Archive for the 'Otros mundos' Category

Mi pequeño Keukenhof

Tulipanes en el jardín

A finales de octubre planté unos ciento cincuenta bulbos de tulipanes en mi jardín para tener mi propio Keukenhof en casa. Me sirve también para saber cuando ha llegado la hora de visitar el parque puesto que mis tulipanes no engañan, si ellos están abiertos, sus hermanos también. Este fin de semana gracias al buen tiempo ha habido una gran actividad en mi jardín y los resultados están a la vista.

La elegancia de los tulipanes

Ha llegado la hora de ir al Keukenhof en este 2008 y seguir incrementando mi colección de miles de fotos de tulipanes con unos cientos más. Nunca se tienen bastantes. Los tulipanes son las flores más hermosas, crecen en el frío invierno y despliegan sus vivos colores y hacen alarde de su hermosura en el mismo momento en el que la temperatura comienza a subir. Son los heraldos de la primavera y como tales han de ser respetados.

Flores

No están solos. Me gusta acompañarlos con otras flores para que entre todas le den algo de color al jardín y lo pinten como si de un cuadro se tratara.

Universos misteriosos

Y por supuesto, uso y abuso de los objetivos de mi cámara para ir tan cerca como puedo y abrir una ventana hacia esos universos diminutos de tan corta duración ya que cuando el tulipán se marchita y se le caen las hojas, ellos desaparecen.

Tulipán a punto de abrirse

A veces la belleza puede parecer pero no os preocupéis que no lo es, los tulipanes que pronto se marcharán volverán el año que viene, anunciando de nuevo la primavera y acompañados por cien o doscientos más que plantaré para que les hagan compañía.

Mundos mágicos

Alea jacta est

Aquellos que leen esta bitácora con cierta regularidad y llevan siguiendo mi vida durante un tiempo saben que además de mirarme el ombligo con autocomplacencia me gusta escribir relatos y boberías que se me ocurren sin ton ni son y que ejercitan mi maltrecho dominio del idioma. Para algunos de esos lectores puede que las últimas anotaciones hayan sido diferentes y quizás hayan percibido la sutil carga agresiva que había en todas y cada una de ellas. Llevamos ya varios días con una trama secundaria que ha manchado puntos del Hembrario (ver aquí), la vida y milagros del chino (ver aquí), y las categorías de Desvaríos y Relatos (ver aquí y aquí). Hoy me gustaría explicar un poco mi motivación para haber realizado este despliegue.

Hace no mucho hablé de los ciclos y de como comienzan y acaban continuamente. Es un proceso natural. Estoy conociendo gente nueva prácticamente a diario y muchos de ellos cruzan diferentes fases y si cuaja es posible que lleguemos a ser amigos. Uno de esos ciclos fue con alguien que leía y comentaba en la bitácora. Pese a la distancia geográfica, llegó a concretarse en un par de encuentros en persona. La primera vez no fueron más de dos horas y media y la segunda dos días. Después de ese segundo cruce quedó bastante claro para mí que nuestros caminos iban por sendas distintas y algunos sucesos que vinieron a continuación terminaron de definir la balanza hacia el lado que concluye el ciclo. Hay cosas que no tolero y la manipulación, el chantaje, la presión y el abuso están en ese grupo y en este caso se veía claro que lo mejor era poner tierra de por medio. Traté de explicarlo de forma sutil y correcta pero algunos no escuchan más que su propio vozarrón ya que parece que están dando alaridos continuamente. En cualquier caso, el ciclo terminó y fue de una forma bastante drástica. Esa persona siguió sin darse por aludida y continuó acosando y para que quede bien claro de lo que estoy hablando, me refiero a perseguir, apremiar e importunar a alguien con molestias o requerimientos. Bloqueé su correo y como jamás tuvo acceso a mi teléfono no hubo más problemas e incluso en el hipotético caso de poseer mi número, el filtro de mi teléfono solo permite que nueve personas me puedan contactar directamente y el resto han de dejar sus mensajes en mi buzón de voz, el cual raramente escucho.

El tiempo pasó, llegó la época navideña y el susodicho individuo continuó con su acoso. Visto que no le daba resultados, cambió la estrategia y trató de usar a una amiga mía para hacerme llegar sus mensajes. No funcionó y cuando ella le devolvió su recado ya que así se lo pedí, la acusó de interponerse y conspirar para romper la relación, la misma que ya no existía. Aquí me vuelvo a parar porque quiero que comprendáis que cuando hablo de acusar estoy concretamente refiriéndome a imputar a alguien algún delito, culpa, vicio o cualquier cosa vituperable. Comenzó de esa forma a acosarla a ella también porque la acusaba de ser la causante de algo que nunca se supo qué fue. Su acoso fue continuado durante un prolongado periodo de tiempo, con insultos, llamadas, correos, mensajes y todo tipo de triquiñuelas que no cesaban pese a ser requerido para ello. Su actitud fue vil y rastrera, propia de un delincuente o un mamarracho hijo de mala perra.

Todo esto lo adornaba de falacias, que no son otra cosa que engaños, fraudes o mentiras con los que se intenta dañar a alguien, aunque también podemos verlas como hábito de emplear falsedades en daño ajeno. Tremenda alimaña no se cansaba y continuaba incesante su acoso a una persona que no tenía por qué recibir ese tratamiento y ya no lo intentaba conmigo o al menos yo no era consciente de ello ya que los filtros en mi correo funcionan perfectamente y toda la mierda que no me interesa es borrada nada más recibirla.

En un momento determinado y cuando ya se le había dado un ultimátum final, volvió a manipular y retorcerlo todo contando falacias y presentándose como la víctima de un complot para dañarlo a él, o a ella porque se cambió el sexo, la cara, la edad y todo lo que se podía cambiar y se presentó como una tierna y delicada joven que sufría por lo que los demás le hacían. Aunque despreciable en el fondo y en la forma, ya ni me preocupaba porque lo importante era que estaba fuera de nuestras vidas o así creíamos. Esta semana volvió a dar señales de vida haciéndose la dulce bestia que actúa como si nada ha sucedido y eso desencadenó la sucesión de anotaciones que han precedido a esta.

Aleja jacta est o Alea iacta est es una frase que usamos cuando queremos especificar claramente que hemos cruzado el punto de NO RETORNO, que nuestro paso es irrevocable y no tenemos ningún miedo al riesgo o la confrontación. Ese es exactamente el mensaje que quiero que cierto gilipollas, acosador, mentiroso y acusador capte de una puta vez. Hemos trazado una línea y esperamos que NUNCA MÁS la cruce. NO TIENE NI AHORA NI NUNCA MÁS NINGUNA POSIBILIDAD DE COMUNICARSE CONMIGO O CON MIS AMIGOS, no queremos saber nada más de él, ella, ello o lo que demonios sea. No nos interesa lo que pueda decir, como lo pueda decir y en lo que a mí respecta, se puede pudrir en el infierno y eso no me robará ni un segundo de sueño. En esta bitácora no podréis encontrar ni una sola referencia suya porque he borrado todos sus comentarios y aquellos en los que cualquier otra persona le decía algo respondiendo a alguna de sus estupideces. Para mí ya NO EXISTE.

Hoy cierro completamente su ciclo y jamás se volverá a abrir.

Limpiando la casa o algo parecido

Me pregunto hasta qué punto hemos substituido a la manada con eso que llamamos amigos. Vivimos en un mundo demasiado grande y en el que nos comunicamos con demasiada gente y pese a que esto expande nuestras opciones, puede terminar por aislarnos. En el pasado uno nacía y moría en el mismo lugar y muy probablemente no se alejaría de ese sitio más de unos pocos kilómetros y siempre por razones excepcionales, como una gran celebración o una boda.

Hoy en día ese anclaje geográfico ya no es tan fuerte y no es extraño toparte con gente que deja su país y se mueve a otras tierras. Sueles llegar a tu nuevo hogar ya crecidito, después de pasar el periodo educativo, lo cual también es importante puesto que muchos de los vínculos más fuertes los creamos en esa fase de nuestra vida. Por eso, cuando comienzas a moverte en tu nuevo entorno, lo primero es afianzarte y encajar en esa sociedad, descubrir lo que hacen e imitarlos. Si no lo consigues, si no logras tener buenos amigos y sentirte a gusto, terminarás por volver a tu país y aunque consideres que la experiencia fue satisfactoria, muy dentro de ti sabes que fue tu propia imposibilidad la que determinó el fracaso. La lista de gente que se ha regresado y que conozco es enorme.

Nuestra alta movilidad geográfica nos ayuda a tender puentes entre el mundo que dejamos atrás y el que comenzamos a construir y si todo va bien, terminas integrando los dos lados de ese camino y fusionándolos en algo nuevo y distinto. Las fases para conseguir esto aún no las tengo muy claras, pero tras ocho años trabajando en el tema, siento que he conseguido avanzar bastante.

Mi primer problema al llegar a Holanda fue la dificultad del carácter, esta gente es muy distinta a nosotros y otorgan sus lealtades de una forma más seria que un español. Nosotros tendemos a ser más desprendidos a la hora de señalar amigos y en el momento de la verdad, una gran parte de los que supuestamente tenemos en nuestra lista simplemente no dan la talla. Mi facilidad para evolucionar vino en mi rescate y seis meses después de llegar ya había roto las defensas de alguien. Me sorprendió el esfuerzo que tuve que dedicarle pero aún más me sorprende hoy en día la fortaleza de la amistad, a miles de siglos de distancia de otras que yo siempre supuse inquebrantables. Después de este primer éxito me enquisté en mi propia complacencia y pensé que los demás harían cola pero no fue así. El segundo fue más duro de conseguir que el primero y en el camino aprendí un montón de cosas sobre la cultura holandesa.

Ahora no noto diferencia entre gente de aquí (holandeses) y los de allá (españoles). Tengo un balance bastante equilibrado de amigos en ambos extremos del puente y además de los unos y otros, están los descastados que como yo viven en Holanda. Con ellos siempre es más fácil porque compartimos la experiencia. Lo que no me gusta de estos últimos es que muchos se volverán a sus tierras, regresarán a casa y tú quedas atrás. Después de un par de conexiones se pierde el vínculo y tras unos años no queda nada. Es ley de vida.

Me gusta pararme a revisar lo que he hecho en los últimos seis meses y ver lo que puedo mejorar. Llevo años haciéndolo con la llegada de la primavera y el otoño. Siempre se puede ir a más y si no lo intentamos será únicamente culpa nuestra. Estos días en los que pienso en los amigos, en esa hoja secreta en la que escribimos el balance de nuestro trato y que si llega a un punto de deudas inaceptable acaba con la relación. También hablo con ellos, me intereso por la logística que hay detrás de cada amistad, esas frases que no se dicen, esas preguntas que no se hacen y que conviene tener en cuenta. Lo sé, soy un bicho raro.

Breve, incompleta y sesgada historia de la Blogosfera - Segunda parte

En Breve, incompleta y sesgada historia de la Blogosfera - Primera parte está el comienzo de este repaso.

Todo tiene un comienzo

Hay una serie de fases que marcaron la creación de Distorsiones. Yo he escrito desde siempre, es algo tan básico y natural como puede ser para otras personas escuchar música, leer libros, ver partidos de fútbol o practicar cualquier deporte. En ocasiones dejaba que los amigos y conocidos leyeran esos escritos y en otras esas libretas acabaron desapareciendo. Cuando ya estaba convencido que emigraría y me marcharía de España comencé a preparar la forma en la que me comunicaría con los amigos y elegí el formato de lista de distribución, más que nada porque permitía agregar y borrar gente fácilmente y los mensajes quedaban almacenados en un lugar central. Mi lista se llamó Distorsiones porque siempre he sido consciente que todos alteramos la realidad. Una vez salí de España y comencé a trabajar en una multinacional en Holanda los mensajes nacieron solos. En ellos hablaba sobre lo que veía, la gente que conocía, lo que hacíamos, siempre con un tono desenfadado y curioso, sorprendiéndome con las extrañas costumbres que encontré en el país que me adoptó. La lista de distribución alcanzaba a familia y amigos y tenía una frecuencia irregular.

En el año 2001 encontré las primeras bitácoras, sitios que al contrario que las antiguas páginas web, tenían una actualización regular y no eran colecciones de archivos. Enseguida me enganché a este nuevo formato y comencé a experimentar y buscar los límites. En el año 2002, con mi primera cámara de fotos digital, llegó el dominio Distorsiones, el cual inicialmente apuntaba a una cuenta gratuita creada en iespana en la que colgaba los álbumes. Simultáneamente, comenzaba a poner cosillas en blogger y tras enormes quebraderos de cabeza logré que tanto la bitácora como las fotos acabaran bajo el paraguas de Distorsiones. De esa época aún queda algo en Blogger en dos lugares distintos. No parece que haya pasado tanto tiempo, solo seis años, pero en realidad es toda una vida en la Red.

Mientras sucedía esto, yo devoraba lugares, que surgían amparados por el anonimato, duraban unas semanas o meses y desaparecían tal cual habían llegado. Eran tiempos de un caos absoluto, de efervescencia y diversión sin límites. Todos los que estábamos en ello sabíamos que se cocía algo grande y queríamos formar parte de ello.

La Edad de Oro

Si no estuviste en la blogosfera entre los años 2003 y 2004 no has vivido nada y da igual lo que yo u otros te podamos contar, aquellos sí que fueron unos años maravillosos. Cada día surgía alguna lista de los más de lo más y la gente se mataba por estar en ellas. La más absurda, estúpida y falseada de todas era la que se basaba en el número de enlaces que apuntaban hacia un lugar y que mantenían los de bitácoraspuntocom. Recuerdo como algunos dejaban comentarios en mi bitácora tratando que te convirtieras en su más mejor amigo y los enlazaras y otros ni siquiera se recataban a la hora de pedírtelo. Tenías que ser alguien en este mundillo y para ello valía todo. Supongo que no todos tenemos una vida. Yo me divertía con mi página y lo veía como un entretenimiento mientras para otros aquello parecía ser una religión. Los intercambios de enlaces estaban a la orden del día, la comprobación de las estadísticas de las bitácoras se convertía en una OCD (desorden obsesivo-compulsivo) y los bandos nacían, engordaban y morían con gran facilidad. La distancia del amor más ciego al odio más rastrero podía estar en una anotación o en un simple comentario. Los portales de bitácoras se ponían medallas día tras día y se proclamaban campeones de alguna guerra que nadie sabía muy bien por qué existía. Teníamos bitacoras.com y bitacoras.net, estaba blogia, zonalibre, blogger y muchos otros lugares. En casi todos tenías algún tipo de límite en el tamaño, número de anotaciones y demás y la gente cambiaba su reino de lugar de la noche a la mañana. Bastaba una caída de servidor para que desertaran unas decenas, despotricando por esa imperdonable ausencia de la red que seguramente les había causado daños cerebrales de terrible magnitud. Entre los bichos que circulaban predominaban los lamers, lameculos profesionales que besaban el trasero de los autores favoritos. Y si hay alguien que reinó en ese periodo sin ninguna duda, ese fue Borjamari, el azote de las bitácoras, el juez supremo, capaz de destruir o coronar a una persona con un puñado de estrellas y un par de párrafos contundentes. No eras nadie si él no hablaba de ti y cuando lo hacía, tu vida se podía volver un infierno porque a esas alturas, nada existía fuera el mundo bitacoril. Estábamos inmersos en una anomalía de espacio-tiempo que muchos llegaban a creerse y algunos no conseguían superar. Yo nunca conseguí que el gran Borjamari hablara de mi página, me iré a la tumba con todo ese resentimiento acumulado a lo largo de meses y meses de mirar su página ciento treinta y una veces cada día para ver si el milagro se había obrado. Te ponía estrellas, o te estrellaba según se mire. Además tenía una especie de barómetro con lugares que según él subían o bajaban. Las trifulcas por sus opiniones eran de película, la gente desplegaba sus más rastreros instintos y decían de todo. Los comentarios en esas batallas eran mucho mejores que las anotaciones que los provocaban. Su página fue hackeada en varias ocasiones y tuvo que quitar los comentarios porque eran como un patio de verduleras en el que las amenazas de muerte se sucedían una tras otra.

De todas esas bitácoras, mi favorita siempre fue Priscila con su Calumnia que algo queda. Fue y será el mejor entretenimiento que he leído en mi vida. Era lo más. Otros lugares que me encantaban eran SANCHIGUARRO: Los Colonos del Páramo, Hasta las pelotas y el diario de una mujer gorda. Todos estos lugares son historia y ya hace mucho que dejaron de actualizarse o incluso de existir. También de esta época son las primeras COPITÁCORAS, lugares creados por algún ser gris y desgraciado carente de imaginación y que se limitaba a copiar a otros sin respetar su obra. Varios de ellos evolucionaron hacia las bitácoras temáticas que algunos visitan con tanta frecuencia hoy en día. Algo que resultaba fascinante de esta época de Oro eran las amenazas de abandono por parte de algunos autores. Cuando alguien quería llamar la atención amenazaba con dejar de escribir la bitácora. Inmediatamente surgía una corriente de comentarios para que el autor reconsiderara su postura y tras un tiempo prudencial y que dependía fundamentalmente del número de comentarios, anunciaba que se debía a su público y volvía al tajo hasta volver a amenazar con dejarlo unas semanas o meses más tarde. Era maravilloso.

Tras la tormenta llega la calma

La blogosfera creció y creció y muchos se hundieron. bitacoraspuntonet desapareció, hubo una diáspora de bitacoraspuntocom y zonalibre también se fue al garete. Ninguna pudo con el crecimiento imparable del número de sitios, supongo que porque no había un buen plan de negocios que las sustentara y los primos adinerados como google nunca llegaron. Algunas de las compañías dominantes en España abrieron sus chiringuitos, que después del ruido inicial han acabado sin pena ni gloria. En el año 2005 de mi particular historia cancelé por primera vez mi suscripción al contenido sindicado de una bitácora. Se trató de microsiervos y tuvo que ver con la sensación de repetición que tenía al leer lo que publicaban. Se les acabó la chispa y aunque son uno de los lugares de más éxito en español, nunca más volví a engancharme. Pronto siguieron otros. La primera vez es siempre la más difícil. Uno se crea un vínculo con esos sitios y aunque sabes que ya no te gusta, la inercia te impide dejarlos. Incluso el sagrado Borjamari acabó por convertirse en una sombra de si mismo y es una pena, porque gracias a su dedo acusador descubrí un montón de sitios interesantes y ahora añoro ese faro que nos iluminaba lugares nuevos e interesantes.

Con la explosión del número de bitácoras los medios de comunicación se fijaron en ellas y algunos imitaron el formato dentro de su territorio. De esta nueva época, lo más patético es el concurso de 20minutos. Cada edición ha sido más lamentable que la anterior y por ganar, algunos están dispuestos a cualquier cosa. En estos años también llegaron los spaces del gran ogro del mundo del software, unas bitácoras para descerebrados y asimilados de las que no se puede decir mucho.

Cada bitácora tiene su ciclo y ahora es normal descubrir un sitio, leerlo durante su corta (o larga) vida y verlo desaparecer sin pena ni gloria. No pasa nada cuando se extinguen. El mundo sigue girando, al final del mes te ingresan la nómina, los políticos siguen robando y esta es quizás la grandeza del mundo, que las bitácoras no son la panacea universal que algunos quieren hacernos creer.

¿Qué leo hoy en día? Si miras en las barras laterales lo descubrirás. No hay ni COPITÁCORAS ni REPLITÁCORAS, siendo estas últimas esas que repiten hasta el infinito las noticias tecnológicas, de música o juegos y que se copian unas a otras enlazándose para respetar las licencias Creative Commons que sirven de tan poco. Hace seis años me fascinaban los sitios originales, aquellos en los que sus autores abrían las puertas de un mundo particular y hoy en día sigo disfrutando con el mismo tipo de lugares.

Mi bitácora, Distorsiones, continúa su inseguro camino, explorando territorios de sobra conocidos, buscando la complicidad de un puñado de fieles seguidores y recibiendo cada día unos miles de nuevos visitantes que pasan, miran y se van para no volver jamás. Y espero que continúe así por mucho tiempo.

Breve, incompleta y sesgada historia de la Blogosfera - Primera parte

El otro día mientras tomaba el sol en Gran Canaria, relajado y disfrutando a tope de mis días de vacaciones, tuve un momento para el recuerdo y por mi cabeza cruzaron sitios y lugares que han formado parte de mi vida y milagros en la Blogosfera y que en muchos casos ya han desaparecido. La vida de una bitácora es mayormente corta, llena de frustraciones para su autor y casi siempre acaba en un sonoro divorcio entre el creador y su obra, la cual termina siendo engullida por los ladrones de dominios o como un triste testimonio de un pasado que ni sabemos si fue mejor en alguno de los lugares de esos servidores de hospedaje gratuito. Como individuo que lleva en este océano un montón de años, me ha tocado ver de casi todo y ahora que las aguas parecen empozadas es un buen momento para refrescar esos recuerdos y recordarlos. Comencemos.

Vacío

Al principio solo había Internet. Una red inmensa y gloriosamente optimizada para permitirnos extraer de ella de forma limpia y gratuita nuestro contenido porno, musical, cinematográfico y de software de una forma gratuita. Incluso el buen Dios sabía que esto era bueno. En la Red pescábamos nuestra música, nuestro software, nuestros cracks, nuestros virus y según fue aumentando la velocidad, también nuestras películas. Estamos hablando de la red al entrar en el siglo XXI, esa que todos conocéis y que algunos piensan que siempre ha existido. Dentro de cinco años no serán algunos, la mayoría ni siquiera habrá oído hablar de las BBS, de los módems con velocidades espeluznantes medidas en baudios por segundo, de conecciones inseguras, passwords simples y de una ausencia completa de virus en las máquinas funcionando bajo Microsoft DOS o en aquel antipático y cascadísimo Windows 3.11.

Mejor no revolver el pasado. Con la llegada del ADSL y de Internet tal cual la conocemos, nos encontramos un erial inmenso, un terreno en el que se podían descargar cosas, ver páginas de gente que nos machacaba con sus aficiones y neuras y en donde los grupos de noticias y los foros eran lo más parecido a lugares de interacción con el prójimo, además de clientes simples de mensajería. Eran los años de cuentas de correo con dos megas que nos forzaban a borrar continuamente viejos mensajes para que no se nos llenaran los buzones. Estábamos en el mundo uno punto cero o quizás cero punto algo, sin complejas redes sociales que no interesan para nada y de las que no dejan de llegarnos invitaciones hoy en día.

Aquella parte del universo que podemos llamar tradicional o pre-folclórica veía la red como algo más bien inútil y de donde no podía surgir nada que mereciera la pena. Los usuarios éramos unos pocos, la gente todavía tenía ordenadores de sobremesa, esos servidores comprados en tienduchas en las que sin coste añadido te añadían todo el software ilegal que podías desear y el concepto de software libre debía andar en pañales.

Imagina

En algún lugar se gestaban las bitácoras y una noche, de la perturbada mente de uno de esos pioneros, llegó la primera. Era una página simple y que seguro que tenía un aspecto radicalmente distinto a ese que vemos en la actualidad. El número de visitantes se debía contar con los dedos de una mano y su autor es más que probable que ni tenía herramientas para hacerlo. Se comenzaron a replicar, mayormente en la zona de Internet en la que se usa el inglés y alguien se lo curró y tuvo la idea de hacer un software para ayudar a la gente a crear estos sitios. Los bautizaron como Blogs y aunque en español la mayor parte de la gente adoptó esta palabra, también se comenzó a emplear Bitácora para referirnos a estos pequeños rincones distintos a lo que existía anteriormente. Llegaron Blogger y Blogspot, un dúo inseparable, Typepad y otras comunidades y esto seguía siendo poco menos que un secreto. La prensa lo comentaba de cuando en cuando como una curiosidad de frikis y ni siquiera eran capaces de ver las implicaciones de esa novedad.

Imagina. La gran aportación de las bitácoras fue la imaginación. La fantasía. La magia. La curiosidad. Ahora teníamos unos sitios en los que gente desconocida, elementos que jamás habrías mirado, contaban cosas sobre su vida o relataban sus historias y un puñado de personas las leía y opinaba. Después de siglos de pensamiento casi único llegaron mundos extraños, lugares de individuos que desvariaban como tú o como yo, chicas que abrían su corazón y se nos erizaba el pelo al enterarnos que ellas también tienen pensamientos obscenos, que ellas miran más allá del escaparate de las tiendas y que buscan comunicarse de otras formas. La frontera entre lo real y lo irreal era muy difusa y los lectores debían creer. En esos primeros tiempos si se te ocurría comentar a alguien que tenías una bitácora lo primero era explicar exactamente lo que querías decir y lo segundo era la mirada de lástima infinita que recibías.

Éramos pioneros. Ante nosotros se desplegaban universos enteros que esperaban con ansia para nacer.

Desde entonces han fluido muchos electrones. Son ya unos añitos y en ocasiones me da la sensación de vivir en una isla en este océano y me pica la curiosidad por no haber sufrido ese síndrome que lleva al abandono de tu preciosidad, ese rinconcito que mimas con tanto cariño. Allá por el año 2003, en la prehistoria de nuestra Blogosfera, había un puñado de sitios relevantes y un manojo de empresarios intrépidos dispuestos a reinventar la rueda y nadar en el oro que cagó el moro. Las bitácoras eran sencillas, con un formato básico de dos columnas, sin grandes adornos y con muchas chorraditas en los laterales. No había publicidad y la gente hablaba de corazón. Eran los tiempos en los que nos sentíamos conquistadores, ignorados y ninguneados por los medios de comunicación, marginados por los estudiosos de la nada, esos profesores universitarios que consiguen vivir una vida del cuento y que cuando hablan hacen pausas para escucharse a sí mismos y asentir con sus cabezas apolilladas satisfechos con lo que están oyendo. De aquella época recuerdo que éramos pocos y en muchas ocasiones ni sabíamos que existían los otros, tecleábamos con miedo sin saber muy bien de lo que debíamos hablar o como hacerlo. El SPAM era algo que ni nos sonaba y te dabas dos golpes en el pecho y te creías el amo del mundo si tu bitácora tenía cien visitas al día.

Así comenzó la blogosfera, primero en inglés, luego creció en otros idiomas, pero siempre con la misma curiosidad e imaginación que empujó a los primeros.

Esta historia continúa en Breve, incompleta y sesgada historia de la Blogosfera - Segunda parte

El país de las grúas

No sé si los españoles se dan cuenta de lo que están haciendo a su país pero os puedo asegurar que lo que está sucediendo aquí no tiene equivalencia en ninguno de los grandes países europeos. En un año he estado en Barcelona, Madrid, Ávila, Segovia, Salamanca, Málaga, Gran Canaria y Sevilla. En todos esos lugares hay un desmadre absoluto de nuevos edificios que crecen como setas y que cambian la orografía del lugar. Lo de Madrid es tan grave que ya desde el aire se puede ver otra ciudad, una nueva y de barriadas inmensas que crece en las afueras. En Málaga no han dejado un metro de tierra al aire libre, en todos lados han crecido edificios, que se ensañan con el mar, al que están acosando y en las otras ciudades, tanto de lo mismo. Uno se da cuenta también al mirar las fotos que hace y pasarse la tarde quitando grúas de las mismas, no una, ni dos, sino seis o siete. En cualquier dirección que apuntes, allí están.

Entre los años 2002 y 2004 en Utrecht, la ciudad en la que vivo, se aprobó el plan de ordenación urbana de los próximos veinticinco años. Fue una consulta popular en la que los ciudadanos tuvieron que elegir entre una ciudad pequeña y con edificios grandes en el centro o una ciudad más grande pero en la que está prohibido construir edificios salvo en un area muy limitada. Ganó la segunda opción. Cuando uno llega a Utrecht, sea desde donde sea, ve siempre la torre de la catedral y se asombra porque casi no hay torres de más de tres plantas. Únicamente en el centro hay algunos edificios de seis pisos y en la zona industrial se han permitido torres de oficinas de más de diez y menos de veinte. También sabemos perfectamente como va a crecer la ciudad ya que ese plan de ordenación urbana que se aprobó determina cuando, como y de qué tipo son las viviendas que se irán construyendo a lo largo de estos veinticinco años. Las áreas de nueva construcción irán naciendo acompañadas del tren, autopistas y demás sistemas de transporte público para que desde el primer día la gente que decida vivir allí pueda ir y volver al trabajo sin coche.

Uno puede hacer una foto desde el DOM, ese magnífico campanario que es una seña de identidad de la ciudad, y no toparse en la misma con ninguna grúa. Aún así, los holandeses tienen la sensación de haber permitido construir demasiado y los oirás quejarse por el descontrol que hay. Yo les explico que cuando era pequeño e iba a Puerto Rico, en el sur de Gran Canaria, pasábamos por Maspalomas y había un inmenso erial. Ahora es una ciudad llamada Campo Internacional y no han tenido bastante con eso por lo que atacaron Meloneras, una de las mejores playas de la isla y la han convertido en lugar de apiñamiento de moles con todo-incluido, bestialidades que nunca se debieron haber permitido. También les cuento que en la ciudad de las Palmas tenemos Siete Palmas, la Minilla y otros nuevos barrios de los que ni siquiera me sé el nombre y en los que abundan los edificios altísimos porque aquí la gente gusta de vivir en colmenas.

Ya es muy tarde para salvar todas esas ciudades y conociendo a los españoles, es muy tarde para salvar muchas otras zonas. Aquí, en España, vale todo, se permite todo y se consiente todo. Las leyes están hechas para saltárselas. Mientras el campo se vacía las ciudades seguirán engordando, el cemento seguirá ganando terreno y un buen puñado de desgraciados se enriquecerán con este crimen. Es lo que hay.

¿Góticas? ¿Neogóticas? ¿Astrogóticas? … o simplemente Petates

¿Góticas? ¿Neogóticas? ¿Astrogóticas? … o simplemente Petates

Nuestra capacidad para la distorsión o más concretamente, el despellejamiento ajeno es casi infinita y con una ínfima cantidad de información somos capaces de soltar la lengua viperina y sacar nuestras propias y erróneas conclusiones. Siempre ha sido así y siempre lo será. No hay nada malo en ello y gracias a eso tenemos boberías tan entretenidas como esta bitácora.

En mi visita a Salamanca del año pasado nos cruzamos por la calle con las chicas de la foto, las cuales veis de espalda para proteger sus intimidades en el hipotético caso de que las tengan. Las vimos posteriormente dentro de la Catedral, paseando y observando toda la parafernalia que adorna el local y que la iglesia ha ido acumulando durante siglos. Todo el mundo las miraba con cara de saber cuál es su profesión y si aún tienes alguna duda, o eres abobancado, o tú también forma parte del gremio. Las señoras mayores las miraban con disgusto y entre ellas cuchicheaban reproches sobre esos petates.

Nuestra forma de vestir condiciona la percepción de los demás sobre nosotros. Quizás en tu propia banda te acepten y tus compañeros te vean de una forma normal pero fuera de ese círculo las cosas pueden ser muy distintas. En el caso de las chicas de la imagen, la incapacidad para evolucionar las abocará a trabajos con una remuneración baja, a arrastrar múltiples sambenitos que las seguirán allí adonde vayan y a crear un resentimiento contra el resto de la sociedad y será solo porque gustan de vestir con ropas negras, exóticas, sienten una gran fascinación por los tatuajes y con su maquillaje dan algo de miedo.

Por suerte este tipo de comportamientos los tenemos al comienzo de nuestra larga y fructífera vida y seguro que tienen tiempo de enderezar la ruta y volverse sosas, aburridas y convencionales como prólogo a su matrimonio de conveniencia y a esos niños que llevarán al hipermercado arrastrándolos por los pasillos mientras no hay forma que dejen el pitillo que les cuelga de la boca.

Portavoz de los muertos

La esposa de uno de mis amigos es Maestra de Ceremonias o como ella misma prefiere que la llamen, Portavoz de los muertos. Su trabajo es ayudar a las familias en el momento en el que fallece uno de sus miembros y hay que despedirse para que este comience el Gran Viaje. Hasta ahora las posibilidades eran muy pocas y estaban más bien vinculadas a la religión. Para nosotros, aquellos que crecimos bajo la influencia de la Iglesia Católica, el espectáculo es más bien neutro y pensado para ensalzar al supuesto fornicador de chavales más que ayudar a las familias con algo tan doloroso. Los funerales son actividades mecánicas a las que uno acude por obligación y en los que si hay suerte escucharemos el nombre de la persona que se marcha y por la que estamos allí para rendir nuestro respeto. En muchas de las variantes y sabores del cristianismo el problema es similar. Los supuestos Agentes, esos que deberían trabajar de intermediarios entre nosotros y el Gran Dios se han convertido en mercaderes peseteros que solo quieren cobrar y hacer lo menos posible mientras nos amenazan con el infierno y todo tipo de horribles desgracias que por alguna razón su Jefe no incluía en su repertorio en las ocasiones en que daba alguna gala.

Cuando la gente se comenzó a quitar este manto de falsas religiones surgió la preocupación de qué hacer cuando alguien muere, como honrarlo y como celebrar su vida y por eso aparecieron los Portavoces de los muertos. Una de las diferencias fundamentales entre los Países Bajos y España es el tiempo que pasa desde que uno muere hasta que es enterrado. En España suelen ser veinticuatro horas, con lo que no da tiempo para avisar a todo el mundo y por eso el funeral tiene lugar unos días más tarde. En Holanda ambas ceremonias no se han desvinculado y lo que hacen es mantener el cuerpo del difunto durante unos días y al llegar el entierro tenemos también el funeral. Como en todos lados, los crematorios se han vuelto la opción favorita y los tanatorios parecen grandes templos, fastuosos y equipados con todo tipo de tecnologías de última generación, como pantallas planas, efectos de sonido y de luz y grandes salones para las recepciones.

Los Portavoces de los muertos tienen alrededor de una semana para preparar su ceremonia y se dedican a ello completamente. Hablan con familiares y amigos, buscan información y recopilan todo tipo de cosas. Sugieren posibles formas para la despedida y son los suyos los que eligen su preferida, a menos que el fallecido deje algo ya escrito. A falta de elementos religiosos, la ceremonia se rodea de la música favorita de esa persona, películas, vídeos y demás. El Gran Viaje es algo que se recuerda y no resulta extraño que lo graben con cámaras para que los niños pequeños y aquellos ausentes lo puedan ver en el futuro. La primera vez que me lo explicaron me chocó profundamente porque era algo que iba totalmente en contra de aquello que yo conocía pero ahora que lo pienso, es algo que cada vez me gusta más y que es más natural.

La Maestra de Ceremonias que conozco me enseñó un par de esos vídeos. En uno escuchaban música de los Beatles y en la pantalla enorme que presidía el lugar se veían vídeos de la fallecida. Después hablaron su esposo, sus hermanos y algunos amigos contando anécdotas de su vida y haciendo hincapié en hechos de la vida de esa persona. La mujer había dejado dos niños pequeños y estos pintaron el féretro con dibujos de todo tipo que eran para que su madre los pudiera tener con ella en ese gran viaje que comenzaba. No recuerdo cuando fue el último funeral al que acudí y lloré, pero este, uno de alguien que no conocía y que vi en vídeo, me tocó bien adentro y me emocionó profundamente. Más tarde un grupo de amigas cantaba una canción y terminaban todos comiendo y bebiendo en el lugar y hablando tranquilamente.

Los Portavoces de los muertos suelen aceptar un único trabajo por semana ya que prefieren centrarse en una sola persona y averiguar tanto como puedan de la misma, además de organizar una ceremonia hermosa y bien hecha. Son personas que no están vinculadas a un tanatorio o una religión específica y cada vez más y más gente prefiere que este acto final no esté dictado por sus creencias religiosas sino por el cariño y el respeto de aquellos a los que amó y por los que fue amado.

Hay un libro de Orson Scott Card en el que trata el tema de una forma parecido. Es la continuación del famoso El juego de Ender presentaba exactamente a una persona que hace esto mismo. Siempre procuramos evitar el tema de la muerte y no hablamos de esto, lo dejamos pendulando en algún lugar oculto y quizás incluso pensamos que por no mentarla, no llegará, aunque también sabemos con certeza infalible que a la muerte no se la engaña y que es cuestión de tiempo que estemos frente a ella. Espero que mi Portavoz, el día que me llegue la hora, sea capaz de contar una bonita historia con mi vida y todos aquellos mundos que visité.

Mi visita a la Cueva Pintada de Gáldar

En mi visita a Gran Canaria de las pasadas navidades fuimos un día a visitar el Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada de Gáldar. Desde su apertura sentía curiosidad por ver ese lugar tan importante para la historia de la isla de Gran Canaria. Dadas las limitaciones que imponen me fue imposible acudir en mis visitas anteriores y lo hice el la víspera de fin de año.

Para ello, primero había que reservar e intenté usar la página de Cajatique sin éxito. Seguramente aún no saben que hay otros sistemas operativos aparte de Windows y otros navegadores aparte de Internet Explorer y no me quedó más remedio que llamar, aguantar diez minutos hasta que respondieron al teléfono y hacerlo al estilo tradicional. Nuestra visita era para las cinco de la tarde y teníamos que estar allí una hora antes o nos cancelaban la reserva así que planeamos bastante tiempo.

En la página web se olvidan de mencionar lo jodido que es aparcar en los alrededores y como no les pareció importante el hacer un aparcamiento para el público en el edificio que han hecho junto al yacimiento así que tuvimos que dejar el coche donde el buen Dios nos concedió la gracia, conduciendo entre callejuelas que parecen no tener ninguna regla ni el ancho adecuado para el tráfico.

Al recoger nuestras entradas se nos informó que el uso de cámaras fotográficas o de vídeo no está permitido y eso nos tocó un poco los huevos. He estado en yacimientos similares o infinitamente mejores que este y en ninguno de ellos se prohíbe el que la gente pueda hacer sus fotos. De hecho, si lo que quieren es promoverlo como destino turístico, más les vale despabilar y cambiar las reglas o ya pueden agarrarse bien a la teta de las subvenciones y vivir del cuento.

A la hora indicada estábamos todos listos y comenzó nuestra visita al parque arqueológico o eso creíamos nosotros, porque no te permiten andar por tu cuenta y tienes que seguir en todo momento a un guía. Los primeros cuarenta y cinco minutos los perdimos entre una película 3D de puta pena, un espectáculo patético y mal hecho que producía dolor de cabeza y obligaba a la gente a quitarse las gafas. Imagino la cara de felicidad del colega que apañó el dinero de semejante engendro. Después de ese mal comienzo nos llevaron a una sala para ver unas pocas cosas encontradas en el lugar, tuvimos que escuchar una explicación que venía a ser lo mismo que se nos dijo en la película y seguir chupando rueda del colega que nos llevaba por allí.

Finalmente nos pasó a otra sala en la que parecía haber una maqueta enorme y una pantalla y después de sentarnos nos endiñó otra película con más de lo mismo. Mi interés por el tema decaía a pasos agigantados porque yo fui allí a ver el yacimiento y la cueva y no a mamarme la bazofia que nos estaban sirviendo.

Tras estos tres cuartos de hora salimos a la enorme nave industrial que protege las ruinas y mi estupor por no poder usar la cámara se convirtió en ira. No hay ninguna razón lógica para que te lo impidan. Allí hay focos de todo tipo y el ambiente no está protegido. En fin, supongo que tendrán miedo que alguien les robe sus sacrosantos derechos de autor. A partir de nuestra entrada en la cueva nos hacían avanzar un poco y o nos ponían un nuevo vídeo en unas pantallas planas habilitadas al efecto o nos echaban un masque de explicación. Para cuando llegamos a la Cueva Pintada ya solo queríamos que acabase el suplicio.

La cueva la han protegido con algo que ellos llaman burbuja pero que es más bien una aberración. En esta era de avances de todo tipo no me puedo creer que lo mejor que se podía hacer es crear una superestructura horripilante que roba todo el encanto a ese momento y lo despoja de su magia. A la burbuja entramos divididos en dos grupos y tras salir intentamos preguntar a nuestro guía por otra cueva que está al lado y de la que no hablaron pero este no estaba por la labor y apagó las luces para que no la viéramos.

Tras esto pensaba que saldríamos en estampida pero me equivoqué. Nos llevaron a unas reproducciones de las casas en las que de nuevo nos gozamos dos vídeos que acabaron de matar nuestra curiosidad por el lugar.

Una hora y cuarenta y cinco minutos después de haber entrado volvimos al punto de partida. Mi opinión es que esta única y obligatoria forma de ver el lugar es una puta mierda, agota al visitante, no te permite disfrutar del lugar y está concebida quizás para niños pequeños de un colegio pero no para adultos. Las películas son muy desafortunadas, particularmente la de tres dimensiones que sobra por completo. Sobre lo de no poder hacer fotos prefiero no volver a hablar. Es algo tan estúpido que no concibo quien fue el retardado que tuvo la idea. Es una lástima porque podrían haber hecho algo muy bonito y entretenido para enseñar a los Canarios parte de su historia y no lo que nos encontramos.

Así que si estás pensando visitar el lugar, yo te diría que esperes a que cambien las reglas, permitan las visitas no guiadas y replanteen completamente el concepto del lugar. Alguien debería pagarles unas visitas con subvenciones a otros lugares del mismo tipo para ver si consiguen aprender algo.