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Paraíso destruido

Mirad bien la foto porque esa que veis es una Palmera Canaria, una Phoenix Canariensis y la foto la tomé en Fataga, en la isla de Gran Canaria, una pequeña mota de polvo en este planeta, un lugar que ha perdido en cuatro días casi un tercio de su masa forestal y en esa pérdida están también las palmeras de Fataga.

La Palmera Canaria alcanza normalmente los quince metros y en las Islas Canarias existen ejemplares de hasta cuarenta metros de altura. Son autóctonas de las islas y en Fataga el bosque que había en el pueblo era de palmeras como la de esta foto. Las Palmeras Canarias crecen muy lentamente. Las podrán replantar, pero pasarán tres o cuatro generaciones hasta que los que allí vivan las vuelvan a ver en todo su esplendor. Es muy probable que nosotros no lo lleguemos a ver.

La última vez que pasé por Fataga fue en el año 2005. Llevé a mi amigo el Rubio y su esposa a ver ese pequeño pueblo. Recuerdo que tuvimos que detener el coche a la entrada porque un rebaño de cabras estaba cruzando la carretera. Salimos corriendo para hacerles fotos. Era algo como muy folclórico, muy español. Entramos en uno de los bares que hay en la carretera y nos tomamos un café y algún dulce. Yo estaba muy orgulloso de estar allí y de poder enseñarles un rincón tan hermoso de Gran Canaria, un sitio en el que el tiempo parece haberse detenido y que no está cubierto de edificios para turistas. En Fataga se respiraba el aire del campo y cuando alzabas la vista veías la familiar línea que marcan las Palmeras Canarias y te recordaba que es un lugar especial.

Fataga está rodeada de montañas que hasta hoy aparecían cubiertas por un manto de Pinos Canarios (Pinus Canariensis), otra especie única y endémica de las Islas Canarias. Espero que estos hayan tenido más suerte y hayan conseguido sobrevivir porque estos pinos son bastante resistentes al fuego.

Cerca de Fataga está Pilancones, un sitio al que no se puede llegar en coche, al que hay que ir andando desde la presa de Ayagaures, un lugar único y del que seguramente jamás habéis oído hablar. En Pilancones hay un pino muy especial conocido como el Pino de Pilancones, con más de cincuenta metros de alto y cinco metros de perímetro. Dicen que tiene más de seiscientos años y que es el más antiguo de Canarias, o que era, porque el fuego también ha devorado Pilancones y quizás no haya sobrevivido. Ese pino estuvo ahí cuando los españoles llegaron a la isla por primera vez, estuvo ahí cuando la conquistaron, estuvo ahí cuando se talaron los bosques grancanarios para mayor gloria del reino, estuvo ahí cuando el hombre llegó a la luna por primera vez y puso su pie en un lugar fuera de este planeta. Si perdemos el Pino de Pilancones perdemos seis siglos de historia, algo irreemplazable y que aunque alguien vaya allí mañana y plante otro no podríamos admirar hasta el año 2607, si es que queda algo en pie en el mundo para esa época.

Cerca de Pilancones y de Fataga está el parque de los Palmitos Park. Tenía pensado ir a finales de agosto para hacer fotos a los pájaros y a las mariposas. Imaginad un lugar frondoso y de una belleza impactante en el que miles de pájaros viven en libertad, un pequeño paraíso en un lugar interior y escondido de Gran Canaria. También ese lugar ha sido parcialmente destruido por el fuego y tardarán al menos un año en volver a abrir al público.

Podría seguir nombrando lugares, hilvanando recuerdos de cientos de paseos por los Caminos Reales acompañado de amigos, siempre cuidándonos de no dejar basura, de disfrutar de la naturaleza en un lugar privilegiado, siempre bajo la mirada de Pinos y Palmeras Canarios que nos permitían caminar entre ellos.

Todo eso ya es historia, destruido por una pesadilla causada por una alimaña a la que se le debería negar el derecho a vivir, a él y a todos los suyos. Deberían comenzar quemando a toda su familia en la plaza de su pueblo y cuando vea que su estirpe se extinguirá con él tendrían que arrancarle trozos de carne del cuerpo hasta que muera. No hay educación ni razonamiento que valga con esas bestias. Solo son capaces de entender la fuerza bruta y cuanto más tardemos en darnos cuenta menos quedará en pie. No se trata de ser inhumanos o de vulnerar ningún principio fundamental porque eso sería tanto como equiparar a esa bestia con cualquier otro ser humano.

El mundo sigue girando y mañana volverá a salir el sol que se está escondiendo en el horizonte en estos momentos y con suerte ese nuevo día será mejor que el que hoy acaba.

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Otra noche de San Juan

Todos los años viajo de vuelta a España por San Juan. La noche más corta del año es algo que pasa completamente desapercibido en Europa, más preocupada en celebrar el día más largo y en donde los ritos paganos dejaron de practicarse hace décadas. En la ciudad de las Palmas de Gran Canaria esa noche es algo muy especial. Se celebra el santo patrón de la ciudad y esa noche, alrededor de la medianoche, la playa de las Canteras se llena de gente. Son cerca de doscientas mil personas que se acercan a la orilla del mar con toallas, bañadores, chanclas y la escena sería normal si no fuera porque es de noche y a esas horas uno no va a la playa. La avenida de la playa se torna intransitable a primera vista con chiquillos que corren entre la gente, abuelas que tratan de alcanzar la arena con sus sillas plegables y otros abalorios y los chavales alternativos que llevan a la espalda su guitarra y usan su música para encandilar a las niñas e intentar mojar.

Según se aproxima la hora la gente se va acercando al agua, se despojan de la ropa y miran con cierto recelo hacia esa obscura masa que vemos delimitada por la barra natural que convierte a la playa de las Canteras en una de las más bellas del mundo, una playa natural sin igual en el archipiélago canario y todo un lujo para la ciudad. Cada año los aspirantes a brujos y los estafadores que se ganan la vida con ropas estrambóticas y mariconeo zafio invitan a su inculta audiencia a seguir diferentes ritos de purificación que deben acompañar con el lanzamiento de variados objetos al mar. El año pasado la moda era tirar rosas y el agua acabó llena de flores que tardaron días en retirar porque el mar será lento, pero es constante a la hora de devolvernos la basura que le lanzamos. Este año parece que lo que se llevaba era tirar manzanas mordidas y cinco minutos después de la medianoche en el agua flotaban miles de manzanas.

Nosotros encontramos un rincón desierto junto a la clínica de San José, una zona en la que la gente no parecía querer bañarse y por suerte no tuvimos que luchar en el agua contra todos los objetos lanzados. Justo a la medianoche corrí hacia el agua y pese al impacto inicial siempre me ha parecido que el mar no está tan frío en la noche de San Juan. Me bañé sin más problemas y cuando salí y estaba secándome comenzaron los fuegos artificiales, que desde el año pasado se lanzan en simultáneo desde ambos extremos de la Playa. En el instante en el que el primer volador estalla se oye un clamor y miles de personas corren hacia el agua para ver los fuegos desde el mar. Se quedarán allí unos veinte minutos, acompañando los estallidos más espectaculares con gritos de asombro.

Al acabar los fuegos la multitud abandona la playa sin orden ni concierto salvo algunos grupos que se quedan junto al escenario de la plaza de Saulo Torón y aquellos que han decidido organizar una fiesta privada en la playa y tienen sus timbas montadas en la arena. Toda la zona del Puerto hierve en actividad esa noche. Nosotros nos acercamos a una de las heladerías y acabamos sentados en la avenida disfrutando con un helado de sandía y fresa, dos sabores veraniegos con los que celebramos esta noche mágica. Me encuentro con una conocida que me pregunta si se cumplieron mis deseos del año pasado y he de reconocer que no, pero tampoco es algo que me preocupe porque tengo todo lo que necesito para ser feliz y en realidad siempre pido imposibles por si acaso se cumplen.

A lo largo de los años he celebrado la noche de San Juan en varios sitios distintos. Recuerdo que en el año 1999 lo hice en Tenerife y fui con una amiga y algunos compañeros chicharreros a la playa de las Teresitas. Allí éramos cuatro gatos, no tenían ningún tipo de tradición de bañarse a medianoche y lo puedo comprender porque para ello hace falta al menos tener una buena playa. En el 2001 lo celebré en Holanda y no hubo manera de convencer a nadie para ir a la playa y menos aún porque decían que la temperatura del mar era muy fría y ni locos se metían en el agua. En el 2003 y en el 2004 estuve en Málaga. El primer año fuimos a una pequeña playa a la salida de Benalmádena y nos bañamos y saltamos una hoguera con un grupo de gente. Nos lo pasamos muy bien y el año siguiente repetimos en la playa principal de Benalmádena y estaba que se caía de gente, con multitud de hogueras y fiestas. Hacía un montón de calor y se agradecía el baño en el mar. Salimos de la playa templados de tanto beber y comer. Y si miramos muy atrás en el tiempo recuerdo algunas noches de San Juan con asaderos en algunas pequeñas playas del sur de la isla de Gran Canaria.

Imagino que si se sigue popularizando acabará como todas las grandes fiestas, con las cadenas comerciales vendiendo productos necesarios para pasarlo bien y creando esas necesidades de consumo que han terminado por desvirtuar otras fiestas y las han convertido en meras batallas en las tiendas para conseguir esos regalos que hay que comprar.

China bajo el paraguas

China bajo el paraguas

China bajo el paraguas, originally uploaded by sulaco_rm.

Ya sé que yo cuento las cosas y después nadie me cree pero por suerte de cuando en cuando consigo hacer una foto para cerrar algunas bocazas. En mi exhaustiva y detallada descripción de la vida del Chino he comentado que el hombre le tiene auténtico pavor a los rayos del sol porque dice que se si coges algo de color eres de clase baja y que la auténtica clase alta mantiene su pureza con su blanco inmaculado. Aquí tenemos un ejemplo de un chino que no quiere que la china se le envilezca y se paseaba por el Keukenhof con esa mierda de paraguas en un día que estábamos a veinticinco grados y el hombre trataba de anticipar los movimientos de su hembra para dirigir el paraguas correctamente. Fijaros que la china lleva hasta abrigo.

Merece la pena ver la foto en flickr (haciendo clic sobre la misma) para que veáis las notas que he puesto (pasad el ratón sobre la imagen).

Mujer descalza

Mujer descalza

Mujer descalza, originally uploaded by sulaco_rm.

No hay mucho que decir, la imagen habla por si misma. Es de una ¿rumana? andando descalza por las calles de Barcelona en Febrero. ¿Se encontrará en comunión con la tierra y aspira a sentir su energía de esta forma? ¿le han robado los zapatos? ¿aún no los ha robado ella?

Su momento de gloria

A las nueve de la mañana los trenes ya no van tan llenos, ya no es hora punta. La actitud de la gente es distinta, más cortés, más relajada. Te puedes sentar y leer alguno de los tres periódicos gratuitos que están esparcidos por todo el vagón y que puedes conseguir en las entradas de la estación. Los andenes también son transitables. Parece mentira que media hora antes aquello está abarrotado, con miles de personas leyendo los periódicos, hablando por teléfono o simplemente bloqueando el paso. Llegan los trenes y cientos de personas saltan de ellos creando curiosas formaciones que fluyen hacia las salidas y son obstaculizadas por los que quieren entrar en esos mismos trenes. Vistos desde lejos parece un hormiguero muy ocupado. Como el tipo de tren es casi siempre el mismo y sé donde se detienen me puedo poner exactamente delante de la puerta y esperar su llegada. Así me ahorro los empujones y las prisas de la gente que cree que no llegarán a tiempo pese a que el tren estará en la estación al menos cinco minutos. Nunca entenderé ese agobio que les entra por acceder a su interior inmediatamente. Es enfermizo.

El vagón al que yo accedo es de esos que permiten entrar las bicicletas, con espacios más amplios y asientos que se recogen para que haya más sitio. Me da igual un sitio que otro aunque siempre procuro sentarme de forma que controlo la escalera porque si hay espectáculo, este se originará allí. La típica diva de barriada periférica entró y se detuvo unos instantes antes de decidir que subiría a la parte superior del vagón. Es un movimiento muy estudiado para permitir que los machos locales la detecten y así establecer sus dominios territoriales. Por supuesto iba hablando por teléfono. Siempre lo hacen. He llegado a creer que son falsas conversaciones con el único propósito de parecer interesantes.

El cambio climático ha tenido nefastas consecuencias para la decencia y el decoro. Cuando estás en abril y la temperatura ronda los treinta grados el cuerpo te pide aire y ellas se lo dan. Su falda perdió el prefijo mini en alguna guerra anterior. Era tan corta que casi no existía. Sus piernas enormes la hacían parecer un compás andante y los zapatos de tacón de aguja la señalaban como secretaria. Las secretarias Nórdicas gustan de ponerse ropa así. No saben hacer nada y tampoco intentan aprender pero le dan mucha importancia al aspecto. En las empresas contratan dos viejas y feas por cada cinco guapas. Es la proporción precisa para sacar el trabajo adelante. En un mundo justo pondríamos plantas pero a esta tierra hemos venido a sufrir y eso que se dice así que ponen secretarias despendoladas que hacen bonito y cada día visten distintas. Son como flores. Ella enganchó mi portadora con contacto ocular y por ser el único espectador en ese momento me dedicó su grandiosa subida de escaleras. Entró en el vagón y se sentó en algún lugar que no podía ver desde mi asiento. Una lástima porque si se hubiera quedado en el pequeño asiento que hay a la entrada del vagón superior habría tenido unas vistas fantásticas. Mientras la miraba escuchaba un audiolibro. Una historia de fantasía que llevaba mi imaginación hacia otros mundos. Apagué el iPod porque estaba distraído y ya no prestaba atención a esa voz que me hablaba. En el aire la fragancia de un perfume barato machacaba mi nariz. No me gusta la gente que apesta a perfume pero esta no se iba a convertir en mi mejor amiga así que no le di mayor importancia.

Durante los quince minutos que dura el viaje volví a concentrarme en la historia que estaba escuchando. Por la ventana corrían los campos infinitos de hierba en los que vacas felices pastan para producir leche en cantidades astronómicas. A veces veía algún grupo de ovejas trasquiladas y contentas de haberse quitado de encima toda esa lana.

Al llegar a la estación comenzó a salir gente y acumularse en la salida, como siempre. La misma prisa que tienen por entrar les impele a salir corriendo. El tren se detendrá dos minutos y de ellos durante minuto y medio no habrá flujo alguno de gente pero eso no los detiene. Yo seguía sentado en mi sitio. Se abrió la puerta del compartimiento superior y apareció de nuevo, suprema en su particular estilo. Llevaba una ligera chaquetilla que parecía estar a punto de reventar ante la presión de los pechos. Obviamente estaba hablando por teléfono. Nos miró a todos desde su atalaya y comenzó a bajar. Justo en ese momento el tren frenó bruscamente y como ella estaba distraída con su conversación no lo vio venir ni pudo hacer nada para evitar el desastre que sucedió a continuación. La vi perder el equilibrio y comenzar su caída. La gente reaccionó con destreza y se apartaron para facilitarle el golpe contra el suelo. Son unos ocho escalones y la pobre rodó sin gracia ninguna mientras las primeras sonrisas acudían a las caras de los que observábamos. Debemos ser las bestias más crueles porque siempre nos reímos de la desgracia ajena. El teléfono voló libre mientras ella gritaba e intentaba agarrarse de algo aunque sin mucho éxito. Uno de los tacones se partió y quedó rezagado. El tren continuaba frenando y la inercia no ayudaba a aquella desgraciada. Su caída terminó en el único sitio posible, en el suelo, completamente despatarrada. Al apartarse la gente se había abierto un pasadizo que me permitía verlo todo y yo fui el primero en notarlo. Sus piernas en el aire se agitaron pero la (micro)falda ya no estaba en su sitio y allí faltaba algo, no había bragas que protegieran su chumino de miradas indiscretas. Estaba bien afeitada. Todos se fueron percatando del asunto y sus ojos quedaban fijos en un único lugar. Ella intentó levantarse y cubrir aquello que seguramente no estaba destinado para nuestros ojos y terminó consiguiéndolo aunque el precio a pagar fue muy alto. Ella sabía lo que habíamos visto y fue capaz de comprender que el incremento en la intensidad de las risas se debía a una sola razón. Un par de chicos se ofrecieron a ayudarla y alguien le devolvió el teléfono mientras ella trataba de evitar el contacto ocular porque estaba avergonzada. Su gran momento de gloria en la salida acabó siendo nuestro gran momento del día, el tópico principal para nuestras conversaciones junto a la máquina de café. No todos los días tenemos la suerte de ver una Diva despatarrada y menos aún de verle el coño con tanta facilidad.

La madre que me parió

Cuando salgo a hacer fotos con mi amigo el Moreno muchos pueden pensar que con mi equipo llamo la atención pero lo cierto es que paso completamente desapercibido porque no puedo competir con la herramienta de ese hombre. Tanto su cámara como su objetivo estrella están en otra liga. Por otra parte al menos yo no tengo que cargar esos armatostes porque su objetivo de 500mm es como un cañón y la cámara abulta dos veces el tamaño de la mía.

Objetivo gigantesco

La foto la hice un día que fuimos a hacer fotos de un pájaro muy especial que vive en Huizen pero no tuvimos suerte y no dimos con el bicho. La gente cuando ve esa cosa monstruosa se acerca con curiosidad a mirar lo que hacemos y si fueran españoles y malhablados seguro que dirían: La madre que me parió

Ya nos hemos apuntado para un safari fotográfico de ciervos en un parque nacional holandés y cuento los días que faltan para dicho evento (es en Agosto). Mi amigo consiguió plaza el año pasado y me dijo que fue una pasada, que vieron cientos de ciervos correteando alegremente y ajenos a los visitantes. A ese lugar solo se puede entrar con un permiso especial, con un guía y únicamente hay seis sesiones cada año para cinco personas, así que creo que somos dos de los treinta privilegiados que tendrán la oportunidad de verlo.

Antes de eso estamos intentando inscribirnos para un workshop de fotografía Macro impartido por uno de los mejores fotógrafos holandeses. Si cuadra y nos acepta pasaremos un día completo con este hombre tirados en el suelo y haciendo fotos a pequeños bichos, serpientes y demás. Costará una pasta gansa pero al menos servirá para que uno aprenda a domar la cámara y sacarle algo de partido con trucos y tretas que si no te las dicen no las descubres en tu vida.

Además de esto en mayo espero poder visitar un lugar que hay al norte de Ámsterdam y en donde por una módica cantidad te permiten caminar durante cinco kilómetros en campos de flores infinitos y perderte por ellos haciendo fotos que reventarán de colores vivos.

Y mientras tanto tengo literalmente miles de fotos que esperan su correspondiente procesado y catalogación. Entre ellas están las que hice en Washington D.C., la gira turística por Kinderdijk, Delft y Gouda, las fotos de tulipanes de este año en el Keukenhof, mi viaje a Salamanca, Segovia y Ávila, el viaje de marzo a Gran Canaria y las del día que estuve de paseo por el sur de Utrecht. Si me sentara y me pusiera a prepararlas todas, creo que pasaría al menos una semana a tiempo completo antes de finalizar y con el buen tiempo que tenemos y mi intensa vida social, me temo que tendrán que esperar a que lleguen las lluvias.

Un domingo de gira turística

El domingo había quedado con un compañero de la división americana de nuestra empresa para enseñarle algo de Holanda. El hombre lleva tres semanas en el país y salvo Amsterdam no había conocido nada. Mucha gente tiene problemas para hacer turismo en solitario, es como si tuvieran una cadena con un gran bloque de hormigón amarrado a la misma que les impide moverse, que los bloquea y les fuerza a quedarse encerrados durante todo el fin de semana. Yo no concibo ese tipo de actitudes pero soy un espíritu libre y que no depende de otra gente para hacer cosas. Me asocio libremente con quienquiera que me interese y hago lo que me place.

Como el hombre me daba algo de pena quedé con él para enseñarle algunos de esos lugares legendarios que jalonan este país. En principio íbamos a ir con su coche pero visto que no ha conducido mucho por Holanda le dije que yo iría a Hilversum y allí nos encontrábamos. Para mí suponía media hora más pero así nos evitamos el que se pierda al venir a Utrecht. Ya he conocido a otros americanos que cuando se enfrentan a las indicaciones de las carreteras holandesas no reaccionan bien. Salí de mi casa y el autobús llegó a tiempo. Una vez en la estación subí al tren a dormitar un rato y a la hora de salir anunciaron que el tren se había cancelado y que teníamos que vaciarlo. Subí con una multitud nerviosa a la estación y allí nos encontramos con una empleada de la empresa ferroviaria totalmente colapsada. En estos días hay obras durante los fines de semana en las vías de tren que van de Utrecht a Amsterdam y a Rotterdam para doblarlas e incrementar la frecuencia y esas obras han de terminar antes del día de la Reina así que los sábados y domingos trabajan a destajo y reducen el tráfico. Todo el mundo le preguntaba a la mujer como llegar a un punto o a otro y ella no podía responder. Decía que había un problema en la línea y que los trenes no podían circular.

Llamé al americano y le expliqué la situación y me contó que justo en el paso a nivel frente a su hotel había un tren detenido con un montón de policías y que habían puesto como un telón enorme para que no se viera nada, que debía haber ocurrido un accidente. Le expliqué como llegar a Utrecht y como teníamos un día soleado me senté en un banco en un parque a hacer la fotosíntesis. Media hora más tarde me llama el hombre y me dice que aún no había conseguido salir de la ciudad, que estaba perdido en Hilversum. Le volví a explicar como salir y cuando me volvió a llamar me dijo que ya estaba en Utrecht. Esta vez le di indicaciones para llegar al centro pero no funcionaron. Cuando me llamó, en base al sitio en el que me dijo que estaba deduje que andaba en un carril solo para autobuses. Traté de corregir su ruta y me dijo que volvería sobre sus pasos. Diez minutos más tarde vuelve a llamarme y está aún más perdido. Mientras hablamos se le acerca un policía y escucho como le dice que está prohibido hablar por teléfono mientras conduces. Aquí se pierde la conexión pero por lo que me contó más tarde el hombre le dijo que la multa era de ciento treinta euros, aunque finalmente por ser extranjero, de Texas y estar en el país de turismo se lo perdonó y lo escoltó con su moto hasta la estación donde nos encontramos. Su moto estaba oculta por nuestro coche y en ese instante un colega decide saltarse un semáforo en rojo frente a nosotros y el policía salió en su persecución.

Decidimos seguir adelante con el plan, activo mi GPS y enfilamos en dirección hacia Kinderdijk, un lugar cerca de Rotterdam famoso porque allí hay unos veinte molinos de viento junto a un canal, una postal idílica de Holanda. El sistema de navegación nos lleva a la autopista y cuando estamos entrando está cerrada por mantenimiento durante el domingo. Es como si el mismo diablo nos hubiera echado el ojo encima. Calculamos una ruta alternativa y de nuevo estábamos en ruta. Cerca de Rotterdam hay una gran marathon en el centro de la ciudad y han cortado el tráfico en un montón de carreteras y particularmente en la autopista que necesitamos para llegar al lugar así que de nuevo hemos de buscar un camino distinto. Doy gracias a Dios porque sin un GPS estaríamos totalmente perdidos. No quiero ni imaginar como sobrevivía la gente en el pasado, hace un par de años o así cuando no teníamos estas maravillas.

De alguna forma conseguimos llegar y mereció la pena. Es un lugar mágico, con todos esos molinos flanqueando el canal. El americano alucinaba. Después de nuestra visita turística seguimos hacia Delft, una ciudad universitaria muy vinculada a la familia real y que le da mil vueltas a Amsterdam. Es pequeña y coqueta y en la plaza mayor tenemos un duelo de titanes. A un lado un ayuntamiento al que la palabra precioso se le queda corta y al otro una iglesia majestuosa en donde se celebran los funerales y algunas bodas de la familia real. En la plaza aprovechamos para tomarnos algo y disfrutar del día de abril más caluroso de la historia en Holanda y después paseamos un rato por la ciudad antes de visitar Royal Delft, la última fábrica de cerámica azul que queda en Holanda y en donde te explican como fabrican sus piezas. Es algo bastante interesante y que no toma más de media hora.

Por la tarde volvimos parándonos en Gouda, la ciudad famosa por el queso. Cuando buscaba casa pensé en comprarme allí un apartamento pero todos mis amigos holandeses me disuadieron porque decían que es una ciudad invadida por los musulmanes (aunque ellos no usaban palabras tan suaves). Lo cierto es que el centro de la ciudad también es precioso. El edificio del ayuntamiento es aún más bonito que el de Delft y detrás se encuentra el edifico del Mercado del Queso en donde se pesaban los quesos y se subastaban en el pasado. Hoy en día creo que los jueves durante el verano se sigue haciendo para los turistas. Después de ver esa parte de la ciudad fuimos a una iglesia que hay cerca y que tiene unos jardines preciosos y desde allí vimos otra iglesia y un molino así que nos acercamos a hacerles fotos. Era como dos calles más atrás y nos metimos por un atajo. Cien metros más adelante estábamos en otro mundo, un mundo de musulmanes sospechosos y un anciano comenzó a seguirnos, lo cual despertó nuestro recelo. Llegamos hasta el molino y le hicimos las fotos con unos cuantos moros pisándonos los talones y desde allí volvimos atajando hacia la calle principal. Ahora veo que mis amigos tenían razón y que no era una buena idea lo de comprar casa allí.

Desde Gouda cerramos el círculo yendo a Utrecht, aparcamos su coche junto a mi casa, hicimos la gira turística de rigor por mi fastuoso jardín y después nos fuimos al centro de la ciudad para fotografiar el Dom al atardecer. Paseamos por las calles de Utrecht y terminamos cenando en la terraza del Oudaen, mi sitio favorito de esta ciudad. Con los treinta grados la habían abierto y estaba que se caía de gente. Para llegar a la terraza hay que cruzar a través de la cervecería y pudimos ver y fotografiar los barriles en que fabrican la cerveza, algo para lo que normalmente hay que pagar.

La cena fue fantástica y después de la misma buscamos una iglesia, Buurkerk, que con el paso del tiempo, la desgana de los feligreses y la desidia de los protestantes ha acabado convertida en el museo nacional de instrumentos autómatas musicales (National Museum van Speelklok). La mujer de este hombre trabaja en una galería de arte y allí tienen una obra de un pintor holandés de hace doscientos años en la que se puede ver dicha iglesia. Le hicimos unas cuantas fotos y dimos por finalizada esta intensa visita a la otra Holanda de un día. No todo es Amsterdam en este país.

China contra china

Las grandes batallas se pueden suceder en cualquier lugar de este mundo, a cualquier hora y por cualquier razón. Preferimos creer que las guerras ocurren lejos de nuestras casas y lo cierto es que cualquiera que camine sobre la superficie de este planeta es soldado en una o en varias de esas confrontaciones. Párate a pensar y te darás cuenta que hoy, aquí y ahora estás luchando con tu vecino por algo, con tu jefe o con tus amigos por imponer tu opinión o tus ideas. Lo llevamos en nuestra sangre, forma parte del éxito de nuestra especie aunque algunas veces lo llevamos muy lejos …

… Son las ocho de la mañana de una mañana cualquiera en la ciudad de Nueva York. Los engranajes que mueven el mundo han comenzado a girar y ya pronto alcanzarán la velocidad crucero y mientras la ciudad se quita las legañas yo avanzo hacia el corazón de Manhattan para otro día de visita turística. Después de salir del apartamento voy a uno de los comercios rusos y me compro algo para desayunar. Me acerco a la parada del metro y cuando llega está vacío porque es una de las primeras paradas. Tomo asiento y me concentro en la gente que va entrando. Cuatro paradas más tarde el vagón está casi al completo, con un solo asiento libre. La gente va leyendo el periódico, escuchando música con sus iPods o hablando por teléfono mientras el metro traquetea por Brooklyn camino de Manhattan. Llegamos a una parada y se abren las puertas. A través de una de las puertas entra una dulce ancianita china, todo arrugas y bondad, renqueando y se dirige hacia el único asiento que queda libre. A través de otra puerta algo más lejana entra otra china, joven y de rasgos duros, con ese hocico de zorra rastrera que se les pone a las chinas cuando llevan ropa de oficinistas. Analiza la situación y avanza hacia el mismo asiento. La viejita continúa su lento camino y ya casi ha alcanzado la meta. Todos las observamos atentamente porque sabemos que allí va a tener lugar la siguiente gran batalla, esa que recordaremos durante mucho tiempo.

La viejita parece ser la ganadora. Va tranquila hacia ese asiento que tanto necesita y al llegar comienza la maniobra para sentarse. Se gira lentamente mirando hacia adelante para lanzar el culo hacia atrás y en ese mismo instante la china joven hace un esfuerzo final y se lanza por detrás de ella robándole el asiento. La anciana está sentándose cuando descubre horrorizada que el asiento está ocupado. Se incorpora lentamente y le lanza una ristra de desgracias en chino a la joven que no se calla y le responde. Ambas se regalan adjetivos de todo tipo y la joven opta por ignorarla totalmente, saca de su bolso unas agujas de tejer ganchillo y se pone a tejer sin prestar atención a la anciana a la que acaba de robar su asiento. Ninguno nos esperábamos este despliegue de crueldad, esa carencia total de escrúpulos. Un señor se levantó y le cedió su asiento a la anciana, la cual se lo agradeció amablemente. Yo mantuve la vista fija en la china forzándola a mantener los ojos bajos. Cada vez que los alzaba encontraba los míos mirándola, fijamente, acusándola por lo que había hecho.

Se bajó antes que yo y aunque ganó aquella batalla, seguro que perderá la guerra, el equilibrio del mundo se basa en reglas sencillas, perro muerde a perro, hoy la haces y mañana la pagas y esas cosas que se dicen.

El regalo

El regalo

El regalo, originally uploaded by sulaco_rm.

Algo a lo que nunca terminaré de acostumbrarme es al sistema holandés de agradecimiento. En este país cuando le haces un favor a alguien inmediatamente está en deuda contigo y busca la forma de pagártelo, aunque tú lo hayas hecho de forma altruista y no esperes nada a cambio. Si seguís esto asiduamente entonces os acordaréis que hace un par de meses tuvimos la visita a Holanda del Kyrill, aquella tormenta huracanada que arrasó árboles, vallas y colapsó completamente el sistema ferroviario holandés. Aquel día le di asilo a un compañero del trabajo y un par de semanas más tarde apareció con el regalo que podéis ver en la foto, un pequeño detalle para agradecerme el favor. Por descontado yo no esperaba nada y en realidad ya ni me acordaba del asunto.

Como sucede siempre con estos pequeños regalos, lo importante es el envoltorio y el cariño que ponen en el asunto. Se molestó en ir a una de esas tiendas que no están llenas de estanterías y que tienen empleados amables y atentos y seleccionaron para mí un par de tipos especiales de café para mi Senseo, un licor para acompañar el café y unos bombones que estaban absolutamente deliciosos. En el paquete habían puesto granos de café que al abrirlo esparcieron un delicioso aroma.

Siempre estoy haciendo favores en el trabajo, ayudando a la gente y solucionando problemas que en realidad no me corresponden y por eso ya no me sorprendo demasiado cuando unos días más tarde alguien llega con una caja de bombones, o me dan entradas para el cine o alguna otra cosa. Me ha llegado a parecer normal aunque definitivamente no lo es, es algo único que aprendí en Holanda y que ahora yo también practico y cuando puedo hago estos pequeños regalos que seguro despliegan una sonrisa en la persona que los recibe y no cuestan mucho dinero.