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En Zaragoza

Desde hoy hasta el domingo ando por Zaragoza. No hay que preocuparse porque Distorsiones seguirá su relajado camino sin mí. En estos días visitaré la ciudad y sus alrededores con dos viejos amigos y seguro que surgirán un montón de anécdotas que alimentarán mi imaginación y por consiguiente, este pequeño rincón de mi mundo.

Para este viaje tengo una combinación exótica de medios de transporte que espero que funcione y que incluye autobús, tren, autobús, avión, metro y tren de alta velocidad para llegar a Zaragoza y avión, autobús, tren, autobús y autobús para volver a Utrecht. Serán cuatro aeropuertos distintos con lo que seguro que surgirán odiosas comparaciones.

En boca cerrada …

… no entran mosquitos, ni moscas, ni otros bichos voladores. El hombre que escribió la frase tuvo que vivir en Holanda. Algunos se quejan todo el año del frío, del agua, de las noches eternas y lo cierto es que a la primera señal de buen tiempo, todos se olvidan de lo anterior y empiezan a quejarse del buen tiempo. No llevamos más de cuatro días de sol y calor y ya los hay que dicen que se va a secar todo, que los infinitos campos de hierba se volverán amarillos y las hortensias no producirán flores para el próximo verano y todo por esos cuatro días de sol.

Para mí, lo único molesto de este tiempo son los mosquitos. Los hay por billones, millardos, millones y cientos de miles. Aparecen en nubes y como alguna se cruce en tu camino andas bien jodido. Por eso ahora voy en bicicleta con la boca cerrada porque me da igual que me entren tres o cuatro en los ojos, pero en la boca no, por ahí sí que no paso. Esta tarde al venir del trabajo me temía lo peor. Veintiún grados, un sol que raja las piedras y que alumbra desde las seis de la mañana hasta casi las nueve y media de la noche es como una gigantesca incubadora en la que la alta proporción de agua empantanada y distribuida por doquier sirve de perfecto caldo de cultivo para esas pequeñas bestias que cuando te pillan no tienen piedad alguna.

Entré en el parque que está cerca de mi casa con los ojos y la boca cerrados y cuando la primera oleada me golpeó, empecé a sacudirlos de mi camisa histéricamente. Después vino otra andanada, estos gordos y perezosos pero igualmente hambrientos y a ellos les siguieron un tercer, cuarto y quinto batallón. Para cuando salí del parque y llegué a mi barrio, mi camisa aparecía llena de lunares negros y rojos.

Este drama se repite cada mañana y cada tarde. A veces los ves venir hacia tu casa y has de salir a escape del jardín y en otras ocasiones se te meten por la nariz y te obligan a abrir la boca. Para combatir a los desgraciados que atraviesan las fronteras de mi reino y entran al interior del gran templo en el que se me adora, para esos tengo una raqueta a pilas con la que los electrocuto sin piedad. El año pasado fueron cientos y cientos y este año parece que superaré el récord y quizás tengamos que hablar de cifras en el rango de los miles.

Este año aún no tengo ninguna aliada. El anterior, una araña ubicó su cuartel general en un lugar estratégico de mi casa y cada día pillaba comida fresca. Era limpia y eficiente y tuve que advertir a la mucama para que le respetara su tela y la dejara trabajar en paz. Desapareció una noche de otoño y me la encontré unos días más tarde. Debía estar de cacería y murió achicharrada en uno de los tubos del agua caliente de la calefacción. Espero que esté en el reino de las arañas.

Tras leer esto alguien puede pensar que nos escondemos y nos parapetamos a esperar que vuelva el frío y la lluvia y os aseguro que estaréis muy equivocados. Nosotros seguimos haciendo barbacoas, disfrutando del sol, paseando por los parques, pedaleando junto a los manzanos en flor y aunque no dejamos de golpearnos para matar los mosquitos que nos fusilan, no dejamos de disfrutar de estos días de tiempo veraniego que nadie puede saber si durarán mucho. En el futuro cercano quedan Julio y Agosto y como sean como los del año pasado, vamos a tener lluvia hasta hartarnos.

Cuestión de perspectiva

El otro día charlaba con unos amigos en el jardín y mientras trabajábamos juntos para vaciar el barril de cerveza Jupiler de mi PerfectDraft hablábamos de lo distintas que son las cosas según la perspectiva con que se miren. La conversación giraba en torno a la facilidad con la que intentamos ahorrar en unas cosas y derrochamos dinero en otras. Los ejemplos eran variados.

Pongamos el nuevo disco de Madonna. En Holanda se compra por 9.99 euros, lo mismo que te puede costar si lo descargas de iTunes. Aún así hay gente que te dice que es caro y prefieren descargarlo de Internet. Esa misma gente va al cine, paga 9 euros por cada entrada, paga diez euros por un cubo de palomitas de maíz y dos refrescos con más agua y hielo que otra cosa y ni siquiera son capaces de ver que el CD lo tendrás toda tu vida y lo otro te dura dos horas y es un atraco a mano armada. Siguiendo con el mismo ejemplo salió a relucir un ex-compañero fumador que siempre se metía conmigo por mi gasto en cine. Yo pago dieciocho euros al mes y tengo un abono ilimitado que por ejemplo en abril me ha servido para ir nueve veces al cine, con lo que mis cuentas me dan dos euros por película. Él se gasta casi cincuenta euros al mes en picadura para liarse sus cigarrillos y todavía no se da cuenta de quién está tirando el dinero.

Esta diferencia de perspectiva puede darse también en la misma persona. En mi mente y en la de muchos están esos colegas que no se compran una camiseta y andan que parecen mendigos por la calle mientras que tienen el coche más caro, más equipado, más metrosexual de los disponibles. No comen pero cada vez que salen a la calle miran con orgullo su preciosidad. Para ellos gastarse dinero en cosas pequeñas y necesarias resulta un derroche pero tirarlo en algo que sólo sirve para que la gente te mire les parece vital. Esos mismos me miran como un bicho raro porque no tengo coche y me muevo siempre con el transporte público. Aún les preocupa más que no sienta la necesidad de tener un vehículo propio, vivo feliz escuchando mis audiobooks en el tren, jugando con mi teléfono móvil y disfrutando con mi bicicleta para moverme por el país.

Otra de esas diferencias de perspectivas venía a cuento de un amigo que siempre se mete conmigo porque tengo un iBook, un ordenador apple. Lo compré hace casi tres años y vivo tan feliz desde entonces. No tengo güindous ni lo necesito y no siento que haya perdido nada. Él, en estos tres años, se ha comprado tres ordenadores, los cuales vende perdiendo dinero para comprar el nuevo porque necesita estar a la última, y lo más curioso que esa última debe ser cuestión de hardware porque en todos sus equipos ha tenido siempre güindous equispe. Yo me gasté mucho menos dinero que él y si quisiera vender mi ordenador, conseguiría más dinero del que este pobre desgraciado logra y sigo siendo capaz de realizar las mismas tareas que hacía el primer día.

Tendemos a aplicar un criterio para las grandes cosas, los objetivos a largo plazo y otro totalmente distinto para las pequeñas cosas del día a día. Ni siquiera nos damos cuenta, es algo natural.

Desde mi perspectiva, vivir en España es un craso error. Siempre que paso por allí de vacaciones escucho las historias de amigos y conocidos, las quejas por trabajos malos, sueldos miserables, coste alto de vida y lo comparo con la mía, en el extranjero, con un sueldo excelente que se incrementa un par de veces al año, sin hacer horas extras, sin tener que aguantar las gilipolleces de un jefe cabrón, ahorrando cada vez más, viajando por el mundo y ellos lo ven desde su perspectiva, las pasan canutas pero viven en un país con mejor calidad de vida, mejor clima y eso al parecer lo compensa y yo sigo sin entender por qué mi calidad de vida es peor.

Todas y cada una de nuestras decisiones diarias determinan la perspectiva con la que miramos la vida. Ahorramos o gastamos, hacemos esto o aquello, vivimos aquí o allá, tenemos unos amigos u otros y en ocasiones quizás debamos mirar las cosas desde otra perspectiva, otro ángulo para aclararnos o para cambiar, ya sea a mejor o a peor, pero al menos seguir evolucionando.

Cenas y más cenas

Recibir amigos en casa o visitarlos en la suya es siempre un placer. Con la llegada de la primavera y de la luz todos comenzamos a saltar de casa en casa como si fuera un parchís, solo que en cada casilla compartimos mesa y tertulia, tomamos buenas cervezas, excelentes vinos y estrechamos lazos.

En las últimas dos semanas no he parado de recibir gente en casa y homenajearlos como se merecen. Es una oportunidad perfecta para probar nuevos platos y también para cocinar aquellos que nos gustan mucho. En esta vorágine de cenas el domingo me visitaron unos amigos y gracias al buen tiempo tuvimos la primera cena en el jardín. Comenzó con pimientos de piquillo acompañados de quedo de Valsequillo acompañado de mermelada de higos y un buen chorizo ibérico. Seguimos con una ensalada canaria o al menos ese es el nombre que yo le doy porque es la que desde siempre han preparado mi abuela y mi madre. De plato principal tuvimos Pollo con beicon y puerro acompañados de Guisantes con Beicon y applemoes y para completar la cena cada uno recibió su ración de Tarta de quesos Ricotta y Mascarpone. En el turno del café hice unos lacitos de hojaldre con leche condensada que están para chuparse los dedos. Salieron de mi casa a cuatro patas, no solo por la comida sino porque casi nos bebemos un barril completo de cerveza Jupiler que permanecía a unos perfectos tres grados en mi PerfectDraft.

Un par de días más tarde pasó por mi casa una amiga para cenar y ver una película en la tele. Traté de explicarle que yo suelo ir al cine pero no hubo manera así que primero nos deleitamos con más pimientos de piquillo y queso canario, unas papas arrugadas con mojo y después seguimos con unas mini-empanadas de hojaldre rellenas de atún y cebolla y como plato principal unas gambas en salsa de tomate acompañadas de arroz blanco. Para postre no me compliqué y repetimos con la Tarta de quesos Ricotta y Mascarpone y de nuevo hice unos lacitos. En esa ocasión tomamos un vino rosado y después nos vimos la película los Goonies, una de mis favoritas y que ella jamás había visto.

El miércoles fue mi amigo el Rubio quien me invitó a comer en su casa. Comenzamos con jamón serrano ibérico y con fuet y seguimos con unos champiñones fritos. De plato principal tuvimos unas pechugas de pollo fritas envueltas en beicon acompañadas de judías al wok y puré de papas. De postre fue una selección de natillas de varios sabores y helado.

En todas estas sesiones aprovechamos para hacer algo de jardinería juntos porque mis amigos gustan de explicarme cosas para que mejore mi cuidado del jardín o preguntan por otras en las que ya me he graduado. Algunos me traen plantas de regalo y otros optan por el alcohol, ese bendito líquido que tan agradables ratos nos da.

Para mañana vuelvo a atener una cena en mi casa, viene un amigo con su novia y me apetece un festival de tapas así que tendremos una Tortilla de papas con cebolla, Dátiles con bacon, de nuevo queso canario y chorizo, Champiñones rellenos con chorizo, Sushi Nori, unas gambas en salsa de tomate que sobraron del otro día y quizás alguna otra coas que improvisaré sobre la marcha mañana. Para postre nos acabaremos las últimas raciones de Tarta de quesos Ricotta y Mascarpone que me quedan y seguramente haré Magdalenas de chocolate.

En mi caso cada minuto que paso en la cocina es un minuto de placer, disfruto cocinando, buscando nuevos sabores, probando cosas nuevas y no dejo de sorprenderme por la manera en la que uno agrupa unos cuantos ingredientes y al rato surge algo delicioso.

Este verano habrán muchas más sesiones de estas, en mi casa o en las de otros, tardes eternas en las que el sol no se pone hasta bien entrada la noche y en las que discutiremos sobre los grandes temas de la vida.

Mi pequeño Keukenhof

Tulipanes en el jardín

A finales de octubre planté unos ciento cincuenta bulbos de tulipanes en mi jardín para tener mi propio Keukenhof en casa. Me sirve también para saber cuando ha llegado la hora de visitar el parque puesto que mis tulipanes no engañan, si ellos están abiertos, sus hermanos también. Este fin de semana gracias al buen tiempo ha habido una gran actividad en mi jardín y los resultados están a la vista.

La elegancia de los tulipanes

Ha llegado la hora de ir al Keukenhof en este 2008 y seguir incrementando mi colección de miles de fotos de tulipanes con unos cientos más. Nunca se tienen bastantes. Los tulipanes son las flores más hermosas, crecen en el frío invierno y despliegan sus vivos colores y hacen alarde de su hermosura en el mismo momento en el que la temperatura comienza a subir. Son los heraldos de la primavera y como tales han de ser respetados.

Flores

No están solos. Me gusta acompañarlos con otras flores para que entre todas le den algo de color al jardín y lo pinten como si de un cuadro se tratara.

Universos misteriosos

Y por supuesto, uso y abuso de los objetivos de mi cámara para ir tan cerca como puedo y abrir una ventana hacia esos universos diminutos de tan corta duración ya que cuando el tulipán se marchita y se le caen las hojas, ellos desaparecen.

Tulipán a punto de abrirse

A veces la belleza puede parecer pero no os preocupéis que no lo es, los tulipanes que pronto se marcharán volverán el año que viene, anunciando de nuevo la primavera y acompañados por cien o doscientos más que plantaré para que les hagan compañía.

Mundos mágicos

Alea jacta est

Aquellos que leen esta bitácora con cierta regularidad y llevan siguiendo mi vida durante un tiempo saben que además de mirarme el ombligo con autocomplacencia me gusta escribir relatos y boberías que se me ocurren sin ton ni son y que ejercitan mi maltrecho dominio del idioma. Para algunos de esos lectores puede que las últimas anotaciones hayan sido diferentes y quizás hayan percibido la sutil carga agresiva que había en todas y cada una de ellas. Llevamos ya varios días con una trama secundaria que ha manchado puntos del Hembrario (ver aquí), la vida y milagros del chino (ver aquí), y las categorías de Desvaríos y Relatos (ver aquí y aquí). Hoy me gustaría explicar un poco mi motivación para haber realizado este despliegue.

Hace no mucho hablé de los ciclos y de como comienzan y acaban continuamente. Es un proceso natural. Estoy conociendo gente nueva prácticamente a diario y muchos de ellos cruzan diferentes fases y si cuaja es posible que lleguemos a ser amigos. Uno de esos ciclos fue con alguien que leía y comentaba en la bitácora. Pese a la distancia geográfica, llegó a concretarse en un par de encuentros en persona. La primera vez no fueron más de dos horas y media y la segunda dos días. Después de ese segundo cruce quedó bastante claro para mí que nuestros caminos iban por sendas distintas y algunos sucesos que vinieron a continuación terminaron de definir la balanza hacia el lado que concluye el ciclo. Hay cosas que no tolero y la manipulación, el chantaje, la presión y el abuso están en ese grupo y en este caso se veía claro que lo mejor era poner tierra de por medio. Traté de explicarlo de forma sutil y correcta pero algunos no escuchan más que su propio vozarrón ya que parece que están dando alaridos continuamente. En cualquier caso, el ciclo terminó y fue de una forma bastante drástica. Esa persona siguió sin darse por aludida y continuó acosando y para que quede bien claro de lo que estoy hablando, me refiero a perseguir, apremiar e importunar a alguien con molestias o requerimientos. Bloqueé su correo y como jamás tuvo acceso a mi teléfono no hubo más problemas e incluso en el hipotético caso de poseer mi número, el filtro de mi teléfono solo permite que nueve personas me puedan contactar directamente y el resto han de dejar sus mensajes en mi buzón de voz, el cual raramente escucho.

El tiempo pasó, llegó la época navideña y el susodicho individuo continuó con su acoso. Visto que no le daba resultados, cambió la estrategia y trató de usar a una amiga mía para hacerme llegar sus mensajes. No funcionó y cuando ella le devolvió su recado ya que así se lo pedí, la acusó de interponerse y conspirar para romper la relación, la misma que ya no existía. Aquí me vuelvo a parar porque quiero que comprendáis que cuando hablo de acusar estoy concretamente refiriéndome a imputar a alguien algún delito, culpa, vicio o cualquier cosa vituperable. Comenzó de esa forma a acosarla a ella también porque la acusaba de ser la causante de algo que nunca se supo qué fue. Su acoso fue continuado durante un prolongado periodo de tiempo, con insultos, llamadas, correos, mensajes y todo tipo de triquiñuelas que no cesaban pese a ser requerido para ello. Su actitud fue vil y rastrera, propia de un delincuente o un mamarracho hijo de mala perra.

Todo esto lo adornaba de falacias, que no son otra cosa que engaños, fraudes o mentiras con los que se intenta dañar a alguien, aunque también podemos verlas como hábito de emplear falsedades en daño ajeno. Tremenda alimaña no se cansaba y continuaba incesante su acoso a una persona que no tenía por qué recibir ese tratamiento y ya no lo intentaba conmigo o al menos yo no era consciente de ello ya que los filtros en mi correo funcionan perfectamente y toda la mierda que no me interesa es borrada nada más recibirla.

En un momento determinado y cuando ya se le había dado un ultimátum final, volvió a manipular y retorcerlo todo contando falacias y presentándose como la víctima de un complot para dañarlo a él, o a ella porque se cambió el sexo, la cara, la edad y todo lo que se podía cambiar y se presentó como una tierna y delicada joven que sufría por lo que los demás le hacían. Aunque despreciable en el fondo y en la forma, ya ni me preocupaba porque lo importante era que estaba fuera de nuestras vidas o así creíamos. Esta semana volvió a dar señales de vida haciéndose la dulce bestia que actúa como si nada ha sucedido y eso desencadenó la sucesión de anotaciones que han precedido a esta.

Aleja jacta est o Alea iacta est es una frase que usamos cuando queremos especificar claramente que hemos cruzado el punto de NO RETORNO, que nuestro paso es irrevocable y no tenemos ningún miedo al riesgo o la confrontación. Ese es exactamente el mensaje que quiero que cierto gilipollas, acosador, mentiroso y acusador capte de una puta vez. Hemos trazado una línea y esperamos que NUNCA MÁS la cruce. NO TIENE NI AHORA NI NUNCA MÁS NINGUNA POSIBILIDAD DE COMUNICARSE CONMIGO O CON MIS AMIGOS, no queremos saber nada más de él, ella, ello o lo que demonios sea. No nos interesa lo que pueda decir, como lo pueda decir y en lo que a mí respecta, se puede pudrir en el infierno y eso no me robará ni un segundo de sueño. En esta bitácora no podréis encontrar ni una sola referencia suya porque he borrado todos sus comentarios y aquellos en los que cualquier otra persona le decía algo respondiendo a alguna de sus estupideces. Para mí ya NO EXISTE.

Hoy cierro completamente su ciclo y jamás se volverá a abrir.

Pedacitos de información

Ayer me aventuré en mi jardín para comenzar con las labores de mantenimiento de esta temporada. Estuve podando un poco más un árbol que parece muerto y que en mayo explosiona y se saca de la nada unas ramas de metro y medio de largo y unas hojas como folios tamaño DIN A-4. En holandés se llama Katalpa y no estoy muy seguro que en español sea la catalpa. Mientras lo hacía y paseaba entre los ciento cincuenta tulipanes que están floreciendo en mi pequeño y particular Keukenhof hogareño, maquiné un plan que por supuesto no seguiré para hacer fotos todas las semanas y ver como mi jardín evoluciona a lo largo de estos seis meses de alta actividad. Mañana comenzaré y veremos si consigo mantener la constancia necesaria. Aún tengo pendiente el completar mi solario, un rinconcito con césped y una hamaca para pasar las tórridas tardes de verano roncando fuera, con una mesita a mi lado para no tener que hacer grandes esfuerzos a la hora de echar mano a la cerveza.

Además de esto, hoy he comprado los billetes para ir a los Estados Unidos durante nueve días. Será a finales de mayo y de nuevo iré a Nueva York, en esta ocasión acompañado por mis padres. Aprovecharé para ver todas aquellas cosas que se me escaparon en la primera visita y repetir las que me gustaron. Espero que esta no sea la única visita a los Estados Unidos este año ya que sigo queriendo recorrer los parques nacionales del Oeste, algo que tendrá que esperar hasta el final del verano.

Entre pitos y flautas, disfruto estos días con un montón de luz y cruzo los dedos para que el tiempo mejore lo suficiente para permitirme comenzar con las cenas en el jardín. Esta semana hemos tenido un par de noches en las que el termómetro ha bajado por debajo de los cero grados y esto nos obliga a salir de casa por la mañana equipados para el invierno y volver acalorado porque esa misma ropa no sirve cuando el termómetro se acerca a los quince grados.

La chamba es la chamba

Hace un año en el festival de cine latinoamericano en alguna de las películas que vi uno de los personajes lo dijo bien claro: la chamba es la chamba. Me tomó un rato averiguar de lo que estaba hablando porque en mi tierra no se usa esa palabra pero una vez lo supe, la expresión pasó inmediatamente a ser parte de mi vocabulario.

Resulta curioso como adoptamos o repudiamos palabras, como moldeamos nuestra personalidad en torno a ellas, como la gente puede reconocerte solo porque algunas palabras te señalan unívocamente. Mis ocho años fuera de España han marcado mi vocabulario y lo han enriquecido bastante. A veces siento que he perdido en el camino un montón de palabras que han nacido y crecido en España en mi ausencia pero también he encontrado un montón de otras palabras que estaban escondidas en otros lugares del inmenso universo hispano. La chamba es una de ellas, una que embellece y dota de un halo mágico algo tan frío y seco como el trabajo. Escuchar el español que hablan emigrantes de Perú, de Venezuela, de Cuba, de Argentina o Chile ha expandido mi vocabulario hasta niveles que nunca soñé. Por cada palabra que pierdo hay otra que ocupa su lugar, otra que quizás no signifique lo mismo pero que me ayuda a seguir adelante. Mi español navega por aguas extrañas, fuera del cauce del gran río que serpentea por mi tierra y pese a todo, cada día consigo mezclar y agrupar unos cientos de palabras y elaborar un producto que puede llegar a tocar alguna fibra de las personas que me leen.

Son frecuentes los momentos en los que dudo y visito múltiples veces cada día el templo de la RAE para solucionar esas dudas y confirmar sospechas. Llevo un tiempo pensando en comprarme una gramática de la lengua española para repasarla de cuando en cuando aunque no sé si eso servirá de algo. El español está en el corazón de mi persona, es una parte que no quiero perder y que cuido con cariño, todos los días, a través de la bitácora, de conversaciones y de correos electrónicos. Resulta difícil cuando sueñas, hablas, piensas y filosofas en inglés y salpicas todo esto con puñaditos de holandés.

Mi limitada capacidad para ordenar y usar las palabras en ocasiones alcanza alguna cima difícil de escalar o cae en alguna sima de la que parece que no puedo salir. Es en esos momentos, cuando todo mi cerebro vibra tratando de recordar aquello que se ha escondido en algún lugar y que no puedo pronunciar aunque lo tengo en la punta de la lengua.

Buscar y encontrar, descubrir y olvidar, aprender y descartar, nuestro idioma es un vasto país del que nunca lo habremos visto o conocido todo. Los vientos de la lengua me llevarán de un lado a otro y sé que al final llegaré a buen puerto.

El acoso a las bicicletas en Holanda

Bicicleta colgada en un puente

De cuando en cuando a alguna banda de adolescentes pasados de alcohol se les va la mano y le hacen alguna trastada a las bicicletas que tienen la mala suerte de cruzarse en su camino. Dependiendo de las ganas de joder que tengan y de lo mal que su dueño la haya protegido, el daño puede ser mínimo o se convierte en un drama irrecuperable. En Amsterdam se calcula que cada día se lanzan a los canales una cantidad ingente de bicicletas y en otros lugares del país suceden cosas parecidas. La foto anterior le hice en Amsterdam una noche mientras volvíamos de marcha y encontramos esa bici en una posición totalmente anómala, colgada de un puente ya que por la cadena que la unía al mismo no pudieron completar el acto vandálico.

Bicicletas ahorcadas

Volviendo a mi casa un día de octubre pasado me detuve a hacer una foto con el teléfono a esta pareja de bicis colgadas de una valla esperando que sus dueños las bajen. Llevaban allí al menos una semana así que intuyo que los propietarios habían desistido y se rindieron ante la gamberrada.

En Holanda no solo has te tener siempre presente que te pueden robar la bici, también te pueden pasar otras cosas peores, como que te quiten el sillín, te desinflen las ruedas, se te caiga por culpa del viento y la gente camine por encima (algo que todos hacemos a menudo para recordar a los que aparcan en zonas prohibidas junto a los accesos de la estación de tren que eso no se hace :-)) y otras pequeñas putadillas. Este también es el país en el que hay más bicicletas que habitantes y hay gente que cuando necesita una lo que hace es irse a pescar al canal, sacar una de allí, repararla y usarla hasta que se desmorone. Yo tengo una de esas, me la regaló un compañero que dejó nuestra empresa y que la había sacado de algún canal y la había usado durante un par de años. Esa última bicicleta es la quinta ya que además de ella tengo a la Dolorsi, la Poderosa y a las Mili Vanili que son las que van siempre al centro de la ciudad.