realidad eres. Tras el discurso yo pensé que nos prepararíamos para emigrar hacia el siguiente escenario, un local de copas nocturno pero el destino nos tenía preparados otros planes.

Esta interminable saga continúa en 11. Er Dani y sus bolas

Wadlopen

Sigo tirando de archivo para sobrevivir estos días. Hoy recordamos algo que apareció por primera vez en Agosto del 2002 en mi lista de distribución. Aquel fue un verano legendario, lleno de curiosas actividades al aire libre.

Cuando escuché por primera vez que había algo llamado Wadlopen, que podríamos traducir como vadear supe que teníamos que hacerlo. Es un tipo de actividad al aire libre en la que se camina en marea baja mar adentro. Tuvimos que ir a un sitio llamado Westernieland para hacerlo, bastante al norte del país.

Como sucede con muchas cosas en este país nos tuvimos que apuntar casi cuatro meses antes, eligiendo un sábado aleatoriamente. Es una ruleta rusa porque te puede pillar un día de lluvia y frío o un día genial. Debido al peligro que presenta solo se puede realizar con guías. Un sábado bien de madrugada arrancamos el turco, el indonesio y yo. No se si lo he nombrado en ocasiones anteriores pero de turco tiene poco. Es rubio y con ojos azules. Siempre he sospechado que dice que es turco para ocultar algún terrible crimen que cometió en su país de origen y como los turcos son marrulleros y por dinero te dan cualquier cosa, pues le concedieron un pasaporte de semejante país, que no es algo que uno pueda pasear con orgullo por el mundo.

Tras dos horas en coche llegamos allá arriba y acudimos al punto de encuentro, lugar en el que teníamos que pagar y enterarnos de como iba a ser la movida.

Nosotros creíamos que éramos los únicos chiflados que se meten a conducir un sábado de Julio a las cinco de la mañana así que nos sorprendió encontrarnos con unas cien personas. De hecho, éramos tantos que nos dividieron en dos equipos. Teníamos que conducir hasta la costa, en donde estaba el punto de partida.

Tras darnos unas pocas instrucciones en Holandés comenzamos a andar. La primera parte era fácil. Caminando entre campos de hierba hacia el mar. Nos habían recomendado que lleváramos pantalones cortos y botas de talón alto y una muda extra de ropa para cambiarnos al finalizar, lo cual hicimos.

Pasados unos minutos andando por la hierba llegamos al lodo. Solo se le puede calificar de esta manera. Era una arena tan fina y tan empapada en agua que era como lodo fresco. Al meter el pie se te enterraba en ella. Andar en esas condiciones daba un poco de asco y la gente procuraba no ensuciarse. A los diez minutos descubrimos que eso no era posible. En el siguiente tramo los pies se te enterraban hasta la rodilla en aquella mierda. Algunos se caían y se cubrían de fango, por ejemplo nuestro colega indonesio. El pobre se ve que no estaba capacitado para andar por este tipo de terrenos. Yo no parecía tener mas problemas que el asco a la sustancia pero podía seguir haciendo fotos y riéndome de la gente. Lo mismo el turco, que parecía haber nacido para andar en dichas tierras. La experiencia era sacrificada pero agradable. Caminábamos mar adentro, dejando la costa atrás, rodeados de mejillones y otros bichos que nos miraban pasar con asombro.

Tras un descanso el guía nos dijo que íbamos a pasar una zona muy dura. Comenzamos poco a poco. Íbamos los tres andando y hablando, prestando atención al suelo. Tras un rato nos damos cuenta que el indonesio no está con nosotros. Miramos hacia atrás y lo vemos como a unos 100 metros y con algo en la mano. Según se va acercando descubrimos que se le había roto la bota e iba caminando con una bota y con un calcetín en el otro pie. Traía una cara de amargura tremenda, lo cual alentó aun mas nuestra crueldad característica y nos reímos aún con más ganas de él. Más tarde me enteré que estaba amargado porque ese era el único par de zapatos que tenía junto con unas zapatillas deportivas. Nunca dejaran de sorprenderme estas razas exóticas por lo rastreras y rácanas que son. Un español cualquiera, hasta el más pobre, tiene multitud de zapatos de los cuales usa dos o tres pares y el resto los mantiene en reserva. Cualquier mujer española se mueve por encima de la decena de pares de zapatos. Y estos asiáticos con un par de zapatos sobreviven dos años. Claro, el hombre iba amargado por el estipendio que tenia que realizar por culpa de la caminata.

Solo habían pasado 45 minutos desde que habíamos empezado y se suponía que iba a durar dos horas y media así que le preguntamos si quería volver pero nos dijo que no le importaba seguir (otra muestra clara de su racanería ya que la única razón es que ya no le devolvían el dinero por lo que decidió seguir hasta las puertas del averno si hacía falta). La naturaleza agarrada del asiático lo obligaba a seguír cargando la bota destrozada, manteniendo la esperanza de que se pudiera reparar. El turco y Yo nos partíamos la polla de risa a sus espaldas, a su lado, de frente, en cualquier sitio. El resto de los caminantes, como mayormente eran holandeses y suelen ser muy respetuosos con la gente nos miraban y no decían nada. La gente me veía regodeándome y haciendo fotos con aquel pobre desgraciado y debían pensar que soy un poco cabrón, algo que seguramente es cierto.

Seguimos andando con el amigo cojeando a nuestro lado por unos paisajes muy bellos. La marea al retirarse deja unos inmensos campos de berberechos, almejas y mejillones. Pasada media hora más llegamos a un nuevo punto bastante problemático. De repente veo que la mujer a mi izquierda comienza a tener problemas y a hundirse en el fango. El marido en vez de ayudarla se reía de ella y la pobre seguía hundiéndose en el fango, a punto de llorar. Yo aproveché para hacerle unas cuantas fotos.

En eso que supero la zona difícil cubriéndome únicamente de barro hasta las rodillas y veo que el turco esta enterrado en el barro hasta la cintura. Me río de él desde mi atalaya y él venga a llamarme cabrón e hijoputa. Llega donde estoy sin requerir de mi ayuda y en esto vemos que el indonesio se nos esta hundiendo, llegándole el barro casi hasta el hombro, la mano que sostiene la bota fuera del agua tratando de salvarla a cualquier precio y con una cara de penita que no puede con ella, mirando para nosotros pero sin decir nada y cada vez mas cubierto de mierda. Nos miraba con unos ojillos como los Gremlins buenos, acristalados y a punto de romper en lágrimas. En ese momento tuve que tomar una de las decisiones mas duras de mi vida y espero que Dios lo recuerde cuando lo encuentre a las puertas del cielo. Tuve que decidir si tomar una foto del pollaboba aquel hundiéndose o ayudarlo a salir del barro. Por una vez esa pequeña mancha de bondad que hay en mi corazón se impuso y decidí renunciar a la foto y ayudar al capullo. Le eché una mano y logré sacarlo de aquella mierda aunque lo obligué a tirar la bota rota en el fango, en donde desapareció engullida por la sustancia. Me queda la satisfacción de haber ayudado a un amigo y de tener unas cuantas fotos con la bota en la mano y de la pobre mujer que se vio en problemas.

Tras semejante evento el indonesio no volvió a levantar la cabeza. Estaba claro que era uno de los peores días de su vida y uno de los mejores para nosotros, que disfrutamos enormemente con la desgracia ajena. Continuamos la caminata y tras dos horas y media paramos a descansar a dos kilómetros de la costa, en un lugar que parecía una playa sólo que mar adentro. Algunos aprovecharon para bañarse y relajarse al sol. En eso el guía pasa por nuestra zona y se para a hablar con nosotros. Viene un holandés y le pregunta que cuanto falta para acabar. El guía responde que como el día estaba bueno y a la gente parecía que le gustaba caminar había decidido prolongar la caminata y no creía que volviéramos antes de cuatro horas. El indonesio poco menos que se nos echó a llorar al pensar que tendría que seguir renqueando por hora y media más. Al holandés le entró un berrinche porque había quedado con su mujer en el punto de llegada y ahora ella tendría que esperarlo allí todo este tiempo. El guía le respondió más o menos que se la sudaba.

Comenzamos esta etapa de vuelta con el indonesio desmoralizado y yo y el turco más felices que el Pupas. Pasamos cerca de un barco de la policía que nos vigilaba. El barco estaba atracado a más de dos kilómetros de la orilla. Supongo que lo hacen por si sucede algo. En esta segunda parte tuvimos que cruzar unos vados en los que el agua nos llegaba hasta los hombros. Fue mi bautismo en el mar del Norte. Te metías en el agua a vadear y veías como el agua iba subiendo peligrosamente de nivel. Primero hasta los tobillos y poco a poco alcanzaba los huevos, luego cuando ya habías renunciado a salvar la camisa y mantenerla seca te concentrabas en que la cámara no se mojara. Algunas de las mujeres gritaban como bellacas porque hay que reconocer que el agua estaba fresquilla. Salías de cada vado con los huevos del tamaño de M&Ms y temblando como un pajarito.

El trayecto de vuelta transcurrió entre vados y en el tramo final de nuevo en el lodazal donde el indonesio rompió el zapato. Cuando llegamos a tierra firme descubrimos que los abrevaderos de ovejas que había en aquel sitio eran los lugares de aseo prometidos por la organización. Así que espantamos a las putas ovejas y nos pusimos a limpiarnos como podíamos oliendo la agradable fragancia de la mierda de dichos bichos. El indonesio entre lágrimas tiró la otra bota a la basura. El turco, que no se había traído una muda extra de zapatos limpios, andaba amargado porque tendría que conducir descalzo todo el camino de vuelta así que le presté mis zapatos deportivos para que condujera y yo volví descalzo. Nos metimos en el coche apestando a barro (que tiene un olor similar al de las cloacas) y a mierda de oveja y comenzamos el retorno a casa. En el camino, como dábamos asco, nos daba un poco de cosa entrar en algún restaurante a comer y terminamos en un MacAuto, lo cual nos permitió comer en el coche.

El indonesio decidió no volver a realizar ese tipo de actividades y en la actualidad se ha vuelto a comprar otros zapatos en una tienda de ofertas de baja calidad.

E.T.

Recuperamos nuevamente un clásico. Esta historia sucedió a finales de Abril del 2002, unos días antes de marchar a España de vacaciones.

Todo pasó en Utrecht, una de las mejores ciudades de los Países Bajos.

Me encuentro en Utrecht con el colega holandés para una sesión de cena y cervezas. La cena se prolongo durante dos horas, fundamentalmente por la incompetencia de los camareros, aunque esto en holanda es el pan nuestro de cada día. En este país muchos de los que trabajan en el sector servicio hacen cursos para ignorar a los clientes. En dos horas solo pudimos tomarnos dos cervezas cada uno porque como habían aprendido en los cursos ignoraban nuestras llamadas. Aparte, cuando trajeron la comida nos enteramos que no iba acompañada de papas fritas, aunque en el menú así lo indicaba, sino de arroz. Como solicitar las papas fritas en ese momento era encomendarnos al demonio y recibirlas para los postres nos sacrificamos y comimos sin papas.

Tras la cena y pagar en el local sin dejar propina por si os queda alguna duda, nos fuimos al centro. La novia de mi amigo holandés tenia que levantarse temprano y se retiró pronto.

Nosotros a lo nuestro. Nos fuimos a uno de los baretos del centro y comenzamos a llenar el gaznate. Cerveza de trigo tras cerveza de trigo (o cerveza blanca), fundamentalmente Wieckse Witte. En ello estuvimos hasta la una y media, hora en que cerraron el pub en el que estábamos y tuvimos que trasladar el campamento a uno cercano que no me gusta mucho porque los baños están en el sótano y las expediciones para mear implican un alto riesgo para los participantes y el riesgo aumenta con el consumo de cerveza. Encima los meódromos están altísimos. Llego apurado, pero es que alguno que yo conozco y que lee estas historias ahí no mea seguro, porque no llega al meódromo.

Continuamos bebiendo en éste hasta las dos de la mañana más o menos. Cerca de la una, ante la inminencia de la partida del último tren a Hilversum nos enfrentamos a una de esas encrucijadas que marcan nuestras vidas. Seguir bebiendo o coger el tren. Como casualmente me había equipado con unos calzoncillos y calcetines limpios en los bolsillos de mi chaqueta de invierno, la decisión fue sencilla: a beber se ha dicho y a dormir en Utrecht.

Continuamos con el ritual hasta pasadas las dos y media. A esa hora calculo que llevábamos encima alrededor de doce cervezas, no los botellines sino vasos que deben tener una capacidad de entorno a 350 cc.

Para que veáis que hay mucho más que tomarse una caña os culturizare un poco. La cerveza blanca no se hace con Malta sino con trigo. Para servirla existe todo un ritual. Se debe mojar el vaso primero, servirla con el vaso inclinado dejando que la cerveza caiga por una de las paredes del vaso pero evitando que haga espuma y cuando queda poca cantidad en la botella se agita para formar espuma y se añade al vaso. Debe haber unos dos centímetros de espuma en la cerveza. Esta cerveza se acompaña de una rodaja de limón y de un utensilio llamado stamperje que se utiliza para aplastar el limón dentro de la cerveza y que el zumo se mezcle con la misma.

Ahora que he acallado las voces de los incultos que creen que esto del alcoholismo es algo sencillo, continuamos.

Tras llenar nuestros estómagos de esa sustancia deliciosa y visitar los baños frecuentemente para evacuar el excedente de líquido en nuestros cuerpos afrontamos el siguiente problema. Solo teníamos una bicicleta para ir a la casa y tiene rota la parte trasera, en donde podría haberme sentado yo. Mira que llevo meses sugiriendo la compra de una nueva bicicleta robada en Utrecht, algo muy sencillo porque siempre hay proveedores en las calles vendiendo nuevas bicicletas robadas por precios bastante asequibles (entre 5 y 10 euros). Pero no, por escrúpulos, el colega no quiere comprarse una nueva y no quiere que yo la compre. Así que estamos allí mirando la bici y yo planteo que lo mejor es que yo vaya en taxi y nos vemos en la puerta de la casa. Total, son menos de diez minutos en bici y tres o cuatro minutos en taxi. El se niega y dice que por que no voy sentado en el volante. Yo miro la bici y dijo que ni de coña, pero el venga a insistir, que sí, que es seguro, que lo hacíamos siempre en la universidad, que es muy chachi y total, con el cerebro perturbado por el alcohol, consiento.

Entonces pasamos a la fase de diseño de la operación. La bicicleta que teníamos es del tipo Oma Fiets, bicicleta de la abuela en Holanda. Son altas, muy altas, a contra pedal, es decir, sin frenos en el volante y muy sencillas y robustas. El hecho de que sean altas hace que la operación de encaramamiento al volante sea muy delicada. Me subo y acabo cual pajarraco colgado del volante con las manos por la espalda agarrándome al susodicho y los pies apoyados en el eje del volante. Aquellos que hayan visto la película Birdy con Matthew Modine se pueden hacer una idea.

En fin, que comenzamos a andar. Yo agarrado allá arriba y el colega pedaleando. Como todo mi peso estaba en el volante la operación se hacia un poco complicada. Además, hasta que adapté mi equilibrio (bastante mermado por el alcohol) a la situación dimos unos bandazos terribles que yo acompañaba de desgarradores alaridos viendo mi caída al suelo tan próxima. Tras un minuto o dos así logramos estabilizarnos y como que le cogí gusto a la cosa.

La noche, aunque fresca era bonita. Sin nubes, el cielo totalmente estrellado y despejado, con luna llena y nosotros moviéndonos por una calle con casas de dos pisos de altura.

De repente recordé que este año es el veinte aniversario del estreno de la película E.T. y la escena vino a mi memoria. E.T. en la bicicleta con la luna al fondo y el chico pedaleando. Este recuerdo despertó al niño que hay en mi y que casi nunca se duerme y me vi como protagonista de la segunda parte, en la bicicleta escapando de los malvados. Confiado por mi nuevo equilibrio saqué mi cámara del bolsillo de la chaqueta, operación que requirió el soltar una mano del volante la encendí, lo que requirió las dos manos, la ajusté, la apunté hacia nosotros e hice tres fotos que modestamente, son las mejores que he hecho nunca si tenemos en cuenta la dificultad de la tarea. Encaramado al volante de una bici, borracho y aún lúcido para tomar fotos. Las fotos son antológicas. Cada vez que me veo, me veo como el nuevo y mejorado E.T.

Por supuesto cada foto disparaba el flash que deslumbraba a mi piloto, el cual trataba de ver el camino que debíamos seguir. Ya con el enrale en el cuerpo y una vez guardada la cámara, me vi totalmente inmerso en mi papel de alienígena y señalando a la luna gritaba en perfecto español: “Vuela, Elliot, vuela” (nota para incultos: Elliot era el niño de la película, papel que en mi imaginación asigne a mi amigo Holandés). Yo seguía apuntando a la luna y gritando, con la bicicleta terriblemente desequilibrada y mi amigo con un arranque de pánico en sus ojos al ver que yo me había desquiciado por completo.

Supongo que esa noche hubo llamadas a la policía por ruidos porque yo seguía en mis trece de levantar la bicicleta del suelo, aunque esta parecía mas empeñada en trazar eses en el camino y Elliot no cejaba de repetirme que me estuviera quieto. Aunque Elliot hablaba en ingles, yo gritaba en Español.

Tras unos cientos de metros así sucedió lo inevitable. Se rompió el sueño y salí despedido del volante de la bicicleta dando con mis huesos en el suelo, con tan mala suerte que caí de frente. En el golpe perdí el conocimiento durante unos segundos pero gracias al alcohol que llevaba en la sangre mi cerebro no asimilo el hostion que me metí.

Elliot, o mi amigo, saltó de la bicicleta a ayudarme, aun sin creerse lo que había sucedido. Me levante y comprobamos que milagrosamente a la cámara no le había pasado nada pero yo tenia un rasguño en la cara, de estos de malos tratos para salir en el programa gente de TVE, diciendo que mi esposa ME PEGAAAA. Continuamos el camino andando dado que la casa ya estaba muy próxima y porque el colega ya no se fiaba de mi y se negaba a subirse al volante y que yo lo llevara como sugerí. Cuando llegamos a la casa comprobé que bajo el intacto vaquero, debido a la fricción de mi piel con el mismo, ésta había desaparecido de la rodilla y tenia un pedazo de herida en la misma que me tomo mas de una semana curar.

Fue el día que por unos minutos traté de alcanzar las estrellas al igual que E.T. y acabé estrellado.

El gran circo de Asia: Ovations!

Recuperamos otra de esas historias legendarias que fueron publicadas a través de la lista de correo. Hoy nos remontamos hasta Octubre del 2002 y narramos el día que fuimos al circo.

Parece que hay cierto consenso en que soy verdulero y vulgar. Por eso, algunos de mis colegas se empeñan infructuosamente en elevar mi nivel cultural. En esta ocasión, que sucedió un día antes de marcharme a España de vacaciones de verano mi amigo el turco decidió que yo necesitaba ir al circo, pero no a un circo cualquiera, sino al THE GREAT CIRCUS OF ASIA: OVATIONS! formado por dos compañías: Nugzarov, the sensational horse theatre y the National Circus of Pyongyang, North Korea. Ambas compañías han recibido un montón de premios por su espectáculo y en esta visita a Holanda, en lugar de la clásica carpa a la que la palabra circo nos tiene acostumbrado, actuaban en un teatro al que le habían quitado el patio de butacas para poder situar la pista del circo.

En fin, que un sábado a medio día nos vamos pa’l circo con entradas para los mejores asientos posibles, porque eso sí, a mí se me puede intentar culturizar pero con estilo y no en gallinero que en esas cosas soy muy sensible.

Yo andaba un poco mosca con el hecho de que no hubiera payasos ni animales (salvo los caballos). Al menos cuando llegamos el teatro tenía muy buena pinta: situado en Ámsterdam, el Koninklijk Theater Carré tiene a sus espaldas más de 100 años (fue inaugurado en 1887). Casualmente esa fue la calle en la que posteriormente se compró el turco su casa.

El espectáculo constaba de dos partes. Primero los rusos con su show de caballos y después los norcoreanos.

El show de los rusos fue increíble. Se subían a los caballos en movimiento, se bajaban, saltaban de uno a otro, se movían como pulgas alrededor de los caballos. En fin, algo de otra galaxia. Los rusos eran extremadamente ágiles y la ve
rdad que su espectáculo merece la pena.

Cuando acabaron y tras una pausa para preparar el teatro comenzaron los norcoreanos su espectáculo de trapecistas. La gran decepción fue que usaban red, con la ilusión que yo traía de que alguno se estampara contra el suelo, motivo por el cual traje la cámara para hincharme a hacer fotos si pasaba. Pero bueno nunca llueve a gusto de todos.

Al salir los coreanos todos mis sensores y alarmas se dispararon. Había algo raro allí algo que no cuadraba y no me refiero a los doscientos policías políticos para que no se escapen. Me refiero a su anatomía.

Todos sabemos que hay distintos colores y formas en este mundo. Los norcoreanos sobresalían por esos tremendos CABEZONES cuadrados. Cristo bendito. Si parecían pelotas de Bádminton gigantes. Es que no me extraña que sean tan buenos trapecistas. A ver quien puede competir con esa gente cuando están volando por el aire. Con ese cabezón el centro del equilibrio está claro donde se encuentra.

La otra cosa en que pensaba es en esas pobres mujeres que paren sin cesárea esos trullos. Tiene que doler largar por el coño semejantes cabezudos.

Bueno, el cabezón mayor era el encargado del cuádruple salto mortal. Un compañero lo impulsaba, lo lanzaba por el aire desde un pequeño trapecio, daba cuatro vueltas y lo agarraba otro. Se sube el supercabezudo al trapecio, comienza a coger fuerza y zás, sale disparado por el aire. Da 1, 2, 3 y 4 vueltas pero el que lo tiene que recibir no lo puede agarrar (lo crean o no se le escapó la cabeza) y cae a la red. .. … … que decepción. YO me daba de hostias pensando lo bien que habrían quedado mis fotos si no hubiera habido red. Se levanta de la red un poco desmoralizado se dirige de nuevo al trapecio y a comenzar de nuevo.

Tras coger carrerilla sale disparado de nuevo y tras las cuatro vueltas de rigor, que con semejante mollera levantaba una ventolera de cojones, el receptor lo agarra pero se le resbala y cae.

Abajo los de seguridad política se ponen nerviosos y el chiquillo como que los mira con carita de pena. El que tenía que recogerlo en el aire le dice algo en coreano y el chaval casi se echa a llorar. El que lo recogía tenía el barrigón coreano más grande que he visto en mi vida. El hijoputa seguro que se comía la comida de los que fallaban y le debía estar diciendo a este pobre que ya esa noche no cenaba.

Se sube el pobrecillo de nuevo al trampolín arrastrando esa testa y tras coger carrerilla, salta y esta vez es que ni se tocaron. Se queda un rato tirado en la red, yo creo que llorando y el barriguitas gritándole que se volvía loco todo fuera de sí.

El joven no se rendía y vuelve a subirse. Mi amigo el turco, muy agudo me dice que ahora lo consigue y ya verás como la gente aplaude como loca. Dicho y hecho. Salta, lo logra, lo agarra el tripas, y aquello fue el acabose. Las holandesas poco menos que se arrancaban pelos del coño para tirárselos. Acaba la exhibición aérea, bajan al suelo, se ponen un gorro típico coreano con una cinta de varios metros justo en el centro de la testa y se ponen todos en formación de ataque.

Al grito del cabecilla comienzan a mover las cabezas en plan niña del exorcista y las cintas comienzan a girar alrededor de aquellos helipuertos. De la ventolera tan grande me tuve que agarrar a la butaca porque pensé que nos echábamos a volar. Aquellos continuaban dale que te pego con las cabezas, acelerando y acelerando y aquellas cintas dando vueltas como locas y las madres agarrando a los hijos y agarrándose ellas mismas a donde podían para evitar salir despedidas. No os lo creeréis pero yo calculo que se renovó todo el aire del teatro en menos de 15 segundos.

Cuando acabaron aplaudimos como descosidos porque eso sí que fue impresionante. Nunca pensé que los músculos del cuello pudieran aguantar tanta tensión. Por descontado agarré un resfriado, algo lógico con esos airotes.

En fin, que salimos de allí aún con los ojos irritados de esa corriente tan fuerte y volvimos a casa más contentos que el carajo.