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Mi pequeño Keukenhof

Tulipanes en el jardín

A finales de octubre planté unos ciento cincuenta bulbos de tulipanes en mi jardín para tener mi propio Keukenhof en casa. Me sirve también para saber cuando ha llegado la hora de visitar el parque puesto que mis tulipanes no engañan, si ellos están abiertos, sus hermanos también. Este fin de semana gracias al buen tiempo ha habido una gran actividad en mi jardín y los resultados están a la vista.

La elegancia de los tulipanes

Ha llegado la hora de ir al Keukenhof en este 2008 y seguir incrementando mi colección de miles de fotos de tulipanes con unos cientos más. Nunca se tienen bastantes. Los tulipanes son las flores más hermosas, crecen en el frío invierno y despliegan sus vivos colores y hacen alarde de su hermosura en el mismo momento en el que la temperatura comienza a subir. Son los heraldos de la primavera y como tales han de ser respetados.

Flores

No están solos. Me gusta acompañarlos con otras flores para que entre todas le den algo de color al jardín y lo pinten como si de un cuadro se tratara.

Universos misteriosos

Y por supuesto, uso y abuso de los objetivos de mi cámara para ir tan cerca como puedo y abrir una ventana hacia esos universos diminutos de tan corta duración ya que cuando el tulipán se marchita y se le caen las hojas, ellos desaparecen.

Tulipán a punto de abrirse

A veces la belleza puede parecer pero no os preocupéis que no lo es, los tulipanes que pronto se marcharán volverán el año que viene, anunciando de nuevo la primavera y acompañados por cien o doscientos más que plantaré para que les hagan compañía.

Mundos mágicos

Alea jacta est

Aquellos que leen esta bitácora con cierta regularidad y llevan siguiendo mi vida durante un tiempo saben que además de mirarme el ombligo con autocomplacencia me gusta escribir relatos y boberías que se me ocurren sin ton ni son y que ejercitan mi maltrecho dominio del idioma. Para algunos de esos lectores puede que las últimas anotaciones hayan sido diferentes y quizás hayan percibido la sutil carga agresiva que había en todas y cada una de ellas. Llevamos ya varios días con una trama secundaria que ha manchado puntos del Hembrario (ver aquí), la vida y milagros del chino (ver aquí), y las categorías de Desvaríos y Relatos (ver aquí y aquí). Hoy me gustaría explicar un poco mi motivación para haber realizado este despliegue.

Hace no mucho hablé de los ciclos y de como comienzan y acaban continuamente. Es un proceso natural. Estoy conociendo gente nueva prácticamente a diario y muchos de ellos cruzan diferentes fases y si cuaja es posible que lleguemos a ser amigos. Uno de esos ciclos fue con alguien que leía y comentaba en la bitácora. Pese a la distancia geográfica, llegó a concretarse en un par de encuentros en persona. La primera vez no fueron más de dos horas y media y la segunda dos días. Después de ese segundo cruce quedó bastante claro para mí que nuestros caminos iban por sendas distintas y algunos sucesos que vinieron a continuación terminaron de definir la balanza hacia el lado que concluye el ciclo. Hay cosas que no tolero y la manipulación, el chantaje, la presión y el abuso están en ese grupo y en este caso se veía claro que lo mejor era poner tierra de por medio. Traté de explicarlo de forma sutil y correcta pero algunos no escuchan más que su propio vozarrón ya que parece que están dando alaridos continuamente. En cualquier caso, el ciclo terminó y fue de una forma bastante drástica. Esa persona siguió sin darse por aludida y continuó acosando y para que quede bien claro de lo que estoy hablando, me refiero a perseguir, apremiar e importunar a alguien con molestias o requerimientos. Bloqueé su correo y como jamás tuvo acceso a mi teléfono no hubo más problemas e incluso en el hipotético caso de poseer mi número, el filtro de mi teléfono solo permite que nueve personas me puedan contactar directamente y el resto han de dejar sus mensajes en mi buzón de voz, el cual raramente escucho.

El tiempo pasó, llegó la época navideña y el susodicho individuo continuó con su acoso. Visto que no le daba resultados, cambió la estrategia y trató de usar a una amiga mía para hacerme llegar sus mensajes. No funcionó y cuando ella le devolvió su recado ya que así se lo pedí, la acusó de interponerse y conspirar para romper la relación, la misma que ya no existía. Aquí me vuelvo a parar porque quiero que comprendáis que cuando hablo de acusar estoy concretamente refiriéndome a imputar a alguien algún delito, culpa, vicio o cualquier cosa vituperable. Comenzó de esa forma a acosarla a ella también porque la acusaba de ser la causante de algo que nunca se supo qué fue. Su acoso fue continuado durante un prolongado periodo de tiempo, con insultos, llamadas, correos, mensajes y todo tipo de triquiñuelas que no cesaban pese a ser requerido para ello. Su actitud fue vil y rastrera, propia de un delincuente o un mamarracho hijo de mala perra.

Todo esto lo adornaba de falacias, que no son otra cosa que engaños, fraudes o mentiras con los que se intenta dañar a alguien, aunque también podemos verlas como hábito de emplear falsedades en daño ajeno. Tremenda alimaña no se cansaba y continuaba incesante su acoso a una persona que no tenía por qué recibir ese tratamiento y ya no lo intentaba conmigo o al menos yo no era consciente de ello ya que los filtros en mi correo funcionan perfectamente y toda la mierda que no me interesa es borrada nada más recibirla.

En un momento determinado y cuando ya se le había dado un ultimátum final, volvió a manipular y retorcerlo todo contando falacias y presentándose como la víctima de un complot para dañarlo a él, o a ella porque se cambió el sexo, la cara, la edad y todo lo que se podía cambiar y se presentó como una tierna y delicada joven que sufría por lo que los demás le hacían. Aunque despreciable en el fondo y en la forma, ya ni me preocupaba porque lo importante era que estaba fuera de nuestras vidas o así creíamos. Esta semana volvió a dar señales de vida haciéndose la dulce bestia que actúa como si nada ha sucedido y eso desencadenó la sucesión de anotaciones que han precedido a esta.

Aleja jacta est o Alea iacta est es una frase que usamos cuando queremos especificar claramente que hemos cruzado el punto de NO RETORNO, que nuestro paso es irrevocable y no tenemos ningún miedo al riesgo o la confrontación. Ese es exactamente el mensaje que quiero que cierto gilipollas, acosador, mentiroso y acusador capte de una puta vez. Hemos trazado una línea y esperamos que NUNCA MÁS la cruce. NO TIENE NI AHORA NI NUNCA MÁS NINGUNA POSIBILIDAD DE COMUNICARSE CONMIGO O CON MIS AMIGOS, no queremos saber nada más de él, ella, ello o lo que demonios sea. No nos interesa lo que pueda decir, como lo pueda decir y en lo que a mí respecta, se puede pudrir en el infierno y eso no me robará ni un segundo de sueño. En esta bitácora no podréis encontrar ni una sola referencia suya porque he borrado todos sus comentarios y aquellos en los que cualquier otra persona le decía algo respondiendo a alguna de sus estupideces. Para mí ya NO EXISTE.

Hoy cierro completamente su ciclo y jamás se volverá a abrir.

Pedacitos de información

Ayer me aventuré en mi jardín para comenzar con las labores de mantenimiento de esta temporada. Estuve podando un poco más un árbol que parece muerto y que en mayo explosiona y se saca de la nada unas ramas de metro y medio de largo y unas hojas como folios tamaño DIN A-4. En holandés se llama Katalpa y no estoy muy seguro que en español sea la catalpa. Mientras lo hacía y paseaba entre los ciento cincuenta tulipanes que están floreciendo en mi pequeño y particular Keukenhof hogareño, maquiné un plan que por supuesto no seguiré para hacer fotos todas las semanas y ver como mi jardín evoluciona a lo largo de estos seis meses de alta actividad. Mañana comenzaré y veremos si consigo mantener la constancia necesaria. Aún tengo pendiente el completar mi solario, un rinconcito con césped y una hamaca para pasar las tórridas tardes de verano roncando fuera, con una mesita a mi lado para no tener que hacer grandes esfuerzos a la hora de echar mano a la cerveza.

Además de esto, hoy he comprado los billetes para ir a los Estados Unidos durante nueve días. Será a finales de mayo y de nuevo iré a Nueva York, en esta ocasión acompañado por mis padres. Aprovecharé para ver todas aquellas cosas que se me escaparon en la primera visita y repetir las que me gustaron. Espero que esta no sea la única visita a los Estados Unidos este año ya que sigo queriendo recorrer los parques nacionales del Oeste, algo que tendrá que esperar hasta el final del verano.

Entre pitos y flautas, disfruto estos días con un montón de luz y cruzo los dedos para que el tiempo mejore lo suficiente para permitirme comenzar con las cenas en el jardín. Esta semana hemos tenido un par de noches en las que el termómetro ha bajado por debajo de los cero grados y esto nos obliga a salir de casa por la mañana equipados para el invierno y volver acalorado porque esa misma ropa no sirve cuando el termómetro se acerca a los quince grados.

La chamba es la chamba

Hace un año en el festival de cine latinoamericano en alguna de las películas que vi uno de los personajes lo dijo bien claro: la chamba es la chamba. Me tomó un rato averiguar de lo que estaba hablando porque en mi tierra no se usa esa palabra pero una vez lo supe, la expresión pasó inmediatamente a ser parte de mi vocabulario.

Resulta curioso como adoptamos o repudiamos palabras, como moldeamos nuestra personalidad en torno a ellas, como la gente puede reconocerte solo porque algunas palabras te señalan unívocamente. Mis ocho años fuera de España han marcado mi vocabulario y lo han enriquecido bastante. A veces siento que he perdido en el camino un montón de palabras que han nacido y crecido en España en mi ausencia pero también he encontrado un montón de otras palabras que estaban escondidas en otros lugares del inmenso universo hispano. La chamba es una de ellas, una que embellece y dota de un halo mágico algo tan frío y seco como el trabajo. Escuchar el español que hablan emigrantes de Perú, de Venezuela, de Cuba, de Argentina o Chile ha expandido mi vocabulario hasta niveles que nunca soñé. Por cada palabra que pierdo hay otra que ocupa su lugar, otra que quizás no signifique lo mismo pero que me ayuda a seguir adelante. Mi español navega por aguas extrañas, fuera del cauce del gran río que serpentea por mi tierra y pese a todo, cada día consigo mezclar y agrupar unos cientos de palabras y elaborar un producto que puede llegar a tocar alguna fibra de las personas que me leen.

Son frecuentes los momentos en los que dudo y visito múltiples veces cada día el templo de la RAE para solucionar esas dudas y confirmar sospechas. Llevo un tiempo pensando en comprarme una gramática de la lengua española para repasarla de cuando en cuando aunque no sé si eso servirá de algo. El español está en el corazón de mi persona, es una parte que no quiero perder y que cuido con cariño, todos los días, a través de la bitácora, de conversaciones y de correos electrónicos. Resulta difícil cuando sueñas, hablas, piensas y filosofas en inglés y salpicas todo esto con puñaditos de holandés.

Mi limitada capacidad para ordenar y usar las palabras en ocasiones alcanza alguna cima difícil de escalar o cae en alguna sima de la que parece que no puedo salir. Es en esos momentos, cuando todo mi cerebro vibra tratando de recordar aquello que se ha escondido en algún lugar y que no puedo pronunciar aunque lo tengo en la punta de la lengua.

Buscar y encontrar, descubrir y olvidar, aprender y descartar, nuestro idioma es un vasto país del que nunca lo habremos visto o conocido todo. Los vientos de la lengua me llevarán de un lado a otro y sé que al final llegaré a buen puerto.

El acoso a las bicicletas en Holanda

Bicicleta colgada en un puente

De cuando en cuando a alguna banda de adolescentes pasados de alcohol se les va la mano y le hacen alguna trastada a las bicicletas que tienen la mala suerte de cruzarse en su camino. Dependiendo de las ganas de joder que tengan y de lo mal que su dueño la haya protegido, el daño puede ser mínimo o se convierte en un drama irrecuperable. En Amsterdam se calcula que cada día se lanzan a los canales una cantidad ingente de bicicletas y en otros lugares del país suceden cosas parecidas. La foto anterior le hice en Amsterdam una noche mientras volvíamos de marcha y encontramos esa bici en una posición totalmente anómala, colgada de un puente ya que por la cadena que la unía al mismo no pudieron completar el acto vandálico.

Bicicletas ahorcadas

Volviendo a mi casa un día de octubre pasado me detuve a hacer una foto con el teléfono a esta pareja de bicis colgadas de una valla esperando que sus dueños las bajen. Llevaban allí al menos una semana así que intuyo que los propietarios habían desistido y se rindieron ante la gamberrada.

En Holanda no solo has te tener siempre presente que te pueden robar la bici, también te pueden pasar otras cosas peores, como que te quiten el sillín, te desinflen las ruedas, se te caiga por culpa del viento y la gente camine por encima (algo que todos hacemos a menudo para recordar a los que aparcan en zonas prohibidas junto a los accesos de la estación de tren que eso no se hace :-)) y otras pequeñas putadillas. Este también es el país en el que hay más bicicletas que habitantes y hay gente que cuando necesita una lo que hace es irse a pescar al canal, sacar una de allí, repararla y usarla hasta que se desmorone. Yo tengo una de esas, me la regaló un compañero que dejó nuestra empresa y que la había sacado de algún canal y la había usado durante un par de años. Esa última bicicleta es la quinta ya que además de ella tengo a la Dolorsi, la Poderosa y a las Mili Vanili que son las que van siempre al centro de la ciudad.

Defcon 1

Cuando tu mejor amigo te manda un SMS a las cinco de la tarde con cuatro palabras que disparan todas las alarmas, solo se puede hacer una cosa y eso he hecho. Hemos quedado, hemos pasado por la sección de televisores gigantescos del Media Markt para ver esas fastuosas pantallas que nunca tendremos y después nos hemos ido al Oudaen a emborracharnos como mandan las escrituras.

Atrás quedó una tarde de compras en la que visité todas las tiendas de cocina de la ciudad de Utrecht buscando el especiero perfecto, ese que complemente mi cocina y la ascienda a niveles nunca vistos. Después de ir a siete tiendas tengo claro que me gastaré ochenta euros en algo que posiblemente se fabrique por uno o dos euros pero que quedará divino de la muerte en mi zona de experimentacióon.

Con mi mejor amigo todo quedó en cincuenta euros de la mejor cerveza que se puede encotrar en Holanda, la Oudaen y en conversaciones difusas de las que ya ni siquera puedo recordar mucho. Parece que la emergencia ya ha pasado y que mañana volverá a amanecer bien temprano y será un nuevo día.

¿Cuántas películas se pueden ver con ciento cuatro euros?

Mi presupuesto para cine en los tres primeros meses del año ha sido de ciento cuatro euros y con ese dinero he visto treinta y ocho películas, lo que da una media de 2.7 euros por película. En realidad el cine es caro en España, en Holanda resulta muy barato cuando tienes el abono ilimitado. Yo pago dieciocho euros al mes y con ese dinero tengo acceso ilimitado a todos los multicines de la cadena Pathé, la mejor y más extendida en el país, con cines nuevos y de excelente calidad. En Amsterdam tengo tres multicines disponibles y uno de ellos está especializado en películas de autor. Si no hubiera visitado España en realidad me habría gastado cincuenta y cuatro euros y habría visto veintiocho películas con ese dinero, lo cual da una media de 1.9 euros por película. Los otros cincuenta euros me los gasté en diez películas que vi en España, a una media de 5 euros por película. Ahí está el problema. El cine es carísimo en España y ya no te cuento si quieres comer o beber algo mientras ves la película. No me extraña que sea el país de la piratería cuando la gente tiene unos salarios miserables y los cines unos precios prohibitivos.

Mi tarjeta de cine ilimitado solo está limitada a comprar las entradas como máximo una hora antes del comienzo de la película y en caso de ver más de una peli en el mismo día (algo que yo hago a menudo), tienen que haber pasado al menos noventa minutos entre el comienzo de ambas. Por lo demás, voy una vez tras otra al cine sin más problemas, compro mis entradas en unas máquinas que hay en el vestíbulo de los cines con lo que no hago cola alguna y después entro en la sala feliz y contento. Prácticamente no veo televisión ya que cuando me apetece una peli, prefiero que sea en una sala con una pantalla enorme y un sonido espectacular.

Esto mismo lo podemos extrapolar a la música o las películas en DVD. Las diferencias de precio son de abuso en España. Cada vez que alguno de mis grupos favoritos saca un nuevo disco, me acerco al centro de Utrecht y pago 9.99 euros. El mismo precio que cuesta descargarla desde el iTunes. Si te esperas unos meses, igual lo compras por 6 o menos, dependiendo del grupo. Con películas y series sucede lo mismo. Recuerdo hace unos meses que por 9.99 te podías comprar la edición de puro lujo María con mil ochocientas treinta y seis horas más de la infame trilogía del julandrillo o los cinco euros que pagué por Kill Bill 1 + 2. Así me compré las dos primeras temporadas de Battlestar Galactica y pronto caerá la tercera.

A este ritmo, el año 2008 será un año de cine en el que por primera vez creo que superaré la legendaria cifra de las CIENTO CINCUENTA

Limpiando la casa o algo parecido

Me pregunto hasta qué punto hemos substituido a la manada con eso que llamamos amigos. Vivimos en un mundo demasiado grande y en el que nos comunicamos con demasiada gente y pese a que esto expande nuestras opciones, puede terminar por aislarnos. En el pasado uno nacía y moría en el mismo lugar y muy probablemente no se alejaría de ese sitio más de unos pocos kilómetros y siempre por razones excepcionales, como una gran celebración o una boda.

Hoy en día ese anclaje geográfico ya no es tan fuerte y no es extraño toparte con gente que deja su país y se mueve a otras tierras. Sueles llegar a tu nuevo hogar ya crecidito, después de pasar el periodo educativo, lo cual también es importante puesto que muchos de los vínculos más fuertes los creamos en esa fase de nuestra vida. Por eso, cuando comienzas a moverte en tu nuevo entorno, lo primero es afianzarte y encajar en esa sociedad, descubrir lo que hacen e imitarlos. Si no lo consigues, si no logras tener buenos amigos y sentirte a gusto, terminarás por volver a tu país y aunque consideres que la experiencia fue satisfactoria, muy dentro de ti sabes que fue tu propia imposibilidad la que determinó el fracaso. La lista de gente que se ha regresado y que conozco es enorme.

Nuestra alta movilidad geográfica nos ayuda a tender puentes entre el mundo que dejamos atrás y el que comenzamos a construir y si todo va bien, terminas integrando los dos lados de ese camino y fusionándolos en algo nuevo y distinto. Las fases para conseguir esto aún no las tengo muy claras, pero tras ocho años trabajando en el tema, siento que he conseguido avanzar bastante.

Mi primer problema al llegar a Holanda fue la dificultad del carácter, esta gente es muy distinta a nosotros y otorgan sus lealtades de una forma más seria que un español. Nosotros tendemos a ser más desprendidos a la hora de señalar amigos y en el momento de la verdad, una gran parte de los que supuestamente tenemos en nuestra lista simplemente no dan la talla. Mi facilidad para evolucionar vino en mi rescate y seis meses después de llegar ya había roto las defensas de alguien. Me sorprendió el esfuerzo que tuve que dedicarle pero aún más me sorprende hoy en día la fortaleza de la amistad, a miles de siglos de distancia de otras que yo siempre supuse inquebrantables. Después de este primer éxito me enquisté en mi propia complacencia y pensé que los demás harían cola pero no fue así. El segundo fue más duro de conseguir que el primero y en el camino aprendí un montón de cosas sobre la cultura holandesa.

Ahora no noto diferencia entre gente de aquí (holandeses) y los de allá (españoles). Tengo un balance bastante equilibrado de amigos en ambos extremos del puente y además de los unos y otros, están los descastados que como yo viven en Holanda. Con ellos siempre es más fácil porque compartimos la experiencia. Lo que no me gusta de estos últimos es que muchos se volverán a sus tierras, regresarán a casa y tú quedas atrás. Después de un par de conexiones se pierde el vínculo y tras unos años no queda nada. Es ley de vida.

Me gusta pararme a revisar lo que he hecho en los últimos seis meses y ver lo que puedo mejorar. Llevo años haciéndolo con la llegada de la primavera y el otoño. Siempre se puede ir a más y si no lo intentamos será únicamente culpa nuestra. Estos días en los que pienso en los amigos, en esa hoja secreta en la que escribimos el balance de nuestro trato y que si llega a un punto de deudas inaceptable acaba con la relación. También hablo con ellos, me intereso por la logística que hay detrás de cada amistad, esas frases que no se dicen, esas preguntas que no se hacen y que conviene tener en cuenta. Lo sé, soy un bicho raro.

¿Ya es primavera?

Tulipanes en la nieve

Tulipanes en la nieve, originally uploaded by sulaco_rm.

¿Ya es primavera? Porque esta mañana, en mi jardín, mis tulipanes estaban cubiertos de nieve y toda esta última semana ha sido la más invernal que hemos tenido hasta ahora, con lluvia, granizo, nieve y viento. El tiempo parece estar más chiflado de lo habitual. En Enero teníamos temperaturas primaverales y en marzo estamos teniendo las invernales.

No soy yo el único confundido con tanto meneo meteorológico. Los gansos que viven frente a mi oficina, en un pequeño lago que hay allí, ya habían pasado por la excitación sexual, los revolcones y las hembras ya con sus nidos preparados se habían puesto a empollar los huevos. Han desistido porque esto no hay quien lo aguante.

Con un tiempo tan raro, he aprovechado este fin de semana largo para descansar, ir al cine, quedar con los amigos en Amsterdam y disfrutar de la sensación de calma que da estar en tu hogar por primera vez en un montón de tiempo. El sábado fui con Waiting y Dani a un restaurante hindú que nos recomendó Inés. Se me hace extraño el comer mientras la nieve caía y nosotros mezclábamos español, inglés y holandés sin orden ni concierto. Estas veladas con los amigos siempre resultan entretenidas y aunque la gente puede que se sorprenda porque nos gritamos unos a otros para acaparar la conversación, hay una onda subyacente de buen rollo. Después de la cena paseamos por la ciudad esquivando borrachos y cruzando por rincones pintorescos en los que las casas, los canales y el agua se alían para crear postales. La ciudad de Amsterdam estaba abarrotada de españoles, por todos lados se oía la lengua de Cervantes y los flashes de las cámaras no paraban de vomitar su luz.

En las próximas semanas haré mi peregrinación anual al Keukenhof, recibiré un montón de visitas y prepararé mis próximas vacaciones, que seguramente serán en los Estados Unidos. También tendré que comenzar a ocuparme del jardín, aunque para eso habrá que esperar que la verdadera primavera se decida y salga de su escondite.