Álbum de fotos de Roma
No me canso de repetir que Roma es una ciudad llena de maravillas. Están en la calle, en plazas y rincones, en ruinas y dentro de la miriada de iglesias y basílicas que llenan la capital del Cristianismo. En la basílica de San Pietro in Vincoli hay dos hitos que uno no puede perderse. Por una parte están las reliquias de las cadenas con las que ataron a San Pedro durante su encarcelamiento en Jerusalén. Por otra tenemos el Moisés de Miguel Ángel, toda una joya que fue originalmente esculpida para poner en la tumba del Papa Julio II en la basílica de San Pedro. Para ver este Moisés hay que ir a determinadas horas al día porque la iglesia tiene unos horarios algo extraños. Está a medio camino entre el Coliseo y la estación de tren, escondida y sin la espectacularidad exterior de otras basílicas porque su belleza la esconde en su interior.
Dentro de la Basílica de Santa María la Mayor, el sol juega a iluminar una de las múltiples piezas de arte que alberga. Esta es una de las cinco basílicas patriarcales y tiene el mérito de ser la única que conserva la estructura paleocristiana primitiva.
No consigo recordar el nombre de esta basílica, aunque creo que era la que está cerca de las escalinatas de la Plaza de España. Lo cierto es que cada iglesia de la ciudad de Roma, cada Basílica, es un derroche de lujo y ostentación, un festival de curas y cardenales que parecen atareados en algo aunque nadie sabe muy bien lo que puede ser. La asistencia a esos servicios tampoco es muy numerosa y predominan los turistas despistados que descansan en los bancos de la iglesia o los chinos y japoneses que hacen fotos de todo sin respetar los servicios religiosos.
Al caminar en las ruinas de las Termas de Caracalla uno se siente como si estuviera en un gran templo por las proporciones monumentales del recinto. Estamos hablando de un lugar construido hace veinte siglos y que aún perdura, un templo para el cuerpo.
Nos vamos despidiendo de la ciudad de Roma y miramos por última vez hacia la Basílica de San Pedro y el Vaticano. Lo hacemos desde lo alto del Castillo de Sant’Angelo. Cada uno de los visitantes a la ciudad de Roma descubre algo que lo engancha y lo ata de por vida a la misma. Pueden ser sus estrechas calles, la majestuosidad de las basílicas, el silencio en las viejas ruinas romanas o esa peculiar distribución sobre colinas. En mi caso son los tejados y la proliferación de cúpulas allá a donde mires.
Hace diecinueve siglos los patricios romanos caminaban sobre estos mosaicos cuando iban a las termas de Caracalla. Para mí es un auténtico milagro que hayan logrado sobrevivir todo este tiempo y un privilegio haber podido estar allí y verlos.
Paseando por la ciudad de Roma no dejas de encontrarte rincones increíbles que parecen postales. Desde el puente que lleva al Castillo de Sant’Angelo capturé este puente sobre el río Tíber acompañado por la gracia de la Basílica de San Pedro y su preciosa cúpula.
La Basílica de San Pedro es un edificio impresionante que gana en elegancia al caer la noche y engalanarse con las frías luces que lo iluminan. El lugar parece otro sin las multitudes que caminan durante el día por la avenida en dirección al Vaticano o volviendo del mismo y los vendedores callejeros que tratan de colocar sus mercancías a esos turistas.