Bolleras

Cómo se me pudieron pasar estas aún no me lo puedo explicar pero esta mañana se me apareció el mismísimo Espíritu de Sal y me advirtió que mi Hembrario no estará completo hasta que hable de las bolleras, las lesbos y las tortilleras, tres subespecies que tendemos a confundir pero que pese a compartir la misma base, se distinguen perfectamente las unas de las otras. Inmediatamente me he puesto a estrujarme la mollera y hoy mismo comienzo con mi propósito de enmienda y ataco el problema de raíz. Hoy hablaremos de las Bolleras.

Al principio del todo sólo había salchichas. Gordas, finas, largas, cortas, cabezudas, torcidas, caídas, blancas, negras, rojas, rosadas, amarillas, pero únicamente salchichas. El buen Dios llegó a la conclusión que aquello no era bueno, que tanta salchicha necesitaba de un recipiente donde macerarlas y por eso creó a las Hembras, seres mágicos que venían equipadas con una rajita o hachazo en donde las salchichas se sentían tan a gustito. Todo formaba parte de un plan maestro, una secuencia ordenada de eventos que tenían un principio y un final. Aquí fue donde entró el dichoso Libre Albedrío y se torció el plan, se fue al carajo que dijéramos. Un pequeño grupo de Hembras sufrieron una imperceptible alteración molecular que las volvió diferentes, un cambio que a veces resulta imposible de percibir para la plebe e incluso el más común de los mortales. Esa minúscula fracción divergente se escindió en diferentes ramas y entre ellas destacan las Bolleras.

A veces se dice que una Bollera nace, no se hace pero la verdad es que no sabemos como sucede. Lo único que podemos decir es que una Chocha en pleno uso de sus facultades renuncia conscientemente a la consecución del placer mediante la introducción de la salchichita en la rajita y decide practicar los frotamientos con otra rajita. Se apartan del camino del Yin y el Yang y se desvían hacia el del Yang y el Yang, una ruta sin equilibrio posible, sin paz para el espíritu. Las Bolleras se saben distintas y aunque en el pasado mantenían un perfíl bajo y pasaban desapercibidas hoy en día se las puede ver a plena luz del día sin que a nadie se le caigan los anillos por ello (o al menos a ninguna persona que no pertenezca a sectas mafiosas como el Opus Dei). Las Bolleras gustan de no afeitarse el chumino, gustan de llevarlo peludito para que al frotarlo con otro salten chispas y se incrementen las sensaciones. Esto lo descubrió una de las primeras Bolleras el día que se metió en el catre con su “amiga especial” y no lograban establecer contacto porque ambas Papayas resbalaban al juntarlas por falta de pelo y exceso de crema hidratante. Ellas lo intentaban pero no había manera, se les cruzaban los coños sin que ninguna sacara placer de la operación y después de un par de horas intentándolo decidieron crear la primera regla de las Bolleras, esa que dice que los chochos, cuanto más peludos, más gozosos.

Hubo muchísimas más reglas que siguieron a esa y que algún día, si tengo tiempo y ganas enunciaré pero por ahora son irrelevantes para esta anotación. El por qué una mujer se sale del camino y se vuelve Bollera tampoco es objeto de estudio aunque si os fijáis bien al menos la mitad de las Bolleras son tías que parecen machos mal hechos, que intentan imitar aquello para lo que no fueron creadas con su forma de vestir, de hablar o de gesticular. También es cierto que casi todas fuman, algo que parecen asociar con un hombre de verdad y sin darse cuenta lo imitan. Lo que tenéis que aceptar y lamentar es que las Bolleras están fuera de nuestra área de influencia y son individuos que carecen de interés desde el punto de vista de los machos. Puesto que ellas mismas han elegido apartarse del mercado de la carne y nosotros somos respetuosos con las decisiones ajenas, les deseamos que les vaya bonito y no les prestamos mayor atención. Ellas intentarán competir con los hombres y arrebatarles mujeres pero no os engañéis, aquellas que caen en sus redes son del mismo palo de baraja que ellas y no estaban destinadas a nosotros.

Si alguna vez tenéis la mala suerte de acabar flirteando con una Bollera poned tierra de por medio tan pronto como os deis cuenta porque ese jardín no lo vais a poder regar ni ese fuego está destinado a vuestra manguera. También os advierto que no hagáis caso de las leyendas urbanas que circulan por la red y que os garantizan acceso directo al cielo si salváis a una Bollera y la devolvéis al buen camino. Son mentiras creadas por mentes infectas y no merecen ninguna credibilidad ya que todos sabemos que la salvación de cada uno de nosotros está en nosotros mismos y no en los demás.

Puedes leer más anotaciones relacionadas con este tema en el hembrario

Technorati Tags:

10 opiniones en “Bolleras”

  1. Si he conseguido sacarte del silencio y que comentes no creo que sea excesivo ….
    Son ya semanas con temas ligeros y se echaba de menos el cruzar los bordes de lo excesivo y pasearnos por el otro lado. Ahora comienza la parte más divertida borrando comentarios.

  2. Se tiene que nacer, igual que se nace hetero, porque eso se nota, señores, si te gustan los rabos, te gustan hasta de azul, y si no te gustan, da igual que les pongan luces navideñas, que no.

  3. de hecho “la” pitufita, sólo había una
    haber cuando publicas el libro con todo esto de una vez!

  4. Eso se los frotamientos velludos me ha molado un montón, sobre todo por lo de las chispas: al finar va a estar chulo lo de pasarse al lado oscuro y experimentar de tal manera. Lo que no me mola de las camioneras es que irutan para sentirse más marimachorras y eso es demasiado.

  5. rabo de pitufo ya lo tenía un ex-mozalbete mío (y no por azul), y ya me llegó. Ahora, puestos a elegir, prefiero una cosa más normalita. Pero tiene razón bleuge, lo de la pitufina si que era nacer con estrella…

  6. Priscila, también escupen lapos verdes y hacen pelotillas con los mocos. Pero por otro lado, a fuerza de restriegos les crece el clítoris y se vuelven MAXI-CLITORIANAS como los Jedis de la Guerra de las Galaxias.

  7. Yo respeto a las bolleras, pero una cosa es tu tendencia sexual [osea con quien te restriegas y que te tragas] y otra ser una persona social, conosco a una bollera que mira a todos los hombres como insectos y con la que tuve que realizar un trabajo en grupo… fue una pesadilla…

Comentarios cerrados.