Archivo para la categoria de ‘American Tour 2004’

Casa de Anne Rice

Casa de Anne Rice

Casa de Anne Rice, originally uploaded by sulaco_rm.

Una de mis escritoras favoritas es Anne Rice. Muchas de sus novelas transcurren en Nueva Orleáns y uno de mis objetivos en nuestra estancia en aquel lugar era visitar su casa y los escenarios en los que transcurrieron las aventuras del vampiro Lestat y amigos. Cuando llegué a casa de Anne Rice me la encontré con el cartel de Se Vende. Su casa está en el Lower Garden District, muy cerca del Bed & Breakfast en el que nos hospedábamos.

Más tarde el guía turístico que nos acompañó en una visita por la zona nos dijo que se estaba deshaciendo de algunas de sus propiedades en la ciudad y mudándose a Florida porque no podía soportar el seguir viviendo en la ciudad en la que había muerto su esposo. Fue una pena porque antes de que este hombre falleciera, era posible visitar su casa al menos una vez por semana y en ocasiones ella aparecía para saludar a los visitantes.

Lafitte’s Blacksmith Shop

Lafittes Blacksmith Shop

Lafittes Blacksmith Shop, originally uploaded by sulaco_rm.

Ahí donde lo veis, la tienda de Lafitte’s Blacksmith es un monumento nacional norteamericano. El edificio data del siglo XVIII (dieciocho para los que no saben leer aquello de equis, uve, palito, palito, palito). La leyenda dice que está relacionado con el pirata Jean Lafitte, pero es muy probable que no sea cierto. El edificio está en la calle Bourbon y es un bar, por si queréis pasaros y tomaros una cerveza en honor del pirata.

Tranvía en Saint Charles Avenue

Tranvía en Saint Charles Avenue

Tranvía en Saint Charles Avenue, originally uploaded by sulaco_rm.

En Nueva Orleans nos movíamos en tranvía. Nuestro B&B estaba en el Lower Garden District, la zona señorial y de casas enormes que se construyó cuando los americanos compraron el territorio a los españoles. Al contrario que el French Quarter, aquí hay cuatro casas por manzana y tienen grandes jardines. Siempre tomábamos el tranvía de St Charles Avenue, un trasto con gran solera en el que había que pagar con el precio justo. Iba siempre lleno de gente, mayormente turistas como nosotros. Al llegar al centro de la ciudad, nos dejaba en Canal Street.

Capítulo Octavo: Nueva Orleans 4

Lo bueno que tiene el leer esto por entregas es que uno tiene tiempo para olvidarse de las historias anteriores. Aún así, hay gente que llega inmaculada a este punto y esos deberían saber que como todo, esta historia tiene un comienzo. En primer lugar deberías leer London Heathrow y después continuar con Capítulo primero. El comienzo en donde se habla del viaje, Capítulo segundo: Plantation Country y como cruzamos este territorio de plantaciones yendo hacia Baton Rouge, Capítulo tercero: Cajun Country 1 y nuestro primer contacto con el Swamp, Capítulo cuarto: Cajun Country 2 y el segundo contacto con el Swamp, Capítulo quinto: Nueva Orleans 1 y nuestro primer día en The Big Easy para continuar con Capítulo sexto: Nueva Orleans 2 y finalmente llegar a Capítulo séptimo: Nueva Orleans 3.

Cocodrilo blancoNuestro cuarto y último día en Nueva Orleans era un sábado. El congreso había terminado y este último día se planteaba más relajado. Lo comenzamos desayunando en el Café du Monde un café con leche con Beignets. Después hicimos el tour del centro de la ciudad, que yo tenía muy trabajado y le di los detalles básicos al colega. Más tarde se nos unió uno de los asistentes al congreso de cosmetología, taquicardias y otras fornicaciones y seguimos la ruta juntos. Decidimos visitar el Acuario de las Américas, que está junto a la plaza de España, el hotel Hilton y el centro de Convenciones, al final del distrito de negocios. El edificio es imponente con un diseño muy vanguardista. En su interior habían tiburones, cocodrilos incluyendo uno blanco, caballos de mar, medusas, ranas y cualquier pescado que se os ocurra. Espero que aquello tenga grupo electrógeno y que haya gente manteniéndolo porque si no habrán muerto miles de animales. Estuvimos un par de horas visitándolo y de paso nos vimos una película en el cine Imax que hay en su interior. A posteriori llegamos a la conclusión que no mereció la pena. Podríamos haber aprovechado ese tiempo mucho más haciendo otras cosas. Me imagino que para un niño debe ser algo espectacular, pero para nosotros no pasó de una atracción turística destinada a sacarte los cuartos. Supuestamente es uno de los cinco mejores acuarios de los Estados Unidos.

Hola, ¿cómo estas?Mientras hacíamos la visita yo ya había avisado a mi profesor de cocina Criolla y había quedado con él para cenar, aprovechando su invitación. De alguna manera nos las apañamos para pasar el día y a media tarde, volvimos al Bed & Breakfast (aunque sin desayuno) y el hombre pasó a recogernos a la hora acordada. Tenía una ranchera de esas típicas americanas. Hasta ahora no lo he dicho para no alarmar a la hinchada, pero el colega era de raza julandra o como dirían algunos del Opus Dei, tenía comportamientos sexuales aberrantes. Yo repito aquí lo que digo siempre para que quede claro. De tu culo has un florero. Me la trae al fresco la orientación sexual de la gente. Cada uno es bien libre de hacer lo que quiera en su cama, siempre y cuando sea con mayores de edad. El hombre era muy simpático y eso es lo importante. Después de recogernos nos dio un paseo en coche por el Lower Garden District, la zona por la que estaba la casa de Anne Rice y de la que he hablado en el primer día en Nueva Orleans. Mi amigo no la había podido ver, así que le sirvió de tour sucio y rápido. Esa tarde habían unas nubes bien negras y se veía que iba a caer una buena tormenta, se podía respirar el agua en el aire. Había un calor dulzón, pegajoso, que nos hacía movernos lentamente. Cuando paramos delante de la casa que compró una pareja de homosexuales por diez millones de dólares dejé caer el dato, aunque esta es una forma muy suave de definir mi comentario más del estilo de este edificio es la Sodoma y Mangorra de la calle con dos hombres viviendo en pecado mortal y realizando actos contra-natura en la soledad de su dormitorio. No fue exáctamente así, pero similar. El efecto fue el deseado. Nuestro conductor salió del armario y nos dijo que él también jugaba a bastos en la baraja. Yo tengo una sonrisa encantadora cuando quiero y aproveché ese momento para desplegarla y decirle que nosotros éramos más de Copas y que nos parecía fantástico que él fuera tan abierto con sus gustos sexuales. Os preguntaréis a qué venía la cosa pero es que es muy importante el poner las cartas sobre la mesa antes de que hayan malentendidos. Ahora que todos habíamos visto las cartas, la cosa fue como la seda.

Cenando en el Jacques-Imo’s CaféLlegamos al restaurante y estaba más lleno que las bragas de la cantante de Mocedades. Él se fue adentro a hablar con el chef, dueño y amigo y de paso nos consiguió unas cervecillas. El local se distribuye entre dos edificios y también tienen unas pocas mesas en la calle. La más espectacular es una que está sobre un Pick-up, una de esas furgonetas abiertas en la parte trasera. La furgoneta está pintada en plan hippiento y sobre ella pueden comer cuatro o seis personas. Al rato de estar allí salió el chef en persona a saludarnos. El hombre es una celebridad en Nueva Orleans y el hecho de que viniera a darnos la bienvenida levantó murmullos de malsana envidia, que la gente es muy mala. Justo una de las mesas de la calle se había quedado vacía y le correspondía a un hombre con sus dos hijas. La mesa era redonda y bien grande, con capacidad para seis personas. El chef habló con ellos y les preguntó si no les importaba compartirla con nosotros tres. En circunstancias normales seguro que se niegan, pero cuando es uno de los arcángeles de la cocina el que te lo pide, sonríes, le besas las uñas negras de los pies y le dices que sí asintiendo con la cabeza repetidamente. Nos sentamos con ellos. El tipo era normal e incluso una de sus hijas. La otra pobrecita debió sufrir algún tipo de contaminación en su infancia y había evolucionado hacia los gustos y formas de vestir de los miembros del grupo The Cure. Era como una mezcla entre caniche, fantasma y pared de color beige. El pelo corto no la favorecía nada, la ponía en el reverso tenebroso de esas lesbianas que suplen su carencia de un buen pene con el aspecto. Para pedir, el chef nos dijo que él nos hacía la elección y nos traería cosas muy muy especiales y nuestros compañeros del otro lado de la mesa dijeron que ellos querían de todo lo mismo, o sea, cuarto y mitad.

Friendo cangrejos en el Jacques-Imo’s CaféNos trajeron los entrantes entre los que destacaba un pan de maíz que te provocaba multitudinarias corridas de lo bueno que estaba. Jamás he conseguido hacer un pan de maíz decente y esa es una espina que tengo clavada en mi orgullo. Espero poder hacerlo algún día. Cuando estábamos devorando los entrantes se abrieron las compuertas del cielo y comenzó a llover a granel, uno de esos chubascos tropicales con gotas del tamaño de nueces. Nuestra mesa estaba a la intemperie y no había donde protegerse. En el otro lado de la calle había una galería de arte con un grandioso toldo y nuestro amigo fue a hablar con la dueña, a la que también conocía y le pidió permiso para que pusiéramos nuestra mesa allí. Otorgado el permiso, agarramos la mesa entre todos, cruzamos la calle y nos reubicamos. Estoy seguro que este tipo de cosas no os pasa a ninguno de vosotros y doy gracias a Dios por tener un testigo porque seguro que más de uno dice que exagero. Cuando el camarero salió a la calle se encontró que nuestra mesa había emigrado. Como era redonda, uno de nosotros quedaba más desguarnecido que el resto y aunque seguro que pensáis que me tocó a mí, Yo soy un poco más espabilado y me coloqué por la parte del escaparate. El pobre desgraciado que se tuvo que poner por fuera era mi amigo. La camarera nos trajo los platos principales en medio de una tromba de agua. Los traía cubiertos para que no se mojaran, aunque no se puede decir lo mismo de ella, que iba en plan camisetas mojadas, con las tetas marcándose bajo los finos tules de su ropa. Sus pezoncillos revoloteaban como mariposas saltando de flor en flor y seguro que era consciente de las miradas lascivas de algunos de los de la mesa, incluido el padre de la friki mística, que babeaba más que un bulldog. Lo de las tetas llegó a ser tan escandaloso que en uno de los viajes nuestro anfitrión le dijo a la chica que a ver si mandaban también a un camarero macho que en esa mesa habían personas con otros gustos sexuales. Como la lluvia no cesaba, mi amigo tenía que usar un paraguas para protegerse y era nuestro colega de la raza del julandro el que le cortaba la comida y se la daba con el tenedor. Tengo fotos que no voy a compartir pero os aseguro que fue un momento impagable, con aquel hombre comiendo de la mano del otro mientras sujetaba el paraguas sobre él.

Banda de Jazz en el Jacques-Imo’s CaféDentro del local había una banda de Jazz tocando y en uno de los viajes el hombre se quejó a la camarera de que nosotros éramos clientes de segunda sin música ni nada. La chica volvió con su camiseta mojada y a los dos minutos aparece el Chef al frente de la banda de Jazz, cruzaron la calle y nos dieron un concierto de veinte minutos para nosotros, los de otra mesa que nos habían copiado y la dueña de la tienda. Si hay un momento mágico en este viaje fue ese. Una banda fantástica tocando bajo la lluvia, empapándose de arriba abajo mientras nos regalaban un concierto bajo la lluvia. Los premiamos con una gran propina, la más grande que he dado en mi vida y que para evitar comentarios de los lenguarazas de turno, alcanzó los cuarenta dolares. Terminamos de cenar y a la hora de pagar fuimos dentro del local. El chef nos cogió del brazo y nos metió en la cocina en donde nos presentó a todo el mundo incluyendo a su esposa. El cocinero principal me adoptó y me enseñó como hacían los cangrejos fritos, una de las especialidades de aquel local. Si la comida fue increíble y el concierto alucinante, este era el único colofón posible a una velada inolvidable. Salimos del local y Michael nos invitó a tomarnos una copa en su casa. Vivía muy cerca en una de esas casas encantadoras que anteriormente habían sido los cuartos de los esclavos. Tenía una cocina de escándalo, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que es profesor de cocina. Después de un par de cervezas el hombre nos llevó al centro de la ciudad. Nos dejó junto al Superdome, el estadio que sirvió de refugio a los afectados por el Katrina y que luego se convirtió en una ratonera sin ley. Terminamos la noche en Bourbon Street, como era de esperar, tomando cerveza y escuchando música Jazz en vivo.

Este relato continúa en Capítulo noveno: Los isleños en el camino a Bilox

Balcón andaluz en Nueva Orleans

Balcón andaluz en Nueva Orleans

Balcón andaluz en Nueva Orleans, originally uploaded by sulaco_rm.

En el barrio con más solera de la ciudad, el French Quarter, lo que encontramos es un rinconcito de España. Las casas son como las que se pueden ver en los pueblos del sur peninsular, los balcones idénticos a los nuestros. Durante los tiempos en los que Luisiana perteneció a España un fuego destruyó casi por completo la ciudad. El gobierno español dictó una ley por la que se prohibía construir las casas de madera. Esa ley es la que ha permitido que lleguen hasta hoy en día maravillas como la de la foto. Después de que se vendió la provincia de Luisiana a los americanos, se derogó esa ley.

En un lugar con veranos tórridos, los incendios son cosa común. Evitar la construcción usando madera es algo de sentido común, pero como es más caro y en la cultura americana lo que cuenta es el aspecto y no el cómo se hizo, se optó por lo barato y malo.

Bourbon Street (la calle de Borbón) y alrededores son la zona favorita por los turistas para sus visitas y también la parte de la ciudad que se lo debe casi todo a la herencia española. Hay que reconocer que este balcón es una preciosidad.

Catedral de San Luis y general Jackson

Por la noche la iluminación de la Catedral de San Luis le daba a la plaza del general Jackson un aspecto especial. Los colores del cielo en aquel lugar lo hacen muy similar al de las películas de miedo, un cielo que nunca había visto. El general Jackson resalta frente al blanco del fondo como un fantasma de otra época, saludando.

Esa aura de misterio es ahora real. Una ciudad fantasma, asolada, dejada de lado por los que prometieron defender su tierra y su gente y en su lugar optaron por correr a por el petróleo de otros, usando como carne de guerra a los hijos de esa tierra que se alistaron en la Guardia Nacional, un cuerpo que debía defender el país y que se usa para aniquilar otros mientras los niños de los otros quedaban en casa disfrutando del bienestar que les da el tener padres poderosos.

La sociedad americana tiene poca memoria y olvidará pronto lo nefastos que han sido los Bush para su historia. Dos presidentes con un legado de guerras, destrucción, crisis, pobreza, miseria y en el otro lado de la balanza un montón de dinero para ellos y sus amigos. Dicen que al final cada uno obtenemos lo que nos merecemos. La gente de Luisiana, Alabama y Mississippi no se merecen lo que les ha tocado ni se merecen como se les ha tratado después. Nuestro mundo parece estar construido a base de injusticias.

Capítulo Séptimo: Nueva Orleans 3

Una vez cogemos velocidad es muy difícil detenerse. La inercia me empuja a seguir narrando esta aventura. Imagino que estás leyendo esto porque has llegado desde algún lugar de ese vasto océano llamado Internet y deberías saber que como todo, esta historia tiene un comienzo. En primer lugar deberías leer London Heathrow y después continuar con Capítulo primero. El comienzo en donde se habla del viaje, Capítulo segundo: Plantation Country y como cruzamos este territorio de plantaciones yendo hacia Baton Rouge, Capítulo tercero: Cajun Country 1 y nuestro primer contacto con el Swamp, Capítulo cuarto: Cajun Country 2 y el segundo contacto con el Swamp, Capítulo quinto: Nueva Orleans 1 y nuestro primer día en The Big Easy y finalmente Capítulo sexto: Nueva Orleans 2.

El tercer día en Nueva Orleans comenzó con lluvia. Un montón de agua, machacona y persistente caía desde el amanecer. Mi programa para ese día era variado. Por la mañana tenía un curso de cocina criolla en la New Orleans School of Cooking. Ya sé que suena extraño y que seguro que a nadie se le ocurre hacerse un curso de cocina en sus vacaciones pero personalmente lo encontraba muy interesante y entre meterme a ver museos tediosos y que no me dicen nada y aprender a cocinar esas delicias, me quedo con lo segundo. Mi amigo iba a la última sesión del congreso de Cosmetología, paridas y otras historias así que salimos juntos. A pesar de que esperamos un rato largo el tranvía de la avenida de Saint Charles, no se presentó. Desesperados, optamos por coger un taxi para no llegar tarde e ir en el mismo hasta el centro de Convenciones. Desde allí fui andando a la escuela de cocina, ubicada un par de manzanas antes de llegar a la plaza del general Jackson.

Éramos un montón de gente. De nuevo, esos americanos King-size, con cuerpos deformados después de años de maltrato culinario y comidas basuras. Allí el que menos sudaba dos baldes al día. Calle de BorbónPagué y cuando llegó la hora nos fueron llamando para entrar en clase. A mi me pusieron en la primera mesa, cerca del profesor, que estaba en una cocina en alto, en plan cadalso. Llenaron al completo. Habían otras dos clases con grupos privados y también estaban llenas. El menú de ese día constaba de sopa de marisco y maíz de primero, gambas criollas de plato principal y pudding de pan con salsa de whiskey de postre. Además, un segundo postre que serían pralines. Por descontado nos comíamos la comida cocinada. El profesor se llamaba Michael, un tipo muy simpático y oriundo de la zona de Gulfport / Biloxi. En cinco minutos nos tenía a todos riendo y disfrutando de una clase magistral. Habían unos grandes espejos sobre la cocina que nos permitían verlo todo. El hombre hablaba de los productos y daba todo tipo de detalles sobre calidades de verduras, las vitaminas que tenían y demás. Era un poco paranoico porque da la impresión que los americanos le dan mucha importancia al tema pero comen como animales. Preparó la sopa de mariscos y maíz que estaba de morirse de buena. Me puse tibio. Después siguió con el pudding de pan porque dijo que tomaba más tiempo al tener que hornearse. En un punto determinado necesita ayuda del público y supongo que intuiréis a quien sacó. Supongo que el hecho de que yo fuera el más enjuto y el menos sudoroso también ayudó. Me llevó al escenario y me enfrentó a todas aquellas personas. Por supuesto estas cosas son de mucho jijiji y jajaja y de bromas. Yo le seguí el juego y estuvimos cocinando juntos un rato. El me pedía que hiciera algo y yo lo hacía y mientras tanto se metía conmigo y nos reíamos y la gente se lo pasaba bien. Cuando acabó mi momento estelar me senté y seguí atendiendo como público. Al acabar con la preparación y meterlo en el horno, siguió con las gambas criollas. De nuevo me llamó al escenario y allí estaba yo. Esta vez me decía como hacerlo y yo lo hacía todo, para que la gente viera que hasta un europeo era capaz de cocinar. En este momento es conveniente decir que si hay algo con lo que yo no tengo ningún problema es con lo de hablar en público o en un escenario. Puedo estar muerto de miedo que no se nota. Yo le seguí el rollo y tal. Cuando se descubrió que yo era Canario, uno de los Isleños auténticos, se alborotó la cosa. El hombre me vio muy suelto y me dijo que de acuerdo a la legislación de Luisiana, cada cierto tiempo tenía que descansar, así que se iba y que yo continuara con la clase. Me dejó solo y continué cocinando frente a los compañeros de clase y comencé a contarles anécdotas de la cocina española y holandesa. Les expliqué como hacer Stampot Boerenkool, un plato típico holandés y como cocinar gambas al ajillo. La gente respondía bien, se reía con mis bromas y demás. Estuve como diez minutos allí y todo iba sobre rueda. De repente descubrí que el profesor se había sentado entre el público y andaba también fascinado conmigo, escuchando mis explicaciones y mis recetas, mis anécdotas nórdicas y demás. Volvió al escenario y me dió las gracias. Terminamos de cocinar el plato, lo ayudé a repartirlo y por supuesto, la ración más suculenta me tocó a mí.

Para el último plato, los Pralinés no hubo ni que decirlo. Subí al escenario y los hice junto a Michael. Después de cocinados nos los comimos y también el pudding con su salsa de whiskye. Toda la comida fue deliciosa y diré que lo disfruté como un enano. Supongo que a la gente que no le gusta cocinar resulta un poco difícil de entender, pero os aseguro que fue increíble. Al acabar la clase la gente me dedicó un aplauso a la americana, con mucho grito y tal. El profesor me dijo que me esperara y aproveché para comprarme el libro de cocina de la escuela y algunos productos para dar mis pinillos en la vieja Europa. Tengo el libro autografiado y una foto con el profesor. Cuando se habían marchado todos y sólo quedaba una pesada y yo me dió su número de móvil y me dijo que si quería me invitaba a mí y a mis amigos a cenar el día siguiente en el Jacques-Imo’s Café, un lugar que estaba muy recomendado en mi guía Lonely Planet. Esto era como agradecimiento por mi ayuda en la clase, que según él la hizo mucho más divertida. Parece que no siempre hay química.

Salí de allí más contento que una folclórica con castañuelas nuevas y volví al motel. Para esa tarde había planeado la Operación Lavado. Después de siete días en ruta, había llegado la hora de buscar lavandería y limpiar la ropa, que ya estaba con los últimos calzoncillos limpios y yo no tengo el estómago que tiene mi amigo el indonesio por ejemplo para reutilizar ropa sucia, o como mi amigo el holandés, que dice que si los dejas unos días al aire se limpian solos. La dueña del Motel me dijo donde encontrar la lavandería que estaba en la misma calle que nuestro Bed & Breakfast. Trasera de la catedral de San LuísLa tía lo quería saber todo del curso de cocina porque dice que nunca había oído de turistas que fueran a estas cosas. Salí con la mochila llena de ropa a la búsqueda de la lavandería. Después de miles de películas americanas, uno se imagina esos lugares con gran encanto. Al que yo fui nunca llegaron las cámaras de televisión. Era un antro de mala muerte. Nada más entrar me encontré con un tipo en calzoncillos que estaba lavando los únicos pantalones que debía tener. También había un viejillo muy simpático y negro como el tizón. El señor me explicó como funcionaba la cosa y se puso a hablar conmigo. El otro, el que estaba en gallumbos no le quitaba ojo a mi cadena. El anciano se dió cuenta y no me dejó solo. El hombre había trabajado de marinero durante muchos años y había estado por todo el mundo, incluídas las Canarias. Me contó historias de sus aventuras y yo le conté las mías. En medio de la conversación se terminó de lavar el pantalón y la chaqueta del otro y le preguntó al anciano si lo podía poner en su secadora para secarlo. El hombre le dijo que sí y continuamos hablando. Así pasé la hora larga que tardé en lavar las cosas. Uno descubre todo tipo de buena gente cuando viaja por esos mundos de Dios. Por la mañana me lo pasé genial en clases de cocina y ahora por la tarde un completo desconocido me estaba protegiendo de una situación que podía ser comprometida. Cuando terminé de lavar caminamos juntos por la calle.

Beignets del Café du MondeA media tarde me fui al Café Du Monde a merendar. Es uno de los sitios más famosos de Nueva Orleans y os lo recomiendo encarecidamente. Su café con leche y Beignets están de morirse de buenos. Me dí un atracón, como correspondía y después de eso fui a un pub en el que se supone que podía contratar un tour caminando por la ciudad. Era una visita nocturna y muy centrada en crímenes e historias de fantasmas en la ciudad. La guía conocía todo lo malo que había sucedido en el French Quarter desde siempre. Casa embrujadaEn el mismo pub decían que tenían un fantasma. Nos andamos el centro entre crímenes pasionales, fantasmas puñeteros que volvían para aterrorizar a los inquilinos de las viviendas y demás. Fue altamente didáctico y verdaderamente entretenido. Entre las historias que más me llamaron la atención estuvo la de un tipo que prendió fuego a su casa y cuando avisó del incendio no quería que entraran a apagar el fuego. La policía se encontró en los establos a todos sus esclavos atados con cadenas, torturados hasta la muerte. O la de un tipo que mató a su familia y años más tardes el fantasma de su esposa e hijos seguían apareciéndose en la casa e incluso el suyo con la escopeta.

Acabado el paseo había quedado con mi amigo y este me introdujo a un grupo de universitarios españoles que habían acudido al congreso. Estoy siendo muy moderado, pero podéis traducir la frase anterior por frikis, ratas de laboratorio o lo que se os ocurra. Juerga en Bourbon StreetCenamos en un antro en la zona de Bourbon Street, un lugar en el que daba más asco la camarera que la suciedad del local. Por ser más de seis nos cobraban automáticamente un 15% de servicio (o sea propina). Me toca los huevos muy mucho este tipo de cosas. En lugar de esperar que la gente de propina deberían poner sueldos dignos a los empleados. En aquel caso, además, la tipa parecía una yonki y daba hasta miedo el saber que ella era la que nos traía la comida.

Después del avituallamiento pasamos la noche por Bourbon Street, entrando en este y aquel local y bebiendo cerveza.

Capítulo Sexto: Nueva Orleans 2

Esta narración comenzó hace un tiempo. Tienes suerte y podrás disfrutar de la secuencia completa si sigues los siguientes enlaces. En primer lugar deberías leer London Heathrow y después continuar con Capítulo primero. El comienzo en donde se habla del viaje, Capítulo segundo: Plantation Country y como cruzamos este territorio de plantaciones yendo hacia Baton Rouge, Capítulo tercero: Cajun Country 1 y nuestro primer contacto con el Swamp, Capítulo cuarto: Cajun Country 2 y la última anotación fue Capítulo quinto: Nueva Orleans 1.

Con más de un año de retraso y con la desgracia aún reciente, va siendo hora de recordar aquellos maravillosos días que pasamos en Luisiana el año pasado. Las palas del Creole QueenMi segundo día en Nueva Orleans comenzó con un crucero por el río Mississippi en uno de esos barcos con ruedas de madera (paddlewheeler) que siempre hemos visto en las películas. Se trataba del Creole Queen. El mini crucero pasaba por delante del French Quarter, el Cabildo y bajaba río abajo hacia el lugar en el que tuvo lugar la batalla de Chalmette, uno de los puntos culminantes de la guerra de la independencia norteamericana. El viaje en aquel trasto fue increíble. Las palas golpeaban el agua y hacían un ruido muy especial al empujar. El viento agitaba la enorme bandera norteamericana. Ver la ciudad desde el agua era increíble. El viaje en sí duraba alrededor de una hora. Barcos enormes cruzaban por el río Mississippi, super-petroleros y demás. Tenían banderas de todos los países. Venían a buscar petróleo. Nuestro barco era un enorme anacronismo de otra era en aquellas aguas.

Cuando llegamos al campo de batalla, justo frente al embarcadero hay una mansión de tipo sureño construida después de la batalla. La casa está vacía y con toda la planta inferior abierta. Se llamaba la plantación Malus-Beauregard. Cañón en el campo de batalla de ChalmetteSimplemente cruzas por ella para llegar al campo de batalla, que no es más que una enorme extensión abierta de cesped con un obelisco a un lado. Allí, en aquel lugar, el general Jackson se enfrentó a los ingleses y los venció el 8 de enero de 1815 en la batalla de Nueva Orleans. Esta fue la última batalla entre británicos y americanos y forjó el orgullo de nación americana además de convertir al general Jackson en un héroe nacional. Nadie daba un duro por los gringos pero de alguna manera consiguieron ganar. En aquel lugar se encuentra también el obelisco que conmemora la batalla. Subí hasta arriba y me llevé la desilusión del milenio. Las ventanas estaban cubiertas con unas mallas super molestas que no permitían hacer fotografías, por motivos de “seguridad”. Abajo se quedó casi todo el mundo escuchando la historia que contaba el guardia nacional, un tipo que le daba un nuevo sentido al término fascista y que dejó caer un par de comentarios sobre lo necesario que era para el mundo que el ejército americano los salvara de todos sus males y luchara contra el terrorismo. Su público eran mayormente esos norteamericanos gordos como cerdos, sudorosos y que ya estaban agotados por el paseíllo desde el barco. También había una fauna muy especial por allí. Eran unos frikis de cuidado que portaban una mochila horrorosa y más parecida a un ataud, hecha como de cuero negro, pero del barato que se usa en los sofás de las casas de los que no se pueden pagar el auténtico (en Canarias a eso en mi barrio se le llamaba escai). Para mí era muy fácil identificarlos porque mi amigo también tenía una de esas mochilas. Era el regalo para los que habían venido al congreso de cosmetología y patrañas similares que servía de excusa para nuestro viaje. Parece que muchos decidieron fugarse ese segundo día y estaban allí pasándoselo bomba, arrastrando sus horrorosas mochilas. Ni siquiera alcanzo a describirlas pero os aseguro que jamás habéis visto algo tan feo, grande e inútil. Casi todos tenían gafas de culo de botella, paletas pronunciadas, camisetas de cuadro, pantalones arremangados a la altura de los sobacos y se ajustaban como un guante al estereotipo de profesor chiflado. Los había japoneses, chinos, españoles, alemanes, americanos, rusos y de cualquier lugar que os podáis imaginar, todos cortados por el mismo patrón. Yo al mirarlos me apenaba por esas pobres mujeres que tendrán que cerrar los ojos y copular con ellos para garantizar a la especie la supervivencia de los más inteligentes. Está claro que Dios reparte de todo y a unos nos hace tontos y resultones y a otros listos y familiares de Tizio.

Después de un tiempo en aquel lugar, con el fascista aquel adoctrinando a los niños de un colegio sobre la guerra sobre el terrorismo y dejándolos que tocaran y cogieran su fusil (que espero estuviera descargado) volvimos al barco para retornar a la ciudad. En la vuelta teníamos un almuerzo criollo delicioso, según la publicidad. En la práctica era comida de catering en platos de plástico. Me vendieron también un montón de fotos pequeñas tomadas a la entrada del barco y que venían como imanes de nevera. Uno lo podéis encontrar en casa de mis padres y el otro en la mía.

Al llegar a la ciudad, aprovechando que ya estaba almorzado, me fui a completar la visita al centro centrándome en los edificios. Cabildo, Catedral de San Luis y General JacksonEstuve en la catedral de San Luis, una iglesia preciosa, católica por supuestísimo. También visité el Cabildo, convertido en el Museo del estado de Luisiana. Este edificio fue construido por los españoles y ahí fue donde se firmó la transferencia de los territorios de Luisiana al gobierno americano. El Cabildo tiene toda la solera y el sabor de los grandes edificios de nuestra época colonial. Es imponente. La sala capitular te deja sin aliento. En su tiempo la usaron como sala del tribunal supremo de Luisiana. En la actualidad este museo guarda gran parte de la historia de este pueblo. Uno de los objetos más famosos es la máscara funeraria de Napoleón Bonaparte, supuestamente forjada a partir de un molde de la cara del colega que su médico personal tomó instantes después de que falleciera, para que después digan que los médicos son de fiar. Se dice que sólo existen cuatro copias de ese molde. Hay otras cosas que pertenecieron a Napoleón, del que hubo incluso un colega que planeó un complot para liberarlo de la isla en la que estaba preso y traerlo a estas tierras. En el Cabildo hay una sala de banderas en la que las españolas tienen un lugar prominente.

También estuve en el 1850 de de la calle de San Pedro, en la famosa casa de Pontalba, ubicada en el Lower Pontalba Building. La casa lleva ese nombre por la baronesa de Pontalba, la cual a pesar de su apellido era una mala persona y es la responsable que la plaza de Armas, que es como se conocía a la plaza frente al Cabildo, fuera renombrada como plaza del general Jackson. La tipa odiaba todo lo que era francés o español. La casa que se puede visitar muestra como vivían los ricachones en aquella época, con un lujo exquisito y en la parte de atrás los cuartos de los esclavos. El edificio además fue uno de los primeros que constaba de dieciséis viviendas unifamiliares, con sus respectivos esclavos. Merece la pena la visita. Está muy bien conservada y nos deja entrever lo que fue la vida en otros tiempos en aquel lugar, tanto de los ricos, como de los que les servían.

Madame Johns legacySiguiendo con mi visita cultural estuve también en Madame John’s Legacy, una de las pocas viviendas de la época francesa que quedaron en la ciudad después de los incendios. Es un edificio de madera, bastante austero en su exterior y sin el encanto y alegría de las casas estilo andaluz. En su interior han puesto un museo, el cual no me impresionó en absoluto, aunque me encantó el edificio con su aura tan oscura y sus rincones casi sin luz.

Cuando acabé la visita a estos lugares históricos volví al motel a esperar a mi colega. Esa noche teníamos el evento cumbre del congreso: la cena en el Hilton. Todos los frikis que estaban sueltos en la ciudad encerrados entre cuatro paredes y dándole rienda suelta a sus excentricidades. Esta cena marca además un hito en mi vida. Es la única vez que he pagado ochenta dólares por una comida, repito 80 dólares. Y lo peor es que la comida dejó mucho que desear. Imaginad como se puede alimentar a más de 700 personas simultáneamente. Posiblemente las cosas estaban cocinadas al menos con horas de antelación y mantenidas en caliente. Como siempre llegamos tarde y nos colocaron casi frente al escenario. En nuestra mesa había todo tipo de bichos raros. Yo resplandecía como un planeta entre tanto ser anómalo. Había un tipo de una universidad cercana que si no tenía cuatro dedos de frente, tenía seis. También había una tipa científica que me ponía los pelos de punta del miedo que daba. Dicen que su artículo fue muy bueno, porque allí todos escribían artículos que posteriormente exponen en salas vacías para mayor gloria de la investigación y el desarrollo. Respirad tranquilo porque con vuestros impuestos en todos los países se paga a una elite intelectual que nos garantiza el progreso. No recuerdo las conversaciones con detalle, aunque me marcaron de por vida. Esa gente era incapaz de dejar de hablar de su trabajo y de su pequeña área de especialización. Te contaban unos rollos macabeos que no le interesaban a nadie. Yo cuanto más escuchaba, más daba gracias al señor por tenerme en la industria privada.

Tras el atraco a mano armada que fue la cena, se oye un tumulto y se abre la puerta principal. Un estruendo me alarma. Todos se están levantando y aplaudiendo a rabiar. Al principio no veía nada pero luego pude ver que el pequeño Yoda en persona entraba en la sala a lomos de un Segway, dando más bandazos que un borracho al volante. El tío casi se mata en aquel trasto diabólico. Al estar más cerca vi que no era el gran y sagrado Yoda, sino un japonés cabeza de billar y feo como el solo con esa sonrisa tenebrosa que tienen todos y los ojos arrugados de tanto achinarlos. Se bajó del cacharro como pudo o como Dios le dio a entender. Ahora comprendo por qué el presidente americano casi se mata usando uno. No parece ser cosa sencilla. El colega subió al escenario y comenzó a golpear el micrófono con el solo objeto de causarnos una sordera permanente. Cuando el silencio se apoderó de la sala, empezó a hablar.

Después de dos frases pensé que sucedía algo malo con la megafonía. No lograba entender una puta palabra de lo que decía. Lo achaqué a mi incultura y a mi deficiente inglés. Tras un rato el americano que tenía a mi lado me preguntó si entendía algo porque hablaba inglés “europeo”. Le dije que yo no pillaba una mierda, que debía ser algún dialecto británico. Preguntamos en la mesa y ninguna de las diez personas sabía lo que decía aquel tipo. En algunos momentos debía hacer bromas y el mismo se reía de ellas, mientras todos lo mirábamos aterrorizados. Como nadie me cree habitualmente grabé con la cámara de fotos un vídeo que suelo usar para aterrorizar a mis vecinos. Ese mismo vídeo lo han usado en varios programas de ocultismo para justificar las cacofonías. Para hacer las cosas más intrigantes se solapó la megafonía con los transmisores de los camareros y a veces lo dejábamos de oir a él y en su lugar se escuchaba a otro repartiendo órdenes e insultando a diestro y siniestro. Nosotros nos reíamos y el japonés, que iba a su bola, se rebotaba porque no eran momentos de chistes en su trascendental discurso que merecería aparecer en la escena final de cualquier película épica. Algunos camareros trataron de encontrar la fuente de las interferencias sin éxito, con gran alegría por nuestra parte. Cuando dejó de hablar le aplaudimos a rabiar y el hombre venga a doblarse con tanta reverencia, emocionado hasta las lágrimas por tremendo éxito. Le dieron hasta flores para su tumba lo cual pareció agradarle. Hay que ser hijoputa para regalar una corona de flores a un tío que hace un discurso. Nosotros le hacíamos fotos para recordar y poder reírnos en el futuro y él venga a posar encantado de conocerse a sí mismo. Después dieron premios a los mejores artículos. Si tenemos en cuenta que el congreso continuaba hasta el día siguiente, es cuanto menos una falta de respeto que se den los premios el día antes con un montón de gente exponiendo los suyos después de que se sabía que eran una mierda. No me meto en esto que el mundo de la investigación de elite es muy peculiar y no quiero despertar insensibilidades. Alguna de las tías premiadas no consiguen que se las follen ni aunque paguen, lo cual os debería dar una idea de la calidad del material. Sé de buena tinta que una de ellas llevaba un billete de cien dólares en la cartera por si la trataban de violar en las inseguras calles de la ciudad y a pesar de que lo intentó, los tíos no cogían el dinero y salían corriendo despavoridos al verla. All that Jazz!Cuando terminó el evento el japonés trató de salir en plan romano en su cuadriga con el Segway pero no consiguió ni subirse ni usarlo. Y después dicen que hasta un niño lo puede manejar. Imagino que serán niños no japoneses.

Acabamos el día en Bourbon Street escuchando Jazz en vivo y tomando cerveza.

Nueva Orleans desde el Mississippi

Una de las noches tomamos el ferry gratuito que se encuentra junto al hotel Hilton y cruzamos al otro lado del río Mississippi. La línea de rascacielos de la ciudad era espectacular, al igual que el color del cielo. En esta foto podéis ver el hotel Hilton y a su lado el centro de convenciones, ese lugar que se ha hecho tan famoso esos días.