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Paz al atardecer

Kamerik, 06/08/2008

Kamerik, 06/08/2008, originally uploaded by sulaco_rm.

Sentado en el jardín de mi amigo el Rubio, disfrutamos de un atardecer increíble mientras nos bebemos unas Weizener de Hertog Jan, unas cervezas deliciosas en las que predominan los toques de cilantro y piel de naranja. Mientras discutimos los grandes temas de la vida, aprovecho para hacer una foto y probar el iPhone como herramienta para publicar en la bitácora.

Mijn rijbewijs was verloren

Ayer después de trabajar tenía una misión muy especial, algo que comenzó el pasado lunes. Como todas las semanas, llegué al trabajo silbando y tarareando la musiquilla que escucho mientras pedaleo y disfrutaba yendo en camisa de manga corta a trabajar. Una vez en la oficina, subí a mi despacho, metí la mano en mi bolsillo y las dos pequeñas llaves no estaban allí. Las busqué por todos lados, en la mochila, en la mesa, bajo los papeles y no las conseguí encontrar. Con una de esas llaves abro la cajonera en donde guardo mi portátil cuando me voy a casa porque por más que pretendan que me lo lleve, yo paso ampliamente ya que no me pagan las horas extras y yo soy como las putas y solo me motivo con güita de por medio. Tengo escondida una copia en algún lugar del despacho y después de encontrarla, saqué el portátil y lo conecté.

Uno de los primeros correos electrónicos que tenía era de la recepcionista avisando a todos los empleados que se habían encontrado dos llaves pequeñas y en seguida supe que eran las mías. Durante la mañana me acerqué a recogerlas y no le di mayor importancia. Por la tarde, al llegar a casa, miro el correo y veo que tengo una carta del ayuntamiento de Houten. El corazón me dio un vuelco. Aprovechando el buen tiempo he estado paseando un montón con la bicicleta y mis rutas pasan casi siempre por ese municipio así que pensé que a través de místicos procedimientos habían conseguido averiguar que yo soy el que se salta de cuando en cuando algún semáforo en rojo con la bicicleta y a través de programas de reconocimiento facial habían dado conmigo y con mi destino. Temblaba pensando en la que me podía caer encima pese a que cuando lo hice, fue en una carretera desierta y en donde aparte de los mosquitos cojoneros yo era el único ser vivo. Abrí el sobre y me encuentro conque mijn rijbewijs is gevonden, alguien ha encontrado mi carnet de conducir y desde el ayuntamiento me mandan el nombre de la persona, su dirección y sus teléfonos para que me ponga en contacto con ella y pueda recuperar mi carnet.

Respiré aliviado porque los Países Bajos son un país de gente buena, un lugar en el que uno no se encuentra con papeleras quemadas, motoristas que retocan sus motocicletas para incrementar su potencia haciendo un ruido endiablado y contaminen aún más, una tierra en la que cuando alguien se encuentra algo, lo entrega para que lo devuelvan y en donde este tipo de cosas suceden de forma rutinaria y no excepcional. En mi vida en esta tierra he perdido en dos ocasiones mi mochila, olvidada en el tren y en ambos casos ha vuelto a aparecer, prácticamente al momento. Yo ni siquiera me había dado cuenta de la falta de mi carnet cuando me llegó la carta.

Tras esta alegría inicial, un escalofrío me recorrió el cuerpo ya que todos sabemos lo que sucede cuando en el mismo día te notifican que han encontrado dos cosas que se te han perdido. Hay una ley ancestral, que transciende lo humano y nos llega directamente del lado divino que dice que cuando esto sucede, cuando en el mismo día te avisan que han aparecido dos objetos que has perdido, ese mismo día alguien cercano a ti sufrirá algún tipo de acoso. Crucé los dedos y recé para que no fuera así pero pronto supe que cierta Maricona vieja, falsa y rastrera de las que te desean Siempre todo lo peor había vuelto a las andadas y acosado a una amiga. Respiro tranquilo porque en Holanda las alimañas como esa, por más hechicero que pretendan ser, no tienen lugar. Aquí, nos decimos las cosas a la cara y respetamos a los demás. Así que a ese acosador, le digo aquello que ya sabe: Aunque la mierda se vista de seda, mierda se queda.

Ayer, al salir a pasear en bici, pasé por la dirección de Houten que tenía gracias a la carta del ayuntamiento y la señora que encontró mi carnet de conducir me lo devolvió. Estuvimos charlando un rato y después de agradecérselo infinitamente, seguí mi ruta, cruzando uno de los múltiples ramales en los que se divide el río Rin al llegar a Holanda por Schalkwijkeseweg y volviendo a cruzarlo por Beusichemseweg para acercarme a Werkhoven, un pequeño pueblo que parece sacado de un cuento, con sus dos iglesias, su molino de viento y esas casas preciosas con unos jardines de ensueño. Me paré en ese lugar para tomar agua y mirar el mapa de rutas de bicicleta que siempre llevo conmigo cuando salgo a pasear y una ciclista se detuvo a mi lado para ofrecerme ayuda y orientarme en mi camino. Ella me volvió a recordar que éste es un País de gente buena. Recorrimos juntos gran parte del camino de vuelta, pasando junto a granjas en las que se vendían frambuesas frescas, vacas que ganduleaban tiradas en el césped y un montón de chiquillos que se bañaban en un pequeño lago. Más de dos horas después de haber salido de mi casa volví cansado pero contento, tanto por haber recuperado mi carnet como por haber disfrutado de una ruta fantástica con la bici.

La primera semana con el iPhone

mi iPhone blanco

Mi iPhone blanco, originally uploaded by sulaco_rm.

Después de una semana completa como propietario de una maravilla tecnológica va siendo hora de comentar un poco mis primeras impresiones.

Solo hay una forma de comenzar alabando el iPhone y es con iTunes. Tras más de cuatro años usando iTunes, no concibo como pude vivir con aplicaciones complicadas y que me forzaban a perder horas en tareas de mantenimiento con mi música. Posiblemente la primera de las grandes decisiones informáticas que he tomado en mi vida fue permitir a iTunes tomar control de mi música. Después vinieron los podcasts, los audiobooks y ahora el iPhone.

Esta mañana, cuando veía a un compañero maldiciendo y frustrarse porque no conseguía sincronizar su teléfono Sony Ericsson con su agenda a través del software que usa me di cuenta de lo afortunado que soy. Desde el primer segundo iTunes puso todos mis contactos, mis tres calendarios, configuró mi correo usando mi cuenta personal e importó mis favoritos en el teléfono automáticamente, toda la información que necesitaba, todo aquello que uso diariamente y además lo mantiene al día sin que yo me haya de preocupar por el cómo, el cuándo o el por qué. Aunque suene pedante, soy un usuario, no necesito perder mi precioso tiempo en configurar cosas, en averiguar como crackear esto o aquello o en aprender complicados trucos para hacer las cosas que quiero.

Una vez cruzas el umbral de iTunes y tienes en tus manos el iPhone, todo llega de forma natural. No viene con un complicado manual de instrucciones, en realidad, no trae manual de instrucciones alguno porque no hace falta. Lo puedes usar intuitivamente desde el primer instante y en un par de minutos eres un experto. Tienes un teléfono, con sus funciones habituales y que funciona perfectamente. Para probarlo hicimos la legendaria prueba de Hollandse Rading. Todas las mañanas, cuando voy en el tren desde Utrecht hasta Hilversum paso por este lugar, un poblacho en el medio de un enorme bosque, un sitio tan hermoso que se te saltan las lágrimas si tienes el privilegio de visitarlo y lugar famoso porque la cobertura telefónica apesta ya que no dejan poner antenas. Mi Samsung D500 nunca superó la prueba y perdía las llamadas al cruzar Hollandse Rading en tren y lo mismo le sucedía a mi MDA Vario y mi Sony Ericsson k800i. El iPhone superó la prueba Hollandse Rading sin problemas, la comunicación no se perdió y ni siquiera hubo una pérdida significativa de calidad. La integración del teléfono con la agenda es sencillamente increíble. Mandar mensajes, llamar a la gente o escribir un correo es algo sencillo y rápido. A ello ayuda el mágico teclado que aparece en pantalla y que funciona mucho mejor de lo que esperaba, particularmente después de haber sufrido durante dos años con las diminutas teclas del MDA Vario y haber sudado tinta intentando escribir algo decente con el mismo.

El acceso al correo es eficiente y rápido. Te mueves entre las diferentes vistas de tu correo sin problemas, se sincroniza con mi cuenta en GMail automáticamente, puedo preparar y enviar mensajes rápidamente y tras configurar en el teléfono los idiomas holandés, español e inglés, salto de uno a otro en milésimas de segundo y el teléfono siempre está ahí, preparado para servirte. Comparando de nuevo con mis otros teléfonos, ninguno de ellos ha tenido jamás el idioma español instalado y únicamente he podido usarlos en holandés e inglés. El programa de correo hasta te muestra los mensajes en formato HTML, algo que me parece mágico después de dos años de Internet a través del teléfono y de no poder ver correctamente esos mensajes.

Yo quiero el teléfono para dos cosas. La primera es para escuchar mi música y en este aspecto el iPhone sobresale. el iPod que lleva dentro es una maravilla, una gran evolución desde el iPod mini que tengo desde hace más de cuatro años. Pensé que echaría de menos la rueda del iPod pero no ha sido así. Hay muy poco que se pueda decir sobre los iPods, son cuasi-perfectos. Me fascina el poder configurar el menú del iPod y poner aquello que uso más a menudo.

Lo otro para lo que yo uso el teléfono es para navegar por Internet, ya sea en el tren, en el trabajo, en mi casa, en la calle, usando mi conexión telefónica o las redes Wifi. El teléfono Sony Ericsson k800i no tenía Wifi y recibía un aprobado en lo referente a Internet. Su navegador es un poco cutre y aunque me descargué el Opera mini, prácticamente no lo he usado porque el teléfono no permite añadir atajos hacia las aplicaciones y para ejecutar el Opera mini tenía que navegar un par de menús, algo que nos recuerda que no todos son capaces de diseñar una buena interfaz de usuario. Una vez entrabas en el navegador, el que traía el teléfono integrado era prácticamente inútil con pa´ginas que no estuvieran preparadas para dispositivos móviles y el del Opera tiene una interfaz rarísima para navegar, supongo que pensada para los cejijuntos que siempre quieren tener mil opciones configurables. En el iPhone todo es distinto, el navegador no tiene igual. Safari en un iPhone es una auténtica gozada, con tus dedos amplias y navegas por las páginas sin problemas y las ves en toda su gloria. Tienes todos tus favoritos importados de tu ordenador y han añadido una opción increíble con la que puedes añadir los sitios web que visitas directamente al menú principal del iPhone como botones y así cuando quieres ir a alguno, pulsas el botón correspondiente y se abre en Safari. Sencillamente genial. El Wifi tiene una potencia bárbara y se conecta sin problemas, nada que ver con el poco menos que inútil Wifi de mi MDA Vario, con el cual jamás he conseguido engancharme a una red a menos que esté a cinco metros del router. Ahora puedo subir a la planta alta de mi casa y seguir conectado vía Wifi y esto, que parece simplón y sencillo, no lo podía hacer con el otro teléfono.

Del resto de aplicaciones, el Calendario se sincroniza perfectamente con mis calendarios de Google Calendar y me permite verlo con la sencillez y elegancia a la que están acostumbrados los usuarios de iCal. Puedo llevar un montón de Fotos conmigo y enseñarlas usando esa interfaz inigualable que hace babear a la gente cuando ven las fotos. La Cámara produce imágenes cutrillas con sus dos megapixels, aunque si lo comparamos con la calidad de la cámara Cybershot de mi Sony Ericsson k800i de tres megapixels, las fotos son de la misma calidad. El sistema de Mapas está genial, te ubica en seguida y puedes montarte una ruta usando Google Maps con facilidad, muy práctico cuando voy en bicicleta por los alrededores de Utrecht y me pierdo, lo cual sucede a menudo. Esto será totalmente inútil cuando viajas al extranjero por culpa del Roaming, pero bueno, uno se pasa la mayor parte del tiempo en este país. Del resto de aplicaciones que vienen instaladas, he descubierto que puedo pasar un buen rato viendo vídeos en Youtube a través del teléfono, particularmente todos los episodios de la última temporada de Que Vida más Triste. El Tiempo es otra de esas pequeñas aplicaciones muy útiles.

En general, el teléfono ha sobrepasado todas mis expectativas, es una máquina increíble, potente, bien diseñada y fácil de usar. Cuando lo tienes en las manos da una sensación de solidez que no tienen otros teléfonos y la pantalla es una delicia, por su tamaño y por la calidad de la imagen y los colores. La pila aguanta un montón, mucho más que la de mi Sony Ericsson, el cual, con mi uso habitual de Internet y juegos, tenía que recargar cada día. Las aplicaciones gratuitas disponibles en iTunes son legión, hay cientos y algunas son geniales. Me he enganchado a un par de juegos y tengo algunas otras muy útiles como el editor para poder escribir en mi blog directamente desde el iPhone o un programa para comprobar el mapa de nubes por radar en Holanda que es obligatorio cuando vas a todos lados en bicicleta y puede llover en cualquier momento.

Resumiendo, he logrado juntar el iPod, el teléfono, el GPS e Internet en un solo dispositivo que puedo llevar conmigo a todos lados y que funciona maravillosamente. No creo que se pueda pedir mucho más.

¡Ay que calor!

Con treinta grados en la calle y veintisiete dentro de la casa, te cagas en la puta madre que parió al cabrón que diseñó estas viviendas para mantener la temperatura a cualquier precio. Esto es un infierno del que no podemos escapar. Me paso el día tirado, añorando esas noches de Julio con catorce grados, ese fresquito que todo el mundo denostaba y que ahora se me antoja maravilloso. Espero que esto pase pronto o terminaré comprando una máquina de aire acondicionado y destrozando la fantástica línea de control del gasto energético en mi casa, que ha vuelto a batir un nuevo récord y durante los próximos doce meses tendrá una huella de sesenta y nueve euros mensuales entre gas y electricidad. Mi casa es la mejor de todo el barrio y no ha habido que sacrificar la calidad de vida, solo cambiar las bombillas, optimizar el uso de la calefacción a los momentos en los que estoy en casa y tener un montón de electrodomésticos de bajo consumo energético. Según la compañía eléctrica, ahorro un sesenta por ciento comparado con la media del consumo en mi código postal. El lado negativo es que ya no hay nada que pueda optimizar, así que imagino que a partir de ahora volverá a subir poco a poco. Cuando la compré, en el año 2005, el consumo era de noventa euros al mes así que el descenso es significativo.

Con este calor infernal, el menú para la semana va a constar de Gazpacho asado y Tortilla de papas con cebolla. Ambos están preparados y en la nevera para que adquieran la temperatura adecuada. Los acompañaré con Wieckse Witte, una cerveza de trigo o witbier deliciosa y perfecta para los días calurosos y a la que se añade un trozo de limón que se aplasta con un utensilio especial para añadir un toque ácido. Mientras paladeas la cerveza y regodeas la vista en el jardín, seguro que se me ocurren un montón de historias que a menos que el calor afloje no pienso escribir.

Y así, sin más, me vuelvo a poner en modo PAUSA para no incrementar la disipación de energía y sudar.

El ritmo de la vida …

Cuando volví de mis vacaciones en Gran Canaria, mi jefa se había ido de vacaciones y yo me quedé a cargo del barco. Históricamente los meses de Julio y Agosto en mi empresa son de paz y gloria pero esta vez alguien debe haber repartido Red Bulls porque la gente parece que tiene alas y no precisamente en las compresas. Yo soy un pachorriento y me gusta trabajar un veinte por ciento de mi tiempo para así disfrutar del otro ochenta por ciento expandiendo y asentando mi red de información y conocimiento, la cual a su vez uso para maximizar el veinte por ciento de trabajo y que se convierta en un doscientos cincuenta por ciento si lo comparamos con otras personas que trabajan conmigo.

Al estar solo, a mis reuniones tuve que añadir las de mi jefa. Nosotros lo que hacemos se puede definir como introducción de productos, concepto vago y extenso en lo que cabe de todo. Yo llevo el mercado empresarial, que es la forma de denominar las grandes cuentas y ella se encarga de los productos para pequeña y mediana empresa. Como nuestras áreas están bien definidas, normalmente yo no trato con la gente que acude a sus reuniones y viceversa. Mi método de trabajo ha sido perfeccionado a lo largo de los años y es sencillamente maravilloso, como todo el mundo reconoce. En mi primera reunión, con un montón de gente que supuestamente estaba de vacaciones y vinieron porque la mierda los cubría hasta el cuello y tenían que dejarlo todo atado y bien atado y yo me veo repartiendo marrones a directores, gerentes y demás. Una hora y media más tarde, diecisiete puntos y un montón de gente con tareas asignadas. Siete días más tarde, las montañas enormes que no podíamos escalar se habían convertido en suaves laderas y logramos lo imposible, sacar adelante algo que ha estado cocinándose durante año y medio.

Cuando volvió mi jefa me la encontré algo preocupada. Al parecer había ido al médico y el veredicto fue claro: o afloja el paso y se relaja o revienta como un volador. Yo y mi compañera tortillera habíamos hecho apuestas y calculábamos que esto sucedería alrededor de noviembre así que la cosa se ha adelantado. Cuando la mujer se enteró que habíamos lanzado el producto, se le reviraron las uñas negras de los pies de tanto que alucinó. Al día siguiente, me pide que me encargue yo de la reunión y ella asiste como observadora. La gente llega a su hora, todos de buen rollito, con ganas de trabajar y aquello funcionó suave y rapidito gracias a mi vaselina. Un rato más tarde la mujer me daba las gracias, me pedía que me marchara a casa antes y junto con uno de nuestros vicepresidentes me asignaron también la pequeña y mediana empresa.

He reagrupado el trabajo, optimizado los flujos de información entre los miembros del equipo y en una semana hemos pasado de ciento ochenta minutos para reuniones semanales a cien. Y aún no he repartido Magdalenas del carajo.

La lección que he aprendido de esto es que mis límites están en donde yo los pongo, lo siento por la gente negativa que solo ve barreras ya que de esa forma no consiguen nada, hay que observar, estudiar y hacer pequeños ajustes en aquello que está a tu alrededor. No intentes volver a inventar la rueda, no sirve de nada. Mejor le pones algo de aceite en los cojinetes para que gire mejor y más rápido.

Este miércoles mi jefa, con su nueva paz interior, nos invitó a su caserón para un asadero. Cuando llegamos su marido casi me abraza y me besa para agradecerme lo que he hecho también por ellos. Odio ese tipo de eventos con compañeros de trabajo con los que normalmente no tratas porque la gente acaba hablando de las cosas de la oficina y me aburro. Mientras ellos se contaban las anécdotas que han vivido todos juntos una y otra vez, yo me fui con el marido a dar un paseo en su yate por los canales que hay en la zona en la que vive, un sitio con casoplones de kilo y medio de euros y en donde todos parecen bellas personas. El día se prestaba ya que a la buena temperatura se unió un sol perfecto y una falta completa de viento. Acabamos cerca de la medianoche.

Ayer me tiré en mi césped a escuchar un audiobook y acabé haciendo una siesta de dos horas al sol. Fue perfecto. Hoy, pese a haber llegado al trabajo a las nueve y media, la mujer nos dijo que nos marcháramos a las tres y lo que hice fue irme a pasear en bici, con La Poderosa. Me perdí por la campiña al sureste de Utrecht, una ruta llena de castillos e inmensos campos de maíz y manzaneros. En las granjas había puestos en los que te vendían fresas, frambuesas, cerezas, arándanos y todo tipo de frutas frescas.

Crucé dos veces el ramal del río Rin que pasa por esta zona a través de dos puentes distintos, parándome a ver pasar esos enormes cargueros y barcos cruceros que subirán hasta Suiza y Austria usando el río como autopista. Estaba allí, en medio del puente, sobre el río Rin, la mayor arteria de Europa, admirando unas vistas dignas de una postal cuando aproveché para agradecer a mi ángel de la guarda todo su trabajo, por regalarme estos momentos increíbles, por haber tomado mi mano y haberme llevado hacia Holanda, descubrirme un mundo tan hermoso y enseñarme a disfrutar del mismo. Estos pequeños momentos son los que nos alegran el día, ver un río desde lo alto, cruzar un campo de millo y pararte a tocar las plantas con la palma de tus manos, acariciar un manzanero y oler el delicioso aroma de las manzanas, comer moras directamente del arbusto y ver a las vacas paciendo tranquilamente en los inmensos campos de hierba que nos rodean. Mentiría si no reconociera que soy feliz y mañana, pese a la lluvia que está anunciada, me espera un fin de semana fantástico.

Mi Jesus iPhone

Hace once días se comenzó a vender el iPhone 3G en casi todo el mundo. Esa mañana, cuando bajé del tren en Hilversum, me acerqué a la tienda T-Mobile del centro de la ciudad pero había una cola como las del paro en España y pasé de perder la mañana para no conseguir nada. Tenía clarísimo que quería comprarme uno pero no estaba dispuesto a perder un par de horas para que me dijeran que se había agotado.

A la hora del almuerzo me acerqué de nuevo al centro y la tienda estaba vacía. Después de hablar por teléfono con mi amigo Dani y cuando éste me comentó que podía reservarlo, entré en la tienda e hice la reserva para uno blanco de 16 Gigas. Mi contrato con T-Mobile acababa el 6 de Agosto y ya había decidido cancelarlo porque siempre supuse que lo vendería alguno de los otros operadores así que al saber que ellos eran los elegidos, opté por reengancharme.

Pasaron los días y las horas y los minutos y yo seguía rezando y rezando para que llegara esa llamada tan deseada. Mi teléfono hasta hoy es un Sony Ericsson k800i en el cual tengo limitadas las llamadas entrantes a 9 números porque continuamente me llaman desde call centers para ofrecerme todo tipo de productos que no deseo. La culpa la tienen los cabrones de las Páginas Blancas holandesas que tuvieron mi número con todos mis datos durante años sin que yo lo supiera. Cuando me enteré me costó un montón de intentos que suprimieran mi información pero el daño ya estaba hecho. En estos once días he tenido que responder a esas llamadas esperando que llegara mi hora.

Esta tarde sobre las dos y media solucionaba la decimonovena crisis en mi trabajo. Mi jefa sudaba tinta china con la de marrones que nos caían y que yo, diligentemente, recibo y reenvío en la dirección correcta. En las últimas tres semanas he demostrado sobradamente el por qué me pagan un sueldazo. Cuando sonó el teléfono, hice callar a todos los que estaban en mi despacho pidiendo milagros y respondí la llamada. Cuando desde el otro lado me dijeron que mi iPhone había llegado a la tienda me temblaron las piernas y supe que había recibido la llamada, que el mismo Espíritu Santo me había bendecido y reposeido.

A las tres mi jefa me dijo que me pirara a casa porque ya había hecho más que suficiente. No le hice mucho caso y me quedé de tertulia con los colegas, esperando una hora más, para asimilar esta bendición tan grande que el mismísimo Dios de los cristianos me había enviado.

A lomos de La Dolorsi me acerqué a la tienda y cuando llegaba ya perdí la compostura y me eché a correr. En la puerta me topé con una orca de esas moras tapada desde los pies hasta el cabezón pasando por la pipa del coño y la aparté mientras gritaba es míiiiiiioooo, es míiiiiiiiiio y me lancé directo al empleado más cercano. Había otros tres clientes que estaban tan alterados como yo así que supuse certeramente que ellos también habían recibido la llamada y esperaban, igual que yo, para tener en sus manos su Jesus iPhone.

El trámite fue muy rápido. Firmé el nuevo contrato, me dieron mi tesssssssooooro y una bolsa preciosa que guardaré hasta el final de los días y salí de la tienda abrazando la bolsa para que no se me perdiera. Conseguí controlarme lo suficiente para abrir la caja solo durante algo menos de un minuto y mirar el teléfono. Cuando llegué a mi casa me topé con mi vecino y aunque me moría por mandarlo al infierno y entrar, me paré a saludarlo e incluso le regalé una botella de vino y un queso canario como pago por sus servicios, ya que la semana pasada me arregló un par de cosas en el jardín y además se encarga de mantener mi casa con apariencia de habitada cuando yo estoy de vacaciones.

Una vez cumplido el tramite social, entré, corrí a coger la cámara de fotos y abrí la caja.

sacando el iPhone de su caja

Sacando el iPhone de su caja, originally uploaded by sulaco_rm.

Casi lloro de la emoción. Corrí a encender mi Mac mini y lo conecté. Lo que sucedió a continuación es el mayor milagro de la historia del universo. Culminé el proceso de activación y mi nuevo y flamante iPhone se conectó con mi iTunes. En unos minutos, mis contactos de google, mi agenda, mi correo, mi música, mis Podcasts y mis audiobooks estaban sincronizados. Todo esto sucedió sin tener que leer un complejo manual, sin rascarme la cabeza pensando en lo que había hecho mal, sin extrañas preguntas y momentos de frustración. Esta es la magia de Apple, aquello por lo que pagamos. Las cosas funcionan, así de sencillo. El iPhone detectó la red Wifi de mi casa, me preguntó la contraseña y se conectó. Así de simple, así de sencillo.

mi iPhone blanco

Mi iPhone blanco, originally uploaded by sulaco_rm.

Ya hablaré otro día de las prestaciones y demás. Por ahora, tras un par de horas de uso, le da mil vueltas a mi Sony Ericsson k800i, a mi MDA Vario y a cualquier otro teléfono que haya tenido. Es además el primero que no viene con un manual de quinientas páginas porque todo se hace de forma natural.

La primera llamada fue al teléfono de atención al cliente de T-Mobile. Pedí que me cambiaran el número y en la lotería de la vida me tocó uno lleno de seises, tantos como cinco, que como ya me ha indicado un colega, parece el número de un pariente del Maligno. Nada más terminar la conversación mandé un correo a la tropa holandesa avisándolos del cambio de número y diez segundos más tarde, mi amigo el Rubio tenía el honor de ser la primera persona que hablaba conmigo usándolo. Fue además la primera llamada iPhone a iPhone 3G de la historia de nuestra amistad.

En mi casa, ahora más que nunca, reina la manzana, con un iPod mini, un iBook G4, un Mac mini y un iPhone. Si tienes la pasta o la oportunidad, no dudes ni un solo instante y no hagas caso de los comemierdas envidiosos que te aconsejan lo contrario. C-Ó-M-P-R-A-L-O

El peque de la casa también es manzano

La decisión más acertada de mi vida tecnológica fue cuando en el año 2004 me compré un iPod mini. Según lo saqué de su caja y lo comencé a usar descubrí que la tecnología y el diseño podían ir unidos a la simplicidad. Mi iPod mini, acompañado de iTunes se convirtió en el artilugio más usado de todos los que he tenido y aún hoy, en sus últimas semanas, antes de ser reemplazado por la máquina más increíble que pueda tener uno en sus manos en la actualidad sigue dando todo lo que le pido y mucho más. Gracias a mi iPod mini se despertó mi curiosidad por apple y sus productos. En el año 2005, en el mismo mes que firmé la hipoteca y me mudé llegó a mi casa procedente de los Estados Unidos mi iBook G4, el mejor ordenador que he tenido en mi vida, un portátil que abrió todo un universo nuevo e increíble en el que aún sigo. Atrás quedaron las horas de frustraciones, de reinstalaciones, de hacer el primo arreglando los ordenadores de fulanito y menganita porque la mierda de güindous se ha convertido en un monstruo putrefacto que amarga la vida de sus usuarios y de aquellos que saben un poquito sobre el mismo. Mi iBook ha sido durante todo este tiempo la puerta a Internet, la puerta a mi bitácora gracias al mejor programa para publicar en blogs que existe y en todos y cada uno de los rincones en que la informática nos es útil, mi iBook sobresalía y destacaba. Tras un tiempo el antiguo PC que tenía en mi casa con güindous equispe migró hacia Ubuntu y se convirtió en el servidor en que almacenaba mis fotos, documentos y demás. En mi casa todo funcionaba sin necesidad de eso que algunos comemierda os insisten que es lo mejor, lo imprescindible y en donde tenéis mil millones de opciones que yo seguramente no tengo pero que no os hacen la vida más fácil.

Mac mini-1

Aprovechando mi visita a Nueva York decidí reemplazar la vieja máquina Ubuntu por algo más actual. Para mí la opción estaba clara. Había llegado la hora de mi Mac mini el cual está en la foto anterior tal como apareció cuando llegó a Utrecht y salió por primera vez a la luz del día en Europa. No solo es una preciosidad, es un potro increíble que en un espacio minúsculo encierra todo lo que necesito y mucho más. En el futuro, cuando substituya la tele por algo más propio del siglo XXI se mudará junto a ella para convertirse en el centro del entretenimiento de mi casa.

Mac mini-2

Por ahora se conforma con ocupar el dormitorio de invitados y compenetrarse perfectamente con el iBook. Desde el año 2005 desconozco el significado de la palabra virus, no tengo ningún tipo de programa para protegerme porque no los necesito, mis ordenadores están a mi servicio y no yo al de ellos y si hay algo que lamento es no haber migrado a apple y sus fantásticos productos unos años antes.

I don’t do weddings

La traducción pachanguera del título de hoy es que no voy a bodas aunque soy consciente que no es muy literal. Esta frase es mi respuesta a mis amigos holandeses, alemanes, americanos, británicos, turcos, australianos y todos aquellos con los que me comunico en inglés cuando llega el fatídico día en el que me invitan a su boda. Tampoco suelo ir a cumpleaños o como diría en inglés: I don’t do birthdays. Este año ya he declinado dos invitaciones de boda y tres de fiestas de cumpleaños. No es nada personal y aquellos que me invitan saben que la probabilidad de mi ausencia en sus fiestas es diez veces mayor que la de mi presencia. También conocen mis razones para no acudir a esos eventos y las respetan.

Si fuera psicólogo o parapsicólogo argentino seguro que tendría unas explicaciones increíbles sobre el tema en las que se mezclarían traumas con los biberones en mi más tierna infancia, el tamaño de las tetas de mi profesora de preescolar y aquellas uñas negras que tenía el conductor del micro que me llevaba al colegio y que siempre me hizo sospechar que aquel hombre era un Orco camuflado entre los nuestros, esperando el momento para llevarse la guagua y despeñarla por un monte. Igual hasta lograba convencerme y aceptaba el tratamiento a base de leche entera y el visionado completo de la infausta y tediosa trilogía del Señor de los Mongolos.

Si ese profesional del diván me pregunta a mí, le diría que la razón para no acudir a estos eventos está en mi aproximación al tema de la amistad. Tal y como yo lo veo, aquellos que tienen amigos se dividen en dos grupos: Uno muy numeroso en el que tus amistades están en el entorno de una banda, es decir, tu ecosistema social se limita a un grupo en el que satisfaces todas tus necesidades gregarias y con el que continúas toda tu vida y los otros somos los que elegimos nuestros amigos en lugares distintos, pertenecientes a diferentes grupos, sin contacto entre ellos. Nuestras necesidades también quedan satisfechas pero no se puede decir que pertenezcamos al clan. Saltamos de persona en persona. Supongo que a todo el mundo le pasará lo mismo que a mí. Yo la primera vez que conozco a alguien, ya sé con una certeza casi plena si esa persona tiene alguna posibilidad de llegar a entrar en mi círculo de confianza. La amistad tardará en ser reconocida pero en esa primera conversación, en ese primer contacto, se tiran los dados y si no me gusta el resultado en lo que a mí respecta ya no habrá continuidad alguna.

Y no me ha ido nada mal. Tengo un elenco de amigos increíble, una gente maravillosa que se reparte por el planeta. Lo más parecido a una banda está en Gran Canaria, en donde vive el núcleo de amigos con los que crecí. El tiempo y mi mal carácter nos ha llevado por mares revueltos pero siempre volvemos a tropezar y en los últimos tiempos hasta congeniamos, algo en lo que tiene mucho que ver el suavizamiento de mi legendario mal carácter y mi infinito carisma que los hace desechar los posibles reparos.

En los Países Bajos he hecho un montón de amigos, tanto neerlandeses como extranjeros que viven aquí. A veces hay gente que cuenta lo difícil que es llegar a tratar con los holandeses y yo disiento porque en estos años, voy sobradísimo de buenos amigos. Mi mejor amigo es holandés. Es como un hermano y aún así no fui a su boda porque I don’t do weddings. Conozco a sus padres, la familia de su esposa, prácticamente a todos sus amigos pero decliné la invitación en su momento, algo que todavía me reprocha. Lo mismo sucedió con el Turco, el cual a día de hoy todavía sigue rebotado conmigo por no haber ido a Estambul para su boda. La lista de damnificados por mi ausencia de sus bodas es bien larga. Y seguirá creciendo con el tiempo.

No pongo ningún impedimento a la hora de ver a mis amigos y pasar un rato juntos, ir al cine, a cenar, a pasear por el monte o tumbarnos en la playa. Forma parte de la amistad, del vínculo que hay entre ambos. La semana pasada tuve cinco de esas reuniones y esta semana no pinta mucho mejor. Ando siempre recibiendo invitaciones para ir a cenar o al cine o a hacer fotos al campo de ranas que viven en árboles, de círculos de setas o de tulipanes. Hoy puedo estar sentado en una terraza con algún amigo cenando y mañana en el cine con otro y dos días más tarde tirado en el suelo sobre una bolsa de basura enorme mientras hago fotos con un tercero. Cuido con mimo esos momentos de calidad que paso con los amigos porque para mí eso es la amistad. Ir a una boda y pasarme un montón de horas rodeado de gente que no me interesa lo más mínimo y con las que siento que estoy perdiendo el tiempo no forma parte de mi idea de la amistad, no hay ningún valor añadido a mi presencia en el lugar y por más que sea sociable, me aburro de repetir las mismas conversaciones casuales y estereotipadas en esos eventos. Ya no tengo paciencia. Prefiero atacar el problema de raíz y evitar los malentendidos: I don’t do weddings

Dime tú

A veces pasa que empiezas a escribir algo que crees tener muy elaborado en tu cabeza y se queda atascado a la hora de salir o cuando lo hace, no tiene la textura y la consistencia que había imaginado. Más o menos eso es lo que me ha sucedido hoy. Todo comenzó bien pero se torció a medio camino. Lo he dejado guardado para ver si se puede apañar y reutilizar otro día.

Estos gatillazos pasan de cuando en cuando. Hace falta algo de esfuerzo para actualizar diariamente y contar algo que tenga un mínimo de calidad y si sales a cenar con amigos y conocidos casi todos los días, llega un momento en el que te pilla el toro. La culpa de lo de hoy la tiene mi jardín. Me he pasado dos horas y media quitando malas hierbas, cortando el césped, podando árboles y arbustos y asegurándome que todas y cada una de las plantas tiene lo que necesita. Lo tendría que haber hecho hace una semana pero los únicos días que estuve en mi casa la semana pasada fueron el jueves y el domingo y en el primero llovió y en el segundo estaba tan cansado que me pasé el día tirado dormitando y sin ganas de nada.

Todos y cada uno de nuestros días sucede algo extraordinario, algo especial que merece recordarse y sobre lo que se puede escribir. Esa es la base sobre la que construyo distorsiones. Elaboro una historia a partir de ese momento especial o me limito a relatarlo. Hoy podría haber sido algo sobre El chino ya que hablé con él y me dio muy buen material. Podría haber sido sobre la amistad, o sobre los dos cumpleaños a los que no he ido o las dos bodas a las que me han invitado y a las que no iré.

Así que hoy os cedo el testigo y podéis dejar una buena historia en los comentarios, compartir ese momento que marcó la diferencia durante el día, esa imagen que se grabó en vuestras retinas o ese pensamiento absurdo que no le contarías a nadie.