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Zaragoza es Caesaraugusta

Llegar hasta aquí no fue fácil y la historia de este viaje comenzó en Un exótico viaje de Holanda a Zaragoza

Al llegar a Zaragoza nos echamos inmediatamente a la calle. Siempre es bueno perderse en los primeros minutos porque así aprendes a orientarte en ese lugar desconocido más rápidamente. Teníamos los mapas que nos habían dado en la oficina de turismo de la estación de Zaragoza y con eso teníamos claro hacia donde se tenía que caminar para tropezar con el río Ebro. En los dos días posteriores intentamos encontrar la calle que usamos pero sin suerte. En ella había una tienda con un cartel muy chulo al que queríamos hacerle una foto pero no fue posible. Llegamos al puente de Piedra y desde allí miramos hacia la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, la cual tenía una de sus torres envuelta en un andamio. A la vera del río trabajaban a destajo para construir un embarcadero que se usará en la exposición que se celebra en la ciudad en menos de un mes. Yo no soy muy bueno en esto de calcular la finalización de obras, pero si consiguen hacer esa en los veintipico días que les quedan, será un milagro que le pueden atribuir a la Virgen que vive al lado. Retrocedimos y entramos en la plaza del Pilar y lo primero que te llama la atención es que la Basílica está cubierta por andamios y salvo por una torre, todo lo demás no es visible. Desde la parte del río parecía que solo era una torre pero nos equivocamos, era casi todo. Conviene comentar que en esta primera salida no teníamos las cámaras de fotos con nosotros. Entramos en una cafetería en la calle de Alfonso I y nos merendamos un chocolate con churros (o quizás debería decir porras, aunque para mí, tanto los unos como las otras reciben el mismo nombre). Después nos encontramos con nuestro otro amigo, aunque antes vimos una exposición en el Palacio Condes de Sástago de algo relacionado con toros y ya con el trío al completo fuimos a realizar una visita de inspección y particularmente a avituallarnos en la oficina de Turismo que hay en la plaza del Pilar. Esa noche cenamos en un callejón lleno de bares de tapas y nos retiramos temprano porque estábamos agotados.

La mañana siguiente, después de desayunar nos pusimos en ruta. Salimos en dirección hacia la Basílica del Pilar, la cual se puede visitar gratuitamente. Es enorme aunque por dentro luce algo ajada. Necesita una buena remozada y algo de luz que le de vidilla. La planta cuadrada tampoco ayuda mucho y le quita algo de la espectacularidad que tienen otras basílicas que he visto. Comentar que esta no es la catedral de la ciudad. Tocamos el Pilar y vimos a la Virgen que está sobre el mismo y me sorprendió lo pequeña que es. Me la imaginaba imponente y a juego con la basílica y es prácticamente de tamaño souvenir. En el exterior, en la plaza del Pilar, el lugar estaba tomado por bodas civiles que se hacían las fotos allí. Un montón de ellas y todas parecían tener en común que los contrayentes estaban en su segunda o tercera boda o eso o la gente se está casando ya cerca de la cincuentena. Como siempre, en algunas de las bodas los trajes y accesorios de los acompañantes eran de juzgado de guardia.

Nos acercamos a ver las Murallas Romanas de la ciudad, la cual estaban restaurando y el Torreón de la Zuda, el cual hospeda una oficina turística en su interior y al que se puede subir gratuitamente para ver la basílica y alrededores desde sus cinco pisos de altura. Es del siglo XV de estilo Mudéjar. Vimos también el Mercado Central, con un edificio de planta muy similar al Mercado del Puerto en Las Palmas, solo que más alargado e intentamos entrar en la Iglesia de Santa Isabel pero estaba cerrada, así que retrocedimos hacia la plaza del Pilar, le hicimos unas fotos a la Lonja, la cual estaba cerrada y nos acercamos al museo del Foro de Caesaraugusta pero ese viernes estaba cerrado por mantenimiento. Lo dejamos en la lista de cosas pendientes y entramos en la Catedral de San Salvador, más conocida como la Seo. La entrada cuesta dos euros y medio y no te dejan hacer fotos en su interior. Esto es algo que me toca tremendamente los huevos. No había ninguna razón para que no permitan hacer fotos sin flash allí dentro. Está bien iluminada, bien restaurada y posiblemente habrían salido unas fotos increíbles. En su lugar, solo diré que para la próxima vez que vaya me ahorro el dinero y me lo gasto en las mismas putas que el cura que andaba leyendo periódicos gratuitos en su interior. La Seo tiene también un museo de tapices al que hay que pagar otros dos euros para entrar y optamos por pasar. He hecho fotos en la basílica de San Pedro, en TODAS las basílicas que hay en Roma y en prácticamente todas las catedrales que he visitado a lo largo y ancho de Europa. Imagino que los que rigen la Seo siguen anclados en la Edad Media y no han oído hablar de la fotografía digital.

Con el mal sabor de boca que nos dejó la avaricia y desidia de los curas, nos acercamos al Museo del Puerto Fluvial de Caesaraugusta y compramos la entrada combinada para ver los cuatro museos romanos por seis euros. El sitio es increíble, una auténtica pasada, con restos del siglo I y II después de Cristo. Además de la espectacularidad de las ruinas, hay una proyección audiovisual bastante efectiva. Desde allí salimos en dirección hacia el Teatro de Caesaraugusta, en donde tras ver otra proyección lo recorrimos con calma. Resulta increíble como descubrieron el teatro por casualidad en los setenta y como se ha podido desenterrar. Aún más increíble es el buen estado de las ruinas que encontraron. La visita nos lleva casi veinte siglos hacia atrás en la historia. Muy cerquita está el Museo de las Termas Públicas y allí nos dirigimos. Este decepciona un poco, pero aún así bien vale una visita.

Cambiamos de tercio y entramos en el Museo Ibercaja Camón Aznar, el cual es gratuito y acaba de reabrir tras una reforma. El edificio, fantástico, la colección, gloriosa, con un montón de grabados de Francisco Goya y algunos cuadros. Absolutamente recomendada su visita. Nuestras entradas fueron las número 4019 y 4020 de esta nueva era.

Al acabar la visita nos sentamos en una cafetería a tomarnos algo y descansar un poco y después nos fuimos a almorzar antes de seguir la ruta. Caminamos en dirección hacia la Plaza de Toros de la Misericordia y después de las fotos de rigor seguimos hacia el Palacio de la Aljafería, el cual solo abre por la tarde los viernes. La entrada vale tres euros y elegimos la visita guiada. Nos tocó una guía malísima, una tipa que te quita las ganas de ver el lugar. Tratamos de ignorar lo que decía y nos centramos en admirar un edificio fantástico, una sucesión de palacios entre unas murallas bien gruesas para protegerlo y que es Patrimonio de la Humanidad y referente del arte mudéjar de Aragón. Primero caminamos por el Palacio islámico y desde allí subimos al Palacio cristiano medieval y a la parte superior de la Torre del Trovador, la parte más antigua de este conjunto y que data del siglo IX. Después pasamos por el Palacio de los Reyes Católicos con su espléndido salón del trono y su estilo mudéjar. Terminamos la visita visitando las Cortes de Aragón en donde han reemplazado el símbolo de la comunidad por una escultura de Pablo Serrano llamada Lugar de Encuentros porque al parecer, los terroristas musulmanes se sienten ofendidos con una bandera en la que aparecen las cabezas de cuatro morangos para recordarnos a todos lo mucho que nos costó echarlos de España en el pasado. Ya sabéis que la historia tiende a repetirse, así que tarde o temprano tendremos que empezar a añadir cabezas en nuestras banderas con los que tendremos que echar. Sigo sin entender por qué nosotros debemos ser políticamente correctos y ellos tienen una política de tolerancia cero con todo lo nuestro en sus países.

Nos perdimos por las calles del lugar y al final encontramos la Pasarela del Voluntariado, la cual cruzamos para pasear por el nuevo parque que hay al otro lado y así ver la ciudad desde ese lado. Volvimos a cruzar el río Ebro por el Puente de Santiago y allí concluimos más o menos la visita a la ciudad. Esa noche, a las diez, fuimos de nuevo al Teatro de Caesaraugusta para ver un espectáculo nocturno que está incluido en el precio de la entrada conjunta y que está muy conseguido. Después nos fuimos a cenar y nos recogimos temprano ya que para el sábado teníamos planeada una sesión intensiva y comenzábamos a primera hora.

Un exótico viaje de Holanda a Zaragoza

Siempre he preferido los viajes lo más directos posibles, más que nada porque a mayor número de transportes, mayor probabilidad de tener problemas. De la teoría a la práctica siempre hay diferencias y prefiero ajustar todo lo que puedo para reducir estas. Sin embargo, en mi viaje a Zaragoza no ha sido posible. Aunque es una gran ciudad, en lo que respecta al transporte aéreo llevan un retraso de una década y son muy escasas las opciones que uno tiene para llegar allí. Estamos hablando de la ciudad que albergará la Exposición Internacional 2008. La combinación que conseguí fue yendo vía Madrid.

Salí a las seis de la mañana desde mi casa para coger el autobús. Ya había amanecido y el sol lucía espléndido. Había gente en la calle paseando a sus perros y haciendo deportes. A la hora precisa apareció la guagua y comenzó el viaje. En la estación de Utrecht compré un billete para ir hasta Eindhoven en tren y bajé al andén para esperar el tren, el cual llegaba diez minutos más tarde. La siguiente hora la pasé dormitando en el tren, jugando a los jueguillos que tengo en mi teléfono móvil y escuchando música. A esas horas los trenes ya van llenos con gente que empieza a trabajar temprano. Y por supuesto estábamos la banda que viajaba desde el aeropuerto de Eindhoven, un grupo fácilmente distinguible por los trolleys y bolsas que cargábamos. En la estación de Eindhoven salí a la parada de guaguas y me subí en la que va al aeropuerto. Se petó completamente, un lleno legendario. Además de la multitud hay que contar el equipaje y os haréis una idea de lo que parecía aquello. La gente que se bajaba en las paradas anteriores al aeropuerto lo tenía bien crudo porque las salidas estaban bloqueadas con maletas y similares. Tras unos veinte minutos entramos en el aeropuerto y se produjo la desbandada. Los que tenían que facturar corrían como posesos para adelantarse al resto y yo me pasé por el baño a recuperar el dinero pagado en tasas dejando una gran jiñada, algo habitual y que recomiendo a los viajeros para que en los aeropuertos se gasten algo de dinero.

En esta ocasión volaba con Ryanair y gracias a que llevaba mi tarjeta de embarque impresa desde casa y no facturaba equipaje estaba en el grupo de los elegidos, esos que pueden correr hacia el avión con ventaja para conseguir los mejores sitios. A la hora de pasar el control de tarjetas de embarque y pasaporte se juntaron dos vuelos en la misma puerta y para cuando lo solucionaron yo estaba el primero en la fila. Pasé y me di el lujo de entrar en el avión y elegir el sitio que se me antojó. El sistema de Ryanair funciona como un reloj, la gente entra rápidamente y en menos que canta un gallo estamos listos para el despegue, el cual sucedió antes de tiempo. En el aire cruzamos los despejados cielos del centro y norte de Europa y al llegar a Madrid lloviznaba y hacía frío. Debería ser al revés, uno no sale de Holanda con veintipico grados para llegar a España con diecisiete pero así sucedió. Desde el aeropuerto cogí el metro para ir a Delicias, máxima dificultad con dos cambios de línea entre medias. En el metro huele mal, como a sudor macerado durante décadas. En una de las estaciones en las que hice transbordo los agentes de seguridad se llevaban a una delincuente que chillaba como una bellaca. Algún turista hizo fotos, encantado por esa postal tan typical Spanish. Al salir a la calle en Delicias llovía y fui escopeteado a reunirme con M. Era la una de la tarde. Teníamos tres horas hasta la salida de nuestro AVE a Zaragoza así que aprovechamos para almorzar en Madrid y después subimos andando hasta la estación de Atocha. Teníamos asientos separados en el tren y preguntamos a una empleada para averiguar como cambiarlos y sentarnos juntos pero no saben o no contestan. Después de varios infructuosos intentos nos dimos por vencidos y nos dirigimos a la sala de espera. Hubo suerte y el tren no iba lleno y además no hacía escalas en ningún otro lugar y una vez cerraron las puertas y arrancamos nos sentamos juntos.

En la siguiente hora y media cabalgamos a lomos de un AVE con cabeza de pato el cual nos dejó en la estación de Zaragoza a la hora esperada. Al salir de la estación fue como saltar de un universo increíble y maravilloso a las calles de una ciudad en guerra ya que estábamos rodeados de grúas, martillos neumáticos, camiones de obras y un ruido ensordecedor. En la improvisada parada de autobús esperamos el que nos tenía que llevar al centro. Sorprender el ver como los trabajadores no respetan las medidas de seguridad que están para protegerlos y protegernos. Allí el único con casco era el conductor de un tractor que iba además dentro de la cabina, bien seguro. Las vallas estaban mal puestas y la señalización brillaba por su ausencia.

Tras esperar unos diez minutos llegó la guagua, nos subimos y después de un para y arranca que duró cerca de media hora y que estaba amenizado por un atasco de tráfico llegamos a la zona en la que estaba nuestro hotel, en la calle de San Miguel, pleno centro de la ciudad. Así comenzaron estas vacaciones en Zaragoza.

En Zaragoza

Desde hoy hasta el domingo ando por Zaragoza. No hay que preocuparse porque Distorsiones seguirá su relajado camino sin mí. En estos días visitaré la ciudad y sus alrededores con dos viejos amigos y seguro que surgirán un montón de anécdotas que alimentarán mi imaginación y por consiguiente, este pequeño rincón de mi mundo.

Para este viaje tengo una combinación exótica de medios de transporte que espero que funcione y que incluye autobús, tren, autobús, avión, metro y tren de alta velocidad para llegar a Zaragoza y avión, autobús, tren, autobús y autobús para volver a Utrecht. Serán cuatro aeropuertos distintos con lo que seguro que surgirán odiosas comparaciones.

Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda

Visto el volumen de consultas que generan las anotaciones que hice sobre Amsterdam y alrededores y ya que casi siempre la gente pregunta algo que ya ha sido respondido en alguna de ellas, he optado por crear este pequeño índice que os señala el camino hacia todas ellas de una forma más sencilla.

Para aquellos que quieren visitar únicamente la ciudad de Ámsterdam, pueden encontrar un montón de información útil en:

Lo pueden complementar con la Guía no definitiva de la cocina holandesa para saber más o menos lo que merece la pena probar.

Si además queréis hacer alguna excursión a los alrededores y visitáis el país entre finales de marzo y la segunda semana de mayo, deberíais ir al Keukenhof - El paraíso de los tulipanes.

También en primavera y verano, es posible visitar la ciudad de Alkmaar en viernes por la mañana para ir a ver el mercado del queso. Tenéis toda la información en Excursiones desde Amsterdam: Alkmaar o Delft. La forma en la que creé estas anotaciones fue poniendo dos ciudades distintas para que se pudiera elegir. La alternativa a Alkmaar fue Delft, pequeña ciudad universitaria y lugar en donde entierran a los reyes holandeses.

También podéis optar por complementar la visita a Alkmaar con una a Zaanse Schans o Volendam y Marken. En el caso de Zaanse Schans, están en la misma ruta de tren. Los pueblos pesqueros de Volendam y Marken son lugares turísticos que sin estar muy lejos de Amsterdam, parecen de otro universo.

Cerca de la ciudad de Amsterdam tenemos dos ciudades muy hermosas. Podéis elegir entre Haarlem y Utrecht. Si es un día soleado no dejéis de subir al Dom de Utrecht, es una hora subiendo casi seiscientos escalones pero la vista desde allá arriba hace que merezca la pena.

Para los amantes de grandes ciudades pueden optar por Rotterdam o la Haya. La primera es la ciudad más moderna de Holanda, con el puerto más grande de Europa y todo un despliegue de arquitectura y la segunda es la sede del gobierno y una ciudad bastante hermosa. Se puede ir con el tranvía hasta Scheveningen y pasear junto al mar del Norte.

Una excursión algo más complicada es a Kinderdijk, el paraíso de los molinos de viento. Toma su tiempo y hay que tener algo de espíritu aventurero pero lo pagan las vistas de esos molinos de viento que funcionan ahora igual que lo hacían cuando se construyeron.

Para aquellos que no lleguen al país por Schiphol (Amsterdam) sino por el aeropuerto de Rotterdam, hay información en la Guía para el transporte desde el aeropuerto de Rotterdam.

Y finalmente, los realmente aventureros y a quienes no importe unas cuantas horas para llegar a su destino, para esos sugiero que se den un paseo por la ciudad de Brujas, en donde podrán ver todas estas maravillas

Todo esto está acompañado por numerosos álbumes de fotos en los que podéis encontrar más información en cada una de las imágenes:

En los comentarios de todas esas anotaciones y fotos también hay información que os puede ser útil y siempre he procurado responder las preguntas que la gente deja. En el futuro es posible que escriba algo más sobre lugares que visitar o cosas que hacer y esas anotaciones acabarán incorporándose a este índice.

Volviendo a casa

Dar un salto de tres mil kilómetros no es fácil. Si además se te ocurre hacerlo por la noche, es aún más complicado, aunque por otra parte, tiene sus ventajas. El domingo volvía a los Países Bajos por la noche y eso me permitía aprovechar el día casi al completo en Gran Canaria. Me lo pasé tirado en la playa apurando al máximo los últimos rayos de sol, cambiando la posición cada media hora cual girasol al que no se le escapa ni uno. Por la tarde, metí los kilos de productos de cochino que me traía a Holanda en la maleta, un trolley que para cualquier terrorista musulmán serían múltiples pecados mortales por su contenido en alcohol, jamón serrano y fuet, me duché y mi padre me dejó en el punto de partida de mi aventura dos horas y media antes de volar. Facturé de los primeros y la amable y entregada señorita que estaba trabajando ese día allí me otorgó el asiento 1F, el mismo en el que viajé en el trayecto de ida. Al mirar mi trajeta de embarque tuve un momento de mal rollo. El número de vuelo era el 666 y el código de control de mi tarjeta de embarque el número 13. Toda una combinación que animaba a salir por patas y no arriesgarme.

Me resigné y para matar algo de tiempo decidí pasarme por la farmacia del aeropuerto a preguntar por los Earplanes para niños, algo que le había prometido a mi hermana. Mientras hacía cola a mi lado veo un julay que parece agitanao, de pelo rubio y con unas patillas de lo más. El tío me mira y nos reconocemos. Un antiguo amigo del instituto al que no veía hacía dos años. Eso sí que es casualidad. Nos pasamos las dos horas siguientes hablando y poniéndonos al día y por poco me despisto y pierdo el vuelo. Intenté cruzar el control de seguridad por el lado de la terminal que es para vuelos regionales pero no coló. Los tercos empleados me negaron el paso, pese a que esa puerta da a la misma terminal que la otra y no hay ningún tipo de barrera que separe la zona regional de la de vuelos comunitarios. En fin, para trabajar en esos empleos no se suele buscar la inteligencia y definitivamente uno no puede sacar de donde no hay. Caminé hasta la entrada adecuada y después de despojarme de todo y quedarme con poco más que mi micro-tanga, entré en el lado SEGURO, ese al que la gente pasa tijeras y todo tipo de cosas que supuestamente detectan.

El avión de Transavia volvía a casa en hora y entré y ocupé mi lugar sin más esperas. En seguida me di cuenta que era el mismo avión con el que había venido y como he dicho, me sentaba en el mismo sitio. Algo extraño que contribuó a engordar las malas vibraciones. Gracias a mi simpleza, igual que me chocó el detalle, desapareció de mi cabeza y me centré en mirar a los pasajeros que entraban para averiguar quienes eran los que se sentarían a mi lado y serían ignorados durante cuatro horas. Como siempre, el iBook y el iPod mini para acompañarme durante el vuelo, junto con mi almohada inflable para el cuello. Por culpa de esos vientos tan extraños que estamos teniendo por la vieja Europa en estos últimos tiempos, nuestro vuelo se extendió media hora más allá de lo previsto. Además de dos episodios de la segunda temporada de Torchwood me eché un sueñecillo y pasé toda la maniobra de aproximación fascinado porque Holanda estaba cubierta de unas nubes tan bajas que reflejaban la luz de las ciudades y uno podía recomponer el mapa del país en base a manchas luminosas. Parecían montones de algodón con un foco situado en el otro lado y una vez cruzamos hacia esa parte, si mirabas hacia las nubes también se podía ver la luz reflejándose en ellas.

Después de tomar tierra salí de los primeros y llegué a la zona de recogida de equipaje con tiempo para comprar mi billete de tren y aún tenía alguna esperanza de ir a casa en el que sale a las dos. Mi gozo se trocó en drama cuando en los paneles vi que el equipaje no comenzaría a salir por la cinta hasta las dos y diez. La gente se vuelve loca cuando aquello se mueve y siempre se desesperan y se apelotonan como si les fueran a robar sus maletas. Yo mientras tanto me ponía al día leyendo mi correo electrónico y de cuando en cuando le echaba un ojo a la cinta. Mi maleta apareció la penúltima y para entonces ya empezaba a perder la fe.

Salí como siempre sonriendo a los policías de aduanas, que parecen preferir a los holandeses y siempre me dejan pasar y me quedaban veinte minutos para el siguiente tren, ya que entre la una y las cinco de la mañana solo hay uno por hora, el legendario tren-nocturno.

En el aeropuerto de Schiphol hemos pasado de no existir ningún Starbucks a tener tres en un par de meses. Lo peor no es que se venda esa basura de café, lo malo es que existan totorotas que se sientan allí pagando un precio astronómico por tomar un brebaje en un vaso de papel, en una mesa llena de mierda de clientes anteriores y pretendan simular que están teniendo una experiencia mística. Cerca de este antro para metrosexuales y gilipollas hay un montón de bares abiertos toda la noche en el aeropuerto y allí me tomé algo junto con los otros pasajeros del tren. Bajamos al andén con cinco minutos y nuestro tren llegó a la hora prevista. El nocturno no va directo a Utrecht. Pasa primero por Amsterdam Centraal en donde se detiene un rato así que los treinta minutos que se tarda habitualmente se convierten en cincuenta. Cuando llegué fui a la parada de taxis de la estación y estaba totalmente vacía. Da un mal yu-yu cuando no hay ni un solo coche en el lugar y supuse que esto formaba parte de mi combinación de números gafados. Me conecté a las páginas amarillas para mirar el número de alguna empresa de taxis, algo que las otras personas que hacían cola también estaban haciendo. Mientras estábamos en ello se escuchaba a lo lejo pitidos cortos, de unas décimas de segundo pero continuos. A uno se le ocurrió mirar hacia la calle, ya que la parada de taxis está en la parte superior de la estación y descubrimos que los taxis estaban abajo, esperándonos. A continuación vino una de esas carreras en las que no hay dignidad ninguna y en la que gané arrastrando como pude la mochila y el trolley por las escaleras mientras procuraba empujar y bloquear a los otros. Diez minutos más tarde estaba en casa. Eran las cuatro y diez y me desvelé. Dormí menos de tres horas y a la mañana siguiente estaba como un campeón en la oficina para dormir en mi despacho.

Grandes Noticias: Parece que los dioses han escuchado las plegarias de los grancanarios y por fin hay vuelos de la mejor de las aerolíneas españolas. Tanto Madrid como Sevilla son ya ciudades vueling a las que se puede saltar por un módico precio y con una calidad soberbia usando esta compañía desde mi tierra. Y como hay al menos uno que seguro que me acusa de parcial y malvado, comentar que Clickair, la compañía esa con la que yo nunca he volado por culpa de mis prejuicios a uno de sus accionistas, también vuela desde Gran Canaria a Sevilla y a Barcelona. Quizás algún día una de las dos conectará Amsterdam directamente con mi isla y yo seré su cliente número uno.

Un viaje tan sencillo como otro cualquiera

En el siglo veintiuno todos esperábamos que volar fuera algo sencillo y rápido de hacer pero por culpa de los cabrones de los terroristas musulmanes se ha vuelto algo tedioso y que cuesta horas de nuestra vida. Por eso, para tomar mi vuelo de las tres y media a Gran Canaria salí de mi casa a las doce de la mañana y eso que ya tenía mi tarjeta de embarque, mi asiento asignado y solo debía largar la maleta y entrar al avión.

La rutina para llegar al aeropuerto está muy leída. Primero voy en guagua a la estación de Utrecht y desde allí un tren intercity me deja en el aeropuerto en media hora. Me toma cinco minutos facturar mi trolley y después me queda más de dos horas para matar en el aeropuerto, el cual es como un inmenso centro comercial en el que en los últimos doce meses han proliferado los Starbucks. Hay tres y en todos se puede disfrutar con la mierda de café que venden y la pedantería de sus empleados. Justo al lado de uno de ellos hay un café italiano que además de ser más barato, está a años luz en calidad y en servicio pero los Orcos acudirán en manadas a los locales de la cadena americana, se sentarán en mesas sucias y llenas de vasos de papel de los clientes anteriores y pretenderán estar disfrutando de una experiencia religiosa con sus caros cafés.

Si llegas a Schiphol con tiempo y hay un buen día, te sugiero que subas a la terraza para alucinar con el aeropuerto. Desde allí tienes una vista increíble de las diferentes secciones en las que se divide el aeropuerto y puedes ver decenas de aviones. Es una danza fascinante con aviones que llegan, sueltan su carga de pasajeros y maletas, reciben combustible, nuevas maletas y pasajeros y se van tan rápido como han venido. También en esa zona del aeropuerto hay uno de los mejores lugares para comer.

En el control de seguridad no tuve mayores problemas y lo habría completado en medio minuto si no es porque el hombre delante de mi pitaba continuamente. Le hicieron quitarse los zapatos, todo lo que llevaba y seguía pitando y en su muñeca se veía claramente un reloj pero al parecer ni él ni los de seguridad lo veían porque seguían pidiéndole que se revisara y no avanzábamos. Al final lo dejaron ir, lo cual nos sirve para recordar que la seguridad en los aeropuertos es un veinte por ciento de lo que debería ser y que la gente cuela de todo sin que los empleados se enteren.

Como aún tenía tiempo y mi avión arrastraba media hora de retraso, aproveché para conectarme a internet con mi portátil y el gprs del teléfono. Ya habéis escuchado a los comemierda que predican en contra de los MAC. En realidad son unas máquinas tan malas que te permiten conectarte a través del teléfono fácilmente. Seguramente se podrá hacer lo mismo con sus cacharros, aunque en el caso del trasto Dell que me ha dado mi empresa, tendría que comprarme un adaptador bluetooth o llevar el cable conmigo porque algo tan útil y simple como el Bluetooth no lo traen por defecto.

Tras mi momento de adicción me acerqué a mi baño favorito del aeropuerto y jiñé como Dios manda. Ahí fueron los cuarenta euros de tasas que te cargan por pasar por este recinto. Para aquellos que estén pensando en visitar Holanda después de Julio, les conviene saber que el primer día de ese mes se comenzará a aplicar una nueva tasa, un impuesto pseudoecológico que se usará para pagar las corruptelas de los políticos y por el que os clavarán otros doce euros más. Entre los cuarenta de un lado y los doce del otro, comienza a compensar el viajar hacia Bélgica o Alemania y volar desde allí.

Yo había impreso mi tarjeta de embarque desde el día anterior y aunque siempre me siento en la parte posterior, como sabía que el avión iba hasta la bandera elegí la primera fila y de esta forma tener más espacio, algo que se agradece en los vuelos estos en los que no llevan como sardinas en lata. Después de despegar comenzó mi programa de entretenimiento personal que constó de los dos últimos episodios de la primera temporada de las Crónicas de Sarah Connor. Sin más contratiempos llegamos a Gran Canaria en donde al abrir la puerta delantera del avión nos golpeó la agradable temperatura de la isla.

Álbum de fotos de Brujas

Belfort desde Rozenhoedkaai

Para el visitante, resulta sorprenderte el caminar por la ciudad de Brujas y retroceder unos cuantos siglos en el tiempo. Es uno de esos lugares que hay que visitar al menos una vez en la vida y por desgracia para los que pasan por allí, tienden a repetir porque nunca parecemos tener bastante de esa ciudad. Si estás pensando en ir quizás te sirva de ayuda la anotación Paseando por la ciudad de Brujas y en cada una de las fotos de este álbum podrás encontrar también información sobre los diferentes rincones de la ciudad.

Provinciaal Hof en BrujasStadhuisBelfry y HallesSint-Salvatorskathedraal
La ciudad de los puentesBurghers’ LodgeGrote MarktUna preciosidad nocturna
Belfry desde RozenhoedkaaiEl sol sobre el puenteBasílica de la Santa SangrePuentes mágicos
Onze-Lieve-VrouwekerkRincones especialesOtra vista de RozenhoedkaaiBegijnhof
Brugse VrijeBurg y ciudad desde el BelfortPlaza del BurgOnze-Lieve-Vrouwekerk
Sint-Salvatorskathedraal y Onze-Lieve-Vrouwekerk desde el BelfortBelfort desde Rozenhoedkaai

Vuela y Punto con The Vueling Stones

Yo debo ser el tipo de cliente que adoran las compañías aéreas de nueva generación. Joven, alocado, con un trabajo de lujo en el que me dan un montón de vacaciones al año y lo que es mejor, con un montón de dinero que sabiamente empleado me permite pasarme el año viajando a distintas ciudades y haciendo turismo de tres o cuatro días. Siempre he sido muy fiel a Vueling. De hecho, ya he visitado todos los destinos que tienen desde Amsterdam. He estado en Valencia, Barcelona, Madrid, Sevilla y este fin de semana pasado en Málaga.

1. El viaje comenzó con un gran disgusto. Aquellos que frecuentan estas distorsionadas tierras recordarán que hace un par de semanas comentaba algo sobre Clickair, la aerolínea que comparte códigos con las Líneas Aéreas de España y en aquella ocasión, alguien un directivo profundamente aludido me instaba a probarlos y descubrir que no son tan malvados como creo que deben ser. Yo recogí el guante y a falta de que me tiren el segundo y hacer la parejita corrí a su página Web para ver si podía ir a Málaga con ellos. Fue un disgusto horrible. No vuelan a Málaga desde Amsterdam, ni siquiera a Gran Canaria, el mejor lugar del Universo. Recé y recé todos y cada uno de los días de la semana pasada y lo único que le pedía al Jesusito de tu vida no era la paz mundial, ni que se acabe el hambre en el mundo, ni ninguna de esas gilipolleces que dicen esas tías que carecen de cerebro y que aspiran a que les pongan un cacho de tela alrededor del hombro y las tratemos como zorras de buen ver. Yo solo quería que Clickair volara entre Amsterdam y Málaga de viernes a lunes para ir con ellos y asombrarme con su servicio, su personal y sus cosillas. No pudo ser. El disgusto aún me dura. Ha sido una puñalada en mi corazoncito lechal y aún sangro cuando recuerdo esa angustia al llegar al aeropuerto de Schiphol y mirar los paneles para comprobar que el único vuelo de aerolínea española hacia Málaga era de Vueling. Salía por la mañana y como era el día que se hace mi casa la mucama, le dejé todo preparado para que se divierta limpiándola y marché hacia el aeródromo siguiendo la rutina habitual de autobús y tren que tan bien conozco. Como solo dejan llevar un bulto por persona (y gracias a Dios el paquetillo aún no cuenta como bulto), iba con mi pequeño trolley estiloso, de marca archiconocida y cuyas medidas son inferiores a las máximas permitidas, aunque cada vez estoy más convencido que yo soy el único que tiene uno tan pequeño porque el concepto de equipaje de mano de la basca está evolucionando hacia unos bolsos gigantescos.

Estoy en el aeropuerto, es viernes por la mañana de un día de Febrero y antes de pasar el control de seguridad compro veinte rosas para regalar. Me las dan en una bolsita preciosa y la chica me dice que tienen algo de agua pero no le presto demasiada atención ya que tenía dos tetas como dos carretas y estaba más pendiente de sus capacidades no intelectuales. Voy hacia el control de seguridad y como siempre, cinturón fuera, todo lo de los bolsillos, chaqueta, líquidos y demás y en un instante de inspiración, les digo que creo que las flores llevan líquido. El guardia me mira como si hubiera cometido un pecado mortal y me obliga a poner esos ojitos de bicho apaleado y miento contándole que son para mi mamá. Sobre la marcha me dice que no hay problema, avisa a uno de sus compañeros y las pasan al otro lado y me esperan mientras yo y todos mis artilugios pasamos bajo el escrutinio de los monitores. Yo llevo las tarjetas de embarque impresas desde mi casa y en un momento de lucidez de esos que no suelen abundar se me ocurrió que la seguridad en los aeropuertos es una puta mierda. Digamos que una banda de terroristas musulmanes quiere hacer algo en la terminal, solo tendrían que imprimirse falsas tarjetas de embarque para un vuelo real y podrían entrar en la zona segura sin más problemas. Una vez allí, compran botellas, las rompen y ya tienen armas. Este es uno de los muchísimos ejemplos que se me ocurren. Hay que ver que desaprovechado que estoy, yo podría trabajar en cosillas de estas. Busqué la puerta de embarque y maté el rato navegando por internet con mi teléfono.

El avión llegó puntual como siempre y salimos sin más problemas. Se llamaba Vuela y Punto. El cielo estaba despejado y pude disfrutar de los Países Bajos desde el aire de una forma que no es habitual. Vi Kinderdijk, el puerto de Rotterdam, Zeeland y después Amberes, Bruselas y París. Al pasar sobre Madrid me sorprendió todas las zonas que están urbanizadas esperando los miles de edificios de miles de alturas que harán.

2. Para el viaje de vuelta el avión salía a las ocho y veinte de la mañana y fui al aeropuerto en el primer tren de cercanías que pasaba por Arroyo Pingarrón. Alucino con los precios de los trenes de cercanías. Son baratísimos. En el aeropuerto pensé en desayunar pero al ver los precios abusivos de la cafetería pasé y opté por comer algo en el avión, que en Vueling por tres euros y medio te dan zumo de naranja, croasán y bebida caliente a elegir y en el aeropuerto con ese dinero no pago nada. El embarque fue a la hora prevista y el avión se llamaba The Vueling Stones. Primero embarcan los que se sientan por el final y es siempre un placer ver como la gente con asientos en las primeras filas hacen la cola para ser rechazados al llegar al frente. Yo me he encariñado con la fila 25, más concretamente el asiento F y en los últimos ocho vuelos siempre me pongo ahí. Ya estábamos todos sentados, cerraron las puertas y el piloto, un inglés saladísimo, anuncia que hay un retraso de media hora porque no tenemos permiso de despegue debido a una huelga de controladores aéreos franceses y que tendremos que esperar. Lo dijo en inglés. La azafata lo tradujo todo mal y los controladores franceses se convirtieron en holandeses, la media hora en una hora y el tiempo agradable y despejado de Amsterdam se transformó en tiempo de espera hasta salir. Nunca dejaré de sorprenderme de la mierda de nivel de inglés que lucen los españoles. Desde ya deberían prohibir doblar películas y series de televisión y cortarles las lenguas a los padres para que los niños se críen bilingües. La misma que la cagó con la traducción nos regaló unas cuantas perlas a la hora de dar el discursillo de la seguridad, ese con el que supuestamente nos salvaremos todos ya que estaremos diplomados en el arte de abrochar cinturones, colocarnos chalecos salvavidas y encontrar salidas dentro del avión.

Mientras esperaba me eché una cabezadita y ni me enteré del despegue. Me despertaron cuando pasaron vendiendo la comida, compré mi desayuno, me lo zampé y volví a caer en coma hasta poco antes de llegar. El cielo holandés seguía totalmente despejado y volví a disfrutar con Amberes, el puerto de Rotterdam, Lisse, Leiden, Haarlem y una vuelta sobre el sur de Amsterdam que terminó en la pista del aeropuerto que está cerca del lugar en el que los bomberos se entrenan. Desde el aire ya se comienza a ver un poco de colorcillo en los campos de tulipanes. En mi jardín también están saliendo lo cual nos recuerda que en mes y medio estamos en temporada altísima de las más bellas flores del mundo.

Después de tomar tierra perdí la dignidad corriendo por la terminal para llegar a tiempo al tren, el cual salió con dos segundos de adelanto y llegué a mi casa con tiempo suficiente para largarlo todo, ir al supermercado a comprar leche fresca y algo para desayunar y después salí escopeteado hacia Amsterdam en donde tenía pensado pasar la tarde.

Mi próximo viaje será a Gran Canaria, dentro de unas semanas …

Belfort desde Rozenhoedkaai

Belfort desde Rozenhoedkaai

Belfort desde Rozenhoedkaai, originally uploaded by sulaco_rm.

Nos despedimos de la ciudad de Brujas con la imagen más típica y esa que se nos queda grabada en la retina. En verano, el árbol de la izquierda toca el agua con sus hojas y oculta en gran parte el edificio. Brujas es una ciudad fantástica para visitar y pasar un fin de semana y en ella disfrutarás con las deliciosas cervezas Belgas, su excelente comida y un lugar casi mágico.

Si estás pensando en visitar la ciudad de Brujas puedes leer mi relato del viaje en Paseando por la ciudad de Brujas y ver las fotos del Álbum de fotos de Brujas