Breve, incompleta y sesgada historia de la Blogosfera – Primera parte

El otro día mientras tomaba el sol en Gran Canaria, relajado y disfrutando a tope de mis días de vacaciones, tuve un momento para el recuerdo y por mi cabeza cruzaron sitios y lugares que han formado parte de mi vida y milagros en la Blogosfera y que en muchos casos ya han desaparecido. La vida de una bitácora es mayormente corta, llena de frustraciones para su autor y casi siempre acaba en un sonoro divorcio entre el creador y su obra, la cual termina siendo engullida por los ladrones de dominios o como un triste testimonio de un pasado que ni sabemos si fue mejor en alguno de los lugares de esos servidores de hospedaje gratuito. Como individuo que lleva en este océano un montón de años, me ha tocado ver de casi todo y ahora que las aguas parecen empozadas es un buen momento para refrescar esos recuerdos y recordarlos. Comencemos.

Vacío

Al principio solo había Internet. Una red inmensa y gloriosamente optimizada para permitirnos extraer de ella de forma limpia y gratuita nuestro contenido porno, musical, cinematográfico y de software de una forma gratuita. Incluso el buen Dios sabía que esto era bueno. En la Red pescábamos nuestra música, nuestro software, nuestros cracks, nuestros virus y según fue aumentando la velocidad, también nuestras películas. Estamos hablando de la red al entrar en el siglo XXI, esa que todos conocéis y que algunos piensan que siempre ha existido. Dentro de cinco años no serán algunos, la mayoría ni siquiera habrá oído hablar de las BBS, de los módems con velocidades espeluznantes medidas en baudios por segundo, de conecciones inseguras, passwords simples y de una ausencia completa de virus en las máquinas funcionando bajo Microsoft DOS o en aquel antipático y cascadísimo Windows 3.11.

Mejor no revolver el pasado. Con la llegada del ADSL y de Internet tal cual la conocemos, nos encontramos un erial inmenso, un terreno en el que se podían descargar cosas, ver páginas de gente que nos machacaba con sus aficiones y neuras y en donde los grupos de noticias y los foros eran lo más parecido a lugares de interacción con el prójimo, además de clientes simples de mensajería. Eran los años de cuentas de correo con dos megas que nos forzaban a borrar continuamente viejos mensajes para que no se nos llenaran los buzones. Estábamos en el mundo uno punto cero o quizás cero punto algo, sin complejas redes sociales que no interesan para nada y de las que no dejan de llegarnos invitaciones hoy en día.

Aquella parte del universo que podemos llamar tradicional o pre-folclórica veía la red como algo más bien inútil y de donde no podía surgir nada que mereciera la pena. Los usuarios éramos unos pocos, la gente todavía tenía ordenadores de sobremesa, esos servidores comprados en tienduchas en las que sin coste añadido te añadían todo el software ilegal que podías desear y el concepto de software libre debía andar en pañales.

Imagina

En algún lugar se gestaban las bitácoras y una noche, de la perturbada mente de uno de esos pioneros, llegó la primera. Era una página simple y que seguro que tenía un aspecto radicalmente distinto a ese que vemos en la actualidad. El número de visitantes se debía contar con los dedos de una mano y su autor es más que probable que ni tenía herramientas para hacerlo. Se comenzaron a replicar, mayormente en la zona de Internet en la que se usa el inglés y alguien se lo curró y tuvo la idea de hacer un software para ayudar a la gente a crear estos sitios. Los bautizaron como Blogs y aunque en español la mayor parte de la gente adoptó esta palabra, también se comenzó a emplear Bitácora para referirnos a estos pequeños rincones distintos a lo que existía anteriormente. Llegaron Blogger y Blogspot, un dúo inseparable, Typepad y otras comunidades y esto seguía siendo poco menos que un secreto. La prensa lo comentaba de cuando en cuando como una curiosidad de frikis y ni siquiera eran capaces de ver las implicaciones de esa novedad.

Imagina. La gran aportación de las bitácoras fue la imaginación. La fantasía. La magia. La curiosidad. Ahora teníamos unos sitios en los que gente desconocida, elementos que jamás habrías mirado, contaban cosas sobre su vida o relataban sus historias y un puñado de personas las leía y opinaba. Después de siglos de pensamiento casi único llegaron mundos extraños, lugares de individuos que desvariaban como tú o como yo, chicas que abrían su corazón y se nos erizaba el pelo al enterarnos que ellas también tienen pensamientos obscenos, que ellas miran más allá del escaparate de las tiendas y que buscan comunicarse de otras formas. La frontera entre lo real y lo irreal era muy difusa y los lectores debían creer. En esos primeros tiempos si se te ocurría comentar a alguien que tenías una bitácora lo primero era explicar exactamente lo que querías decir y lo segundo era la mirada de lástima infinita que recibías.

?ramos pioneros. Ante nosotros se desplegaban universos enteros que esperaban con ansia para nacer.

Desde entonces han fluido muchos electrones. Son ya unos añitos y en ocasiones me da la sensación de vivir en una isla en este océano y me pica la curiosidad por no haber sufrido ese síndrome que lleva al abandono de tu preciosidad, ese rinconcito que mimas con tanto cariño. Allá por el año 2003, en la prehistoria de nuestra Blogosfera, había un puñado de sitios relevantes y un manojo de empresarios intrépidos dispuestos a reinventar la rueda y nadar en el oro que cagó el moro. Las bitácoras eran sencillas, con un formato básico de dos columnas, sin grandes adornos y con muchas chorraditas en los laterales. No había publicidad y la gente hablaba de corazón. Eran los tiempos en los que nos sentíamos conquistadores, ignorados y ninguneados por los medios de comunicación, marginados por los estudiosos de la nada, esos profesores universitarios que consiguen vivir una vida del cuento y que cuando hablan hacen pausas para escucharse a sí mismos y asentir con sus cabezas apolilladas satisfechos con lo que están oyendo. De aquella época recuerdo que éramos pocos y en muchas ocasiones ni sabíamos que existían los otros, tecleábamos con miedo sin saber muy bien de lo que debíamos hablar o como hacerlo. El SPAM era algo que ni nos sonaba y te dabas dos golpes en el pecho y te creías el amo del mundo si tu bitácora tenía cien visitas al día.

Así comenzó la blogosfera, primero en inglés, luego creció en otros idiomas, pero siempre con la misma curiosidad e imaginación que empujó a los primeros.

Esta historia continúa en Breve, incompleta y sesgada historia de la Blogosfera – Segunda parte

2 opiniones en “Breve, incompleta y sesgada historia de la Blogosfera – Primera parte”

  1. Ni me planteo hacer un Blog, creo que mi vida es poco interesante para el resto del mundo… Y creo tambien que hay muy pocos tan fructíferos como tú, contados con los dedos de una mano, y que encima sepan escribir y que, para más inri, nos interesen día tras día, mmmmmmm… habrá dos???

  2. Eres un pionero. Siéntete orgulloso de tener esa disciplina diaria, es digna de alabanza. Es increible la cantidad de gente, ideas, sueños, frustracciones que se pueden descubrir desde detrás de una pantalla. Lugares y personas a los que de otro modo sería imposible haber llegado.

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