Atrapados en la nieve

A veces me paro a pensar durante un instante y me sorprendo de lo curiosa que es la vida y como está llena de momentos para recordar. Podría mantener esta bitácora solo contando cosillas que pasan en mi vida, sin tener que recurrir al cine o las historias. Cada día es una aventura maravillosa en la que todo lo que se puede torcer se tuerce sin que podamos hacer nada por evitarlo y no nos quede otra alternativa que enderezarlo de alguna manera y aprender de nuestros errores. No os voy a dar la pastilla con el paseo por Ámsterdam del domingo con Dani ni de la cena en Hilversum del lunes o la mágica estancia de mi amigo holandés y su hija del martes en mi casa en donde pernoctaron o de la cena y apoteósica nevada en Utrecht del miércoles por la noche acompañado por dos españoles. Igual hablo de alguna de estas cosas en los próximos días o quizás no.

Hoy me centro en el presente, en el aquí y ahora documentado con fotografías. Esta mañana amaneció todo el país cubierto de blanco, bendecido “finalmente” por la nieve que hemos añorado tanto en esta estación. A mí se me pone una sonrisa tonta en la cara cuando nieva. Mi espíritu de chiquillaje se escapa del reducto en el que está confinado y me dedico a tirar bolas de nieve, a abrazar a la gente y a resbalar por todos lados cayéndome y riéndome de mi mismo. Imagino que si viviera en Vancouver y este fuera el pan de un día y otro durante seis meses no me sucedería lo mismo.

Al irme al trabajo por la mañana iba cargando con la pitusa y la magnífica, mis dos cámaras de foto. Por pereza y por no arriesgarme a romper las cámaras con una caída en bici fui en guagua. Como era de esperar hubo todo tipo de problemas con los trenes, con cancelaciones y retrasos por culpa de la nieve. Hoy creía que no iría a caminar con mi colega del trabajo y puesto que la nieve no dura mucho había decidido ir solo al bosque y hacer unas decenas de fotos que aún no tengo bastantes con la nieve.

Cuando se lo dije al colega me dijo que ni de coña me iba yo solo a hacer fotos y que me fuera con él a su casa, recogíamos su cámara conocida como la gloriosa y nos perdíamos por los polders haciendo fotos. Este colega tiene una cámara digital cuyo cuerpo (sin la lente) vale unos escasos cinco mil euros y de ahí su nombre. Entre los dos llevábamos unos doce mil euros en lentes y cámaras, lo cual me hace pensar de nuevo que no somos muy normales, que la gente se gasta el dinero en putas y en fútbol y nosotros en unos cacharros que usamos para fotografiar pájaros, flores, setas y lo que se nos ponga por delante. En fin ….

A la hora de comer como habíamos acordado nos escabullimos del trabajo y fuimos a buscar a la gloriosa. Desde allí nos metimos en los pólders de Emmnes. Yo sé que todos leéis esto desde el comienzo y conocéis toda la terminología básica de la cultura holandesa pero por si alguno ha tenido un pequeño lapso y no se acuerda, deciros que un pólder no es más que un trozo de tierra ganado al mar en los Países Bajos. Para construírlos se usan unas técnicas muy específicas. Son extensiones enormes de tierra con canales en sus lados en los que se cultiva y en los que no es raro ver las vacas y las ovejas pastando en el verano. Ahora en invierno suelen estar desiertos y tienen su encanto. Por las mañanas con la bruma son lugares mágicos y en el otoño cuando el sol está tan bajo que quema su superficie se vuelven abrasadoramente rojos y se te pueden saltar las lágrimas con tanta belleza. Hay días que me pierdo en ellos con la bicicleta y me siento en donde me pille a ver el sol marcharse y disfrutar con un paisaje único.

Volviendo al tema que como siempre desbarro y me voy por senderos equivocados, pensamos que sería mejor ir a los Pólders porque ya el año pasado hicimos unos cientos de fotos en el bosque y así completábamos la colección de fotos de nieve. El holandés vive en la zona que visitamos y conoce rincones preciosos y nos fuimos a uno de ellos, un lugar en el que hay una esclusa con la que se controlan las aguas y en el que se puede aparcar el coche. El sitio estaba casi impracticable, lleno de barro y con muchísima nieve y cuando llegamos le dije que mejor dejaba el coche en la carretera. Total, el lugar estaba desierto y nosotros estaríamos cerca en caso de que alguien quisiera pasar con su coche. El no me hizo caso y decidió poner el coche en un lateral de la carretera. Ya cuando lo paró le dije que la había cagado hasta el fondo pero él me mandó a callar y me dijo que no tenía ni idea del asunto.

Estuvimos un cuarto de hora haciendo fotos por allí, rastreando esos momentos dispuestos a ser congelados e inmortalizados con toda la tecnología que teníamos disponible. Uno de estos días pondré alguna de las fotos. La cosa es que al volver al coche para movernos a otra de las localizaciones que pretendíamos visitar yo ya le dije que aquello no tenía buena pinta. Nos metimos en el mismo, arrancamos y el coche que no se mueve. La tracción delantera patinaba limpiamente en el barro y no conseguía desplazar el vehículo ni un centímetro. Podéis ver la primera foto con la rueda totalmente embarrada y sin que se pueda ver el dibujo de la misma.

Rueda delantera

Empujamos, pataleamos, aceleramos y aquello no salía del nicho en el que se había metido. El coche parecía condenado a quedarse allí de por vida. Suerte que yo soy alegre y dicharachero y tengo unas dotes excelsas para dar soporte emocional porque el colega se estaba hundiendo por momentos. Después de un rato en el que probamos varias cosas, como poner un pilote de madera que arrancamos de los alrededores por debajo de la rueda y tratar de empujar el coche estábamos por rendirnos y comenzar a caminar a la búsqueda de alguien con un teléfono móvil ya que con las prisas nos los habíamos dejado en la oficina. Un poco más allá vimos a un señor con pinta de chiflado al que llamamos y le explicamos el problema. El hombre masculló algo y se marchó. Yo no le entendí nada pero el holandés me dijo que iba a traer su coche y unas cuerdas para remolcarnos fuera del barro. Volvió al rato y ahí fue cuando descubrimos que los Ford Focus no tienen ningún punto de agarre en los que amarrar la cuerda.

Nuestro salvador

En la foto anterior podéis ver al hombre preparando la cuerda mientras mi amigo lo mira asombrado (fijaros en el reflejo en el coche). Tuvimos que enganchar la cuerda del eje trasero porque aquello no tiene ningún otro punto en el que podamos amarrar. Una vez preparado el sistema, el tipo se metió en su coche, el holandés en el suyo, yo me puse a empujar por el capó para ayudar en algo y después de unos segundos interminables conseguimos sacar el trasto aquel del barro en el que estaba enterrado.

El lugar en el que había estado el vehículo quedó de esta guisa:

El terreno tras quitar el coche

Como se ve en la foto estábamos a unos dos metros del agua, en una rampa un poco empinada y un lugar que está hecho de arena. Si nos hubiéramos ido un metro más hacia el canal posiblemente hubiésemos necesitado una grúa y una banda de panolis para empujar y sacarnos del atolladero. Le dimos un millón de gracias al señor que nos ayudó y nos marchamos de allí embarrados. Yo le recordé un par de veces que le había advertido que no era una buena idea pero me dijo que esa no era una línea argumental muy inteligente ya que estaba con los huevos caldeados y como le reprochara de nuevo su error me cogía allí mismo y me reventaba a hostias. Volvimos a la oficina conmigo silbando socarronamente y me pasé la tarde riéndome de él en plan el risitas sin decir nada.

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