Barcelona – Segundo día y Gaudí es lo máximo

El relato del viaje comenzó en Vueling voy, Vueling vengo.

Nuestro segundo día en Barcelona comenzó desayunando en una cafetería situada junto a un Starbucks. No sabía que la invasión de esa basura de locales que producen un agua barrosa a la que llaman café ya había empezado en España. En los días que estuvimos allí siempre vi gente haciéndose los estilosos y tomando café en sus cristaleras para que todo el mundo los vea o peor aún, con sus portátiles pagando la carísima conexión a internet. Además del mediocre brebaje tienen pastelería de segunda división y empleados adoctrinados para hacerte estúpidas preguntas y tratar de venderte una moto. Dicho esto, decir que solo he entrado en uno de esos locales en mi vida y no me acabé lo que ellos denominaban café porque me pareció asqueroso. Me llevaron unos amigos alemanes para los que ES LO MÁS y les estropeé la velada cuando me amulé y no quise acabarme aquella mierda.

Después del desayuno comenzamos la gira turística y en la parada de la plaza de Cataluña fuimos testigos de como tres hijas de puta rumanas hostigaban y trataban de robar a una anciana que pasaba por el lugar. Un alma caritativa les hizo frente y las espantó. Me guardo mi opinión sobre esa gentuza que llega por millones a España pero quiero recordaos lo que dice el refrán: Cría cuervos … .

Nuestra primera parada fue en la Casa Batlló en el Paseo de Gràcia. como fuimos temprano no había cola y gracias a nuestro talonario de cuponcitos de descuento la broma solo nos costó 13,20 euros por cabeza. En realidad hay un señor que te da un guisante de vaselina antes de que te enculen en la taquilla. Si lo del día anterior era un robo, esto fue un atraco en toda regla. Ni siquiera Ali Babá con sus cuarenta ladrones robaba con tanto descaro. Por ese dinero teníamos derecho a visitar la antigua vivienda de la familia Batlló, el desván y la azotea. La casa es una auténtica preciosidad, aún más hermosa que la Pedrera y en la parte posterior hay una terraza increíble. Una vez acabas con la visita hay que subir a la azotea. Hay un ascensor pero los trece euros y veinte céntimos no te dan derecho a usarlo así que hay que subir como las cabras un montón de pisos. Mi padre esto casi no me lo perdona, como él dijo, todavía con el desayuno en la boca del estómago. La recompensa es un desván precioso lleno de arcos y espacios abiertos desde el que se llega a la azotea más hermosa que he visto en mi vida. Jamás pensé que alguien podría diseñar algo tan hermoso. Las chimeneas danzantes son como de cuento de hadas, las transiciones entre áreas destilan paz y tranquilidad. No había mucha gente y pudimos disfrutar del lugar sin una multitud pisándonos los talones. Para mí Barcelona es la ciudad de Gaudí, merece la pena visitarla solo por ver su obra.

Desde la casa Batlló continuamos hacia la Estació de Sants lugar que nos encontramos en obras y un poco patas arriba. Aquello parecía Sarajevo después de algún bombardeo. Hay una plaza que creo que se llama plaza dels Països catalans y que podemos definir como horripilante y muy cerca el parc de l’Espanya Industrial, zona que parecía ser el objeto de las obras. En dicho parque hay una gran escultura que consiguió revolverme el estómago y la cual tiene un tobogán. Subimos detrás de un grupo de jóvenes y cuando íbamos a medio camino tuve que tirar de la palanca para abortar la maniobra y grité a mis padres que volvieran atrás por la gloria de Carmen Sevilla. Lo que nos esperaba al final de la escalera, junto al tobogán era un gran regalo dejado por un cívico ciudadano. Alguien, en pleno uso de sus facultades había jiñado en la parte superior de la escalera. Aquello sí que se podía definir como la Gran Cagada, sin exagerar un kilo y medio de mierda. Las moscas verdes eran del tamaño de nueces y el perfume que generaba cubría un área enorme. Salimos a escape mientras el grupo que nos precedía también abortaba la excursión a la parte superior de aquel engendro y tras hacer unas cuantas fotos por los alrededores volvimos para coger el autobús y continuar nuestro peregrinaje. En esa misma zona vimos el Parc de Joan Miró pero no soy muy fan de este hombre y la verdad, en mi cultivada incultura siempre me ha parecido que hace la misma cosa una y otra vez, así que salimos de allí a escape y continuamos hacia el Poble Espanyol. Cuando nos dijeron lo que había que pagar y visto que nosotros no queríamos pasar dentro más de media hora desistimos. Supuestamente el recinto recoge muestras arquitectónicas de diferentes pueblos de España y hay más de 40 talleres de artesanía. Sigo sin ver por qué hay que pagar para entrar y como no lo he visto no puedo opinar aunque espero que el interior sea mejor que la horrible entrada que tienen porque aquello parece una prisión desde afuera.

Subimos al Anillo Olímpico, la zona que se construyó para las olimpiadas del 92. Me encanta la Torre de telecomunicaciones y me cansé a hacerle fotos. También me gustó mucho la plaza frente al Palau Sant Jordi, templo bendecido por Madonna en una de sus giras. Nos sorprendió encontrarnos conque están restaurando el Estadio Olímpico. No han pasado ni quince años y ya necesita restauración. Por Dios, menuda calidad de construcción que tenemos. Desde allí también se tiene unas vistas muy bonitas del Museu Nacional d’Art de catalunya (MNAC), un palacio impresionante que domina ese lado de la ciudad con su porte y elegancia.

Nos saltamos la Fundación Joan Miró porque como ya he dicho no me atrae ese artista y fuimos directos a la zona de Miramar, donde se pueden ver las mejores vistas de la ciudad. Sacié mi ansia fotográfica y cogimos el teleférico para ir hasta la primera torre y volver. Nueve eurolos por cabeza. ahora que lo he hecho os recomiendo que paséis del billete de ida y vuelta, compréis solo de ida hasta la primera torre y os bajáis en el World Trade Center. Nosotros pagamos la novatada pero no importa, el viaje mereció la pena, tienes unas vistas preciosas de la ciudad, la Plaza de Colón, la Rambla y alrededores. Desde la torre del teleférico y mientras esperábamos para volver hice algunas fotos preciosas y tras retornar a Miramar bajamos con el autobús hasta la Plaza del Portal de la Pau la cual nosotros preferimos llamar Plaza de Colón porque ahí se encuentra el colega. Si los Jardines de Costa i Llobera hubiesen estado abiertos los habríamos visitado pero estaban cerrados por restauración así que tendrán que esperar a una próxima visita. En la Plaza de Colón deambulamos un rato, vimos por fuera el Museo Marítimo y enfilamos hacia el Centro comercial Maremagnum a través de un bonito paseo. Como la agenda era algo apretada decidimos comer allí mismo y entramos en un sitio llamado Ginos, una especie de cadena de restaurantes italianos de calidad media y precio alto. No se lo recomiendo a nadie aunque imagino que tendrán su club de fans. Para mí su versión de la comida italiana es más bien mediocre y la parafernalia con que rodean el servir y demás se la pueden ahorrar.

Continuamos hacia el Puerto Olímpico, una zona nueva con un estilo moderno, grandes torres y el puerto deportivo, todo adornado por una bonita playa. Como somos de barriada periférica el lugar nos impresionó gratamente. Si viviera en Barcelona me pasaría los veranos por esa zona, tirado en la playa o deambulando por las amplias avenidas. Me gustó mucho la disposición de las casas y la forma en la que se regeneró toda esa parte de la ciudad. Desde allí fuimos hacia la Playa del Bogatelll la cual también me gustó y el Cementerio del Poblenou el cual yo quería visitar pero no hubo forma de convencer a los viejos así que me tuve que conformar con hacer unas cuantas fotos del Dildo, ese enorme edificio que domina la zona y que tiene una forma tan sugerente.

El tiempo seguía corriendo y desde allí retrocedimos hacia la zona de la Catedral, en el barrio Gótico. Como no podía ser de otra forma, nos intentaron cobrar cuatro euros por entrar en la catedral, supuestamente para pagar unas obras de remodelación. Como no estábamos por la labor de subvencionar a la Iglesia, optamos por caminar por los alrededores, ver los restos de la muralla exterior que aún quedan y desde allí volvimos andando hasta nuestro hostal, el cual se encontraba al final de la vía Laietana.

En ese momento les di dos horas y media de descanso a mis padres para que se echaran una siesta y yo volví a hacer el recorrido sin bajarme del autobús, subido en la parte superior y completando mi colección de fotos de la ciudad.

En la sesión de tarde volvimos a deambular por la Rambla y fuimos al Bosc de les Fades y me temo que tengo que decir que no me gustó el local, me pareció cutre y un poco chabacano. Seguramente con diez años menos y borracho fliparía en colores pero sobrio y espabilado no le vi nada interesante al local y salimos de allí por patas. Después de esta experiencia acabamos paseando por la Barceloneta, un barrio curioso y lleno de sitios para comer. Tengo que volver a Barcelona para recorrerme ese barrio con más tiempo porque lo que vi me gustó mucho. Toda la zona del Port Vell y La Ribera merece un capítulo aparte. Tras la cena caminamos por la zona un rato antes de coger un taxi que nos llevara de vuelta y así completamos el segundo día en Barcelona.

El relato continúa en Barcelona – Tercer día con visita a Monserrat

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4 opiniones en “Barcelona – Segundo día y Gaudí es lo máximo”

  1. Pagar por entrar en la Catedral. Eso es nuevo.

    Yo he estado en un Starbucks en Colonia y me gustó mucho. El café perfecto, uno de los mejores que he bebido. No lo entiendo, se supone que en todos los sitios debe saber igual, tipo rollo Mcdonalds.

    Ahora me entero de que la Plaza del Portal de la Pau se llama así 🙂 Si quieres ver la azotea de nuevo busca el vídeo “Fiesta” de The Pogues.

  2. El café de Starbucks es de lo peorcito que he tomado en mi vida. También lo ponen en los aviones de United y es la única aerolínea en la que pido té porque el café me provoca arcadas.

    Que son el MacDonalds del café no lo duda nadie. Y su modestia llega al extremo de poner en su página web que sirven el “mejor café del mundo”. Han logrado crear una marca supuestamente pija que atrae un tipo muy específico de público. En Barcelona ya son una plaga.

  3. Yo me tomé el café después de un paseo de 2 horas a 2-3 grados centígrados. Quizá eso influyó. Antes de esa visita no conocía el Starbucks. En cuanto a lo del sabor Mcdonalds, con ello me refería a que debería saber igual en Barcelona que en Colonia, no a que gracias a una supuesta marca pija deba ser exquisito.

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