Velando vuestros sueños

Esta noche, cuando os vayáis a dormir, hacedlo con la tranquilidad que da el saber que yo estaré sobre vuestras cabezas, en algún lugar del cielo estrellado que envuelve a este planeta, en compañía de ángeles y extraños y mientras permanezca allí, velaré vuestros sueños y me aseguraré que no tengáis pesadillas. Mientras esté allí cabalgaré a novecientos kilómetros por hora sobre once kilómetros de aire para recorrer los miles de kilómetros que separan Nueva York de Amsterdam.

Por la mañana, cuando os despertéis para desayunar, yo aún seguiré en ese cielo y tras descender iré a mi casa a descansar y a recuperarme del Jet Lag que seguro que arrastro.

Christ Church Cathedral

Christ Church Cathedral

Christ Church Cathedral, originally uploaded by sulaco_rm.

Cuando en diciembre estuve de fin de semana en Dublín, pillamos lluvia y lo típico por esos lares. Sin embargo, la mañana del domingo sucedió algo extraño y de repente apareció un cielo tan azul que pedía a gritos que lo fotografiaran y se llenó de nubes. Íbamos en la parte superior del autobús turístico cuando pasamos junto a la Christ Church Cathedral, la catedral católica de Dublín y casi no tuve tiempo para sacar la cámara y hacer esta foto. Si no fuera por la farola, la cual estuve tentado de borrar digitalmente, esto mismo es lo que veía la gente hace siglos cuando llegaban al lugar en un día despejado.

Puedes leer el relato que acompaña a estas fotos en Primer día en Dublín. Lluvia y encuentros divinos y si quieres ver otras fotos de la ciudad están en el Album de fotos de Dublín.

Big Apple Tour 2008

Empire State Building

Empire State Building, originally uploaded by sulaco_rm.

Ya es oficial, mañana estaré encerrado durante ocho horas en un cilindro que se mueve a gran velocidad por el cielo y cuando vuelva a salir del mismo se habrá producido la magia de los cambios de escenario teatrales y todo a mi alrededor apuntará a que estoy en la ciudad de Nueva York. Allí pasaré los próximos diez días llenando de contenido el Big Apple Tour 2008 y disfrutando de la primavera al otro lado del atlántico.

Durante ese tiempo el acceso a Internet será limitado o puede que inexistente. Para estos días he dejado un arsenal de anotaciones programadas que se irán publicando con la precisión y la frecuencia de un buen reloj. Habrá de todo lo habitual aunque predominarán las fotos con comentario.

No sean malos y a portarse bien.

Una vuelta a Holanda de película

El comienzo de este relato lo tienes en Un exótico viaje de Holanda a Zaragoza

Creo que de todos los viajes que he hecho, este ha sido el más extraño en lo referente a los desplazamientos. Ya comenté en su día que hice Un exótico viaje de Holanda a Zaragoza y la vuelta fue tan peculiar como la ida. Comenzó pasado el mediodía tratando de conseguir un taxi para ir al aeropuerto en el centro de Zaragoza. O pasaban llenos o directamente no venía ninguno por una de las arterias principales de la ciudad. Era algo un pelín surrealista. Unos días antes había mirado las posibilidades para llegar hasta el aeropuerto usando el transporte público y eran casi nulas, particularmente en domingo. El primer autobús me dejaba allí muy tarde y ni siquiera había garantía alguna ya que todo el mundo sabe que el concepto de horario español es muy avanzado e incluye las horas anterior y posterior. Cuando finalmente paramos un taxi, salí a escape hacia mi viaje de vuelta. De nuevo volvimos a cruzar por varias obras sin acabar y el taxista me iba relatando el dramático estado de cada una de ellas y las medidas que se iban a tomar para solventarlo en unas pocas semanas.

El aeropuerto estrena terminal, un edificio pequeño y coqueto por el que pasa mayormente Ryanair y al que estos llaman aeropuerto de los Pirineos, ya que esa compañía aérea no considera a Zaragoza como un destino turístico relevante. No tenía que facturar y fui directo al control de seguridad, en donde un montón de guardias civiles me recibieron expectantes por ver si pitaba en alguno de sus arcos, lo cual no sucedió porque soy perro viejo y la práctica me ha convertido en una máquina eficiente que cruza los aeropuertos dejando únicamente tras de mi el rastro de la jiñada con la que recupero las abusivas tasas que me obligan a pagar. Después de comprobar que los baños funcionan y de flipar con los urinarios con tapa, primera vez en mi vida que los veo y aún me pregunto la utilidad que puede tener el ponerle tapas a esos artilugios y si alguien con medio dedo de frente osará abrir la tapa de uno de ellos si está cerrada, me acerqué a la puerta de embarque. Nuestro avión ya estaba allí y quince minutos antes de la hora prevista ya nos tenían embarcando. Entré el primero en el avión y me senté en la primera fila, justo al lado de la puerta, enfrente de las dos chochas que iban a ser nuestras camareras las dos horas siguientes. La gente fue llegando y tomando posiciones y casi media hora antes estábamos todos dentro y listos para dejar atrás España. En el aeropuerto había otro avión, el del Real Madrid, que jugaba ese domingo allí.

Una pasajera se acercó a las azafatas bastante alterada y cuando todos pensábamos que iba a denunciar a alguien por tocamientos o algo parecido les dijo que estaba preocupadísima porque se le había caído en la terminal una copia de la tarjeta de embarque y temía que alguien pueda usar la sagrada información que hay en la misma para hacerle pupita cibernética. La azafata hacía desmedidos esfuerzos por no echarse a reír en la cara da la mujer y trataba de explicarle que en la susodicha tarjeta solo aparece su nombre y su número de pasaporte y de ninguna manera esa información se puede usar para el provecho personal. Le tuvieron que jurar a la mujer que avisarían a los que estaban en la terminal para que dieran el parte y buscaran porque ella lo que deseaba es que se retrasara el vuelo hasta que un equipo cualificado de GEOS explorara al completo la terminal y a todos sus ocupantes y localizara ese papel tan importante. Cuando la mujer se fue de vuelta a su sitio, las azafatas se escondieron en un rincón donde solo yo las podía ver y se desbolichaban con los conceptos expresados por aquella mujer, más cercana a la locura que a otra cosa.

Ni dos minutos más tarde cerraron las puertas y nos pusimos en camino. Al despegar pude ver Zaragoza desde el aire y reconocer muchos de los lugares que visité en los días anteriores. Pusimos rumbo hacia Bélgica y me quedé dormido al momento. Me desperté con el inicio de las maniobras para el aterrizaje, mucho antes de la hora prevista. Desde el aire, la zona donde está el aeropuerto de Charleroi se ve cutre con ganas. Aterrizamos y el avión se detuvo frente a la nueva terminal de pasajeros. Me acerqué a los mostradores y compré un billete combinado de autobús y tren por diez euros y medio y con el mismo fui a esperar la guagua que nos iba a llevar hasta la estación de Charleroi Sur. Se llenó con gran parte de los pasajeros de mi vuelo y pronto arrancamos. A nuestro alrededor casas de aspecto cochambroso y urbanizaciones que parecían fuera de lugar en este lugar de Europa y eran más propias de polígonos en ciudades llenas de criminales. La estación de tren está en obras y tiene un aspecto de pena, al que contribuyen los matados que hay en la puerta para darle algo de color. Bélgica no tiene un sistema ferroviario tan sofisticado como Holanda y pese a encontrarnos cerca de Bruselas, tuvimos que esperar cincuenta minutos para el siguiente tren ya que en domingos hay uno por hora (desconozco si entre semana la frecuencia es mayor). Nuestro tren debería salir del andén número dos y allí estábamos todos, incluido el revisor, pero el tren no llegaba. En otro andén había un tren parado y la gente le preguntaba al hombre si no sería ese y él lo negaba vehementemente. Tenía un pelo a lo Juan Tamariz que luchaba contra el gorro de su uniforme y más tatuajes en los brazos que el primo delincuente de Popeye. A la hora en la que debíamos salir contactó usando una emisora que llevaba con alguien y le confirmaron que nuestro tren era el otro. Salimos todos a escape y después de resuelto el entuerto solo tuvimos que esperar cinco minutos más a que llegara el maquinista, el cual no había conseguido alcanzar su puesto de trabajo a la hora debida. Finalmente arrancamos en un tren que se puede usar sin problemas en cualquier película de la Segunda Guerra Mundial y que me recordaba todas esas historias que he visto en las que la gente va a los campos de concentración. Frente a mí se había sentado una chocha del martes que se quitó los zapatos y plantó sus pinreles en el asiento. Esas pezuñas pedían a gritos una palangana con espíritu de sal para limpiarlas. Ella no dejaba de hablar en francés con alguien. Tenía el acento de los belgas, que a mí siempre me ha sonado como a retardados porque alargan las palabras de una forma muy extraña. Cruzamos varios pueblos que parecían llenos de gitanos que vendían sus mercancías desde sus coches en unos mercados de baratijas y cachivaches usados. El tren se paraa de cuando en cuando sin razón aparente y tras unos minutos volvía a arrancar. Ahora entiendo por qué los Flamencos se quieren separar del resto de Bélgica. El lado francófono está a cuatro décadas de la parte norte. Aquello tiene una pinta horrible. Lo mejor que han producido en los últimos años son esos pederastas que entierran todos los niños que liquidan en su jardín. Después de una hora de recorrido por el tercer o cuarto mundo llegamos a la estación de Bruselas Noord en la cual me bajaba, no sin antes pasar previamente por la oscura y acojonante Bruselas Centraal, una estación que es perfecta para rodar una película de terror. Tenía que buscar la terminal de Eurolines, la cual está señalizada a la belga o lo que es lo mismo, con carteles que te llevan hacia distintos lugares y que cuando desaparecen te dejan en el medio de la nada más absoluta. La estación era bastante tétrica y daba miedo por toda la gentuza que caminaba allí dentro mirando tu maleta y tus ropas. Hacía tiempo que no me sentía tan inseguro. Llegué a las oficinas de Eurolines y me dieron la tarjeta para mi autobús. Salí a esperarlo entre delincuentes de todos los países de Europa y una banda de africanos que no parecían trigo limpio. Cuando nuestro conductor abrió las puertas, saltamos todos dentro. Este era mi primer viaje con Eurolines. Le había preguntado a un par de amigos que me habían dicho que está muy bien y es barato. Mi experiencia es que el viaje fue una mierda, mayormente porque el baño del autobús no lo habían limpiado desde la época en que los WHAM aún eran un grupo de éxito y apestaba hasta niveles insoportables. No había forma de no oler aquel hedor, era asqueroso. Camino de Utrecht parábamos en Amberes y allí se bajaron dos personas. Después seguimos y al cruzar la frontera una moto de la policía holandesa se puso delante de nuestro autobús y lo forzó a parar en un área de descanso cercana. Allí entraron varios policías, comenzaron a revisar los pasaportes y se llevaron a la banda de africanos. Vinieron cinco minutos más tarde y empezaron a revisar las bolsas de basura que estos tenían junto a sus asientos y encontraron gafas y otros objetos en ellas.Volvieron a marcharse y veinte minutos más tarde informaron al conductor para que siguiéramos nuestro camino sin ellos, que los mandaban directos a un centro de detención antes de devolverlos a sus países. Durante el tiempo que estuvimos parados salimos todos para respirar aire fresco. Al entrar respiré hondo y traté de contener la respiración durante la hora que me faltaba de ruta pero no lo conseguí. Por suerte no había mucho tráfico y llegamos a Utrecht más o menos a la hora prevista. Salí del autobús de Eurolines en dirección a la parada de guaguas de Utrecht, contento de volver a caminar por el primer mundo y allí tomé el que me llevaría a mi casa. En total fueron nueve horas para ir desde Zaragoza hasta Utrecht usando un taxi, un avión, una guagua, un tren, un autobús de largo recorrido y otro local.

A partir de ahora no iré a ningún lugar al que no se pueda volar directamente desde Holanda.

Finalizando la visita a Zaragoza

Para leer todo el relato del viaje deberás comenzar por Un exótico viaje de Holanda a Zaragoza

Nuestro último día en Zaragoza era en realidad medio día ya que después de las doce comenzaban las maniobras migratorias. Al llegar al Paseo Independencia nos encontramos con que había una concentración de Fiat 500. Es increíble como el tiempo es capaz de convertir unos coches antiguos y que fueron despreciados como anticuallas según entramos en la década de los setenta en objetos de culto del siglo XXI. Hicimos todas la fotos que pudimos y después nos dirigimos hacia la Basílica del Pilar, en la cual, en un domingo por la mañana, el espectáculo está en su apogeo. A nosotros no nos interesaban los cánticos o esos monaguillos que se pasean por el recinto y que al parecer los padres pueden apuntar para que lo hagan durante unas horas. Nosotros lo que queríamos era subir a la Torre Pilar, la cual cierra los viernes y por eso se nos había quedado atrás. Fuimos los primeros en pagar los dos euros de la entrada y en subir en el ascensor. Después de haber hecho miles de escalones para subir campanarios y cúpulas por todo el mundo, es un lujo del copón que te lleven en ascensor. A ochenta metros de altura, las vistas de Zaragoza desde una e las cuatro torres de la Basílica son increíbles y tuvimos hasta suerte porque el cielo era poco menos que perfecto, con unas nubes blancas que resaltaban sobre un cielo profundamente azul.

Salimos de allí encantados y fuimos hasta el que sería el último lugar que visitamos en Zaragoza, el Museo del Foro. Es tan impresionante como las otras ruinas romanas de la ciudad y el espectáculo audiovisual en su interior está muy conseguido, sobre todo la parte final. Procuramos rellenar los profundos hoyos de nuestra incultura y los bombardeamos con todo tipo de datos y tras tres cuartos de hora concluyó nuestra visita a la ciudad. Nos sentamos en una cafetería a comer algo y un poco más tarde recogí mi pequeño trolley y con ciertas dificultades conseguí un taxi para ir al aeropuerto, ya que el primer autobús que va al mismo los domingos llega al mismo muy tarde y no da tiempo a coger el avión.

Mi impresión sobre Zaragoza es que es un lugar curioso, con algunas cosas excelentes y otras (como los medios de transporte público) que se pueden mejorar. Se come muy bien, la gente es amable y servicial y es perfecto para una de estas escapadas de fin de semana. Ha sido una pena que muchas de las atracciones de la ciudad estén cerradas por reformas aunque supongo que en unos meses la Exposición habrá acabado y todo volverá a la calma.

Y para terminar con el relato de este viaje y descubrir lo complicado que fue el viaje de vuelta a Holanda tendrás que leer Una vuelta a Holanda de película

Zaragoza es Caesaraugusta

Llegar hasta aquí no fue fácil y la historia de este viaje comenzó en Un exótico viaje de Holanda a Zaragoza

Al llegar a Zaragoza nos echamos inmediatamente a la calle. Siempre es bueno perderse en los primeros minutos porque así aprendes a orientarte en ese lugar desconocido más rápidamente. Teníamos los mapas que nos habían dado en la oficina de turismo de la estación de Zaragoza y con eso teníamos claro hacia donde se tenía que caminar para tropezar con el río Ebro. En los dos días posteriores intentamos encontrar la calle que usamos pero sin suerte. En ella había una tienda con un cartel muy chulo al que queríamos hacerle una foto pero no fue posible. Llegamos al puente de Piedra y desde allí miramos hacia la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, la cual tenía una de sus torres envuelta en un andamio. A la vera del río trabajaban a destajo para construir un embarcadero que se usará en la exposición que se celebra en la ciudad en menos de un mes. Yo no soy muy bueno en esto de calcular la finalización de obras, pero si consiguen hacer esa en los veintipico días que les quedan, será un milagro que le pueden atribuir a la Virgen que vive al lado. Retrocedimos y entramos en la plaza del Pilar y lo primero que te llama la atención es que la Basílica está cubierta por andamios y salvo por una torre, todo lo demás no es visible. Desde la parte del río parecía que solo era una torre pero nos equivocamos, era casi todo. Conviene comentar que en esta primera salida no teníamos las cámaras de fotos con nosotros. Entramos en una cafetería en la calle de Alfonso I y nos merendamos un chocolate con churros (o quizás debería decir porras, aunque para mí, tanto los unos como las otras reciben el mismo nombre). Después nos encontramos con nuestro otro amigo, aunque antes vimos una exposición en el Palacio Condes de Sástago de algo relacionado con toros y ya con el trío al completo fuimos a realizar una visita de inspección y particularmente a avituallarnos en la oficina de Turismo que hay en la plaza del Pilar. Esa noche cenamos en un callejón lleno de bares de tapas y nos retiramos temprano porque estábamos agotados.

La mañana siguiente, después de desayunar nos pusimos en ruta. Salimos en dirección hacia la Basílica del Pilar, la cual se puede visitar gratuitamente. Es enorme aunque por dentro luce algo ajada. Necesita una buena remozada y algo de luz que le de vidilla. La planta cuadrada tampoco ayuda mucho y le quita algo de la espectacularidad que tienen otras basílicas que he visto. Comentar que esta no es la catedral de la ciudad. Tocamos el Pilar y vimos a la Virgen que está sobre el mismo y me sorprendió lo pequeña que es. Me la imaginaba imponente y a juego con la basílica y es prácticamente de tamaño souvenir. En el exterior, en la plaza del Pilar, el lugar estaba tomado por bodas civiles que se hacían las fotos allí. Un montón de ellas y todas parecían tener en común que los contrayentes estaban en su segunda o tercera boda o eso o la gente se está casando ya cerca de la cincuentena. Como siempre, en algunas de las bodas los trajes y accesorios de los acompañantes eran de juzgado de guardia.

Nos acercamos a ver las Murallas Romanas de la ciudad, la cual estaban restaurando y el Torreón de la Zuda, el cual hospeda una oficina turística en su interior y al que se puede subir gratuitamente para ver la basílica y alrededores desde sus cinco pisos de altura. Es del siglo XV de estilo Mudéjar. Vimos también el Mercado Central, con un edificio de planta muy similar al Mercado del Puerto en Las Palmas, solo que más alargado e intentamos entrar en la Iglesia de Santa Isabel pero estaba cerrada, así que retrocedimos hacia la plaza del Pilar, le hicimos unas fotos a la Lonja, la cual estaba cerrada y nos acercamos al museo del Foro de Caesaraugusta pero ese viernes estaba cerrado por mantenimiento. Lo dejamos en la lista de cosas pendientes y entramos en la Catedral de San Salvador, más conocida como la Seo. La entrada cuesta dos euros y medio y no te dejan hacer fotos en su interior. Esto es algo que me toca tremendamente los huevos. No había ninguna razón para que no permitan hacer fotos sin flash allí dentro. Está bien iluminada, bien restaurada y posiblemente habrían salido unas fotos increíbles. En su lugar, solo diré que para la próxima vez que vaya me ahorro el dinero y me lo gasto en las mismas putas que el cura que andaba leyendo periódicos gratuitos en su interior. La Seo tiene también un museo de tapices al que hay que pagar otros dos euros para entrar y optamos por pasar. He hecho fotos en la basílica de San Pedro, en TODAS las basílicas que hay en Roma y en prácticamente todas las catedrales que he visitado a lo largo y ancho de Europa. Imagino que los que rigen la Seo siguen anclados en la Edad Media y no han oído hablar de la fotografía digital.

Con el mal sabor de boca que nos dejó la avaricia y desidia de los curas, nos acercamos al Museo del Puerto Fluvial de Caesaraugusta y compramos la entrada combinada para ver los cuatro museos romanos por seis euros. El sitio es increíble, una auténtica pasada, con restos del siglo I y II después de Cristo. Además de la espectacularidad de las ruinas, hay una proyección audiovisual bastante efectiva. Desde allí salimos en dirección hacia el Teatro de Caesaraugusta, en donde tras ver otra proyección lo recorrimos con calma. Resulta increíble como descubrieron el teatro por casualidad en los setenta y como se ha podido desenterrar. Aún más increíble es el buen estado de las ruinas que encontraron. La visita nos lleva casi veinte siglos hacia atrás en la historia. Muy cerquita está el Museo de las Termas Públicas y allí nos dirigimos. Este decepciona un poco, pero aún así bien vale una visita.

Cambiamos de tercio y entramos en el Museo Ibercaja Camón Aznar, el cual es gratuito y acaba de reabrir tras una reforma. El edificio, fantástico, la colección, gloriosa, con un montón de grabados de Francisco Goya y algunos cuadros. Absolutamente recomendada su visita. Nuestras entradas fueron las número 4019 y 4020 de esta nueva era.

Al acabar la visita nos sentamos en una cafetería a tomarnos algo y descansar un poco y después nos fuimos a almorzar antes de seguir la ruta. Caminamos en dirección hacia la Plaza de Toros de la Misericordia y después de las fotos de rigor seguimos hacia el Palacio de la Aljafería, el cual solo abre por la tarde los viernes. La entrada vale tres euros y elegimos la visita guiada. Nos tocó una guía malísima, una tipa que te quita las ganas de ver el lugar. Tratamos de ignorar lo que decía y nos centramos en admirar un edificio fantástico, una sucesión de palacios entre unas murallas bien gruesas para protegerlo y que es Patrimonio de la Humanidad y referente del arte mudéjar de Aragón. Primero caminamos por el Palacio islámico y desde allí subimos al Palacio cristiano medieval y a la parte superior de la Torre del Trovador, la parte más antigua de este conjunto y que data del siglo IX. Después pasamos por el Palacio de los Reyes Católicos con su espléndido salón del trono y su estilo mudéjar. Terminamos la visita visitando las Cortes de Aragón en donde han reemplazado el símbolo de la comunidad por una escultura de Pablo Serrano llamada Lugar de Encuentros porque al parecer, los terroristas musulmanes se sienten ofendidos con una bandera en la que aparecen las cabezas de cuatro morangos para recordarnos a todos lo mucho que nos costó echarlos de España en el pasado. Ya sabéis que la historia tiende a repetirse, así que tarde o temprano tendremos que empezar a añadir cabezas en nuestras banderas con los que tendremos que echar. Sigo sin entender por qué nosotros debemos ser políticamente correctos y ellos tienen una política de tolerancia cero con todo lo nuestro en sus países.

Nos perdimos por las calles del lugar y al final encontramos la Pasarela del Voluntariado, la cual cruzamos para pasear por el nuevo parque que hay al otro lado y así ver la ciudad desde ese lado. Volvimos a cruzar el río Ebro por el Puente de Santiago y allí concluimos más o menos la visita a la ciudad. Esa noche, a las diez, fuimos de nuevo al Teatro de Caesaraugusta para ver un espectáculo nocturno que está incluido en el precio de la entrada conjunta y que está muy conseguido. Después nos fuimos a cenar y nos recogimos temprano ya que para el sábado teníamos planeada una sesión intensiva y comenzábamos a primera hora.

El relato del viaje continúa en El castillo de Loarre, Monasterio de San Juan de la Peña y Jaca

Un exótico viaje de Holanda a Zaragoza

Siempre he preferido los viajes lo más directos posibles, más que nada porque a mayor número de transportes, mayor probabilidad de tener problemas. De la teoría a la práctica siempre hay diferencias y prefiero ajustar todo lo que puedo para reducir estas. Sin embargo, en mi viaje a Zaragoza no ha sido posible. Aunque es una gran ciudad, en lo que respecta al transporte aéreo llevan un retraso de una década y son muy escasas las opciones que uno tiene para llegar allí. Estamos hablando de la ciudad que albergará la Exposición Internacional 2008. La combinación que conseguí fue yendo vía Madrid.

Salí a las seis de la mañana desde mi casa para coger el autobús. Ya había amanecido y el sol lucía espléndido. Había gente en la calle paseando a sus perros y haciendo deportes. A la hora precisa apareció la guagua y comenzó el viaje. En la estación de Utrecht compré un billete para ir hasta Eindhoven en tren y bajé al andén para esperar el tren, el cual llegaba diez minutos más tarde. La siguiente hora la pasé dormitando en el tren, jugando a los jueguillos que tengo en mi teléfono móvil y escuchando música. A esas horas los trenes ya van llenos con gente que empieza a trabajar temprano. Y por supuesto estábamos la banda que viajaba desde el aeropuerto de Eindhoven, un grupo fácilmente distinguible por los trolleys y bolsas que cargábamos. En la estación de Eindhoven salí a la parada de guaguas y me subí en la que va al aeropuerto. Se petó completamente, un lleno legendario. Además de la multitud hay que contar el equipaje y os haréis una idea de lo que parecía aquello. La gente que se bajaba en las paradas anteriores al aeropuerto lo tenía bien crudo porque las salidas estaban bloqueadas con maletas y similares. Tras unos veinte minutos entramos en el aeropuerto y se produjo la desbandada. Los que tenían que facturar corrían como posesos para adelantarse al resto y yo me pasé por el baño a recuperar el dinero pagado en tasas dejando una gran jiñada, algo habitual y que recomiendo a los viajeros para que en los aeropuertos se gasten algo de dinero.

En esta ocasión volaba con Ryanair y gracias a que llevaba mi tarjeta de embarque impresa desde casa y no facturaba equipaje estaba en el grupo de los elegidos, esos que pueden correr hacia el avión con ventaja para conseguir los mejores sitios. A la hora de pasar el control de tarjetas de embarque y pasaporte se juntaron dos vuelos en la misma puerta y para cuando lo solucionaron yo estaba el primero en la fila. Pasé y me di el lujo de entrar en el avión y elegir el sitio que se me antojó. El sistema de Ryanair funciona como un reloj, la gente entra rápidamente y en menos que canta un gallo estamos listos para el despegue, el cual sucedió antes de tiempo. En el aire cruzamos los despejados cielos del centro y norte de Europa y al llegar a Madrid lloviznaba y hacía frío. Debería ser al revés, uno no sale de Holanda con veintipico grados para llegar a España con diecisiete pero así sucedió. Desde el aeropuerto cogí el metro para ir a Delicias, máxima dificultad con dos cambios de línea entre medias. En el metro huele mal, como a sudor macerado durante décadas. En una de las estaciones en las que hice transbordo los agentes de seguridad se llevaban a una delincuente que chillaba como una bellaca. Algún turista hizo fotos, encantado por esa postal tan typical Spanish. Al salir a la calle en Delicias llovía y fui escopeteado a reunirme con M. Era la una de la tarde. Teníamos tres horas hasta la salida de nuestro AVE a Zaragoza así que aprovechamos para almorzar en Madrid y después subimos andando hasta la estación de Atocha. Teníamos asientos separados en el tren y preguntamos a una empleada para averiguar como cambiarlos y sentarnos juntos pero no saben o no contestan. Después de varios infructuosos intentos nos dimos por vencidos y nos dirigimos a la sala de espera. Hubo suerte y el tren no iba lleno y además no hacía escalas en ningún otro lugar y una vez cerraron las puertas y arrancamos nos sentamos juntos.

En la siguiente hora y media cabalgamos a lomos de un AVE con cabeza de pato el cual nos dejó en la estación de Zaragoza a la hora esperada. Al salir de la estación fue como saltar de un universo increíble y maravilloso a las calles de una ciudad en guerra ya que estábamos rodeados de grúas, martillos neumáticos, camiones de obras y un ruido ensordecedor. En la improvisada parada de autobús esperamos el que nos tenía que llevar al centro. Sorprender el ver como los trabajadores no respetan las medidas de seguridad que están para protegerlos y protegernos. Allí el único con casco era el conductor de un tractor que iba además dentro de la cabina, bien seguro. Las vallas estaban mal puestas y la señalización brillaba por su ausencia.

Tras esperar unos diez minutos llegó la guagua, nos subimos y después de un para y arranca que duró cerca de media hora y que estaba amenizado por un atasco de tráfico llegamos a la zona en la que estaba nuestro hotel, en la calle de San Miguel, pleno centro de la ciudad. Así comenzaron estas vacaciones en Zaragoza.

Si quieres leer el relato del viaje, la historia continúa en Zaragoza es Caesaraugusta

En Zaragoza

Desde hoy hasta el domingo ando por Zaragoza. No hay que preocuparse porque Distorsiones seguirá su relajado camino sin mí. En estos días visitaré la ciudad y sus alrededores con dos viejos amigos y seguro que surgirán un montón de anécdotas que alimentarán mi imaginación y por consiguiente, este pequeño rincón de mi mundo.

Para este viaje tengo una combinación exótica de medios de transporte que espero que funcione y que incluye autobús, tren, autobús, avión, metro y tren de alta velocidad para llegar a Zaragoza y avión, autobús, tren, autobús y autobús para volver a Utrecht. Serán cuatro aeropuertos distintos con lo que seguro que surgirán odiosas comparaciones.

Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda

Visto el volumen de consultas que generan las anotaciones que hice sobre Amsterdam y alrededores y ya que casi siempre la gente pregunta algo que ya ha sido respondido en alguna de ellas, he optado por crear este pequeño índice que os señala el camino hacia todas ellas de una forma más sencilla.

Para aquellos que quieren visitar únicamente la ciudad de Ámsterdam, pueden encontrar un montón de información útil en:

Lo pueden complementar con la Guía no definitiva de la cocina holandesa para saber más o menos lo que merece la pena probar.

Si además queréis hacer alguna excursión a los alrededores y visitáis el país entre finales de marzo y la segunda semana de mayo, deberíais ir al Keukenhof - El paraíso de los tulipanes.

También en primavera y verano, es posible visitar la ciudad de Alkmaar en viernes por la mañana para ir a ver el mercado del queso. Tenéis toda la información en Excursiones desde Amsterdam: Alkmaar o Delft. La forma en la que creé estas anotaciones fue poniendo dos ciudades distintas para que se pudiera elegir. La alternativa a Alkmaar fue Delft, pequeña ciudad universitaria y lugar en donde entierran a los reyes holandeses.

También podéis optar por complementar la visita a Alkmaar con una a Zaanse Schans o Volendam y Marken. En el caso de Zaanse Schans, están en la misma ruta de tren. Los pueblos pesqueros de Volendam y Marken son lugares turísticos que sin estar muy lejos de Amsterdam, parecen de otro universo.

Cerca de la ciudad de Amsterdam tenemos dos ciudades muy hermosas. Podéis elegir entre Haarlem y Utrecht. Si es un día soleado no dejéis de subir al Dom de Utrecht, es una hora subiendo casi seiscientos escalones pero la vista desde allá arriba hace que merezca la pena.

Para los amantes de grandes ciudades pueden optar por Rotterdam o la Haya. La primera es la ciudad más moderna de Holanda, con el puerto más grande de Europa y todo un despliegue de arquitectura y la segunda es la sede del gobierno y una ciudad bastante hermosa. Se puede ir con el tranvía hasta Scheveningen y pasear junto al mar del Norte.

Una excursión algo más complicada es a Kinderdijk, el paraíso de los molinos de viento. Toma su tiempo y hay que tener algo de espíritu aventurero pero lo pagan las vistas de esos molinos de viento que funcionan ahora igual que lo hacían cuando se construyeron.

Para aquellos que no lleguen al país por Schiphol (Amsterdam) sino por el aeropuerto de Rotterdam, hay información en la Guía para el transporte desde el aeropuerto de Rotterdam.

Y finalmente, los realmente aventureros y a quienes no importe unas cuantas horas para llegar a su destino, para esos sugiero que se den un paseo por la ciudad de Brujas, en donde podrán ver todas estas maravillas

Todo esto está acompañado por numerosos álbumes de fotos en los que podéis encontrar más información en cada una de las imágenes:

En los comentarios de todas esas anotaciones y fotos también hay información que os puede ser útil y siempre he procurado responder las preguntas que la gente deja. En el futuro es posible que escriba algo más sobre lugares que visitar o cosas que hacer y esas anotaciones acabarán incorporándose a este índice.