Gambas en salsa de tomate

Gambas en salsa de tomate

Una de mis comidas favoritas son las gambas en salsa de tomate. Mi madre borda esta receta y siempre que paso por las Canarias disfruto con este plato. En realidad es bastante sencillo de preparar y lo hago con cierta frecuencia en Holanda, aunque los tomates tienen un sabor distinto y no se acercan ni por asomo al de los que se venden en España. Lo más complicado es preparar la salsa de tomate y esto no tiene ciencia. En poco más de una hora se puede tener este plato en la mesa y seguro qeu no dejará a nadie indiferente.

Los Ingredientes: Para la salsa de tomate necesitaremos un kilo y medio de tomates, una cebolla, aceite de oliva extra virgen, sal, azúcar, orégano. Y además hace falta una pimienta de cayena y medio kilo de gambas peladas (o un poco más si se quiere).

La Implementacion: Comenzamos lavando bien los tomates y cortándolos en trozos. Se pone en una sartén honda o en un caldero un chorro de aceite de oliva virgen y se añaden los trozos de tomate y la cebolla cortada no muy fina. Después solo hay que esperar a que suceda la magia y la salsa de tomate comience a aparecer. Se ajusta el punto de sal y cuando esté cocinada se pasa por el pasapuré. Después se ajusta el sabor añadiendo un poco de azúcar y orégano. Se vuelve a poner al fuego y se añaden las gambas peladas y una pimienta de Cayena (o una guindilla). Esto último es opcional. Si os limitáis a una sola, no estará muy picante pero como pongáis dos o tres, espero que os gusten las comidas que os hacen arder la boca. Se deja cocinar alrededor de media hora y se sirve con arroz blanco.

Como veis, es sencillo y delicioso.

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Lacitos de hojaldre

Lacitos de hojaldre

Seguro que más de uno de los que leen esto entra en las dulcerías como si lo hiciera en un templo sagrado y se le saltan los ojos a las vitrinas llenas de todas esas cosas deliciosas. Ni siquiera nos paramos a pensar en cómo las harán, asumimos que son muy complicadas y que quedan fuera de nuestras posibilidades. Pues no. Algunos dulces son muy sencillos de preparar y os garantizo que el resultado levantará murmullos de admiración entre los que prueben vuestra obra.

Gracias a un amable lector que dejó en un comentario un enlace, descubrí la bitácora de Erdecai y de allí he sacado un par de recetas. Hoy veremos una de ellas, unos lacitos de hojaldre con miel y leche condensada que en la iglesia seguro que catalogan como pecado mortal por lo buenos que están. La realización es muy sencilla y desde el momento en el que encendéis el horno para calentarlo hasta que tenéis los lacitos en la mesa, bien calentitos, no pasará más de media hora.

Sobra comentar que esta receta es una bomba energética y que por tanto, hay que cocinarla siempre que os visiten muchos amigos para que no sobre nada.

Los Ingredientes: 2 láminas de hojaldre congelado, leche condensada, miel, agua y azúcar glas.

La implementación: Se sacan las dos láminas de hojaldre del congelador al mismo tiempo que se pone el horno a calentar a 180 grados. Se prepara la bandeja del horno cubriéndola con papel de cocina. Esperamos unos diez minutos a que se descongelen las láminas de hojaldre. Después, se una leche condensada sobre una de ellas, ayudándonos de un pincel y se pone un poco de miel por encima. Se cubre con la otra lámina y se cortan tiras finas, de un centímetro y medio más o menos de ancho y cinco o seis centímetros de largo. Con el tipo de láminas que se venden en Holanda, de cada tira salen dos lacitos. Se coge cada rectángulo y se retuerce por el centro para hacer los lazos y se van poniendo sobre el papel de cocina. Cuando estén todos, ponéis en un pequeño cazo un poco de miel y la misma cantidad de agua y lo calentáis para que se diluya. Si tenéis un recipiente no metálico lo podéis hacer en unos pocos segundos en el microondas. Con ese líquido se untan los lacitos y se pone la bandeja en el horno durante unos doce minutos (o hasta que los lacitos estén dorados). Al sacarlos, se vuelven a untar con la mezcla de agua y miel y se dejan enfriar. Espolvorear con azúcar glas y ya os los podéis comer.

Nunca pensé que algo tan sencillo y que solo tiene hojaldre, miel, leche condensada y agua pudiera ser tan rico. En las últimas dos semanas los he hecho en más de seis ocasiones, son el colofón de cualquier cena y engalanan el café espectacularmente.

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Suspiros

Suspiros

Varios de los platos que cocino habitualmente hacen uso de la yema del huevo y desprecian las claras, lo cual me molestaba enormemente. El año pasado ya estuve probando en diferentes ocasiones para ver si conseguí cocinar suspiros, que es como los conocemos en las Canarias, Merengue, que es como lo conoce la mayor parte de la gente o Schuimpje que es el sencillo y modesto nombre de estas delicias en holandés y en este país son unos dulces típicos de la Semana Santa. He de reconocer que mis tres intentos acabaron en un fracaso rotundo. Las razones fueron varias: la temperatura de horneado no era la adecuada, la proporción de azúcar era errónea, el tiempo de horneado estaba mal calculado y finalmente la falta de una manga pastelera para darles la forma adecuada. Por suerte yo no me desanimo fácilmente y he seguido probando hasta que lo he logrado. Por fin puedo cocinar Suspiros y es algo muy fácil y rápido de hacer.

Lo primero que necesitáis es una manga pastelera para poder poner los Suspiros en la bandeja del horno. También tened en cuenta que si usáis un horno de aire caliente, las cosas se tienden a cocinar antes y os sugiero que lo dejéis un poco menos de tiempo. Con las cantidades que yo hago sale más o menos una bandeja llena de suspiros.

Los Ingredientes: 2 claras de huevo, doce cucharadas de azúcar fina (puede ser azúcar normal que pasáis por la minipimer) y un par de cucharaditas de aroma de vainilla.

La Implementación: Se enciende el horno a 150 grados para que se vaya calentando. En un bol se baten las claras hasta que estén a punto de nieve. Lo mejor es usar la minipimer con el accesorio para postres o acabaréis sacando unos músculos de escándalo. Cuando estén bien montadas se va añadiendo poco a poco el azúcar fina y se sigue batiendo. Después se añaden las dos cucharaditas de aroma de vainilla y cuando todo esté bien mezclado se pasa a la manga pastelera. En la bandeja del horno se pone un papel de hornear o una de esas nuevas de silicona y con la manga se van creando los suspiros. A mí me gustan pequeños. Cuando tengáis la bandeja preparada se pone en el horno durante cuarenta y cinco minutos. Es importante no abrir el horno durante este tiempo. Pasado los tres cuartos de hora se para el horno, se abre un poquito la puerta y se deja la bandeja dentro otra media hora para que se vayan enfriando los suspiros gradualmente. Después se saca la bandeja del horno, se dejan hasta que están totalmente fríos y ya tenéis vuestros suspiros.

Como veis no es difícil y lo único es tener en cuenta el no poner el horno a una temperatura muy alta y el truquillo de dejar la puerta del horno tras la cocción un poco abierta para que se enfríen gradualmente.

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Huevos revueltos Masala

Huevos revueltos Masala

Los fines de semana me gusta comenzar el día con un buen desayuno, algo con substancia que me cargue completamente para aguantar el ritmo frenético de esos días. No me gusta perder mucho tiempo preparando esa primera comida pero sí disfrutar comiendo y levantarme de la mesa con un tripón enorme. Buscando alguna receta en el libro de Indian Food Made Easy (Anjum Anand) encontré una muy sencilla para cocinar unos huevos revueltos que prometía reinventar el plato y añadir nuevos sabores. Decidí arriesgarme y se han convertido en todo un clásico que no me canso de cocinar y que en ocasiones preparo por la noche como cena rápida y sencilla.

Las cantidades están pensadas para una sola persona y no debería tomaros más de un cuarto de hora el preparar el plato completamente.

Los Ingredientes: 2 huevos, 1 cucharadita de aceite vegetal, 1 dado de mantequilla, media cebolla pequeña, medio tomate pequeño, medio chile verde (esos pimientos que son alargados como dedos …), 1 cucharadita colmada de cilantro y sal.

La Implementacion: Se pone una sartén al fuego con el aceite y la mantequilla. Se pela y se corta finamente la cebolla y se pone en la sartén durante un par de minutos. Mientras cortáis bien fino el tomate, el pimiento chile verde y en un bol se baten bien los huevos. Se mezclan con el tomate, el pimiento, el cilantro picado bien fino y se le pone un punto de sal y se añade a las cebollas que están al fuego. A partir de aquí se remueve continuamente, igual que haríais con unos huevos revueltos pero se dejan un poco más de tiempo al fuego.

Es una receta sencilla y delirantemente deliciosa.

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Pechugas de pollo envueltas en hojaldre

Pechugas de pollo envueltas en hojaldre

No me canso de repetir una y otra vez que yo soy fans de Jamie Oliver. Tengo casi todos sus libros y siempre que sale alguno nuevo, lo tengo reservado en Amazon desde antes de la fecha de publicación para recibirlo en la primera oleada. Me gusta su forma sencilla y creativa de cocinar, la manera en la que explica las cosas y la sensación de buen rollito que transmite. Además, Al cocinar sus recetas el resultado es tan bueno o mejor que el que podía ver en la foto. Hoy volvemos a su universo culinario para hacer unas pechugas de pollo fantásticas que además de saber deliciosas seguro que impresionan a los que tengan el placer de estar sentados a vuestra mesa. Es una curiosa mezcla entre hojaldre y pollo. He adaptado un poco los ingredientes a mi gusto y os sugiero que hagáis lo mismo si se tercia. En este caso la cantidad es para dos personas.

Los Ingredientes: 150 gramos de setas variadas, cualquier combinación vale (como último recurso tendréis que echar mano a los socorridos champiñones), 2 dientes de ajo, perejil, 2 pechugas de pollo, 250 gramos de masa de hojaldre, 1 huevo, 2 cucharadas de mostaza francesa, belga o alemana (de esas que vienen con los granos y que son un pecado divino), 1 vaso de vino blanco y 140 ml de nata líquida.

Comentar que la mostaza es el elemento sorpresa. No vale usar una de esas de bote en plan gitano, estropearéis toda la gracia a la salsa.

La Implementación: Calentar el horno a 200 grados. Mientras, trocear las setas, la mitad finita y la otra mitad más gruesa. En una sartén caliente, poner un par de chorritos de aceite de oliva y freír el ajo bien picado junto con las setas durante unos diez minutos. Salpimentar y añadir el perejil picado bien fino. Dejar que se enfríe un poco.

Abrir un poco la pechuga y rellenar con parte de esta mezcla. Después, coger la mitad de las hojas de hojaldre y estirarlas hasta formar un rectángulo de tamaño suficiente para envolver la pechuga rellena. Apretad bien las juntas y una vez tengas ambas envueltas, untar con el huevo, el cual se bate previamente. Poner al horno durante unos treinta y cinco minutos.

Mientras, en un caldero pequeño se añaden las cucharadas de mostaza, el vino blanco y se cocina hasta que se reduce liberando el alcohol. después, se añade la nata líquida y se mezcla bien.

Para servir, se corta la pechuga en tres y se pone por encima la salsa y si se quiere, unas gotas de aceite de oliva. Se puede acompañar con una ensalada o unas papas pequeñas al horno y por supuesto con el sofrito de setas sobrante. La salsa es una golosina, creedme.

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Tarta de quesos Ricotta y Mascarpone

Tarta de queso Ricotta y Mascarpone

Aquellos que tienen el dudoso privilegio de conocerme desde tiempos inmemoriales, y estoy hablando de aquella gloriosa época en la que Madonna publicó el True Blue, recordarán con añoranza como antes de emigrar a Holanda solía cocinar unas tartas de queso Philadelphia increíbles. Eran sin lugar a duda deliciosas y todos pensábamos que serían imbatibles por siempre jamás. Hace poco descubrí los quesos Ricotta y Mascarpone y se me abrieron los cielos ya que nada más probarlos intuí el potencial que tenían para conseguir la tarta de queso perfecta. Tras unos días de investigación conseguí dos recetas que tenían aquellas cosas que yo buscaba y tomando de una y de otra se obró el milagro.

La receta de hoy es obscenamente sabrosa y aunque pueda parecer complicada, no lo es. La preparación se divide en tres partes separadas. Por un lado tenemos los pistachos con los que recubriremos la tarta, por otro la base de galleta y finalmente, el cuerpo de la tarta. El utensilio imprescindible para esta receta es un molde desmontable. Yo he usado uno de veinte centímetros de diámetro y calculo que hasta los veintidós se pueden usar las mismas proporciones. No quiero enrollarme más, así que pasemos a la receta:

Recubrir la tarta:
Ingredientes. Cien gramos de pistachos (sin pelar), 2 cucharadas de miel, 3 cucharadas de azúcar y un poquito de sal.
Implementación. Se pre-calienta el horno a 180º y mientras se pelan los pistachos (o como quiera que se diga en español, básicamente es quitarles la cáscara). Si los conseguís sin sal, tendréis que añadir un poco de sal a la receta. En caso de que ya estén salados, os podéis ahorrar la sal en este paso. Se pone en un bol la miel y se mete diez segundos en el microondas para calentarla y que se vuelva más líquida. Al sacarla se mezcla con el azúcar y se añaden los pistachos. Revuélvelo bien para que los pistachos se empapen bien de la mezcla. Se ponen en la bandeja del horno, la cual previamente habremos cubierto con papel para repostería y procurando que estén separados y se hornean durante diez minutos. Se caramelizarán con la mezcla de miel y azúcar. Dejarlos enfriar y en caso que se hayan pegado, separar. Después meterlos en una bolsa y con el rodillo de amasar o un martillo para carne darles un buen repaso para desmenuzarlos pero procurad que no se conviertan en polvo. Los puedes preparar hasta una semana antes y guardarlos en un tupperware.

Base de la tarta:
Ingredientes. Quince galletas María, dos cucharadas de azúcar y cuatro cucharadas de mantequilla derretida.
Implementación. Precalentar el horno a 180º. Machacar las galletas en un almirez y mezclaras en un bol con el azúcar y la mantequilla derretida. Embadurnar el molde de tarta con mantequilla y poner la mezcla en el fondo. Aplanar con un vaso plano presionando ligeramente para que quede bien prieta. Poner al horno diez minutos y después dejar enfriar completamente. También se puede preparar el día antes para ganar algo de tiempo.

Preparación de la tarta
Ingredientes. Medio kilo de queso Ricotta, medio kilo de queso Mascarpone, 1 taza de azúcar, 4 huevos, 1 cucharada de piel de naranja bien troceada, 1 cucharada de zumo de naranja, 2 cucharaditas de aroma de vainilla y sal. Al servir necesitaremos cuatro cucharadas de miel.
Implementación. En un bol grande se mezclan los quesos con el azúcar. Lo mejor es ayudarse de la minipimer con el accesorio para postres a una velocidad baja. Después añadir los huevos, uno a uno y continuar mezclando. Hacer lo mismo con la piel de naranja, el zumo de naranja y las cucharadas de aroma de vainilla y una pizca de sal. En este momento tenéis una mezcla que tiene una pinta increíble y procedéis a echarla en el molde de tarta. Lo recubrís por fuera con papel de aluminio y lo ponéis en un recipiente mayor al baño María, con agua hirviendo. Se mete en el horno y se cocina durante cuarenta y cinco minutos. Después se abre la puerta y se deja enfriando durante media hora más en la que la tarta se sigue cocinando. Se saca del baño María y se deja que se enfríe completamente. Cuando esté frío se mete el molde en la nevera durante la noche o al menos seis horas.

Al día siguiente, abrir el molde y vuestra tarta saldrá en toda su gloria. La ponéis en la bandeja en la que vais a servirla y se ponen por encima los pistachos troceados procurando cubrir toda la tarta. Haced un poco de presión con la mano para que se fijen bien a la tarta. Si quieres puedes añadir la miel sobre la tarta ahora o en cada porción en el momento de servir (yo prefiero esto último porque así la gente puede elegir si quiere o no miel). Para la miel lo mejor es calentarla ligeramente en el microondas para que se vuelva más líquida. Con diez segundos basta.

Esta tarta aguanta perfectamente el congelado y también la puedes trocear y congelar cada porción. Para ello pones papel de hornear en el congelador y sobre este los trozos de tarta y se dejan unas horas hasta que se congelen y después los guardas en bolsas de congelado.

La foto igual no le hace justicia pero os aseguro que es un manjar, toda una delicia increíble y aunque parezca que hay que hacer un montón de cosas, es bastante fácil de preparar.

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Naan

Naan

En las últimas semanas hemos visto algunas recetas de comida hindú salteadas con otros platos más tradicionales y lo que se echaba en falta era el Naan, el pan típico hindú del que nos atiborramos siempre que vamos a un restaurante y no nos damos cuenta de lo fácil que es su preparación. Con la receta de hoy salen cinco naan que son suficientes para tres o máximo cuatro personas.

Los ingredientes: 200 gramos de harina de trigo (no la de repostería sino la normal sin ningún tipo de levadura), 2 cucharaditas de azúcar, media cucharadita de sal, media cucharadita de levadura química (baking powder), 130 mililitros de leche, dos cucharadas de aceite vegetal, 1 cucharada de mantequilla derretida y para poner por encima de los naan las semillas o las hierbas que más os gusten, como puede ser el sésamo, o incluso o ajo picado.

La implementación: Preparad un lugar para hacer la mezcla y poner la harina, el azúcar, la sal y la levadura química, mezclándolo todo. Por otra parte mezclar la leche con el aceite. Aquellos que hayan hecho pan u otras masas ya saben lo que viene. Se prepara una montaña con la harina y el resto de ingredientes secos y se hace un hoyo en el medio en el que se echan los líquidos. Después se va mezclando lentamente trabajando de afuera hacia adentro y una vez el líquido haya sido absorbido se sigue amasando durante unos diez minutos y si veis que la masa está muy pegajosa, añadid un poco más de harina.

Se coloca esta masa en un bol aceitado, se cubre con un paño y se deja en un lugar cálido al menos una hora para que doble su tamaño. Después de corta en cinco bolas. Se precalienta el grill a la máxima temperatura. Con cada una de las bolas se crea una torta ayudados del rodillo de amasar o en su defecto de una botella. se espolvorea sobre la torta lo que hayamos elegido para darle sabor y se pone al horno un par de minutos o hasta que se esté poniendo quemadito. Se puede echar un poco de mantequilla derretida por encima y se sirve caliente.

Como veis es sencillo de cocinar y marcará la diferencia. A veces hago este tipo de pan para platos normales de carne porque es como una golosina que se come sola y para salirme un poco de las típicas papas fritas o el puré de manzana.

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Plátanos con chocolate

Plátanos con chocolate

Siempre que me visitan amigos con niños pequeños surge el problema de la comida para los chiquillos. Los postres que a mí me gusta cocinar no suelen ser de su agrado porque ellos prefieren cosas más sencillas y con chocolate así que o les hago unas galletas o tengo que comprarles alguna natilla o algo por el estilo.

Esto fue así hasta que descubrí la receta de plátanos con chocolate de la que hablaremos hoy, una delicia muy fácil de organizar y que los niños adoran. Se pueden hacer tanto con chocolate blanco como con chocolate negro aunque mi experiencia con el primero es que es mucho más líquido y cuesta más conseguir el efecto deseado. Cualquiera puede hacer esta receta ya que no requiere grandes conocimientos y lo único es tener en cuenta un par de trucos.

Los Ingredientes: dos platanos, una tableta de chocolate negro o chocolate con leche o blanco.

La Implementación: Pelar los dos plátanos y cortar en tres piezas después de quitarles las puntas. Poner un poco de papel de hornear en el refrigerador y colocar los plátanos sobre el mismo una hora y media. Este es el truco, no hay más ciencia. Si se quiere se pueden pinchar los plátanos con un pincho de madera y así al untarlos con el chocolate será mucho más fácil. Cuando los plátanos estén fríos, poner en un recipiente la tableta de chocolate y derretir al baño maría. Sacar los plátanos del congelador e ir untándolos con el chocolate. El frío del plátano hará que el chocolate solidifique enseguida. Poner en el plato en el que vais a servirlos y si la comida es unas horas más tardes guardar en la nevera.

No me diréis que no es algo sencillo de preparar y os aseguro que los chiquillos repetirán y saldrán encantados de vuestra casa.

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Papas al horno

Papas al horno

Muchas veces freímos papas para acompañar platos de carne o pescado por falta de imaginación o porque creemos que cocinar alguna alternativa es complicado. En realidad las papas son muy versátiles y puedes cambiar totalmente un plato de carne si las papas están a la altura del resto. El plato de hoy es muy sencillo de preparar y muy sabroso y queda fantástico como acompañamiento de carnes y pescados. Yo diría de comenzar a prepararlo una hora antes de comer para que estén recién hechas justo cuando la comida llegue a la mesa y creedme, esto no toma casi ningún esfuerzo de preparar. También me gustaría recordaos que esta receta no hay que seguirla al dedillo, podéis improvisar, añadir vino blanco, elegir otro tipo de hierbas o incluso variar usando otro tipo de papas.

Los ingredientes: 3 papas, 1 cebolla, aceite de oliva, sal gorda, hierbas al gusto (romero, tomillo, orégano o las que más os gusten).

La implementacion: Enciende el horno a ciento ochenta grados y mientras se calienta pela las papas y córtalas en rodajas. Pela también la cebolla y córtala en aros finos. Coger una bandeja para horno y untarla con aceite de oliva. Colocar en ella las papas y la cebolla y echar por encima un poco de sal gorda y las hierbas que hayáis elegido en buena cantidad. Se echa por encima un chorro de aceite de oliva y se mete al horno durante unos cuarenta minutos o hasta que las papas están tiernas.

Ya veis que la ciencia detrás de este plato es muy simple y el resultado increíble. En ocasiones le pongo un chorro de vino blanco y también quedan muy sabrosas.